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El nutricionista de la general El nutricionista de la general

"El hombre es el único animal que come sin tener hambre, que bebe sin tener sed, y que habla sin tener nada que decir". Mark Twain

Archivo de Febrero, 2015

La EFSA concluye que a día de hoy la actual exposición al bisfenol A es segura

Pocas sustancias químicas han hecho correr tantos ríos de tinta como lo ha hecho el bisfenol A (BPA) como presunto contaminante alimentario. Supongo que el tema del BPA sonará a la mayor parte de las personas, pero para quien no esté al corriente, creo que es preciso hacer un breve resumen.

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¿Qué es el bisfenol A?

En el terreno que nos ocupa, el bisfenol A es un monómero que se emplea en la fabricación de policarbonatos y resinas epoxi así como aditivo en algunos plásticos. Los policarbonatos a su vez se utilizan en materiales que suelen estar en contacto con los alimentos como por ejemplo botellas reutilizables, biberones, vajilla (platos y tazas) y recipientes para guardar comida, es decir, fiambreras. Por su parte, las resinas epoxi se utilizan en el revestimiento interior de protección tanto por ejemplo en latas de conserva como en cubas industriales de alimentos y bebidas. Pero además el BPA también se utiliza y está presente en el papel térmico, algunos cosméticos y en el polvo.

En el terreno más puramente químico se trata de es un compuesto orgánico que incluye dos grupos fenol. En este enlace tienes algunos datos al respecto de su historia, síntesis y polémica.

¿Qué suscita la polémica al respecto del BPA?

Más allá del don de la ubicuidad, y precisamente por él, la exposición constante al BPA por parte de los consumidores ha generado acalorados debates desde la década de los años 30 del pasado siglo XX. Esta polémica se resume a la hora de atribuirle la propiedad de ser un disruptor endocrino, así como su potencial carcinogénico tal y como se reconoce en la ínclita Wikipedia por citar una sola fuente entre los millares de páginas web que echan pestes del BPA. Como tal disruptor, tendría la capacidad de interferir en el delicado balance endocrino y ser causa de diversas patologías: trastornos hepáticos y renales, trastornos del desarrollo y de la función reproductora, efectos sobre el desarrollo neurológico, la función inmune, la salud cardiovascular, etcétera. En resumen, existe un cuerpo de evidencia que apunta con bastantes pocas dudas a que el BPA es un elemento tóxico.

Tóxico… como todo aquello que puede ser tóxico, es decir, en la medida de su concentración y de su exposición. En este sentido y en determinadas circunstancias, recuerda, hasta el agua o el café pueden asumirse como elementos tóxicos. Por eso, conviene observar en su verdadera magnitud cuál ha sido el dictamen de la Autoridad Europea de Seguridad Alimentaria (EFSA) al respecto del BPA.

¿Por qué el BPA es “seguro”?

En realidad, habida cuenta de la polémica que suscita este caso y la nueva evidencia que hay sobre el tema, la EFSA ha realizado dos trabajos para llegar a esta conclusión: por un lado ha evaluado la exposición actual que se tiene a este elemento; y por el otro ha revisado lo que se conoce como Dosis Diaria Tolerable (TDI, por sus sigla en inglés) es decir, la cantidad máxima a la que se puede estar expuesto sin aumentar el riesgo de sufrir alguna de las posibles consecuencias antes mencionadas.

Así, tras realizar este tipo de evaluaciones, y reconociendo el potencial dañino del BPA sobre la salud, la EFSA ha reducido la anterior cifra que ella misma estableció en 2006 al respecto de la TDI para el BPA. Así, ha pasado de atribuirle una TDI de 50 microgramos al día por kg de peso corporal a nada más y nada menos que a 4 microgramos al día por kg de peso corporal. Es decir, la EFSA, más conservadora aun en 2015 que en 2006, ha reducido la TDI del BPA más de 12 veces.

A pesar de todo, como decía, la EFSA sigue considerando la actual presencia del BPA como segura dentro de la cadena alimentaria en la medida que actualmente se usa. Además, tras volver a evaluar con más y mejores datos todas las fuentes habituales de exposición al BPA y en relación a los datos que se tenían de 2006, resulta que en aquel entonces se sobreestimó entre cuatro y quince veces la exposición real al BPA.

En resumen, quédate con estos titulares:

  • La EFSA ha reevaluado la toxicidad del BPA y, sin hacerla de menos, más al contrario, ha reducido su Dosis Diaria Tolerable de 50 a 4 microgramos por kg de peso corporal y día.
  • Al mismo tiempo, tras reevaluar la exposición de los europeos al BPA a través de las posibles fuentes de contacto o incorporación (dieta, cosméticos, papel térmico y polvo) ha concluido que dada esa exposición: el BPA no plantea ningún riesgo para la salud de los consumidores, teniendo en cuenta todos los grupos de edad (incluidos los fetos en desarrollo, bebés y adolescentes).
  • Pero además, tras esta nueva evaluación, la EFSA no se ha quedado de brazos cruzados y reconoce que hay ciertas áreas de incertidumbre sobre este tema, en especial en relación sobre los efectos del BPA en la glándula mamaria y en los sistemas reproductivo, metabólico, neurológico e inmunológico… y con toda la intención esta área de incertidumbre se ha tenido en cuenta para calcular la ingesta diaria tolerable. Es más, reconoce que el valor de esta nueva ingesta diaria tolerable (la de 4 microgramos/kg/día) es a su vez temporal a la espera de los resultados de un estudio a largo plazo en ratas que se está realizando en Estados Unidos a través del US National Toxicology Program, lo que ayudará a reducir estas incertidumbres.

Puedes ir a la fuente original sobre el asunto del BPA en estos enlaces:

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Imagen: Calvero vía Wikimedia Commons

El irresoluto e ¿irresoluble? problema de la obesidad: Segunda serie sobre el tema de ‘The Lancet’

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Brutal e imprescindible, son los adjetivos que primero me vienen a la cabeza con el último trabajo publicado por The Lancet al respecto de la obesidad.

No sé qué tal andas de inglés pero para sacarle todo el jugo a la información que hoy traigo, merecería la pena (muchísimo) que hicieras los posibles por ponerte al día. Tal es así, porque la prestigiosa revista The Lancet (una de las más antiguas y prestigiosas entre las publicaciones de ámbito médico… por no decir la de más prestigio) ha publicado su segunda serie de artículos centrados en el tema de la obesidad. Digo la segunda, porque la primera aconteció en 2011.

A pesar de que no ha llovido tanto desde entonces, The Lancet aborda de nuevo el tema, imagino que movida por lo dramático de la situación, y aporta seis artículos que no tienen desperdicio, palabra. Así como una introducción en la que plantea el punto de partida y los motivos que justifican esta nueva Serie.

Con el fin de ponerte los dientes largos y de ayudar a vencer tu pereza (si es el caso) para enfrentarte a un texto en inglés (bueno, en verdad son seis, más un par de reflexiones) me he tomado la libertad de hacer un resumen traducido a mi manera del artículo que abre esta serie para que contrastes qué te vas a encontrar en los sucesivos artículos:

Así, el artículo Rethinking and reframing obesity (Replanteamiento y reformulación de la obesidad) dice más o menos tal que así:

En 2011 publicamos la primera Serie sobre la en la obesidad que resumía los conocimientos entonces disponibles sobre sus orígenes, su carga económica y de salud (con las perspectivas de futuro que se abrían ante nosotros), y la fisiología de control y mantenimiento del peso. La Serie concluía con varias recomendaciones basadas en la ciencia para llevar a la acción (ver enlaces 1, 2, 3 y 4). En un editorial adjunto a dicha Serie, se propusieron diversas “respuestas” que se concretaban en cinco mensajes urgentes para la acción:

Los cinco mensajes de The Lancet  sobre la obesidad en 2011 fueron:

  • La epidemia de la obesidad no revertirá en tanto en cuanto los gobiernos no asuman el liderazgo en este tema.
  • Las consecuencias de no hacerlo repercutiría como de costumbre en estos casos, en importantes costes de salud pública, en gastos de atención sanitaria, y en la pérdida de productividad.
  • Las suposiciones que habitualmente se hacen al respecto de la velocidad del adelgazamiento y del mantenimiento del peso perdido son erróneos.
  • Es preciso vigilar y evaluar con precisión los datos básicos referidos al estatus ponderal de la población, así como los resultados de las distintas intervenciones que se lleven a cabo.
  • Es imprescindible realizar un enfoque de multifactorial de la solución que implique a todos los sectores involucrados.

¿Qué ha pasado desde entonces? Por desgracia, se ha avanzado muy poco en este tema salvo reconocer [de nuevo] que se trata de un problema a escala mundial con importantes consecuencias tanto para la salud como para el bienestar. Así, en 2013 el estudio “Peso de las enfermedades en el mundo”, […] mostró que el 37% de los hombres y el 38% de las mujeres tenían un índice de masa corporal por encima de 25 kg/m 2, lo que supone un aumento del 28% y del 47 % en adultos y niños respectivamente desde 1980. En este sentido, las estimaciones apuntan a que en la actualidad 2.100 millones de personas en todo el mundo tienen sobrepeso. Es más, mientras en algunos países desarrollados se ha observado una aparente ralentización en el aumento de la prevalencia de la obesidad desde 2006, ningún país ha reportado una disminución significativa durante tres décadas.

Además, el debate está cada vez más polarizado con falsas e inútiles dicotomías: el culpar al individuo particular frente a la inculpación de un entorno obesogénico; la consideración de la obesidad como una enfermedad frente a considerarla “nada más que” una secuela esperable de una gula desenfrenada; observar la obesidad como una discapacidad frente a su consideración como una nueva normalidad [fruto de su prevalencia]; la escasa actividad física como una de las causas principales frente al consumo excesivo de alimentos y bebidas poco saludables como causa; la prevención frente al tratamiento; la sobrealimentación frente a desnutrición. [Ejemplos no faltan de estas dicotomías, el texto original contiene varios]

[Lo cierto es que…] En algunos países existen intentos aislados de puesta en marcha de políticas dirigidas a la prevención de la obesidad, pero en resumen, en la actualidad estamos tan lejos de realizar un esfuerzo mancomunado como lo estábamos en 2011. El Plan de Acción Mundial de la OMS para la Prevención y el Control de las Enfermedades No Transmisibles 2013-2020, aprobado por la Asamblea Mundial de la Salud en 2013, tiene marcado el objetivo del “no aumento” de la prevalencia de la obesidad entre los años 2010 y 2025. La fecha límite para este modesto objetivo estaba entonces a 10 años de distancia. Sin embargo, las políticas (parciales) que hay en la actualidad en marcha y las promesas “voluntarias” [de compromiso realizadas por algunos países] son insuficientes para alcanzar el objetivo fijado. Es necesario un replanteamiento urgente de las causas, los elementos que las facilitan y las barreras que dificultan ese cambio imprescindible que implique empezar a marcar una senda diferente de la que hasta ahora se ha observado en la pandemia mundial de obesidad.

Esta segunda Serie de The Lancet sobre obesidad […] brinda una interesante oportunidad para replantearse la situación comentada. La Serie examina falsas dicotomías y propone un replanteamiento de la obesidad como una consecuencia fruto de la “naturaleza recíproca de la interacción entre el medio ambiente y el individuo”, en la que la constante retroalimentación termina por perpetuar la elección de alimentos y el comportamiento de los individuos.

En el primer artículo de la Serie […] se revisan algunas de las acciones adoptadas hasta el momento, se discuten las razones para el progreso desigual, y se introduce una nueva forma de pensar acerca de la obesidad.

El segundo artículo […]  se observa cómo se desarrollan las preferencias alimentarias y los porqués de la toma de decisiones en este sentido por parte de la población; se sugieren algunas políticas “inteligentes” de alimentos que podrían desarrollarse para la prevención de la obesidad.

En el tercer artículo […] se argumenta al respecto del importante rol, no explotado, hasta la fecha de la población general a la hora de erigirse en protagonista de las demandas de políticas y campañas de prevención frente a la obesidad.

Un cuarto artículo […] enfoca hacia el problema de la obesidad infantil y juvenil como una parte del problema general. […] Margaret Chan, Directora General de la OMS, reconoció […] que “acabar con la obesidad infantil es uno de los retos de salud más complejos a los que se enfrenta la comunidad internacional en este siglo”. […] Al mismo tiempo, es importante evitar el riesgo de desnutrición y las obsesiones enfermizas al respecto de la pérdida de peso en niños y adolescentes que tienen un peso normal. […]

En el quinto artículo se señala a la comunidad de profesionales sanitarios que, en la actualidad, está mal preparada tanto para hacer frente al problema general de obesidad como a los pacientes que la sufren. Entre otras, la estigmatización y la falta de voluntad para reconocer el problema son las difíciles barreras que se levantan en la relación entre los pacientes y los profesionales de la salud.

En el sexto y último artículo […] se hace un llamamiento para poner el acento en la responsabilidad de todos los actores implicados [en la solución] y proponen cuatro estrategias para así hacerlo. Además se concluye con ocho recomendaciones para dar impulso a un nuevo y muy necesario enfoque de prevención de la obesidad global y su tratamiento.

 Como te digo, si estás interesado en estas cuestiones, merece muy mucho la pena ponerse las pilas con este trabajo de The Lancet… pero más aún merecería la pena que nuestras autoridades sanitarias se lo leyeran. A mí me ha gustado tanto que no descarto que en futuras entradas se aborden cada una de estos artículos por separado. ¿Os gustaría?

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Nota: Puedes acceder a todos los resúmenes de los estudios sin mayor problema a partir de los enlaces facilitados. Pero además, la parte buena es que todos los artículos están disponibles al completo, para ello solo hay que registrarse como usuario, gratis, en The Lancet.

Imagen: GTRES

Si yo hiciera unas guías de alimentación saludable… (5): cosas que se beben

Anteriormente, en esta serie de post:

Agua cristalina

Qué escaso interés o preocupación suele manifestar la población general por lo que bebe y su impacto sobre la salud dentro de la alimentación. O al menos, cuánto menor es ese interés por las bebidas frente al que de forma habitual se manifiesta por la comida. También es cierto que como todo argumento para defender esta postura solo tengo mi opinión, el pálpito que me genera observar la realidad a mí alrededor. En este sentido y en general andamos muy pero que muy preocupados por el qué comer, cuándo, cuánto y cómo combinar eso que comemos, y prestamos muchísima menos atención al qué bebemos. No digo que lo que se beba no se tenga en cuenta, pero sí que por lo general se le presta mucha menos atención que a aquello que se come. Sin embargo, aquello que solo tragamos es tanto o más importante que aquello que además “masticamos”.

El papel de las bebidas en el rédito alimentario

En este sentido, es importante destacar que en las últimas décadas algo ha cambiado al respecto de cómo bebemos y además, este hecho podría estar relacionado con algunos de los problemas alimentarios más evidente en nuestro tiempo. Por ejemplo, en el estudio Shifts in Patterns and Consumption of Beverages Between 1965 and 2002 (Cambios en el perfil y consumo de bebidas entre 1965 y 2002) queda bastante bien reflejado que en las últimas décadas el patrón de consumo de bebidas ha cambiado de una forma sustancial. Es probable que estés pensando en el aumento del consumo de refrescos… y tendrías razón, pero no toda, ya que por lo general ha aumentado también el consumo de todo tipo de bebidas que aporten calorías, incluidas las alcohólicas.

Aunque el artículo anuncia las diferencias metodológicas en la obtención de los datos de todo el periodo en estudio, resulta significativo el conocer que, al menos en EEUU:

  • En 1965 el 66% de la población ingresaba con las bebidas menos del 15% de las calorías que consumía en todo el día. Sin embargo, en 2002 esa población que tan poco ingreso hacía de calorías líquidas cayó hasta el 42%.
  • En 1965 el 17% de la población ingresaba con las bebidas entre el 15 y el 25% de las calorías ingeridas… en 2002 el porcentaje de población en esa situación aumentó hasta el 27%.
  • En 1965 había también un 17% de la población que incluía con las bebidas más del 25% de las calorías totales consumidas… sin embargo, en 2002 el 30% de la población estaba en esa situación.

Dicho claramente, a medida que los años avanzan, cada vez se incorporan más calorías a través de las bebidas… sea el que sea el origen último de estas.

Además de este, otros estudios ponen el acento en otro tema muy relacionado, como es el de las asociaciones entre los que se bebe y se come. Así, el estudio U.S. adults and child snacking patterns among sugar-sweetened beverage drinkers and non-drinkers (Patrones de consumo de aperitivos en estadounidenses adultos y niños en base al consumo de bebidas azucaradas y no azucaradas) concluye de forma bastante convincente que:

Tanto los adultos como los niños que consumen bebidas azucaradas tienen más probabilidades de picotear y consumir más calorías a partir de los “aperitivos” que los no bebedores de bebidas azucaradas […]

Y es que, tal y como señala esta otra publicación y en relación a la población estadounidense de menor edad:

Existe una superposición redundante entre las principales fuentes de energía y de calorías vacías: refrescos, postres elaborados principalmente con harina, pizza y leche entera. El catálogo de opciones disponibles para los niños y adolescentes debe cambiar con el fin de aportar menos alimentos poco saludables y más alimentos saludables con menos energía. […] La reformulación de productos por sí sola no es suficiente, el flujo de calorías vacías en el suministro de alimentos debe reducirse.

La situación en España

Por estos lares andamos bastante parecido, nada extraño, ya que las diferencias al respecto de estas cuestiones en los países occidentales tienden a ser cada vez menores cuando no a desaparecer. Según el estudio Fluid intake from beverages in Spanish adults; cross-sectional study (Ingesta de líquidos a partir de bebidas en adultos españoles; estudio transversal) se concluye que:

La mitad de la población estudiada no cumple las recomendaciones de la EFSA para la ingesta de fluidos. El agua embotellada o del grifo es la principal bebida consumida. Existen diferencias en el consumo de bebidas en relación a la edad y género. Una cuarta parte de la población estudiada consume un exceso de azúcar procedente de las bebidas.

Si el estudio anterior hacía referencia a la población española adulta, en cuanto a los niños y adolescentes podemos consultar este otro estudio Fluid intake in Spanish children and adolescents; a cross-sectional study (Ingesta de líquidos a partir de bebidas en niños y adolescentes españoles; estudio transversal) que concluye que:

La gran mayoría de nuestra población no cumplió con las recomendaciones de la EFSA sobre la ingesta total de agua. Por ello, se debería promover un aumento en el consumo de agua en niños y adolescentes, para poder satisfacer las necesidades de líquidos sin aumentar la ingesta calórica.

En resumen

BebidasBebemos poca agua y bebemos mucho de lo que no es agua y que además no es generalmente beneficioso a la luz de las implicaciones que este comportamiento tiene en materia de Salud Pública.

Dada la elocuencia de los datos opino que si estuviera en mis manos la realización de unas guías dietéticas el mensaje en la promoción del consumo de agua, y solo agua, habría de ser tan importante o más que cualquier otra indicación. Por tanto, y aun sabiendo que hay muchas otras formas de hidratación compatibles con un patrón de alimentación equilibrado, no haría mención alguna hacia el consumo de cualquier otra bebida como tal, del tipo infusiones, cafés, refrescos (aun sin calorías), zumos de frutas y demás. Nada de nada de estas cosas en las recomendaciones y, si de poner mucha letra se tratara, invitaría a limitar su consumo más que fomentarlo. En cuanto al tema de sopas, cremas (frías o calientes) y purés los considero comida, más que bebida y es que ¿acaso no se suelen utilizar cubiertos en su consumo? Así pues, eso, cada uno de esos platos, aun servidos en tazas o boles, entrarán dentro de las recomendaciones de esos otros grupos de alimentos en función del ingrediente principal al que pertenezcan, pero no serán considerados bebidas.

En pocas palabras: para beber, como norma general: agua. En letras grandes y nunca de forma marginal.

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Imagen:  Danilo Rizzuti,  tiverylucky

¿Indulto para el colesterol en las nuevas recomendaciones dietéticas americanas?

CholesterolTomo el relevo de mi buen vecino Javier Yanes (@yanes68) cuando el otro día en su blog ponía en alza el golpe de timón que se está llevando a cabo en el mundo de la nutrición y de las recomendaciones dietéticas. Este cambio, ya conocido por otra parte, consiste en señalar con el dedo acusador de todos los males dietéticos a los azúcares y fuentes alimentarias con hidratos de carbono simples; a la par que indultar de la pena impuesta durante más de 40 años a las grasas saturadas. Te lo contaba el bueno de Javier en este post que te recomiendo vivamente consultar.

Digo que tomo el relevo por que además de a las grasas saturadas, tal y como te contaba yo también en este otro post, al que parece que le ha venido Dios a ver es al manido colesterol. Y es que, tal y como reza el título de hoy, por fin las autoridades sanitarias norteamericanas están a punto de redimir a este elemento dietético tras 40 largos años de dura, durísima, condena. De esta forma, parece bastante probable que en las próximas guías dietéticas no se haga mayor referencia al peligro que implica incorporar una determinada cantidad de colesterol a partir de los alimentos. En un país formal como los EEUU que revisan las guías dietéticas cada cinco años, no como en otros (y de verdad que ahora no sé donde mirar para no mirar a “nadie”) resulta que desde la década de los años 70 se incluía una recomendación referente a no incorporar con los alimentos más de 300mg de colesterol al día. Tal es así que las actuales guías dietéticas formuladas en 2010 la incluyen… algo que como digo parece que va a cambiar.

Trailer sobre la peli del colesterol

Por resumirte mucho, muchísimo la película, el juicio sumarísimo y condena directa de la que ha sido objeto el colesterol deriva, con sentencia firme, desde 1961 cuando basándose en los informes de la American Heart Association (AHA) el gobierno de los EEUU proscribió el consumo de cualquier alimento susceptible de aportar una cantidad mínimamente significativa de colesterol… entre ellos el huevo, alimento que recientemente también fue indultado, tal y como te comenté en este artículo. En aquel entonces las pruebas en contra de ambos imputados, las grasas saturadas y el colesterol, parecían concluyentes: a mayor grasa saturada y colesterol mayor riesgo de enfermedad cardiovascular.

Colesterol 2

Sin embargo, en la actualidad parece que nuevas pruebas se suman a un caso que parecía más que cerrado para aportar una perspectiva diferente de aquel proceso en el que tan mal parados salieron los imputados. Así, y aunque la cosa viene de más atrás, los mismos fiscales que los inculparon en su día (el American College of Cardiology y la American Heart Association) plantearon en 2013 y en base a nuevas evidencias que no había razón alguna al respecto de dirigir a la población general las advertencias que sobre el colesterol en los alimentos se habían venido realizando en las últimas cuatro décadas. Tal es así que a día de hoy la actual guía para reducir el riesgo cardiovascular publicada por la AHA, no hace alusión alguna a alimentos ricos en colesterol. En su lugar y en referencia a la dieta, lo único que recomienda y en positivo, es incorporar importantes cantidades de verduras, frutas y hortalizas. Nada al respecto de, en negativo, “evite comer esto o lo otro” por su cantidad de colesterol.

Sin embargo, esta medida posiblemente plasmada en las próximas guías dietéticas norteamericanas no es del gusto de todos los investigadores. Aunque a muchos de ellos les parece una medida razonable (la de desterrar un límite máximo de ingesta diaria de colesterol) entre ellos Walter Willett, presidente del departamento de nutrición de la Escuela de Salud Pública de Harvard; hay otros que expresan sus reticencias en base, principalmente, a lo mucho que a la ciencia le queda por conocer sobre el metabolismo del colesterol. Entre esas cuestiones que hoy se ponen encima de la mesa están las ya casi omnipresentes en nuestra época nutrigenética y nutrigenómica, ya que al parecer hay un importante porcentaje de población que es más vulnerable que el resto a dietas ricas en colesterol.

En resumen

Para desquicie de buena parte de la población, así como de esa industria alimentaria que ahora va a ver como la alegación “sin colesterol” va a tener menos relevancia que el horóscopo, estamos ante un cambio de considerable magnitud en relación a una de las más importantes directrices dietéticas del último medio siglo. Y conste que no me extraña ese desquicie cuando los cambios son tan drásticos. Así, pienso que sería bueno que en aras de una mayor confianza en la ciencia por parte de la población, este tipo de giros se dieran de forma algo más paulatina en vez de en forma de figurados volantazos que pueden hacer pensar que no haya nadie al mando.

En cualquier caso, lo que hay que tener claro es que los cambios en el terreno de la ciencia, de la buena ciencia, no son solo normales sino que además han de ser deseados. Quizá la lectura del artículo sobre “la maleta de Asimov (o por qué lo que ayer era bueno hoy es malo y viceversa)” ayude mejor a comprender lo que quiero decir.

Entradas relacionadas:

¿Qué haces tú por tu colesterol?

Grasas saturadas: de villanas a heroínas, crónica de la última gran revolución dietética

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Nota: quiero agradecer a Alfonso Triguero la aportación de material

Imagen: ChemNerd vía Wikimedia Commons y Stuart Miles vía freedigitalphotos.net

A poco escrupuloso que seas no leas este post (va en serio)

Segunda oportunidad, repito: si eres algo escrupuloso, aprensivo, tiquismiquis o “mirado” con las cosas del comer, te sugiero de verdad que abandones en este punto la lectura de este post. Si sirve para convencerte te diré que yo lo estoy escribiendo de mala gana… ¿y porqué lo hago? te preguntarás, pues porque al parecer es noticia, una desagradable y, desde mi punto de vista, asquerosa noticia. No digas que no te he avisado.

Bueno, en realidad son dos noticias que rivalizan (y de ahí su nexo) en lo más guarro. Para ir poniéndote en antecedentes (y por aquello de dar tiempo a quien quiera, de verdad, de dejar de leer) además de ir calentando el tema poco a poco, quiero traer a colación este otro post en el que se explicaba la razón de que el queso huela a pies… y viceversa. Razones aparte el caso es que tal y como te contaba en aquel post hay quien ha jugueteado con la cuestión y ha creado sus propios quesos utilizando para ello, como los imprescindibles microrganismos fermentadores, las bacterias de sus pies. Una propuesta, científico-curioso-artística sin mayores pretensiones en este caso que la mera divulgación. Pero las noticias que traigo, van más allá, y así lo hacen porque sus fines son otros y porque además hay un salto cualitativo, una escalada en el nivel del Sistema Internacional de medición de las guarradas. Me refiero… allá va, a la placentofagia y a la elaboración de “yogures vaginales”. Ale… ya lo he dicho. Vayamos por partes.

La placentofagia

placenta

Sí, es lo que su nombre sugiere, y si te he de ser sincero, conozco esta porquería de práctica desde hace bastantes años. Pero me resistía a sacarla en el blog por aquello de que estaba claramente enmarcado en lo más extravagante, pero ahora va y se hace noticia con la polémica de las “doulas” en los paritorios. Anteriormente había oído de ella cosas como muy extrañas y gores… como que Tom Cruise era adicto a esta terapia en especial por las absurdas propiedades antienvejecimiento de esta cosa… de este órgano efímero una vez que es expulsado tras el parto. Y luego que si la cienciología para arriba, la cienciología para abajo y todo ese tipo de martingalas sin, quiero pensar, fundamento. Pues eso, lo que te digo, y es que para más inri, si te va la marcha, te sugiero que en google pongas “placentofagia” y veas la cantidad de resultados (a mí hoy me salen más de 10.000, y en inglés, placentophagy, más de 26.000). En ellas encontrarás las más inverosímiles propuestas y explicaciones sobre los beneficios de poner en práctica esta… esta cosa.

Pero nada como llegarse hasta esta página en la que además de la práctica de encapsular la placenta para administrársela en cómodas dosis y liofilizarla y demás… te ofrecen ideas de recetas para comerla en plan “plato”… siempre poco hecho, como los buenos chuletones… o menos aun ya que de otra forma su excesivo calentamiento redundará en la inadmisible pérdida de nutrientes de tan codiciada… cosa. Si decides encapsularla, la misma página te ofrece un procedimiento detallado para hacerlo con garantías y te hace saber que una placenta media da como para 170 a 230 cápsulas.

No pienso entrar en los contrastados beneficios de seguir esta práctica porque un buen compañero, Julio Basulto (@JulioBasulto_DN), ya abordó el tema hace tiempo de forma detallada en este post con todas las bendiciones de estudios y demás. No obstante, te lo resumo: no hay evidencias de los presuntos beneficios que normalmente se cacarean sobre la placentofagia (cruda, cocinada o encapsulada, porque de todo hay) y además, puede ser una práctica peligrosa a causa de las infecciones que puede ocasionar.

“Yogures vaginales”

YogurSeguimos para bingo. Este tema tampoco engaña en su planteamiento, se trata de leche fermentada con las bacterias propias del hábitat de la vagina. Suene como suene, es preciso ponerse estrictos y reconocer que de ninguna forma puede llamarse a este producto fermentado “yogur”. La razón, es que este producto solo obtiene tal denominación cuando se ha fermentado la leche con dos bacterias concretas Lactobacillus delbrueckii subsp. bulgaricus y Streptococcus thermophilus (por eso, en un Actimel, por ejemplo, otra leche fermentada, no verás la palabra yogur por ningún lado, por que la bacteria fermentadora en su caso es otra).

Bueno, pero a lo que íbamos, resulta que a una buena señora, Cecilia Westbrook, una doctora de la Universidad de Wisconsin, se le ha ocurrido realizar esta porquería con sus propias bacterias de ahí, a modo de réplica al libro Natural Harvest (“Cosecha natural”) en la que su autor propone una serie de recetas cuyo ingrediente estrella es el semen (ya te lo avisé, he procurado ir de menos a más). Pues si ellos pueden hacer guarradas con sus cosas, nosotras también, fue lo que debió pensar. Bravo por Cecilia… doctores tiene la iglesia.

Al parecer, y según esta fuente, después de realizar la receta de forma casera (¿habría otra forma?) y comérsela… y repetir (se comió su cosa con zarzamoras) Cecilia recibió una regañina de su universidad, no le avaló el proyecto y le advirtió que había sido una mala idea la suya, ya que las bacterias del ecosistema vaginal son beneficiosas allí y solo allí hasta cierto punto… y que podía haber pillado una toxinfección de no te menees. Si te van los detalles ad hoc, te diré que Cecilia es psicóloga especializada en desórdenes del comportamiento. Para hacérselo mirar.

En fin, llegados hasta aquí y alcanzado esta cota, te puedo asegurar que en los próximos post de este blog jamás se alcanzará el nivel de guarrería del de hoy. Espero.

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Nota 1: Los comentarios jocosos son bienvenidos, pero de veras lo soez no es divertido. Cuidaros.

Nota 2: mi agradecimiento por la información aportada una vez más a Ana I. Gutiérrez (@Fasmida) y a José Joaquín López (@SimplementeJJ)

Imágenes: Placenta humana de Sarindam7 vía en.wikipedia y yogur de ciruela de joephotostudio vía freedigitalphotos.net

 

Si yo hiciera unas guías de alimentación saludable… (4): cosas con proteínas

Anteriormente, en esta serie de post:

Si yo hiciera unas guías de alimentación saludable… (1): Frutas y verduras

Si yo hiciera unas guías de alimentación saludable… (2): cereales

Si yo hiciera unas guías de alimentación saludable… (3): lácteos

Siguiendo con los “grandes grupos de alimentos” dentro de esta saga hoy abordaré varias categorías de alimentos (“grupos” si se prefiere) que reúnen una característica nutricional a modo de denominador común: se trata de alimentos o grupos de alimentos ricos en proteínas o que de alguna forma son considerados una buena fuente dietética de este macronutriente o principio inmediato.

Proteínas

En este punto la cosa se complica un poco. Hasta ahora ninguno de los grupos abordados en anteriores capítulos debían, en general, su inclusión en las guías alimentarias a su aporte de proteínas. Si acaso los lácteos, cuya principal virtud para aparecer de forma destacada en algunas guías se justifica principalmente por su riqueza en calcio (y creo que ya quedó claro este punto). Y si bien es cierto que la leche aporta cierta cantidad de proteínas, esa cifra no es como para tirar cohetes precisamente (100 gramos de leche aportan sobre los 3 a 3,5 gramos de proteína) aunque, también hay que reconocerlo, en el caso de los quesos este aporte podría ser considerable. Sin embargo, también es cierto, que en el caso de los niños el aporte de proteínas en su dieta a partir de los lácteos es un elemento a considerar tal y como señaló en su día el estudio EnKid.

Así, los grupos de los que trataré hoy son considerados buena fuente dietética de proteínas: las carnes, los pescados, los huevos, las legumbres y los frutos secos. Sí, ya sé que lo más probable es que haya quien discrepe, por eso hagamos algunas aclaraciones.

Proteína de alto vs bajo valor biológico

Además de la cantidad de proteína que un alimento sea susceptible de proporcionar está la cuestión de su “calidad”. Así, es frecuente referirse a fuentes dietéticas con proteínas de alto valor biológico para mencionar aquellos alimentos que aportan en esas proteínas una cantidad relevante de los denominados como aminoácidos esenciales (“esenciales” porque son aquellos que no podemos sintetizar y cuya incorporación ha de hacerse de forma obligatoria a partir de los alimentos). En sentido contrario las proteínas de bajo valor biológico son aquellas que propias de aquellos alimentos con una escasa presencia de alguno de esos aminoácidos que hemos catalogado de esenciales.

En líneas muy generales y salvo excepciones de libro, se considera que los alimentos de origen animal presentan, todos, proteínas de alto valor biológico y que los de origen vegetal aportan solo y con independencia de su cantidad proteínas de bajo valor biológico. Por aquello de aclarar una de las preguntas más frecuentes en este terreno… sí, es posible seguir una alimentación vegetariana estricta (o vegana) gracias a la adecuada combinación de fuentes alimentarias vegetales; afortunadamente los aminoácidos esenciales escasos en alimentos con un determinado origen vegetal, están presentes en otros alimentos con otro origen también vegetal. Usando el ejemplo clásico: lo que les falta a los cereales en términos de aminoácidos lo tienen las legumbres y viceversa. Por tanto, el déficit de aminoácidos esenciales no debería constituir problema alguno dentro de un patrón vegetariano bien estructurado.

Es más, a este tenor y a pesar de lo que sé que me expongo con este comentario, en nuestro entorno, sin carencias energéticas evidentes, no hay pruebas de que sea necesario una combinación consciente de aminoácidos entre la población vegana.

El tema del primero y segundo (carne) como ¿axioma universal?

Además del tema de la naturaleza de las proteínas está, la cuestión de que en nuestro medio, al parecer resulta impensable imaginarse alguna de las comidas principales (comida y cena) sin la presencia de un segundo plato en forma de, principalmente, carne o los derivados de esta en cualquier receta. Y lo cierto es que no es necesario hacerlo así. Digo que no es necesaria tanta carne, todos los días, y al menos dos veces por día.

Además, este patrón de consumo de alimentos se traduce, como no podría ser de otra forma, en un exceso de proteínas de origen animal, muchas veces concretado en un exceso de carnes grasas y embutidos tal y como señala el Libro Blanco de la Nutrición en España en base a las estadísticas más recientes. Así, según esas encuestas y tal y como te comenté en esta entrada la ingesta observada de proteína en España en hombres es de 109 g/día y en mujeres de 88 g/día. En ambos casos estos valores son muy superiores a las Ingestas Dietéticas de Referencia para la población española, establecidas en 54 g/día y 41 g/día respectivamente (Moreiras et al., 2011) y a las establecidas por la Autoridad Europea de Seguridad Alimentaria.

A este aporte de proteínas contribuyen de forma relativa y de media los siguientes grupos de alimentos: Cárnicos y derivados 31%; Pescados, moluscos, crustáceos y derivados 27%; y ya bastante por debajo, Huevos y derivados 11%; Lácteos y derivados 10% y Legumbres, semillas, frutos secos y derivados 6%.

Dicho de otra forma, en mi opinión consumimos demasiados productos cárnicos (en general sin entrar de momento en más detalles) y dejamos de lado otras interesantes fuentes de proteína que tienen muchas menos dudas al respecto del incremento del riesgo sobre determinadas enfermedades metabólicas, es decir que a priori se postulan como más saludables y que al mismo tiempo, además, son más económicas.

En resumen sobre las “cosas con proteínas”

Si de mí dependiera haría un especial hincapié en fomentar el consumo de aquellos grupos más penalizados en el actual patrón de consumo, en concreto: legumbres, huevos, semillas y frutos secos, al tiempo que desplazaría el uso de los productos cárnicos en general, muy en especial aquellos más grasos, los definidos como “carne roja” y los procesados. Y lo haría, no por mejorar el balance de cuentas de los sectores alimentarios más desfavorecidos en la actualidad, sino porque opino que con un patrón de consumo de alimentos más diversificado en cuestiones proteicas como el que indico se incidiría de forma positiva en los factores de riesgo de varias patologías metabólicas.

Sobre el consumo de pescados mantendría las actuales recomendaciones ya que, además de las proteínas que pueda aportar al pescado, le adornan otras interesantes características nutricionales en especial aquellas referidas a su perfil lipídico.

Nos vemos la semana que viene con más temas sobre esta cuestión de las guías.

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Imagen: sritangphoto, amenic181, Maggie Smith, Stoonn vía freedigitalphotos.net

Tres cosas que estoy seguro mis hijas harán de mayores a la hora de comer

Gambas curry_ensalada

Bueno… seguro, lo que se dice seguro 100 % no lo estoy, ahora bien, sé que las probabilidades de que así lo hagan son bastante altas. No me entretengo, te las cuento y luego me explico:

1º Incorporarán de alguna forma una ración de alimentos vegetales en todas las comidas principales.

Tomarán fruta de postre.

No se “jartarán” de nada, incluso de aquello que más les gusta.

Mi mujer y yo tenemos la suerte de poder tener a nuestras hijas en todas las comidas principales del día. Suerte digo, por la oportunidad que tenemos de poder transmitirles, sin decir nada especialmente, solo “haciendo”, una serie de conductas alimentarias que consideramos las más adecuadas y por tanto las mejores para ellas… y la suerte también de poder disfrutar de ellas, de su compañía. Desayunamos con ellas y también comemos y cenamos… en realidad, salvo el almuerzo o la merienda, que las hacen en el colegio a lo largo de la semana laboral, todas las ingestas del día las hacen en casa. E incluso esos almuerzos y meriendas, aunque se consumen fuera, se hacen con alimentos o productos elaborados en casa… o sea, bocadillos en la mayor parte de las ocasiones.

Así, al respecto de los tres ítems mencionados, ellas saben, hasta el punto de echarlos en falta en las raras ocasiones que se cambia alguna de estas rutinas, y así nos lo hacen saber: ¿hoy no hay ensalada, ni verdura o guarnición vegetal? preguntan con extrañeza. Al mismo tiempo, no se cuestionan qué hay de postre sino que preguntan directamente qué fruta se va a tomar de postre. Es decir, estas cuestiones las tienen absolutamente interiorizadas… y lo que es mejor, las asumen con agrado más que como una obligación.

Carolina Naranja (480x640)Cada una, no sé hasta que punto es lógico o no, tienen sus propios gustos y apetencias, y además de una forma bastante marcada (te lo conté en esta entrada hace un par años, y el paso del tiempo no ha hecho sino remarcar esas diferencias). Carolina, la pequeña (6), y por citar solo unos pocos ejemplos, prefiere las naranjas, el pescado, el apio y en general los sabores exóticos. Por su parte Adriana (10) le encantan las manzanas, la carne en su más amplia definición, el tomate y los platos y sabores más tradicionales. La primera, creo, come más con sus papilas gustativas, y la segunda con lo ojos.

El caso, es que estas pequeñas-grandes diferencias nos importan y nos afectan bastante poco en la rutina diaria. Se soluciona con una oferta relativamente variada que unas veces, está claro, satisface más a una y otras a otra. Unas veces, va por días o temporadas, cada una de ellas tiene más hambre o apetito… y otras menos. Comen la cantidad que les apetece, ni más ni menos; rebañan o no el plato, según les apetezca. Pero lo que desde luego sí que me llama la atención es lo ¿perfectamente? que regulan su pulsión por comer incluso en aquellas ocasiones que encima del plato tienen el más codiciado de los manjares. Digamos que en el caso de Adriana, la mayor, ese plato podría ser cordero al horno, y en el caso de Carolina merluza a la romana. Pues bien, sea lo que sea que a cada una de ellas más les prive (y te aseguro que es algo que cualquiera de las dos manifiesta de forma bastante elocuente), paran de comer cuando… ¿consideran que ya han comido suficiente… o cuando están llenas? Pongo entre interrogantes ambas posibilidades porque la primera se me antoja demasiado reflexiva para su edad; y la segunda porque viendo lo que comen, tampoco creo que sea porque están “hartas”. No sé, no he llegado a comprender bien porqué dejan de comer ante los platos que más les gustan.

Sea como fuere, si faltan unos trigueros, unos pimientos, una ensalada… o lo que sea vegetal, máxime si de primero no ha habido acelgas, brócoli, alcachofas… nos lo van a recordar. Como también sabemos que, en virtud de sus distintos gustos, cierta polémica está servida cuando llega el momento del postre… ahí deciden ellas, teniendo que ponerse de acuerdo qué fruta van a comer, siempre de entre las de temporada, eso fijo.

Hueso de la suerte

Te cuento todo esto porque a pesar que las vivencias personales tienen muy poco peso a la hora de recomendar patrones de conducta a la población general, estas, las mías, las nuestras coinciden al 100% con las conclusiones de algunos estudios que, en relación a educar en materia de alimentación a los hijos, concluyen que tiene mucho mayor peso el modelo que ofrecen los padres que todos aquellos esfuerzos que de palabra, con presiones, chantajes, negociaciones, amenazas, premios y castigos estos tratan de condicionar los patrones de alimentación de sus hijos. Por ejemplo:

Influencia de las actitudes parentales en el comportamiento alimentario de los hijos

El ejemplo positivo de los padres podría ser el mejor método para mejorar la alimentación de los niños, antes que aquellos intentos por “controlar” su dieta.

Influencia familiar sobre la conducta alimentaria y su relación con la obesidad infantil

Existen evidencias que indican que el patrón de conducta alimentaria familiar tiene un papel relevante en el comportamiento de alimentación del niño.

“Solo tres bocados más”: análisis observacional de la socialización parental durante la comida de los hijos

El deber de los padres consiste en proporcionar a sus hijos un catálogo de alimentos nutritivos; y son los niños, no los padres, los que deben decidir qué y cuánto de esos alimentos comer.

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Foto 1: Gambas con curry y ensalada en casa.

Foto2: Carolina disfrutando como una loca de sus naranjas.

Foto 3: Adriana y Carolina con el “hueso de la suerte” tras comer pollo asado.

 

El Tratado de Libre Comercio entre la UE y los EEUU (TTIP) y los alimentos

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Hoy me meto en jardín ajeno y sinceramente no sé como saldré de él. Quiero decir que hoy pretendo acercar hasta el blog un tema que desde luego sobrepasa las cuestiones estrictamente nutricionales, dietéticas o de seguridad alimentaria. Por lo menos las más técnicas. Pero que de un modo u otro las afecta de forma importante… tanto desde una perspectiva profesional como, sin duda alguna, personal; y por consiguiente, al menos en este último sentido, también te afectan a ti en la misma medida que a mí.

Me quiero referir a lo que se conoce como el Tratado de Libre Comercio entre la Unión Europea y Estados Unidos, (Transatlantic Trade and Investment Partnership, abreviado como TTIP) aunque la verdad sea dicha… conocerse, lo que dice conocerse, se conoce bastante poco.

Si tú eres de los que, como yo, se desayunó hace poco con la existencia de este Tratado te pongo al día brevemente de lo que buenamente he podido llegar saber. Aquí tienes la escasa información oficial que brinda la propia Comisión Europea desde su web. Es decir, informan de los avances en anteriores rondas de negociación pero no informan demasiado de su naturaleza y fines. Así pues me lanzo a la piscina y te lo explico yo.

En general este tratado (TTIP) pretende con sus negociaciones progresar en el libre comercio e inversiones entre la Unión Europea (UE) y los Estados Unidos (EEUU). En esas negociaciones las cuestiones alimentarias no son ni mucho menos el único de los temas a tratar pero sí, uno de los que más implicaciones tiene habida cuenta de las más que notables diferencias existentes en estas materias entre la UE y los EEUU.

Así dicho la verdad no suena nada de mal, es más, para los que somos lectores habituales de ciencia ficción el tema del libre comercio, por ejemplo de alimentos, en un planeta Tierra único sin mayores diferencias geopolíticas es algo observado como natural. Pero el caso es que no estamos hablando de ciencia ficción y quizá aun falta demasiado para ese utópico futuro. O al menos las actuales circunstancias hacen muy difícil imaginarse cómo se pueden salvar las diferencias abismales en cuestiones de producción, comercialización y etiquetado referidos a los alimentos entre ambas entidades.

Más en detalle, me refiero a que las normas… e incluso las políticas de la UE y los EEUU son diametralmente opuestas en estas cuestiones: el uso de pesticidas, de hormonas y antibióticos en la producción animal, la comercialización de alimentos irradiados, la de los transgénicos y el propio etiquetado de todas estas cuestiones son terriblemente diferentes entre Europa y Estados Unidos. Aquí se sigue una política mucho más garantista (en relación a proteger la salud de los ciudadanos) a partir del uso, en no importa que área de estas cuestiones del conocido como principio de precaución, a diferencia de en EEUU en donde su política al respecto de estas cuestiones es mucho más liberal. Para que se comprenda mejor, y entiéndase que es una frase hecha, en la UE no se permiten ni la mitad de la mitad de las cuestiones que en materia alimentaria se permiten en EEUU. Sin embargo, o precisamente por ello el TTIP pretende ser un cauce para limar esas diferencias y conseguir, de un modo u otro, que lo que se produce en un lado pueda ser comercializado sin mayores cortapisas en el otro y viceversa.

La cuestión no es baladí ya que en palabras de Justicia Alimentaria Global (VSF), uno de los sectores más críticos:

“el TTIP es una especie de tratado-ómnibus en el que viajan algunas de las normativas que más protegen a la ciudadanía y al medio ambiente y el destino de ese ómnibus es el desguace”

A este tenor, te sugiero muy encarecidamente que leas este extenso escrito de esta organización en el que concreta muchas de las cuestiones en juego ya comentadas.

Lo peor del asunto, lo más turbio… lo más conspiranoico si lo prefieres es que todo este tema parece estar orquestado, principalmente, por las grandes corporaciones alimentarias. Hasta el punto que ni siquiera los miembros del Parlamento Europeo pueden acceder a los borradores de las negociaciones… y de las organizaciones sociales o de la prensa ya mejor ni hablamos. Sin embargo, los que sí están muy bien enterados y forman parte de esas negociaciones son al parecer las organizaciones que representan a los intereses de las corporaciones que, ya desde el año 2012, están intercambiando información con los equipos negociadores sobre los temas clave del tratado. Un hecho que contraviene, por ejemplo y a modo de muestra el Convenio de Aarhus, un Convenio promovido por Naciones Unidas y firmado por la UE (no por los EEUU) que la compromete a garantizar el acceso a la información, a la participación y, si fuera necesario, a la justica ambiental.

Qué pequeños somos, que poco contamos y cuán alargada es la sombra del dinero. Yo lo dejo aquí… te lo dejo aquí, mejor dicho, para que saques tus propias conclusiones.

(En el vídeo se pueden seleccionar los subtítulos en español)

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Nota: quiero agradecer a @InfoHosteleria (habitual en los comentarios de este blog) el haberme puesto al corriente de este tema vía twitter.

Imagen: Ssolbergj vía Wikimedia Commons

San Valentín dietético y erótico: ‘Cómo adelgazar follando’ (libro)

P89669A.jpgQueridos y enamoradizos lectores… qué mejor forma de celebrar el cercano San Valentín que con un poco de información al respecto de dos de los grandes motores de nuestra existencia: adelgazar y sexo.

No es la primera vez que se trata este tema en el blog; en una primera ocasión y aunque el tema se preste a guasa, se hizo desde una perspectiva –más o menos- seria (¿Cuántas calorías se gastan en las relaciones sexuales?) me imagino que de gran utilidad para quienes, como sugerí, en algún momento o de forma habitual se aplican a estas retozonas actividades cronómetro en mano y con un pulsómetro enganchado al pecho.

Bueno, pero hoy la cosa va de humor. Sin tonterías, solo humor. Lo digo porque se trata de presentaros y comentar brevemente un libro que se titula tal cual “Cómo adelgazar follando” el que en su portada a modo de subtítulos dice. “Toda la verdad sobre la comida y el sexo. Polvos mágicos para siluetas de sílfide” de Richard Smith. Es preciso prevenir a los futuros lectores que no se trata de un libro precisamente inédito, la obra es de 1978. También hay que advertir que la versión traducida al castellano ha optado por la elocuencia en el título ya que el original es The dieter’s guide to weight loss during sex (en sentido estricto “Guía para los que están a dieta con el fin de perder peso durante la práctica sexual”)

En realidad se trata de una obra con muchas pretensiones de ser divertida que en realidad tiene muchos altibajos en este propósito. Hay que entender la época de su publicación cuando se contrasta que todo el libro consiste en una relación, absolutamente inventada por el autor, sobre las calorías que contienen determinados alimentos (más o menos típicos en un encuentro amoroso) pero más en concreto las que se gastan en ciertas actividades también más o menos relacionadas con ambos temas: sexo y adelgazamiento. Y es que, aunque eso de contar las calorías viene de muy, muy lejos, cuando de verdad se vivió el despegar de esta práctica (y que dura hasta nuestros días con muy poca merma en la devoción) fue allá por los años 70 o hacia principios de los 80.

Así pues, Richard Smith hace una extensa y humorística recopilación de las calorías de unas y otras cuestiones dando casi siempre una alternativa para que el lector que quiera adelgazar (se supone que este es el tipo de lector objetivo) pueda optar por una u otra circunstancia con el fin de quemar unas calorías de más en el contexto amoroso. Como no solo se centra en el acto amoroso en sí, sino que también aborda todos los prolegómenos y circunstancias que nos preocupan a la hora encontrar pareja, gustarle, ser físicamente atractivo, etcétera propone por ejemplo hacer un poco de ejercicio con el fin de alcanzar un mejor estado de forma, para ello informa que:

Realizar cinco abdominales implica un gasto energético de 10 kcal. Sin embargo, si se quiere optimizar este tipo de ejercicio se propone realizar solo 3 abdominales invertidos con las que se quemarían 563 kcal. Aclara que el ejercicio de “abdominales invertidos” se realiza igual que el tradicional pero tendido en el suelo boca abajo.

El aseo personal también es importante a la hora de mantener relaciones y las acciones que se pongan en práctica también queman calorías, un ejemplo de lo práctico del libro es el siguiente:

Secarse el pelo con toalla (vigorosamente) supone un gasto de 9 kcal, si se hace con secador, solo 3 kcal… pero si se hace soplando se gastan 348 kcal (dato importante si se quiere perder peso).

El poner a la pareja “en situación” y crear un ambiente más o menos embriagador es al mismo tiempo una actividad que puede hacer variar mucho el gasto calórico y, por lo tanto, que condicionar el adelgazamiento. Por ejemplo:

Puede ser interesante seducir a la pareja tocando alguna pieza musical con un instrumento y para ello aclara que tocar un tema con la guitarra consume 0,25 kcal. y que hacerlo con la trompeta 26 kcal. La parte verdaderamente interesante viene cuando aporta el dato que tocar el mismo tema con la trompeta, sin boquilla, y consiguiendo que suene igual gasta 320 kcal.

Un dato que me llamó la atención es el referido a una actividad que no suele figurar en las tablas: convencer a tu pareja de que no es solo atracción física lo que sientes, consume 70 kcal (creo que si hay que dar este tipo de explicaciones el autor se queda bastante corto en el gasto calórico)

El estatus económico también puede ser de gran ayuda para gastar calorías y por ende adelgazar:

Seducir a una pareja siendo rico gasta 5 kcal, sin embargo si se es pobre consume 164 kcal.

Quitarse la ropa también es una actividad mensurable que varía de forma importante de una u otra forma. Por ejemplo:

Desnudar a la pareja con su consentimiento, consume 12 kcal… y si no se deja 187 kcal.

Quitarse los calcetines uno mismo por el procedimiento tradicional gasta ½ kcal, sin embargo si pretende hacerlo sacudiendo violentamente los pies 418 kcal. (el autor adelanta que no siempre se consigue, pero que es una actividad esencial entre quienes más urgencia tienen en perder peso)

También se aportan buenas ideas para los fetichistas. Por ejemplo:

Chupar los dedos de los pies consume 12 kcal… pero 49 si se hace con los zapatos puestos.

Llega el momento de la acción… y para aquellos que usen preservativo… pero que al mismo tiempo quieran adelgazar han de saber qué:

Ponerse un preservativo consume 1,25 kcal, pero se alcanzan las 300 kcal si se trata de poner sin erección.

El hecho concreto de la penetración consume cerca de 0,25 kcal si la mujer está ya preparada, pero 274 kcal si el hombre no lo está.

Interesante como pocos son los datos referidos al orgasmo. Si este es real se consumen 27 kcal, pero si es fingido y convincente 167 kcal. (Si lo que se pretende es adelgazar… yo me pensaría muy bien que tipo de orgasmos tener)

Interesante como pocas es la actividad que se propone en aras del adelgazamiento, en este caso para después de la fiesta, una actividad que también implica gasto calórico es la de, por ejemplo, arropar en la cama a la pareja… eso gasta unas 2 kcal. Ahora bien, el arroparse mutuamente se calcula que puede gastar 547 kcal… el autor da cuenta de una pareja que se metió y salió de la cama 137 veces antes de darse cuenta de que era imposible.

Y así cerca de 170 páginas que reúnen infinidad de supuestos (y datos) absurdos pero divertidos referentes al sexo en grupo, la masturbación, el día después, etcétera. Como te decía una patochada sin más pretensión que la de pasar un buen rato… incluso en pareja. Advierto, para evitar sorpresas: solo apto para los que gusten del llamado humor del absurdo.

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Nota: “Como adelgazar follando” Ed. DEBOLSILLO; ISBN: 9788497596695