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"El hombre es el único animal que come sin tener hambre, que bebe sin tener sed, y que habla sin tener nada que decir". Mark Twain

Entradas etiquetadas como ‘seguridad alimentaria’

¿Qué alimentos y productos alimenticios generan más alertas?

No creo que nadie a estas alturas ponga en duda el gran avance del que hemos sido testigos los ciudadanos de hoy en día en lo que respecta a las cuestiones de seguridad alimentaria, muy en especial cuando esa seguridad la comparamos con la de otro tiempo o, en la actualidad, con la de otros lugares.

Antes de comenzar con lo que parece obvio, es imprescindible recordar esta definición aportada por la FAO del concepto “seguridad alimentaria”:

Existe seguridad alimentaria cuando todas las personas tienen en todo momento acceso físico y económico a suficientes alimentos inocuos y nutritivos para satisfacer sus necesidades alimenticias y sus preferencias en cuanto a los alimentos a fin de llevar una vida activa y sana.

Es decir, para empezar que haya qué comer… y luego ya que esos alimentos sean inocuos y nutritivos. Me gusta, y por eso creo que era necesario recordarlo.

La seguridad alimentaria en la UE

Quizá aquí, en la Unión Europea seamos unos de las comunidades del planeta más privilegiadas en cuanto a las cuestiones más obvias del concepto “seguridad alimentaria”. De hecho, si me dejan elegir, yo no preferiría ningún otro sistema que el que ya tenemos implantado aquí. Para mí es el mejor entre todos los existentes.

Esta situación es favorecida en no poca medida gracias al sólido cuerpo de leyes con las que contamos en la UE. Este marco legal garantiza que los alimentos que se van aponer a disposición de los consumidores sean seguros. Pero además de las leyes, también hacen falta mecanismos de control.

RASFF 2

Una herramienta clave dentro de esta maquinaria y que ayuda a mantener el control con respecto a lo establecido es el conocido como RASFF o, por sus siglas en inglés, Sistema de Alerta Rápida para Alimentos y Piensos. Con él se persigue hacer un seguimiento transfronterizo de toda aquella información susceptible de afectar la salud pública relacionada con la cadena alimentaria… es decir de los alimentos que entran o se mueven dentro de la UE.


El sistema RASFF de alerta rápida obliga a que los estados miembros de la UE (y además con las autoridades sanitarias de Noruega, Liechtenstein, Islandia y Suiza) compartan la información sensible relacionada con riesgos en la producción, transporte y comercialización de alimentos. Así, gracias al sistema RASFF, se han podido evitar muchas de las previsibles consecuencias tras haber detectado los consiguientes riesgos.

Nacido a finales de la década de los años 70, el sistema RASFF emite informes anuales al respecto de los riesgos reportados y de esta forma poner un mayor énfasis en su prevención. En esta imagen  tienes un resumen de los principales hitos del RASFF desde su nacimiento a nuestros días: Infraestructuras puestas a su servicio, entorno de países y principales peligros afrontados en su historia.

 RASFF

 

Más en nuestros días, quizá te resulte interesante consultar el último informe anual (2014), disponible en este enlace, o tener a tu disposición un portal en el que consultar las cuestiones de seguridad alimentaria por palabras clave o temas, en este enlace; o conocer las alertas comunicadas (es decir, detectadas) por los distintos países que forman parte de la red RASFF, en este enlace.

Especialmente interesante me parece este súper resumen de lo acontecido en este terreno en 2014: número de notificaciones y alertas; notificaciones por grupo de alimentos, en el que los productos vegetales frescos se llevan la palma… como de costumbre, al tiempo que el número de notificaciones del grupo correspondiente a los productos dietéticos, suplementos y alimentos enriquecidos sufre un espectacular aumento con respecto a 2013. Además, conocerás cuáles han sido los peligros más frecuentes que han sido causa de notificación… a saber y por este orden: bacterias patógenas, residuos de pesticidas, contaminación por micotoxinas, por metales pesados, cuestiones relativas a la composición del alimento y finalmente peligros derivados del mal uso de aditivos y saborizantes.

En resumen

Jamás se debe bajar la guardia ya que siempre existirá el riesgo de sufrir accidentes o, más tristemente, de ser objeto de malas prácticas o fraudes intencionados; pero de lo que no cabe duda alguna es de que jamás hemos disfrutado de un marco alimentario tan seguro como el que ahora tenemos. Para hacerlo así de seguro, el sistema RASFF es imprescindible.

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Acrilamida: un peligroso compuesto que es difícil dejar atrás

Recientemente la Autoridad Europea de Seguridad Alimentaria (EFSA) se ha pronunciado al respecto de las implicaciones que sobre la salud de los consumidores tiene la incorporación de acrilamida en la dieta. Me imagino que a estas alturas estarás pensando que, hablando de “acrilamida” me estaré refiriendo al enésimo contaminante o subproducto de la industria química que de una forma u otra nos envenena a partir de alimentos procesados poco “naturales” o de envases malos-malísimos con Bisfenol A y esas cosas… Lo cierto es que si tu cabeza va por ese camino te equivocas.

¿Qué es la acrilamida?

Acrilamida

Se trata de una sustancia química que se forma de modo natural en aquellos alimentos que contienen hidratos de carbono cuando se someten, de la forma más mundana y habitual posible, a altas temperaturas por encima de 120ºC en condiciones de poca humedad. Es decir es una sustancia que se genera de forma espontanea cuando determinados alimentos (la gran mayoría) se fríen, hornean, asan, saltean… Evidentemente también se produce acrilamida en muchos productos elaborados de forma industrial.

En esencia la acrilamida es el producto de la conocida y apreciada reacción de Maillard en la que los hidratos de carbono y los aminoácidos (en especial uno llamado asparagina) reaccionan entre sí en las citadas condiciones (altas temperaturas y baja humedad) para generar un compuesto de color marrón (el tostado) que es muy valorado en diversas técnicas culinarias ya que dota al producto de un aroma y sabor peculiares. Esa reacción es la que por ejemplo da origen a la corteza del pan cuando se hornea, al crujiente de unas patatas fritas, al genuino aroma (y textura) de unas galletas recién hechas, etcétera.

¿Hay riesgo de exposición a la acrilamida más allá de los alimentos?

Por supuesto que sí. De forma destacada la acrilamida está presente en el humo del tabaco, lo que significa que en el caso de los fumadores esta sea su fuente de exposición más importante a la acrilamida más allá de la de los alimentos que consumen. Sin olvidar que los fumadores pasivos también están expuestos a la acrilamida del tabaco de los fumadores. Además, la acrilamida tiene una amplia variedad de usos no alimenticios, por ejemplo en el ámbito industrial y, por este motivo algunas personas pueden estar expuestas en su trabajo a la acrilamida bien por absorción cutánea o inhalación.

¿A qué riesgo están sometidos los consumidores al respecto de la acrilamida?

Tal y como te contaba, la semana pasada la EFSA publicó un dictamen científico (fruto de un borrador que contiene mucha más información sobre este tema) en el que tras evaluar toda la literatura científica al respecto de la exposición a la acrilamida se concluía de forma sintética lo siguiente:

  • Según los estudios realizados en modelos animales se confirma que la acrilamida en los alimentos aumenta el riesgo de desarrollar cáncer para todos los consumidores de cualquier grupo de edad.
  • Los niños son el grupo de edad más expuesto y por lo tanto vulnerable habida cuenta de su menor peso corporal.
  • En base a la exposición actual de los consumidores a la acrilamida, otros posibles efectos nocivos de esta sustancia como lo serían por ejemplo sus efectos sobre el sistema nervioso, el impacto en el desarrollo pre y postnatal y la fertilidad masculina no deben ser tomados como una preocupación.
  • Los grupos de alimentos más destacados a la hora de contribuir a la exposición de acrilamida son aquellos que se adquieren fritos con base en la patata, el café, las galletas, los crakers y aquellos panes crujientes, así como el pan de molde.
  • Tanto los ingredientes característicos de un determinado producto, así como las condiciones de almacenamiento y su forma de procesarlos (en especial la temperatura a la que se cocinan) influyen mucho en la formación de acrilamida en los alimentos.
  • Los hábitos de cocina en los hogares pueden tener un impacto significativo en la cantidad de acrilamida a la que los ciudadanos estamos expuestos.

¿Hay una cantidad de acrilamida tolerable con la que no se asuman riesgos?

TostadaLamento decirlo pero es hora de las malas noticias, la acrilamida y sus metabolitos son genotóxicos y cancerígenos. Esto quiere decir que con cualquier nivel de exposición hay un riesgo potencial de causar un daño a nuestro material genético y provocar cáncer. Es decir, los científicos de la EFSA concluyen que no pueden establecer una ingesta diaria tolerable para la inclusión de acrilamida con los alimentos. No obstante la EFSA nos advierte que aunque los estudios que observan el actual consumo de acrilamida son incompletos y poco concluyentes se advierte que estamos ante un caso con importantes connotaciones de salud pública, más en especial de la salud de los niños más pequeños.

Por lo tanto, sería muy recomendable que los consumidores tomáramos la iniciativa de reducir esta exposición a la acrilamida teniendo en cuenta que su total eliminación es prácticamente imposible. Para ello, además de controlar, no abusar, al respecto de la cantidad de los alimentos de los grupos ya señalados (en especial en el caso de los más pequeños) desde la EFSA se sugiere no tostar demasiado los alimentos y hacer de la variedad de las tecnologías culinarias en casa una sana práctica y para ello alternar las formas de preparar los alimentos (hervir, cocer, preparar al vapor, saltear, freír, asar, guisar, etcétera).

En cualquier caso la cosa está complicada, hasta tal punto que la EFSA termina por hacer este tipo de recomendaciones bastante amplias y poco concretas:

“Por lo general las dietas equilibradas reducen el riesgo de exposición a los potenciales riesgos relacionados con la contaminación de los alimentos. Equilibrar la dieta con una amplia variedad de alimentos (por ejemplo, carne, pescado, verduras, frutas, incluso con alimentos ricos en hidratos de carbono que pueden generar acrilamida) podría ayudar a los consumidores a reducir su consumo de acrilamida”.

En resumen, que sepas que la acrilamida está ahí y que te será difícil por no decir imposible evitarla… pero ahora que ya sabes donde encontrarla, controla su presencia.

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Imagen: Pngbot Wikimedia Commons y rakratchada torsap vía freedigitalohotos.net

Aspartamo, transgénicos, bisfenol A y gluten: la industria hace su agosto con la mala ciencia

De entrada estos cuatro elementos tienen en común que todos han sido objeto de al menos un post en este blog (ver enlace 1, enlace 2, enlace 3 y enlace 4 a modo de ejemplo, aunque hay más) y que han sido tratados porque son temas de candente actualidad… Pero más allá de esta circunstancial anécdota tienen bastante más en común.

El caso es que, como veremos más adelante, la mala ciencia, la pseudociencia, o la falta de evidencia al respecto de un determinado tema son utilizadas en no pocas ocasiones como motor de cambio o de “mejora” por parte de la industria alimentaria, la cual modifica su línea empresarial utilizando como “primer motor causal” las modas populares o las tendencias a pie de calle. Para los fines que en este caso se persiguen poco importa lo que la ciencia diga, lo importante es lo que piensen los consumidores que a fin de cuentas comprarán y consumirán (o dejarán de hacerlo) en base a sus creencias… ya sean atinadas o no. Tenemos muchas muestras de ello; pero en este post pretendo aportar solo el ejemplo de cuatro casos que, tal y como he puesto de manifiesto, son especialmente sangrantes en el mundo de la conspiración alimentaria: se trata del aspartamo, de los transgénicos, del bisfenol A y del gluten. Vamos allá.

El aspartamo

AspartamoEl tema del uso del aspartamo y de PepsiCo es quizá el ejemplo más actual y representativo de lo que quiero decir. Me refiero a PepsiCo, porque esta refrescante compañía ha anunciado que a partir de agosto algunos de sus productos más representativos que utilizan el aspartamo como edulcorante acalórico cambiarán su formulación en Estados Unidos dejando de usar este edulcorante y lo sustituirán por otro que no tenga (aunque injustificada) tan mala prensa entre la población general. Y a la empresa no le duelen prendas a la hora de reconocerlo. Según esta compañía, la primera causa de la caída de las ventas de uno de sus buques insignia, la Pepsi Diet, que descendió más de un 5% el año pasado, es su contenido en aspartamo que es percibido por parte de los consumidores como un riesgo para la salud. Da igual que PepsiCo sepa que el uso del aspartamo es seguro… el consumidor es el que consume (valga la redundancia), el que por tanto aumenta sus beneficios… y si este, el consumidor, le asocia un perjuicio potencial a su consumo da igual lo que diga la ciencia al respecto, PepsiCo prescinde de él y ya está… todos más contentos: el consumidor que adquiere un refresco más saludable que no tiene el diabólico aspartamo (nótese la fina ironía) y ellos, la empresa, haciendo (más) caja. Que la evidencia al respecto de la seguridad del aspartamo sea otra pasa a un segundo plano o, directamente, se manda a tomar… viento. La pela es la pela.

Los transgénicos

TRansgénico

Otro de los ejemplos más característicos de lo que quiero decir lo tenemos en la cadena de comida rápida con aura beatífica Chipotle, de la que a estas alturas ya me estoy arrepintiendo del post que le dediqué. El tema es que, tal y como puedes comprobar en el primer enlace de este apartado, esta cadena de “restaurantes” ha decidido prescindir de cualquier ingrediente transgénico en su oferta en base a tres argumentos: 1º que teóricamente (dicen) aun no se conocen los efectos a largo plazo sobre los consumidores y el medio ambiente de los productos transgénicos; 2º que el cultivo de transgénicos podría dañar el medio ambiente y; 3º que Chipotle debería ser un lugar en el que los consumidores pudieran consumir alimentos libres de productos transgénicos. Resulta curioso el observar que su tercer argumento en realidad no sea argumento alguno sino la reiteración de la decisión adoptada, es decir, prescindir de los alimentos de origen transgénico.

En cualquier caso, en mi opinión resulta lamentable el pretender usar unos argumentos que en realidad están más que contrastados, mientras se genera la duda, el temor, de que no lo están. Llegados a este punto creo que puede resultar especialmente interesante consultar este post al respecto de las 7 argumentaciones propagandísticas de quienes están en contra de los productos transgénicos.

El bisfenol A

Bisphenol_AEl tercero de los ejemplos alude a la decisión de algunas empresas, e incluso países, de prohibir el uso controlado del bisfenol A en los envases en contacto con los alimentos. Así, diversas empresas han optado en prescindir de este elemento y usar su ausencia como argumento de venta de sus productos a pesar de que la Autoridad Europea de Seguridad Alimentaria (EFSA) acaba de emitir un informe relativo a la ausencia de riesgo con respecto a la actual exposición a esta sustancia, tal y como te conté en esta entrada.

Lo más curioso de este caso es que los más partidarios de las teorías conspirativas argumentan como punto a favor de la eliminación del bisfenol A que países como Francia o Canadá ya han prohibido su uso lo que, al usar estos argumentos, en esencia, no hace más que poner en evidencia la falacia populista, es decir, la que utiliza como argumento “lo que hacen muchos” para dar por buena una determinada acción… y eso, perdónenme que se lo diga, no es precisamente ciencia. Y es que, si algo tiene la ciencia, es que es muy poco democrática: la razón no se obtiene por mayoría.

El gluten

Para terminar con los ejemplos, acabo con una de las tendencias populares más en alza a día de hoy y que ha desembocado en una estrategia comercial concreta por parte de numerosas empresas a la hora de saber aprovechar el miedo indocumentado de una buena parte de la población. Es decir, en este caso, tal y como sucede en los anteriores, se trata de explotar un jugoso filón mercantilista que, sin ciencia… o al menos sin la suficiente ciencia que respalde ese miedo, termine en un interesante beneficio para la empresa que sepa aprovechar el desustanciado tirón. Así lo puse de manifiesto en varios post anteriores cuando me referí a los pretendidos beneficios universales de la dieta exenta de gluten (aquí, aquí y aquí).

La dieta exenta de gluten (más allá de que alguien sea celiaco o posea la denominada y aun poco clara sensibilidad al gluten no celiaca) causa furor, y tal y como ponen de relieve numerosos estudios prospectivos, constituye una destacada tendencia desde hace años con el fin (muy poco claro a la luz de la evidencia) de obtener algún beneficio sobre la salud.

Así, resulta francamente destacable que a pesar de que cada vez más gente busca productos “libres de gluten” con el fin de mejorar no importa qué condición de salud, la ciencia no encuentra justificación para esos pretendidos beneficios. Sin embargo, la realidad no importa cuando se contrasta el mercado y se observa cómo, cada vez con mayor frecuencia, se realizan alegaciones buenrollistas al respecto de la ausencia de gluten en no importa qué alimento. A este respecto merece muy mucho la pena echar un vistazo al artículo de revisión ¿Es el gluten el gran agente etiopatogénico de enfermedad en el siglo XXI? en el que se contrasta lo que te digo: un mercado que crece como la espuma fruto de la demanda popular a pesar de que la ciencia no atribuye, ni de lejos, lo que el consumidor pretende encontrar en una dieta exenta de gluten:

Revisada la literatura se intuye un posible efecto positivo de ciertos grupos de pacientes diagnosticados con enfermedades neuronales, y sin antecedentes de celiaquía o sensibilidad [al gluten no celiaca que] podrían beneficiarse de la dieta exenta de gluten. Esta posible evidencia, sugiere la necesidad de futuras líneas de investigación que podrían dar resultados muy esperanzadores. Para [el resto de] la gran mayoría de enfermedades aún es pronto, aunque consideramos que es necesario realizar estos estudios, ya que la gran inmensidad de resultados, poco consistentes y de poca evidencia científica que hemos observado en bases de datos no científicas, está ocasionando que la población general esté orientándose hacia la elección de productos sin gluten, como un patrón de dieta más saludable, sin que nosotros hayamos podido encontrar esta asociación en la presente revisión.

Sea como fuere, creo que estos cuatro ejemplos ponen de relieve con claridad meridiana cómo la opinión popular influida por una mala interpretación de la ciencia (o directamente, por la pseudociencia) condiciona las iniciativas de la industria alimentaria cuando al parecer lo más importante para esta lo constituye el balance de cuentas. Una pena, ya que de esta forma lo único que se consigue es entrar en un peligroso ciclo de retroalimentación positiva no limitado.

Con todo esto no quiero decir que corras a abrazar ahora refrescos con aspartamo, alimentos transgénicos, envases con bisfenol A o productos sin gluten… no. Más que nada porque una alimentación más o menos correcta y segura no tiene ninguna necesidad de estos elementos. Pero lo que sí quiero decir es que nuestras decisiones alimentarias no deberían tampoco estar basadas en la pseudociencia o en datos parciales de la ciencia… por muy habituales que sean.

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Imagen: Yikrazuul y Calvero vía Wikimedia Commons; Mister GC vía freedigitalphotos.net

Carbón activado en los zumitos detox (la penúltima pijochorrada)

Carbon activado tonteríalulitonix

Por favor, que alguien me diga que de verdad no hay nadie por ahí detrás partiéndose la caja (la recaudadora) con esto de la moda detox, los zumos ultra-depurativos, el carbón y tal… Tiene que haberlo.

No sé si te has enterado, supongo que sí, si en especial tienes las neuronas abducidas por aquello del rollete new age-alternativo (en realidad, que lo sepas, new age y alternativo redundan en el mismo concepto) pero por si acaso te lo cuento: a la moda esta de los licuados más verdes que la rana de los smacks de kellogg’s ha llegado el ingrediente místico-científico-guay que le faltaba: el carbón activado. Ahora, con el carbón activado, los zumos de marras saben igual de mal que antes, realizan la misma acción detox que antes, ninguna, pero con un color mucho más… como diría yo… de chipirón. Eso es, tan oscuro como Darth Vader dándose un baño de espuma con jabón de La Toja en un pozo de petróleo por la noche. Todo sea por la salud alternativa. No queda tan chic como antes, eso es cierto, el verde aquel era espectacular, pero es que en este momento cuando lo chic se pasa de rosca, lo chic es lo no-chic. No sé si me entiendes. Tampoco te culpo.

Esto se parece cada día más al desayuno de unos supuestos picapiedra alternativos, ya me lo estoy imaginando. El cabeza de familia, Pedro, con su desayuno tradicional desintoxicante, a base de arcilla, el niño, Pebbles, algún licuado verde como de saurópsido, es decir como de dinosaurio, pero vegetal-tradicional, con bien de apio, perejil, acelgas, espinacas y cúrcuma; y ella, Vilma, lo mismo pero enriquecida la detoxificante bobada con carbón activado. Lo creas o no esta parece ser la última moda al respecto de la tontería de turno. Todo sea por la limpieza de intestinos y purezas de colon (el aloe vera y el limón parecen a su lado rudimentarias reliquias de la prehistoria purgativa. Totalmente demodé)

Cómo no, el actual origen mercantilístico del uso del carbón activado como estupidez depuradora ha venido de la mano de la de siempre: Gwyneth Paltrow. Es más, yo no tomaría otra cosa que aquella que hubiera puesto de moda esta especie de veleta buenrollista con el cerebro en paradero desconocido. Así lo dicen aquí, y si lo dicen es que será verdad. Para hacer el mejor zumo limpiador (léase detox) estos son los Tips (los tips quedan muy chic) de la receta:

  • Vegetables cold pressed (vegetales prensados en frío): Con este método de extracción los ingredientes, nutrientes y antioxidantes no se oxidan ni degradan y por tanto se mantienen más intactos.
  • Organic (ecológico): Por razones obvias las frutas y verduras deben estar libres de pesticidas [es decir, también por razones obvias, para comerte todo el estiércol con el que se abonan]
  • Raw & unpasteurized (crudo y sin pasteurizar): Utilizar verduras crudas que no se han calentado maximiza los nutrientes
  • Never High Pressure Pascalization (Nunca recurras a verduritas sometidas a procesos de Pascalización mediante altas presiones): Algunos fabricantes desaprensivos de la industria alimentaria guayona, pero malotes en su ser más íntimo, recurren a la Pascalización mediante altas presiones con el fin malicioso de alargar la vida útil de los zumos de las verduritas ecológicas, lo que les permite distribuirlos con seguridad en distintos puntos de venta y realizar envíos de sus productos a las tiendas de comestibles. No siempre será posible, pero por el bien de tus enzimas antioxidantes que vas a detoxificar es mejor elegir eco-licuaditos sin Pascalizar [Va en serio que me sentiría muy defraudado si no hubiera por ahí ningún vendedor de mandangas orgánicas partiéndose de risa)

La realidad (activada)

El carbón activado en realidad es una sustancia de uso sanitario ante situaciones reales de intoxicación. Es decir, algo que afortunadamente no se da en el día a día: si no te has comido una ración de setas ponzoñosas (u otras cosas venenosas por vía oral) nadie necesita ningún zumo detox y mucho menos que esté aderezado con el ¿de verdad? atrayente carbón activado.

Este elemento que en definitivas cuentas no es absorbible por la mucosa intestinal, se usa en situaciones críticas y puntuales para reducir la absorción de determinados fármacos, si es el caso, o de algunas sustancias tóxicas o venenos que se hayan podido ingerir accidentalmente o de forma voluntaria y con el fin de impedir en lo posible su absorción. Además, es interesante saber que aunque la eficacia del carbón activado no está bien documentada para todos los medicamentos y venenos, este se ha convertido en un elemento protagonista en la mayor parte de los protocolos de (verdadera) intoxicación. Es decir, la administración de dosis importantes de carbón activado tiene la finalidad médica de “arrastrar” aquella sustancia nociva que por la causa que fuera está presente en el tracto gastrointestinal, siendo su uso hospitalario.

Al mismo tiempo, la amplia capacidad adsorbente (ahora con “d”) del carbón activado le hace ser también un elemento indispensable en determinadas máscaras de gas, filtros de agua… y en plantillas para que no te canten los pinreles.

En realidad, y volviendo a la cuestión alternativa, la cantidad que se añade de carbón activado a los zumos de la discordia es prácticamente anecdótica en relación a su uso racional en el ámbito hospitalario. Es decir, lo único que se consigue es dotar a la tontería licuada de un glamour inversamente proporcional a su efecto real. Lo más gracioso del tema es que en base a su poder adsorbente, este ingrediente también es capaz (y no poco) de robar, quelar, secuestrar, adsorber algunos nutrientes como por ejemplo las vitaminas del grupo B (tiamina, niacina, piridoxina, biotina) y el ácido ascórbico (vitamina C) con lo que su uso, además, implica un licuadito limpiador menos nutritivo que si no se usara el carbón de marras, o sea, menos vitamínico.

En resumen, el carbón activo no “limpia” ni detoxifica nada que no se encuentre en el tracto digestivo de quien lo ingiere, salvo, eso sí, unos cuantos, no pocos euros de la cartera. Porque la bobada esta es de todo menos eficaz para lo que se propone y barata.

Si te ha gustado esta entrada quizá te interese consultar:

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Nota: esta entrada ha tomado como inspiración este post del blog Science-based Medicine

Imagen: Instagram/LuliTonix

La salmonella de los huevos (y el riesgo de salmonelosis)

huevo salmonellaLa semana pasada hice un post en el que puse en alza el huevo pasado por agua como una receta aparentemente moribunda a pesar de su alto interés y valor nutricional. Valores a los que se suman sus muy favorables aspectos económicos se mire como se mire (incluso si lo comparemos con productos alimenticios que son considerados como excepcionalmente baratos, como por ejemplo, unas salchichas de Frankfurt).

Sin embargo, una de las cuestiones que más me preguntaron al respecto de aquel post es su idoneidad desde el punto de vista de la seguridad alimentaria habida cuenta que es una receta que emplea huevo (evidentemente) y además lo hace con un tratamiento térmico relativamente ligero. En concreto, me preguntaban si el consumo de huevos pasados por agua no podría implicar algún riesgo de salmonelosis, una toxiinfección alimentaria típicamente asociada al consumo de preparaciones en las que interviene el huevo, en especial cuando este está crudo o poco cocinado.

A este respecto merece la pena tener en cuenta que las diversas bacterias responsables de ocasionar una salmonelosis, es decir, las especies patógenas del género Salmonella, cuando están presentes se encuentran de forma característica en el exterior del huevo, es decir sobre la cáscara, nunca en su interior, y que su presencia es más probable en aquellos huevos que no han sido correctamente manipulados en su recolección y envasado. Además, este género de bacterias no es demasiado resistente a las condiciones ambientales más habituales, tales como concentraciones elevadas de sal, luz solar, desecación o calor.

Esto quiere decir que la probabilidad de adquirir una salmonelosis es bastante improbable en el caso de los huevos pasados por agua ya que estos se sumergen en agua hirviendo (100ºC) durante al menos tres minutos, sin que quede la menor duda de que los posibles microrganismos presentes en su cáscara queden “neutralizados”.

El mayor riesgo de salmonelosis ocurre, por tanto en aquellos alimentos que utilizan el huevo en crudo o con un tratamiento térmico breve y que, a la vez, son consumidos con un intervalo de tiempo relativamente importante desde su preparación… cosa que, evidentemente, no ocurre en el caso de los huevos pasados por agua.

Esto es así porque, además, el recuento de bacterias en el huevo en origen no suele ser tan alta como para alcanzar la dosis que genera una toxiinfección (en referencia, claro está, a huevos procedentes de las granjas comerciales comunitarias que mantienen programas obligatorios de control de Salmonella). Por tanto, si hubiera un tiempo de espera entre la preparación y el consumo, a una temperatura alta que favorezca la reproducción… y la cáscara hubiera estado dañada permitiendo con antelación al cocinado el paso de bacterias al interior del huevo… entonces sí que existirá un  riesgo de toxiinfección significativo.

Las barreras naturales del huevo

huevo_y_cocina

Son varias las barreras que mantienen el interior del huevo libre de gérmenes, entre ellos de la Salmonella. En primer lugar se encuentra la cáscara, cuya integridad y limpieza determinarán si un huevo es apto para su consumo. Solo cuando la cáscara está sucia y deteriorada es posible que los microorganismos penetren al interior del huevo. Por esta razón no pueden comercializarse como huevos de ‘categoría A’ los huevos cuyas cáscaras presenten suciedad o fisuras. Por tanto los huevos rotos se consideran no comestibles y deben ser desechados.

En la misma superficie de la cáscara se encuentra otra estructura de protección: la cutícula. Es una película de mucina que la recubre en forma húmeda cuando la gallina pone el huevo y que se seca sobre la superficie, contribuyendo a cerrar los poros y a hacer de barrera frente a contaminantes exteriores y evitar la pérdida de agua. Tras la puesta, se va deteriorando y desaparece entre dos y cuatro días tras la puesta. Por último, bajo la cáscara, existen también dos membranas de protección. Ambas rodean el albumen y proporcionan protección contra la penetración bacteriana.

Se asume un especial riesgo cuando…

  • Se utilizan para su consumo huevos que presentan la cáscara deteriorada o con fisuras (los gérmenes han podido acceder con antelación al interior del huevo).
  • Cuando se casca el huevo y parte de la posible presencia de gérmenes del exterior contamina el resto del huevo.
  • Cuando además se somete a un escaso tratamiento térmico que no llegaría a “higienizar” la posible contaminación.
  • Cuando, por último, el consumo de la receta se realiza transcurrido un tiempo relativamente alto desde su elaboración y, además no se ha conservado de forma adecuada, que es en refrigeración.

Tal y como se puede contrastar y en base al proceso de elaboración y consumo típicos del huevo pasado por agua, el riesgo de salmonelosis es bastante escaso por no decir imposible, siempre que se tenga la precaución de escoger una materia prima adecuada, es decir, huevos frescos, limpios y que tengan la cáscara íntegra.

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Fuentes: para este post se ha utilizado principalmente dos fuentes bibliográficas, “El gran libro del huevo” y “Manejo del huevo y los ovoproductos en la cocina”, ambos del “Instituto de estudios del huevo” del que además, proceden las imágenes.

Día Mundial de la Salud 2015 en pro de la seguridad alimentaria

Día Mundial de la salud 2015

Desde 1950 y con el fin de conmemorar la fundación de la Organización Mundial de la Salud, se celebra todos los años el Día Mundial de la Salud  cada 7 de abril. En cada edición, cada año, se elige un tema específico de salud con el objetivo de hacer destacar un área prioritaria de especial interés para la OMS.

En esta ocasión el tema elegido ha sido la defensa o búsqueda de la inocuidad de los alimentos como un mensaje necesario para minimizar las posibles enfermedades provocadas por un mal procesamiento de los alimentos… desde su producción en origen hasta su inclusión en los platos de los ciudadanos. Así, tal y como sostiene la propia OMS en la página web dedicada a esta efeméride:

Los alimentos insalubres están relacionados con la muerte de unos 2 millones de personas al año, en su mayoría niños. Los alimentos que contienen bacterias, virus, parásitos o sustancias químicas nocivas causan más de 200 enfermedades, que van desde la diarrea hasta el cáncer.

A medida que aumenta la globalización de los suministros de alimentos, resulta cada vez más evidente la necesidad de reforzar los sistemas que velan por la inocuidad de los alimentos en todos los países. Es por ello que la OMS ha aprovechado el Día Mundial de la Salud, que se celebra el 7 de abril de 2015, para fomentar medidas destinadas a mejorar la inocuidad de los alimentos a lo largo de toda la cadena, desde la granja hasta el plato.

La OMS ayuda a los países a prevenir, detectar y dar respuesta a los brotes de enfermedades transmitidas por los alimentos, de acuerdo con el Codex Alimentarius, una recopilación de normas, directrices y códigos de prácticas sobre los alimentos que abarcan la totalidad de los principales alimentos y procesos. Junto con la Organización de las Naciones Unidas para la Alimentación y la Agricultura (FAO), la OMS alerta a los países de las emergencias relacionadas con la inocuidad de los alimentos a través de una red internacional de información.

En este caso, la OMS pone a disposición de los ciudadanos un material con el fin de prevenir las posibles toxinfecciones alimentarias que puedes descargar al completo en este enlace y que se resume en cinco pilares básicos:

  1. Mantener una adecuada limpieza e higiene tanto personal como de las superficies y utensilios empleados a la hora de procesar o trabajar los alimentos.
  2. Separar los alimentos crudos de los cocinados, así como los utensilios y superficies que van a intervenir en su preparación, todo ello con el fin de evitar la conocida como “contaminación cruzada”.
  3. Cocinar a temperaturas adecuadas aquellos alimentos que requieren un cocinado en caliente asegurándose de alcanzar al menos los 70ºC en su elaboración.
  4. Una vez preparados, mantener los alimentos a temperaturas seguras. Si se van a consumir en caliente y de forma inmediata al menos por encima de 60ºC y si se van a guardar o servir en frío al menos por debajo de los 5ºC.
  5. Elegir materias primas seguras o con suficientes garantías con el fin de elaborar comidas y platos con el mínimo riesgo de toxinfección.

Esperemos que este día de la salud 2015 sea una oportunidad para alertar a todos aquellos que trabajan en los diferentes sectores implicados en la producción y elaboración de alimentos (desde los políticos, a los campesinos, pasando por los productores, minoristas, profesionales sanitarios y por supuesto los consumidores) sobre la importancia de la inocuidad de los alimentos, y concienciar a todos ellos del papel que cada uno puede desempeñar con el fin de que todos tengamos la confianza de contar con alimentos inocuos en nuestros platos.

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Alergias alimentarias: afectan a 17 millones de europeos y abundan los diagnósticos inútiles (fraudulentos)

AlergiasNo viene nada de mal el volver sobre algunos de los temas que son redundantes en el blog y, si es el caso (que lo es) aportar nuevos y mejores datos.

El tema de las alergias alimentarias es una cuestión que afecta a más de 17 millones de europeos. Además de los propios afectados, hay un cierto número importante de población que vive en cierta medida preocupada por la cuestión de las alergias sin estar en principio diagnosticada y que se pregunta si su problema de salud (el que sea), su malestar, o su falta de confort se debe, en última instancia, a algún tipo de alergia alimentaria.

Precisamente por estas cuestiones, la Academia Europea de Alergia e Inmunología Clínica (EAACI) ha lanzado una campaña de concienciación sobre alergia alimentaria y la anafilaxia con el fin de ayudar a que la población comprenda mejor cómo se sienten las personas en esta situación, el profundo impacto en la calidad de vida que les generan, la gravedad que pueden llegar a tener, lo costosas que pueden llegar a ser para toda la sociedad y lo importante que es el diagnóstico precoz y el manejo de esta situación. Es más, como datos relevante, la EAACI advierte que: en los últimos 10 años, los ingresos hospitalarios de niños por reacciones alérgicas graves se han multiplicado por siete; y que entre el 6 y el 8 % de los niños menores de tres años presenta algún tipo de alergia alimentaria.

Frente a esta situación la misma EAACI considera como principales estrategias de futuro que tanto los profesionales sanitarios como la población reciban la formación correspondiente con el fin de realizar un diagnóstico y tratamiento precisos. Para ello destaca que:

  • Se sabe que más de 120 alimentos producen alergias alimentarias y, de ellos, los más frecuentes son: la leche, el huevo, el trigo, los cacahuetes, los frutos secos, el pescado y el marisco.
  • La alergia alimentaria es la principal causa de la anafilaxia en la población y afecta, en particular, a los niños.
  • Son pocas las personas conscientes de que una reacción alérgica severa, como la anafilaxia, puede provocar la muerte.
  • Las etiquetas de alimentos en las que se indica “puede contener” determinados ingredientes resultan útiles a la hora de reducir la ingestión accidental de alérgenos.
  • Los pacientes con alergias tratadas incorrectamente ocasionan la mayor parte de los elevados gastos sanitarios relacionados con este tema.
  • Diversos estudios demuestran que, a lo largo de la vida, los pacientes con alergia alimentaria tienen una peor calidad de vida que aquellos con enfermedades que, a veces, se consideran más graves, como la diabetes.

El diagnóstico chungo

Con frecuencia, son muchos los síntomas o incluso enfermedades que son erróneamente atribuidos a una alergia alimentaria. Así, no son pocos los pacientes que, estando insatisfechos con las respuestas que reciben de los profesionales sanitarios, recurren con frecuencia a métodos de diagnóstico alternativos. Entre ésos métodos “alternativos” y no eficaces más utilizados figuran los siguientes, tal y como advierte la EAACI:

  • Pruebas “citotóxicas”: Estas pruebas se basan en la incubación de células sanguíneas junto a una serie de extractos de alimentos y miden con fines diagnósticos el cambio en el tamaño celular o la respuesta inflamatoria. Entre este tipo de pruebas las más populares son el AlcatTM y el NOVO ImmogenicsTM. Sin embargo, no existen estudios científicamente válidos que muestren su utilidad a la hora de establecer una alergia a los alimentos.
  • Detección de IgG específica contra los alimentos: Otras empresas comercializan también kits de detección de IgG a un gran número de productos alimenticios con el fin de diagnosticar las alergias alimentarias. En realidad, los resultados positivos sólo demuestran el contacto con la comida, pero no han sido capaces de discriminar la alergia de la tolerancia, y no se recomiendan por parte de ninguna de las organizaciones científicas especializadas en alergia.
  • En el apartado más alternativo o magufo de todos figuran pruebas basadas en la kinesiología, la provocación subcutánea y sublingual, la prueba DRIA, la biorresonancia y la electroacupuntura o prueba electrotérmica. Todas ellas son técnicas in vivo que no tienen ninguna credibilidad científica.

Lo que dice la ciencia y puedes confiar

En sentido contrario a todas las pruebas antedichas, la mejor prueba hasta el momento para detectar alergias alimentarias consiste en, después de una evaluación adecuada por parte de un alergológico (como Dios manda), en la exposición alimentaria “doblemente cegada” y controlada con placebo, que se debe realizarse bajo la supervisión de profesionales de la salud con experiencia en estas cuestiones.

Dicho de una forma clara para que se me entienda: ni kits que se compran por correo; ni envió de muestras (sangre, saliva…) a supuestos “laboratorios”; ni consultas en farmacias o herbodietéticas o herbolarios; ni pruebas en dudosos cuchitriles de más que dudosa apariencia, etcétera.

La alergia alimentaria es algo serio, ponte en manos de profesionales cualificados y no de vendedores de humo… por mucho que huela bien dicho humo.

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Imagen: David Castillo Dominici vía freedigitalphotos.net

Fitoterapia doblemente fraudulenta (si antes lo digo…)

pildorasDe verdad de la buena que no sé cómo hay gente que todavía sigue confiando en las absurdas promesas de no importa qué suplemento o complemento alimenticio para explotar tal o cual condición fisiológica. Me refiero a adelgazar, ser más listo, envejecer más tarde, enfermar menos, parecer más guapo… etcétera con ellos.

Los complementos alimenticios a los que me refiero campan a sus anchas en internet, con no poca frecuencia en diversas publicaciones y, por supuesto, los puedes encontrar en los anaqueles de tu supermercado, herbodietética o incluso farmacia. Están ahí, lustrosos, diciendo en sus envases (por ley no tienen prospecto como tal) eso que tú (en realidad lo que cualquiera) está deseando que sea verdad… lo que, en definitivas cuentas, estamos deseando oír.

Sin embargo, la ciencia como tal no respalda, ni de lejos, sus salutíferos beneficios y, en los anecdóticos casos que sí, que se reconoce que “algo hay”, su efecto es de una magnitud ínfima cuando se compara con otros elementos, con otros factores de tu estilo de vida, que sí tienen un verdadero peso significativo en esa condición que tanto te preocupa mejorar (el peso, la memoria, la libido…)

Pero aún hay más. Lejos de esta aciaga realidad: lo que se vende con un fin determinado que no ha demostrado de forma incontrovertida funcionar… resulta que, además, lo que el consumidor obtiene con su compra no es ni de lejos lo que el complemento dice contener.

¿Estoy diciendo que un determinado producto con, por ejemplo, Ginkgo biloba (supuestamente para la mejora del sistema circulatorio, reducir el riesgo de Alzheimer…) no tiene realmente Ginkgo biloba?

Pues sí, eso es exactamente lo que estoy diciendo. Y lo digo al menos en base a lo que está sucediendo en Estados Unidos donde el fiscal general de la ciudad de Nueva York ha puesto este mundillo patas arriba. Ya que resulta que esto no ocurre solo con el caso del Ginkgo biloba, sino también con la mayoría de estos preparados fitoterápicos y buenrollistas. Y es que, agárrate a la silla, tras realizar los análisis oportunos cuatro de cada cinco suplementos de este tipo no contenían, ni de lejos lo que decían contener. ¿Sorprendido? Pues espera que falta lo mejor.

Resulta que, además, contenían sustancias que podían ser perjudiciales para determinadas personas en base a aquello que decían de forma específica no contener… y que resultó que va y sí… que sí lo contenían. Por ejemplo, algunos de estos preparados decían ser “libres de” o “sin gluten” y, tras el análisis, se encontró que una buena parte de su composición era trigo… así en plan a cascoporro. Ole.

Y es que las pruebas con las que cuenta el fiscal general de la ciudad de Nueva York apuntan a que la mayor parte de los “remedios” fitoterápicos, lejos de contener aquello que anuncian, se componen de ingredientes mucho más baratos, tales como harina de arroz, o de espárrago… o incluso de plantas de uso doméstico.

¿Pasa esto mismo en España?

Maldita la gana que tengo de hacer amarillismo pero, habida cuenta del percal, la pregunta que habría que hacerse es ¿hay alguna razón por la que esta situación fuera diferente en España?. Me explico. Aquí, tal y como sucede al otro lado del Atlántico, este tipo de productos no están obligados a seguir los mismos protocolos que, por ejemplo, si tienen que seguir los medicamentos en base a su concreta dosificación, eficacia y seguridad. Vamos, que los requisitos que tienen que cumplir y nada son casi lo mismo. Además, los controles a los que se someten son muchísimo menos exhaustivos.

Con lo cual, me vas a permitir que haga de abogado del diablo y si…

Los supuestos preparados fitoterápicos no han demostrado su eficacia, al menos en la magnitud con la que tan frecuentemente nos tienen acostumbrados…

2º Si para el mismo efecto (nulo) se pueden poner otros ingredientes ya que para el caso “patatas”… y

Si los controles que se realizan son ridículos…

… Habría que ser muy buena persona o empresario para no sucumbir a la tentación de dar gato por liebre. Ahí lo dejo.

En cuanto a la historia neoyorkina, el fiscal general ha pedido la retirada de estos vergonzosos productos… en cuanto a la historia española… estaría bien que nuestras autoridades hicieran este tipo de labor. Entonces, cuando los hicieran, ya hablaríamos.

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Nota: Mi agradecimiento a la Dra. Valdez (@tu_endocrino) por mantenerme al tanto de las noticias del otro lado del charco.

Imagen: Kittikun Atsawintarangkul vía freedigitalphotos.net

La EFSA concluye que a día de hoy la actual exposición al bisfenol A es segura

Pocas sustancias químicas han hecho correr tantos ríos de tinta como lo ha hecho el bisfenol A (BPA) como presunto contaminante alimentario. Supongo que el tema del BPA sonará a la mayor parte de las personas, pero para quien no esté al corriente, creo que es preciso hacer un breve resumen.

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¿Qué es el bisfenol A?

En el terreno que nos ocupa, el bisfenol A es un monómero que se emplea en la fabricación de policarbonatos y resinas epoxi así como aditivo en algunos plásticos. Los policarbonatos a su vez se utilizan en materiales que suelen estar en contacto con los alimentos como por ejemplo botellas reutilizables, biberones, vajilla (platos y tazas) y recipientes para guardar comida, es decir, fiambreras. Por su parte, las resinas epoxi se utilizan en el revestimiento interior de protección tanto por ejemplo en latas de conserva como en cubas industriales de alimentos y bebidas. Pero además el BPA también se utiliza y está presente en el papel térmico, algunos cosméticos y en el polvo.

En el terreno más puramente químico se trata de es un compuesto orgánico que incluye dos grupos fenol. En este enlace tienes algunos datos al respecto de su historia, síntesis y polémica.

¿Qué suscita la polémica al respecto del BPA?

Más allá del don de la ubicuidad, y precisamente por él, la exposición constante al BPA por parte de los consumidores ha generado acalorados debates desde la década de los años 30 del pasado siglo XX. Esta polémica se resume a la hora de atribuirle la propiedad de ser un disruptor endocrino, así como su potencial carcinogénico tal y como se reconoce en la ínclita Wikipedia por citar una sola fuente entre los millares de páginas web que echan pestes del BPA. Como tal disruptor, tendría la capacidad de interferir en el delicado balance endocrino y ser causa de diversas patologías: trastornos hepáticos y renales, trastornos del desarrollo y de la función reproductora, efectos sobre el desarrollo neurológico, la función inmune, la salud cardiovascular, etcétera. En resumen, existe un cuerpo de evidencia que apunta con bastantes pocas dudas a que el BPA es un elemento tóxico.

Tóxico… como todo aquello que puede ser tóxico, es decir, en la medida de su concentración y de su exposición. En este sentido y en determinadas circunstancias, recuerda, hasta el agua o el café pueden asumirse como elementos tóxicos. Por eso, conviene observar en su verdadera magnitud cuál ha sido el dictamen de la Autoridad Europea de Seguridad Alimentaria (EFSA) al respecto del BPA.

¿Por qué el BPA es “seguro”?

En realidad, habida cuenta de la polémica que suscita este caso y la nueva evidencia que hay sobre el tema, la EFSA ha realizado dos trabajos para llegar a esta conclusión: por un lado ha evaluado la exposición actual que se tiene a este elemento; y por el otro ha revisado lo que se conoce como Dosis Diaria Tolerable (TDI, por sus sigla en inglés) es decir, la cantidad máxima a la que se puede estar expuesto sin aumentar el riesgo de sufrir alguna de las posibles consecuencias antes mencionadas.

Así, tras realizar este tipo de evaluaciones, y reconociendo el potencial dañino del BPA sobre la salud, la EFSA ha reducido la anterior cifra que ella misma estableció en 2006 al respecto de la TDI para el BPA. Así, ha pasado de atribuirle una TDI de 50 microgramos al día por kg de peso corporal a nada más y nada menos que a 4 microgramos al día por kg de peso corporal. Es decir, la EFSA, más conservadora aun en 2015 que en 2006, ha reducido la TDI del BPA más de 12 veces.

A pesar de todo, como decía, la EFSA sigue considerando la actual presencia del BPA como segura dentro de la cadena alimentaria en la medida que actualmente se usa. Además, tras volver a evaluar con más y mejores datos todas las fuentes habituales de exposición al BPA y en relación a los datos que se tenían de 2006, resulta que en aquel entonces se sobreestimó entre cuatro y quince veces la exposición real al BPA.

En resumen, quédate con estos titulares:

  • La EFSA ha reevaluado la toxicidad del BPA y, sin hacerla de menos, más al contrario, ha reducido su Dosis Diaria Tolerable de 50 a 4 microgramos por kg de peso corporal y día.
  • Al mismo tiempo, tras reevaluar la exposición de los europeos al BPA a través de las posibles fuentes de contacto o incorporación (dieta, cosméticos, papel térmico y polvo) ha concluido que dada esa exposición: el BPA no plantea ningún riesgo para la salud de los consumidores, teniendo en cuenta todos los grupos de edad (incluidos los fetos en desarrollo, bebés y adolescentes).
  • Pero además, tras esta nueva evaluación, la EFSA no se ha quedado de brazos cruzados y reconoce que hay ciertas áreas de incertidumbre sobre este tema, en especial en relación sobre los efectos del BPA en la glándula mamaria y en los sistemas reproductivo, metabólico, neurológico e inmunológico… y con toda la intención esta área de incertidumbre se ha tenido en cuenta para calcular la ingesta diaria tolerable. Es más, reconoce que el valor de esta nueva ingesta diaria tolerable (la de 4 microgramos/kg/día) es a su vez temporal a la espera de los resultados de un estudio a largo plazo en ratas que se está realizando en Estados Unidos a través del US National Toxicology Program, lo que ayudará a reducir estas incertidumbres.

Puedes ir a la fuente original sobre el asunto del BPA en estos enlaces:

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Imagen: Calvero vía Wikimedia Commons

A poco escrupuloso que seas no leas este post (va en serio)

Segunda oportunidad, repito: si eres algo escrupuloso, aprensivo, tiquismiquis o “mirado” con las cosas del comer, te sugiero de verdad que abandones en este punto la lectura de este post. Si sirve para convencerte te diré que yo lo estoy escribiendo de mala gana… ¿y porqué lo hago? te preguntarás, pues porque al parecer es noticia, una desagradable y, desde mi punto de vista, asquerosa noticia. No digas que no te he avisado.

Bueno, en realidad son dos noticias que rivalizan (y de ahí su nexo) en lo más guarro. Para ir poniéndote en antecedentes (y por aquello de dar tiempo a quien quiera, de verdad, de dejar de leer) además de ir calentando el tema poco a poco, quiero traer a colación este otro post en el que se explicaba la razón de que el queso huela a pies… y viceversa. Razones aparte el caso es que tal y como te contaba en aquel post hay quien ha jugueteado con la cuestión y ha creado sus propios quesos utilizando para ello, como los imprescindibles microrganismos fermentadores, las bacterias de sus pies. Una propuesta, científico-curioso-artística sin mayores pretensiones en este caso que la mera divulgación. Pero las noticias que traigo, van más allá, y así lo hacen porque sus fines son otros y porque además hay un salto cualitativo, una escalada en el nivel del Sistema Internacional de medición de las guarradas. Me refiero… allá va, a la placentofagia y a la elaboración de “yogures vaginales”. Ale… ya lo he dicho. Vayamos por partes.

La placentofagia

placenta

Sí, es lo que su nombre sugiere, y si te he de ser sincero, conozco esta porquería de práctica desde hace bastantes años. Pero me resistía a sacarla en el blog por aquello de que estaba claramente enmarcado en lo más extravagante, pero ahora va y se hace noticia con la polémica de las “doulas” en los paritorios. Anteriormente había oído de ella cosas como muy extrañas y gores… como que Tom Cruise era adicto a esta terapia en especial por las absurdas propiedades antienvejecimiento de esta cosa… de este órgano efímero una vez que es expulsado tras el parto. Y luego que si la cienciología para arriba, la cienciología para abajo y todo ese tipo de martingalas sin, quiero pensar, fundamento. Pues eso, lo que te digo, y es que para más inri, si te va la marcha, te sugiero que en google pongas “placentofagia” y veas la cantidad de resultados (a mí hoy me salen más de 10.000, y en inglés, placentophagy, más de 26.000). En ellas encontrarás las más inverosímiles propuestas y explicaciones sobre los beneficios de poner en práctica esta… esta cosa.

Pero nada como llegarse hasta esta página en la que además de la práctica de encapsular la placenta para administrársela en cómodas dosis y liofilizarla y demás… te ofrecen ideas de recetas para comerla en plan “plato”… siempre poco hecho, como los buenos chuletones… o menos aun ya que de otra forma su excesivo calentamiento redundará en la inadmisible pérdida de nutrientes de tan codiciada… cosa. Si decides encapsularla, la misma página te ofrece un procedimiento detallado para hacerlo con garantías y te hace saber que una placenta media da como para 170 a 230 cápsulas.

No pienso entrar en los contrastados beneficios de seguir esta práctica porque un buen compañero, Julio Basulto (@JulioBasulto_DN), ya abordó el tema hace tiempo de forma detallada en este post con todas las bendiciones de estudios y demás. No obstante, te lo resumo: no hay evidencias de los presuntos beneficios que normalmente se cacarean sobre la placentofagia (cruda, cocinada o encapsulada, porque de todo hay) y además, puede ser una práctica peligrosa a causa de las infecciones que puede ocasionar.

“Yogures vaginales”

YogurSeguimos para bingo. Este tema tampoco engaña en su planteamiento, se trata de leche fermentada con las bacterias propias del hábitat de la vagina. Suene como suene, es preciso ponerse estrictos y reconocer que de ninguna forma puede llamarse a este producto fermentado “yogur”. La razón, es que este producto solo obtiene tal denominación cuando se ha fermentado la leche con dos bacterias concretas Lactobacillus delbrueckii subsp. bulgaricus y Streptococcus thermophilus (por eso, en un Actimel, por ejemplo, otra leche fermentada, no verás la palabra yogur por ningún lado, por que la bacteria fermentadora en su caso es otra).

Bueno, pero a lo que íbamos, resulta que a una buena señora, Cecilia Westbrook, una doctora de la Universidad de Wisconsin, se le ha ocurrido realizar esta porquería con sus propias bacterias de ahí, a modo de réplica al libro Natural Harvest (“Cosecha natural”) en la que su autor propone una serie de recetas cuyo ingrediente estrella es el semen (ya te lo avisé, he procurado ir de menos a más). Pues si ellos pueden hacer guarradas con sus cosas, nosotras también, fue lo que debió pensar. Bravo por Cecilia… doctores tiene la iglesia.

Al parecer, y según esta fuente, después de realizar la receta de forma casera (¿habría otra forma?) y comérsela… y repetir (se comió su cosa con zarzamoras) Cecilia recibió una regañina de su universidad, no le avaló el proyecto y le advirtió que había sido una mala idea la suya, ya que las bacterias del ecosistema vaginal son beneficiosas allí y solo allí hasta cierto punto… y que podía haber pillado una toxinfección de no te menees. Si te van los detalles ad hoc, te diré que Cecilia es psicóloga especializada en desórdenes del comportamiento. Para hacérselo mirar.

En fin, llegados hasta aquí y alcanzado esta cota, te puedo asegurar que en los próximos post de este blog jamás se alcanzará el nivel de guarrería del de hoy. Espero.

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Nota 1: Los comentarios jocosos son bienvenidos, pero de veras lo soez no es divertido. Cuidaros.

Nota 2: mi agradecimiento por la información aportada una vez más a Ana I. Gutiérrez (@Fasmida) y a José Joaquín López (@SimplementeJJ)

Imágenes: Placenta humana de Sarindam7 vía en.wikipedia y yogur de ciruela de joephotostudio vía freedigitalphotos.net