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El porqué de que no me gusten las dietas por fases

12 febrero 2013

Alimentos prohibidos fase 1 south beach_ afsheenAdemás del carácter hiperproteico de las dietas de moda actuales hay otra característica que las suele definir, no sé si a todas ellas, pero sí a una buena parte: el hecho de estar organizadas en fases o etapas.

Fases, hitos, etapas o periodos en los que las indicaciones a seguir son cambiantes. Me explico, antes podías hacer esto y ahora no, se ha de hacer de otra forma. Antes podías comer así y ahora lo has de hacer asá. Ejemplos de estas condiciones cambiantes a medida que se avanza por la dieta de moda los tenemos a patadas en aquellos métodos que hacen furor actualmente: el método Dukan, el sistema Pronokal©, el método Kot©, la dieta South Beach, la de los 31 días, y tantas otras ya sean hitos comerciales o te las aconseje un profesional (un sacacuartos profesional, se entiende).

Digo lo de “sacacuartos profesional” porque no deja de ser curioso que ninguna de las recomendaciones coherentes emitidas por las más importantes instituciones a la hora de promover un adelgazamiento saludable incluya “las fases”. Tampoco conozco ningún plan docente de ninguna universidad española en la que se incluyan fases cambiantes para promover el adelgazamiento con salud (me refiero a universidades que impartan el Grado de Nutrición Humana y Dietética). Es más, considero que dentro de las claves para desenmascarar dietas milagro o de moda debería figurar además el estar organizada en fases, como rasgo definitorio.

En líneas generales las buenas recomendaciones se centran en hacer las cosas bien, desde el principio y hasta el final, sin cambios. O mejor dicho, sin final.

Me da la sensación que el hecho de hacerlo así, por fases, se trata más de fidelizar al incauto que de otra cosa. Es decir, se trata, y para ello me baso en lo que algunos sistemas no tienen mayores tapujos en esconder, en conseguir pérdidas de peso meteóricas con el fin de crear en el paciente-impaciente una cierta confianza en que el método funciona, y qué mejor prueba para hacerlo que prometer-conseguir pérdidas de cerca de cuatro o más kilos en las primeras semanas, mientras dure la primera o las primeras fases. Pero hay una pregunta que muchas veces obviamos…

¿comer como se suele proponer comer en las primeras fases es saludable?

Supongamos que la respuesta sea afirmativa, entonces, si es saludable ¿para qué cambiar a una nueva fase con nuevas y distintas directrices? En este caso no faltará quién diga que se cambia, no porque no sea saludable sino para aportar una mayor variedad a la pauta alimenticia y para así hacerla más placentera, no tan restrictiva (las primeras fases suelen ser restrictivas hasta parecer tacañas en el plano alimenticio). Entonces, hay una pregunta que nos queda dentro de esta rama de posibilidades ¿es que acaso no se puede comer de forma saludable y disfrutar al tiempo que se adelgaza?  Ya he mencionado alguna vez que las mejores dietas no son las que están cuajadas de restricciones sino más al contrario, de buenas sugerencias, y lo sigo manteniendo.

Supongamos por el contrario que la respuesta es negativa, que no es saludable prolongar en el tiempo esa “fase” inicial, y de ahí el cambio de fase, entonces, ¿para qué se promueve el hacerla? La única respuesta que me queda es la que ya he aportado, la de la fidelización, hacer perder mucho peso en poco tiempo para convencer al paciente-impaciente.

Claro, con el tiempo, a medida que la mano se abre y se va avanzando dentro de las fases más permisivas del sistema en cuestión resulta que la pérdida de peso se ralentiza hasta el punto de hacerse inexistente. En muchos casos, estando tan abiertas las posibilidades, no siendo tan restrictivas y tan férreas como al principio, se empieza a hacer difícil el distinguir esa fase de nuestro anterior patrón dietético previo a la dieta. Es entonces cuando ya no se sabe si se está a dieta o no ¿la habré acabado? Y cuando con mayor probabilidad la pérdida de peso no es que se ralentice, sino que se revierta su tendencia y se empiece incluso a ganar.

¿Por qué no me gustan las dietas por fases? Porque incluso los pacientes-impacientes se dan cuenta del proceso, aunque sea de forma inconsciente. Han contrastado en sus propias carnes que se puede perder una cantidad de kilos considerable en un tiempo record mientras estemos dispuestos a seguir un patrón alimenticio draconiano. ¿Qué más queremos? ¿Que luego los volvemos a recuperar? pues nada, se vuelven a poner en práctica ésas fases, o cambiamos de método, por ejemplo, por aquel que esté de moda en ese momento y así, se perpetúa el eterno ciclo dieta-engorde-dieta-engorde. Sin olvidar que en ningún momento estamos haciendo lo que deberíamos.

Comprueba cuales son los peligros más claros de seguir un tratamiento inadecuado para la obesidad según el Documento de Consenso FESNAD-SEEDO sobre Recomendaciones nutricionales basadas en la evidencia para la prevención y el tratamiento del sobrepeso y la obesidad en adultos.

¿Que por qué no  me gustan las dietas o sistemas adelgazantes por fases? Por que son intrínsecamente contra educadores.

Riesgos tratamiento inadecuado obesidad_Fesnad_Seedo

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Foto 1: afsheen

Por tu peso: sé inteligente, usa los pies

05 febrero 2013

Éxito_kylemacEn un reciente estudio publicado en la revista científica Circulation se han planteado las razones por las cuales las actuales estrategias contra la obesidad no resultan eficaces o al menos tan eficaces como nos gustaría que fueran.

Según este artículo parece bastante claro que tanto el aumento del gasto energético como el control de la energía ingerida a través de los alimentos son los elementos claves para ayudar a poner coto al problema de la obesidad, pero nunca observando cualquiera de estos elementos de forma aislada como viene siendo habitual, más frecuentemente centrándose solo en la restricción de alimentos. Esta estrategia, el dejar de comer tanto, puede ser relativamente asequible en el corto o medio plazo, pero es difícil de mantener en el largo, por lo que con el tiempo, en un entorno sedentario y de superabundancia de alimentos, es relativamente probable el volver a engordar.

Así, los autores afirman que la restricción alimentaria por si sola no termina por ser una herramienta práctica para reducir la obesidad. Por tanto, según declaraciones del autor principal del estudio:

No vamos a reducir la obesidad si nos centramos solo en la reducción de la ingesta de alimentos. Si no se aumenta la actividad física lo único que se consigue a la hora de tratar de reducir la obesidad es promover unos niveles insostenibles de restricción de alimentos. Esta estrategia no ha demostrado ser eficaz hasta la fecha y por lo tanto no es probable que funcione en el futuro.

Es decir, si se es tan, tan, tan sedentario como nuestro entorno invita a serlo, al final la restricción alimentaria habría de ser tan grande que sería impensable poder mantenerla en el tiempo, en especial en un entorno de tanta abundancia y con tanto “culto” a la comida.

Para los autores la elevación del nivel de actividad física en el día a día es un objetivo prioritario a la hora de hacer frente a este problema. Antes si cabe que el cuánto comer. Así, consideran que sería interesante que el habitual mensaje de “comer menos y moverse más”  (el famoso “menos plato y más zapato” atribuido al Profesor Grande Covián) cambiara de orden estas prioridades para transformarse en un “moverse más y comer de forma más inteligente”.

Su convencimiento en el importante papel que desempeña la actividad física en estas cuestiones parte de numerosos estudios que muestran que, con independencia de la ingesta, mayores niveles de actividad física en una población están asociados con menor aumento del peso mientras que los niveles relativamente bajos de actividad física se relacionan con aumentos importantes del mismo.

En cualquier caso también se coincide en apuntar que es muchísimo más sencillo prevenir el sobrepeso y la obesidad con estas estrategias que el tratar estas circunstancias cuando ya están implantadas.

Así pues, tanto si tienes sobrepeso u obesidad como si no, ya te lo he dicho, sé inteligente y usa los pies: desplázate más veces en bici o andando, procura que tu ocio sea activo, practica alguna actividad deportiva recreativa… y disfruta con cabeza en la mesa.

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Foto: kylemac

¿Cual es tu dieta preferida para adelgazar?

29 enero 2013

Las dietas son tristes_ Arctic Wolf PicturesSon numerosas las estrategias dietéticas que la ciencia ha puesto bajo la lupa con la intención de esclarecer cuál es la mejor para adelgazar. Y muchas han apuntado resultados interesantes ya sea a corto o largo plazo. Mi consejo sobre estas cuestiones, en líneas generales, siempre ha sido hasta la fecha bastante parecido: No hacer dieta nunca y cambiar malos hábitos por buenos. No obstante hay quien se emperra en “hacer dieta”. Bien, este post va por ellos.

He aquí una serie de pros y contras de los tres diseños más frecuentes a la hora de establecer una dieta de adelgazamiento sea cual sea el nombre propio que se le ponga a continuación (dieta de…). Es posible que, sin hacer grandes disparates, una “dieta” al uso cualquiera se adecue mejor que otra a una determinada situación. No olvidemos que en las cuestiones de la ganancia y pérdida de peso intervienen múltiples factores: La genética, el entorno familiar, el círculo de amistades, el tipo de trabajo, etc. y, por su puesto, la motivación. Todos ellos son factores que a buen seguro influyen de forma importante en el cómo, por qué, qué y cuánto se come.

Por tanto, he aquí tres de los enfoques dietéticos más comunes, aunque en cualquier caso mi recomendación sigue siendo la misma: no hagas dieta… y si la haces, no hagas disparates, sea cual sea al final tu opción.

 

1. Dietas bajas en grasa: No son la opción más sabrosa ni tampoco sacian demasiado

Low fat diet_ sweet mustache

Antes del frenesí actual por las dietas bajas en carbohidratos, las dietas bajas en grasa tuvieron una época dorada importante, y aún tienen una cierta presencia en nuestro entorno. Sin embargo, hay que tener presente que una restricción exagerada de este tipo de nutriente puede no ser beneficioso para la salud ya que es necesario un adecuado y suficiente aporte de los distintos tipos de grasas.

La justificación de este tipo de dietas con frecuencia se ha centrado en que las grasas son el macronutriente más energético (9 kcal/g) mientras que los hidratos de carbono y las proteínas aportan tan solo 4 kcal/g. De esta forma, sobre el papel, se podría comer “más” de los alimentos ricos en estos nutrientes, reduciendo al mismo tiempo el consumo de alimentos grasos.

Sin embargo, este tipo de dietas tienden a ser menos saciantes y menos sabrosas o “ricas” que otras. Todo ello suele redundar en una pérdida relativamente rápida de su “atractivo” por parte del usuario. Además, a la hora de plantearse la pérdida de peso, sustituir las grasas por hidratos de carbono simples (azúcares) tiene el mismo sentido que usar un lanzallamas para sofocar un incendio.

2. Dietas bajas en hidratos de carbono: pérdidas de peso rápidas y aumento del riesgo a largo plazo de efectos secundarios.

South beach diet_AlishaVLos defensores de este tipo de dietas afirman que limitar los alimentos ricos en carbohidratos en favor de aquellos ricos en proteínas y/o grasas evita que se dispare la insulina en sangre y además favorecen el sentirse saciado durante más tiempo, evitando sentir apetito antes (cuestión esta última que contradice el posicionamiento de la EFSA al respecto del poder saciante de las proteínas). En estas circunstancias, para compensar la falta de hidratos de carbono en la dieta, el organismo “saquea” sus propias y escasas reservas de carbohidratos en forma de glucógeno ubicadas en el hígado y en el tejido muscular. Así, “desempaquetar” y utilizar este glucógeno implica al mismo tiempo la movilización de una cantidad también importante de agua, lo que se traduce en que, en especial al principio, las pérdidas de peso son en gran medida debidas al agua de constitución. De esta forma, las pérdidas de peso son rápidas pero tras unos pocos meses, la pérdida de peso tiende a disminuir e incluso se revierte. Tal y como sucede con muchas dietas.

Las dietas populares que se podrían agrupar de algún modo bajo este patrón dietético son: la dieta Atkins, la South Beach o la Dukan. Sobre la primera de ellas, la Asociación Americana del Corazón, advierte que es demasiado rica en grasas saturadas y proteínas, lo que puede suponer un riesgo a medio o largo plazo para el corazón, los riñones y la salud ósea. En general a estas dietas se les achaca ser deficitarias en algunos alimentos típicos y característicos de las más actuales recomendaciones sobre alimentación y salud: frutas, verduras, legumbres y cereales integrales. Un consumo adecuado de estos alimentos se ha relacionado con un descenso del riesgo de sufrir derrames cerebrales, demencia y algunos tipos de cáncer. Así, hacer desaparecer este tipo de alimentos, o no incorporarlos con la debida frecuencia, no parece la mejor solución. Razón por la cual, quizá, muchas de estas “soluciones” dietéticas proponen cubrir estas carencias a base de suplementos (salvado de avena, vitaminas y minerales…)

3. Dieta de estilo mediterráneo: Grasas saludables y carbohidratos provenientes de frutas y hortalizas.

De las cosas más claras que tiene la “dieta mediterránea” es que está claramente definida por la presencia importante de aceite de oliva, pescado, frutos secos, alimentos todos ellos portadores de las denominadas “grasas buenas” y una baja proporción de alimentos con “grasas malas”. Al mismo tiempo, los típicos alimentos con carbohidratos de este patrón dietético no suelen ser del tipo refinado e incorporan al mismo tiempo cantidades adecuadas de fibra, vitaminas y minerales. Pero hablar de dietas de estilo mediterráneo incluye al mismo tiempo un estatus considerado, por lo menos, como no sedentario.

El mayor problema es que el concepto “dieta mediterránea” no está claramente definido, o al menos, no hay un consenso científico a este respecto. Por tal motivo la EFSA denegó el poder hacer descansar una declaración de salud que se solicitó para la dieta mediterránea sobre su validez para adelgazar. El problema: La EFSA consideró que el constructo “dieta mediterránea” no estaba suficientemente bien caracterizado.

 

En resumen: Si sigues empeñado en “hacer dieta” ten presente que las mejores dietas no son las que están cuajadas de restricciones sino más al contrario, de buenas sugerencias. Una buena “dieta” no debería incluir la inclusión sistemática de suplementos (para eso ya están los alimentos). Además, debe ser buena para el corazón, los huesos, el cerebro el aparato digestivo, etc. es decir, para la salud en general y no solo para bajar el peso. Al mismo tiempo, debería poder mantenerse durante años y no implicar soluciones rápidas. Pero eso… eso ya no sería “hacer dieta”, y sí una vez más, lo que te sugiero que hagas: cambiar malos por buenos hábitos.

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Foto 1: Arctic Wolf Pictures

Foto 2: sweet mustache

Foto 3: AlishaV

 

¿Viagra contra la obesidad?

28 enero 2013

Viagra_WikipediaCreo que la noticia de hoy va a poner contento (y por qué no contenta) a más de uno. Antes de festejar con retozante regocijo esta no-ticia, conviene prestar un poco de atención a los datos en sí, más que a los titulares de los distintos medios que se hicieron eco de este hallazgo hace una semana.

No es imposible el pensar que en un futuro (habría que ver cuánto de cercano o lejano) la Viagra®, además de servir para el tratamiento que todos sabemos que sirve (de la disfunción eréctil masculina) pudiera usarse en terapias para  abordar el tratamiento de la obesidad. Al menos es lo que ha puesto de relieve un reciente estudio publicado en la revista Journal of The Federation of American Societies for Experimental Biology

El tema vuelve a estar, de momento, un poco traído por los pelos en no pocos medios de comunicación, dando ya casi por hecho que se trata de una nueva aplicación. Cuando no es así. Se trata, más bien, de una hipótesis de trabajo, fruto del estudio mencionado que se realizó sobre una muestra de ratones con un periodo de intervención de 7 días.

Su fundamento

El mecanismo de acción de la Viagra®para favorecer una erección consiste en inhibir una determinada enzima, la PDE (o forsforodiesterasa) que tiene la misión, entre otras, de degradar una molécula, la cGMP (o guanosín monofosfato cíclico, un derivado del GTP). Para que se dé una erección se precisan altos niveles de cGMP y, en este sentido la Viagra® (cuyo principio activo es sildenafilo) se encarga de inhibir la PDE, para garantizar altas concentraciones de cGMP. Es decir, y aunque no tiene relación con el post, la Viagra® da una respuesta “funcional” al tema de la erección sin que haga aumentar per se el deseo sexual. Algo así como si te enyesaran el miembro viril (salvando las distancias).

Tejido adiposo marrón (640x427)

Con este estudio parece bastante claro que el aumento del cGMP no solo afecta a esta función sino que además también podría inducir al tejido adiposo blanco a funcionar como tejido adiposo marrón (o grasa parda). Este tipo de tejido adiposo marrón no almacena lípidos, sino que los utiliza para obtener energía que se disipa en forma de calor atendiendo al fenómeno de la termogénesis. Para eso, las células de tejido adiposo marrón tienen una cantidad de mitocondrias muy superior a las del tejido adiposo blanco. Esto explicaría que el tejido adiposo marrón ayude a quemar más calorías y que a la estela de este hecho (hace ya años) se haya propuesto la típica dieta popular con el nombre de “la dieta de la grasa parda”. Esta es la explicación que da este ensayo al hecho ya observado en otros estudios de que los ratones a los que se les administraba sildenafilo parecía que adquirieran una especie de resistencia a la ganancia de peso.

Algunos problemas

Me llama la atención que ninguno de los medios de comunicación tanto nacionales como extranjeros que se han hecho eco de la no-ticia hayan abordado las principales limitaciones del estudio. Así, un servidor, sin tener la suerte en esta ocasión de poder acceder al artículo completo (solo a su abstract o resumen) se le plantean algunas dudas tras su lectura. El ensayo se ha realizado administrando 12 mg/kg de peso corporal y día de sildenafilo a los ratones. Es decir, una animalada (una ratonada, se podría decir en este caso) si quisiéramos reproducir proporcionalmente esta dosificación en el caso de una persona.

Ha de tenerse en cuenta que además de los efectos adversos asociados al uso recomendado de la Viagra®, la dosis normal es de 50 mg, el prospecto del propio fabricante advierte que se puede experimentar un incremento en los efectos secundarios y su gravedad al aumentar la dosis, y que dosis superiores a 100 mg no aumentan la eficacia (en relación al tratamiento de la disfunción eréctil). Así, si se quisiera reproducir la dosificación del estudio en cuestión, nos encontraríamos con que a un varón de 70 kg de peso habría que administrarle 840 mg… una buena forma de garantizar, con cierta probabilidad, un priapismo galopante, es decir, aquello de ir con el “arma en prevengan” constantemente. Al menos en varones.

En fin, es uno de los inconvenientes que le veo yo así a bote pronto. Supongo que como la mayor parte de los estudios, en este terminará poniendo una coletilla referente a la necesidad de seguir realizando más estudios sobre estas cuestiones. Estudios que de forma bastante segura tendrán que realizarse con dosificaciones más contenidas y también en humanos y terminar, entonces sí, no antes, por atribuir una eficacia y seguridad suficiente al uso del sidenafilo en el tratamiento de la obesidad… humana. Porque parece que el de la ratonil empieza a estar bastante bien estudiada.

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Foto 1: SElefant (Wikipedia)

Foto 2: Nephron (Wikipedia)

 

Tenedores inteligentes y otros chindogus

09 enero 2013

HAPIforkParece mentira pero a pesar de lo que ya llevo visto mi capacidad de asombro no decae o, si lo prefieres ver de la siguiente manera, a la larga siempre hay alguien que inventa la enésima absurdez que termina por sorprenderme (aunque en realidad lo que me sorprende es la amplia acogida que reciben).

La última de la lista es el “tenedor inteligente”. Al menos tal es la traducción, bastante libre, que una buena parte de los medios han dado para el denominado de forma concreta como “HAPIfork”, algo así como “Tenedor feliz”… y que yo lo voy a apodar cariñosamente como “Forki”.

Es posible que te estés preguntando cuáles son las habilidades de “Forki”, el tenedor inteligente. Pues bien, te cuento. En esencia se trata de un artilugio (gadget lo llaman los amantes de la tecnología más actualizados) con forma de tenedor y que te informa a base de pitidos y vibraciones del ritmo con el que te estás llevando a la boca los distintos bocados de tu comida. Así, si tu ingesta es demasiado rápida y estás entregado a la comida como si acabaras de salir de la isla de “Supervivientes” el tenedor pita y vibra, aconsejándote que disminuyas el ritmo. Luego, además, los datos se pueden descargar bien en tu ordenador, bien en tu teléfono (también “smart”, of course) gracias a una aplicación ad hoc con la que incluso podrás compartir tus ¿logros? en las redes sociales… Sinceramente desconozco la finalidad de esta última función. Puedes ver algunas de sus “utilidades” en este vídeo.

En principio, la idea no es del todo descabellada… lo que falla a mi juicio es, como en muchos de estos casos, su aplicabilidad, su falta de sentido en el día a día. El caso es que en la mayor parte de los sitios consultados “el tenedor inteligente” se promociona como un tenedor para adelgazar o contra la obesidad.

Veamos, la mayor parte de los estudios observacionales y algunos de intervención apuntan hacia el hecho de que entre las personas que comen más rápido hay mayores índices de obesidad. Para profundizar sobre este hecho puedes consultar algunos de estos estudios en los siguientes enlaces y si te interesa el tema ya puedes seguir investigando sobre el tema a partir de ahí:

 

Precisamente es este elemento, la velocidad a la que se realizan las ingestas, el que trata de ayudar a controlar “Forki” pero, seamos sensatos, parece poco práctico. De hecho, se necesitaría una cubertería y una vajilla “inteligentes” ya que… por ejemplo: ¿cómo como el yogur con el tenedor?, ¿y la sopa de fideos?, ¿y la hamburguesa (que normalmente se come con la mano)?, ¿qué se hace si se come fuera de casa? Etcétera. Dar respuesta a estas preguntas no es imposible, de hecho, para las primeras todo apunta a que también hay una HAPIspoon (cuchara “inteligente” que de momento no aparece en la página del fabricante) pero es la situación en general la que no parece muy lógica.

La obesidad es un problema con múltiples facetas y que requiere un abordaje mucho más conceptual que el que ofrece esta herramienta por si sola cuya utilización continuada puede llegar a ser enervante. Sería algo así como empezar a preocuparse por el color del cohete cuando alguien se propone mandar un satélite a Júpiter… cuestión sobre la que no me cabe la menor duda que habrá trascendentales implicaciones… pero el color del cohete no parece a priori la cuestión más importante por la que empezar un proyecto de semejantes dimensiones.

Este invento me ha traído a la memoria otros ya olvidados pero igualmente “esperanzadores” en su lanzamiento. Por ejemplo la baldosa “inteligente” que te habla, te manda mensajes y te informa de las veces que has visitado la nevera entre horas, el tiempo que has permanecido frente a ella, etc., no creas que te engaño; más reciente (presentada en la misma feria que “Forki”) es la nevera “inteligente” que además de informarte de la fecha de caducidad de los productos que contiene, te asegura  que cada usuario de la casa tenga su propia dieta detallada (quizá no esté tan lejano el día en el que las neveras “inteligentes” escriban este tipo de blogs)

En resumen, con todos los respetos hacia su inventor, a mí esto me parece un “chindogu como la copa de un pino. Un “chindogu” es un vocablo japonés que resume una categoría de inventos que, siendo aparentemente prácticos, terminan por resultar absurdos. Entre los chindogus más clásicos están el “masticómetro”, casco con mentonera que contabiliza las veces que se mastica, o las gafas-embudo, para aplicarse las gotas o el colirio en los ojos (ver este enlace).

Ahora que lo pienso… baldosa “inteligente” + “masticómetro”  + “Forki” = adelgazamos y todo

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Foto: HAPILABS

La obesidad infantil se dispara en Fukushima

03 enero 2013

Las cifras de obesidad infantil en la zona de Fukushima son las más altas de todo Japón. A pesar de ser esta una circunstancia que se ha venido observado desde bastantes años atrás, los datos actuales son especialmente preocupantes porque estos valores se han incrementado de forma alarmante tras la catástrofe ocasionada por el terremoto y el tsunami en marzo de 2011.

La publicación el pasado 25 de diciembre de un estudio preliminar realizado por el gobierno japonés apunta como causa posible para el aumento de la obesidad el descenso en la actividad física de los más pequeños ocasionada por el temor de la población a una posible sobre exposición a la radiación. Aunque tradicionalmente la zona noreste de Japón, donde está Fukushima, ha liderado la obesidad infantil, hasta ahora esta circunstancia se solía poner en relación con los duros inviernos de esta región que en principio favorecerían el no salir demasiado de casa o la no realización de actividad física en el exterior. Pero en el último año y medio estas cifras casi se han duplicado. Así, el aumento de peso se ha hecho más patente entre los niños más pequeños. Por ejemplo, en el caso de los niños de seis años, la obesidad ha alcanzado el 11,4%, cuando en 2010 (último año del que se tenían datos) estaba en el 6,3%. Se puede encontrar otro ejemplo en el caso de las niñas de 8 años en las que la incidencia de la obesidad ha duplicado llegando en la actualidad al 14,6%. En cualquier caso, los niños de la prefectura de Fukushima entre 5 y 9 años, así como los de 14 y 17, lideran  los rankings de obesidad en Japón.

Con la radiación como bestia negra, tanto las escuelas infantiles como los padres de los más pequeños han limitado la cantidad de tiempo que estos pasan al aire libre y eso termina por influir en su peso. Inmediatamente después de la catástrofe 449 escuelas públicas de la zona de Fukushima establecieron límites en el tiempo que se permitía a los alumnos estar en el exterior. A pesar de que en septiembre pasado las restricciones seguían en vigor para 71 escuelas los hábitos de la población han cambiado de forma notable. De esta forma son bastantes los niños y adolescentes que aun viviendo ahora en áreas donde los niveles de radiación están por debajo de los límites de seguridad establecidos por el gobierno japonés, pasan en la actualidad más tiempo en casa después de la escuela, durante los fines de semana y en los días festivos que antes de la catástrofe.

A pesar de que las restricciones en cuanto al tiempo que se puede de permanecer en el exterior no es todavía más que una hipótesis para explicar el crecimiento de la obesidad infantil en esta región, la mayor parte de los expertos terminan por apuntar este motivo como el más probable. Sin embargo, no son pocos los que piensan que ha sido la radiación en sí misma la que ha hecho engordar a la población infantil, más en concreto por su efecto sobre la glándula tiroides. Me parece que la polémica está servida.

Creo que sería buen momento para pedirle a Hotei, deidad zen de la alegría y la felicidad, el tutor de los niños, y patrono de camareros (en la foto de esta entrada) que intercediera por estos niños… y ya de paso, que diera un poco de ejemplo.

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Foto 1: jacobian

Tu compromiso con el adelgazamiento no depende del cambio de año

02 enero 2013

La tradición de auto proponerse cambios vitales con la llegada del año nuevo está profundamente arraigada en la civilización occidental. Entre las propuestas más clásicas figuran el dejar de fumar (quien lo hace), el adelgazar (se necesite o no desde un punto de vista objetivo) o el aprender un idioma, típicamente el inglés.

En lo que se refiere a la pérdida de peso, un reciente estudio llevado a cabo por una empresa farmacéutica con motivo de la comercialización “libre” de un fármaco que antes sólo era accesible con receta, pone de manifiesto que el principio de año es el momento en el que con más probabilidad se afronta el adelgazamiento. En este estudio realizado sobre más de 12.000 mujeres del norte de Europa (Bélgica, Finlandia, Dinamarca, Holanda, Noruega y Suecia) se puso de manifiesto que la media anual de “intentos” por perder peso se sitúa entre las 2 y las 5 ocasiones (que ya está bien), siendo en enero el momento más recurrido con un 39% de las encuestadas. Sobre su éxito o fracaso, los datos no son demasiado esperanzadores, tan solo el 50% de las que se lo propusieron alcanzaron inicialmente una pérdida notable de peso. Lo más chocante es que entre todas ellas, las que tenían un IMC inferior a 25 manifestaron haber alcanzado con éxito sus metas en un 20% de los casos; sin embargo entre las que partían de un IMC superior a 30 (obesidad) tan solo el 9% manifestó haberlas alcanzado. En cualquier caso y dándole la vuelta a las cifras esto supone entre un 80 y un 91% respectivamente de fracasos.

Sea como sea, el caso es que el proponer como pistoletazo de salida para perder peso un suceso no relacionado con las metas propuestas (cuando empiece el nuevo año, pasen las navidades, reyes o lo que sea) suena más a fecha de inicio del cumplimiento de una condena que a un verdadero interés por el cambio de hábitos, que en esencia es de lo que se trata. De otro modo, las probabilidades de fracaso aumentan. Te sugiero que tal y como se dice en la foto tu único buen propósito para 2013 sean no hacerte buenos propósitos. ¿Te has parado a pensar que si consideras que algo es bueno el que te lo propongas hacer el 1 de enero y no el 17 de septiembre, por ejemplo, suena un poco absurdo? (y además pinta mal cara al éxito)

Así, entre la población general se suele afirmar demasiado a la ligera que nadie tiene éxito en la pérdida de peso a largo plazo. Esta creencia proviene quizá de un estudio de 1959 de Stunkard y McLaren-Hume en el que se observó la evolución de una población de 100 individuos obesos, entre los que tan solo 2 (2%) mantuvo una pérdida de 9 kg o más tras dos años de iniciar el tratamiento. Este evidente fracaso llevó a los autores a sentenciar una frase lapidaria, hoy muy conocida en este mundillo:

 

La mayoría de los obesos que comienzan un tratamiento dietético lo abandonan; de los que continúan, la mayoría no pierden peso; y de los que pierden peso, la mayoría vuelven a recuperarlo

Ya ves, incluso los profesionales de estas cuestiones te advierten que lo más difícil es mantener la pérdida de peso a lo largo del tiempo (salvo que seas un mercachifle de las dietas de moda que te dirán lo contrario, que es sencillísimo y maravillosísimo con su método). Y yo lo subscribo.

No obstante, no es imposible. En la actualidad hay estudios que estiman en torno a un 20% la cifra de éxitos de entre quienes verdaderamente se proponen adelgazar. Como ves no es fácil, pero tampoco es imposible. “Éxito” en este caso se define como haber perdido más del 10% del peso inicial y mantener esa pérdida al menos un año.

Por su parte, el National Weight Control Registry norteamericano que constituye el mayor estudio prospectivo a largo plazo sobre la pérdida de peso exitosa te aporta una serie de claves que son comunes entre quienes han perdido al menos 30 kg y han mantenido dicha pérdida al menos 5 años y medio. Estas cifras no están tomadas al azar ya que en sí mismas constituyen el criterio de selección (entre otros) para formar parte del mencionado registro. Toma nota de cuáles son los elementos más presentes entre quienes han conseguido adelgazar tanto y durante tanto tiempo. Entre ellos:

- Mantienen un nivel relativamente elevado de actividad física (aproximadamente 1 hora/día)

- Su alimentación es baja en calorías y en grasa.

- Desayunan de forma habitual (dicho de otra forma, no se saltan ingestas)

- Controlan periódicamente su peso ellos mismos

- Su patrón de alimentación es similar con independencia de que sea fin de semana o que día de labor (es decir, no hay “días libres”)

- Además, afirman que a medida que el tiempo avanza y mantienen la pérdida de peso cada vez les cuesta menos esfuerzo mantenerse.

- Por último, también se constata que cuanto más prolongan en el tiempo unos hábitos más adecuados de alimentación y ejercicio, más disminuyen las sensaciones de depresión e inhibición, elementos que se consideran favorecedores para alcanzar el éxito a largo plazo.

En próximas entradas seguiré con este tema.

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Foto 1: katerha

Foto 2: ehoyer

 

¿Ayuda una ensalada a controlar las calorías ingeridas?

27 diciembre 2012

En la entrada del otro día “Guía de supervivencia para las comidas navideñas” en un comentario de “Adriana” me preguntaban lo siguiente:

Hola! Esta entrada está muy interesante, especialmente para personas como yo con Colón irritable y que solemos sufrir en estas fechas. Hace un par de años los excesos navideños me ganaron una tarde en el hospital por un ataque feo de gastroenteritis :/ y desde ese día veo con miedo estas fechas. También aprovecho para preguntar sí tienes links a los estudios que citas en el punto 4, siempre que me entero de este tipo de cosas me gusta documentarme lo más posible

Y me parece oportuno el responderle a partir de esta entrada con algunos estudios que apuntan la posibilidad de ejercer un mayor control sobre la ingesta dietética total, en especial en relación con las calorías, a partir de incluir determinados alimentos en las comidas diarias:

Ensaladas y saciedad: la densidad energética y el tamaño de la ración del primer plato como condicionantes de la ingesta energética de las comidas (Journal of the Academy of Nutrition and Dietetics, 2004): En este ensayo clínico se concluyó que empezar por un primer plato de baja densidad energética (pocas calorías para el volumen de alimento), como por ejemplo las ensaladas aumenta las probabilidades de sentirse saciado antes y por tanto de reducir la cantidad de calorías totales ingeridas en esa comida; y que, por tanto, el consumo de raciones importantes de este tipo de alimentos al inicio de una comida podría ser una estrategia eficaz para el control de peso. (Población del estudio: 42 mujeres)

Las raciones grandes de sopa de verduras al inicio de una comida condicionan la ingesta total de energía y la de vegetales en el caso de los niños (Appetite, 2011 y Obesity, 2008 en este enlace): En este otro estudio se observó que el ofrecer una sopa de verduras como primer plato en el caso de los niños resulta una estrategia efectiva para reducir el consumo de calorías de los segundos platos, además de servir (como no podía ser de otra forma) para aumentar el consumo de vegetales. (Población del estudio: 72 niños de ambos sexos de entre 3 y 5 años)

Incorporar verduras como ingrediente no principal en una receta es una estrategia efectiva para reducir el ingreso de calorías y aumentar la ingesta de vegetales (Journal of the Academy of Nutrition and Dietetics, 2011): El estudio pone de manifiesto que el incorporar cantidades importantes de verduras troceadas o incluso en forma de puré en algunas recetas podría ser una estrategia válida para obtener una reducción sustancial de la ingesta de energía y un aumento en la ingesta de vegetales en la dieta de los adultos. (Población del estudio: 41 hombres y mujeres)

Efecto del consumo de fruta presentada de formas diferentes en la saciedad y en el total de calorías ingeridas (Appetite, 2009): Que la fruta entera ofrece una mayor sensación de saciedad que el zumo de esa misma fruta está bastante asumido, sin embargo, pocos estudios profundizan en cómo afecta, si es que afecta, el consumo de estas diferentes formas de presentar la fruta en el ingreso total de calorías. Utilizando solo manzanas (enteras, en puré y en zumo) aportadas justo antes de comer, en este estudio se observó que, en general, la manzana entera aumentaba más la saciedad que el puré y que su zumo y que además, la adición al zumo de fibra no aumentaba de forma significativa la saciedad. El efecto de alcanzar una mayor “plenitud” se concretó además en una menor ingesta energética posterior. Por tanto, según este estudio, el consumo de fruta (entera) al inicio de una comida podría reducir el consumo de energía. (Población del estudio: 58 adultos) Es preciso mencionar que esta es la única razón válida por la que en ocasiones se menciona que la fruta hay que comerla fuera de las comidas o antes de comer (sea o no sea esta una práctica culturalmente aceptada, que yo creo que no lo es) Por tanto, el resto de explicaciones que se suelen dar (que fermenta, que no se digiera, que no se aprovechan sus nutrientes, etc.) para seguir esta pauta son un mito más de la “sabiduría” popular.

Estrategias dietéticas para la prevención y tratamiento de la obesidad (Proceedings of the Nutrition Society, 2010) En este caso se trata más de un documento que aborda las cuestiones relatadas en el título mencionado que de un estudio como tal, pues bien, entre todas esas estrategias dietéticas se sugiere que la incorporación de verduras y hortalizas como primer plato (alimentos de escasa densidad energética) además de poder contar con la posibilidad de hacerlo en forma de sopas y purés, favorecen estadísticamente el realizar ingestas energéticas más contenidas con posterioridad. También se mencionan aspectos relativos al tamaño de las raciones y otras cuestiones relacionadas tanto en población adulta como infantil. En resumen, creo que se trata de un útil documento, con una amplia bibliografía y que se encuentra íntegramente disponible en línea.

Espero que esta respuesta sirva a “Adriana” y al resto de lectores a comprender mejor el punto 4 de la entrada “Guía de supervivencia para las comidas navideñas

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Foto zanahoria: tim geers

Foto tomate: Philippe Put

Guía de supervivencia para las comidas navideñas

21 diciembre 2012

Muchas personas afrontan el tema de la navidad con verdadero temor en relación a los kilos de más que pueden llegar a acumular. Algunos estudios apuntan que si bien es cierto, que hay una significativa ganancia de peso, el aumento real en este periodo no es especialmente alarmante y no llega al medio kilo entre aquellas personas que tienen un peso más o menos adecuado. Sin embargo, este promedio se dispara entre aquellos individuos que parten de una situación de sobrepeso u obesidad previos, en los que la media de peso ganado en el periodo navideño alcanza los 2,3kg.

Sea como fuere me he decidido a aportar una serie de observaciones que podrían ser de utilidad para aquellas personas que estén especialmente preocupadas con esta cuestión. Algunas son más o menos conocidas, pero no por ello dejan de ser útiles, en cualquier caso la idea es hacer de esta guía un corolario de consejos prácticos y más o menos originales:

1. Si un día concreto hay una celebración prevista en torno a una mesa, no se te ocurra saltarte las comidas previas. Dicho de otra forma, no dejes de comer por hacer una previsión de la gran comilona a la que te vas a “enfrentar”. Al contrario, trata de no llegar con hambre. La mal entendida ley de la compensación es un error que a la larga (que es lo que a ti te interesa, supongo) no suele funcionar y acaba peor que el plantear hacerlo de otra forma.

2. Y de forma recíproca, tampoco parece tener mayor sentido el saltarse comidas tras haber disfrutado de un gran banquete. Si no tienes ganas tampoco es preciso forzarse a comer, pero la errónea ley de la compensación normalmente se traduce en una redescomepensación de tu desequilibrio dietético. Pasar de la gran secada a la gran remojada o viceversa (como decía mi abuela) nunca ha sido una buena estrategia para casi nada, y desde luego no lo es para estas cuestiones.

3. La planificación del menú festivo no siempre depende de uno mismo, ya seas anfitrión o invitado, pero si te dejan tener algo de mano en su preparación no te olvides de incluir recetas en las que los vegetales sean los claros protagonistas (ensaladas más o menos exóticas, agradables cremas o sopas con alimentos de temporada: cardo, alcachofa, coliflor, etc.) al mismo tiempo que los incorporas en las guarniciones de los segundos platos. La clave del éxito de un menú festivo no tiene por qué estar en lo extravagante de sus recetas o ingredientes sino que muchas veces está en cómo se han preparado, en el “punto” que se les haya dado o incluso en los detalles que les acompañen.

4. Si has podido hacerlo así o has tenido la suerte de que así ocurriera, recuerda que diversos estudios apuntan a que en las ocasiones en las que se empieza  a comer con un plato de ensalada o de verdura se incorpora un número de calorías totales inferior a cuando se hace de otra forma.

5. Cuando estés ya frente a una típica comida de celebración procura servirte tú, en vez de que lo hagan otros. No siempre es posible, y si no lo es, presta atención cuando te estén sirviendo, deja claro qué quieres y qué no quieres.

6. Come de manera pausada, saborea, disfruta del momento, no estás en una competición de grandes comedores, estáis ahí para pasarlo bien, para compartir, reuniros, etc. Hay quien dice que es una buena estrategia el dejar los cubiertos en el plato mientras se mastica… a mí me parece un tanto ridículo, pero desde luego no así el comer consciente de lo que se está haciendo, no engullir y aprovechar la situación para paladear la comida y mantener una agradable conversación con el resto.

7. No es recomendable comer grandes cantidades de nada. Ni tan siquiera de aquellos alimentos que se consideran saludables. Ahora bien, ten presente más las proporciones que las cantidades absolutas. Habrá alimentos más recomendables (porque tengan más fibra, menos calorías…) que otros (porque sean más grasos, más calóricos, etc.); pues bien de los primeros más cantidad que de los segundos. Pero de ninguno “grandes cantidades”. Para ello es bueno que aprendas a distinguir la glotonería (la gula, si lo prefieres) del hambre de verdad.

8. Antes de repetir de cualquier plato, deja que los demás vayan acabando (a fin de cuentas, recuerda que ya te serviste una cantidad que consideraste apropiada). Deja pasar unos minutos antes de pedir repetir, con 4 ó 5 es suficiente. Si sigues queriendo hacerlo, adelante, no te cortes.

9. Una vez acabada la comida o la cena de celebración procura que no haya más comida al alcance, o al menos no demasiada (turrones, peladillas, mazapanes…). Esta circunstancia es posible que no dependa sólo de ti, dependerá de en qué casa estés comiendo, si es la tuya o no, de los gustos y apetencias del resto de comensales y demás factores. Pero ten en cuenta que hay muchas calorías extra en este picoteo tras haber acabado los postres.

10. Ni que decir tiene la influencia de las distintas bebidas alcohólicas presentes en la celebración. Si no se quiere prescindir de ellas (ya conocéis mi opinión al respecto) sugiero que sean un motivo de deleite en la mesa, más que una fuente de bebida (nunca de hidratación). Por tanto, ten cerca el agua y no la “abandones”.

11. Además hay otras buenas medidas que puedes tomar en consideración más allá de las que se refieren a la mesa en sí. Si has estado invitado y las circunstancias lo permiten no estaría mal que volvieras a tu casa dando un paseo, aunque como te digo eso va a depender mucho de la distancia, de que haya niños pequeños o no, de la hora a la que se acaba… Si la fiesta ha sido en tu casa, además de tocarte recoger, a lo mejor puedes acompañar un trecho de ese recorrido a algunos de tus invitados.

12. ¿Ha sobrado mucha comida, te han dicho que todo estaba estupendo y riquísimo? Entonces, ¿por qué no repartes parte de las sobras entre tus invitados?

Recuerda que no hay fórmulas mágicas contra los excesos (no estaría mal que las hubiera, pero no las hay). Si pretendes mejorar tus hábitos alimentarios recuerda que el mejor aliado lo tienes, si quieres, en ti mismo.

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Foto: Arnaud Abélard

 

¿Afecta el peso a la disfunción eréctil?

17 diciembre 2012

La disfunción eréctil es un temor, cuando no un problema, que afecta a una buena parte de la población masculina. Esta patología puede tener causas diversas, algunas tan simples como el efecto secundario a algún tratamiento farmacológico, aunque en el 75% de las ocasiones la causa es más compleja. La disfunción eréctil puede ser consecuencia de algún trastorno vascular o neurológico previo, de un tratamiento relacionado con la próstata y puede ser consecuencia de la diabetes. Pero al mismo tiempo también está relacionada con la obesidad, los malos hábitos de alimentación y el sedentarismo.

La Harvard Medical School advierte de estas relaciones y anima a seguir una serie de consejos con el fin de mejorar la salud, más en concreto aquella parte relacionada con la sexualidad masculina. Unos desde luego unos son más sencillos que otros:

1. Comer de forma equilibrada. En el estudio “Massachusetts Male Aging” se observó que seguir un patrón de alimentación caracterizado por una dieta rica en frutas, verduras, cereales integrales y pescado (con una menor participación de la carne roja, derivados de esta y cereales refinados) disminuyó la probabilidad de sufrir disfunción eréctil. Además, una deficiencia crónica de vitamina B12 podría también contribuir a la aparición de este trastorno.

2. Es importante mantenerse dentro de un peso saludable y, en este sentido, el perímetro de la cintura puede ser un buen indicador. Un varón con un contorno de cintura de 106 cm tiene un 50% más de riesgo de padecer disfunción eréctil que otro cuyo perímetro sea de 81cm. La obesidad aumenta el riesgo de la enfermedad vascular y diabetes, dos causas principales de la disfunción eréctil. Al mismo tiempo, el exceso de grasa, elemento característico de la obesidad, interfiere con varias hormonas que pueden ser también parte del problema.

3. Empezar a realizar más actividad física, por ejemplo, caminar. De acuerdo con un estudio de Harvard el efecto de tan sólo 30 minutos diarios de caminata disminuyó el riesgo de disfunción eréctil un 41%. Otras investigaciones sugieren que el ejercicio moderado puede ayudar a restaurar la función sexual en varones obesos de mediana edad con disfunción eréctil diagnosticada.

4. Prestar atención a la salud del sistema cardiovascular. La tensión alta, al igual que los altos valores de azúcar, colesterol y triglicéridos en sangre influyen de forma negativa este sistema, desde el corazón, al cerebro y sin lugar a dudas en la irrigación del pene. Del mismo modo, los niveles bajos de HDL (colesterol bueno) y un perímetro de cintura excesivo pueden ser elementos que influyan negativamente en la disfunción eréctil.

5. Fortalecer el suelo pélvico mejora la erección y ayuda a evitar que la sangre salga del pene. En un estudio británico, la realización de ejercicios de Kegel (durante tres meses y dos veces al día) ayudó a fortalecer esta musculatura. Estos ejercicios combinados con un cambio en los estilos de vida (dejar de fumar, perder peso, limitar el alcohol) dio mejores resultados en el tratamiento de la disfunción eréctil que el mero asesoramiento sobre estilo de vida.

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Foto: richard_north