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“Observa la verdad y no la traspases. No calumnies a ninguna gente grande o pequeña”, Ptahhotep

La vieja CiU y la nueva CiE

Hace unos días se formó un revuelo en el Parlament y en la coalición CiU después de que el conseller de Territori i Sostenibilitat de la Generalitat, Santi Vila, reconociera abiertamente que se siente más cerca del líder de ERC, Oriol Junqueras, que del presidente del comité de gobierno de UDC, Josep Antoni Duran i Lleida. Según Vila, Junqueras ha hecho una “cosa muy buena”, que es “sintonizar con un malestar ciudadano y un convencimiento de que hay toda una época que se acaba”. En cambio, Duran “ha hecho otras aportaciones relevantes, pero ha jugado un papel o ahora está jugando un papel que no tiene que ver con esta situación precisa del momento que vivimos ahora”.

Estas palabras no la dijo cualquiera, ya que Vila es uno de los valores jóvenes de CDC, uno de los pocos que se podría postular con garantías a sustituir a Artur Mas. Quizás por eso sus palabras no sentaron nada bien entre sus socios de UDC, que manifestaron su malestar, también, públicamente. “Pontificar sobre los efectos del paso del tiempo no tendría que ser la prioridad de un miembro del Govern, menos todavía para abrazar a nuevos líderes fuera de CiU”, le replicó el eurodiputado de Unió, Francesc Gambús. Otra pieza de peso dentro de UDC, Montse Surroca, llegó a preguntarse esto: “¿Será que -Vila- tiene en la cabeza la nueva federación CiE?. Las siglas CiE, obviamente, hacían referencia a Convergència i Esquerra en vez del actual Convergència i Unió.

Mas y Junqueras se saludan en el Parlament

Artur Mas y Oriol Junqueras se saludan en el Parlament. TONI GARRIGA / EFE

Ahora ha vuelto a estallar otro conflicto en la federación nacionalista, cuando el líder democristiano, Josep Antoni Duran i Lleida, se ha sentido “desautorizado” porque CDC y UDC han votado diferente en el Congreso la proposición de ley contra el yijadismo. Convergència alega que en la última ejecutiva de CiU no se acordó el sentido del voto, sino solo que no se opondrían a la tramitación de la ley, es decir, no se especificó que se debía votar a favor.

Con unas elecciones municipales y autonómicas -en clave plebiscitaria- a la vista, el tema de fondo es más importante de lo que parece. La vicepresidenta del Govern, Joana Ortega (UDC), que ha estado con el president Mas en todo el proceso soberanista, ha calificado de “irresponsable” la postura de Convergència en la tramitación de la ley contra el yihadismo. Pero, la cuestión es que CDC está marcando perfil propio respecto a UDC, algo que no había sucedido tanto y tan seguido nunca dentro de CiU.

Si nos remontamos al plan original de Mas para las elecciones catalanas -quería una lista unitaria soberanista, es decir, diluyendo en la candidatura a CDC, ERC y, cómo no, a UDC- podríamos pensar que el ala más derechista de Unió Democràtica de Catalunya incomoda cada vez más a Convergència. Dicho de otra forma, parece que en CDC se han dado cuenta de que no pueden aspirar a reeditar o conseguir alcaldías este mayo si no ofrecen, realmente, una imagen más ‘de izquierdas’, por así decirlo, ante proyectos como los de Guanyem, Podem, la CUP o la propia ERC. De ahí el voto diferente en la ley contra el yihadismo y de ahí también que el conseller Vila hable de “sintonizar con el malestar ciudadano”.

Estamos, pues, ante una encrucijada de CiU que va más allá de si Unió o Duran i Lleida aprueban o no la hoja de ruta soberanista. ¿Se está gestando realmente una refundación de Convergència? ¿Qué pasará con Unió? ¿Está Duran, definitivamente, tan fuera de juego, una vez que ya parece no dominar ni siquiera las riendas de CiU en el Congreso de los Diputados? Es bastante impensable que se pueda hablar en serio ahora mismo de un CiE (CDC + ERC) como federación o coalición estable, ya que dentro de cada partido aún hay miembros destacados de perfiles muy diferentes, pero parece evidente que CiU, tal y como la hemos conocido hasta ahora, tiene los días contados.

La lista más votada en Barcelona

El 19 de mayo de 2011, en una entrevista que me concedió Xavier Trias como candidato de CiU a la alcaldía de Barcelona, le pregunté si iba a pactar con el PPC para poder formar gobierno. “Mi planteamiento es ser alcalde porque nadie sumará 21 regidores y tendrá la alcaldía la fuerza más votada”. Cuatro años después, el candidato de ERC para las próximas municipales, Alfred Bosch, se ha mostrado partidario de que sea alcalde el líder de la lista más votada. Trias, en cambio, ya no está del todo de acuerdo, pese a lo que dijo en 2011.

Ya expliqué en otro post que, si Trias era favorable a un sistema electoral de doble vuelta, era porque sería, seguramente, el gran beneficiado en un cara a cara con Bosch, menos conocido para los barceloneses y que se ha pasado cuatro años en Madrid. Ahora, Trias ha afirmado: “Es bueno que el alcalde sea el jefe de la lista más votada si hay una doble vuelta en las elecciones, pero, a una vuelta, no sería partidario”.  Bosch, en cambio, ha puntualizado esto: “Hasta ahora, el alcalde de Barcelona ha sido el líder de la opción más votada y nosotros creemos que esta larga tradición es saludable”.

Alfred Bosch

El candidato de ERC en Barcelona, Alfred Bosch. JORDI BATALLÉS / ACN

No cabe duda que tanto Trias como Bosch ya están pensando en clave postelectoral, es decir, de posibles pactos CiU-ERC para ver quién es alcalde y quién no. La lógica del pacto Mas-Junqueras para las elecciones catalanas indica que el presidente de la Generalitat y líder de CiU no vería con buenos ojos que Convergència perdiera la alcaldía de Barcelona, ni en el supuesto en que Bosch pudiera acabar siendo más votado que Trias. Por otra parte, si ERC quiere implantar el pleno soberanismo en la capital catalana y dar su apoyo a la hoja de ruta independentista no tendrá más remedio que sacar mayoría absoluta (muy improbable, por no decir imposible) o aliarse de verdad con CiU, que ni querrá estar en la oposición -después de haber desbancado al PSC del Ayuntamiento de Barcelona en 2011- ni querrá perder la opción de Trias como alcalde, aunque éste no sea el más votado.

Xavier Trias

El alcalde de Barcelona y candidato de CiU, Xavier Trias. BEGOÑA FUENTES / ACN

Bosch está echando la caña a MES, que agrupa a los socialistas soberanistas, y le ha ofrecido a Jordi Martí -exlíder del PSC en Barcelona- ir en su lista. Pero, solo con MES no se consigue el objetivo de implementar el soberanismo en la corporación barcelonesa. Además, el voto soberanista aún se fragmentará más, ya que Reagrupament Independentista (RCat) y Solidaritat Catalana per la Independència (SI) han formalizado su candidatura conjunta. Trias y Bosch (CiU y ERC) están condenados a entenderse. “Yo sí que me veo pactando con Bosch de cara a las municipales”, ha afirmado el ahora alcalde convergente, “en las próximas elecciones, quien gane, tendrá que pactar con alguien”.

Por otro lado, parece improbable que Guanyem pueda justificar un posible pacto con ERC, por mucho que ICV le pudiera animar a ello, ya que, en principio, no comparten la misma ruta independentista. Además, si Iniciativa ya ha tenido que pagar algún peaje por estar con Guanyem, como la salida de su líder, Ricard Gomà, ¿qué tendría que pagar Esquerra? Definitivamente, las elecciones de Barcelona van a ser un ensayo muy interesante -sobre todo, a la hora de los pactos- de cara al 27 de septiembre, cuando lleguen los comicios catalanes. La lógica dice que tendría que gobernar el candidato de la lista más votada, pero, ¿y si acabara siendo Ada Colau? ¿ERC daría su apoyo, entonces, a Colau para que gobernara o bien optaría por Trias, aunque no fuese el más votado?

 

Política de alianzas en Barcelona

Como era de esperar, las elecciones municipales de Barcelona ya se están convirtiendo en un ensayo de los comicios catalanes de finales de septiembre. Las alianzas tendrán mucho que ver y que contar en el resultado final en ambos casos. De momento, Mas-Junqueras (CiU-ERC) ya han sellado el pacto que ha permitido fijar la votación en el 27 de septiembre. Pero, la atención está ahora en la capital catalana.

Ada Colau se erige en la líder de la entente Guanyem-ICV-EUiA-Podem-Procés Constituent y, con ello, se produce un movimiento de cromos en la política municipal barcelonesa. Ricard Gomà, principal valedor de esta alianza en Iniciativa, ha sido, al mismo tiempo, su víctima. Gomà, que es el único jefe de filas municipal que puede decir que en este mandato no ha pactado nunca con el alcalde Xavier Trias (CiU), tiene que renunciar a repetir en la candidatura, precisamente, para facilitar esta alianza de partidos de izquierda.

Ricard Gomà

Ricard Gomà, líder de ICV-EUiA en Barcelona. SERGI SABATÉ / ACN

Gomà ha sido víctima de la política pasada de su partido, de pasos que Iniciativa hizo y que, quizás ahora, con la perspectiva del tiempo, igual no hubiera dado. Gomà fue miembro del gobierno tripartito de PSC-ICV-ERC en el Ayuntamiento de Barcelona. Y eso quiere decir que se le vincula con decisiones que se tomaron en aquel momento. Hay que situarse en el contexto histórico, con ICV gobernando también en la Generalitat con otro gobierno tripartito. Fue entonces cuando se aventuró a llevar las riendas de carteras como la conselleria de Interior, lo que le abrió la puerta de los truenos ante la dificultad de justificar ante sus votantes que eran los ‘jefes’ de los Mossos d’Esquadra. Pero, este es solo un ejemplo y, en Barcelona, se reprodujeron otros, como cuando se anunció la candidatura a los Juegos Olímpicos de invierno. Para los votantes más ecologistas, esta no fue una buena jugada.

Jordi Portabella, líder de ERC

Jordi Portabella, líder de ERC en Barcelona. BEGOÑA FUENTES / ACN

Otro movimiento que se ha producido es el cambio de candidato en ERC. Su líder en Barcelona, Jordi Portabella, cuenta con un historial aún más largo en el Ayuntamiento. Quizás fue él quien inauguró la política más reciente de alianzas soberanistas, cuando decidió presentarse a las últimas elecciones municipales en coalición con el partido del expresidente del Barça, Joan Laporta. Y, quizás, visto con la perspectiva del tiempo, esta maniobra fue la que acabó salvando a Esquerra Republicana de continuar teniendo representación en el consistorio barcelonés y, ahora, poder aspirar a más. Pues bien, Portabella tampoco repite como candidato, ya que su partido ha preferido poner al frente a Alfred Bosch, diputado en Madrid.

Es así como dos políticos que han fomentado las ententes que ahora están dando sus frutos (Ricard Gomà y Jordi Portabella) han acabado pagando por ello. Es cierto que ambos sufrieron en su momento el desgaste de haber gobernado y que sus partidos sufrieron un revés importante en las últimas municipales, pero, en cierta manera, han sido pioneros de lo que ahora se está gestando en la política catalana: alianzas de izquierdas renovadas y alianzas soberanistas.

El pacto Mas-Junqueras favorece al alcalde Trias

El renovado pacto Mas-Junqueras o CiU-ERC favorecerá a corto plazo las aspiraciones de Xavier Trias de mantenerse en el cargo de alcalde de Barcelona, al menos, cuatro años más. El líder de Convergència i Unió en la capital catalana no para de repetir que su proyecto de ciudad no es solo para cuatro años, sino para ocho o doce, pero no podía dejar de mirar de reojo el posible avance de una coalición de izquierdas con Guanyem y Ada Colau al frente.

Con el acuerdo Mas-Junqueras, que se quiere hacer extensivo a las elecciones municipales de mayo, Trias se asegura la carta de poder gobernar en coalición con ERC si fuera necesario para sumar mayoría y no tener que depender -como le ha pasado estos últimos cuatro años- de pactar una cosa con un grupo de la oposición y otra cosa, con otro. Más allá de que Trias lo haya podido hacer mejor o peor estos cuatro años (cada barcelonés sacará su propia conclusión), lo que ha quedado absolutamente claro en esta legislatura es que no hay en Barcelona una oposición lo suficientemente fuerte como para disputarle al alcalde su cargo. Se vio claramente cuando Trias se sometió a una moción de confianza para aprobar los presupuestos y la superó sin muchos problemas. Ahora bien, de cara a las municipales de mayo quedaba en el aire el gusanillo de la incógnita de hasta dónde podría llegar el frente Guanyem-Podem-Procés Constituent-ICV-EUiA, sobre todo, si al final se les sumara la CUP en algún tipo de pacto postelectoral. Con la entente CiU-ERC esta duda parece disiparse, a no ser que Guanyem y el resto de grupos de izquierda consiguieran capitalizar tantos votos como para ser alternativa de gobierno.

Artur Mas y Xavier Trias

El alcalde de Barcelona, Xavier Trias, y el president Artur Mas, camino de la Misa de la Mercè.  SERGI SABATÉ / ACN

Con los datos orientativos del último Barómetro Municipal parece difícil pensar que el frente de izquierdas pudiera ser alternativa de gobierno (Guanyem, Podem, ICV-EUiA), ya que sumaban 8,3% en intención de voto (9,7% con la CUP), pero también es cierto que, por entonces (julio de 2014), no se preguntó abiertamente en la encuesta por la opción Guanyem y tampoco este partido estaba ya tan organizado y encaminado como ahora. En aquel sondeo, CiU y ERC empataban al frente en intención de voto (11% cada uno), por lo que es lógico pensar que, aún doblando su intención de voto el frente de izquierdas en las elecciones de mayo, es difícil que pueda desbancar a Trias del gobierno municipal. Tendría que pasar algo muy gordo y entrar en juego otras variables como para que el pacto Mas-Junqueras no se traduzca en la reelección del alcalde de Barcelona: el PPC solo tenía un 1,2% de intención de voto y siempre tiene muchos votantes ocultos y Ciutadans también puede jugar su papel, pero, al mismo tiempo, disputarle el voto no nacionalista al Partido Popular, con lo que se pueden canibalizar los dos.

Otro aspecto que parece favorecer a Trias es que ERC ha escogido una candidatura para las elecciones municipales de Barcelona que parece más pensada para pactar que para gobernar. Esquerra ha decidido apartar a Jordi Portabella, actual líder republicano en el Ajuntament y con una larga trayectoria municipal, y poner como candidato a Alfred Bosch, que se ha pasado los últimos cuatro años en Madrid. De hecho, ya tarda en aterrizar más a menudo en Barcelona. Si nos fijamos en sus últimas intervenciones ante los medios, normalmente habla del proceso soberanista y no de lo que pasa en Barcelona. Es más, en televisión siempre lo presentan como diputado de ERC en el Congreso y no como candidato a la alcaldía de Barcelona. Para que los barceloneses te voten deben entender que conoces bien la ciudad y el Puente Aéreo no ayuda mucho a ello. Por eso, se antoja que Bosch -si no se pone las pilas- es más bien una posible muleta para que Trias siga gobernando en vez de una alternativa real al actual alcalde.

Bosch asegura que no quiere trasladar el pacto Mas-Junqueras a Barcelona, pero… ¿realmente depende de él eso? Afirma que, en la capital catalana, ERC se presentará “como alternativa de gobierno de Xavier Trias, representando otro modelo de ciudad”. Incluso deja la puerta abierta a pactar con Guanyem, ICV-EUiA y la CUP. Este argumento, aunque fuera verdad y no una mera estrategia electoral, ¿realmente es coherente? ¿Cómo se puede entender una alianza CiU-ERC si a las primeras de cambio no se pone en práctica en Barcelona? ¿No ha sido ERC quien ha estado insistiendo toda esta legislatura para que el Ajuntament elabore libros blancos y demás iniciativas para presentar a Barcelona como la capital de una Catalunya independiente y ha estado colaborando con Trias en todo esto? ¿Realmente, Bosch se cree que Mas dejará caer Barcelona antes de las catalanas en un hipotético escenario -algo improbable- que consiga sacar más votos que CiU en las municipales? Es más, a partir de ahora, Barcelona se erige en la primera gran prueba de fuego del pacto Mas-Junqueras. Por otro lado, ¿cómo se explicaría que Guanyem o ICV-EUiA o la CUP pactaran con ERC en el Ajuntament, cuando Esquerra ha dado su apoyo al Govern de CiU durante estos útlimos años en el Parlament?

A todo esto, el que parece que puede salir más perjudicado es el PSC (el último Barómetro Municipal le daba 2,6% de intención de voto, cuando en las elecciones de 2011 llegó al 11,5%). El candidato socialista, Jaume Collboni, ha conseguido algo de impacto con el acuerdo para rebajar el precio de la tarjeta T-10 de transporte público, pero la campaña se le presenta complicada. No solo tiene que luchar contra Trias, sino que Guanyem y Podem le apretarán, porque ven al PSC como un partido de izquierdas de la “casta”, como diría Pablo Iglesias. Y, al menos, ICV-EUiA puede decir que ha sido el único partido que no ha pactado nada con el gobierno municipal de CiU durante esta legislatura.

Por lo tanto, es así como el pacto Mas-Junqueras favorece al alcalde Xavier Trias y presenta la batalla de Barcelona del próximo mes de mayo como una pugna entre Trias y Colau, ya que el bloque de izquierdas de Guanyem parece erigirse ahora mismo como el único que puede movilizar suficientes votos gracias a la suma de sus alianzas y recogiendo los votos de los barceloneses más descontentos con Trias, por ejemplo, en Nou Barris. Es decir, el alcalde podría al menos invitar a una cerveza a Mas y Junqueras, ya que el president ya le ha dejado hecha media campaña electoral.

El LSD: clave del proceso soberanista

Las tres claves del proceso político catalán son ahora mismo las Listas, las Siglas y la Delegación del voto. Este LSD -no confundir con la droga psicodélica del mismo nombre- está marcando la agenda política desde hace al menos tres años, pero sobre todo los últimos meses, a raíz del 9-N y todo lo que se ha derivado desde entonces, incluso a nivel judicial. Vamos a analizar los tres elementos: la L, la S y la D:

1. Listas. La batalla dialéctica en público, ya sea micrófono en mano o a través de las redes sociales, que están protagonizando CiU y ERC, Artur Mas y Oriol Junqueras, estos días mientras negocian las condiciones de un posible adelanto electoral en Catalunya, tiene como tema central las listas: una única lista soberanista (opción Mas) o varias listas por separado según el ideario de cada partido (opción Junqueras). Gobernar desgasta, sobre todo, si has aplicado recortes (por los motivos que sean), por lo que Mas sabe que detrás de una lista unitaria, CiU tiene más opciones (a pesar de que CDC asegure que tiene una encuesta que, por separado, les da más votos a ellos que a Esquerra). Por su parte, Junqueras sabe que si acude a unas elecciones con Mas sería una imagen parecida a la de David Fernández (CUP) abrazándose al president al final de la jornada del 9-N. Una parte del electorado de izquierdas podría no entender esta unión CiU-ERC y podría irse parte del voto a la CUP o incluso a otras candidaturas. Pero, en medio de todo, el pez sigue mordiéndose su propia cola, ya que solo haciendo lo que parece imposible se puede hacer posible el avance del proceso soberanista catalán. Es decir, si el 9-N fue un éxito de convocatoria es, entre otras cosas, por el abrazo Fernández-Mas. Pero, claro, cuando los partidos están ante unas elecciones con trascendencia legal, ya es más difícil que las diferentes formaciones políticas se unan.

La Via Catalana de 2013.

Participantes en la Via Catalana de 2013 que reivindicó la independencia. ACN

2. Siglas. Como el nombre de un equipo de fútbol, las siglas de un partido son su identidad. CiU, inmersa en un proceso interno de reequilibrio de la coalición -cabe recordar el paso atrás que ha tenido que dar Josep Antoni Duran i Lleida- está, al menos ahora, dispuesta a jugar la carta de una candidatura conjunta con otro partido y con presencia de la sociedad civil. ERC, en cambio, no tiene tanto desgaste de marca. Otros, como la CUP, también están dispuestos a formar parte de una candidatura multipartido -sin CiU, eso sí- dentro de Crida Constituent.

3. Delegación del voto. En cierta manera, tal como parece que se quieren plantear unos comicios catalanes de carácter plebiscitario, sería como un acto de Delegación de voto ciudadanía-políticos / políticos-ciudadanía. Es decir, desde la primera gran movilización por el llamado “derecho a decidir” de los catalanes, todos los partidos han jugado la carta de acercarse a las plataformas ciudadanas que están a favor o en contra del proceso soberanista. Hay que preguntarse si, de la misma manera que la crisis ha hecho cuajar nuevos partidos políticos de raíz ciudadana, como Guanyem o Podemos, este fenómeno se ha dado o no a nivel soberanista. La ANC, por ejemplo, no se ha transformado netamente en un nuevo partido político, sino que apela a una entente de los partidos soberanistas ya constituidos. Mas intenta reunir una candidatura con este acento ciudadano (entre otras cosas, por los motivos expuestos anteriormente por la situación interna de CiU y por el desgaste de gobernar), pero aún no se ha conseguido trasladar del todo el espíritu de la Via Catalana a nivel de los partidos catalanes. Cada uno hace la guerra por su cuenta, sobre todo, con la perspectiva de las elecciones. Y, si nos fijamos en el ideario de las nuevas formaciones de origen ciudadano y que apoyarían el proceso soberanista, veremos que, en sus manifiestos fundacionales, priman sobre todo la lucha social. Es el caso del Procés Constituent de la monja Teresa Forcades y del economista Arcadi Oliveres, que apuesta por un sistema económico ético, un trabajo justo y digno, una democracia participativa, una vivienda digna, el derecho al propio cuerpo, un mundo más sostenible o la cultura de la paz. Quizás la CUP, con su carácter asambleario y su apuesta decidida por la independencia, es la que más se ajustaría a una posible fusión de la ciudadanía participativa con el soberanismo. Pero, si bien el papel de la CUP fue clave para el éxito del 9-N, ante la perspectiva ahora de unas elecciones no parece que quiera volver a tener ese papel aglutinador y mediar entre CiU y ERC.

 

Gremlins, Mas, Rajoy y Pablo Iglesias

Ahora que se acaba el año es un buen momento para pasar cuentas de lo que ha pasado en Catalunya y en el conjunto de España durante este 2014. Para hacerlo, aprovechando que se cumplen 30 años del estreno de la película Gremlins, de Joe Dante, me parece acertado hacer una metáfora navideña en honor al mogway Gizmo. Aquella simpática comedia de terror está más de actualidad hoy en día de lo que nos podíamos pensar.

El mogwai Guizmo.

El mogway Guizmo.

Tres décadas después, uno se da cuenta de que trataba temas que hoy están plenamente vigentes. Y, si no, vamos a ver qué retrato hacía de los habitantes de Kingston Falls: la población estaba sumida en la crisis, con un alto índice de paro. En la película nos muestran a una madre con sus dos hijos intentando, en vano, que el banco no los desahucie porque no pueden pagar el alquiler al estar todos los miembros de la familia en el paro. También vemos a Kate, la amiga-novia del protagonista, Billy, que vive sola y se pluriemplea para salir adelante (de día trabaja de cajera y por la noche en el bar de camarera). Otro elemento de actualidad es la precariedad laboral (el padre de Billy, que viene a ser la figura del emprendedor, se patea medio país intentando colar sus inventos, incluso, trabajando en Nochebuena), así como la solidaridad entre vecinos (el amigo de Billy le regala un árbol de Navidad, que la familia no puede pagar, y simula ante su jefe que se lo han robado). Luego podemos ver la figura del rico del pueblo (en este caso, una mujer sin escrúpulos), que no solo no tiene ningún espíritu navideño, sino que parece disfrutar con el sufrimiento ajeno. Por último, el filme de Joe Dante también nos habla de la emergencia de la xenofobia, con un vecino que no hace más que decir pestes de todo aquello que huele a extranjero.

Stripe, el gremlins malo.

Stripe, el gremlins malo.

En este contexto de crisis, muy parecido al que podríamos encontrarnos hoy, se desarrolla la película Gremlins. El mogway Gizmo viene a ser como la promesa de algo nuevo, como un aire de cambio. Su llegada a Kingston Falls sería como la representación del Pablo Iglesias del momento, el espíritu del Podemos anticasta. Pero, claro, todo tiene una contrapartida y unas reglas del juego. A Gizmo no le podía dar la luz directa, ni se podía mojar, ni tampoco podía comer después de medianoche. Pero, la sociedad no estaba preparada para acoger a una criatura así. Es así como el apacible mogway se transformó en el travieso e implacable Stripe, un gremlins feroz que lo acaba arrasando todo a su paso. Al final, cuando pasa la tormenta, en los informativos de televisión hablan de “una histeria colectiva”. Es por ello que, de cara al 2015, surge la duda de qué acabará pasando con Podemos y cómo digerirá la sociedad española su irrupción en el Kingston Falls español.

El paralelismo metafórico gremlinsiano también lo podríamos aplicar al presidente de la Generalitat, Artur Mas, y al presidente del Gobierno español, Mariano Rajoy, grandes protagonistas de este 2014 en el Kingston Falls made in Spain. Tal y como nos explican en la película, el concepto de los gremlins surgió en la Segunda Guerra Mundial. Cuando se producía algún fallo en algún avión los soldados bromeaban y lo atribuían a la presencia de pequeños monstruos que bautizaron como gremlins, tal y como explica el personaje de Murray Futterman, el vecino de Billy que tiene fobia a todo lo extranjero.

Podríamos pensar que Mas y Rajoy han sido este año esos gremlins que han estado presentes en esos fallos que presentan los respectivos aviones que ambos comandan: Catalunya y España. Quien gobierna es responsable de lo bueno y, también, de lo malo. Por lo tanto, es justo atribuirles a ellos que el Avión colectivo de la sociedad catalana y española aún no haya podido despegar del todo después de tantos años de crisis.

De Gremlins se llegó a rodar alguna secuela, pero nada que ver con la excelente cinta original. Esperemos que, a finales de este 2015, no tengamos que decir aquello de que “segundas partes nunca fueron buenas”.

Espíritu navideño en la política catalana

Faltan pocos días para Navidad y eso ya se respira en los despachos de los partidos políticos catalanes y en los pasillos del Parlament. De hecho, en la última sesión parlamentaria, en la que ERC ha facilitado la tramitación de los presupuestos catalanes, los portavoces comenzaban sus intervenciones muchas veces con la frase: “Con espíritu navideño le diré que…” o “Con espíritu navideño le responderé que…”. Pero, no nos engañemos, espíritu navideño no siempre es equivalente a entendimiento, concordia, paz… No en vano esta Navidad están saliendo al mercado novedades editoriales con consejos de cómo cenar y comer con la familia enfadada o con media familia ausente por los malos rollos.

Este mismo es el retrado navideño de la política catalana (y, a nivel de toda España, tres cuartos de lo mismo). Hemos llegado a fin de año con la ‘comunidad del anillo’ -la entente de partidos que impulsó el ‘derecho a decidir’- disuelta y casi casi cada uno por su lado. ICV-EUiA no quiere ni hablar ya de listas soberanistas ni nada por el estilo; la CUP, después de propiciar que se celebrara el 9-N alternativo-del alternativo tampoco está por la labor de hacerse más fotos (ni abrazos) con el president Mas y, ahora, le pide a Podemos que aclare si Pablo Iglesias y los suyos estarían dispuestos a acceder a un referendo catalán si gobiernan. Por lo que respecta a CiU y ERC, ahí están, con Mas y Junqueras reuniéndose sin ningún acuerdo aparente. Y es que Esquerra -pese a la experiencia del 9-N- aún no parece haberse dado cuenta que solo seguirá adelante el proceso soberanista si hace lo que dice el president. Es decir, o se aviene a la lista unitaria y la hoja de ruta que dibujó Mas en su conferencia o parece difícil que el líder de CiU pueda acceder a las condiciones que Junqueras le puso, también, en su conferencia.

Mas y JUnqueras

Mas y Junqueras, tras su reunión en el Parlament. ANDREU DALMAU / EFE

El papel de Esquerra es curioso, porque tiene la llave para que se convoquen elecciones cuanto antes, pero, al mismo tiempo, es la que puede acabar cerrando la puerta, porque Mas se la va a jugar lo justo para no acabar rompiendo la entente CDC-UDC o para sufrir otra debacle electoral. La última encuesta del CEO demuestra que “la aversión al riesgo” de los catalanes aún pesa mucho. Les pasó a los escoceses con su referendo, donde ganó el No, pero es que, según el CIS catalán, aquí también ganaría el No -por poco, pero sería así- si se celebrara una consulta legal. Rajoy no fue Cameron, pero Mas tampoco fue Salmond o, al menos, en su caso, aún.

Cuando peor le va a ERC es cuando se pone a hacer estrategia política. Se vio claramente con el error que cometieron cediéndole el protagonismo a Mas del 9-N en bandeja. Si CiU aún aguanta en las encuestas del CEO es, en buena parte, por el efecto 9-N y el favor de la querella contra Mas que también le hizo, en este caso, el PP. La hoja de ruta que dibujó el presidente de la Generalitat gustaba a la ANC y Òmnium, que, en seguida, dijeron que “sería difícil negarse” a seguir ese camino. Después, llegó Junqueras con su variante, que proponía hacer la suma de otra forma, manteniendo las listas separadas y las siglas de los partidos. ¿Por qué gustaba más la opción Mas a las entidades? Quizás, porque una lista unitaria, con personalidades diversas, se ajustaba más al espíritu de las manifestaciones multitudinarias de la Diada. Por eso, llegamos a Navidad con ese ‘espíritu navideño’ en la política catalana en que no sabes si unos están unidos o, si en realidad, siguen separados.

Los hay, como Ciutadans, que están deseando las elecciones tanto o más que ERC. No en vano, C’s dará el gran estirón en los comicios catalanes -si se cumplen las encuestas-. Pero, lo que parece también claro es que el Parlament estaría más fragmentado que nunca, con récord de partidos. De hecho, si no hubiera una lista unitaria mayoritaria (y tampoco está tan claro que consiguiera una mayoría suficiente), el Parlament quedaría prácticamente ingobernable, con el bloque a favor del derecho a decidir fraccionado y con el bloque españolista-unionista, también. Es decir, ‘espíritu navideño’ total.

La claca: nueva forma de hacer política en Cataluña

En época electoral es normal que los partidos políticos organizen los llamados “mítines” para llenar teatros, auditorios, plazas de toros, polideportivos o cualquier recinto, rodeados de sus seguidores. Es incluso normal que se monten caravanas de militantes y simpatizantes para que hagan de público y aplaudan cada vez que su candidato lo requiera. En estos actos de campaña, cada vez más estudiados y escenificados, todo acostumbra a estar calculado al milímietro. Por ejemplo, qué debe decir el político de turno en el momento que los informativos de televisión conecten en directo. Muchas veces asistimos al hecho de que es el propio partido político el que facilita las imágenes del mítin a las cadenas de televisión.

Sea como sea, este es un procedimiento de campaña electoral. Pero, cada vez más, todo esto se contagia y su espíritiu sigue vivo en el día a día después de las elecciones. Un ejemplo son las intervenciones sin preguntas del presidente español, Mariano Rajoy: las llamadas ruedas de prensa del plasma.

Saludo entre Artur Mas y Oriol Junqueras

Mas saluda al líder de ERC, Oriol Junqueras, tras su conferencia. TONI ALBIR/ EFE

Conferencia de Miquel Iceta

El líder del PSC, Miquel Iceta, durante su conferencia. RAFA GARRIDO / ACN

En Cataluña, estamos asistiendo últimamente al resurgir de la “claca”. Si bien es cierto que vivimos en un continuo periodo pre-electoral, también lo es que las fórmulas para colar en los medios de comunicación los mensajes de partido cada vez son más escenificadas, planificadas y dirigidas.

El ejemplo más claro lo tenemos en esta extraña moda que se está extendiendo entre los dirigentes políticos catalanes de explicar su “hoja de ruta” mediante conferencias en recintos al que invitan, preferentemente, a sus simpatizantes. De esta forma, estos mítines pre-electorales, en los que cobra una gran importancia la ‘claca’ que aplaude el discurso, se están implantando con fuerza. Primero, tuvimos la conferencia del presidente de la Generalitat, Artur Mas (dijo que no la hacía como líder de CiU, sino como president, pero…). A continuación, el jefe de filas de ERC, Oriol Junqueras, no quiso ser menos y también juntó a su ‘claca’ en otro recinto y para, en cierta manera, responder públicamente a la conferencia que, previamente, había protagonizado Mas. Seguidamente, el líder del PSC, Miquel Iceta, ha montado también su conferencia, a la que ha asistido su propia ‘claca’. Parece ser que el próximo en sumarse a esta moda será Joan Herrera (ICV).

A todo esto, la radio pública catalana emite en directo estas conferencias. Por lo tanto, si desde la CUP, Ciutadans o el Partido Popular deciden reunir a su ‘claca’ en otra contra-conferencia sería lógico que también se ganaran sus minutos de gloria en los medios públicos. Sin duda, es un motivo de reflexión pensar en cómo los partidos políticos están colándose en la prensa y monopolizando el debate público con discursos pre-electorales, que suenan totalmente a electorales. Estamos ante una nueva forma de hacer mítines fuera de la época de elecciones, sin preguntas, sin respuestas… solo con aplausos de la ‘claca’.

¿Es que los políticos no tienen suficiente con tener voz y voto en el Parlament? ¿Por qué necesitan este tipo de conferencias-claca para intentar difundir su mensaje fuera de las campañas electorales? ¿Por qué en los medios públicos se establecen bloques electorales durante las campañas y, por el contrario, nos cuelan íntegras este tipo de conferencias con claca? ¿Tan poco se entienden nuestros políticos cuando están cara a cara que, para lanzarse mensajes los unos a los otros, necesitan organizar estos mítines compitiendo entre ellos para ver quién reúne más claca y de qué tipo? ¿Por qué los medios caen en la trampa de hacerles caso? Son preguntas que, quizás, en las próximas elecciones se respondan…

Artur Mas activa el GPS independentista

El presidente de la Generalitat, Artur Mas, ha hecho pública su hoja de ruta, pero, en realidad, es más que eso: para recorrer el camino que ha trazado para que los catalanes puedan votar y decidir si quieren o no la independencia, ha tenido que activar ahora su particular GPS. Como en el sistema global de navegación, que permite determinar la posición de un objeto, una persona o un vehículo con alta precisión, hace falta triangular varios satétiles (que, en este caso, debemos entender que son los partidos soberanistas y los expertos y la sociedad civil a la que él ha aludido, como la Assemblea Nacional Catalana o Òmnium Cultural).

Sin el apoyo de este GPS es imposible que Mas pueda completar su ruta. De momento, Oriol Junqueras (ERC) y la ANC se han mostrado receptivos a una lista unitaria independentista. Ya parecería lógico pensar que incluso la CUP, después de que salvara la votación del 9-N y tras el abrazo del diputado David Fernández con Mas, pudiera añadirse a la candidatura si se llegara a un amplio acuerdo. Si una cosa demostró la votación del pasado 9 de noviembre es que el esquema clásico de partidos-votantes ya no sirve.

Mas no ha desvelado cuál es su calendario electoral, pero, si tenemos que atender a la demanda que hizo la ANC hace unas semanas, el avance electoral debería producirse “en tres meses”. ERC también ha pedido reiteradamente que estos comicios se celebren cuanto antes mejor. Pero, cuidado, porque el GPS no es del todo preciso. ¿Qué conductor no se ha encontrado con aquello de que el GPS te dice “en la siguente, gire a la decrecha”… y, resulta que, en el siguiente cruce, hay obras y la carretera está cortada y no se puede pasar. Es por ello que el GPS de Mas solo puede ser un buen guía si verdaderamente consigue una candidatura única independentista fuerte, capaz de conseguir realmente una mayoría absoluta en unas elecciones catalanas.

Saludo entre Artur Mas y Oriol Junqueras

El president Artur Mas saluda al líder de ERC, Oriol Junqueras. TONI ALBIR/ EFE

Entre los escollos que se puede encontrar la hoja de ruta de Mas y que el GPS podría no detectar a tiempo los hay de índole institucional: el Govern necesita aprobar los presupuestos, por ejemplo, para cumplir el compromiso de recuperar la 14ª paga de los funcionarios (prorrogar las cuentas de 2014 sería un mal comienzo para la causa soberanista) y, por otro lado, el Gobierno central controla, en realidad, las finanzas catalanas a través del FLA.  Otra “obra” en la vía pública que podría no detectar a tiempo el GPS de Mas es la ofensiva judicial (iniciada por la querella de la Fiscalía, pero que podría incluir otras actuaciones). En tercer lugar, el GPS debe superar las diferencias de programa social (por ello, Mas se esfuerza ahora en resaltar este aspecto en sus intervenciones). El cuarto obstáculo en el camino será conseguir una mayoría procandidatura única tan amplia como la que había proconsulta (ICV-EUiA no se ha mostrado nunca como una coalición independentista y, ahora, están más preocupados por acercarse a Guanyem y Podemos que por una lista soberanista, aunque, por otro lado, Mas podría contar con los escindidos del PSC, como Maragall, Geli, Tura, Nadal…).

El quinto escollo que deberá detectar y superar el GPS de Mas es la confluencia de calendarios electorales. Por un lado, las elecciones municipales. Si el president convoca las plebiscitarias antes de mayo, ¿cómo influirá un posible acuerdo para la lista única independentista en las posteriores municipales? ¿Los partidos se volverán a presentar por separado? Si Mas implicó a los municipios en el 9-N, ¿no sería lógico ampliar esa candidatura unitaria a las elecciones municipales?… Y, por otro lado, están las generales. Con el PP en la cuerda floja por el ascenso en las encuestas de Podemos y con UPyD amenazándole por el otro lado, el GPS de Mas recibirá en las próximas semanas más presiones del Gobierno central y en todas las formas, porque parece claro que Rajoy no acaba de entrar al trapo de la reforma constitucional y el PSOE no tiene suficiente fuerza (tampoco, en Catalunya) como para liderar este proceso casi en solitario.

Por último, el GPS de Mas deberá solucionar a tiempo el lío interno de CiU. Ya se han dado algunos pasos los últimos meses, con Ramon Espadaler de secretario general de UDC, pero la sombra de Josep Antoni Duran i Lleida aún se hace notar. Espadaler, conseller del Govern, ya ha afirmado que Unió no está de acuerdo “al 100%” con la hoja de ruta de Mas y Duran ve “exagerado” tantas elecciones en tan poco tiempo y no es optimista respecto a que este GPS les guíe a buen puerto. La lista unitaria rompe las siglas de cualquiera (si es que Junqueras no sigue exigiendo una fórmula en la que los partidos soberanistas no renuncien a su nombre) y, por lo tanto, la estrategia de Mas está encaminada también a solucionar el problema de CiU de una vez por todas.

Es así como Mas necesita alinear y triangular todos estos satélites para que la jugada le salga bien y el GPS no le envíe a una calle sin salida, arrastrando con él a más de uno y a más de dos o tres. El 9-N fue la pieza que activó toda esta hoja de ruta, pero, ahora, ya no se trata de movilizar voluntarios, sino de poner de acuerdo a políticos y partidos. Y, eso, es lo más difícil, como ya quedó demostrado en el proceso de la consulta. El presidente de la Generalitat se guarda un as en la manga, otra vía que ha empezado a explotar, pero que aún tiene más recorrido: la internacionalización del ‘caso catalán’. Depende de cómo reaccione el aparato del Gobierno español en los próximos meses, Mas recurrirá a las más altas instancias internacionales. Y es que, a decir verdad, el GPS siempre acaba encontrando una ruta alternativa.

La política del Castillo de Cartas de Mas

El presidente de la Generalitat, Artur Mas, es un gran amante de las metáforas en sus discursos. Pues bien, desde 2006 ha ido aplicando una política de Castillo de Cartas que explica por qué ha sido capaz de sucumbir y emerger sucesivamente a lo largo de los últimos años. Durante el tiempo que tuvo que tragar estar en la oposición, pese a que CiU ganaba las elecciones autonómicas, a la sombra del Gobierno Tripartito (PSC, ERC, ICV) de Pasqual Maragall y de José Montilla, empezó a construir su propio Castillo eligiendo él sus Cartas e intentando desligarse de la imagen de ser el ‘heredero de Jordi Pujol’. No solo se rodeó de ‘hombres y mujeres’ de su confianza, sino que, en los ayuntamiento, colocó a líderes municipales que ahora son alcaldes y alcaldesas jóvenes con un largo recorrido por delante.

Poco a poco, empezó a cimentar la base de su Castillo. En 2010, accedió a la presidencia tras hacer ganar a CiU 14 escaños respecto a 2006. Él, que había estado en las negociaciones del último Estatut de Catalunya (el que impulsó Maragall y que acabó recortando el Congreso y el Tribunal Constitucional) puso el punto de mira en el pacto fiscal para Catalunya. Fue entonces cuando cimentó otro piso más de su Castillo con la Carta de la mejora de la autonomía financiera, pero Mariano Rajoy le hizo tambalear un poco la construcción al negarle tal acuerdo. Todo esto, en medio de la crisis económica y con el cabreo de que el Estatut que había aprobado el Parlament y que votaron los catalanes se había hecho añicos.

Mas y Junqueras se saludan en el Parlament

Artur Mas y Oriol Junqueras se saludan en el Parlament. TONI GARRIGA / EFE

Mas, para que no se le cayera el Castillo de Cartas, empezó a flirtear con la idea del Estado catalán. Como Rajoy le había dado portazo, añadió a su nuevo piso del Castillo la Carta de la multitudinaria manifestación de la Diada de 2012 en Barcelona, con 1,5 millones de participantes y bajo el lema Catalunya, nuevo Estado de Europa. Fue así como decidió adelantar las elecciones al 28 de noviembre de ese mismo año, cometiendo el error de presentarse él solo como “el mesías” de ese nuevo Estado catalán, tal como se le criticó. El resultado fue que el Castillo de Cartas, esta vez, no solo se tambaleó, sino que el soplo que recibió fue tan grande que se le desmoronó. CiU perdió 12 diputados -situándose casi a niveles de 2006- y ERC resurgió ganando 11 diputados -casi los mismos que perdieron los convergentes-. ¿Qué pasó? El Castillo que Mas había estado construyendo aún tenía algunas Cartas marcadas, que lo hacían muy débil. Y es que el electorado soberanista no se lo creyó cuando decía que iba a por el Estado catalán, porque una cosa era Convergència (CDC) y otra Unió (UDC).

Mas aprendió la lección y volvió a cimentar el Castillo. Primero, escogió a ERC de socio parlamentario. Nadie podía discutirle entonces (o, al menos, tanto) que iba (más o menos) en serio. La Via Catalana hacia la independencia de la Diada de 2013 y la V gigante de 2014 fueron dos Cartas más que fortalecieron su Castillo. Otra jugada fue integrar en el proyecto a cuatro partidos de izquierdas (ERC, ICV-EUiA, CUP) que salían en las fotos con él cuando acordaban los pasos para la consulta (la primera, la que iba con la ley y el decreto) y mientras el Govern aplicaba una política de ajustes en la sanidad, la educacion… Además, añadió otra Carta a su Castillo: las múltiples entidades que se apuntaron al Pacte Nacional pel Dret a Decidir. Pero, el Castillo aún se tambaleaba, porque Rajoy seguía sin responder y Mas debía tomar las decisiones más rápido de lo que hubiera deseado muchas veces (presionado por ERC y por las manifestaciones en la calle). Es lo que Joan Rigol, el expresidente del Parlament por UDC, viene definiendo estos días como política de “giragonsa”, es decir, que tras una curva venía otra en sentido contrario en seguida y, así, sucesivamente.

A todo esto, Jordi Pujol (el “avi del partit”), confiesa que tiene una fortuna en Andorra. Aunque la noticia dejó tocada a CiU, lo cierto es que Mas pudo colocar otra Carta en su Castillo y aprovechar la ocasión para desligarse, ahora así, de la herencia de Pujol y presentarse como Artur Mas y ya está. El siguiente escalón fue que Josep Antoni Duran i Lleida diera un paso atrás en UDC y se reforzara el papel de otros líderes democristianos en la coalición más próximos a Mas. En cierta manera, Duran era (es) un resquicio de la herencia pujolista de CiU. Mas se declara abiertamente independentista, mientras que Duran apuesta por la vía confederal. Una vez Duran sale del primer plano y, en su lugar, emergen los Espadaler (conseller de Interior), Ortega (vicepresidenta del Govern y encargada de la logística de la consulta original) y De Gispert (presidenta del Parlament y a favor del ‘Sí, Sí’), Mas ya ha podido cimentar mejor su Castillo. Incluso el elegido para negociar secretamente con Madrid antes del 9-N ya no fue Duran, sino Rigol.

Mas y Fernández

Artur Mas habla con David Fernández (CUP) en los pasillos del Parlament de Catalunya. RAFA GARRIDO / ACN

Pero el Castillo de Mas aún era inestable. Ahora bien, tuvo un golpe de suerte inesperado. A los errores de Rajoy se le sumaron los errores de Oriol Junqueras y de ERC. Mas se jugó otra vez el Castillo que había construido a una carta: su cuarta vía, es decir, la consulta del 9-N organizada por los voluntarios. ERC cometió el error de no querer salir en esa foto (al principio), al igual que tampoco lo hizo ICV-EUiA. La CUP tampoco, pero fue quien salvó todo el proceso soberanista y quien consiguió que el 9-N saliera adelante (el abrazo de Mas con el diputado de la CUP, David Fernández, la noche del 9-N fue lo suficientemente elocuente). Los partidos proconsulta no le quisieron dar ese protagonismo a Mas, pero, al final, el president se ha erigido en el gran triunfador del 9-N, porque se ha impuesto su tesis ante el resto de partidos proconsulta, ha cumplido su promesa de que los catalanes votarían y, de paso, Rajoy le está haciendo aparecer como un mártir con la extraña querella de la Fiscalía (anunciada de antemano por el PP). Los 2,3 millones de votantes del 9-N han fortalecido como nunca el Castillo de Mas.

Así es como Mas ha alzado su nuevo Castillo de Cartas, del que ahora está construyendo otro piso, que es dúplex. Por un lado, si Rajoy sale ahora lanzando el guante de la reforma constitucional, para ver si realmente lo recoge CiU o el PSOE, también le está ofreciendo una vía de negociación a Mas, aunque en público no lo diga. Y Mas es capaz de aprobar los presupuestos de 2015 con el apoyo del PSC y agotar la legislatura. Por otro lado, si la cosa se complica mucho, desechará la Carta del PSC y apostará por las plebiscitarias y el gobierno de concentración, pero, si Rajoy deja que esto pase, sería otro gran error, porque es más fácil que el independentismo triunfe con unas elecciones constituyentes que con un referéndum legal y pactado con Madrid. Sea como sea, el Castillo de Cartas de Mas es ahora lo suficientemente sólido, gracias a ERC y a Rajoy, como para depender (casi) de él mismo para mantenerse sin derrumbarse. Solo un error de Mas lo haría caer… otra vez.