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Reflexiones de una librera actualizada y decidida a interactuar con el prójimo a librazos, ya sea entre anaqueles o travestida en iRegina, su réplica digital

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¿Y qué hay de literatura japonesa?

Puedo desoír cualquier llamada, pero nunca si su trasfondo es bibliófilo. Por eso cuando el otro día mi querida reginaexlibrislandiana y alma mater de Blog de Libros publicó un comentario a mi post Dame una novela que me voy a China para pedirme sugerencias de letras niponas activó el resorte que nos metamorfosea a mi en barman y a mi pelucón en una curiosa coctelera que, tras horas de mezclas, reflexiones y pruebas, nos permitió elaborar la carta adecuada de cócteles bibliófilos del país del sol naciente para quienes quieran viajar en letras al Japón de ayer y de hoy…

… Aquí la tenéis:

 

Botchan, de Natsume Soseki. Más de un siglo después de su aparición en Japón llegó por fin a nosotros Botchan uno de esos clásicos que van de mano en mano, especialmente entre los lectores jóvenes. Su autor es una de las plumas claves de la literatura nipona es, entre otras muchas cosas, un maestro de la ironía y las sutilezas a la hora de perfilar los contrastes entre su férrea tradición y occidente. El protagonista y la voz del relato es un joven tokiata de ventipocos años aferrado a un curioso código de honor y aficionado a poner motes a los demás que cautiva por su cinismo y por su bobaliconería, según el párrafo. Recién licenciado acepta su primer empleo como profesor en una remota escuela de provincias, y el choque entre lo que él considera un pueblucho atestado de paletos con una manada de pupilos asilvestrados y la opinión que todos ellos tienen de él -un mamarracho de ciudad- es delirante, porque Botchan desentona allí más que moscón sobre una pared encalada. Corrosivo, entrañable y tremendamente divertido. También de Soseki leer Sanshiro y Kokoro.

 

El marino que perdió la gracia del mar, de Yukio Mishima. Pocos hay que, como Yukio Mishima, dominan la literatura de la sugestión, en la que lo que se cuenta es sólo una puerta a otra dimensión narrativa en la que el lector se topa con otra realidad tan inesperada como deliciosa. Por eso pasearse por entre las páginas del escritor nipón es lo más parecido a bucear por entre los restos de un buque hundido, ante los que la imaginación reacciona reconstruyendo el artefacto flotante en todo su esplendor. Y en El marino que perdió la gracia del mar esa habilidad alcanza una de sus más altas cimas, con la historia de un muchacho que, junto a otros, trata de hacerse un hueco por entre los escombros de un Japón que la Segunda Guerra Mundial devastó espiritual, social y económicamente. Inquietante.

 

La mujer de arena, de Kobo Abe. La mujer de la arena es una obra de un fluir imparable ypoderoso, el de la arena que avanza metro a metro paraabsorber las cosas y los seres, envolviéndolos en un mantode olvido. Kôbô Abe plantea de forma intensa y precisa elconflicto del hombre enfrentado a sus propios límites y elsentido de una existencia cerrada. Un mundo en el que noexiste más realidad que la materia, que sólo se puedeaprehender a través de una exacerbada sensualidad.

 

Tokio Blues, Norwegian Wood , de Haruki Murakami. Tanto para quienes ya se han adentrado en el universo de H. Murakami como para quienes aún no lo han hecho Tokio Blues, Norwegian Wood es una de las mejores vías de acceso a la impecable genialidad del escritor nipón. En ella a un ejecutivo con un pié en los cuarenta una melodía de los Beatles le clava a traición dos décadas atrás, arrastrándole en una espiral de dolorosos recuerdos. Su desdoblamiento apasionado entre la misteriosa y cautivadora Naoko, quebrada como él tras el suicidio de Kizuki -su mejor y único amigo y el novio de ella-, y la arrolladora Midori marcaron su torpe posicionamiento en el precario equilibro emocional en el que sigue inmerso. No pedrerse tampoco Sputnick mi amor, en la que te ves colgado en el vacío junto a un joven profesor, una carismática aspirante a escritora de 22 años y una glamurosa mujer de mediana edad. Él está enamorado de la novelista que, a su vez, siente una pasión desbocada por la hermosa mujer. El final de un viaje que ellas emprenden rompe súbitamente la tela y todos os precipitáis hacia un delicioso final.

 

Tsugumi, de Banana Yoshimoto. Aunque ya es prácticamente imposible destronar a H. Murakami como rey de la narrativa japonesa, Banana Yoshimoto apuntala, novela a novela, su universo narrativo poblado por personajes tiernos, trágicos, carismáticos, delicados y poliédricos. Y en esa línea está Tsugumi, en la que una niña de belleza y carácter extraordinarios se revela, en la intimidad, caprichosa y despótica con su familia y en especial con María, su mejor amiga y voz del relato. La separación de ambas cuando María abandona el lugar en el que crecieron lleva a ésta a descubrir el por qué de la bipolaridad emocional de su adorada Tsugumi. Magnífica.

 

Un grito de amor desde el centro del mundo, de Kyoichi Katayama. Sakutaru y Aki se conocen en la escuela de una ciudad de Japón. Él es ingenioso, precoz y algo sarcástico. Ella es inteligente, hermosa, agradable y popular. De la camaradería, la relación evoluciona hacia el amor cómplice, de la ternura a la pasión sin claroscuros. Ambos se convierten en inseparables hasta que una tragedia pone a prueba un amor, el suyo, que ellos creían y sentían como sin límites.

 

El cielo es azul, la tierra blanca, de Hiromi Kawakami. Si uno quiere adentrarse en la narrativa japonesa actual y ya conoce las obras de Murakami, Yoshimoto y Katayama, debe hacerse inmediatamente con un ejemplar de El cielo es azul, la tierra blanca, aunque también deberían hacerlo quienes buscan una novela extrañamente conmovedora y, sobre todo, una historia de amor en la que no hay sitio para los convencionalismos formales ni morales y sí para la sutileza emocional y narrativa. En ella, una solitaria mujer a punto de cumplir los cuarenta que se considera incapacitada para el amor y las relaciones se topa por casualidad con su viejo profesor, otro lobo estepario con el alma hecha jirones a quien el reencuentro con su antigua pupila despierta emociones agridulces. Juntos irán entretejiendo sus soledades y construyendo un universo propio poblado por sus abismos, sus desamores y una velada necesidad mutua que crece a cada salto de línea mientras desarma y conmueve al lector.

 

Y para quienes, además de lo nipón, prefieran la novela histórica sugiero que lean la saga Musashi, de Eiji Yoshikawa. En tiempos la editó Martínez Roca pero, tras flotar unos años en el limbo de la descatalogación, este año la editorial Quaterni ha rescatado la historia que publicará en tres tomos, dos de los cuales ya están en las librerías: Musashi 1: La leyenda del Samurai y Musashi 2: El camino de la espada. En cuanto al tercero, aún no hay fecha cerrada pero está al caer…

 

 

En ellos, Eiji Yoshikawa recrea la vida de Miyamoto Musashi, el samurai más famoso de la historia del Japón feudal que, además, diseccionó su espíritu en El Libro de los cinco amillos, uno de los textos fundamentales sobre la lucha y la estrategia surgido de la cultura guerrera japonesa. Con la recreación de Yoshikawa, lo que le llega al lector es una fascinante mezcla de ficción y realidad y un viaje ineludible al Japón auténtico.

Con la saga Musashi concluyo mi ‘carta’ de sugerencias de lecturas escritas por japoneses y ambientadas en Japón. Como siempre, queridos, no son todas las que están ni están todas las que son así que, reginaexlibrislandianos míos, ¿qué libro pensáis que me dejé en el tintero? ¿Habéis leído alguno de estas novelas? ¿Qué os pareció? ¿Cómo llegasteis a ellas? De no conocer ninguna, ¿os planteáis ir a por alguna de ellas?

Día del Libro-L’Oreal: ‘Hoy me los regalo a mí porque yo lo valgo’

Ay, queridos, una cosa es vivir en nuestro apacible 23 de abril perpetuo y otra sobrevivir a las 24 horas en las que, como el pasado miércoles, los calendarios regino y gregoriano se solapan y, ¡zas! una gloriosa marabunta entró y salió continuamente de nuestros confines en busca de libros.

Fue maravilloso, pero durísimo. Un goteo permanente, una ininterrumpida sucesión de peticiones, recomendaciones, averiguaciones, demandas y gloriosas excentricidades por las que doy gracias a todos los dioses del olimpo librero y que en reginaexlibrislandia sobrellevamos con dignidad y todo el oficio que cabe en nuestros cuerpecillos.

Eso sí, fue pasar la medianoche del Día del Libro en el calendario de afuera y lo que quedaba de nosotros, pobres libreros, era penoso. Parecíamos sacados del Thriller de Michael Jackson: una panda de zombies desastrados caminando a trompicones y balbuciendo palabras inconexas de puro agotamiento.

Reseca me quedé yo, queridos, y con el pelucón pegado al cráneo, frito y deslucido, como el de Michael.

Como hoy aún estoy lejos de ser la que fui y hasta que tenga datos fiables de la jornada de momento me limito a dejar constancia de lo que llegué a asimilar:

– La mayoría de mi adorada carne de reginaexlibrislandia entró en busca de libros para regalarse, no para regalar. Así que lo he rebautizado como el Día del Libro-Loreal: porque yo lo valgo.- El 10% de descuento sobre el PVP hizo que, en general, vendiéramos más ejemplares en tapa dura que en ediciones de bolsillo. Incluso clientes que siempre van directos al formato económico hicieron una excepción y la edición rústica fue la ‘reina por un día’.

Ruíz Zafón también arrasó en reginaexlibrislandia: su El juego del Ángel y, ésa si, la edición de bolsillo de La Sombra del Viento volaron de mis confines a velocidad de crucero.

– Junto a él El Asombroso viaje de Pomponio Flato de Mendoza; Un Día de Cólera de Reverte; El niño con el Pijama de Rayas; El Secreto; El economista camuflado, Harry Potter, La otra Bolena de Philippa Gregory, La Carretera de Cormac McCarthy, Saber perder, de David Trueba y Seda, de Baricco.

– Para nuestra satisfacción y regocijo nos quedamos sin existencias de las aventuras de El Pequeño Nicolás de quien, como sabéis, soy devota.

Mafalda, de Quino; Persépolis y Mauhaus también fueron las favoritas en cómic y novelas gráficas.

. Stefan Zweig que, os recuerdo, es el santo patrón de reginaexlibrislandia, también estuvo de fiesta, especialmente sus Venticuatro horas en la vida de una mujer y Carta de una desconocida.

– En cuanto al bolsillo, El Diario de Ana Frank se llevó la palma: tenía quince ejemplares, me quedé a cero. También la relativamente recién editada El mundo según Garp de Irving y Sputnick mi amor de Murakami en Maxi Tusquets parecían quemar en mis manos.

De momento eso es todo, queridos. Pero ahora os toca a vosotros (Quid pro quo). ¿Qué libros regalásteis y cuáles os regalaron? ¿Fuisteis de saffari librero?

“Murakami, mi amor”

Cuando pienso en las tareas diarias que, como librera, me competen en la librería me viene a la cabeza un caleidoscopio. Si, queridos, ese cilindro preñado de piezas inconexas que requiere el giro adecuado para ver la imagen final.

Recepcionar mercancía, puntear, cotejar albaranes y facturas, etiquetar, colocar, atender, preparar pedidos y encargos de clientes así como avisarles de su estado son las piezas, pero sólo llevarlas al día te da la visión de una reginaexlibrislandia impecable.

Por eso esta Regina que suscribe se desdobla en otras siete cada jornada. Pero aunque lucho en cada frente con igual bravura hay algo que cuido especialmente: los encargos de los clientes.

Si me comprometo con alguien a localizarle un libro jamás descuido la misión. Soy tan maniática que me lo tomo como algo personal. Cuando tengo que decirles que el libro está descatalogado o en proceso de reedición hasta se me quiebra la voz.

Pero si el parte es positivo la llamada es solo el pregón que anuncia la gran fiesta: cuando vienen a por su ejemplar. Y aquí la dimensión de la bacanal es proporcional a lo difícil que me resultara conseguir el libro.

Y hoy en reginaexlibrislandia hubo más confeti que en el día grande del Carnaval de Río de Janeiro. Y todo porque un cliente tuvo por fin en sus manos, tras meses de búsqueda infructuosa, su ejemplar de La caza del carnero salvaje, de H. Murakami

Del autor nipón Tusquets ha editado en castellano Tokio Blues, Crónica del pájaro que da cuerda al mundo, Al sur de la frontera al oeste del sol, Kafka en la orilla y Sputnik mi amor (que ya os recomendé, aunque cualquiera de Murakami es candela pura). Y Anagrama tiene La caza del carnero salvaje, pero no es fácil de encontrar.

Lo sé porque yo me volví loca en su día, así que entendí su alegría. Dramaticemos la escena para que os hagáis una idea. Se abre el telón y aparece una pareja de enamorados (Cliente y Regina ExLibris) que acaban de ser padres de un bebé (La caza del carnero salvaje):

Él observa a la madre y al bebé con una mirada cargada de felicidad espolvoreada de desconcierto, porque no acaba de creerse que ese sea su hijo. Y ella, radiante y orgullosa, proyecta el haz de luz de sus ojos primero sobre uno, luego sobre el otro. Un silencio apacible y denso como un velo les aísla para que todo se ralentice y la escena de felicidad compartida se congele en sus memorias sin interferencias. Él pregunta por el nombre que le pondrán, y ella responde a media voz: “Murakami, mi amor”.

Fue fabuloso, queridos. Y para rematar le di algo que me acababa de llegar: el cuadernillo del primer capítulo de la nueva novela de Murakami, Sauce ciego, mujer tranquila, que sale el próximo 6 de febrero. El caballero estaba como flotando… y la imagen que me reveló tras el cierre mi caleidoscopio deslumbraba más que el faro de Alejandría.

Y vosotros, ¿encargáis libros? ¿Os avisan? Si no lo hacéis, ¿por qué? ¿Tenéis alguna anécdota?

Cómo superar mi ‘momento-Gollum’

Y yo que creía que Reagan, la inolvidable niña de El Exorcista (de la película, pero más de la novela previa W. Peter Blatty, que es fabulosa e inquietante), era la única capaz de bordar aquel antológico giro de cuello de 360º…

Pues no, queridos, hoy descubrí que yo también puedo ejecutarlo bajo relativa presión. De hecho creo que es algo consustancial al librero/dependiente nato en plena campaña navideña o de rebajas.

Eso sí, nada de soltar improperios ni espumarajos por la boca, sólo sugerencias, recomendaciones, alguna que otra indicación y sin escatimar en sonrisas.

El caso es que a dos días de la noche de Reyes no doy abasto en la librería, y me he convertido en toda una reinona de lo que los teóricos llaman ‘atención simultánea’. Escucho las peticiones de cinco o seis personas a la vez logrando que ninguna se sienta desatendida, y así durante horas. Sin parar. Es agotador pero en algún momento de la jornada toda yo soy un amasijo de vísceras, pelucón y adrenalina con patas.

Y es que se vende, y mucho, y a velocidad de crucero. Es algo escandaloso, queridos. Aún es pronto para el análisis, pero cada persona se lleva una media de cinco o seis libros, un poco de todo. Y a mi me ocurre algo curioso que me tiene desconcertada.

Cuando van esfumándose ejemplares de Un mundo sin fin, de Ken Follet; La Bodega, de Noah Gordon; La catedral del mar, de Ildefonso Falcones o Un día de Cólera, de Pérez Reverte, de los que tengo reservas y pilones enteros de lo único que me preocupo es de reponer.

Pero si veo que cogen ejemplares ‘de fondo’ de las estanterías me entran unas ganas locas de arrebatárselos y volverlos a colocar en su sitio.

Es lo que ya he bautizado como el momento-Golum, cuando cada célula me implora acercarme a ellos, agarrar el ejemplar y soltar aquello de:

‘Mi tesssssssssssoro, essss miiiiiioooooooooooo

Creo que no soporto ver mis baldas melladas, esos huecos entre tomos son superiores a mi. Espero ser fuerte y mantener a raya al Golum que llevo dentro o el numerito que puedo montar en la librería puede ser verdaderamente regio… y de loquero.

Apenas diez minutos antes del cierre me pasó de nuevo, cuando un señor cogió/me quitó/cogió/mequitó/cogió/mequitó… perdón, quiero decir cuando un cliente se llevó ‘nuestro’ último ejemplar de uno de mis últimos grandes tesoros: Sputnik, mi amor del nipón Haruki Murakami(Nota de Regina: si no os lo habéis leído, os lo recomiendo… me robó a traición una noche de sueño, pero me dejó en paz con el Universo)

Menos mal que en ese momento estaba enterrada bajo una caja repleta de colosales ejemlares de Un Mundo sin fin, por lo que me pilló inmovilizada, si no igual hasta le salto al cuello…

Os recuerdo la dualidad de Golum/Smeagol:

Ahora es cuando debiera decir eso de ‘¿Qué me pasa, doctor?’

Por cierto, ¿qué libro creéis vosotros que será el más vendido hasta Reyes? Y en un mundo ideal, ¿qué libro os gustaría que fuera el más vendido?