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Reflexiones de una librera con delirios antropológicosaficionada a diseccionar los hábitos lectores de los españoles

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Déjà vu bibliófilo: ¿fue Jean Valjean quien robó pan en Barna?

La bulimia bibliófila nos lleva a muchos a confundir Vida y Literatura. De ahí mi tendencia obsesiva a buscar y, para qué negarlo, en ocasiones hasta forzar paralelismos entre escenas cotidianas y estampas de libro. Son los efectos secundarios de la ingesta indiscriminada de letras, y hay que aprender a refrenarlos o corremos el riesgo de acabar con los huesos y las letras embutidos en una camisa de fuerza.

Pero hay veces en que las semejanzas son tan obvias y el desdoblamiento tan aplastante que hasta yo me escandalizo y, por extensión, mis libreros y algún que otro reginaexlibrislandiano al que la tormenta sorprenda en mis confines libreros.

Hoy he protagonizado uno de esos déjà vu bibliófilos tras leer en 20Minutos.es la siguiente noticia:

Fue terminar de leerla y ponerme a berrear como una loca:

¡OTRO JEAN VALJEAN! ¡POR FAVOR, SI HASTA ES FRANCÉSSSS!

Aunque mi grito no llegó a hacer estallar ningún cristal, si logró atraer la atención de uno de mis libreros y de un cliente que curioseaba en mis baldas de clásicos.

Tras el silencio a tres bandas, la curiosidad pudo con ellos y se acercaron hasta el pie de mi escritorio:

Librero2: ¿Se puede saber qué te pasa, Regina?

Cliente: ¡Sí, por Dios, que casi me da un infarto!

Regina: La noticia, mirad ¡ESTA NOTICIA!

L2: ¿“Condenan a un año de cárcel al mendigo que robó media barra de pan”?

R: ¡ESA, ESA!

C: Hombre, Regina, es extremo, pero dice que se puso agresivo el tipo, ¿no?

R: Pero, ¿no os recuerda a nada?

L2: ¿A otro caso reciente?

R: NOOO, a LOS MISERABLES, a VICTOR HUGO, a JEAN VALJEAN

C: Creo que me he perdido…

L2: Y yo, la verdad

R: ¡Ish! Pues que en Los Miserables en pleno París revolucionario un hombre llamado Jean Valjean es condenado y perseguido por robar un mendrugo de pan…

C: ¡Anda, como éste pobre hombre!

R: ¡Exacto! Y para colmo el tipo era francés…

L2: Curioso, si, muy curioso

R: En la novela en realidad no recuerdo que Jean robara con intimidación, pero le trincaron y eso marcó su destino…

C: ¿Os podéis creer que no me he leído Los Miserables?

R: Bueno, míralo así: tienes la suerte de poder perderte en ella, a mi me parece fabulosa, un novelón en toda regla.

C: ¿En serio?

R: Sí, es un viaje alucinante al París revolucionario en el que Jean Valjean, tras lo del pan, busca la redención en Cosette, su hija adoptiva, mientras los parisinos buscan su identidad por entre los escombros de sus ideales y al pie de la guillotina. Una clase magistral de literatura, de historia, de realismo y una impecable disección del alma humana…

L2: Uy, voy a tener que releérmela yo también.

Al final mi reginaexlibrislandiano se llevó Los Miserables con la promesa de volver a comentarla conmigo y con Librero2 que, a su vez, se comprometió a volver sobre ella porque, según él, la leyó en mal momento.

En fin, queridos, ¿sois de los que yuxtaponen sin quererlo Vida y Literatura? ¿Habéis excperimentado algún Déjà vu bibliófilo? ¿Leísteis la noticia del robo del pan? ¿Y Los Miserables?

¿Qué es lo primero que miras de un libro?

Como soy de quienes piensan que son los libros quienes escogen a sus lectores, y no al revés, desde mi privilegiada torre de vigía bibliófila me paso horas enteras observando el ritual de apareamiento libro-lector.

Psss, silencio. Un cliente de mediana edad elegantemente vestido se adentra en mis confines y camina hacia una de las mesas donde palpitan arracimados montones de libros.

De todos ellos, ¿cuál será el elegido? ¿qué arma de seducción empleará cada ejemplar? Y entonces la Félix Rodríguez de la Fuente que llevo dentro se abre paso por entre mis múltiples personalidades y aflora en su versión bibliófila al ritmo de la música de cabecera de la mítica serie televisiva para relatar la escena a otro de mis libreros, que pasa el plumero en la balda contigua.

Una media hora después veo al caballero indeciso entre Los hombres que no amaban a las mujeres, del sueco Stieg Larsson, y El Desencantado, de Budd Schulberg dos libros maravillosos que nunca me cansaré de recomendar.

Finalmente se lleva el ejemplar de Los hombres que no amaban a las mujeres, y a mi me intriga saber qué habrá pesado más en su decisión final. ¿Habrá sido esa portada tan escandalosamente cautivadora como inquietante? ¿O tendría buenas referencias de la novela? ¿Y por qué esas dos llamaron más su atención sobre las otras cincuenta de la mesa?

Nunca lo sabremos, aunque se admiten apuestas, queridos. ¿Qué pensáis?

Justo hace poco me topé con los resultados de una encuesta on line que un gran grupo editorial realizó entre 3899 lectores. A la pregunta “¿Qué es lo primero que miras de un libro?” daba cinco opciones de respuesta: a) La Portada. b) El Título. c) La Contraportada. d) El Autor. e) La Editorial.

Pues bien, según el sondeo el 30% de quienes respondieron afirmaban que el título. El 27% que la portada, el 25% que el autor, el 15% la contraportada y, por último, el 3% restante respondió que la Editorial.

Y vosotros, queridos, ¿qué es lo primero que miráis de un libro?

¿Pero, El principito no está ya muy pasado?

Ni estos meses al timón de reginaexlibrislandia ni las advertencias de experimentados profesionales del libro me preparaban, ni a mi ni a otro de los míos, para la clase de prueba que la divina providencia librera nos tenía reservada para una tórrida tarde de agosto como la de ayer.

Tanto fue así que la experiencia nos metamorfoseó en estatuas de hielo cuando la temperatura ambiente allá entre nuestras cajas y pilas de libros rondaba los cuarenta grados, y subiendo. Pero es que hay situaciones ante las que la sensiblidad y el sistema nervioso central de un amante de la literatura nunca sabes cómo van a reaccionar.

Y esta vez a nosotros se nos cayó la temperatura corporal cuando una señora de unos sesenta años acudió a nosotros en busca de ‘un libro especial’ para su ahijada, que hacía su primera comunión:

– Clienta: Ya le he comprado algo de ropa, pero quiero regalarle también un libro bonito. No la veo muy a menudo porque vive fuera, y quiero que sea algo… pues eso, especial. Algo que conserve.

– Regina: Bueno, en ese caso yo sin duda le diría que le lleve El Principito en cualquiera de sus ediciones. Ahora mismo aquí tenemos tres en castellano y una bilingüe, francés-español.

– Librero 2: ¡Sin duda! Yo le iba a sugerir tambien a Saint Exupéry

– Clienta: ¿Eseeeee? ¿Pero El Principito no está ya muy pasado?

Antes de cerrar el signo de interrogación un viendo gélido nos dejó de hielo. Fue horas más tarde, cuando nos afanábamos en absorber con dos fregonas nuestro asombro ya derretido a nuestro lado del mostrador, cuando recobramos la serenidad suficiente como para hablar del tema sin que nuestros dientes rechinaran de rabia.

La conclusión fue, obviamente, que cómo es posible que a alguien se le pase por la cabeza la idea de que El Principito esté pasado de moda.

Al final la buena mujer se llevó La emperatriz de los etéreos, de Laura Gallego:

“Es más reciente, creo que gustará más”.

Y vosotros, queridos, ¿creéis que El Principito puede resultar anticuado? ¿Qué le hubierais dicho a la señora? ¿Cuántes veces os habéis leído El principito? ¿Recordáis vuestro primer ejemplar? ¿Lo conserváis?

“No me engañe, sé que el de Cornelia Funke ya se vende”

Qué injusta es la vida, queridos. Apenas llevaba unos minutos flotando tras uno de mis subidones libreros cuando llegó a mis confines un desaprensivo con vocación de acupuntor emocional y me reventó la burbuja, atravesándola con dos frases cargadas de alfileres.

Empecemos por lo bueno: la visita mañanera y fugaz de un reginaexlibrislandiano que había estado en la librería el jueves pasado.

Como aquel día buscaba ‘un novelón de esos que te arden en las manos y que encierran un curso acelerado de supervivencia social’, yo no titubeé y le di Las amistades Peligrosas, de Pierre Choderlos de Laclos.

Parece que acerté, y él tuvo el detallazo de pasarse para contármelo:

“Perdona… pero tenía que venir a decírtelo: me pasé todo el fin de semana pegado a Las Amistades Peligrosas. ¡Vaya libro! Yo no sé cómo no di con él antes, de verdad. Ufff. Ahora tengo prisa, pero quería que lo supieras. Me paso otro rato esta semana y lo comentamos si quieres…”

Y se fue, y me dejó plácidamente acomodada en mi pompa gigante, meciéndome en mi ego librero a metro y medio sobre el suelo con una sonrisa de satisfación que me daba la vuelta a la cara, y pensando en el librito y en cómo lo disfruté yo en su día, queridos.

Si, porque más allá de que la adaptación al celuloide de 1988 fuera sublime y con un reparto de escándalo, la novelita epistolar es una auténtica maravilla que radiografía el alma de dos seres tan maquiavélicos como seductores de la nobleza de una ya decadente Francia dieciochesca.

Las cartas, impregnadas de sus pasiones -altas, pero especialmente las más bajas- revelan al lector el pulso entre la Marquesa de Merteuil y el Vizconde de Valmont, dispuestos a todo por masacrar al rival y salir airosos en un entorno en el que cada beso sabe a un veneno, en cada gesto late una traición y donde la inocencia se paga con la vida.

Así que ahí me tenéis a mi, empolvándome el pelucón dentro de mi burbuja de autosatisfacción para metamorfosearme durante un rato en la Marquesa de Merteuil, cuando llegó el cliente-acupuntor:

– Cliente: Oiga, ¡OIGA!

– Regina: Si, buenos días, ¿qué desea?

– C.: Quiero Muerte de Tinta, de Cornelia Funke.

– R.: Ah, si, el que cierra la trilogía de Sangre de Tinta y Corazón de Tinta. Pues lo siento, caballero, pero sale a la venta el día 23… aún no está en las librerías. Quizá en algunas ofrezcan pre-venta, pero nada más.

– C.: Se equivoca.

– R.: A ver, un segundo que lo compruebe… Justo, Muerte de Tinta sale a la venta el 23 de Mayo y un par de semanas después Cornelia Funke vendrá a Madrid a presentarlo. Al menos es lo que me escriben desde Siruela, que es quien lo edita en castellano.

– C.: OIGA USTED SEÑORA O SEÑORITA, NO ME MIENTA SOLO PORQUE USTED NO LO TIENE AÚN O PORQUE NO ME LO QUIERE VENDER, PERO SÉ QUE EN OTRAS TIENDAS YA ESTÁ AGOTADO. ¡ADIÓS!

¡CHOFFF! A mi se me reventó la burbuja y caí de morros sobre mi regio suelo con una mueca de interrogación en el rostro y el pelucón del revés.

Para cuando reaccioné él ya se había esfumado, dejando tras de sí una estela de energía negativa reconcentrada que pulvericé aferrándome a otro ejemplar de Las Amistades Peligrosas.

Además la escenita me dio pie para recordar uno de los grandes momentos de mi adorada Marquesa de Merteuil que es toda una clase magistral sobre cómo actuar de cara al público cuando éste no te muestra su lado más, ejem, agradable y una tiene que capear el chaparrón de grosería e irracionalidad con elegancia:

“Aprendí a sonreír mientras por debajo de la mesa me clavaba un tenedor en la palma de la mano”

Decidme, queridos, ¿hace falta ser tan desagradable en esta vida? ¿Cuelgo un cartel invitando a que la gente deje fuera de reginaexlibrislandia sus neurosis? ¿Habéis leído Las Amistades Peligrosas? ¿Y algo de Cornelia Funke?

Para recomendar un libro o empatizas o patinas, querido

Lo creáis o no y a pesar de que ya llevo una temporadita en el ruedo librero, cada vez que alguien acude a mi en busca de ‘el libro’ para sí o para terceros a mi me tiembla hasta el pelucón.

Si, queridos, es mi pánico escénico particular, un vía crucis regio en el que se me agarrota la neurona y el miedo al patinazo solidifica esta sopa de letras que habitualmente me hierve bajo el pelucón, con lo que por un instante me quedo muda y sin recursos o, lo que es lo mismo, sin respuesta.

Pero lo cierto es que algún neón termina por encendérseme y suelo salir airosa de los ‘aprietos’ en los que me clava toda esa carne de reginaexlibrislandia que tanto adoro y que se adentra en mis confines cuando menos lo espero.

La cosa es que mi respeto por los libros y la literatura es tal que jamás, jamás me tomo a la ligera una consulta, ni suelto lo primero que me viene al pelucón para hacer mutis por el foro a la primera de cambio. Primero porque para reina yo y segundo porque cuanto mayor es el reto librero mas me divierto.

Así que cuando deje de divertirme o de sentir ese pánico escénico habrá llegado la hora de echar el cierre a reginaexlibrislandia, embutirme en la piel de otra cosa y quitarme el pelucón regio… aunque algo me dice que a mi me enterrarán con él puesto, queridos.

Y todo este parloteo viene porque Kitiara preguntaba en un comentario sobre cómo superar ese pánico a recomendar lecturas y a no atinar con el libro adecuado para alguien. De momento yo sigo tres reglas básicas:

1. EMPATÍA. Por mi experiencia en las trincheras la clave está en la empatía: has de metamorfosearte en el destinatario y averiguar cuanto puedas sobre lo que en él se cuece de epidermis para adentro. Saber en qué momento emocional y existencial está el personajillo en cuestión y qué es lo último que ha leído, alguna historia que le haya impactado o qué tipo de cine ve suelen ser baldosas amarillas que te enfilan hacia el Oz Librero.

2. MÁS EMPATÍA. Por toda la Biblioteca de Alejandría, queridos, huid como de la peste de la tentación de regalar un libro solo porque a vosotros os cautivó. Otra cosa es que, además de haberos hechizado, haya algo en él para su destinatario o viceversa. Entonces si, divinos: como obuses a por él.

3. EMPATÍA HASTA SI SE TRATA DE UN CLÁSICO. Si lo que queréis es regalar un LIBRO, un título de esos que os sobrevivirá a vosotros y a unas cuantas generaciones más, tampoco se os ocurra dejar de lado la empatía. El momento vital por el que atraviesa una persona es esencial para que el libro le haga volar en lugar de aplastarle.

En fin, de momento ese es el decálogo regio que escribo sobre la marcha y que me ampara a diario en reginaexlibrislandia. Cuando lo termine os lo brindaré, palabra de queen.

Pero ahora decidme, queridos, ¿cómo lo hacéis vosotros cuando os piden recomendaciones de lecturas o llega el momento-regalo de libro a terceros?