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Historias de amor, sexo y otros delirios

‘Galatea’ y el sexo en la literatura no erótica

Por primera vez, hoy tenemos firma invitada en este blog. Todo surgió a raíz de la noticia que leímos hace un par de días sobre la publicación de Grey, la nueva entrega de la serie Cincuenta Sombras, a la que la crítica ha destrozado por considerarla, entre otras cosas, profundamente sexista. Varios amigos tuvimos un intenso debate sobre estos libros, y aunque acabamos saliendo por peteneras, mi compañera Melisa Tuya (autora del blog ‘Madre reciente (cada vez menos)’ y En busca de una segunda oportunidad tuvo el detalle de ‘regalarme’ este post que os reproduzco a continuación:

beso Blade runnerHe escrito una novela de ciencia ficción, una que quiero creer que es buena. Al menos las reseñas que están llegando y las opiniones de los lectores van en esa dirección. Galatea tiene unas cuantas escenas en las que hay sexo explícito, que no sucio (como dijo un buen amigo y ahora consta en la solapa). El sexo para mí es parte de la vida y, al escribir, no tiene sentido soslayarlo. Si no me siento incómoda describiendo otras acciones y sensaciones de mis protagonistas, ¿por qué apagar la luz y pasar a otro capítulo cuando se quitan la ropa si lo que puedo contar va a ayudar a entender a la historia y a los personajes?

Para mí era tan natural, le había dado tan poca importancia a esos pocos párrafos, que me sorprendió que llamaran tanto la atención tras publicar la novela. Ya en la presentación fue uno de los temas estrella; la escritora Espido Freire destacó estas escenas y me recomendó, entre bromas y veras, que abordara una novela erótica porque se me iba a dar bien, reconociendo además su pudor a la hora de escribir con alto voltaje. Hace poco, en la presentación de la primera novela de mi compañera Arancha Serrano, Neimhaim, también se destacó que el libro era a veces explícito.

Más allá de presentaciones, un porcentaje razonable de lectores (con los que más confianza tengo) me han destacado también estas escenas. También el hecho de que hubiera sexo con robots (módulos los llamo yo en el libro), y en bastantes entrevistas me han preguntado sobre si creo que, de haber alguna vez androides como los que describo, tendremos sexo con ellos. Clarísimo tengo que sí. El ser humano lleva dando un uso erótico a la tecnología desde el primer momento. ¿Alguien duda de que si logramos crear replicantes los usaremos para ello? Yo no.

No había reflexionado demasiado respecto al tratamiento del sexo en novelas no eróticas, pero últimamente estoy muy pendiente de si otros escritores apagan la luz o describen lo que pasa sobre las sábanas (o en el pajar o la encimera de la cocina) y de lo que opinan respecto a instroducir contenido explícito. Con frecuencia no lo incluyen y en algunos casos directamente he leído que no ven necesidad en describirlo, que para eso ya hay recursos audiovisuales mucho mejores.

No lo entiendo. También hay fotos de paisajes maravillosas y no por eso dejamos de contar cómo es el bosque por el que camina nuestro personaje. También los hay que se sienten como pez en el agua escribiendo de ello y los que se quedan en los soez, gratuito o repetitivo. Aunque percibo demasiada luz apagada que, de encenderse bien, mejoraría la novela.

Tal vez sea pudor, tal vez inseguridad, impericia, miedo a perder consideración literaria (sí, hay prejuicios con el género que pueden salpicar las ‘obras serias’), a que juzguen menor la calidad de su obra… o pura falta de interés. Habrá de todo. Igual que hay muchos escritores que publican obras eróticas con pseudónimo. De hecho, si hay algún escritor por ahí leyéndome, agradecería que me ilustrase sobre su caso particular.

Os voy a invitar a debatir al respecto, a que me digáis escritores que creáis que lo hacen bien, mal y regular o que deberían hacerlo o hacerlo más (sí, yo no doy nombres pero os los pido, la vida es injusta y luego vas y te mueres), y os voy a dejar con la escena más erótica de Galatea. Advierto que no hago spoilers, pero puede mermar un poco la sorpresa.

Eric estaba cenando. Se alegró de no encontrarlo dormido, probablemente no se habría atrevido a despertarlo y tal vez el día siguiente ya habría perdido el valor que había reunido caminando por la Aurora en penumbras.

La sonrisa del hombre era espontánea y sincera. Se alegraba de verla allí. Cala se relajó un poco.

-La reunión ha terminado, he creído que te gustaría saber lo que ha pasado-.

-Te lo agradezco-, dijo Eric invitándola a sentarse a su lado, en la pequeña barra.

Se sentó más cerca de lo que era necesario, sus piernas estaban tan próximas que casi se rozaban. Notar el calor que irradiaba el cuerpo del hombre a través de la ropa la dio la seguridad que la faltaba mientras explicaba el enfrentamiento irresoluble que había presenciado. Su madre jamás permitiría lo que la Comandancia exigía como único requisito para cederles Galatea.

-¿A tu madre le gustaría que me lo contaras?-, preguntó Eric.

Ella bufó. -Me da igual lo que opine-.

Tardó poco en resumir el desastre, la pelea a gritos entre su madre y Joupé, y ambos se quedaron en silencio, sin mirarse. Él probablemente rumiando la información recibida, Cala decidiendo su siguiente movimiento.

Su cuerpo actuó por ella. Sin pensar en lo que hacía, su muslo se apretó contra el del hombre, desde la rodilla hasta la cadera. Su antebrazo desnudo rozó la mano de Eric. Esperó unos instantes antes de girar el rostro para ver su expresión y lo que encontró fue una boca ansiosa, que exploró sus labios y su cuello, recorrió la línea de su mandíbula y volvió de nuevo a su boca. El roce furioso en torno a sus labios de la áspera barba incipiente la hizo desear tenerle dentro, en ese mismo instante, sin esperar ni un segundo más.

Se separó de él, con la respiración entrecortada, para tomarle de la mano y llevarle hasta la cama. Se desnudaron casi con rabia, pero se detuvo para deleitarse con las marcas que la ropa interior había dibujado sobre su piel. Otra novedad a la que no estaba acostumbrada. Las recorrió con la punta de la lengua, como si fueran caminos a explorar.

Besó su cuello y su nuez, disfrutando con su respiración agitada, sintiendo al mismo tiempo la ancha palma de la mano masculina recorrer su espalda, su cintura, apretando su culo. Ella bajó por su pecho, su vientre, el vello bajo el ombligo, sus muslos musculosos. Y mordió esa carne dura, sabiendo que le dolería. Y se dirigió hacia su pene erecto y lamió carne, sabiendo que él sentiría placer. Repasó toda su superficie con sus labios, exhalando su aliento cálido desde la base hasta la increíblemente suave piel del glande, jugueteó con la punta de la lengua en su orificio antes de introducírselo casi entero en la boca. Nunca antes lo había hecho, jamás había sentido ese impulso con sus módulos. ¿Por qué debía de haberlo experimentado?. Todos eran máquinas que podían dispensar placer, pero no sentirlo. Salvo ClaX, claro.

Y descubrió por vez primera a qué huele el sexo mientras lo introducía en su interior. Y esa mezcla de su olor y el de él, el saber que él sentía tanto o más que ella, la llevó al orgasmo más rápido de lo que jamás habría creído posible.

Él la dio la vuelta sin contemplaciones para ponerse encima. -Si me dejara llevar te abrazaría tan fuerte que te rompería-, susurró el hombre sobre el lóbulo de su oreja justo antes de derrumbarse sobre ella.

Ya separados, Eric recorrió de nuevo con la palma de la mano el cuerpo desnudo de Cala.

El hombre frotó la punta de su nariz hasta llegar a su oreja, la mordió delicadamente el lóbulo y susurró en su oído con esa voz maravillosa que ella nunca se cansaría de escuchar: -Tienes una piel perfecta, dorada como el sol reflejado en el agua-. Enterró la nariz en su cuello. -Y hueles a pan caliente, a pan crujiente y recién horneado-.

Eric se elevó, apoyándose en un codo, mirándola a los ojos.

Cala se vio en los ojos del hombre, y junto a su reflejo vio deseo, devoción, complicidad… creyó al mirarle que, al menos en ese instante, él nunca querría estar con otra mujer. Y se maravilló al descubrir lo que le había estado faltando.

-Ahora lo entiendo-, dijo aplastando la mejilla contra su mano.

P.D.: Aprovecho para recomendaros su lectura, si andáis buscando un libro para el verano. Cuesta 14 euros y la mitad de los beneficios que nos genere a mí y a la editorial (Lapsus Calami) irán destinados a la Asociación Nacional de Amigos de los Animales (ANAA). Espero que me disculpéis la cuña, que vender libros no es fácil.

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