Cómo no bautizar tu empresa (bis)
Igual que existen los formadores de formadores, hay empresas que se dedican a bautizar otras empresas. Es uno de esos retruécanos del capitalismo que debemos agradecer, porque cuando es el propio emprendedor (o sus parientes) los que bautizan el chiringuito salen cosas como éstas:

1. Nombres amenazantes. Temer al dentista es humano. Expresado en negativo, no temer al dentista es inhumano. Por uno y otro motivo, llamar Daga Dental a una empresa de prótesis para la boca acojona innecesariamente al ya amedrentado paciente.
2. Palabros malsonantes. Si te dedicas a despachar delicatessen y bautizas a tu empresa Coprosol, una de dos: o no hablas castellano o lo tuyo es la provocación. Coprosol no surge de nuestra imaginación: existe y está en Cuenca, según nos informa el señor Pelambres.
3. Siglas risibles. El fabricante de superficies Silestone decidió lanzar una revista. Con muy buen criterio (y poca imaginación) la llamó Piedra de Toque. Lástima que el diseñador se decantara por resaltar las iniciales; ahora todo el mundo (los que la leen, vaya) se refieren a ella como “pedete”.

4. Traducciones hilarantes. “Tu visón, furcia”. Menudo eslogan, ¿eh? Pues lo podría utilizar el fabricante de abrigos de pieles FUR & cia. Y qué culpa tendrá de que suene tan feo en español, ¿verdad? Pues la misma que la célebre marca de carritos de bebé Recaro. Usted no se los puede permitir, so furcia.

No se vayan todavía. Aún hay más.
