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¿Qué hay para comer mamá?

03 mayo 2013

Que hay para comer mamáIba a empezar diciendo que gran parte de mi infancia la recuerdo con mi madre en la cocina. Pero no sería del todo cierto.

Toda la vida que viví con mis padres la recuerdo con mi madre en la cocina. Así es mucho más preciso. Incluso ahora que hace más de 12 años que “volamos del nido”, mi madre sigue pasando una gran parte de su tiempo en ella, lo sé porque me consta. Hablamos a menudo, casi a diario. La vida en torno a una cocina. Y todo lo que lleva aparejado, comprar, preparar, guardar, conservar, cocinar, servir, recoger, etcétera. Y sin estudios de cocina, ni de dietética, ni de nutrición… nada de eso. Sin embargo, nadie se quejó. Ni se queja. Más al contrario, mi madre cocina como los ángeles, y el menú siempre fue y es lo que hoy podríamos llamar “los que sabemos” como equilibrado. De veras que recuerdo como si fuera hoy el más o menos largo camino del colegio a casa con una pregunta entre los dientes amartillada para sin casi decir un qué tal estás o un simple hola, soltarla a bocajarro, con más hambre que malicia. Eso seguro, malicia ninguna, quizá poca consideración… y mucho hambre. ¿Qué hay para comer mamá?

Como decía, la minuta diaria era variada y suculenta. Las especialidades muchas, aunque recuerdo con filial añoranza sus alubias rojas, su ensaladilla rusa (mis amigos de adolescencia “se pegaban” para venir a mi casa a comer esa ensaladilla), su gratén de patatas con pimientos rojos (plato sencillo pero pesado de preparar), su fricandó (ay, ay, ay ese fricandó), aquellos chipirones (los de verdad, ni calamares, ni gaitas) en su tinta con arroz, sus celestiales pochas (aun me recuerdan mis padres como me debí de poner a base de pochas con la tierna edad de un año), su sopa de arroz (capaz de resucitar a un muerto), aquel gazpacho ligero, muy ligero en consistencia pero de sabor contundente (no he vuelto a probar un gazpacho que se le parezca ni de lejos) y qué decir de su menestra (de las de verdad, claro), sus pimientos rellenos, su chicharro al horno, etcétera. Y todo ello por no hablar de mi plato estrella, bueno, en realidad el plato estrella de mi madre, ese que a día de hoy me sigue preparando para el día de mi cumpleaños (a pesar del asco que le da el hacerlo): los riñones al jerez con arroz. Mis mejores y mayores halagos delante de un plato los he proferido delante de los riñones al jerez con arroz de mi madre.

No se puede olvidar que de casta le vino al parecer a la “galga”. Su madre, mi abuela, era parecida… qué se podría decir de aquella carne rellena con huevo duro y aceitunas (y qué salsa, por Dios qué salsa) que preparaba mi abuela, sus sopas de ajo, sus albóndigas (del diámetro de una moneda de euro) aquella vinagreta que preparaba para acompañar una humilde ensalada de patata y remolacha, ¿puede tener algún “misterio” una vinagreta? Está claro que sí. Recuerdo también con especial delectación el helado de limón que preparaba mi abuela en verano. Ya ves.

Volviendo a la santa de mi madre, a esas madres en general me refiero, y a aquellas abuelas. El momento de la comida era uno más entre tantos otros en los que había que alimentar las hambrientas bocas de mis hermanos y mía… y de mi padre, claro. El desayuno, preparar el almuerzo para el colegio siempre bocatas, sin tonterías de galletas en envases monodosis ni zumitos. Bocata de embutido, bocata de mantequilla con miel o de mantequilla con azúcar, de fiambre y hasta bocatas de sardinas. Luego la merienda, más bocata, vasos de leche y algunos yogures o algo de fruta. Y más tarde la cena, también de cuchara; purés de verduras, de lentejas, coliflor al horno, berza, purrusalda, merluza a la romana, anchoas fritas, huevo pasado por agua, etcétera. Los postres, siempre fruta fresca y evidentemente de temporada. Entonces en los supermercados y mercados no había fruta que no fuera de temporada. Hoy sí, parece un contrasentido, pero la hay. A pesar de ello en casa de mis padres (y en la nuestra) la fruta sigue siendo de temporada. De la temporada buena, de la de aquí, me refiero.

Ya ves, y sin estudios de Nutrición Humana y Dietética y sin pasar por el Basque Culinary Center ni por un curso de tecnificación en el Bulli.

La condena de mi madre “a cocinas” (por “a galeras”) tiene sus claroscuros. Tiene que ser muy duro estar entregado en cuerpo y alma a estas cuestiones (además de a otras labores domésticas). La parte buena, que la tiene, es que nuestra satisfacción ha sido siempre lo suficientemente patente como para saberse recompensada por la inversión realizada. Hoy me pregunto si suficientemente recompensada. No, nunca creo que se pueda obtener una recompensa por tanto. Y digo tanto porque en todos esas recetas y bocatas había algo más que una simple buena planificación y cocinado. Había eso que queda cuando el mero cumplimiento de los compromisos se volatiliza. Había y hay amor, cariño, interés, preocupación… eso que solo unos padres, y no digamos una madre, puede añadir a un guiso o a un simple bocadillo.

Hoy, en general cocinamos menos y comemos peor. Tenemos menos recursos domésticos y por supuesto culinarios. Bebemos leches con omega tres, potajes  “de la abuela” enlatados y pizzas “caseras” termoselladas… sabemos más y sin embargo la comida nos sabe menos.

Pues te voy a decir una cosa más mamá. Hay otra cosa más de la que puedes sentirte satisfecha y orgullosa. Y mucho. Esa dedicación y buen hacer ha propiciado que hoy en nuestra casa, en la de tus nietas, se cocine más de lo que estoy seguro se cocina en la media de hogares similares al nuestro. Las razones que así se haga son básicamente dos. Puedes pensar que tu imagen me ha inspirado o bien que el temor de llegar a perder lo que una vez tuve me ha empujado a “tener” que cocinar. Posiblemente todo haya influido, pero tú mejor que nadie sabes que si se cocina por ese tipo de obligación las cosas no terminan sabiendo igual. El caso es que me gusta cocinar. Y me gusta responder a tus nietas cuando hoy son ellas las que me preguntan que qué hay para comer mientras les gotea el colmillo.

Por cierto, hemos de quedar y me tienes que poner al día con muchos de esos secretos que a menudo tanto te consulto por teléfono cuando me enfrento a una nueva receta de las tuyas, de las de casa, de las de siempre.

Gracias mamá. Muchas, pero que muchas gracias.

La primera experiencia de Carolina (4 años) en un Burguer

01 mayo 2013

Happy meal_ happymealy

De verdad que no sé en qué está pensando la gente cuando decide que las celebraciones de cumpleaños de sus hijos pequeños se hagan en una de estas grandes cadenas de hamburgueserías. El problema no es tanto en relación a lo que hagan con sus vidas, que cada uno celebre estas cosas donde quiera. El problema viene en el momento que sus decisiones afectan a terceras personas. En este caso a los amiguitos y amiguitas que se invitan para que acompañen al cumpleañero en cuestión al Burger de marras. Seamos claros este tipo de establecimientos no tienen una imagen estupenda que se diga.

El caso es que el otro día Carol, nuestra hija pequeña vino emocionada del cole diciendo que el cumpleaños de Manolito se iba a celebrar en uno de estos establecimientos. Maldita la gracia que me hizo, pero qué vas a hacer, creo que no se puede ir de fundamentalista por la vida y no dejarle ir… máxime con la enorme ilusión que traspiraba al comunicar la noticia. Estaba tan fascinada con la idea que todos los días previos nos recordaba su cita futura con el Burger. Como digo, el hecho en sí era todo un acontecimiento para ella.

Carol ZanahoriaAntes de continuar déjame que te diga como es Carolina de carácter: cuadriculada. Cuando se le mete una idea entre ceja y ceja ya puedes olvidarte. Afortunadamente en el día a día solo se empecina en hacer cosas positivas: ponerse una determinada prenda de ropa ella sola, dibujar lo que sea o incluso escribir (sin saber hacerlo) a base de copiar palabras cuyo significado se le ha dicho… entonces va ella y copia esos símbolos que son las letras y te escribe pequeñas notas. En cuanto al comer, la definición de Carolina es, sin lugar a dudas “gourmet” y “exploradora” (te sugiero que veas esta entrada para saber a qué me refiero) le gustan los alimentos selectos, de no cualquier calidad o preparación y además le gusta probar cosas nuevas. Para que te hagas una idea, las famosas pizzas precocinadas que normalmente tanto gustan a los niños, si por ella fuera se las comería el gato (menos mal que su padre le entiende perfectamente).

Así pues llegó el día y Carolina fue. Y después se le fue a buscar. He de decir que acudimos a recogerla con cierta expectación por ver cual era su dictamen, sabiendo en concreto cual era la ilusión que tenía por ir al Burger. Ya en camino de casa se estableció el siguiente diálogo:

¿Qué tal Carolina, qué tal has merendado?

Su respuesta crítica fue inapelable:

He pedido Nuggets y no me han gustado; las patatas, no estaban buenas estaban blandurris… y el helado, lo único que estaba bueno… pero no me lo he comido todo.

¿Te gustaría volver otro día?

Sí, para probar la hamburguesa con queso, porque no hay ni bocadillo de chori ni puntillitas…

No cielo, no; de esas cosas no hay en los Buerger XD

¿Qué es lo que más te ha gustado?

El regalo que me han dado (el que se da en la hamburguesería a todos los niños)

Así que ya ves, el gozo gastronómico en un pozo. Lo que más me apena es que si algún día ella insiste con el que quiere volver a uno de estos sitios, lo más probable es que lo haga por recibir el maldito regalo de los menús infantiles.

Nota: Carolina, si alguna vez lees esto de mayor, que sepas que te admiro y que me divierte un montón el escucharte razonar sobre estas cosas.

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Foto 1: happymealy

¡Todos a comer! Libro y música para papás con niños

01 abril 2013

Todos a comer.jpgCreo que a nadie descubro a estas alturas si digo que el comer con hijos es para nosotros una gratificante experiencia. Bueno, con nuestros hijos y casi, casi con cualquier niño que tenga una mentalidad relativamente abierta hacia el acto alimentario y salvando sus naturales limitaciones fruto de su corta edad e inexperiencia. Precisamente es esa inexperiencia la que lo suele hacer tan gratificante: conversaciones sobre el origen de los alimentos, sus cualidades, texturas, sabores, etc y las extemporáneas (o no tanto) conclusiones de los niños son esos elementos que tanto nos satisfacen.

El caso es que el otro día a Adriana, la mayor de nuestras hijas (8), le dio por pedirnos un libro que le gustaría tener. Se trata de ¡Todos a comer! que además viene con un CD de canciones. Su autora es la genial ilustradora zaragozana Eva Armisen y se trata de un libro al que Marc Parrot le pone letra y música a partir de 6 canciones.

La obra, eminentemente visual, recrea 6 estereotipos típicos de los niños y su actitud hacia la comida con unas ilustraciones cargadas de una cierta cualidad onírica y evocadora. Su texto, breve, consiste en la letra de las distintas canciones que se encuentran en el CD.

Todos sabemos que los estereotipos son eso, conceptos demasiado típicos que rara vez se pueden atribuir por completo a un determinado sujeto o realidad. El caso es que a partir de ellos: El explorador (por aquellos niños a los que les gusta probar), la lima (por los que comen sin mayores prejuicios independientemente de lo que haya), el tiquismiquis* (por lo “raritos” que son algunos), los rápidos (aquellos que parece que comen más que respiran), el gourmet (para los que son más “selectos” por naturaleza) y “Dulce” (por la irresistible pulsión de algunos por lo dulce)… se recortan algunos de los comportamientos más fácilmente identificables cuando se come rodeado de niños (ejem, o no tan niños). Al final, como digo, pocas veces un niño se comporta siempre dando cumplida cuenta de un estereotipo concreto, sino que con su genuina personalidad unas veces se inclina más hacia uno de los patrones y otras hacia otro. Depende de días, de comidas concretas, de alimentos determinados, etc. Algo así como el signo del zodiaco que define cierta personalidad y su “ascendente”  que la matiza (lo sé, lo sé, no hace falta que me eches la bronca por poner este ejemplo, ya me flagelo yo mismo XD)

En definitiva, una obra que en casa está dando mucho juego a la hora de comer, en el desayuno de fin de semana y demás. Nos lo pasamos pipa atribuyendo a los demás cualesquiera de estos estereotipos y también imitándonos, haciendo apuestas sobre quién comerá qué… para regocijo del resto.

Una entretenida obra para abrir mentes, reírnos de nosotros mismos, de los demás con respeto y para relativizar nuestro comportamiento alimentario. No te olvides:

¡Todos a comer! de Eva Armisen y Marc Parrot. Ed Lumen. Random House Mondadori. 2012

* Carolina, nuestra peque de 4 años no le sale decir “tiquismiquis” y dice “pitismiquis”… para su desesperación (XD)

¿Cuándo seas padre comerás huevos? Hoy ya no (creo)

26 marzo 2013

Último trozo_SchultzLabsEsta expresión, “cuando seas padre comerás huevos” deriva tal y como explica a la perfección mi vecino Alfred López en su blog “ya está el listo que todo lo sabe” de otras épocas en las que no había ni mucho menos la disponibilidad alimentaria con la que ahora contamos. Afortunadamente, los tiempos han cambiado y ya no hace falta reservar unos recursos alimenticios escasos para mantener mejor nutrido al “cabeza de familia” con el fin de que este pueda asegurar el jornal.

No sé qué dirán mis padres cuando lean estas líneas al decir que un servidor tiene un vago recuerdo de haber escuchado esta expresión en casa cuando era pequeño, aunque también con sinceridad, he de reconocer que no recuerdo las circunstancias concretas que propiciaron su uso (si al final mi memoria no me falla, cosa que tampoco tengo muy claro). También es posible que me fuera dirigida con otros fines distintos de los nutricionales, para aludir más probablemente a la prohibición de dejarme hacer algo por falta de edad o por inexperiencia.

Hoy en realidad lo que quiero es haceros partícipes de una duda, que no es otra que el saber quién en vuestras respectivas casas se lleva “la mejor tajada” de un plato o alimento, quién también se come el último trozo, porción o ración de un alimento concreto. Lo digo porque el otro día mientras comíamos surgió este tema de conversación entre mi mujer y yo.

En principio hay dos posibles escenarios. Por un lado, el de a quién se le sirve en el plato el mejor trozo, el más jugoso, el más “limpio”, en definitiva el más apetecible y; por el otro, quién se come el último trozo de algo que a todos o a varios les apetece.

En nuestro caso, en nuestra casa, en ambas circunstancias son las niñas las que tienen prioridad, y conste que jamás lo habíamos verbalizado, siempre habíamos decidido al unísono sin la necesidad de haberlo hablado. Ellas se llevan las mejores porciones, las que no tienen espinas o huesos, las que son más fáciles de comer. Nos parece lo más evidente. Además, basta que manifiesten su interés por seguir comiendo que aunque sea el último trozo o ración, será para ellas. A partir de ahí, si hay algún descarte de las peques, y sólo quedamos mi santa y un servidor en la ecuación, decidimos sobre la marcha con una especie de “hoy por ti y mañana por mí” de buen rollo. Nunca hemos discutido por estas cuestiones… por estas.

Así que por lo que yo conozco, la expresión de “cuando seas padre comerás huevos” ha pasado a la historia y, más al contrario, hoy se podría hacer buena la contraria, alguna que plasmara que los bocados más predilectos, apetecibles y llegado el caso nutritivos se reservan para los hijos.

Y vosotros, ¿cómo lleváis en casa lo del reparto de la comida más apetecible y el de las últimas raciones?

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Foto: SchultzLabs

“Se me hace bola”, una guía indispensable para comer con tus hijos

14 marzo 2013

se_me_hace_bola_julio_basultoHay libros que los esperas como esperas la llegada de un hijo, o al menos como esperas los hijos de los buenos amigos o los de un hermano. Muy en especial cuando son tan deseados, como es este caso y además has estado al corriente de toda la gestación que ha culminado con su alumbramiento . Se trata de “Se me hace bola” del dietista-nutricionista  Julio Basulto (@JulioBasulto_DN) un manual, una guía más bien, en la que poder encontrar respuesta a muchos, no sé si todos, los paradigmas de la alimentación de los más pequeños, desde que nacen y hasta que se hacen como tú eres ahora.

Como digo, me hace una especial ilusión porque sé que a su autor también se la hace. Y eso que no se trata de su primera publicación, pero sí la primera que firma en solitario (ya era hora). Además, la temática abordada, lo sé porque me consta, es uno de los temas predilectos del autor que, aunque volcado en general en cuerpo y alma a la ciencia de la nutrición, pone desde que lo conozco un especial énfasis cuando estas cuestiones aluden a los más pequeños. Así que, de nuevo, ya era hora y, por tanto, enhorabuena.

El libro acoge muchas de las claves para que tú y tus hijos abordéis el natural momento de la alimentación con felicidad. ¿He dicho “natural”? Pues sí. Sabes bien que tengo mis reticencias con el uso de esta expresión ya que muchas veces se asocia con algunos estereotipos poco afortunados. Sin embargo, parte de esas claves que contiene el libro consisten en saber dejar hacer a nuestra naturaleza a la hora de proveernos alimentos y que ello redunde no solo en una mayor salud, sino también en una mayor satisfacción. Con menos presiones, disgustos, berrinches y sinsabores que, para ambas partes, niños y mayores, muchas veces supone el enfrentarse a un plato de comida, la que sea. Tú y tus hijos sabéis cuál es vuestro particular talón de Aquiles.

Con el permiso del autor te voy a transcribir algunas de las secciones que dentro de los distintos capítulos se encuentran en su índice y que dan buena muestra de lo que vas a poder encontrar en su interior:

  • Los dos mandamientos: no negar, no ofrecer
  • Amamantar no es de “hippies perroflautas” (ni de científicos)
  • La madre que no da el pecho es tan buena madre como las demás. La que lo da también
  • El mito: padres excesivamente prudentes
  • La realidad: padres (o sanitarios) excesivamente imprudentes
  • Apetito: errático e impredecible
  • Si no toma fruta, ¿le doy zumo?
  • ¿Y si no come nada de verdura?
  • ¿Crece porque come, o come porque está creciendo?
  • ¿Debo respetar el apetito de mi niño con obesidad?
  • Ser respetuoso no es malcriar

Y así un largo etcétera de temas candentes, de preguntas con soluciones esquivas para las que, es frecuente, cada aparente especialista tiene una respuesta, y todo ello salpicado de consejos y buenas recomendaciones para afrontar la alimentación de tus hijos a lo largo de todo su desarrollo.

Así que no lo dudes, si eres de los o las que lo tienen claro en cuanto a quienes son sus especialistas de cabecera para la edad pediátrica, como por ejemplo quienes eligen al pediatra Carlos González, este es tu libro. De hecho, y para mayor gloria de este volumen, está prologado por él, por Carlos González.

Su coste es casi simbólico y su precio casi incalculable: “Se me hace bola“. Cuando no comen como queremos que coman” de Julio Basulto, editado por “DEBOLS!LLO clave

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¿Que tu hijo come de todo? No te preocupes, ya cambiará

17 enero 2013

Niños comidaEn 2008 tuve la ocasión de conocer personalmente al pediatra Carlos González y ya puestos le pedí que me firmara uno de sus libros (“Mi niño no me come“). Si tienes hijos, te lo recomiendo. Bueno, ése en concreto o cualquiera del Dr. Carlos González, el último que ha caído en mis manos es “Entre tu pediatra y tú“: Demoledor.

En la conversación, le comenté que tenía dos hijas, una de 4 años, Adriana, y la otra de apenas un mes, Carolina, y que su madre y yo estábamos muy tranquilos ya que la mayor “nos comía de todo”. Su respuesta, contundente, me dejó perplejo: “No te preocupes, ya cambiará” o lo hará con bastante probabilidad… Ciertamente, así fue, tenía razón. Con el paso de los años la mayor (ahora tiene 8) empezó a rechazar alimentos que antes, no es que “aceptara”, sino que estaba claro que le gustaban.

Habitualmente los gustos y preferencias de los niños en la mesa son todo un quebradero de cabeza para los padres. Los motivos típicos son varios: “no les gusta” lo que sus progenitores consideran que es bueno para ellos, o simplemente se niegan a probar (¿quién no ha dicho alguna vez eso de “pero cómo sabes que no te gusta si ni tan siquiera lo has probado”?), o sencillamente cambian, lo que ayer “les gustaba” y comían, hoy se niegan y ya no les gusta (tal y como ocurrió en mi caso). O a la inversa, pero este caso, que accedan a comer algo que antes no les gustaba y ahora sí, no suele ser motivo de preocupación sino de alegría y tranquilidad (“¡por fin come!”)

La clave, al menos en nuestro caso, ha sido no darle la mayor importancia. ¿Qué ahora no te gusta (y antes sí) cualquier cosa? Pues no te preocupes hija, no lo comas. Y a otra cosa mariposa. Así, sin presiones, ni premios, ni castigos por que se coma o no se coma algo vamos… yendo. Y así, resulta, que ahora ella misma vuelve motu proprio a aceptar aquellos alimentos. Sin bullicios ni especiales alharacas.

Ostras_Peri Apex

La que me tiene más despistado es la que en septiembre de 2008 tenía un mes y ahora cuatro tacos, la pequeña, Carolina. Su catálogo de alimentos preferidos no sólo es infinito, sino que además contradice lo habitual. Es decir, le gustan, se pirra, por cosas poco habituales para que le gusten (creo) a una niña de su edad: Conservas de anchoas, pescado de cualquier clase, etc. pero el colmo de los colmos es el tema de las ostras. Sí, estas navidades hubo en dos ocasiones ostras en la mesa. Y me dije, “te vas a enterar, Carolina”:

- A ver Carolina, ¿te apetece probar esto? (y a la mayor igual, pero su cara era ya todo un poema nada más verlas… así que lo que me imaginaba, que no)

- Siiii -después de no haberse perdido detalle de los esfuerzos de su padre por abrirlas-

Y va escojo la más pequeñita, la suelto de su valva, le pongo unas gotitas de limón y se la llevo a la boca con la concha, como mandan todos los cánones ostreros.

Tras un escalofrío y poner un ojo para Tudela y el otro para Triana fruto de la acidez del limón, me mira y… sonríe.

- ¿Te gusta, Carolina?

- Siiii –contesta contundente mientras se relamía su sonriente boca-

Tal fue, que el primer día de ostras se endiñó tres, y el segundo, cuatro.

Y yo me pregunto, qué puñetas pasa por esas cabecitas para decidir que algo es bueno para probar y qué no lo es. Y más allá, una vez en la boca qué elementos intervienen para decidir que si les gusta, o que no. Sinceramente no lo sé. Lo que sí tengo claro, porque así lo aconsejan todas las recomendaciones en este terreno (y porque me parece lo más racional y porque así nos va fenomenal), es que no hay que darle mayor importancia.

El aspecto general de un alimento es, supongo, uno de sus elementos. Pero en el caso de mi hija Carolina está claro que no, o que al menos le puede condicionar, pero no le va a determinar la decisión final. Os cuento que la cosa tiene su retranca.

El aspecto de las ostras no es muy “normal” y puede resultar hasta repulsivo, lo reconozco. Y eso debió de apreciar también Carolina que justo antes de comerse la segunda ostra y sin que su hermana hubiera dicho esta boca es mía va y dice:

- Adriana -a la mayor- no mires que te va a dar asco.

Nos quedamos a cuadros. O sea, le reconoce un aspecto poco “atractivo”, pero decide probar y luego, repetir. Y además… “proteger” a su hermana respetando totalmente su decisión.

Lo dicho, si tienes hijos pequeños, no desesperes a la hora de lo que comen o no. Trata de comer con ellos todas las ocasiones que puedas. Haz de tu comida un ejemplo de lo que ellos podrían comer. Que comen bien (según lo que tu consideras bien) estupendo, que no, pues también estupendo. No presiones, no premies y no castigues. La mejor guía sobre cuánto tiene comer un niño sano es… ese mismo niño. Su apetito ha de ser la guía. Tú preocúpate porque la oferta de alimentos sea más o menos saludable, de las cantidades deja que sea él quién mande.

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Foto ostras: Peri Apex

¡Y una fruta mierda!

13 noviembre 2012

Está bastante bien asumido por parte de la población general que un adecuado consumo de fruta está relacionado con beneficios sobre la salud. Por esta razón, ya que el actual patrón de consumo de fruta está por debajo de los habituales consejos (sea por la causa que sea) es posible que la industria alimentaria aproveche en este terreno tantas oportunidades para hacer de las suyas, muchas veces con el auspicio de las leyes vigentes. Es decir, la gente sabe que comer fruta es bueno y al no hacerlo en la cantidad adecuada está especialmente sensibilizada para acoger aquellas opciones que nos sugieran una cierta facilidad a la hora de consumirla… mucho más sensibilizada además si la “opción” propuesta es fetén para nuestros niños que, ya saben, son utilizados muchas veces como nuestro talón de Aquiles alimentario.

 

Ya he contado en alguna ocasión mi afición a observar comportamientos y actitudes del mundo que me rodea en relación con sus hábitos alimentarios. En este sentido no descubro nada cuando digo que, además de otros entornos, el patio del colegio de mis hijas representa un inapreciable ecosistema para el estudio, del que muchas veces saco jugosa información. De un tiempo a esta parte vengo observando que a las horas de las meriendas y en los almuerzos (aquellos días en los que hay que llevar de almuerzo fruta al colegio sí o sí, por obligación) empiezo a constatar una  preocupante proliferación en las manos de los niños de unos llamativos sobres-bolsa tuti-fruti y multicolori comercializados por una conocida marca de distribución. “100% fruta” pone (además, “sin lactosa” y “sin gluten”) y, lo más preocupante en mi opinión, un visible logo que reza:

1 ración de fruta

 

¿Nos están sugiriendo que la ingesta de este tipo de productos equivale a la ingesta de una ración de fruta? Pues si es así, lo dudo. No, desde mi punto de vista, lo niego.

Veamos, los sucedáneos son eso, sucedáneos. Según el diccionario son “sustancias” que por tener propiedades parecidas a las de otra, pueden reemplazarla. Pues será lo que diga el DRAE, pero el reemplazo al que ahora me refiero, las bolsitas estas en vez de fruta, me niego a aceptarlo, ¡porque no son equivalentes!

A título particular, y aunque la legislación diga otra cosa, me parece inaceptable que se asocie como reemplazable el consumo de la fruta de verdad con el de un sobre-bolsa de 90 gramos a través del cual los niños (ellos especialmente) liban cual si de lepidóptero vulgar se tratase el puré de frutas procedente de concentrado con su vitamina C añadida.

 

Analicemos la sucedaneidad, la equivalencia o como se prefiera decir, de estos dos elementos. Para ello voy a tomar en consideración las características inherentes a la fruta y las voy a comparar con las de los sobres-bolsa.

Algunas de las características generales de la fruta como grupo son: Importante fuente dietética de vitaminas, minerales, fibra y fitonutrientes, y todo ello con un escaso aporte energético. Es decir, la fruta aporta todos estos elementos en una cantidad relativamente amplia y lo hace con pocas calorías.

A continuación he confeccionado una tabla con aquellos nutrientes que vienen reflejados en la información nutricional de los sobres-bolsa a los que me refiero y la he comparado con algunas raciones medias de las frutas más habituales. Quiero destacar dos aspectos: El poner sólo la vitamina C responde a que entre las vitaminas es la única de la cual se detalla su presencia en los sobres-bolsa (¡!). Y de los minerales sólo se menciona el sodio, algo bastante curioso porque, normalmente este mineral se suele hacer destacar para recalcar, por motivos de salud, su ausencia o baja proporción.

Datos de los sobres-bolsas por unidad (90 gramos) e información del propio envase. Datos de las frutas: National Nutrient Database (USDA); más en concreto: Naranja: 180 gramos; Kiwi verde: 148 gramos (una ración); Manzana: 161 gramos (una pieza mediana); Plátano: 118 gramos (una pieza mediana); Fresas: 144 gramos (una taza) por mitades; Piña: 156 gramos en trozos.

 

EN RESUMEN

  • Cualquier ración media de las frutas aquí expuestas aporta más fibra que la de los sobres-bolsa en cuestión. Es muy probable, además, que esta realidad sea trasladable a cualquier otra fruta fresca que se considere (salvo puntuales excepciones)
  • La presencia de vitamina C (y con mucha probabilidad de muchas otras vitaminas) en un patrón de consumo variado de fruta fresca es mucho más alto que el que se obtiene del consumo “por sustitución” de estos sobres-bolsa. Y lo más importante a este respecto,
  • A título particular, las diferencias organolépticas (ya saben esas cosas relativas al sabor, textura, aroma, color…) entre el consumo de este tipo de “sucedáneos” y el de la fruta son, francamente, imposibles de tomar en consideración. El puré de las bolsas-sobre es una especie de jalea hiperdulzona, pálida y más emplagosa que una canción de Albano y Romina Power.

Igual te interesa comparar algunos de los aportes nutricionales de estos sucedáneos con los del típico bollo con agujero que en ocasiones se lleva como merienda y que suelen tener tan mala prensa por pertenecer al mundo de la bollería industrial. Aunque existen otros aspectos nutricionales a la hora de comparar el típico  bollo con agujero con estos sobres-bolsa, ten en cuenta que un bollo de estos aporta 198 kcal con una presencia de fibra bastante similar (1 bollo con agujero = 1,4g de fibra).

 

EN CONCLUSIÓN

No conviene que la población general asocie como equivalentes el consumo de estos productos con  el consumo de fruta, y mucho menos que esta asociación se la inculquemos a nuestros hijos.

Si queremos que nuestros hijos coman fruta de forma natural, sin artificios que en mi opinión son contraproducentes, conviene ser un poco más HACENDOSOS ante estas situaciones. ¿Se me entiende?

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Fotos: GTRES

“Pasa de comer mal”: Una de esas iniciativas interesantes y desconocidas

22 agosto 2012

De vez en cuando surgen campañas que vuelcan todo su empeño en promover una alimentación adecuada entre la población general. Con frecuencia se dirigen hacia colectivos concretos como los niños, ancianos o enfermos con diversas patologías y, en muy pocas ocasiones dichas campañas se focalizan en el colectivo de los jóvenes. Ni niños, ni adultos… me refiero a “los jóvenes de verdad” como tal, o si lo prefieren a los adolescentes, esa edad más o menos difusa que sucede a la niñez y que transcurre desde la pubertad hasta el completo desarrollo. Una edad complicada para los padres y qué duda cabe también para los propios protagonistas.

 

 

Pues bien, hoy les traigo una iniciativa que se ha puesto en marcha de mano del Colegio Oficial de Dietistas-Nutricionistas de las Islas Baleares, un colectivo siempre inquieto y proactivo, y de la de otras instituciones como son el gobierno central y el de la propia Comunidad Autónoma Balear a través de su departamento de juventud. No hay más promotores, no hay (por lo menos a la vista) grandes colaboradores ni patrocinadores, no están las grandes empresas de la industria alimentaria de refrescos ni de comida rápida (esas que patrocinan olimpiadas y eurocopas)… y quizá por eso esta loable y ejemplar campaña pasa sin más pena ni gloria que la de estar alojada en una web discreta que puede ser consultada aquí.

Esta acción deriva de la campaña PAS (Punto de Asesoramiento en Salud) y en esta ocasión se centra en la promoción de la participación de los jóvenes para comunicar mensajes saludables en materia de alimentación;  al mismo tiempo que consta de una interesante herramienta para que se autoevalúen sus hábitos alimentarios y fomenta la toma de decisiones saludables sobre este tema entre los adolescentes.

 

 

Fácilmente accesible e intuitiva, consta de 8 apartados entre los que no faltan aquellos destinados a la comprensión de los más esenciales elementos de una correcta alimentación (“El secreto de la pirámide”), el abordaje de mitos (“Mitos, ritos y demás milagros sobre la pérdida de peso”), la relación entre alimentación y actividad física (“La alimentación de los y las deportistas”), o un apartado nuevo destinado a las alergias e intolerancias alimentarias, entre muchos otros.

A buen seguro que muchos de nosotros nos podremos beneficiar de sus contenidos. Sigo pensando que es una pena que este tipo de mensajes haya que rebuscarlos por internet o en los medios; al contrario de lo que sucede con algunos libros y autores de moda que con este tema de fondo ofrecen, en no pocas ocasiones, información de dudosa credibilidad y utilidad.

Menús escolares: ojos que no ven, precocinados que te doy

04 junio 2012

Que la alimentación desempeña un importante papel en la salud ya lo tenemos más o menos interiorizado y asumido. Sin embargo, parece que aun no nos preocupamos lo suficiente cuando de dar de comer a nuestros hijos se trata, en especial cuando lo hacen en el colegio. A los niños les dan de comer en el colegio y “parece” que con saber esto ya basta. Y no debiera ser así; un mayor interés por lo que nuestros hijos comen quizá haría que los servicios que se encargan de confeccionar los menús lo hicieran con un poco más de acierto, tanto en lo que respecta a su adecuación en relación con las recomendaciones de salud, como en lo que se refiere a la palatabilidad.

Desde hace unos cuantos años y con una cierta periodicidad Eroski Consumer viene observando de forma crítica la calidad de los menús escolares en diversas provincias españolas y los resultados no son especialmente buenos; lo peor quizá, es que además la nota media alcanzada en el último análisis de 2011 es peor que la obtenida en el anterior examen de 2008 realizado con los mismos criterios por Eroski Consumer.

Las conclusiones de este reciente estudio, sus aspectos más destacados y el desglose de resultados por provincias pueden ser consultados aquí. En cualquier caso, yo destacaría algunas cuestiones que me han llamado la atención:

  • Faltan verduras, ya sea cocinadas o frescas, que deberían estar presentes todos los días, ya se a de una forma u otra, como ingrediente, guarnición o plato principal. Sin embargo se da la circunstancia que el 27% de los colegios que participan en el estudio ni siquiera incluían verdura un día a la semana
  •  Hay demasiados precocinados (san jacobos, croquetas, empanadillas, varitas y/o delicias de pescado y similares, calamares romana, etc): en torno al 20% de los menús analizados incluyen dos o más precocinados entre las dos semanas evaluadas. Un dato el actual, muy por encima del obtenido en 2008, el 5%.
  • Sería muy recomendable que, también en general, aumentase en los menús escolares la frecuencia de pescado fresco, de legumbres y bajase en determinados centros la presencia de dulces (pasteles, helados, bollería, etc.) a la hora del postre. En este sentido sería recomendable que la presencia de fruta en el postre fuese la norma y las excepciones dejarlas para ocasiones especiales o celebraciones señaladas.
  • En líneas generales los centros públicos obtienen una mejor nota media que los privados o concertados, en sentido contrario de los resultados de 2008.

Me da la impresión que el posible ajuste de precios, quizá motivado por la crisis, tenga algo que ver en la bajada general de la calidad de los menús escolares puesta de manifiesto en este estudio. Sin embargo, también creo que con un precio medio de los menús analizados de 5,1€/día bien se podría comer mejor, renunciar quizá a parte del beneficio y mejorar el capital de salud y de educación nutricional de nuestros herederos. Claro que quizá en esto no estén tan de acuerdo las empresas de catering.

A tenor de este tema, merece también fijarse en lo que fue noticia de telediarios y rotativos hace un par de semanas. Se trata de la iniciativa de una niña escocesa de 9 años, Martha Payne, que a través de su blog, NeverSeconds, ha iniciado una campaña informativa en relación a las comidas que se sirven a diario en su colegio. Con la ayuda de su padre ha plasmado en fotos muchos de sus horribles menús (un ejemplo: Una minihamburguesa, tres rodajas de pepino, dos croquetas y un polo de hielo. Otro: Una porción de pizza, una croqueta, dos docenas de granos de maíz y una magdalena) y se ha atrevido incluso con una valoración gastronómica de dichos menús. Todo ello ha puesto de relieve lo nefasto de su adecuación. Una iniciativa que ha supuesto todo un boom mediático que ha arrasado en las redes sociales hasta el punto que el reconocido Jamie Olivier le ha dedicado unas palabras de reconocimiento y le ha animado a seguir con su labor info-reivindicativa.  Pero la cosa no se queda ahí, en su blog Martha también está empezando a hacerse eco de las fotos que les mandan otros escolares desde distintas partes del mundo y ella las compara con las de su colegio. Sencillamente genial.

Hoy que la tecnología acompaña, quizá no sería una idea tan descabellada que nuestros hijos fuesen al colegio con una cámara de fotos y retratase el tipo de comida que les sirven en sus comedores. No tanto para crear un blog (o sí, quién sabe) pero por lo menos para mantener informados a sus padres de qué es exactamente lo que se les están sirviendo diariamente por una media de 5,1€/menú. Porque… aparte  del posible papel de menús que el colegio le hace llegar a casa periódicamente ¿saben a ciencia cierta qué comen sus hijos? Si yo estuviese en su lugar (que es que no, porque mis hijas comen en casa) me preocuparía de ello. Seguro.

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Foto 1: DC Central Kitchen

Foto 2: NeverSeconds

Foto 3: NeverSeconds

No ponga a su hijo a dieta. Mejore su estilo de vida

25 mayo 2012

Según un informe de la Fundación Thao, 3 de cada 10 niños/as (30%) sufre exceso de peso (sobrepeso u obesidad). De éstos, un 8,3% padece obesidad y un 21,7 % sobrepeso. A cerca de un tercio de la población española entre 3 y 12 le sobra peso. Con lo cual, estadísticamente esta entrada supongo que le resultará de utilidad a un buen número de papás y mamás.

Supongamos que tiene un hijo o hija, un niño o un adolescente (me da igual la edad) con sobrepeso u obesidad… ¿ponerlo “a dieta” es la solución?

Si su respuesta es afirmativa sepa que no adoptará la estrategia más adecuada para los fines que persigue. Por lo menos esta es una de las muchas conclusiones a las que se ha llegado en una revisión de la literatura científica que aborda estas cuestiones. Ante la toma de decisión “dieta si vs. dieta no” sepa que en el tratamiento del sobrepeso y obesidad infantiles: “Las dietas hipocalóricas [las dietas, vamos] son menos efectivas a medio largo plazo que la modificación de los estilos de vida”

Dicho de otra forma, antes que martirizar, estigmatizar y torturar a un niño con prohibiciones y obligaciones en el terreno alimentario y de estilo de vida, conviene repasar los posibles errores que le han llevado a ésa situación y cambiarlos… no en el sentido de “hacer dieta”, es decir, no en un: “hoy empiezo y otro día acabo, cuando haya perdido “X” kilos”. No. Las principales evidencias apuntan a que en el tratamiento del sobrepeso en la infancia, las bases han de estar asentadas, más que en hacerle llevar una tortura de dieta en el comedor del colegio o en casa, en la modificación -permanente- de los estilos de vida, tratando de prevenir el sedentarismo, promocionando la realización de actividad física, todo ello dentro del marco familiar y con la innegable necesidad de adquirir unos hábitos alimentarios adecuados.

Como padre o madre preocupado por la situación ponderal de sus hijos un buen comienzo podría ser analizar su propia situación antes que la de su hijo o hija. Y porqué he de hacer esto, se preguntaran. Pues muy sencillo, porque en gran medida y según algunos estudios el peso de los hijos está directamente relacionado con el de los padres. Tenga en cuenta que los hábitos de su hijo pueden ser erróneos porque los ha copiado de usted. Hasta el punto que, antes de los 3 años de edad, la obesidad de los padres es más predictiva de la obesidad futura que puedan tener sus hijos que el peso actual del niño o niña. Genética aparte, su hijo puede tener exceso de peso porque usted mismo lo tiene. No es por casualidad, ni la genética es la explicación definitiva: a la hora de considerar que si uno de los progenitores es obeso el riesgo de que el niño sea un adulto obeso se multiplica por tres, y si ambos padres los son el riesgo se multiplica por diez.

Una vez analizados sus errores la mayor parte de las recomendaciones suelen pasar por:

Por cierto, y ya que estamos, usted tampoco se “ponga a dieta”, mejore sus hábitos y mantenga ese mejor estilo de vida siempre. Suerte.