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Reflexiones de una librera con delirios antropológicosaficionada a diseccionar los hábitos lectores de los españoles

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El spot de El juego del Ángel revitaliza la zafonmanía

Ahora me explico esa revitalización de la juegodelangelmanía que detecté hace tres o cuatro días.

Desde su publicación en abril, El juego del Ángel de Ruíz Zafón ha vendido más de 1.200.000 ejemplares en España, lo que es un auténtico bombazo editorial sin precedentes, queridos.

Sin embargo, el goteo se había espaciado ligeramente este mes. Hasta que, ¡milagro! Su demanda en reginaexlibrislandiana vuelve a crecer y a mi me invaden oleadas de desconcierto.

Hasta que dos reginaexlibrislandianas casuales me abrieron los ojos a la verdad:

-Clienta1: ¿Tienes el último del Zafón?

-Clienta2: Sí, el de El nosequé del ángel.

-Regina: Pues sí, señoras, ahora mismo se lo doy.

– C1: ¡Necesitamos dos ejemplares!

– R.: No hay problema, aquí los tienen.

– C1: Chica, es que con el anuncio me picó la curiosidad.

-C2: Sí, a Manolo también. Así que cuando se lo termine me lo leeré yo.

Y se fueron.

¿ANUNCIO? ¿Qué anuncio? Farfullaba yo enloquecida mientras me abalanzaba sobre el ordenador. Minutos después, allí estaba, el spot que acaba de lanzar Planeta para que su libro-estrella de este año se vaya posicionando en nuestras listas de regalos navideños:

Ah, bueno, y el anuncio de El Juego del Ángel no fue el único vídeo que encontré de Zafón y su obra. Los más curiosos os divertiréis aquí.

En fin, que cuando una en toda su inocencia pensaba que ya había bajado la fiebre por el libro resulta que no, que aún le queda mucha guerra que dar y los marquetinianos lo saben. Todo sea por el libro.

Y vosotros, queridos, ¿habíais visto el anuncio? ¿Conocéis de alguien que se haya comprado el libro desde que Planeta lanzara su bomba catódica? ¿Recordáis algún otro spot sobre un libro o un escritor en el que uno, otro u ambos fueran los protagonistas del anuncio?

¿Y si los libros vinieran con B.S.O?

Érase una vez una Regina horrorizada por ese esperpento llamado ‘libros con ruido ambiente’ para adultos. Érase otra vez la misma Regina planteándose la opción de ampliar negocio con una sección de audiolibros.

Pues como no hay dos sin tres ahora visualícenme con el pelucón de punta ante un reginaexlibrislandiano asiduo insistiéndome en la necesidad de reservar un rinconcito para novelas que vienen con su propia banda sonora.

Sí, queridos, y todo por una aterradora novelita de Joe Hill, una de las tres criaturitas de carne y hueso que Stephen King ha regalado al mundo.

Así fue la cosa. La semana pasada el citado reginaexlibrislandiano me visitó, como acostumbra:

Cliente: Hola, ¿Tienes algún ejemplar de El traje del muerto por aquí?

Regina: Si, un segundo…

C.: No, pero quiero el que viene con el CD.

R.: ¿Con el CD?

C.: Si, hace un mes o así leí que lo reeditaron con BSO, y se venden juntos.

R.: ¿Te corre prisa?

C.: ¡No, tranquila! Mira a ver si me lo puedes pedir.

Y se fue y yo me fui directa a Suma de Letras, que es quien edita en España la obra del vástago del mago del terror, que sigue la escalofriante estela creativa del papá.

Husmeando entre mis papelotes y catálogos encontré la referencia: en efecto, con vistas a la Feria del Libro de Madrid la editorial y la discográfica Universal llegaron a un acuerdo para lanzar el CD de El Traje del Muerto, que incluye una selección de temas que a Joe Hill le inspiraron fragmentos de su novela:

Ryan Adams – Wonderwall; Soundgarden – Fell On Black Days; Motorhead – Ace Of Spades; Black Sabbath – Paranoid; Velvet Underground – Stephanie Says; Lynyrd Skynyrd – Freebird; Motley Crue – Shout At The Devil; The Ramones – Bltzkreig Bop; Anthrax – Got The Time; Hank Williams – Mansion On The Hill; Johnny Cash – Folsolm Prison Blues; Muddy Waters – Got My Mojo Working; Chuck Berry – No Particular Place To Go; Zoo – Heart Shaped Box

Por fin esta mañana llegó a mis confines regios El Traje del muerto de Joe Hill con su CD. El pack vale 25 euros, mientras que sólo el libro son 19 euros. Además he buscado por ahí y sólo el CD homónimo cuesta 14,90 euros. La verdad es que si el disco te resulta atractivo vale la pena el paquetito. ¿O no?

Más allá de Joe Hill, la última edición de La sombra del viento de Ruíz Zafón viene también con un cd de música, solo que se trata de música compuesta por el escritor.

Haciendo memoria recordé que con Una música constante, de Vikram Seth, Decca sacó un disco con los temas que interpretan los protagonistas de la novela, un cuarteto y la pianista. Y me suena que el mismísimo John Connolly ha acompañado alguno de sus libros con bandas sonoras.

No sé, queridos. ¿Qué opináis? ¿Os gustaría que los autores sugirieran B.S.O. para sus novelas? ¿Compraríais los packs? Y si ambos se editaran por separado, ¿creéis que debería crear en reginaexlibrislandia un rincón para esos discos?

Ah, resulta que Joe Hill no sólo sugirió la B.S.O. para su El traje del muerto (en inglés Heart-shaped Box). También lanzó un trailer:

Día del Libro-L’Oreal: ‘Hoy me los regalo a mí porque yo lo valgo’

Ay, queridos, una cosa es vivir en nuestro apacible 23 de abril perpetuo y otra sobrevivir a las 24 horas en las que, como el pasado miércoles, los calendarios regino y gregoriano se solapan y, ¡zas! una gloriosa marabunta entró y salió continuamente de nuestros confines en busca de libros.

Fue maravilloso, pero durísimo. Un goteo permanente, una ininterrumpida sucesión de peticiones, recomendaciones, averiguaciones, demandas y gloriosas excentricidades por las que doy gracias a todos los dioses del olimpo librero y que en reginaexlibrislandia sobrellevamos con dignidad y todo el oficio que cabe en nuestros cuerpecillos.

Eso sí, fue pasar la medianoche del Día del Libro en el calendario de afuera y lo que quedaba de nosotros, pobres libreros, era penoso. Parecíamos sacados del Thriller de Michael Jackson: una panda de zombies desastrados caminando a trompicones y balbuciendo palabras inconexas de puro agotamiento.

Reseca me quedé yo, queridos, y con el pelucón pegado al cráneo, frito y deslucido, como el de Michael.

Como hoy aún estoy lejos de ser la que fui y hasta que tenga datos fiables de la jornada de momento me limito a dejar constancia de lo que llegué a asimilar:

– La mayoría de mi adorada carne de reginaexlibrislandia entró en busca de libros para regalarse, no para regalar. Así que lo he rebautizado como el Día del Libro-Loreal: porque yo lo valgo.

– El 10% de descuento sobre el PVP hizo que, en general, vendiéramos más ejemplares en tapa dura que en ediciones de bolsillo. Incluso clientes que siempre van directos al formato económico hicieron una excepción y la edición rústica fue la ‘reina por un día’.

Ruíz Zafón también arrasó en reginaexlibrislandia: su El juego del Ángel y, ésa si, la edición de bolsillo de La Sombra del Viento volaron de mis confines a velocidad de crucero.

– Junto a él El Asombroso viaje de Pomponio Flato de Mendoza; Un Día de Cólera de Reverte; El niño con el Pijama de Rayas; El Secreto; El economista camuflado, Harry Potter, La otra Bolena de Philippa Gregory, La Carretera de Cormac McCarthy, Saber perder, de David Trueba y Seda, de Baricco.

– Para nuestra satisfacción y regocijo nos quedamos sin existencias de las aventuras de El Pequeño Nicolás de quien, como sabéis, soy devota.

Mafalda, de Quino; Persépolis y Mauhaus también fueron las favoritas en cómic y novelas gráficas.

. Stefan Zweig que, os recuerdo, es el santo patrón de reginaexlibrislandia, también estuvo de fiesta, especialmente sus Venticuatro horas en la vida de una mujer y Carta de una desconocida.

– En cuanto al bolsillo, El Diario de Ana Frank se llevó la palma: tenía quince ejemplares, me quedé a cero. También la relativamente recién editada El mundo según Garp de Irving y Sputnick mi amor de Murakami en Maxi Tusquets parecían quemar en mis manos.

De momento eso es todo, queridos. Pero ahora os toca a vosotros (Quid pro quo). ¿Qué libros regalásteis y cuáles os regalaron? ¿Fuisteis de saffari librero?

“Soy adicto a comprar libros desde 1958. Déme esos dos, ¡rápido!”

Total y absolutamente petrificada, queridos. Así me quedé tras la visita de un cliente este sábado, y creo que a esta hora un busto de Nefertari inhala y exhala más oxígeno que yo, que no sé bien cómo recobrar mi regia, carnal y palpitante entidad librera habitual.

Claro, ya me diréis cómo se os quedaría a vosotros la corporalidad si un desconocido octogenario os reconociera a quemarropa y con el semblante congelado en un rictus de amargura un problema de adquisición compulsiva de ejemplares que le tortura desde hace cinco décadas. Y no es broma.

Allá va:

Cliente: ¿Oiga? ¿ES QUE NO HAY NADIE AQUÍ?

Regina: Si, dígame, caballero.

C.: Quiero el último de Eduardo Mendoza y el nuevo de Ruíz Zafón. Dese prisa, por favor, tengo que salir de aquí.

R.: Ya mismo, si es alérgico al polvo o algo se los saco a la puerta.

C.: No, señorita, no es eso. Es que soy adicto a comprar libros desde 1958. Es un vicio -porque para mí es un vicio- contra el que no puedo luchar. Ya se que no es alcohol, ni drogas, pero créame que puede resultar igual de dramático. Solo que no hay antídoto ni terapias ni nada. Necesito esos dos libros, pero si miro alguno más me lo llevaré y no puedo. ¡No puedo!

R.: Ah, pero, pero…

C.: Si, señorita, no me mire así, esto es serio. Tengo en casa casi 5.000 volúmenes y apenas muebles, y de todos esos habrá 300 que ni he leído aún. Pero, míreme, yo sigo comprándolos, es algo enfermizo. Ahora tengo a medias Un mundo sin fin, El corazón helado y El palacio de la luna, así que, como verá, no necesito ni El asombroso viaje de Pomponio Flato ni El juego del ángel, pero me resultará imposible volver a casa sin ellos.

R.: Entiendo…

C.: NO, no lo entiende usted. Cuando le digo que no podré regresar a casa sin ellos es literal. Y en el supuesto caso de que lo hiciera, la idea de tenerlos me obsesionaría hasta el punto de salir en pijama a horas intempestivas a por ellos. Que no sería la primera vez. Lo que le digo, es una adicción como otra cualquiera. Y no es solo eso, es que ya no me caben, y mi casa es muy vieja y es un quinto sin ascensor y estoy enfermo del corazón y la artrosis me tiene casi imposibilitada esta pierna, pero me resultaría imposible mudarme y trasladar todos esos libros.

R.: Pues deje a Pomponio y al de Ruíz Zafón ahí, caballero, y tome su dinero. No se los vendo.

C.: ¡No diga bobadas! Iré aquí al lado igual. ¡Adiós!

Y se fue, y pétrea me quedé yo, que tan alegremente parloteo de mi libroadicción, de mi adquisición compulsiva de ejemplares, de lo inimaginablemente atestada de volúmenes que está mi casa y de que rara es la vez que vuelvo a mi hogar sin tinta fresca encima.

Pero aún no hay en mí ni rastro de esa mezcla de tristeza, culpa y abandono. De esa apostura corvada de soldado que regresa del frente derrotado, sin honor y con la conciencia entre quebrada y turbia.

Jamás vi a nadie a quien comprar dos libros le cuarteara el alma de esa manera, queridos. Nunca.

¿Y vosotros?