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Extravagancias de la publicidad engañosa, ¡gracias Berto!

La publicidad de algunos alimentos ralla lo surrealista: productos que parecen una cosa, pero que en verdad son otra; alimentos procesados con ingredientes anunciados a bombo y platillo que en realidad tienen una presencia anecdótica… y luego las cosas, como digo, surrealistas.

No quiero destripar anticipadamente el contenido de esta fenomenal denuncia-reflexión que explica Berto de manera sublime en el video de a continuación. Así que te dejo con él para que te eches unas risas… o para que llores, porque el asunto tiene tela. (Actualización 24/03/2014: el vídeo ya no está disponible en youtube, lo puedes ver, de momento aquí, en Fangazing)

 

Ya ves pan rallado elaborado con pan recién hecho… sorprendente, cuando menos.

También quiero hoy aportar mi granito de arena en este terreno y sacar a colación por ejemplo la frecuente publicidad engañosa que hace una conocida empresa de sopas y concentrados en al menos dos de sus productos. Al igual que Berto yo tampoco voy a mencionar marcas, baste decir que se trata de un ave, supongo que de las del tipo que son fecundadas por la marca sugerida por Berto, pero en una versión albina, eso sí.

Veamos, en ambos casos se trata de anunciar de forma destacada la presencia de determinados ingredientes en la composición de una sopa y un caldo, y que luego, en la declaración de ingredientes su cantidad es ridícula.

Sopa con pollo de corral

El primer ejemplo alude a un preparado de sopa de sobre con pasta que afirma de manera destacada que el producto está elaborado con pollo de corral. Si se le da la vuelta al envase, se comprueba que ése pollo de corral está presente en un glorioso 0,7%… por si acaso, en la imagen que acompaña a los ingredientes, el pretendido pollo de corral se sitúa en tercer lugar detrás de la pasta “maravilla” y la cebolla. Pero en realidad, según la lista de ingredientes, este preparado para sopa lleva más “potenciador de sabor” (glutamato monosódico) que el susodicho pollo… algo muy, pero que muy “casero” y “natural”.

Pero aún hay más, en otro de los productos de esta marca, un “caldo casero para paella” se afirma que está elaborado con gamba de Huelva, sin embargo es fácil comprobar que la utilización de este tipo de gambas, tal y como se declara en los ingredientes, es de un 0,3% en el caldo utilizado para su elaboración (el producto final está constituido por un 95% de caldo de pescado y un 5% de sofrito). Así, que si las gambas son el 0,3% del 95% del total, tenemos que la cantidad relativa de gamba de Huelva utilizada para la elaboración de este producto es de 0,28%. “Con gambas (en plural) de Huelva”, ya… ¿con cuantas gambas en concreto? ¿De verdad creen señores de la empresa desconocida que fabrica caldos y sopas que esto es como para anunciarlo?

Caldo casero para paella

Si llamativo resulta el comprobar lo que ahora te cuento no menos sorprendente es el constatar el anuncio que esta conocida marca tiene actualmente en la parrilla publicitaria de televisión. En él un conocido presentador hace gala de la cualidad casera de sus productos… Tal y como también se hace destacar en los propios envases.

Pues no señores, su producto no es casero ni porque lo ponga en la caja ni porque lo diga un presentador… y mucho menos si entre los ingredientes encontramos “aromas naturales”, “aromas naturales de marisco” (ambos aromas por separado) y resulta que entre las advertencias se añade que puede contener trazas de huevo y leche. Señores, no sé cómo harán ustedes el caldo para paella en sus propias casas, pero en la mía no disponemos de aromas de nada (por muy naturales que sean) al tiempo que no encontrará trazas ni de huevo, ni de leche en la paella. Y por su parte, el caldo de pollo con el que elaboramos una sopa de pasta en mi casa no contiene ni glutamato monosódico, ni “aromas”; y además les garantizo que esa sopa no contendrá trazas ni de leche, ni de soja, ni de pescado, ni de crustáceos. Ya sé que esa información está ahí para poner sobre aviso a aquellas personas que son alérgicas a esos elementos, pero déjenme decirles que con ello se da muy poca impresión de “casero“.

Si dependiera de mí les propondría para los premios Goldener Windbeutel (“profiterol dorado”) que cada año celebra Foodwatch (una organización alemana que vela por los intereses de los consumidores en aquel país) y que reconoce con ellos “las mentiras más insolentes en cuestiones publicitarias”.

Recordemos que por muy poco menos, al menos así me lo parece a mí, en el año 2002 una conocida marca de patatas fritas sufrió una mediática condena por anunciar que en su receta, el ingrediente “esencial” era el aceite de oliva cuando se demostró (tras la correspondiente denuncia) que tan solo el 2% del aceite presente en aquellas patatas era de oliva.

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Nota: Además de al propio Berto, tengo que agradecer en buena parte esta entrada, una vez más, a mi buen amigo Miguel Justribó (@migueljustribo)