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Monsieur Mangetout (El Señor Comelotodo) y los records Guinness de glotonería

03 junio 2013

Diploma record GuinnessConfieso que hasta hace relativamente poco tenía una gran afición y esta no era otra que coleccionar, y por supuesto leer, el Libro Guinness de los Records. Este gusto por las historias rocambolescas, a veces inverosímiles, los prodigios de la naturaleza y sus innumerables demostraciones de fortaleza y determinación se me despertó muy pronto cuando con 8 años cayó en mis manos una edición francesa de 1979 del famoso libro. Entre el poco francés que dominaba por aquel entonces y el asombro que, uno a uno, despertaban los records traducidos, fueron innumerables las horas de jubilosa lectura. Tal fue así que mis padres no tardaron en darse cuenta y en poco tiempo tuve sobre mis rodillas una nueva versión, la de 1983, esta vez en castellano. Es posible que aun sin saberlo, el primer atisbo de lo que finalmente iba a ser mi profesión pudiera ser reconocido por aquel entonces, ya que los denominados records de glotonería, sección inmutable en todas las ediciones que se precien, era una de mis preferidas. Me gustaría ilustrar esta fascinación con algunos ejemplos de las ediciones antiguas:

Steve Meltzer, en 1974, se zampó 96 salchichas con un peso medio de 28,3g/u en 6 minutos redondos, lo que suponen unos 2,7 kg. de salchichas.

Peter Dowdeswell, en 1978, se endiñó entre pecho y espalda 22 empanadillas de carne de 156g/u en 18 minutos y 13 segundos. El total, 3,4 kg. de empanadilla.

Bennet D´Angelo en 1977 se refrescó el cuerpo con 1,530 kg de helado e invirtió en ello 90 segundos. El helado, puntualiza el libro, no debe estar derretido para la homologación del record en cuestión (sic).

No obstante, ya en las primeras ediciones que leí, se podían advertir mensajes de la editorial en los que se decía que no se publicarían, desde esa edición en adelante, records de consumiciones potencialmente nocivas, como por ejemplo más de dos litros de cerveza, huevos con cáscara u hormigas vivas. Lo gracioso del tema, y lo bueno de aquellas ediciones, es que junto a estas advertencias, encontrábamos records como los siguientes:

Jay Gwaltney en 1980 se lió la manta a la cabeza y le dio por comerse un abedul (de 3,35 m. de altura y un tronco de 12 cm. de diámetro) en 89 horas…

Cosa que no veo especialmente saludable. Y para más inri, lo siguiente:

Michel Lotito, apodado “Monsieur Mangetout”, se comió una bicicleta entera con neumáticos incluidos entre el 17 de marzo al 2 de abril de 1977. Su estómago iba sobre ruedas…

Sobre este último record, el libro, tras haber hecho la aclaración anterior acerca de la no publicación de records insanos, afirmaba que la inclusión del de la bici se publicaba ya que siendo el no va más de la estupidez (sic), era improbable que atrajese la competición.

Cessna 150

… Y se equivocaban, o cambiaron de parecer, por que si bien lo del tema de la bici era publicado en la edición de 1983, en la de 1988 encontrábamos, de nuevo con sus advertencias y demás precauciones, que el mismo señor de la bici se había comido una avioneta Cessna 150 (como la de la foto) en el nada desdeñable plazo de 2 meses, ruedas incluidas (nunca entendí, y posiblemente de ahí parte de la gracia, lo de llamar la atención sobre los neumáticos y las ruedas cuando de comerse bicis y aviones se trata).

De esta forma, los reyes magos y los cumpleaños fueron una inagotable fuente de risas e inspiración para mi adolescente imaginación… hasta que llegó el desastre y lo políticamente correcto transformó al Libro Guinness de los Records en una retahíla de ñoñerías sin tan siquiera un interés anecdótico y sin la menor gracia. Así, en la versión de 1996, no se podía encontrar ninguna ingesta imposible, ninguna payasada que le hiciera a uno desternillarse, dejar caer el libro y rodar por el suelo muerto de la risa. ¿Por qué? Pues me imagino que por el propio cambio de los tiempos y su consustancial paternalismo consistente en hacer de nuestras vidas una almibarada existencia. Un Mundo feliz, en el que lo que no se cuenta no existe, o más bien, parece no existir.

Volviendo al Guinness, aporto a continuación algunos ejemplos que ilustran en qué se han convertido, en las ediciones más recientes, aquellos records de glotonería. De entrada la categoría ha sido tristemente finiquitada, y ni tan siquiera aparece como tal. En su lugar encontramos un nueva, alimentos y bebidas, en la que se recoge entre otras y hasta la fecha, la pizza más grande del mundo, la mayor pella, el banquete más caro, el mayor consumo per cápita de café, queso, miel, etc. y cosas tan interesantes como dónde se ha celebrado la comida de gala a mayor altitud jamás realizada; que para que nadie se quede con la duda, os diré que fue a 6.789 m cuando en 1989 una expedición australiana escaló el monte Huascarán (Perú) llevando consigo una mesa Luis XIV, sillas, un candelabro y vino para una comida de tres platos. Cuestiones estas que, comparadas con comerse una avioneta, un abedul ó 28 pollos de una sentada (Edwuad Abraham “Bozo” Miller en San Francisco, 1963. Peso medio de los pollos, 906 g.) qué quieres que te diga… pues como que no tienen nada que ver.

En fin, tal están las cosas que en el año 2002 dejé de coleccionar nuevas ediciones del famoso libro y no creo que las cosas cambien tanto como para retomar aquel hábito otrora tan dichoso, y mucho menos con la actual tendencia. Me tendré que consolar con releer los viejos records o, mejor aún leérselos a mis hijas y disfrutar tanto o más que ellas cuando a estas se les pongan los ojos como platos y se partan de risa. Que tampoco es mala cosa.

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Fotos: EvaK, Arpingstone vía Wikimedia Commons

Tenedores inteligentes y otros chindogus

09 enero 2013

HAPIforkParece mentira pero a pesar de lo que ya llevo visto mi capacidad de asombro no decae o, si lo prefieres ver de la siguiente manera, a la larga siempre hay alguien que inventa la enésima absurdez que termina por sorprenderme (aunque en realidad lo que me sorprende es la amplia acogida que reciben).

La última de la lista es el “tenedor inteligente”. Al menos tal es la traducción, bastante libre, que una buena parte de los medios han dado para el denominado de forma concreta como “HAPIfork”, algo así como “Tenedor feliz”… y que yo lo voy a apodar cariñosamente como “Forki”.

Es posible que te estés preguntando cuáles son las habilidades de “Forki”, el tenedor inteligente. Pues bien, te cuento. En esencia se trata de un artilugio (gadget lo llaman los amantes de la tecnología más actualizados) con forma de tenedor y que te informa a base de pitidos y vibraciones del ritmo con el que te estás llevando a la boca los distintos bocados de tu comida. Así, si tu ingesta es demasiado rápida y estás entregado a la comida como si acabaras de salir de la isla de “Supervivientes” el tenedor pita y vibra, aconsejándote que disminuyas el ritmo. Luego, además, los datos se pueden descargar bien en tu ordenador, bien en tu teléfono (también “smart”, of course) gracias a una aplicación ad hoc con la que incluso podrás compartir tus ¿logros? en las redes sociales… Sinceramente desconozco la finalidad de esta última función. Puedes ver algunas de sus “utilidades” en este vídeo.

En principio, la idea no es del todo descabellada… lo que falla a mi juicio es, como en muchos de estos casos, su aplicabilidad, su falta de sentido en el día a día. El caso es que en la mayor parte de los sitios consultados “el tenedor inteligente” se promociona como un tenedor para adelgazar o contra la obesidad.

Veamos, la mayor parte de los estudios observacionales y algunos de intervención apuntan hacia el hecho de que entre las personas que comen más rápido hay mayores índices de obesidad. Para profundizar sobre este hecho puedes consultar algunos de estos estudios en los siguientes enlaces y si te interesa el tema ya puedes seguir investigando sobre el tema a partir de ahí:

 

Precisamente es este elemento, la velocidad a la que se realizan las ingestas, el que trata de ayudar a controlar “Forki” pero, seamos sensatos, parece poco práctico. De hecho, se necesitaría una cubertería y una vajilla “inteligentes” ya que… por ejemplo: ¿cómo como el yogur con el tenedor?, ¿y la sopa de fideos?, ¿y la hamburguesa (que normalmente se come con la mano)?, ¿qué se hace si se come fuera de casa? Etcétera. Dar respuesta a estas preguntas no es imposible, de hecho, para las primeras todo apunta a que también hay una HAPIspoon (cuchara “inteligente” que de momento no aparece en la página del fabricante) pero es la situación en general la que no parece muy lógica.

La obesidad es un problema con múltiples facetas y que requiere un abordaje mucho más conceptual que el que ofrece esta herramienta por si sola cuya utilización continuada puede llegar a ser enervante. Sería algo así como empezar a preocuparse por el color del cohete cuando alguien se propone mandar un satélite a Júpiter… cuestión sobre la que no me cabe la menor duda que habrá trascendentales implicaciones… pero el color del cohete no parece a priori la cuestión más importante por la que empezar un proyecto de semejantes dimensiones.

Este invento me ha traído a la memoria otros ya olvidados pero igualmente “esperanzadores” en su lanzamiento. Por ejemplo la baldosa “inteligente” que te habla, te manda mensajes y te informa de las veces que has visitado la nevera entre horas, el tiempo que has permanecido frente a ella, etc., no creas que te engaño; más reciente (presentada en la misma feria que “Forki”) es la nevera “inteligente” que además de informarte de la fecha de caducidad de los productos que contiene, te asegura  que cada usuario de la casa tenga su propia dieta detallada (quizá no esté tan lejano el día en el que las neveras “inteligentes” escriban este tipo de blogs)

En resumen, con todos los respetos hacia su inventor, a mí esto me parece un “chindogu como la copa de un pino. Un “chindogu” es un vocablo japonés que resume una categoría de inventos que, siendo aparentemente prácticos, terminan por resultar absurdos. Entre los chindogus más clásicos están el “masticómetro”, casco con mentonera que contabiliza las veces que se mastica, o las gafas-embudo, para aplicarse las gotas o el colirio en los ojos (ver este enlace).

Ahora que lo pienso… baldosa “inteligente” + “masticómetro”  + “Forki” = adelgazamos y todo

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Foto: HAPILABS

Inocentada edulcorada o la furia de la “nucleación”

28 diciembre 2012

Una buena broma es aquella con la que todo el mundo se lo puede pasar bien a la larga aunque al principio, es cierto, sólo disfrute una parte, el que la prepara. En mi recuerdo guardo un par de ellas que cuando las saco a colación, incluso delante de la “víctima”, la gente se ríe abiertamente porque son bromas sin malicia y sin consecuencias irreparables. Bromas light si lo prefieres decir así.

Y hablando de aspectos “light” te propongo una broma a realizar con este tipo de refrescos. Se trata de provocar una especie de geiser en el momento de ser abiertos por la víctima que tú elijas. Es sencilla de preparar y sin mayores consecuencias. De todas formas considero que es una broma ideal para hacer al aire libre, en una piscina, cuando se va en bañador y todo eso… de lo contrario sí que es posible que el inocente se mosquee un poco (por quello de las manchas más que nada).

Para llevarla a cabo necesitas:

  • Una pastilla de caramelo del tipo “mentos”.
  • Una botella de dos litros  de cualquier refresco con gas que tenga edulcorante.
  • Un aguja de coser.
  • Un pequeño martillo.
  • Un hilo resistente.

Se trata de hacer pasar el hilo por el orificio practicado de lado a lado en la pastilla de caramelo y sujetarlo a la boca de la botella (pillando el hilo con la rosca) dentro del tapón. En el momento de abrirla, el caramelo caerá dentro del refresco y se generará una reacción “explosiva” de salida del gas del refresco que provocará un mini-geiser para sorpresa del incauto que abra la botella.

Tienes un tutorial de cómo realizarla y de las consecuencias en este vídeo.

Puedes encontrar una explicación detallada de esta reacción en la Wikipedia. En esencia se debe a causas diversas aunque los principales elementos son dos: la presencia de gas CO2 en la bebida (la reacción no tiene lugar en una bebida sin gas) y las pequeñas rugosidades que presenta el caramelo en su superficie, estos son los dos factores  imprescindibles para desencadenar la reacción física. Por su parte, el efecto se ve favorecido en presencia de cafeína y algunos edulcorantes artificiales y conservantes como el aspartamo y el benzoato potásico respectivamente. Es decir el efecto es menor en refrescos azucarados y sin cafeína. En este vídeo puedes ver un afortunado esquema de la explicación que se dio del proceso en el programa Mythbusters

Ah, y no te olvides de grabarlo ;-)

El “violetador”, un divertido vídeo sobre publicidad y creativos

06 diciembre 2012

Aún me estoy riendo. El otro día mi amigo Juan (@raspu) me hizo saber de la existencia de este vídeo en el que un creativo publicista (o publicitario, a ver si alguien me termina por aclarar cómo se les debe mencionar correctamente) propone un anuncio a los directivos de una empresa que comercializa un refresco a base de zumo de uva.

Se trata de una parodia de la realidad, una caricatura, pero al fin y al cabo como toda caricatura, lo que hace es remarcar algunas de las características que reúnen en ocasiones la publicidad de alimentos ya sea para niños o para adultos. Creo que en la memoria colectiva aun guardamos ejemplos de auténticos despropósitos.

En fin, os dejo dos versiones, la original subtitulada primero, y luego una versión doblada.

Que tengáis feliz día de la Constitución.

Y tú, ¿también prevés los excesos?

05 diciembre 2012

Hoy va de fábulas, unas fábulas inventadas por mí, así que no me lo tengáis mucho en cuenta. Yo las he llamado, por un lado “la fábula del conductor y el Guardia Civil”, y por el otro “la fábula de la periodista y el nutricionista”. Se trata de fábulas sincronizadas, es decir, los hechos de ambas se desarrollan en el mismo punto espacio-temporal. La peor parte de esta entrada es que ambas alegorías están sin acabar, así que a ver si apelando a vuestro bondadoso y fraternal espíritu navideño, que ya empieza a tocar, me ayudáis a terminarlas. En fin, la primera comienza de la siguiente manera:

Fábula del conductor y el Guardia Civil

Un buen día un señor que se llamaba Prudencio se acercó hasta un cuartel de la Guardia Civil y pidió hablar con el responsable al mando de las cuestiones de tráfico. El Capitán García, que así se llamaba, recibió a Prudencio de inmediato y le dijo: “Usted dirá”. Y Prudencio le contó: “Mire, lo que yo quería es pedirle consejo, tengo un problema y confío en que usted como especialista que es y ya que cuenta con una dilatada experiencia pueda ayudarme. Se trata de lo siguiente: por motivos que no vienen al caso en fechas próximas he de hacer un viaje en coche entre Zaragoza y Madrid por la noche. El caso es que pretendo hacerlo con las luces apagadas y además, como lo voy a hacer por la autovía, la A-2 para más señas, esta vez lo quiero hacer por la vía que transcurre en sentido contrario, para variar. Es probable además que vaya mamado, perdón, bebido. Como sé que puede entrañar cierto riesgo, pretendo hacerlo a todo gas, mi coche tiene una velocidad punta de 223km/h, así que trataré de hacer el recorrido a tope. Confío que al correr más, tarde menos en realizar el recorrido y así pueda minimizar los posibles riesgos derivados de las circunstancias anteriores (sin luces, dirección contraria, bebido…). Así que, como le decía al principio, mi Capitán, usted dirá: ¿qué me podría aconsejar…?

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Fábula de la periodista y el nutricionista

El mismo día y a la misma hora que los hechos relatados en la anterior fábula, Guantanamera, una reportera muy dicharachera, llamó por teléfono a la consulta de un conocido nutricionista llamado Craso. Y le digo: “Buenas tardes D. Craso, le llamo del periódico de Valdespartera y estamos haciendo un especial de Navidad y quería pedirle consejo dada su especialidad y experiencia”. El nutricionista se puso a su servicio y le dijo: “No faltaba más, usted dirá”. Guantanamera pasó a explicarle: “Como usted ya sabrá se acercan las navidades y mucha gente las observa temerosa porque a lo mejor engorda y gana peso. Según mis datos la ingesta media de una persona en la cena de navidad es de una 3.500 kcal, todo un exceso. Claro, eso en la noche del 24, porque además están, la comida de navidad, la cena de nochevieja y la comida de año nuevo que tienen un perfil similar. Además, a todo esto hay que sumar que en estas mismas fechas suele haber una, dos o incluso tres cenas o comidas de compañeros de trabajo o de amigos del gimnasio o de colegas de la peña quinielista en las que también se suele incorporar una cantidad de calorías importante (muchas de ellas con la bebida). No es infrecuente que incluso en el entorno de los navideños festejadores haya una tentadora y omnipresente abundancia de turrones, mazapanes, chocolatinas, polvorones, roscones de reyes etc. así como abundantes bebidas alcohólicas. Así que, como le decía al principio, me gustaría, D. Craso, que me diera algún consejo para abordar los excesos navideños

 

Como os decía al principio, me he quedado estancado con ambas fábulas, así que si alguien es tan amable que me eche una mano para acabarlas.

Sea como sea que las acabéis, vosotros diréis, quiero comentar que en el ideario festivo de la población general hay dos errores recurrentes:

El primero es prever el exceso y, además tener las narices para preguntar de antemano qué hacer para minimizar o no sufrir las consecuencias. “Me voy a poner hasta las trancas… ¿qué me sugieres?” o “Me voy a agarrar una melopea de órdago… ¿tienes algún secreto para no tener resaca?“, etc.

Y el segundo error es dar por sentado que como se va a celebrar algo hay que excederse. No hay, al parecer, celebración que se precie si no se excede uno.

Los excesos se pagan. Más tarde o más temprano (ver esta entrada) pero por lo normal siempre se pagan. El principal error de este posicionamiento es hacer previsión de los excesos que se van a cometer. Se puede celebrar, en este caso la navidad, y además, hacerlo con salud y disfrutando. Veremos algunas propuestas para estas fechas, aunque ya os adelanto que la clave no está en estos días en concreto (que a fin de cuentas se repiten todos los años) ni en vuestros cumpleaños, bodas, santos, aniversarios, jubilaciones, fiestas del pueblo, graduaciones, etc. La clave está en el día a día. Incluidas las celebraciones. En especial, no haciendo la previsión de cometer excesos… por que si no, lo más probable, es que haya alguna consecuencia no deseada, empezando por la del exceso de peso.

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Foto 1: portaldelsures

Foto 2: Photos o’ Randomness

La tontería de beber cerveza (o agua) helada para perder peso

29 octubre 2012

Interesante la pregunta (por decir algo) que me han formulado en un par de ocasiones:

¿Se puede adelgazar bebiendo cerveza helada?

He de reconocer que al principio me sorprendió, ya que, según mi interlocutor, “está total y científicamente comprobado que beber cerveza helada sirve para perder peso, es decir, para adelgazar”. La pregunta, como supe después, se basa en la argumentación del documento científico que pueden leer a continuación y que circula en en forma de spam en algunos correos electrónicos. Y que dice tal que así, cito textualmente:

“Por las leyes de la Termodinámica, todos sabemos que una caloría es la energía necesaria para pasar 1 gr. de agua, de 21,5º a 22,5º C. No es necesario ser ningún genio para calcular que si el hombre toma una copa de agua helada (200ml o 200g), aproximadamente a 0º, necesita 200 calorías para ponerla a 1º. Para que haya un equilibrio térmico con la temperatura corporal, serán necesarias unas 7400 calorías para que estos 200grs. de agua, alcancen los 37º de la temperatura corporal (200 g x 37ºC). Y para mantener esta temperatura, el cuerpo usa la única fuente de energía disponible: LA GORDURA CORPORAL. O sea, que precisa quemar grasas para mantener la temperatura estable. La Termodinámica, no nos deja mentir sobre esta deducción. Así, si una persona bebe una pinta de cerveza (aproximadamente 500cc) a la temperatura de 0º, pierde aproximadamente 17500 calorías (500 g x 37ºC). Ahora bien, no vamos a despreciar las calorías que tiene la pinta de cerveza, que son aproximadamente 1000 calorías para los 500grs. Si se restan estas calorías, tendremos que una persona pierde aproximadamente 16500 calorías por la ingesta de una pinta de cerveza helada. Obviamente, cuanto más helada esté la cerveza, mayor será la pérdida de calorías. Como debe estar claro para todos, esto es mucho más efectivo que, por ejemplo, andar en bicicleta o correr, con lo que solo se quemarían unas 1.000 calorías por hora. Así pues, adelgazar es terriblemente sencillo. Basta con beber cerveza bien helada, en grandes cantidades, y dejemos a la termodinámica hacer el resto”

 

¿Verdad que suena bien? Pues es una patraña. Bien organizada, más o menos, pero una patraña destinada a engañar a aquellos que han oído hablar de calorías, de energía de los alimentos, etcétera, pero que en realidad no tienen ni idea. El contenido de este documento científico está totalmente tergiversado. Está ideado con el único objetivo de engañar. Es, en definitiva, un ejemplo claro de cómo suelen organizarse estos mitos del adelgazamiento fácil. Vamos a analizarlo:

1. La definición de caloría es acertada, más o menos: en realidad se trata de la cantidad de energía necesaria para incrementar en un grado centígrado la temperatura de un gramo de agua (en concreto, desde 14,5 ºC hasta 15,5 ºC). Por tanto, es cierto que la cantidad de energía necesaria para calentar 200 mililitros de agua helada (a 0 ºC) hasta que alcance 37 ºC (la temperatura corporal) es de 7.400 calorías aproximadamente.

2. Es cierto que cuanto mayor sea el volumen de líquido helado, mayor “inversión” de calorías será necesaria para calentarlo hasta 37 ºC. En el caso de medio litro de cerveza helada, la cantidad de calorías es de 18.500 (ya sé que en el texto afirma que 17.500, pero este dato da muestra, una vez más, del calado científico del mismo. Su autor no sabe por dónde se agarra una calculadora).

3. Falla estrepitosamente en el cálculo del aporte de energía de la cerveza. No son 1.000 calorías, como afirma alegremente, sino unas 225 kilocalorías. Fíjense bien, no he dicho 225 calorías, sino 225 kilocalorías, es decir, 225.000 calorías (todo en letra, como en los cheques: doscientas veiticinco mil calorías).

4. El “pequeño error” de esta placentera pero absurda (e ineficaz) herramienta para perder peso trincando cerveza está en confundir calorías con kilocalorías.

 

Hagamos las cuentas bien y veamos el balance de beber medio litro de cerveza helada:

  • Beber medio litro de cerveza helada implica un desembolso energético de 18.500 calorías (para calentarla hasta 37 ºC).
  • Esa misma cantidad de cerveza aporta 225.000 calorías (para llegar al contenido calórico de esta cantidad de cerveza se puede consultar esta entrada)
  • Por tanto, el balance final después de beberla (aparte del puntito gracioso) es de 206.500 calorías positivas.

Alguien podría pensar que la dieta de la cerveza helada (que aporta calorías con una resultante claramente positiva) puede cambiarse por la dieta del agua helada (ya que el agua es el único alimento que no aporta calorías). Pues bien, para llegar a un balance “cero” entre las calorías que necesita diariamente una persona (pongamos 2.500 kilocalorías, en términos medios) a base de calentar ese agua hasta los 37ºC habría que beber cada día:

 

(500ml x 2.500.000 cal) / 18.500 cal para pasar medio litro de agua helada a 37ºC = 67.567,56 ml de agua helada

O lo que es lo mismo, algo más de 67,5 litros de agua helada al día, es decir unos 270 vasos. Lo que no parece muy coherente ni saludable.

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Foto 1: GlobalCitizen01

Foto 2: ::paqman::

Foto 3: Mountain/\Ash

 

 

Escolares norteamericanos protestan en un vídeo musical por la reducción calórica en sus comidas

18 octubre 2012

Pues sí, como lo oyen, algunos estudiantes están descontentos con las nuevas iniciativas gubernamentales que han modificado el contenido energético que los estudiantes reciben en el colegio a la hora de comer. Estas medidas se enmarcan dentro de la campaña genéricamente denominada “Let’s move” (“En marcha”) y está liderada por Michelle Obama. Con ella se trata de poner coto a la epidemia de obesidad infanto-juvenil de los escolares norteamericanos. Algunas de estas medidas consisten en la reducción calórica y en un nuevo replanteamiento del contenido de los alimentos presentes a la hora de la comida.

Pues bien, a algunos de ellos no les ha gustado ni un poquito ya que según ellos el nuevo plan de comedores escolares implica unos cambios poco adecuados a su situación. Entre ellos, la reducción de 200 a 400 kcal por comida, la inclusión de más fruta y verdura, y la única posibilidad de que los alimentos lácteos que se les suministran sean desnatados o bajos en grasa…Y todo ello les hace sentirse hambrientos, sin energía para las actividades escolares y les obliga a que una vez finalizado el colegio tengan que “arrastrarse” hasta casa para que les alimenten sus madres.

Esta protesta capitaneada por estudiantes de la St. Mark’s Charter School en Colwich (Texas) está teniendo un impacto relativamente importante en los medios y en las redes sociales (al menos en su país) ha empleado una conocida canción del grupo “FUN” titulada “We are Young” (“Somos jóvenes” –y no, no tiene nada que ver con aquella homónima del “Dúo Dinámico”-) y la han versionado de manera sublime  a mi modo de ver. Ellos la han titulado “We are Hungry” (“Estamos hambrientos”). En el vídeo plasman a su manera como la falta de sustento les hace desfallecer en las actividades deportivas y como los más pequeños tienen que volver a casa arrastrándose literalmente por la falta de energía. Se puede acceder al vídeo a través directamente de youtube en este enlace y obtener así su letra para una mejor comprensión.

Bien, antes de pasar a comentar de forma concreta algunos de los aspectos de su mensaje, déjenme decirles que me parece un trabajo sensacional y que parte de razón no les falta, además, claro está, de haber escogido para su reivindicación un grupo y en concreto un tema musical que me encantan.

 

A los chavales no les falta razón. En mi opinión es un error el circunscribir el número máximo de calorías que van a recibir todos los estudiantes en el colegio a la hora de comer. El error como ya se habrán fijado es el de “café para todos” ya que a unos les servirá y a otros no. La campaña desarrolla la ley del Acta de Salud y Nutrición Infantil aprobada en 2010 e implica que los estudiantes de secundaria reciban ahora de 750 a 850 kcal por comida frente al mínimo anterior establecido en 825kcal/comida. Por su parte las nuevas directrices llevan a que en el caso de los estudiantes de primaria estos reciban un máximo de entre 550 a 650kcal/comida frente al mínimo anterior situado en 633kcal/comida.  En mi opinión más les valdría fijarse en el contenido de las bandejas que en el monto final de las calorías y, de esta forma, dejar hacer al hambre de cada uno a partir de alimentos más saludables (aunque este tema también está presente en el Acta de Salud y Nutrición Infantil)

Otro aspecto que tiene implicaciones con este tema es que ahora los niños se han visto “sorprendidos” por la necesidad de llevarse desde caso un almuerzo para la media mañana o incluso una merienda… acciones que por mucha tradición que se tenga parece que no es la costumbre actual.

En resumen, la iniciativa me parece genial, es normal que con las nuevas medidas sientan más hambre que la que antes sentían tras haber comido. Pero ahora tienen la oportunidad de hacerlo mejor, con mejores alimentos y también a base de incluir un pequeño almuerzo  a media mañana y una merienda a media tarde, es decir, de comer más veces al día, en vez de ponerse como boas a la hora de la comida y pretender que esa comida les sirva casi para todo el día.

Y ya que estamos, me despido con la versión original del tema de FUN

Los intrigantes números en la base de los “cartones” de leche

19 junio 2012

He de reconocer que me da una cierta vergüenza tener que hacer esta entrada a resultas del mito o leyenda que corre por ahí como la pólvora. Me refiero al bulo sobre si los números que figuran en la base inferior que los envases de leche son el número de veces que esa leche ha sido reciclada tras vencer su fecha de consumo preferente.

Pues sí, aunque no lo crean no son pocas las personas que piensan que esto es cierto y que por tanto opinan, y también defienden de forma vehemente, pese a no aportar prueba alguna, que ese numerito que aparece en el culo de los cartones de leche se refiere a eso, al número de veces que el fabricante ha recogido del punto de venta la leche que no se ha vendido y que ya ha “caducado” (o va a caducar) la lleva a su empresa, allí vacía cada cartón y rellena otros nuevos envases con una fecha de consumo preferente en vigor.

En especial la duda podría sorprender así en frío a alguien que le da la vuelta a su cartón de leche y observa que pone 3, 8, 15, o incluso 36 por decir una burrada, pero el tema se pone divertido si como en mi caso, le doy la vuelta a un cartón de leche que acabábamos de finiquitar en familia y pone un número como el que les ilustro.

 

 

Lo que ven, 480.550 supuestos reciclados. Para hacer unos pocos cálculos he supuesto algo bastante normal, que es que la leche de este tipo tenga una fecha de consumo preferente de unos 6 meses desde su puesta a la venta (en concreto en este cartón comprado hace unos 15 días pone: “Fecha de consumo preferente 30-10-2012”). Esto supone para el caso de este cartón y no de otro, dos reciclados al año. Despreciando la imposibilidad de que el mismo día que la recojan la vuelvan a colocar con la fecha cambiada este dato haría suponer que mi leche es de una vaca que se ordeñó hace 240.275 años. Y esto me ha hecho dudar de la veracidad de la leyenda.

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Ahora en serio. Los números que aparecen en la base de los cartones de leche y que tanto intrigan a algunas personas tienen que ver, tal y como se explica en este video, con la numeración de las bobinas que el fabricante de los envases usa para identificar su producto y que luego vende a los distintos productores de, en este caso, leche. Es decir, el productor de leche ya recibe los cartones con dicha numeración y por tanto los dígitos no aportan información alguna del producto que contiene, en este caso de la  leche.

Como pueden comprobar el mito en cuestión ha alcanzado una dimensión tal que una de las empresas que manufacturan este tipo de envases y que luego sirven a la industria alimentaria, el fabricante de Tetra-Pak  y también la Federación Nacional de Industrias Lácteas han tenido que salir al quite para responder a la pregunta de qué significan los números y también para desmentir de forma explícita estas tonterías:

Explicación del número en la base del envase

Los envases de Tetra Pak se producen en grandes bobinas como la de la imagen superior [ver enlace]. Las bobinas se dividen después en 5 (en el caso de envases de 1 litro) rollos de envases.

Cada rollo de la bobina recibe una numeración que permite identificar en qué pista de la bobina fue producido un determinado envase. Tetra Pak tiene así un control de su producción para garantizar la máxima calidad de los envases.

Los números se imprimen durante la fabricación de los envases en las fábricas de Tetra Pak, mediante diversos sistemas de identificación. Estos números no siempre son visibles, a veces quedan ocultos bajo una solapa.

De esa forma, Tetra Pak tiene un control de la producción y así garantiza la máxima calidad de los envases.

Un número del 1 al 5 en la base del envase, indicaría a cuál de los cinco rollos de envases de litro pertenece el envase en cuestión.

NO hay ninguna relación entre los números en la base del envase y el producto contenido.

Para más información rogamos contacten con nosotros a través de info.es@tetrapak.com

La leche de consumo es tratada y envasada una sola vez (Comunicado de FENIL: Federación Nacional de Industrias Lácteas)

La leche de consumo que se vende envasada en los establecimientos comerciales, es obtenida exclusivamente a partir de leche cruda a la que le ha sido aplicado un tratamiento térmico, ya sea pasterización, esterilización o UHT.

Una leche envasada a la que ya se ha aplicado alguno de los tratamientos térmicos mencionados, no puede sufrir en ningún caso otro tratamiento posterior, ni ser nuevamente reenvasada para comercializarse como leche de consumo. La legislación no permite esta práctica.

Por tanto, y de acuerdo con la legislación vigente, una leche que no sea vendida, incluso dentro de su plazo de caducidad, no puede, en ningún caso, ser envasada nuevamente para ser comercializada como leche de consumo.

Así, según se establece en el Reglamento Europeo nº 1774/2002 relativo a normas sanitarias aplicables a los subproductos de origen animal no destinados al consumo humano, una leche caducada debe ser retirada del establecimiento comercial y a partir de ese momento se considera como subproducto no apto para el consumo humano y por tanto debe disponerse de ella de forma que en ningún caso pueda entrar en la cadena de la alimentación humana.

Para más información rogamos que contacten con FENIL: info@fenil.org

 

Ahora toca lo de siempre: o bien creerse esta explicación lógica, normal, previsible y comprobable llegado el caso, o bien apelar a las conspiraciones y a las añagazas del monopolio alimentario. Que haberlas las hay, pero no son estas. Son algo más sutiles como iremos viendo.

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Nota: Alfred López, mi veterano vecino de blog (Ya está el listo que todo lo sabe) me acaba de poner al corriente de que él hace 5 años ya hizo una entrada con este tema. Una curiosidad (serendipia que dirían algunos) su entrada fue el mismo 19 de junio pero de hace 5 años. Por cierto, no dejen de visitar su interesante blog.

Mondo Burger

05 junio 2012

Pese a mi interés por las cuestiones gastronómicas, la verdad es que no me da la vida, ni de lejos, para que este rincón sea portador de especiales novedades en dicho terreno. Así pues, es posible que lo que hoy les traigo, al menos la primera parte, no suponga para muchos un descubrimiento especial. Como es de suponer por el título, se trata de hablar del terrenal mundo de las hamburguesas.

No sé si se habrán dado cuenta pero a mí me llama la atención la frecuencia con la que actualmente aparecen en la escena gastronómica el “concepto” de las minihamburguesas. Un moderno local que se precie no estará de moda si a día de hoy no dispone en su carta de un plato confeccionado a base de minihamburguesas. Si de verdad de verdad está “a la moda” además el local recibirá la denominación concreta de de gastrobar, un concepto que según explica la Wikipedia es una especie de cruce entre un bar y un restaurante que trata de acercar la alta cocina a las clases más populares sirviendo tapas de autor o mini-platos a precios asequibles. Se puede estar más o menos de acuerdo con esto ya que en lo que respecta a los precios asequibles parece que el autor de la entrada en la wiki no ha contemplado varios de los gastrobares que conozco. Y con respecto a lo de alta cocina pues en ocasiones tampoco mucho, ya que se mire por donde se mire, el tema hamburgueseril no lo enmarco yo precisamente en el apartado haute cuisine, ni mucho menos, por muy en su punto que esté la susodicha hamburguesita de ternera de Kobe con rúcula y queso Comté… por poner sólo un ejemplo. La alta cocina no es “buen producto” o el uso de un producto exclusivo. A la alta cocina estos elementos se le presuponen, es algo más que producto.

Lo poco que he podido indagar sobre este tema me dirige a que esta moda -quizá ya no sea tanta, tengan en cuenta que soy de provincias- no la sea en los USA, donde se conocen desde hace tiempo con el nombre coloquial de “sliders”. Aquí he oído rumores acerca de que las ha encumbrado el mediático Chef Gordon Ramsay, el mismo que protagoniza a base de gritos el reality “Pesadilla en la cocina”. Lo cierto es que tampoco me importa demasiado quién haya sido el “descubridor” de esto de servirte tres o cuatro minihamburguesas variadas, pero me llama la atención. Ahora bien, sí que les reconozco que merecen una mejor puntación que aquellas que te suelen servir en las conocidas cadenas de comida rápida, sobre todo cuando van preparadas con pan de verdad (¡por Dios el pan!)

Y cambio de tercio. En un claro, culinario y visual sentido contrario, el otro día los amigos del programa de radio “Esta es la nuestra” de Aragón Radio pusieron en mi conocimiento el engendro hamburguesero que se perpetra en un local de Detroit, el Maille’s: “el hogar de la hamburguesa más grande del mundo” tal y como lo definen orgullosos sus propietarios. Un despropósito sin sentido, valga la redundancia. Un “restaurante” que tiene a orgullo ir batiendo periódicamente el record Guinness en esta “modalidad”. Aquí tienen un video de cómo se elabora semejante monstruosidad.

En mi opinión son este tipo de “iniciativas”, las de cuanto-más-grande-mejor, referido a  la alimentación las que me parecen indicadoras de que algo no estamos haciendo bien. En definitiva, parte del problema resulta de seguir cíclicamente la aparentemente irrompible secuencia de: cuanto-más-mejor y las dietas restrictivas posteriores. O como decía mi abuela, pasar de la gran remojada a la gran secada sin término medio. En fin. Mondo Cane.

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Foto 1: Yogma

Adivinanza: ¿De qué árbol vienen las pizzas?

31 mayo 2012

Tal es casi la pregunta que el Congreso de los Estados Unidos debatió hace ya ocho meses. Si bien no halló respuesta, el caso es que esta institución terminó por decidir que las raciones de pizza en los comedores escolares de los niños y adolescentes estadounidenses habían de ser consideradas como portadoras de una ración de alimentos vegetales. Sí, como lo leen, el Congreso de los Estados Unidos decidió que la pizza “pasa” a ser considerada como alimento vegetal. “Pasa” relativamente porque lo que en verdad ha sucedido es que sigue conservando ése estatus que ya tenía.

La polémica decisión tuvo su origen cuando el Departamento de Agricultura de este país (la USDA) auspiciado por su Primera Dama (Michelle Obama) quiso cambiar la consideración que hasta entonces tenía la pizza con respecto a que una octava parte de ella, en concreto la referida a “la ración” de pasta de tomate que lleva cada trozo de pizza en un comedor escolar, fuera tenida en cuenta como media ración de vegetales. Es decir, se pretendió que al comer una porción de pizza no se considerara que los niños y adolescentes estaban comiendo media ración de vegetales si no más bien una octava parte de una ración típica de vegetales.

Como pueden imaginarse fue que no, el lobby (=grupos de presión que se aúnan para bloquear o hacer avanzar las leyes en el Capitolio) de la industria alimentaria logró echar para atrás a los senadores, en especial republicanos, que también estaban detrás del cambio. En este caso las empresas de congelados, asociaciones de agricultores, etc. lograron a través de su presión dar al traste con la propuesta y, por tanto, la pizza sigue ostentando la categoría de alimento vegetal en los comedores de los Estados Unidos. Tal y como dijo en su día Margo G. Wootan perteneciente al Centro para la Ciencia en el Interés Público en relación a este tema: “El Congreso ha puesto por delante el interés de las empresas fabricantes de pizza antes que la salud de los niños”. No olvidemos que además de las no pocas calorías que proporciona una porción de pizza en un comedor escolar, esta, al mismo tiempo, aporta casi la totalidad de las grasas saturadas que se deben ingerir en un día.

Pero ya saben, estas cosas sólo pasan en Estados Unidos… hasta que llegan, y no creo que falte demasiado tiempo para terminar cayendo por aquí en estulticias de semejante envergadura. Ya estamos maduros para ello.