Archivo de marzo, 2012

¿Fruta por castigo? No, gracias

30 marzo 2012

Todos los miércoles el colegio al que van mis hijas les proporciona a los escolares una ración de fruta.

Supongo que como dietista-nutricionista cualquier acción llevada a cabo en los colegios para mejorar los hábitos alimentarios de los más pequeños debiera parecerme una sana y deseable medida. Y de hecho, formulada así la cuestión, en plan aséptico, me parece una estupenda iniciativa.

Como padre, además, debiera agradarme y mostrar mi gratitud al respecto de que los colegios se preocuparan sobre estas cuestiones, máxime si es el mismo centro el que pone los medios para proporcionar un almuerzo saludable sin solicitar una derrama extra, como es el caso.

Pero la materialización de la iniciativa es lo que no me parece tan correcto, en especial teniendo en cuenta que en el poco tiempo que lleva en funcionamiento lo único que ha conseguido entre los alumnos es más discrepantes seguidores de la fruta que partidarios. Más que si no se hubiera tomado ninguna medida o más que si se hubiera llevado a la práctica de otra (mejor) forma.

A los papás se nos hizo llegar en su día el calendario de las frutas que les serían proporcionadas en miércoles consecutivos. Todo bien “sobre el papel”. En la frutal minuta hay mandarinas, peras y manzanas de distintas variedades, plátanos, cerezas y ciruelas (tomando en consideración la temporada) etc. El caso es que ya desde el primer día el “éxito” fue rotundo; a las mandarinas no había por donde hincarles el diente: secas, sosas y pellejudas… mi hija dijo que no  se la comió, y como ella la mayor parte de quienes las cogieron. No me extraña, en esas condiciones yo tampoco lo hubiera hecho. Llegó el día de la pera, “Conferencia” para más señas, aunque a juzgar por el grosor de su piel (se las dieron sin pelar) y el (no) grado de madurez podrían haber sido peras de la variedad “Sermón inaguantable”. La realidad: que la gran mayoría de las peras acabaron en las papeleras del patio y los niños y niñas con más hambre que el perro de un ciego y echando pestes del día de la fruta.

Y digo yo, ¿qué costaría que loables campañas para acercar el consumo de fruta a los más pequeños se hicieran de forma adecuada? Dinero, contestarán muchos; fruta de más calidad y personal para prepararla, diría yo (que al final, es lo mismo que dinero). Pues eso, que si quieres promocionar hábitos saludables, sean los que sean, y no te llega la infraestructura para conseguirlo en las mejores condiciones, se corre el riesgo de que el tiro te salga por la culata y, por tanto se alcancen objetivos (comportamientos) diametralmente contrarios al perseguido, en este caso, que la fruta tenga una mala imagen.

A ver, se trata de conseguir este tipo de reacciones:

 

Y no estas otras:

 

 

Vaya por delante que no me preocupa el caso concreto de mis hijas, ellas ya sabían, antes de que el colegio se preocupara sobre el tema, cómo saben las distintas frutas y cómo pueden utilizarse, por ejemplo, a la hora de llevarlas como almuerzo. Sí o sí, en casa se ofrece y se consumen no menos de dos raciones diarias de fruta (escogida en función de la temporada, su sabor y convenientemente preparada). Me dan pena todos esos otros niños que no lo sabían (muchos supongo, a tenor de que un colegio decida promocionar el consumo de fruta), los padres de ésos niños y, también el propio colegio que ha invertido una serie de recursos humanos y económicos en promocionar un buen hábito y que le único que ha formado, de momento, son frutales enemigos. Esperemos que también sean frugales enemigos.

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Foto: imcountingufoz

Huelga de hambre

29 marzo 2012

En tan señalado día, me ha parecido adecuado el relacionar la palabra que va a estar hoy en boca de todos, la huelga, con las cuestiones alimentarias y la mejor forma que se me ha ocurrido es comentando, aunque sea de forma somera, algunas de las implicaciones fisiológicas y metabólicas que implican el llevar a cabo una huelga de hambre.

Una huelga de hambre es, en general, la abstinencia voluntaria del consumo de alimentos que se lleva a cabo durante un tiempo concreto o con carácter indefinido, como medida de presión hacia quien puede conceder lo que se pide al tomar esta medida. Como es lógico las de carácter indefinido suelen acabar mal, con el fallecimiento del huelguista cuando no se accede a sus peticiones y/o no se le atiende en sus últimas fases.

¿Cuánto puede durar con vida una persona en huelga de hambre indefinida? La respuesta es muy variable ya que depende del estado inicial de cada individuo. En la literatura científica vienen documentados algunos casos de muerte por inanición tras seguir una huelga de hambre. Meyers AW, en 1917 documentó una víctima por huelga de hambre. En aquel caso un hombre perdió el 40% de su peso corporal inicial (75 kg) y murió tras 63 días de rechazar la alimentación, su peso al morir fue de tan sólo 36,4 kg, con un índice de masa corporal de 12,3 kg/m2. Por su parte, Elia M. en 1991 publicó un artículo en el que describía el fallecimiento de algunos prisioneros de Irlanda del Norte en 1981 en un lapso de tiempo de entre 57 y 73 días en huelga de hambre. Estos resultados concuerdan con la opinión general de que en los mamíferos de peso normal la muerte normalmente sobreviene cuando hay pérdidas del 40 al 50% del peso corporal inicial. De todos estos datos se desprende que en función de que el sujeto objeto de la huelga de hambre tenga más reservas energéticas en forma de tejido adiposo, (a medida que sea más obeso) se puede sobrevivir a ayunos por períodos de tiempo proporcionalmente más largos que los sujetos delgados o normopesados. En el artículo mencionado, Elia M., sugirió un tiempo de supervivencia de alrededor de 60-70 días para sujetos delgados y de en torno 200 a 300 días para personas obesas sometidas a ayuno estricto. En el caso de las mujeres, se podría hablar de cifras similares ya que un estudio de Thomson y colaboradores en 1966 puso en evidencia el caso de dos pacientes de sexo femenino con obesidad mórbida que soportaron un ayuno durante un máximo de 249 días durante los cuales descendió su peso un 30% del inicial (en este caso, es cierto, ya no se estaría hablando de huelga de hambre si no del tratamiento de la obesidad a partir del ayuno estricto).

Sea como fuere en el proceso de ayuno se distinguen tres fases de distinta duración a medida que avanza el tiempo. En resumen:

  • Las primeras 24 a 48 horas de ayuno constituyen la primera fase e implica un rápido consumo y práctica desaparición de las reservas de glucógeno almacenadas en los músculos y en el hígado. Resultado de esta situación, disminuye de forma importante la glucemia (glucosa en sangre) y se pierde una cantidad importante de líquidos (y por tanto de peso) debido a que las reservas de glucógeno mencionadas, al utilizarse, “liberan” una cantidad importante de agua que servía para mantener retenidas esas reservas. En esta fase, al principio la sensación de  hambre es intensa y va decreciendo a medida que se da paso a la segunda etapa.
  • En una segunda fase, el elemento principal del cual se obtiene energía son los ácidos grasos (almacenados en el tejido adiposo) que son transformados obteniendo más glucosa y, en esta situación, además, cuerpos cetónicos. La presencia en la sangre de estos “metabolitos” los cuerpos cetónicos, favorece la aparición de algunos síntomas como mal aliento, olor intenso (a acetona) de la orina, etc. señales inequívocas de la sobrecarga a la que se puede estar sometiendo determinados órganos, más en concreto los riñones y el hígado. En esta situación se tiene una cierta sensación de apetito, pero no es tan extrema como en la primera fase.
  • En una tercera fase, sobre el día 15, aunque esto depende en gran medida de la situación inicial y de las reservas de grasa, la masa muscular esquelética comienza a ser utilizada en gran medida como fuente de energía. Aumenta de forma importante la sensación de hambre y la sensación de fatiga y debilidad es extrema. Aumenta la concentración de proteína circulante en sangre y ya sólo depende del “aguante” del individuo que sobrevenga el desenlace fatal. La muerte en la mayor parte de los casos responde a fallo cardiaco, renal o falta de riego en el cerebro.

Todo lo dicho, se entiende, sin una especial restricción hídrica.

Por último, quiero hacer constar el importante legado en materia investigadora en este terreno de algunos científicos de renombre internacional en las décadas de los años 50 y 60 del pasado S. XX como es el caso del Dr. Ancel Keys (el “padre putativo” de la manida “dieta mediterránea” y de la que daremos cuenta en este blog) y del Dr. Francisco Grande Covián, sobre el que sobran las presentaciones.

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Foto 1: iuelviso

Foto 2: Pachinee Buathong

 

El sándwich incorruptible

28 marzo 2012

El caso es que el ejército estadounidense, diversificando en su dedicada investigación armamentística, ha dado con un sándwich que no caduca, bueno, o casi. La realidad es que ha conseguido envasar un emparedado de pollo -a la barbacoa- que tiene una caducidad de tres años. Este sándwich, y otros alimentos más sobre los que se está investigando, forman parte de lo que se denomina First Strike Ration (FSR) que viene a ser un pack de víveres que aporta a un soldado en misión táctica el sustento necesario para un día.

La historia, como suele suceder en estos casos, viene de bastante más atrás. En concreto, parece que se venía buscando algún tipo de solución práctica frente a las anteriores raciones en las que los soldados tenían que “preparar” mínimamente los alimentos o, al menos, habían de calentarlos o reconstituirlos con agua. De esta forma la FSR actual aporta las siguientes ventajas:

  • Los alimentos de la FSR no necesitan reconstituirse y se pueden consumir directamente sin la necesidad de usar cubiertos (vamos, como en cualquiera de las genuínas cadenas de hamburgueserías made in USA). En el caso de las bebidas, los geles energéticos pueden tomarse directamente o bien diluirse con agua.
  • Toda la ración FSR es en sí mucho más ligera (hasta un 50% menos de peso) que los packs de tres comidas utilizados hasta la fecha y su volumen menor.
  • En general, toda la FSR en su conjunto tiene una vida media útil de dos años a unos 27ᵒC y, por tanto, no necesita refrigeración para conservarse. No obstante, algunos elementos como el mencionado sándwich, tienen una fecha de caducidad de hasta tres años.
  • La FSR en su conjunto aporta unas 2.900 kcal/día. En mi opinión un valor energético bastante justito si se tiene en cuenta el desgaste de todo un día “complicado” en la vida de un soldado corriendo, saltando, pegando tiros (o recibiéndolos), con la tensión implícita, etc.

Este “milagro” gastronómico-militar se ha conseguido jugando con diversos parámetros físico-químicos (pH y actividad de agua) con el fin de que las bacterias, mohos y levaduras no consigan proliferar. Además, su elaboración es muy escrupulosa desde el punto de vista de la seguridad e higiene alimentaria y para garantizar su conservación están envasados en una atmósfera protectora.

Quienes lo han probado dicen que “sabe bien”. Habrá que ver el nivel gourmet de estos “expertos” catadores y habrá que considerar cuánto alejada o próxima está la expresión “sabe bien” de “está bueno que de cojones”. En verdad, antes de emitir ningún juicio a tenor de su palatabilidad, lo primero que habría que hacer es catarlo, aunque ya saben, que sobre esto de los gustos, se dice, que no hay nada escrito –aunque es falso, que se lo pregunten entre otros a Brillat-Savarin-

Lo que sí que me gustaría ver es la cara de uno de estos soldaditos a los que se les dice qué, por ejemplo, van a hacer un salto en paracaídas detrás de las líneas enemigas y que no se preocupe mucho porque le van a dar una serie de bocatas que duran enteritos tres años. Tiene que ser gibada la vida de estos tíos.

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Foto: U.S. Army Materiel Command

¿Es el Ser Humano el único que consume leche tras la lactancia?

27 marzo 2012

Recurrente, aburrido y simple como él solo es el dilema que se le plantea a mucha gente y que pretende defender que el consumo de leche por parte del Ser Humano más allá del periodo de lactancia es una circunstancia inusual, paradójica y, por todos estos calificativos (y muchos otros con los que este comportamiento se suele catalogar), también “aberrante”. El colmo de la “aberración” para los defensores de esta forma de comportarse contra natura es que, además, lo hagamos con la leche de otra especie.

Pues sí, somos los únicos, pero no, no es un comportamiento “aberrante”. En cualquier caso, estaría dispuesto a admitirlo, sólo si consideramos que también es aberrante que seamos los únicos que consumen, por ejemplo, pimientos rellenos de merluza, o alcachofas con jamón, paella de conejo, huevos (de gallina) rellenos de atún o cualquier otra receta que se quiera considerar. Porque, no me negarán que también en estos casos seamos los únicos en consumir estos “alimentos”.

En realidad resulta que no somos los únicos en consumirlos, pero sí que somos los únicos en poder prepararlos. La prueba: Guisen cualquiera de las recetas que un animal omnívoro no pueda preparar (¿acaso pueden “preparar” alguna?) y déjenlo a su alcance. ¿Qué pasará? que se lo comerán. Ya no les digo si tienen hambre. Y con la leche (de vaca o cualquier otra) igual. Se podría argumentar también que somos los únicos animales que preparamos sándwiches de nocilla, pero no así que seamos los únicos que se lo comen:

Es decir, si otros animales mamíferos y omnívoros no toman leche después del periodo de lactancia responde a dos circunstancias que nada tienen que ver con que ellos sí sepan seguir los dictados de la madre naturaleza y que nosotros rememos en su contra:

  • El resto de animales no realiza labores de cría y cuidado de otras especies con el fin de asegurarse el sustento en un tiempo futuro, es decir, no ejercen la ganadería como nosotros sí la practicamos.
  • Carecen, en la mayor parte de los casos de pulgares (salvo los chimpancés u otros homínidos que, siendo omnívoros, sí los poseen). La original posición de este dedo, oponible en su función a los otros cuatro, permite una serie de acciones que al resto de animales les resultan imposibles; entre ellas el ordeñar. Y si no fíjense bien y comprobarán que cuando un ternero toma leche, lo hace mamando y no a partir de un vaso.

Sí, ya sé que la leche de vaca es el alimento ideado por la sabia madre naturaleza para alimentar a un ternero… pero supongo que siguiendo con este razonamiento también habrá de considerarse que las trufas, por ejemplo, son el sistema que la misma omnisapiente naturaleza ha diseñado para que las encinas, robles, castaños y nogales completen su ciclo vital gracias a las micorrizóticas relaciones de simbiosis. O considerar que el comer sardinas es labor exclusiva de los atunes (entre otras especies) porque estas son su alimento “natural”.

Afortunadamente, el Ser Humano tiene la capacidad de modificar el entorno en beneficio propio, y tanto la ganadería y la agricultura como el ars culinaria son tres de esas labores que ejerce con semejante objetivo. Sobre el valor nutricional de la leche ya hablaremos otro día, pero ya les adelanto que no hay, que no existen, alimentos buenos o malos, sino frecuencias y cantidades de consumo adecuadas o inadecuadas.

Y ya que estamos con cuestiones de esta índole, lo que sí que me parece aberrante es que se tache con semejante calificativo el consumo de leche usando para ello el argumento de que el Ser Humano, en su adultez, utilice la leche de otra especie para alimentarse. ¿No sería más aberrante que se siguiera haciendo con la leche de la misma especie?

No sé qué opinarán ustedes, las mujeres me refiero, pero yo en su lugar protestaría si alguien hiciera defensa de estas cuestiones en mi presencia. Aunque de todo hay en esta vida, y si no me creen, vean:

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Foto: etrenard

¿Por dónde se agarra una sartén? Hoy cocinamos menos que ayer

26 marzo 2012

No seré yo quien diga que tras los problemas nutricionales que acogotan a nuestra sociedad, más en concreto, tras la obesidad, hay un problema de pérdida de habilidades culinarias por parte de los ciudadanos. No diré yo que si todos supiéramos cocinar no habría obesos y obesas o no, al menos, con la prevalencia con la que se presenta esta circunstancia en nuestras vidas.

Y no lo digo porque es difícil, además de terriblemente arriesgado, hacer este tipo de asociaciones “causales” a partir de la mera observación, y por tanto no lo voy a hacer. Pero déjenme decir, eso sí, lo que me pide el cuerpo, que no es otra cosa que transmitir la sensación que se me queda desde esta humilde, pero cada vez más sólida atalaya desde la que observo estas cuestiones.

Creo que si prestáramos un poco más atención a las cuestiones culinarias otro gallo nos cantaría, digamos que otro gallo con mejor voz. No pretendo desairar a nadie y, mucho menos al colectivo del género femenino, pero uno de los cambios más radicales que se han producido desde, por ejemplo, hace medio siglo hasta esta parte es que ha desaparecido la ineludible figura que en el marco de una familia, casa u hogar se encargaba de comprar de forma adecuada, preparar los alimentos, cocinar, articular los menús a lo largo del tiempo y, como no de dispensar dichas viandas. Que ésa figura de la que hablo fuese encarnada de forma sistemática por una mujer es a lo que no encuentro mucho sentido. Pero todavía se lo encuentro menos a que su ausencia haya implicado, en general, un cese en la realización de las funciones mencionadas. Lo que quiero decir es que con todo el espíritu de caricaturizar la realidad sin malicia alguna, hoy la gente se casa o se arrejunta y resulta que ni él ni ella (o ni él ni él, o ni ella ni ella) saben por dónde se agarra una sartén. Y así el rutinario e ineludible trámite de la comida diaria es solucionado en el comedor de la empresa, con algún chupi plato preparado ready-to-eat adquirido en el súper de la esquina o con un telefonazo a Thunderpizza o similar.

Les pongo un par de ejemplos. El primero se trata de una cutre encuesta relámpago -a mano alzada- que hice la semana pasada entre 50 alumnos de la universidad. Los estudiantes: de enfermería; el curso: 2º; la pregunta: ¿quién sabía hacer un huevo pasado por agua?; la respuesta: 6 manos arriba. Un pelín desconcertado por el resultado, repetí quiénes de verdad sabían hacer un huevo pasado por agua, y la respuesta, la misma, 6 de entre 50 estudiantes universitarios de unos 21 años de media sabían hacer un huevo pasado por agua. Vaya desde aquí un cariñoso saludo a estos estudiantes.

El segundo ejemplo más mediático. La televisión: “Canal Extremadura”; el programa: “La tarde de Extremadura”; actores: un cocinero profesional y una reportera… una reportera, sin más; la cuestión: rebozar merluza. El resultado el que sigue

Una realidad de difícil solución ya que que mientras así andamos nosotros, no se facilita para nada, más bien al contrario, que las cosas cambien. Las transformaciones acaecidas en los “tiempos modernos” en relación a las jornadas laborales y escolares, la lejanía de puestos de trabajo y colegios con respecto al lugar de residencia, etc. favorece que cada cual coma fuera de casa, que nuestros hijos no vean cocinar, cocinar de verdad y que, por tanto, en este sentido el futuro no sea demasiado halagüeño. Siempre hay excepciones, sólo quería hacer destacar este hecho que en mi opinión representa una tendencia general.

Y hablando de “Tiempos modernos” no me resisto a dejarles este ilustrativo clásico. Un fenómeno.

Y por cierto, no me confundan, no. No soy de los que propondría una vuelta a las cavernas con niños, niñas y mamás cavernícolas y aguerridos papás cazadores de mamuts. No van por ahí los tiros. Quizá un poco más de tiempo familiar, cuando se disponga de él, e interés parental (tanto del padre como de la madre) sobre estas cuestiones que hoy se mirán con cierto desdén y como “menores” (cuando no lo son) serían parte de la solución.

Mujer XXXL (342kg) quiere ser XXXXXXL (730kg)

23 marzo 2012

Por muchas cuestiones sobre las que uno crea que ha leído mucho, de vez en cuando la realidad le deja atónito: Existe quien pretende alcanzar los 730 kg de peso.

Leía el otro día que la mujer que aspiraba (y sigue aspirando) a alzarse con el record del mundo de peso se iba a casar en segundas nupcias con un cocinero… y que la noticia era ésa, que se casaba con una “pareja ideal” ya que se daba una especie de perfecta simbiosis entre lo mucho que le gusta al futuro marido cocinar y lo también evidentemente mucho que le gusta a esta mujer comer (o mejor dicho, tragar o engullir). La noticia la pueden leer en su versión original y en línea del Daily Mail. Tirando del hilo caí en la cuenta que en el mencionado periódico ya se había publicado otro artículo referente a la intención de esta “gran” mujer de batir todos los records referidos a la ganancia de peso.

Bien, vamos con los datos que, en definitivas cuentas, sé que es lo que en cierta medida están esperando.

Se llama Susanne Eman, tiene 33 años, es madre de dos hijos y vive en la actualidad con su novio en Casa Grande (Arizona, uno de los estados norteamericanos con mayor índice de obesidad). No me digan, volviendo a hablar de simbiosis, que el nombre de la localidad (Casa Grande) no tiene retranca. Y se va a casar en segundas nupcias con Parker Clack su actual novio de 38 años al que conoció a través de Internet.

Vamos al lío. En la actualidad pesa la nada desdeñable cifra de unos 342 kg. Una cifra que se queda muy, pero que muy pequeña en comparación con la que aspira alcanzar, los 730 kg. Si lo logra conseguirá, no ya rebasar, sino pulverizar el actual record del mundo y así ser la persona más “pesada” del mundo por encima de Jon Brower Minnoch fallecido en 1983 a los 41 años de edad y que se alzó, se estima, hasta los 635 kg de peso.

Para conseguirlo, la “pequeña Susanita”, consume unas cantidades de comida francamente asombrosas, diariamente más de 21.000 kcal. y, entre los datos que aporta la noticia, realizar desayunos de más de 4.600 kcal. No va mal encaminada desde luego, pero lo cierto es que va un poco por debajo de los objetivos intermedios que ella misma se marcó a mediados de 2011. Entonces, pesaba cerca de 330 kg. y tenía puesto el punto de mira en los 361 kg. para fin de año o a principios de 2012. Sin embrago, se encuentra en 342. No obstante, ella no ceja en su inusual locura de alcanzar la meta propuesta y calcula que para cuando cumpla 41 o 42 años (si llega) estará en el peso de sus sueños, los 730 kg.

Por su parte, el médico de cabecera de Susanne, le ha disuadido de seguir con este propósito por los riesgos que conlleva, al tiempo que ha afirmado que no ha encontrado pista alguna sobre enfermedad psiquiátrica en el caso de Susanne. ¿Habrá mirado bien?

Nuevo varapalo a la industria de las bebidas azucaradas

22 marzo 2012

Y se lo ha dado precisamente una de las instituciones que más prestigio tiene a la hora de publicar cuestiones relacionadas con la alimentación, la nutrición y la salud (entre otras). Esta institución no es otra  que la “Harvard School of Public Healthcon sus más insignes “mosqueteros” al frente.

El último número de la revista “Circulation” contiene un artículo fruto de un estudio observacional en el que se cuestiona la relación entre el consumo de bebidas azucaradas (refrescos con gas de cola con y sin cafeína, refrescos con gas de sabores, bebidas de frutas azucaradas) y de las no azucaradas (con edulcorante), con la enfermedad coronaria, la diabetes de tipo 2 y la ganancia de peso en varones adultos.

El artículo titulado “Consumo de bebidas azucaradas en hombres e incidencia de la enfermedad coronaria y de biomarcadores de riesgo” parte de un estudio de observación longitudinal en una muestra de casi 43.000 varones. Todos ellos eran profesionales de la salud (farmacéuticos, dentistas, pediatras, etc.) en los que se ha monitorizado durante más de 22 años, de forma periódica, su consumo de refrescos, además de diversas variables bioquímicas (a partir de analíticas sanguíneas).

Las conclusiones son demoledoras: Un mayor consumo de bebidas a azucaradas (es decir, las que aportan azúcar, y no así las que contienen edulcorantes acalóricos) se asoció con un riesgo mayor de padecimiento de enfermedades coronarias. De igual forma, el consumo de bebidas con azúcar también se asoció con peores analíticas sanguíneas en relación con el perfil lipídico, factores inflamatorios y la leptina (una hormona relacionada con el control del apetito).

Estos resultados, además de otros similares derivados tanto de estudios observacionales como de ensayos clínicos en los que se aborda el consumo de este tipo de bebidas y su efecto sobre la salud, refuerzan el mensaje relativo a recomendar reducir su consumo con el fin de no aumentar el riesgo de sufrir enfermedades cardiovasculares.

Cierto es que a partir un estudio observacional como es este no se puede, y por tanto no se debe, sacar relaciones del tipo “causa-efecto”; y por tanto decir por ejemplo que las bebidas azúcaradas son la causa de los malas analíticas sería, cuando menos, precipitado. Pero también es cierto que dado el volumen de la muestra, la duración del estudio y otros resultados obtenidos en este campo que además son de similar signo, todo apunta a que es conveniente hacer caso a los “mosqueteros” de Harvard con sus recomendaciones, y reducir en la medida de lo posible el consumo de bebidas azucaradas. Así pues, a la hora de hidratarse, lo mejor es tomar el agua como la primera de las opciones y, llegado el caso, optar por las bebidas edulcoradas (sin azúcar) antes que por las azucaradas.

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Foto: Like_the_Grand_Canyon

 

 

Organiza tus menús con la infografía de Consumer

21 marzo 2012

Eroski-Consumer acaba de hacer pública a través de su web una útil infografía relativa al cómo articular un menú completo desde el punto de vista de la salud, para lo cuál se toman como punto de referencia las recomendaciones de la ya mencionada en otras ocasiones pirámide de la alimentación saludable de la Sociedad Española de Nutrición Comunitaria (SENC, 2004).

Uno de los principales atractivos de la información aportada en la infografía mencionada es que los consejos, además de ir destinados para la confección de un menú completo, también contienen propuestas para hacerlo equilibrado (adecuado a cada patrón de vida en base a la edad, sexo, actividad física, etc.) al mismo tiempo que se realizan recomendaciones para que a la hora de llevarlos a la práctica nos resulten lo más económicamente llevaderos posible; un matiz qué, dada la que está cayendo en la actualidad, es muy de agradecer. Como digo, me parece una útil herramienta, pero también es cierto que aporta una serie de datos difíciles de contextualizar, muchas veces por lo preciso de los mismos y qué, por tanto, no sé hasta que punto es necesario mencionarlos. Por ejemplo:

  • El excesivo detalle con el que menciona el número de calorías que son aconsejadas ingerir en las distintas ingestas. A modo orientativo puede resultar útil, pero al igual que no todos los automóviles consumen entre 6,5  y 7,5 litros de gasolina a los 100 km, no todas las personas tienen el mismo consumo de calorías. Es cierto que la infografía menciona la variabilidad del gasto en virtud de diversas circunstancias… pero no sé hasta qué punto es necesario entrar, más adelante, con tanta precisión en los datos. El caso es, por ejemplo, que aunque un servidor tenga las herramientas precisas para calcular su gasto calórico y saber cuáles son las calorías que ingiere diariamente con los alimentos, no es una tarea que la realice diariamente con tanta precisión. No es útil, además que me dejaría con muy poco tiempo en el día para otras cosas.
  • No hacer referencia a que en el caso del desayuno, por ejemplo, su valor calórico puede y a mi juicio resulta aconsejable, dividirlo en desayuno + media mañana (o almuerzo).
  • Ser demasiado “autoritario” a la hora de hacer recomendaciones. Por ejemplo, en el desayuno dice de forma textual: “Ha de incluir…” como si fuera obligatorio o como si, de no hacerlo así, se diera al traste con la posibilidad de articular una pauta dietética adecuada. Además de las “soluciones” que aporta la infografía, hay muchas otras posibilidades de alcanzar un alimentación equilibrada, aunque, eso sí, la propuesta que hace es la más acorde con nuestros hábitos y costumbres generales.
  • No me entusiasma que el referirse a los alimentos “farináceos” (aquellos ricos en hidratos de carbono complejos, señalados en color naranja) no destaque la importancia que tiene la inclusión de alimentos procedentes de los cereales integrales.
  • Se toma la libertad de modificar ligeramente el número de raciones de consumo diarias o semanales de los distintos grupos de alimentos en relación con las pautas ofrecidas por la Pirámide SENC, 2004; al igual que modifica el peso de las raciones de consumo estándar de algunos alimentos. No es una gran diferencia en la mayor parte de los casos, también es cierto, pero no aclara en virtud de qué documento o información hace tales modificaciones. En algunos casos, tales modificaciones pueden dar lugar a grandes errores, como por ejemplo que la ración estándar de mantequilla, embutidos o bollería esté cuantificada en 100 a 150g, lo que constituye una completa distorsión de la realidad.

Me gustan en especial los mensajes en los que se refiere a la importancia de:

  • Tener en cuenta los gustos y preferencias de los comensales.
  • Usar la estacionalidad para incluir alimentos de temporada.
  • La posibilidad (hoy obligación) de confeccionar menús saludables al tiempo que asequibles (muy en relación con la temporalidad).
  • Invitar a la planificación de la compra, en contraposición a la improvisación.
  • Hacer referencia a las “trampas” de las ofertas en las que se suele utilizar el reclamo de un menor precio para invitar al consumidor a realizar una comprar desmesurada de comida (desmesurada para la que finalmente se puede aprovechar). Resulta significativa esta información en una empresa que se dedica a la distribución y venta de alimentos y que, por tanto, suele recurrir a estas estrategias.
  • Señalar la importancia que tiene en todo este “programa” el contar con unos suficientes recursos culinarios.

En definitiva, salvo peccata minuta, la infografía que justifica la entrada de hoy, me ha parecido interesante y, dejando las posibles adaptaciones personales, un buen punto de partida para quien se plantea mejorar su estilo de alimentación.

 

 

Alimentos del futuro según Tres14

20 marzo 2012

Crecemos, crecemos en número sin parar y lo hacemos a una velocidad hasta el momento inédita. La población mundial a principios de siglo XX era de aproximadamente de 1.500 millones de habitantes, hoy estamos en torno a los 7.000 millones y se estima que en 2050 se ronden los 11.000 millones. Ante esta situación no son pocas las voces de alarma que se plantean la posibilidad de que no haya recursos para todos, que no haya suficiente comida. Todo ello sin dejar de observar la aparentemente imposible paradoja actual, pero tristemente real, en relación a que hay un similar número de habitantes sobrealimentados que desnutridos.

El programa Tres14 de La2 nos ofrece un pildora informativa de cómo es observada esta incertidumbre desde diversos puntos de vista tomando a la ciencia como juez de la cuestión (un “juez” que, al mismo tiempo, es cuestionado por determinados sectores que también lo consideran “parte”). Para ello en “Alimentos del futuro” el programa nos ofrece las opiniones de diversas personalidades que abordan con diferente perspectiva ése futuro:

Carlos Álvarez-Dardet (Catedratico de salud publica en la Universidad de Alicante), Mª Dolores Raigón (Catedrática de la Universidad Politécnica de Valencia), José Miguel Mulet (Profesor titular de biotecnología en la Universidad Politécnica de Valencia), Josep Usall (Coordinador del programa de protección vegetal sostenible, IRTA) y Pere Arus (Director científico del IRTA) nos dan sus claves.

Interesante y con rigor. Tal y como se han de hacer los programas de divulgación científica. Gracias al equipo de tres14.

Al final, es prácticamente inevitable posicionarse en un sentido u otro. Pese a saber que pocas cosas en esta vida son blancas o negras y por tanto de la dificultad para situarse en un “bando” u otro, me parece mucho más racional el mensaje de los tres últimos participantes mencionados que el de los dos primeros. A día de hoy sería impensable contar con los actuales estándares de seguridad alimentaria, de abastecimiento, etc. sin la ayuda de la química y la genética. Y mañana, a este ritmo, más.

No bebas grasa (¿?)

19 marzo 2012

Gráfico, excepcionalmente gráfico es el mensaje que nos deja el New York City Health Deparment al respecto del impacto que puede tener el consumir bebidas o refrescos azucarados.

En palabras sencillas, si se sobrepasa con la ingesta de alimentos el número de calorías que necesitamos, estas calorías se acumularán, y la forma que tienen de hacerlo es en forma de grasa. Con independencia del origen del alimento que propicia el exceso. El anuncio, nos pone sobre aviso, y advierte qué, al usar (abusar, más bien) como recurso para hidratarse las bebidas azucaradas es relativamente sencillo sobrepasar esas necesidades calóricas de las que hablaba. Más sencillo que usando, por ejemplo, el agua.

Esta advertencia en forma de anuncio está bien, me gusta, pero no se crean que me entusiasma, a mi juicio le falta algo. En definitiva, este mismo anuncio se podría haber hecho, por ejemplo, con manzanas o con cualquier otro alimento… Si te pasas comiendo manzanas más allá de tus necesidades energéticas, también se correrá el peligro de engordar. En el caso que propongo como ejemplo habría que cambiar las posibles calorías “de más” aportadas por un refresco, por las calorías “de más” aportadas por unas dos manzanas. Pero claro, en nuestro entorno hay pocas probabilidades de que la población se forre a manzanas y, sí al contrario, lo haga con otros alimentos, entre ellos, las bebidas azucaradas. En definitiva, es más habitual llegar a superar nuestras necesidades energéticas con este tipo de productos, los refrescos, que con otros, verbigracia, las manzanas.

Las calorías que aporta una lata de refresco azucarado, creo que no hace falta que mencione marcas concretas, son más de 100 kcal. Pues bien, si de forma diaria y sistemática alguien supera en 100 kcal sus necesidades energéticas, el sumatorio resultante de las calorías excedidas en un año serán tantas como 36.500 kcal (100kcal x 365 días). Calorías qué, como decía, van  a acumularse en forma de tejido adiposo. Si ahora se dividen estas calorías por las calorías que “acumula” un kilo de tejido adiposo humano (unas 7.600 kcal/kg) tenemos el resultado del exceso calórico en kilos de grasa acumulada: Unos 4,8 kg al año por ingresar metódicamente 100 kcal de más cada día durante ese año… si se hace con refrescos, con refrescos y si se ha hecho con manzanas, con manzanas. Que es, aproximadamente lo que nos dice el anuncio: Que si bebes una lata de refrescos al día durante un año puedes engordar 10 libras.

Lo que no se dice claramente, es que ese consumo diario ha de implicar un exceso en las necesidades calóricas, por que, seamos claros e imaginemos que se abandona a alguien en una isla desierta y sin recursos con 365 latas de refrescos azucarados como toda minuta para un año… me temo que a la vuelta de ese año lo último que encontraríamos sería una persona con 4,8 kg más que la “abandonada”.

Así pues, hay dos claves: por un lado evitar los excesos calóricos (con independencia del alimento o conjunto de alimentos que lo propicien) y, por el otro, que con este tipo de alimentos es más fácil, frecuente y probable alcanzar dicho exceso.