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Reflexiones de una librera Reflexiones de una librera

Reflexiones de una librera con delirios antropológicosaficionada a diseccionar los hábitos lectores de los españoles

Archivo de Marzo, 2009

“¿Tienes el libro de la ‘pilingui’ de Barcelona?”

Si para Vargas LLosa el paraíso estaba en la ‘otra esquina’ para mi el jardín del Edén es, sin duda, una reginaexlibrislandia atestada de libros y frecuentada por gentes de todo pelaje en busca del título más inesperado. Y es que, queridos, esa es una de las grandezas de mi profesión: nunca se por dónde me van a atizar el golpe bibliófilo.

Por ejemplo, el de hace unas horas me dejó literalmente aplastada bajo el peso de mi propio pelucón. Estaba yo revisando unos catálogos cuando se internaron en mis confines un hombre y una mujer con un pie en la séptima década. Fue ella la que, sin mediar saludo ni soltar a su marido, me inquirió:

Clienta: ¿Tienes el libro de la pilingui de Barcelona?

Regina: ¿Perdón?

C.: Sí, uno que es la biografía de una catalana que tuvo un prostíbulo… algo de moral juguetona o una cosa así…

R.: Pues, déjeme pensar, ¿no tienen algún dato más?

Aquí fue cuando el hombre tomó la alternativa:

Cliente: Salió en el Buenafuente hace poco. La mujer llevaba un prostíbulo en la guerra y después, ¿sabe?

Clienta: ¡Si! Pero el libro no lo escribió ella, sino un periodista. Vamos, que ella le contó si vida y él sacó el libro.

Regina: Ya veo, ¿y dicen que lo vieron el la tele hace poco?

Cliente: Sí, vamos, no ayer, pero tampoco hace dos años. Es reciente, es reciente…

Clienta: Yo recuerdo que el título decía algo de moral juguetona o algo así, ¿sabe?

Regina: ¿Tiene prisa? Si me dejan un segundo veo a ver qué puedo hacer.

Clienta: Es que estamos de paso, venimos de XXX y creíamos que aquí sería más sencillo encontrar el libro, pero es la tercera librería por la que pasamos y nada, oiga, a nadie le suena…

Más o menos cuando ella terminaba su frase yo sentía cómo de epidermis para adentro todas y cada una de mis neuronas respondían al ‘código rojo’ desplegando una actividad frenética.

En menos de un segundo decidieron por unanimidad que metiera el pelucón en el ordenador para sortear el que era, sin duda, un reto bibliófilo catalogado en mis confines como ‘googlelizable’, a saber: meter a capón en el buscador las pistas y ver qué nos deparan los mares de bits.

Tres, dos, uno… ¡EUREKA! En cosa de un minuto y medio di con la referencia:

Regina: ¿No será Sra. Rius, de moral distraída, de un tal Julián Peiró?

Clienta: ¡Ese, ese! Sí, seguro que es ese. ¿Moral distraída? ¡Pues sí que estamos buenos, Juan!

Cliente: En efecto, ahora que lo dice ese era el periodista.

Clienta: ¿Y lo tienes?

Regina: Pues ahora mismo no, pero puedo pedírselo a la editorial, aunque tardará una semana en llegarme.

Cliente: ¡Pídalo, pídalo! Al menos usted se tomó la molestia de vernos el título…

Clienta: Es que, ¿sabe? No es que seamos morbosos, pero según dijo Buenafuente por la Rius esa pasó la flor y nata del artisteo de la época: Gala, Cela y demás. ¡Tiene que ser curioso!

Total, que les tomé los datos y abandonaron reginaexlibrislandia retorciendo de nuevo el título del libro. Cierto es que a mi ni me sonaba, y mentiría si dijera que no me pica la curiosidad, así que probablemente le echaré un ojo en cuanto llegue a mis regias manos. Hasta ese momento, me tengo que conformar con la sinopsis de su editorial, Comanegra:

Por primera vez una auténtica profesional del mundo de la prostitución da la cara para desmontar los consabidos tópicos acerca del trabajo del sexo. Frente a la avalancha de libros y programas televisivos que oscilan entre lo frívolo y la sordidez, esta mujer real alza la voz para explicar un trabajo del que se siente orgullosa.


La Sra. Rius es una leyenda en Barcelona y una institución a nivel nacional. En estas memorias, compartidas junto al conocido periodista Julián Peiró, seguiremos su trayectoria. Desde que una joven Lydia empieza a ejercer, por consejo de su madre, hasta que, tras pasar por los mejores locales de la ciudad, llega a la creación de su propio negocio. Allí, ya como Sra. Rius, se convertirá en una más que peculiar madame: por un precio razonable les ofrecerá siempre las mejores chicas, pero le exigirá ser el mejor de los clientes.

Junto a ella descubrimos las pasiones sexuales de personajes famosos, la evolución en los gustos de la clientela y la manera de gestionar una casa de citas. Pero también el día a día de unas mujeres que son mucho más que las horas compartidas con un hombre.

Y vosotros, reginaexlibrislandianos de pro, ¿habíais oído hablar del libro o de la Señora Rius? ¿Qué recursos utilizáis para dar con referencias de libros? ¿Cómo hubiérais buscado vosotros esta? ¿Os interesa el libro de Peiró?

El síndrome de la librera compulsiva

Todo exceso daña, y si a don Alonso Quijano la sobredosis de lecturas de libros de caballerías le quebró el juicio a mi, Regina ExLibris, el día a día enterrada viva en volúmenes en mi librería me está empezando a dejar secuelas inquietantes de epidermis para adentro.

Sí, he de reconocerlo, la cosa se me está yendo de las manos y del pelucón. Lo noto.

Antes, cuando gentes próximas y otros libreros me advertían que una cosa era la entrega y al profesionalidad y otra muy distinta ‘lo mío’, yo me limitaba a responderles toda altanera:

Bah, vosotros lo llamáis obsesión, yo DEDICACIÓN, que es MUY, pero que MUY DISTINTO, queridos.

Pero desde hace unas horas he de darles la razón, y todo porque la Providencia Librera tuvo a bien colocar a una reginaexlibrislandiana asidua en el lugar adecuado en el momento justo solo para que yo reconociera mi problemilla.

La cosa fue así: hallábame yo fuera de mis confines reginos tras una maratón de gestiones mañaneras cuando me dio por entrar a curiosear en una gran librería que me salió al paso.

Y en esas estaba yo cuando una voz familiar me sobresaltó:

– Reginaexlibrislandiana: ¡Pero, por Dios, Regina! ¿Qué haces?

– Regina: ¿Eh? ¿Cómo? ¿Qué?

– Reginaexlibrislandiana: ¿Qué demonios haces?

– Regina: ¿Yo? ¡Nada!

– Reginaexlibrislandiana: ¡Pues estáte quietecita, que esta no es tu librería!

– Regina: Ya, ¿y qué?

– Reginaexlibrislandiana: ¡QUE DEJES YA DE COLOCARLES LOS LIBROS, MUJER!

– Regina: Pero, peeeero.. yo…

– Reginaexlibrislandiana: ¡Tu estás mal!

Qué bochorno, queridos. No sé cuánto tiempo llevaba yo allí dentro, en qué otras zonas había metido la zarpa y el pelucón, ni cuánto llevaba mi reginaexlibrislandiano asiduo observándome, pero había un testigo y una no podía negar la evidencia: me pilló in fraganti delicto librero-compulsivo.

Aunque, claro, al menos nadie más pareció percatarse o me hubieran tomado por loca de remate.

Así que sí, ya no puedo negar la evidencia:

Hola, me llamo Regina ExLibris y tengo el síndrome de la librera compulsiva.

Y vosotros, regianexlibrislandianos de pro, ¿os pasó alguna vez algo semejante? ¿Metéis mano a librerías y bibliotecas ajenas? ¿Pillasteis alguna vez a alguien haciéndolo? ¿Estáis tan entregados a lo vuestro que hacéis horas extras de forma mecánica?

¡Cavafis en el anuncio del Seat Exeo!

Si el día que vi cómo utilizaban En el Camino de Jak Kerouac para anunciar un BMW no supe cómo encajar con gracia el golpe catódico, ayer el visionado a traición del spot del nuevo Seat Exeo me dejó petrificada en el sofá, no si antes arrancarme un:

PERO, PEEERO… ¡ESO ES DE CAVAFISSSSSSS!

Allí estaba yo, con los globos oculares como melones y la tortilla solidificada en la tráquea, recitando los mismos versos que me escupía la voz en off desde el televisor.

Para los que aún no lo hayáis visto, aquí está el spot:

Sí, queridos, sí. Se trata de Itaca, uno de los 154 poemas que Constantino Cavafis (1863-1933) consintió en publicar, más otros tantos que no pasaron la purga del poeta, autoexigente hasta el delirio con sus partos literarios.

Aquí os dejo el poema íntegro en una de sus múltiples traducciones, una maravilla absoluta en mi regina opinión:

¿Os parece que está bien llevada la esencia del poema de Cavafis al concepto del anuncio del Seat Exeo?

Desde Seat explican así su campaña:

En su poema original, el poeta griego nacido en Alejandría brinda su magistral homenaje a La Odisea de Homero, el maravilloso poema épico de más de 12.000 versos en el que el héroe Odiseo (Ulises en latín) narra su vuelta a Ítaca tras la Guerra de Troya.

Se trata de un viaje alucinante desde el momento en que su protagonista explica por qué tarda 10 años en cubrir una distancia marítima que no requería más que unos cuantos días de navegación.

En una primera escala Odiseo/Ulises vence al cíclope Polifemo, lo que desata la ira de Posidón, su padre, que maldice al rey de Ítaca asegurándose de convertir la simple travesía de vuelta en un infierno sembrado de obstáculos, trampas y peligros.

Y ahí se inicia su fabulosa marcha por un mar mítico poblado de criaturas monstruosas, pérfidas sirenas, arrebatadoras ninfas y letales hechiceras hasta llegar al mismísimo Hades para averiguar el camnino de regreso a su añorada Itaca, donde le aguardan su mujer Penélope, su hijo Telémaco, su perro Argos y una última prueba…

La grandeza de Odiseo/Ulises es, más allá de su audacia sin fin, que exprime cada aventura sin dejar de pensar en su reino, es decir, es consciente de dónde viene y hacia dónde se dirige. Le mueve la nostalgia del regreso, pero en su interior se solidifica la certeza de que está donde debe estar. De una y de otra saca fuerzas y ánimos cuando todo se le viene abajo…

Como veréis, la simbiosis entre los textos de Homero y Cavafis es total, y el poema del segundo intensifica la esencia del mismísmo Odiseo.

Pero, ¿y el spot?

No sé qué pensaréis vosotros, reginaexlibrislandianos de pro, pero si con el anuncio de BMW-Keruak se me dispararon las ventas de En el Camino, lo que significa que la campaña despertó el apetito lector de muchos, ¿creéis que el spot del Seat Exeo animará a alguien a leer a Cavafis y, ya metidos en harina, al mismísimo Homero? ¿A vosotros, quizás? ¿Cómo veis la reciente querencia de los publicistas por la Literatura?

Yo, si me lo permitís, os recomiendo encarecidamente tanto a Cavafis como a Homero… Regina dixit.

“¿Algo de Larra? De cabeza a sus Artículos”

En un mundo bibliófilo ideal no harían falta reclamos para que la gente leyera a Larra, pero como la realidad al margen de los libros es bien distinta doy gracias a la Providencia Librera porque, en días como hoy, instigue a los medios a recordar y homenajear el bicentenario del nacimiento del referente del Romanticismo español, y maestro de la sátira periodística y los artículos de costumbres.

¿Por qué? Sencillo: no sólo anima a muchos a rescatar ese viejo volumen que lleva décadas acumulando polvo en casa, sino que la sacudida mediática pone a muchos de patitas en las librerías en busca de su ejemplar.

Creedme, no falla: hablan de Larra en prensa, radio, televisión o Internet y, ¡TACHÁN! a los escolares contrariados que llegan a mis confines en busca de lecturas obligadas por el profesor se suman reginaexlibrislandianos afectados de un inesperado y glorioso ‘apretón larriano’.

Llegan y, si son asiduos, me sueltan más o menos la misma petición a cambio de la que reciben idéntica sugerencia librera:

– Cliente: Estooo, Regina, una cosa

– Regina: ¿Si? ¡Dime!

– C.: ¿Qué me leo de Larra?

– R.: ¿Algo de Larra? ¡de cabeza a sus artículos!

– C.: ¿Artículos?

– R.: Sí, querido, sus artículos de costumbres. Verás la España del XIX diseccionada en vívidas estampas cargaras de sátira pura… Rutinas, personajes, el movido patio político de la época, ¡todo!

– C.: Ya, pero, ¿eso no está muy pasado ya?

– R.: ¿Pasado? ¿Larra? ¡Para nada! Créeme si te digo que pocos artículos son tan absolutamente actuales como los de Larra.

Y aquí, si aún titubean, remato con mi estocada final: les planto delante unas octavillas que imprimí para la ocasión con un fragmento de Dos Palabras, el artículo que prologaba el primer número de El Pobrecito Hablador, la segunda de las publicaciones satíricas que sacó Larra allá por 1832.

Aquí os lo dejo:

“A nadie se ofenderá, al menos a sabiendas; de nadie bosquejaremos relatos; si algunas caricaturas por casualidad se parecieren a alguien, en lugar de corregir nosotros el retrato, aconsejamos al original que se corrija; en su mano estará, pues, que deje de parecérsele. Adoptamos por consiguiente con gusto toda la responsabilidad que conocemos del epíteto satíricos que nos hemos echado encima; sólo protestaremos que nuestra sátira nunca será personal, al paso que consideramos la sátira de los vicios, de las ridiculeces y de las cosas, útil, necesaria, y sobre todo muy divertida”.

No sé cómo lo veréis, pero mi bibliofilia, mi pelucón y yo nos rendimos a los pies de Larra -alias Duende, alias Fígaro, alias Pobrecito Hablador, alias Bachiller Juan Pérez de Murguía, entro otros- el día que topamos con ese párrafo hace décadas. ¿Caben más lucidez, sátira, ironía y talento en menos líneas?

Y vosotros, queridos, ¿leísteis a Larra? ¿Os gustó? ¿Cómo llegasteis a él? Y si aún no lo habéis leído, ¿os animáis a hacerlo? ¿Tenéis algo suyo en vuestras bibliotecas?

“¡Pues en la ‘S’ no tiene guías de Estambul!”

Hay días en que echo el cierre de la librería como los bancos en plena crisis: sin dar crédito. La naturaleza humana con la que capeo a diario en las trincheras bibliófilas es tan gloriosamente imprevisible que, sinceramente, nunca sé por de dónde me va a venir el golpe ni cómo encajaré según qué disparatada reacción del cliente que la Providencia Librera tenga a bien enviar a mis confines ese día.

Por ejemplo, la última hora del sábado fue antológica. Estaba yo haciendo números y finiquitando el papeleo semanal cuando se materializó ante mí una señora de mediana edad. Iba cargada de bolsas y parecía ligeramente alterada.

Sin mediar saludo ni carraspeo al uso, ella disparó:

– Clienta: ¿Tiene guías de viaje?

– Regina: Sí, mire, en aquel mueble. Están por países, y ordenados alfabéticamente.

– C.: Bueno, sí, pero ¿tiene de Estambul?

– R.: Sí, creo que dos o tres, en la T de Turquía. La acompaño…

Apenas terminé la frase y ella, ZAS, dejó caer las bolsas y enfiló hacia el mueble de Guías de Viaje.

Como vi que ella iba a lo suyo y se me hacía tarde, yo seguí a lo mío. Al minuto se materializó frente a mi con los brazos en jarras y los ojos inyectados en sangre:

– Clienta: ¡Oiga, pues en la S no tiene guías de Estambul!

– Regina: ¿Disculpe?

– C.: Que me dijo que tenía y no tiene, ¡vaya forma de llevar un negocio!

– R.: No, perdone, las de Estambul están en la T de Turquía

– C.: ¡Y dale! Que en la S usted no tiene guías de Estambul

Y antes de que pudiera abrir de nuevo la boca agarró sus bártulos y desapareció de mis confines murmurando improperios:

“… dice que está colocado y no está. Ni guías de Estambul en la S ni Dios que lo fundó. Ni orden ni concierto ni ná…”

Dejé mis papeles y fui directa a las guías, donde vi los tres ejemplares de guías de Estambul dentro de la T de Turquía.

Estaba como en shock, sin comprender lo que había pasado, pero el eco de las maldiciones de la mujer reverberaba en mi pelucón.

Para espantarlo me metamorfoseé mentalmente en un derviche girador de esos que tuve la suerte de ver en Estambul, y me abandoné a esa danza mística sufí en una bacanal giratoria maravillosa…

Por suerte, al cuarto giro espanté a la mujer y pulvericé sus palabras y me quedé con lo divertido de la anécdota y una curiosidad renovada por Turquía y Estambul, que me llevó a pensar en alguna que otra lectura que bien podría acompañar al viajero bibliófilo aficionado a las ciudades de novela:

Estambul, de O. Pamuk; La bastarda de Estambul, de Elif Shafak; El tren de Estambul, de Graham Greene; Estambul otomano, de Juan Goytisolo; El árbol de los jenízaros, de J. Goodwin y la nueva del griego Petros Markaris, Muerte en Estambul…


Y vosotros, queridos, ¿cómo hubierais reaccionado ante la señora? ¿Tenéis alguna anécdota de librería relacionada con guías de viaje? ¿Alguna sugerencia bibliófila sobre Estambul o Turquía?

De Ágatha Christie ya no busques ‘Muerte en el Nilo’

Por desgracia no todo iban a ser buenas noticias ni para los agathachristiemaniacos del mundo, ni para los que aún no lo son, pero que sin duda lo serán en cuanto lean alguna de sus ochenta gloriosas tramas detectivescas de salón.

Así es, queridos, a las plácidas costas bibliófilas de reginaexlibriandia llegaban, casi a la par, una buena noticia y un trágico descubrimiento librero.

Con respecto a la primera, deciros que se trata de la buena nueva de la reapertura de las puertas de la casa de campo inglesa en la que la Gran Dama del Crimen literario concibió, escribió y leyó para sus amigos más íntimos parte de sus tramas tras un arduo y costoso proceso de rehabilitación:

En cuanto al trágico descubrimiento os lo diré sin rodeos: de Ágatha Christie olvidaos de haceros a corto plazo con un ejemplar de Muerte en el Nilo o Poirot en Egipto (según la traducción y edición). Imposible. Por ahora, otra joya impresa que se nos cuela por el desagüe de la descatalogación indiscriminada. Desconozco las razones y tampoco se nada aún sobre el baile de cesiones de derechos que haya podido provocar su desaparcición de las baldas españolas, pero en cuanto lo averigüe os lo contaré. Palabra de Regina.

Me di de bruces contra su vacío en el fondo editorial ‘vivo’ cuando, tras sugerir a una reginaexlibrislandiana asidua que parte para Egipto en diez días que se llevase Muerte en el Nilo como novelita de cabecera para el tramo fluvial del recorrido, emprendí la infructuosa tarea de hacerme con un ejemplar para ella. Imposible, al menos a través de mis canales habituales… Aunque, eso sí, siempre podrá recurrir al préstamo o a las librerías de viejo.

Hasta que se decidan a rescatarla del limbo de los descatalogados al menos los más nostálgicos podremos refugiarnos en su maravillosa adaptación al celuloide de 1978, que contó con un reparto espectacular:

Y para el resto, muy especialmente para todos aquellos que aún no hayáis pasado un ratito con Agatha Christie, éstos son los títulos que de momento permanecen en circulación en España:

Los primeros casos de Poirot; Tres ratones ciegos; Un cadáver en la biblioteca; La casa torcida; Las manzanas; Cita con la muerte; El asesinato de Roger Akroyd; Asesinato en Mesopotamia>; El tren de las 4:50; Asesinato en el Orient Express y Diez Negritos.

Y vosotros, reginaexlibrislandianos de pro, ¿os gustan las novelas de Agatha Christie? ¿Cuál es vuestra favorita? ¿Cómo llegasteis a ella?

‘La hija del sepulturero’, ¿novela o novelón?

Si hay algo que corroboro a diario en mi librería es que las formas de pedir un libro son, y que Borges y su Asterión me perdonen, catorce . Vamos, que son infinitas, y cada cual más inesperada que su antecesora.

Por ejemplo, hace unas horas se adentró en reginaexlibrislandia un caballero enorme que se movía como a cámara lenta sobre dos pies descomunales.

Cuando se detuvo ante mi mostrador, entrelazó sus inmensas manos sobre una prominente barriga. Luego observé cómo la sacudida de su poblado bigotón proyectaba hacia mi una frase que retumbó en mis baldas:

– Cliente: Oiga, ayúdeme.

– Regina: ¡Claro, usted dirá!

– C.: Quiero un NOVELÓN.

– R.: ¿Un NOVELÓN? ¿A qué se refiere?

– C.: Pues eso, a un NOVELÓN.

La frase me atizó en el cráneo con la fuerza del mazazo de un magistrado del Juicio Final.

Y es que aquí fue cuando, contra todo pronóstico, el gran señor perdió la

paciencia a velocidad titánica. Y digo contra todo pronóstico porque, imbuida toda yo de estereotipos, asocié su magnitud física a cierta cualidad pachorrona que para nada poseía el caballero. El buen señor contenía en sí toda la impaciencia del mundo.

Y, elevando aún más el tono, agarró de nuevo el mazo:

– Cliente: ¿No me oye? ¡Quiero un NOVELÓN!

– R.: Sí, sí, disculpe, pero es que no sé que…

– C.: ¡Mire ahí! ESO ES UN NOVELÓN.

– R.: ¿La hija del sepulturero?

– C.: Sí, démela. ¡Me la llevo!

Me quedé tan pasmada que sólo cuando hubo desaparecido de mis confines se me llenó la boca con las preguntas que me hubiera gustado hacerle:

¿Por qué cree él que la de Joyce Carol Oates es, sin habérsela leído, un Novelón? ¿Qué lo es y qué no? ¿Se basa en el tamaño? ¿En el espacio temporal que abarca la historia? ¿En que piensa que La hija del sepulturero es un libro escrito al uso de las novelas decimonónicas o por entregas?

Nada, no obtuve respuesta. Así que opté por la opción más práctica y aséptica y me abalancé sobre el diccionario de la RAE:

La definición me enfrentó a mi propia ignorancia. Porque, queridos, cuando yo hablo de ‘novelón’ pienso en la Ana Karénina, de Tolstói, por ejemplo. Por lo que identifico ‘novelón’ con Gran Literatura. Y lo seguiré haciendo, pero sólo de epidermis bibliófila para adentro, porque con mis clientes habré de buscar otro vocablo…

Y vosotros, reginaexlibrislandianos de pro, ¿en qué tipo de libro hubiérais pensado al oír que os pedían ‘un NOVELÓN’? ¿Habéis usado ese término alguna vez? ¿En qué sentido?

Independientemente de si es o no un ‘NOVELÓN’, aprovecho para sugeriros la lectura del maravilloso La hija del sepulturero, de Joyce Carol Oates:

NOTA DE REGINA: Pocas maneras hay más fascinantes de sumergirse en la América del desarraigo de los años cuarenta y cincuenta que hacerlo de la mano y la pluma de Joyce Carol Oates. Para prueba su maravillosa La hija del sepulturero un novelón que, pese a sus casi 700 páginas, se hace corto. En la voz entre quebrada, temerosa y reflexiva de Rebecca Schwuartz -luego Hazel Jones y después señora Gallagher- se condensan la rabia, el sentimiento de culpa y la añoranza de quienes, como ella, llegaron de milagro a EEUU huyendo de la Alemania nazi en busca de un futuro que, sin embargo, quedará irremediablemente asfixiado entre las atrocidades que dejaron al otro lado del charco, el antisemitismo que les aguardaba en la ‘tierra prometida’ y una carencia total de anclajes emocionales con la realidad.

Así, flotando sobre el abismo, dos generaciones de emigrantes que se abrieron paso con una única esperanza: su propia descendencia. La de Rebecca será su hijo Niles –luego Zach- y su talento innato para el piano, un don en el que ella encuentra una razón para sobrevivir a dos hombres en su vida: un padre desquiciado y atormentado, y su primer amor. Fabulosa.

¿Amenizaría El Pequeño Nicolás ‘las quimio’ de un niño?

Soy de las que piensan que son los libros los que buscan a sus lectores, y no a la inversa. Sí, queridos, y aunque la Providencia Librera se valga de mil y un ardides para hacernos pensar lo contrario mi bibliofilia congénita no me permite creer otra cosa.

De ahí que, como librera de profesión, mi tarea sea la de conectar libro-lector en el momento adecuado.

Pero hay veces que no es fácil porque, como en la vida, en reginaexlibrislandia hay retos y retos… y el de hace un rato me ha sobrecogido, y el temor a no haber acertado cae ahora sobre mi ánimo librero como una masa gelatinosa de la que no logro desprenderme.

Veréis, la cosa ha sido así: estaba yo correteando de un lado a otro con mis cajitas cuando una chica de unos treinta años irrumppía en mis confines reginos.

– Clienta: Oye, perdona…

– Regina: ¿Sí? ¡Díme!

– C.: Verás, busco un libro para un niño de once años

– R.: Muy bien, ¿y le gusta leer o es remolón?

– C.: Pues antes le encantaba, pero ahora lleva un año que no.

– R.: Mmmm. La clave está en uno que tenga un protagonista con el que se sienta identificado…

– C.: Ya, pero es que su circunstancia es especial..

– R.: ¿Y eso?

– C.: ¿Qué libro amenizaría las quimio de un niño?

– R.: Vaya…

– C.: Claro, ahora le toca una temporadita intensa en el hospital y con un libro se le haría más llevadero, ¿sabes?

– R.: No sé, según me lo has dicho me ha venido a la cabeza El Pequeño Nicolás… Es un clásico, es divertido, y el protagonista tiene más o menos su edad. Pero, sobre todo, porque lo que va a leer es el punto de vista del pequeño tunante: cómo ve a sus padres, los castigos, sus travesuras… Aunque si te parece, no sé, frívolo, miramos otra cosa…

– C.: ¿Sabes? No, me parece que sí me lo llevo… ¡es que, además, mi niño se llama Nicolás!

Y se llevó cuatro de los libros de la colección de El Pequeño Nicolás que, justo ahora, cumple medio siglo deleitando a unas cuantas generaciones europeas.

No sé, mi intuición bibliófilo-librera habló por mi quizá sin pensarlo demasiado…

Y aunque lo cierto es que creo que ahora le haría la misma sugerencia lectora para su Nicolás, espero que el pequeño tunante galo logre hacer más llevadero el calvario clínico del niño.

Espero volver a ver a la mujer o, mejor aún, al propio Nico, y que me cuénten qué tal…

Y vosotros, reginaexlibrislandianos de pro, ¿cómo veis la sugerencia? ¿Qué habríais recomendado vosotros? ¿Leísteis a Nicolás?

¿Comprarías libros en máquinas expendedoras?

Si hay algo que temo más que a los números rojos y a los incendios eso es, sin duda, la posibilidad de que mi afán de supervivencia librera termine por desvirtuar la esencia de reginaexlibrislandia. La mía ha de ser una librería única, como un traje hecho a medida por la más minuciosa de las modistas.

Por eso cuando de lo que se trata es de introducir cualquier cambio en mis confines analizo la idea hasta que me humea el pelucón. Sí, queridos, disecciono pros, contras y vuelta a empezar, porque si hay algo que mi experiencia vital me ha enseñado es que la ignorancia es tan atrevida como insensata.

Y es justo aquí donde entráis vosotros, reginaexlibrislandianos de pro, este mi coro de ángeles de la guarda bibliófila traídos aquí por la Provivencia Librera y siempre dispuestos a darme vuestro impagable punto de vista.

Sí como cuando debatimos sobre mi guerra a las etiquetas adhesivas con los precios de los libros, o sobre cómo tenía que colocar la librería, o acerca de si debía marcar aquellos libros que yo recomendara, e incluso el escabroso ¿Te gustó este libro? Prueba con éstos, versión reginaexlibrislandia y hasta si debía o no vender ‘audiodiscos’ en mis confines.

Pues bien, el reginaexlibrislandazo que me planteo ahora dar es la colocación de una máquina expendedora de libros en la mismísima puerta de reginaexlibrislandia.

Eso, queridos, teniendo en cuenta que estaría operativa cuando la librería tuviera el cierre echado o, lo que es lo mismo, de noche y en fiestas de guardar.

La idea es estar para mis clientes en caso de emergencia bibliófila, aunque obviamente no de cuerpo presente.

El precio sería ligerísimamente superior que en tienda para cubrir el mantenimiento de la máquina, y en el aparatejo colocaría una selección de títulos (novedades, mis recomendaciones, los más vendidos en mis confines, etc)…

Así que, decidme, ¿compraríais libros en una máquina expendedora? ¿Pros? ¿Contras? ¿Os habéis topado alguna vez con alguna? ¿Qué pensásteis?

Millenium 3, en librerías el 05/06/09

Los Stieglarssonmaniacos tendremos que esperar tres meses más para devorar La reina en el Palacio de las Corrientes de aire, última entrega de la trilogía Millenium del sueco Stieg Larsson. Desolada me hallo toda yo.

El comercial de Planeta que lleva Destino me confirmaba hoy, a su paso por reginaexlibrislandia, que desde dentro del grupo tienen marcado el 05 de junio como “Día M3” o, lo que es lo mismo,“Día Millenium 3”.

Aunque mi experiencia librera no descarta posibles bailes de fechas con el que es sin duda el libro más esperado del 2009, lo que parece un hecho es que no oleremos una sola página de la tercera de las aventuras protagonizadas por Mikael Blomkvist y Lisbeth Salander en marzo ni, probablemente, en abril.

Así que adiós a mis esperanzas bibliófilas que que la inminencia del Día del Libro agilizara la maquinaria editorial para que La reina en el Palacio de las Corrientes de aire estuviera en mis baldas para el 23 de abril.

En fin, tratando de ver el tintero medio lleno me obligo a pensar en que, barajando junio como fecha más que probable, cualquier modificación ulterior en el calendario sería hacia adelante, por lo que rezaré a la Providencia Librera para que se apiade de ésta nuestra sed larssoniana y nos materialice ejemplares de La reina en el Palacio de las Corrientes antes de lo previsto.

Lo que os puedo ofrecer por ahora es la portada de una edición francesa de La Reine Dans Le Palais Des Courants D’Air, disponible para los que dominen la lengua gala en un tomo de 710 páginas…

Yo sé que vosotros como reginaexlibrislandianos de pro sabéis que todos sabemos lo afortunados que son quienes aún no han leído Los hombres que no amaban a las mujeres ni La chica que soñaba con cerillas y un bidón de gasolina, porque aún tienen esas casi 1300 páginas de Millenium para perderse…

En fin, queridos, ¿os haréis con La reina en el Palacio de las Corrientes el mismo día que salga? ¿Cuál os gustó más, Los hombres que no amaban a las mujeres o La chica que soñaba con una cerilla y un bidón de gasolina?

¿Habéis recomendado o regalado volúmenes de Millenium a alguien? ¿Por qué?