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Reflexiones de una librera Reflexiones de una librera

Reflexiones de una librera actualizada y decidida a interactuar con el prójimo a librazos, ya sea entre anaqueles o travestida en iRegina, su réplica digital

‘¿Ghostgirl no es cosa de chicas?’

La primera vez que vi un ejemplar de Ghostgirl su diseño sepultó el más sagrado de mis principios: no juzgarás un libro por su forma, sino por su contenido.

Pero es que cuando llegó a Reginaexlibrislandia ese extraño ejemplar con forma de ataúd la más insana de las curiosidades me pulverizó el pudor bibliófilo. Y me dije:

Regina, cielo, ¿qué es eso y quién demonios es la tal Tonya Hurley?

Tras hojearlo, descubrí que se trataba de una novela para lectores de más de 12 años que abría con una cita de Oscar Wilde (“Que hablen mal de uno es terrible. Pero es peor que no lo hagan en absoluto“), cosa que me encantó.

Su portagonista, la impopular Charlotte Usher, arranca un nuevo año escolar decidida a ‘ser alguien’. Pero un osito de gominola truncará sus planes… ¿O quizá no? Porque puede que, desde el más allá, le resulte más sencillo no pasar desapercibida.

Ghostgirl fue saliendo de mi librería en un goteo discreto, pero constante. Si quien lo buscaba no era el propio interesado sino algún progenitor, directamente me preguntaban:

¿Tienes esa que es un ataúd?

Al verlo de cerca, su rostro se congelaba en una muestra de desconcierto y, no sin antes mirar al cielo regino y suspirar, se lo llevaban.

Pues bien, acaba de salir Ghostgirl. El regreso, y vuelve a ver movimiento por entre mis anaqueles. Ahora, Charlotte continua haciendo de las suyas desde el más allá y, de nuevo, este segundo volumen arranca con una cita, pero esta vez de Santa Teresa (“Se derraman más lágrimas por plegarias atendidas que por las no atendidas“). La misma que da pie y título al Plegarias atendidas de Truman Capote. Cuanto menos, interesante.

Pero hace unas horas una mujer me dejó desconcertada:

 

– Clienta: Hola, ¿tiene el segundo de la niña esa que está muerta?- Regina: ¿Ghostgirl. El regreso?

– C.: Sí, ese. Verá el primero dudé en si regalarselo a mi hijo, porque lo vi algo femenino, asi que lo deje estar. Pero él ahorró y se lo compró con la paga. Y ahora me ha pedido el nuevo, y no sé yo

– R.: Mmm, no sé, la verdad es que nuncame planteé si era para chicos o chicas, la verdad. Quizá sí para un perfil determinado, quiero decir para chicos y chicas que se sienten diferentes y que, además, les gustan las historias de fantasmas…

– C.: Es que como el otro tenía mucho rosa… y este es moradito…

– R.: Bueno, esos son cosas del diseño. Y si no se los llegan a meter ´quizá hubieste quedado demasiado oscuro, ¿no cree?

– C.: Sí, eso es verdad.

– R.: Y si él se lo compró y ve que le gustó no veo nada de malo. Yo la verdad es que me lo leí y me parece original, inteligente y divertido. Además hace referencia a otros escritores, músicos y cineastas. ES bastante complero.

– C.: ¿Pero entonces Ghostgirl no es cosa de chicas, no?

– R.: No, a mi modo de ver, no.

 

Al final se llevó Ghostgirl. El regreso, aunque aún dubitativa.

Y mi pelucón se quedó centrifugando frenéticamente sobre la idoneidad de un libro u otro en función de si eres chico o chica. No sé, para mí un lector se define por sus inquietudes, sensibilidad e intereses, no por su género.

Y vosotros, reginexlibrislandianos de pro, ¿Conocíais Ghostgirl? ¿Qué os parece? ¿Se lo hubierais regalado a un chico? ¿Por qué? ¿Tenéis en cuenta el sexo de vuestro destinatario a la hora de regalar libros?

Menos paracetamol y más Philip Kerr

No hay mejor forma de terminar con una gripe vírica que atiborrarse de paracetamol y vitamina C bajo el edredón y, a ratos, darse a una de esas lecturas que tienes pendientes porque te interesan y porque, para más inri, un cálido día otoñal uno de tus reginaexlibrislandianos asiduos te retó a un singular duelo bibliófilo: “¿Quién se lee la serie policiaca de Philip Kerr primero, tú o yo?”

Quizá por eso la Providencia Librera decidió que, puesto que una vez dominada la fiebre había dejado de ser una réplica de la niña de El Exorcista, ya era hora de que saldara mis cuentas con el escritor escocés y su saga Berlín Noir, protagonizada por el sabueso Bernie Gunther y ambientada en el Berlín nazi y, de paso, rematara la faena ‘aplastando’ a mi cliente y amigo XXX.

Así fue como hace una semana me adentré en el universo philipkerriano para regresar hace unas horas al mundo de los sanos absolutamente fascinada por todos y cada uno de los (por ahora) seis títulos de la serie que publica el sello RBA:

Violetas de Marzo; Pálido criminal; Réquiem alemán; Unos por otros; Una llama misteriosa y Si los muertos no resucitan, éste último flamante III Premio de Novela Negra RBA 2009.

 

 

Y, para qué negarlo, hoy regresé a mis confines deseando recibir a mi querido reginaexlibrislandiano para saborear lo que imaginaba sería mi victoria bibliófila por partida doble. Doble porque lo pasé en grande leyendo a Kerr, y porque pensaba, ingenua y pretenciosa de mi, que habiendo devorado la serie completa muy probablemente me impondría a mi adversario lector…

… Pero no fue así.

Efectivamente él se pasó por mi librería:

 

– Cliente: ¡Hombre, Regina, ya regresas al mundo de los no-víricos!- Regina: ¡Sí, ja, ja, ja!

– C.: Bueno, bueno, bueno… ¿Y qué tal Bernie Gunther?

– R.: Pasé con él mi enfermedad. TODA mi enfermedad.

– C.: ¿Ah, sí? ¿Y qué títulos leíste?

– R.: Los seis de Berlín Noir.

– C.: ¿Los seis?

– R.: Sí, querido, ¡los seis! ¡No hubo mejor medicina para mí!

– C.: Entonces estamos en tablas…

– R.: ¿Cómo que en tablas?

– C.: Esta madrugada terminé Si los muertos no resucitan…

– R.: Pe-pero, pero…

– C.: ¿Qué quieres? Me enganchó el sabueso Gunther y eso de pasearte por la Alemania nazi mientras investigas un crimen es de lo más novedoso, al menos para mí. Y husmear en los bajos de la Gestapo, de la cúpula hitleriana y de¨los advenedizos del Reich…

– R.: ¡Si! Es uno de sus grandes logros: reconstruír el día a día en la alemania nazi entre 1936 y 1945.

– C.: Así que… ¡empate!

– R.: Ja, ja, ja… y yo que venía segura de que te plancharía

– C.: Oye, ¿crees que Kerr nos dará más de su Bernie?

– R.: Eso espero… Porque, ya ves, empezó siendo una trilogía y… ¡ya van seis!

 

Y ahí nos quedamos los dos parloteando sobre anécdotas, detalles y giros de las tramas de los seis títulos de Berlín Noir pero, eso sí, ya desde la óptica de bernieguntheradictos de pro…

Y vosotros, reginaexlibrislandianos de mis anaqueles, ¿Leísteis a Philip Kerr? ¿Qué os parece su sabueso Bernie Gunther? ¿Cómo os dio por leerlo? ¿Lo recomendaríais?

Y, para terminar, una invitación regina a probar con Violetas de Marzo para los que aún titubean:

 

En la Alemania de 1936, cuando la peste nazi envuelve el país como una masa gelatinosa, aprender a convivir con la esvástica y la barbarie es cuestión de supervivencia, y a eso pocos ganan a Bernie Gunther. Ex-policía reconvertido en investigador, lucha por su integridad moral cuando proliferan las Violetas de marzo que, además del nombrar el inicio de la saga Berlin Noir, designaba a los subidos in extremis al macabro tren nazi y con demasiado por demostrar a Hitler. Philip Kerr introduce a un sabueso al más puro estilo Marlow, Wallander y Montalbano, con quien viajaremos a las entrañas de una época y una realidad, la de miles de germanos engullidos por el Führer, mientras Bernie investiga dos asesinatos que salpican a la cúpula del partido en las Olimpiadas berlinesas. Una gran novela negra maravillosamente ambientada y con un detective intenso, cálido y fuerte como un lingotazo de schnapps.

‘¿Tienes el de la comunera que cose?’

Quienes trabajamos a diario en las trincheras libreras pronto desarrollamos lo que yo denomino el Síndrome de Cole Sear, que consiste en la capacidad de interpretar las señales que un libro nos envía cuando un lector lo busca pero no es capaz de nombrarlo o, lo que es lo mismo, no atina con el título exacto.

Este raro don bibliófilo nos convierte en pseudohíbridos de Cole Sear, el niño protagonista de El sexto Sentido que, como recordareis, veía a los muertos y parloteaba con ellos. Pues bien, a los libreros nos pasa algo bastante similar, solo que con nuestros libros, y aunque al principio este curioso y desconcertante talento nos hincha la bibliofilia, a veces llega a mosquearte y echas el cierre farfullando de forma compulsiva un extraño mantra (¿Cómo supe de qué libro hablaba? ¿Cómo supe de qué libro hablaba?) y preguntándote si no has pedido el juicio como Alonso QuijanoY todo porque los libros nos hablan. Sí, queridos, nos dan oportunos ‘soplos bibliófilos’.

Por ejemplo, esta tarde estaba yo en pleno zafarrancho de devoluciones para hacer hueco -a veces a mi pesar- a los títulos por venir, cuando una madre y su hija de mediana edad se internaron en mis confines reginos. De pronto, la madre desapareció de mi campo visual diciendo algo que no entendí y la hija se plantó ante mi escritorio refunfuñando.

Cuando cerré la caja que tenía entre manos ella me habló:

 

– Clienta: Mira, ¿tienes ese de la comunera o costurera?- Regina: ¿Perdón?

– C.: Que si tienes el de la comunera que cose

– R.: Mmmm, ¿se refiere a El tiempo entre costuras, de María Dueñas?

– C.: No, no. Es algo como La Comunera que cose, y habla de la Guerra Civil. Además ha salido este año.

– R.: Déjeme pensar, pero con esos datos yo creo que…

 

Aquí fue cuando entró en escena de nuevo la madre:

 

 

– C.: Sí, lo que le digo Comunera o algo así, ¿no, mama?- Madre: Sí, de una chiquita que cose en Tetuán

– R.: ¿Seguro que no es El tiempo entre costuras, que es este de aquí?

– Madre: ¡Justo ese es!

– C.: Pero, ¿no me habías dicho la Comunera?

– Madre: ¡Te dije que cosía, y que era roja y que iba por Tetuán en la Guerra Civil!

– C.: Perdona, pero es que no hay quien la entienda

– Madre: ¿Y está bien, verdad? Una amiga me habló de él…

– R.: A mi me gustó bastante, la verdad. Es la historia de una joven modista que a finales de la Guerra Civil y comienzos de la Mundial sale de España a Tetuán y sobrevive confeccionando trajes de alta costura a damas de todo el mundo refugiadas entre Marruecos y Lisboa. Es muy, muy curiosa y está muy bien escrita, sí.

– Madre: Sí, si, es esa seguro. Es que yo fui modista y viví un tiempo en Tetuán así que ya ves

– R.: ¡Uy, entonces seguro que le gusta!

 

Y abandonaron mis confines una sin quitarle ojo a la contra del libro y la otra regañándola por no haberle dicho bien el título que quería desde un principio…

Y luego ahí estaba yo, a puntito de amputarme una mano con el cúter y desconcertada tras este nuevo episodio del tal Síndrome de Cole del que os hablaba, y gracias al que escuché a tiempo la llamada directa de mi ejemplar de El tiempo entre costuras

Por cierto que aquí os dejo el trailer de El sexto Sentido:

 

Y vosotros, reginaexlibrislandianos de pro, experimentásteis alguna vez algo similar a mi Síndrome de Cole? ¿Cómo fue? ¿Leísteis El tiempo entre costuras? ¿Os gustó?

NOTA DE REGINA: Cuando una apura de un sorbo un glorioso cocktail literario a base de aventuras, espionaje, glamour, moda y pasiones –altas, pero también bajas- perfectamente mezclado y agitado sobre una base histórica que nos clava en el antiguo protectorado español de Marruecos, entre el final de la Guerra Civil y a comienzos de la II Guerra Mundial, no queda más que recomendarlo. Porque estamos ante una deliciosa mezcla de alta costura, afán de supervivencia, desamor, damas de aristocrático pasado y dudoso presente, traidores, agentes dobles e intrigas políticas que revelan al lector la historia de Sira Quiroga, una joven modista que entre Tánger, Tetuán, la España pro-alemana y una Lisboa atestada de apátridas de turbia reputación le echa un órdago a su propia suerte.

Si tiene un ‘toy boy’ que lea a Somerset Maugham

Uno de los efectos secundarios de mi bibliofilia extrema es apoyar sin fisuras cualquier causa orientada a promover, incentivar o despertar el apetito lector en terceros. Vamos que, como en cualquier otra guerra, todo vale.

Pero eso es una cosa y otra que haya motivos tan inesperados o surrealistas que, cuando menos, me abomben el regio pelucón.

Por ejemplo, el otro día la Providencia Librera materializó ante mí a una reginaexlibrislandiana asidua que me disparó a bocajarro su particular ardid bibliófilo:

 

– Clienta: ¿Qué tal, Regina?- Regina: ¡Muy bien, XXX! ¿Y tú? ¿Te gustó El lamento del perezoso?

– C.: Mmmm, sí, pero tengo que reposarlo un poco, ya te contaré.

– R.: Uy, me intrigas. ¿Necesitas algo?

– C.: A ver cómo te digo esto… ¿Qué tal andas de adúlteras de novela?

– R.: ¿Perdona?

– C.: Mira. Mi prima está, ¿cómo te lo digo? Con un ‘toy boy’ en plan Madonna: dejó atrás hace un par de años los cincuenta, lleva casada 25 años y va y se lía con un chulazo de gimnasio de la edad de su hijo. ¡Y no veas que aires tiene! Así que en lugar de charletas morales he decidido hacerla leer una novela para que simplemente sopese las consecuencias de lo que está haciendo ¿sabes? ¡Que reflexione un poco, aunque sólo sea porque le está comiendo el suelo a regalazos!

– R.: Ahhh, bueno, pues… sí, nunca nadie me había pedido algo así, pero entiendo lo que pretendes hacer.

– C.: Lo que pasa es que tampoco quiero machacarla con un dramón en plan Madame Bovary, ¿sabes? Querría para ella algo ligero de leer, pero con lo que se identifique sin darse cuenta

– R.: Mmm, sí. Así que descartamos a Flaubert y, por lógica, La Regenta, Anna Karénina y la Therese Raquin de Emile Zola descartadas también…

– C.: Sí, sí, me temo que esas maravillas no son lo que necesitamos.

– R.: Pues entonces deberíamos centrarnos en las plumas más bífidas de los años 20, 30 y 40…

– C.: ¿Por ejemplo?

– R.: Pues mira, una opción sería Un puñado de polvo, de Evelyn Waugh. La reeditó RBA hace meses, y es una maravilla, aunque quizá demasiado agridulce.

– C.: ¡Claro! ¿Cómo no caí? Sí, la conozco, lo que pasa es que la trama da un giro para centrarse más en el marido, no?

– R.: Cierto… veamos…

– C.: Pero sí, sería algo así lo que busco…

– R.: ¡JULIA!

– C.: ¿Julia? No, se llama Marta.

– R.: No, mujer, que la novela Julia, de William Sommerset Maugham sería lo más aproximado a lo que buscamos que se me ocurre…

– C.: ¿El de El filo de la Najava?

– R.: Exacto. Que yo recuerde también trata el adultero en El Velo pintado, pero yo ahora apostaría por Julia, que en inglés se editó como Theatre.

– C.: ¿Y de qué va?

– R.: Pues plantea algo muy curioso: ¿Qué hay de real en quien nace para actuar? ¿Dónde acaba la actriz y empieza la mujer? El incisivo e inato don de W.Somerset Maugham moldea su respuesta a palabras en Julia, una diva del teatro londinense de mediana edad a punto de perderlo todo por un joven dandy. Fascinante perfil de quien, nacida para actuar y cautivar, pone la misma pasión en el escenario que en el amor y la venganza…

– C.: ¡Anda! Pero, ¿no hay película? Me suena muchísimo…

– R.: Sí, hace cinco años estrenaron Conociendo a Julia (Being Julia) que, por cierto, es una buenísima adaptación de la novela…

– C.: ¡Sí! Con Annette Bening y Jeremy Irons, ¿no? Joder, pues no sabía que era de Maugham…

– R.: Pues sí, y el libro es maravilloso, cargado de humor inglés, ironía y verdades. Por lo que me dices, plantea una situación muy similar a la de tu prima, sólo que al estar disfrazada la trama con el tema del artisteo no le va a cantar tanto a ella

– C.: Mmmm, sí, veo por donde vas. ¿Lo tienes?

– R.: Sí, justo hace unos meses Ediciones B lo reeditó en bolsillo, aunque me queda un ejemplar en balda en rústica

– C.: Mejor en bolsillo, que viaja bastante y así se lo lleva. ¡Gracias, mi reginaaaa!

 

Y se fue con el ejemplar en bolsillo de Julia, de William Somerset Maugham, y a mi me dejó pensando en cómo reaccionaría la tal Marta al descifrar entre líneas el mensaje de su prima.

Yo, la verdad, no sé cómo reaccionaría… Pero lo que sí sé es que horas después me teníais revisando compulsivamente mi biblioteca en busca de motivos e intenciones ocultos en libros que en su día me regalaron para forzarme a leerlos. Dos horas después estaba desquiciada y al borde del colapso emocional…

Y vosotros, reginaexlibrislandianos de pro, ¿leísteis Julia, de Somerset Maugham? ¿Y algo del escritor? ¿Qué libro le hubiérais sugerido vosotros a mi clienta? ¿Alguna vez regalasteis libros con intenciones veladas? Y a la inversa, ¿descubrísteis intenciones veladas en libros que os regalaron en según que circunstancias?

Y no sin antes sugeriros la lectura de la maravillosa Julia, de Somerset Maugham, me retiro a mi laberinto de anaqueles para dejaros a solas con el trailer de Being Julia:

 

Regálate un ‘momento Stefan Zweig’

La magia de la literatura no sólo dormita entre líneas, también se agazapa entre anaqueles. Al menos esa es la conclusión a la que he llegado mientras echaba el cierre regino, después de que la Providencia Librera me regalara otro de esos impagables ‘momentos Zweig’ que tanto me revitalizan la bibliofilia y el pelucón, de esos que bien merecen el mítico ‘cigarrito de después’…

…Veréis, estaba yo a primera hora de la tarde reorganizando los encargos de mis regianexlibrislandianos asiduos cuando una mujer se adentró en mis confines y, sin titubeos, se dirigió a mi:

 

– Clienta: Hola, ¿qué tal?- Regina: Bien, gracias, ¿y usted?

– C.: Ahí vamos. Necesito su ayuda.

– R.: ¡Dígame!

– C.: Necesito un libro especial para una amiga que ha de cumplir, además, más requisitos: tiene que ser breve e intenso, como el que dice, ha de ser buena literatura y ha de estar protagonizado por mujeres con carácter, apasionadas o, ¿cómo decirle? con algo, ¿entiende? ¡Pero nada rosa, por Dios!

– R.: Mmmm

– C.: Siempre la regalo libros, y resulta que ya se me agotaron los recursos: ¡estoy seca, secaaa! Y se lo tengo que dar esta noche.

– R.: Veamos… Así a bote pronto le sugeriría El festín de Babette, de Isak Dinesen o incluso Memorias de África, de la misma autora. También le diría que El Bosque de la noche, de Djuna Barnes o incluso Las horas, de Michael Cunningham. Y puede que hasta Falsa identidad, de Sarah Waters

– C.: ¡Vaya! Al menos me da opciones… ¿podría verlos?

– R.: ¡Claro! ¡Ah, y si no también podría optar por cualquier cosa de Stefan Zweig! ¿Lo conoce?

– C.: Pues no, la verdad, es que ni me suena…

– R.: Pues Carta de una desconocida o 24 horas en la vida de una mujer quizá sí le suenen, porque hicieron películas

– C.: Uy, pues puede que de oídas… ¿Los tiene?

 

Total, que la buena señora se deslizó hacia un rincón de reginaexlibrislandia con la montonera de libros dispuesta a hojearlos y quedarse con uno para su amiga, y yo seguí a mis quehaceres libreros, aderezándolos con generosas dosis de café intravenoso.

Tan metida estaba yo en mis papelotes que la imagen de la mujer se me desdibujó del pelucón, y por eso cuando reapareció ante mí un rato después aferrada a un librito negro y con los ojos vidriosos casi me deja seca del susto.

 

– R.: ¡AAAAAYYY, DIOSSSSSSSSSS!- C.: Uy, perdón… ¿la asusté?

– R.: Mmm, no importa, estaba tan a lo mío que ni la sentí venir

– C.: Verá, me llevo Carta de una desconocida

– R.: ¿Cómo dice?

– C.: Sí, para mi amiga. Es que me puse, me puse, me puse… ¡y me lo leí entero! Es UNA MARAVILLA. Es tan intenso, emotivo, turbio… uffff

– R.: Ja, ja, ja, ¡no le falta razón!

– C.: Ahora quiero dos, uno para mi amiga y otro para mi

 

Y se fue con los dos ejemplares de Carta de una desconocida, del grandísimo Stefan Zweig que, como sabéis, es el santo patrón de reginaexlibrislandia.

 

Y, como os decía, yo eché el cierre a la librería silueteándome mentalmente la imagen de la señora absorta en el ejemplar de Zweig, atrincherada entre mis anaqueles y rendida a una magia, la de la literatura, que rebosa esas escasa 70 páginas y envuelve mis confines reginos…

Y vosotros, reginaexlibrislandianos de pro, ¿empezásteis algún libro en una librería y no salisteis de ella sin él o, al menos, sin habérosolo terminado? ¿Qué títulos le hubiérais sugerido vosotros? ¿Cuál es vuestro libro favorito de Stefan Zweig? ¿Cómo llegasteis a él?

NOTA DE REGINA: Dotada de una exquista sencillez, Carta de una desconocida es una de esas minúsculas novelas que horadan una profunda huella en el ánimo. En ella, Stefan Zweig, da voz a una mujer que, tras consagrar toda su existencia a un hombre para quien ella sólo existió difuminada en tres encuentros fugaces, le escribe una carta póstuma que arrancará su recuerdo del olvido al que él la relegó. Una pequeña gran obra de arte de una intensidad tan magnética como deliciosa.

Y como colofón imágenes de la estupenda adaptación homónima que Max Ophüls rodara en 1948 con Joan Fontaine y Louis Jourda en el reparto:

 

De viaje a ‘Hertamüllerandia’

Cuando me enteré de que el Nobel de Literatura le cayó este año a Herta Müller solté el plumero y me abalancé sobre En tierras bajas y El hombre es un faisán en el mundo, los dos ejemplares que tenía en reginaexlibrislandia de la recién nobelizada. Llevaba dos o tres años posponiendo su lectura, pero por fin la Academia Sueca me dio el empujoncito bibliófilo que necesitaba.

Pues bien, estaba yo sopesando por cuál de esos dos títulos editados por Siruela me adentraba yo en el universo hertamulleriano cuando, fiel a sus costumbres, la Providencia Librera tuvo a bien mostrarme un atajo materializando ante mi a un reginaexlibrislandiano oportunamente docto en la buena mujer:

 

– Cliente: ¡Hola, Regina!- Regina: ¡Hombre, don XXX! ¿Qué tal?

– C.: Bien, ya de vuelta. Pero por poco tiempo. Escucha, ¿tienes Juego de Tronos?

– R.: ¿de George R. Martin? Sí, ¿la edición de tapa dura?

– C.: Sí, se lo voy a regalar a mi ahijado. Vaya, veo que estás con la Müller

– R.: ¿Cómo? ¡Ah, sí! Con esto del Nobel sí o sí me pongo con ella en cuanto eche el cierre

– C.: ¿El NOBEEEL?

– R.: Sí, le acaban de dar el Nobel de Literatura

– C.: No tenía ni idea… Mmmm, pues apostaba por Roth, la verdad.

– R.: Sí, pero con estas cosas ya sabes. ¿A ella la leíste?

– C.: Sí, justo vivía yo en Alemania cuando publicó Niederungen y se formó un buen revuelo allá por los ochenta.

– R.: ¿Cuál?

– C.: Pues ése, el rojo: En tierras bajas. Son relatos ambientados en la Rumanía rural sobre alemanes exiliados. Bastante duros, y por las ampollas que levantaron en Rumanía más cerca de la realidad que de la ficción. Recuerdo uno de ellos, El canto fúnebre o La oración fúnebre, o algo así, que me dejó KO. Iba sobre una niña que contaba cómo era el funeral de su padre, y en lugar de presentar sus respetos al difunto los vecinos iban contándole a la pequeña las barbaridades que cometió su padre en vida: violaciones, poligamia, malos tratos, traición… ¡de todo! No sé, son abruptos pero condensan tanta verdad que te dejan perplejo.

– R.: ¿Y éste otro, el de El hombre es un gran faisán en el mundo?

– C.: En la misma línea, pero empezaría por el otro. Al ser relatos breves son más digeribles para empezar. Aunque lo inquietante de esta mujer es su dualidad, porque es capaz de describirte una escena con una carga poética tremenda mientras te clava en la retina una estampa perturbadora y casi animal.

– R.: Ya veo, bucólica en las formas y abrupta en el fondo, ¿no?

– C.: Ja, ja, ja, más o menos…

 

Y él se fue con su ejemplar de Juego de Tronos, primer volumen de la saga Canción de Hielo y Fuego, y yo me quedé entre pasmada y dubitativa, deslizando la mirada de En tierras bajas a El hombre es un faisán en el mundo, y vuelta a empezar hasta que finalmente dejé el segundo en su balda y enfilé mi portón con el ejemplar de En tierras bajas bajo el brazo.

Horas más tarde vengo a vosotros habiéndome leído ocho de los quince relatos del libro para deciros que, de momento, la disección de mi reginaexlibrislandiano asiduo fue tan lúcida como certera. Hertamullerandia es un universo literario que se asemeja horrores a una de esas bolas de cristal de nieve que encierran un hermoso paisaje: desde fuera regalan a los sentidos una imagen bucólica, pero si uno se adentra y asimila los detalles de da de bruces con una crudeza no apta para según qué sensibilidades o estados anímicos desfavorables.

A mi, por ahora, me desborda, repele y atrae a partes iguales. Es intensamente demoledora pero yo no puedo soltar el libro.

Y vosotros, reginaexlibrislandianos de pro, ¿leísteis algo de Herta Müller? ¿Qué os pareció? Si no la conocíais, ¿os animaréis tras el Nobel de Literatura a leerla? ¿Por qué libro empezaréis?

¿Cómo que ‘Your face tomorrow’?

Si me dicen hace unas horas que las ediciones en inglés de las novelas de Javier Marías me iban a revolucionar tanto el patio reginaexlibrislandiano no hubiera dado crédito.

Pero, queridos, así ha sido. Y lo ha sido hasta el punto de que si la mismísima Sofía Coppola nos hubiera visto por un agujero se hubiera topado con una versión entre anaqueles y de serie B de su maravillosa Lost in Translation aunque, eso sí, trasladada de Tokio a Reginaexlibrislandia y con un Bill Murray bibliófilo y tricéfalo.

Veréis, estábamos otros dos libreros y yo atrincherados en mi escritorio en plena bacanal de pedidos otoñales cuando el carraspeo de una mujer nos llamó al orden:

 

– Clienta: Buenas tardes- Regina: ¡Hola! ¿Puedo ayudarla?

– C.: Pues verá, quiero La sonrisa etrusca.

– R.: ¿De José Luis Sampedro? ¡Un segundo!

– C.: Sí, pero la quiero en inglés.

– R.: ¡Ah, en inglés! Pues me temo que no la tengo. Verá, mi fondo en inglés es limitado: clásicos y algún best-seller reciente.

– C.: ¿Y qué tiene de autores españoles?

– R.: Uy, me temo que ahora mismo nada… en inglés, claro. Pero, ¿sabe si tradujeron a Sampedro?

– C.: Digo yo que sí, ¿no? ¿O no traducen a los españoles a otras lenguas?

– R.: Bueno, deberían… Pero lo cierto es que no todos los libros españoles están en otros idiomas. Cosas del mercado del libro.

– C.: Ah, vaya, pues no lo sabía. Gracias de todas formas. ¡Adiós!

 

Y se fue dejándonos a los tres en uno de esos silencios reflexivos que preceden a una tormenta de ideas. Tres, dos, uno…

 

– Librero 1: ¡Mira a ver qué tienen de Sampedro en Amazon!- Librero 2: ¡Eso, eso, míralo!

– Regina: Mmm, a ver… pues tienen ediciones de sus libros en castellano, en alemán, en francés y algún artículo en inglés… ¡pero ni rastro de sus novelas!

– Librero 1: ¡Joder! ¿Y de Javier Marías?

– Regina: Mmm, de Marías parece que sí…

– Librero 2: Pero, ¿en inglés o en castellano?

– Regina: ¡Anda! Ja, ja, ja, ja… ¡No me lo creo! Ja, ja

– Librero 2: ¿Qué te pasa?

– Regina: Decidme si no os choca el título: Tu rostro mañana 1: Fiebre y lanza es Your face tomorrow 1: fever and spear... ¡ja, ja, ja!

– Librero 1: ¿Cóoooomooooo? Ja, ja, ja

– Librero 2: ¡Qué raro suena eso, por Dios!

– Librero 1: ¿Y los otros?

– Regina: Pues mira, Tu rostro mañana 2: Baile y sueño es Your face tomorrow 2; Dance and dream. Y Tu rostro mañana 3: Veneno y sombra y adiós es Your face tomorrow 3: Poison, shadow and farewell

– Librero 2: Desde luego… se han pasado con la traducción literal, ¿no? vamos, que estará muy bien, pero pierde la fuerza del título, ¿no?

– Librero 1: Yo no sé qué le parecerá el título ese a un inglés, pero a mi me suena fatal… no sé, ¿hueco?

– Regina: Sí, la verdad es que a mi también me choca.

Y así seguimos un buen rato, escarbando en los fondos virtuales del gigante Amazon, guiados por una insaciable e insana curiosidad proyectada sobre la traducción de títulos del español al inglés, y preguntándonos qué pensarán de esos libros bibliófilos de allende los mares… ¿serán el reclamo adecuado?

Y vosotros, reginaexlibrislandianos de pro, ¿os topasteis alguna vez con ediciones en inglés de libros de autores españoles cuyo título os dejó petrificados? ¿Creéis que os ‘perderíais en la traducción?

Si hay algún reginaexlibrislandiano -asiduo o no- familiarizado con el escasamente reconocido arte de la traducción que se manifieste, por favor….

‘¿Es Demian el niño demoniaco?’

Me pregunto cómo encajaría Herman Hesse, padre literario de Demian, la confusión bibliófilo-cinéfila que ha llevado a una mujer a identificar al genial escritor alemán con el mismísimo Satanás, padre del Damien de celuloide de la mítica película La Profecía, estrenada en 1976, que abría toda una saga centrada en el pequeño destinado a ser el Anticristo.

La cosa ha sido más o menos así: estaba yo literalmente metida en el escaparate de reginaexlibrislandia redecorándome las exterioridades, cuando una señora aporreó suavemente el cristal con los nudillos para indicarme que me necesitaba.

Tras un grácil giro junto a una balda que casi me cuesta el pelucón al más puro estilo María Antonieta, me materialicé junto a ella por entre mis enjambres de anaqueles:

 

– Regina: ¿Qué desea?- Clienta: Verá, busco el libro Demian, de Jeze, o Hes o algo así.

– R.: ¿Demian, de Herman Hesse?

– C.: ¡Ese! Sí, me lo apunté pero olvidé el papel. ¿Lo tiene?

– R.: ¡Sí, un segundo!

– C.: Pero, oiga, ¿no será el del niño demoniaco, no? ¡el de la película!

– R.: ¿Cómo? ¿Película?

– C.: Sí, el de la película esa del terror del hijo del demonio.

– R.: ¡Ahhh! Ja, ja, ja. ¡no, tranquila! Ese es Damien, el de La Profecía. El libro que quiere no tiene nada que ver…

– C.: ¡Menos mal! Es que, verá, se lo pidieron a mi hijo para Religión y como me acordé de la película esa me pareció un poco raro que le mandaran algo así… ¿me entiende?

– R.: ¿Para religión? Uy, eso es nuevo. En fin, pero tranquila, no tienen nada que ver. El que le pidieron es de un escritor alemán, Herman Hesse, y es una novela sobre un chico adolescente y su paso a la madurez, el relato de su crecimiento físico y espiritual. Nada de Satanás ni de asesinatos, no se preocupe. Es un libro maravilloso, no tiene nada de que preocuparse, ¡al contrario!

– C.: Uy, pues entonces, ¡entonces me lo leeré yo también!

– R.: Merece la pena, ¡a ver si le gusta!

– C.: Ya le contaré. ¡Adiós y gracias!

Y ella se fue con la edición de Alianza de Demian, de Herman Hesse, y yo volví a mi pecera para segur ‘atusándome’ el frontal regino con una divertida sonrisa en la cara, imaginando la cara del germano si llega a enterarse de que le confunden con el padre literario de la semillita de Lucifer y recordando la expresión de alivio de la dama cuando supo que sus peores sospechas sobre la lectura de su hijo eran infundadas…

… Claro que, así entre vosotros y yo, he de reconoceros que me ha impactado la elección bibliófila del profesor de ¿¿¿¿religión????

No me malinterpretéis, me entusiasma la idea porque precisamente Demian ha sido y será uno de mis libros de cabecera, pero pensándolo bien no me extraña que la buena señora, al saber que se trataba de una lectura ‘para Religión’, relacionara la historia de Emil Sinclair con la del maléfico Damien, de cuya primera parte os dejo el trailer:

 

Una vez más la Providencia Librera se revela gloriosamente imprevisible en mis confines reginos…

Y vosotros, reginaelxibrislandianos de pro, ¿leísteis Demian? ¿Os gustó? ¿Cómo llegasteis a la historia de Sinclair? ¿Qué más leísteis de Herman Hesse?

NOTA DE REGINA. El genio alemán H. Hesse esboza en Demian la lucha interna de Emil Sinclair, un joven que se rebela contra el entorno luminoso y armónico de su niñez, al que él sabe que ya no pertenece, para emprender la búsqueda intuitiva y dolorosa de una identidad y un destino propios en la sordidez del mundo de los adultos. Su guía y referente será el carismático Demian, que lleva el estigma de los capaces de ser ellos mismos. Maravillosa de principio a fin.

¿Y si Mark Twain fuera guía turístico?

Cuando una lo que moja en el primer café mañanero es la edición en español de las crónicas que hace siglo y medio envió Mark Twain a un periódico de San Francisco para el que cubría el primer crucero turístico de norteamericanos al ‘Viejo Mundo’ y ‘Tierra Santa’ puede decir que literalmente se ha desayunado la mejor noticia imaginable para una bibliófila marktweiniana.

Así que aquí lo tenéis: mi flamante Guía para viajeros inocentes (Ediciones del viento,624 páginas) ha eclipsado a la todopoderosa y sacrosanta magdalena de arándanos regina que horas después languidece intacta en su plato. En cambio, mi ejemplar de la que fue en vida de Mark Twain su obra más vendida (70.000 ejemplares solo en el primer año de su lanzamiento, allá por 1869) ha dado más vueltas que la rueda de una barcaza del Mississipi en tiempos de Twain.

Y es que yo, que hasta ahora me veía obligada a recomendarla en su inglés original –The Innocents Abroad, or The New Pilgrims’ Progress-, por fin podré hacer circular entre quienes solo leen en castellano una de las grandes desconocidas de un titán de las letras estadounidenses, porque a día de hoy sigue siendo una de las guías de viaje más utilizadas por quienes se vienen de turismo a Europa y que, ya puestos, se dejan caer por Jerusalén y El Cairo.

 

 

¿Por qué? Sencillo: al don natural de Twain para convertir en Literatura todo lo que escribía, se unen una agudísima capacidad de observación y análisis, la lucidez de quien sabe mirar desde la perspectiva adecuada incluso a sus contemporáneos y, como no, un sentido del humor a prueba de huracanes, tormentas y tornados que garantiza la carcajada a cada salto de página.

 

 

Inmensamente curioso, culto, pícaro, socarrón y programado para sacarle punta al mismísmo mástil, imaginaros a un tal Samuel Langhorne Clemens, alias Mark Twain, que en 1867 embarca junto a un grupo de turistas y peregrinos al que será el primer crucero turístico que venga del otro lado del charco y que hará escalas en los escenarios clásicos del mediterráneo (España, Italia, Grecia, Egipto, etc), por lo que será testigo de excepción del choque cultural entre los engreídos y enriquecidos pobladores del Nuevo Mundo y sus remotas raíces aquí, en la Vieja Europa, con sus rudos y acartonados pobladores.

Nada ni nadie escapa en Guía para viajeros inocentes de la caricaturización en estado puro, ni si quiera el propio Twain, que es el primero en reírse de sí mismo, pero tampoco los lugares de referencia cultural europeos ni alguna de las siete maravillas del mundo. Y ese es precisamente el secreto de su éxito, de su brillantez y de su atemporalidad. Quizá por eso si no publico este post reviento: que quien no se lo lea lo haga porque no quiere, no porque no sepa de él. Regina Dixit.

Y vosotros, reginaexlibrislandianos de pro, ¿leísteis Guía para viajeros inocentes? ¿Conocíais el libro? ¿Qué os parece? ¿Y Mark Twain?

“Me rendí al tambor de Günter Grass”

Por muy escurridizo que resulte un lector, cuando un libro se propone ser leído por alguien lo logra. ¡Vaya si lo logra, queridos! Quizás tarde semanas, meses o incluso años, pero irremediablemente se materializa en sus manos, cautivándole.

Y no puede ser de otra manera, porque resulta que son los libros los que buscan a sus lectores, y no a la inversa. En dos años enterrada entre anaqueles lo he visto a diario. Observo cómo se aparean lector y ejemplar, y no deja de maravillarme ese delicioso don de los libros para emitir su señal silenciosa en el momento y lugar adecuados.

Pero la Providencia Librera también me ha demostrado que la cacería no siempre tiene lugar en una librería, en una biblioteca o en una casa. Un libro, si te busca, te encuentra. Y cuanto más te resistes más surrealista será el momento en el que haga de ti su presa.

Por ejemplo, un reginaexlibrislandiano asiduo me contaba hace unas horas cómo, tras años de empecinados desaires, finalmente no tuvo más remedio que leerse El tambor de Hojalata, de Günter Grass, una de las novelas más grandes y alegóricas de la literatura europea del SXX de cuya primera edición se cumplen ahora cincuenta años.

Y justo de eso, del aniversario y de una inminente reedición conmemorativa, hablábamos otro librero y yo cuando nos entró al quite mi buen amigo, mejor cliente y fantástico bibliófilo:

 

– Cliente: ¿Cómo? ¿Van a reeditar El tambor de hojalata?- Regina: Sí, por el cincuenta aniversario de su primera edición.

– Librero: ¿Ya? ¿Tanto? Uy, yo pensé que mucho era más reciente. ¿No es una especie de autobiografía novelada muy polémica?

– Regina: Querido, te confundes con Pelando la cebolla, que se publicó hace un par de años y en la que reconocía su oscuro pasado en las juventudes nazis.

– Cliente: Si, hombre, el otro marcó un hito. Mi historia con ese libro es curiosa.

– Librero: ¿Y eso?

– Cliente: Pues veréis, me echaba para atrás. Casa donde iba, casa en la que había un ejemplar y, para colmo, una novia que tuve estaba emperrada en que me lo leyera y me lo regaló. Luego mi hermana apareció con otro para mi unas navidades porque me pilló una época en que se puso de moda el dichoso librito y, para remate, un día me dieron otro ejemplar con un periódico, esta vez en inglés. Yo le fui dando largas, pero años después no me quedó más remedio que leérmelo, tal cual.

– Regina: ¿Por qué?

– Cliente: A finales de los noventa estaba tirado en un maldito aeropuerto estadounidense esperando un enlace que, para mi desesperación, se retrasó entre ocho y diez horas. No había restaurantes abiertos, ni periódicos ni nadie con quien charlar, y para colmo me estaba hinchando de café de máquina porque me aterraba quedarme dormido y perderme una llamada a mi vuelo. Agobiado, fui a un rincón y me senté, pero lo hice justo sobre un bulto. Cuando miré qué era casi me da algo: ¡un ejemplar en español de El tambor de hojalata perdido en el aeropuerto de Denver!

– Librero: ¿No jodas? ¿De quién era?

– Cliente: No sé, lo habían dejado allí tirado. Solté una carcajada histérica, lo hojeé y lo dejé en el asiento de al lado.

– Regina: ¿Lo abandonaste?

– Cliente: Sí… aunque tardé cero coma en recuperarlo. Fui a por otro café y me dije ‘bueno, mejor esto que mirar esa odiosa moqueta azul’. Y después me puse a leerlo y antes de darme cuenta habían pasado ocho horas y mi vuelo reapareció en el monitor de salidas. Me empapé más de la mitad del tirón, y la otra cayó antes de aterrizar en España.

– Librero: ¿Tan bueno es? A mi me impone un poco, la verdad. Es de esos ‘por leer’ sobre el que no termino de abalanzarme.

– Regina: Es impresionante, conmovedor, cínico, lúcido y cruel. A veces me pregunto cómo Günter Grass fue capaz de imaginar una alegoría tan demoledora de una realidad tan difícil de encajar. Una vez que Oskar Matzerath entra en tu vida ya no sale.

– Cliente: ¡Sí, ni él ni su tambor!

– Librero: Pero, ¿va de un tamborilero?

– Cliente: Más o menos. Verás, el día que un niño llamado Oskar cumple tres años marcará el resto de su existencia porque recibe su tambor de hojalata y porque decide que no va a crecer más.

– Librero: ¿Qué no cumplirá más años? ¡Anda, como mi madre! Solo que ella se detuvo a los 50…

– Regina: Ja, ja, ja. Sí, solo que Oskar lo hace para tratar de detener el tiempo como rechazo a un ambiente enrarecido política y socialmente. Date cuenta de que hablamos de Polonia y Alemania de Preguerra, justo cuando Hitler emprende su ascenso al poder. Una vez en la cumbre, vendrían la derrota polaca, la peste nazi en Europa, los exterminios, la Segunda Guerra Mundial, la derrota germana y, finalmente, la fragmentación de Alemania…

– Cliente: Total que, entre otras cosas, Oskar se pasó parte de la guerra en una banda de enanos que entretenía a los soldados tocando su tambor. Lo impactante del libro es descubrir esa parte de la historia desde la óptica de uno de esos seres que, según los nazis, no merecían vivir su propia vida: homosexuales, disminuídos, judíos, etc, mientras el resto de personas aún no ‘nazinizadas’ lo toleraban todo. Vamos, una crítica a la Alemania y a los alemanes de la época escrita por quien, de joven, fue reclutado por las juventudes hitlerianas.

– Librero: mmm, suena cuando menos interesante por el punto de vista, ¿no?

– Regina: Es tan imprevisible, demuestra una imaginación tan desmesurada que te desarma, la verdad.

– Librero: Pues nada, en cuanto llegue la reedición me adjudico un ejemplar.

– Cliente: Sí, no te arrepentirás. Yo, desde luego, jamás lo hice. Pero, ¿sabéis lo más curioso de todo?

– Regina: ¿Qué?

– Cliente: Que en el ejemplar de aquel aeropuerto, que estaba muy manoseado y lleno de lamparones pegajosos descubrí una dedicatoria que decía: “Donde vayas iré yo. Cuando llegues, te estaré esperando. Por siempre, Yo.”

– Librero: Ja, ja, ja, lo que no te pase a ti…

 

Horas después, mientras echaba el cierre regino me imaginaba a mi reginaexlibrilandiano asiduo una década más joven y a la deriva en un desangelado aeropuerto yankilandiano en plena noche. Visualicé cómo se topó con el ejemplar y hubiera dado mi pelucón por poderle ver la cara y, mejor aún, por haberle podido contemplar metido de lleno en El tambor de Hojalata

La historia de mi encuentro con el libro no es tan alucinante, pero os puedo asegurar que recuerdo su lectura como uno de los momentos bibliófilos más intensos de mi existencia lectora, palabra de Regina. Y sí, por suerte los ecos de Oskar aporreando su tambor aún resuenan en lo más recóndito de mi pelucón…

Para hacer boca a quienes aún no os lo leísteis os dejo imágenes de la maravillosa adaptación cinematográfica homónima realizada por Volker Schlöndorf en 1979, queobtuvo el Oscar de Hollywood a la mejor película extranjera:

 

Y vosotros, reginaexlibrislandianos de pro, ¿leísteis El Tambor de hojalata? ¿Qué os pareció? ¿Y algo de Günter Grass? ¿Creéis vosotros que son los lectores los que buscan libros o pensáis que es a la inversa? ¿Os pasó algo similar a lo de mi cliente?