Cómo encajaríais que yo, vuestra librera, cada noche me embutiera en neopreno negro a lo Gata Negra y me
colara a hurtadillas en vuestra casa para llevarme de vuelta a reginaexlibrislandia los títulos que previamente me comprasteis.
En su lugar encontraríais el importe exacto del libro, sí, pero ni rastro del ejemplar ni, por tanto, de las posibles notas al margen, separadores y demás elementos con los que personalizáis vuestros volúmenes. Eso sí, un par de días más tarde recibiríais un telegrama mío en el que leeríais atónitos alguna explicación que probablemente elevara el surrealismo de mi proceder a cotas inexploradas por la ficción literaria.
Pensadlo un minuto queridos, porque por mucho que se me haya ido el pelucón con el ejemplo eso es precisamente lo que les ha pasado a unos cuantos propietarios del Kindle de Amazon o, lo que es lo mismo, del dispositivo para leer libros electrónicos de la megalibrería on line norteamericana. Resulta que, sin preaviso, Amazon eliminó de la memoria de los Kindle dos ediciones de dos títulos de George Orwell: 1984 y Animal Farm (Rebelión en la granja). Los propietarios, que en su día adquirieron legalmente sus libros en Amazon, se encontraron con el reintegro de su compra, pero ni rastro de sus libros.
Al parecer, Amazon no tenía en regla los derechos sobre esas ediciones en concreto de 1984 y Animal Farm, y cuando detectó el fallo cortó por lo sano eliminando los archivos de los e-books, y reembolsando el importe a sus propietarios. El e-mail con explicaciones y disculpas llegó a posteriori, pero abrió el debate tanto en Internet, como en la prensa como en reginaexlibrislandia, donde comentábamos la noticia uno de mis libreros, un cliente y yo:
- Librero1: ¡Me parece muy fuerte, Regina, muy fuerte que hagan eso!
- Regina: Ya, en el New York Times contaban que un chico de Detroit que preparaba un trabajo sobre 1984 se quejaba
no sólo porque le habían borrado el archivo sin permiso, sino porque con él se cargaron todas las notas que había ido tomando en su Kindle…
- Cliente: Yo lo que no entiendo es cómo esos de Amazon tienen acceso libre a un aparato que, en teoría, es mío. ¿Eso quiere decir que pueden borrar lo que quieran cuando quieran?
- R.: Sí, va a ser que te pueden husmear la biblioteca de tu ebook a sus anchas
- Librero1: ¡Joder, pues ya no se si quiero un e-book!
- C.: Claro, no se trata de que te devuelvan el dinero… ¡sino de que invaden tu privacidad y se apropian de algo TUYO!
- R.: Ya, queridos, pero imagino que los gigantes de los e-book irán limando esas cosas. ¡Deberían haber aprendido algo de los errores de las Discográficas y de las distribuidoras de cine!
– C.: Pues, Regina, visto lo visto parece que hasta lo están haciendo peor…
- Librero1: ¡Y seguro que ahora salen muchos más casos!
- R: Lo grandioso es que precisamente sean dos títulos de Orwell…
- C.: ¿Por qué dices eso?
- R.: Hombre, nadie como él, demiurgo creador del concepto de Gran Hermano, para ficcionar y denunciar sobre el control estatal, la alienación y demás verdades del sometimiento silencioso del hombre moderno…
- Librero1: ¡Coño, es verdad! Ja, ja, ja… A eso le llamo ironía ciberbiblófila…
Y así seguimos nuestro diálogo a tres bandas, y mientras echaba el cierre allí seguíamos dale que dale. Ah, eso sí, gracias al palique mi cliente se
llevó un ejemplar de Rebelión en la granja y mi librero otro de 1984, lo que me hizo pensar que igual la noticia ha animado a algún que otro lector más a adentrarse en el universo literario orwelliano.
Lo que por cierto me llevó a mi a preguntarme cómo se hubiera tomado George Orwell la noticia…
Y vosotros, reginaexlibrislandianos de pro, ¿qué opináis de la noticia? ¿Y si tuvierais un Kindle y Amazon eliminara sin más uno de los libros que os habíais comprado? ¿Os fiais de los sistemas actuales de e-book? ¿Leísteis a Orwell? ¿Os gustó?
no sólo porque le habían borrado el archivo sin permiso, sino porque
– C.: Pues, Regina, visto lo visto parece que hasta lo están haciendo peor…
veredicto: ¡QUE LES COOOORTEN LA CABEZA! ¡QUE LES COOOORTEN LA CABEEZAA!
De momento, tres o cuatro de mis clientes más cinéfilos vinieron a mis confines en busca de la edición que siempre recomiendo: una de Valdemar con los dos relatos –
Por eso no titubeé el sábado al reconducir en reginaexlibeislandia a mi trinchera de anaqueles un acalorado debate sobre si las míticas imágenes de
– Cliente: ¿Perdona?
– C.: ¡Anda! Pero, ¿eran dos? Yo solo conocía De la Tierra a la Luna y, si te digo la verdad, no me la leí. De
Secesión, se plantean realizar esa hazaña porque ya no tienen que fabricar ni cañones ni balas ni nada de eso. Vamos, que se aburren, y se lanzan a la ‘carrera espacial’. Luego se les une un intrépido francés para ofrecerse como piloto…
no, Regina?
En bolsillo o como sea. Pero una reedición. ¿Por qué? Porque del primero al último caímos años atrás rendidos a los pies del escritor colombiano
– R.: Pues sí, hace cinco o seis años, creo. De hecho tengo por aquí un ejemplar con la portada original, porque con su reedición le cambiaron la cubierta.
Total, que se la llevaron. Disfruté como una loca viendo cómo se las ingeniaba el colombiano para convencer a su amigo de que leyera
NOTA DE REGINA: Poderío y bravura cinceladas en piel canela, brutal y tierna, así es la sicaria más letal del Medellín engullido por el narcotrafico. Así es la Rosario Tijeras que Jorge F. Ramos te siluetea a balazos en la imaginación, disparando diálogos a quemarropa para contar una historia de amor y muerte de esas que se te quedan dentro. Soberbia.
imaginara el escritor norteamericano que arrastró a la piel de toro a la mismísma Ava Gardner y a Orson Wells entre otros, es que 50 años después de su último paso por Pamplona y 48 de su muerte hay quien se decide a leerle precisamente ahora porque estamos en plena
– R.: Sí, dime
– R.: Mmm, la verdad es que es el momento idóneo. Me pregunto cómo se lo hubiera tomado el bueno de
– C.: Pero Fiesta, ¿es representativo o qué?
Y no sólo eso, sino que, según parece, se está hinchando a venderlo: en apenas dos meses se lo han comprado 80.000 lectores a través de Internet, supermercados y librerías.
Así que decidme, queridos, ¿cómo encajaría vuestra bibliofilia y pasión por las librerías el toparos con libros en rollos de papel higiénico en la vuestra? ¿Los compraríais?¿Qué pensáis de la iniciativa?
cuatro retoños de entre ocho y tres años. Según capté, ella iba a poner rumbo a la costa al día siguiente con toda la prole, los nervios de punta y unas ojeras como bolsones de Gucci, mientras que él, víctima de un contratiempo laboral, se les uniría a final de mes.
Los dos retoños mayores tenían claro su objetivo: la serie Pablo Diablo, que publica SM en su colección Barco de Vapor Azul, y que narra las divertidas fechorías del personaje homónimo. Pero, más aún, lo que ellos querían era un ejemplar de Pablo Diablo anda suelto, una nueva colección de formato más grande que es una antología de Pablo Diablo y que tiene, como novedad, pictogramas, juegos entre líneas y reclamos sonoros, en concreto, pedorretas, que es la ‘marca de la casa’ del diablillo de carne y tinta.
O, lo que es lo mismo, no puedo dar rienda suelta a mi bibliofilia extrema ni, por su puesto, a mi forma de ver las cosas, ni a la literal ni a la literaria. Sonreír, oír, ver y callar. Y ya. Así que como mi libertad de reacción acaba donde empieza ‘el cliente’, la capa de cafeína y de barniz bajo la que sepulto mis emociones es tan densa que por las noches en lugar de desmaquillante utilizo disolvente químico. Y menos mal, queridos, menos mal, porque hay veces en que me pondría a gritar y no pararía hasta pulverizar todos los cristales de reginaexlibrislandia.
– R.: ¿Cómo dice?
una ficción, y cada lector extrae su propia lectura y mensaje, y más si para es un profesor, que se supone que debería ser un poco abierto de mente, ¿o no? ¡Que es EDUCADOR, diantre!.. BRRRRR. No sé qué me indigna más, si esto o aquella vez que me soltaron eso de
les atormenta y condiciona al tiempo que marca distancias entre ambos, ya no se separarán jamás. Porque la suya es


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