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Puede que en el vino no esté la verdad, si es que sólo existe una,pero lo que es seguro es que está el placer y juntos vamos a encontrarlo

Archivo de la categoría ‘Tintos’

Tampesta Rosado y Tinto, la esencia de la Prieto Picudo

Vuelvo a León desde mi voluntario exilio burgalés y lo hago otra vez con la uva Prieto Picudo como bandera.

Los vinos recomendados hoy son un rosado y un tinto, los dos con la marca Tampesta como señal de identidad.

La aventura de los hermanos Paz Tampesta, Juan Luis, Oscar y León, empieza en el año  2000 cuando plantan sus primeras cepas. La idea inicial era vender las uvas pero pronto se dieron cuenta de que eso no era rentable y en el año 2004 sacan al mercado su primer vino.

En la actualidad de la dirección de la empresa se encarga, con mano tan firme como agradable, Noelia de Paz hija de Juan Luis. A pesar de su juventud tiene las cosas muy claras y su apuesta por la calidad es clara. De la elaboración se encarga el enólogo leonés Luis Buitrón.

La bodega tiene 18 hectáreas de viñedo en propiedad, la mayor parte de ellas en el paraje de Las Lagunillas. Domina Prieto Picudo, aunque también tienen Tempranillo, por el que se apostó al principio pero que se va eliminando para dar paso a la tradicional uva leonesa.

La bodega está en Valdevimbre los Oteros, de cuya larga historia vinícola hablan las numerosas y viejas cuevas subterráneas donde se elaboraba y se guardaba el vino. Sus zarceras son visibles desde lejos.

No suelo recomendar rosados pues no son precisamente mi pasión, pero ahora que el calor aparece, por fin, después de un tan largo invierno este Tampesta Rosado 2009 es una opción divertida y fresca, una buena forma de empezar una comida o de tomarse un aperitivo al aire libre.

Elaborado sólo con Prieto Picudo destaca por sus poderosos aromas de fresas y su ligero amargor final que le da personalidad.

Pero después del rosado podemos pasar a beber algo más serio, el Tampesta Tinto 2009, con la Prieto Picudo como base, acompañado por un poco de Tempranillo. La crianza en barrica de entre 6 y 9 meses no oculta el poder de su fruta, sino que la madera se integra muy bien hasta casi desaparecer. Ligero, fresco y con personalidad. Un poco de aireación le viene muy bien.

El precio de los dos vinos ronda en una tienda los 6 euros, el rosado no los alcanza y el tinto los supera por poco. Una magnífica relación calidad/personalidad/precio.

Château Villa Bel-Air 2004, un gran Burdeos a precio contenido

Hay amigos que me dicen que como me encantan los vinos de Borgoña me olvido de los de Burdeos. Y puede que tengan razón. Pero Burdeos fue mi primer amor vinícola. Todavía recuerdo cuando Maribé y yo hicimos nuestro primer viaje a la zona. La sensación de emoción que nos embriagaba al ver los míticos châteaux, con los que tantas veces habíamos soñado y que estaba ahora delante de nosotros.

En aquella época los españoles todavía viajábamos pocos a la zona y en algunos de nuestros restaurantes favoritos éramos conocidos como les amis espagnols.

Son muchos los vinos de Burdeos que me gustan. Todos los grandes nombres y algunos mucho menos conocidos. Hoy voy a recomendar uno de estos últimos.

Es el Château Villa Bel-Air Tinto 2004. Un tinto de Graves realmente atractivo. Graves debe su nombre al tipo de suelo, las míticas graves garonenses. Comienza en la parte norte en el arroyo de Blanquefort y termina poco después de Langon. Bordea el río Garona y al oeste tiene el bosque de pinos de Las Landas, que le sirve de frontera y protección. Es una banda de 50 km. de larga y entre 15 y 20 de ancha. Las gravas reposan sobre un subsuelo de arcilla, arena, capas ferruginosas, caliza y margas. Que yo recuerde ahora mismo es el único sitio que lleva el nombre de su suelo, aunque puede que haya más.

Château Villa Bel-Air está situado en Saint-Morillon, en el corazón del viñedo de Graves. Es una preciosa propiedad de unas 50 hectáreas juntas. En el siglo XVIII, un consejero del Parlamento de Burdeos, el Marqués de Lajarte, construyó una cartuja, hoy declarada Monumento Histórico. Los jardines, las fuentes y el viñedo le dan un toque de villa clásica romántica y acogedora.

Pero desde el punto de vista vinícola la propiedad estuvo durante años abandonada, hasta que, en 1988, la compra Jean-Michel Cazes, uno de los nombres de oro de Burdeos, propietario entre otras cosas del Château Lynch Bages en Pauillac y de los restaurantes Cordeillan Bages y Le Chapon Fin, posiblemente los dos mejores de toda la zona de Burdeos.

Jean-Michel Cazes renueva totalmente el viñedo y las instalaciones y partiendo de cero aprovecha el peculiar terroir para conseguir un gran vino.

La finca tiene un especial microclima al estar rodeada de un bonito bosque de pinos y al estar muy cerca del río Garona. Situada en una ligera colina, los suelos son de gravas y en el subsuelo hay arcilla calcárea y algo de hierro.

Las cepas tienen una edad de 20 años. Hay un 40% de Cabernet Sauvignon, plantado sobre las gravas más cálidas buscando una buena maduración, un 10% de Cabernet Franc y un 50% de Merlot, que está plantado en las laderas más frescas.

La maceración dura unos 20 días y la crianza en barricas de roble francés nuevo se prolonga durante 12 meses. Detrás del vino está Daniel Llose, asesor de todos los vinos de Jean-Michel Cazes y uno de los enólogos más interesantes de Burdeos. Un hombre siempre respetuoso con el terroir, que nunca ha buscado vinos poderosos y modernos sino que se ha mantenido fiel a un estilo clásico, a pesar de que en los años más duros, cuando la modernidad se imponía, recibiese por ello tantas críticas como elogios recibe ahora. Daniel es una persona sensata, amable y sencilla y sus vinos son como él.

Château Villa Bel-Air 2004 es un vino que refleja la idea que yo tengo de Graves, un vino sencillo a la vez que complejo, sin exceso de cuerpo o de madera, sin tonos tostados, auténtico, fino, largo, con buena acidez, con fruta no confitada sino fresca, con taninos integrados y nada agresivos. Un vino que podría beber a todas las horas.

Su precio en tienda está sobre los 17 euros. Una gran forma de acercarse a Burdeos. Está en un momento muy bueno para beberse, lo que no quiere decir que no mejore algunos años.

Lecheneaut Clos de la Roche 2003, un vino que emociona

Casi todos los días bebo vinos que me gustan, algunos días bebo vinos que me encantan, pero los vinos que producen emoción, esos que hace que el cuerpo se estremezca y te duele que la botella se acabe, se beben en muy contadas ocasiones.

La última vez que me pasó fue el 31 de diciembre. Aprovechamos las fiestas en las que estamos con nuestra familia para disfrutar de buenos vinos y la verdad es que de los que nos llevamos ninguno nos decepcionó. Pero el que alcanzó el límite de lo sublime fue un Lecheneaut Clos de la Roche Grand Cru 2003.

Clos de la Roche es un Grand Cru del pueblo de Morey-Saint-Denis, situado en el límite con Gevrey-Chambertin. Morey es un pueblo a veces olvidado, aplastado por la elegante intensidad de los Gevrey y por la seducción sensual de los Chambolle. Lo mismo sucede con algunos de sus Grand Cru.

Clos de la Roche tiene 16,9 hectáreas de viñedo. La exposición es este y la altitud oscila entre 270 y 300 metros. Los suelos son pardo calcáreos, ricos en elementos asimilables por la viña y aunque en la superficie no parece muy pedregoso a poco que se profundice aparecen bloques rocosos de grandes proporciones. Por otro lado, la tierra vegetal no tiene más de 30 centímetros de espesor.

Su nombre viene de la topografía del clos, que está sobre la roca. Aunque otra hipótesis dice que existía una roca, druida o celta, posiblemente un monumento megalítico de la época gala, entre Latricières-Chambertin y Clos Saint Denis, en el lugar donde está ahora este clos.

Cuando elegimos el vino tuvimos en cuanta la añada, 2003, una de las más cálidas de Borgoña, con un ciclo vegetativo de casi 100 días. Una añada que al principio no me entusiasmó nada, pero que voy reivindicando últimamente.

Desde que en 1985, a la muerte de su padre, los hermanos Vincent y Philippe Lecheneaut se hacen cargo del domaine familiar, su prestigio ha ido aumentando de forma continua hasta estar entre los mejores de la zona. Ellos representan la tercera generación de una familia de viticultores cuyos orígenes se remontan a 1928.

Tienen 11 hectáreas de viñedo, 10 de Pinot Noir y 1 de Chardonnay, repartidas en 65 parcelas, y trabajan en 19 AOC diferentes.

Ellos mismos reconocen que al principio sus vinos eran muy concentrados, pero faltos de finura. Para resolverlo deciden intervenir menos en la bodega y trabajar más el viñedo. Desde el año 2000 sus tierras se cultivan de forma biológica, sin abonos, ni tratamientos, arándolas y recortando de forma drástica su producción.

La parcela de la que proviene este emocionante vino es minúscula, 0,09 hectáreas y no hay error, ni he puesto un cero de más, son eso 0,09 hectáreas. La parcela la compra en 1957 su padre y la planta él.

Esta botella parecía recoger el poder de sus vecinos del norte y la seducción de los del sur. Complejo, con cereza y violetas. Mineral, profundo, un espectáculo.

Nosotros nos bebimos nuestra última botella del 2003, por eso está vacía en la foto, y creo que será difícil de encontrar otra, a España llegan 6 botellas, pero si tenéis la posibilidad de beberla, o de beber otra añada, no lo dudéis. No es barato, sobrepasa los 200 euros, pero pocas veces se puede gastar tan bien ese dinero. Como dice un anuncio la emoción no tiene precio.

Un apasionante tinto de Santenay

Jean-Marc Vincent y su mujer Anne-Marie son los viticultores más interesantes y apasionados de Santenay, en la parte sur de la Côte de Beaune.

Jean-Marc llega a Borgoña en 1997 procedente de Alsacia. Su entusiasmo por al viña es contagioso. Nosotros visitamos su bodega el último día y a última hora de nuestra estancia en Borgoña. Era el punto final del viaje y ya estábamos bastante cansados. Nos recibieron en su casa, nos presentaron a sus hijos que venían del colegio y nos llevaron a ver su viñedo.

La pasión con la que nos contaron su forma de trabajar la viña hizo que nuestro cansancio desapareciese. Trabajo intenso, ecológico y respetuoso.

Después probamos sus vinos y en la copa demostraron lo acertado del trabajo en el campo.

Tienen 5,5 hectáreas de viñedo, de las que 3 son de Premier Cru. De todos los vinos tintos que probamos el que más nos gustó fue Vincent Santenay Premier Cru Le Beaurepaire 2007.

Le Beaurepaire es un Premier Cru de 15,48 hectáreas, situado encima del pueblo de Santenay, en la oarte norte, en las laderas de una montaña que llaman La Maladière. Su altitud va de los 250 a los 340 metros y su orientación es sur y este.

Las uvas con las que se ha elaborado este vino proceden de una pequeña parcela de 0,58 hectáreas de viejas cepas de Pinot Noir.

La elaboración es respetuosa y con poca intervención. Se hace un despalillado parcial, pero la uva entera representa siempre como mínimo un 40%.

Para Michel Bettane y Thierry Desseauve es un vino de

cuerpo magnífico, textura aristocrática rarísima en este pueblo, maduración del racimo perfecta, una maravilla que hace honor al talento del vigneron

Y la verdad es que es un vino elegante, profundo, lleno de fruta, con tonos minerales al final de boca.

Su precio en tienda está sobre los 24 euros y os aseguro que es un dinero muy bien gastado. Se puede disfrutar ahora pero mejorará claramente con unos años.

Viendo su forma de trabajar no se puede dudar que Jean-Marc y Anne-Marie Vincent pronto estarán entre los más grandes productores de Borgoña.

Reflexiones de un gran bodeguero

En elmundovino.com Jordi Melendo publica una soberbia entrevista a Alain Graillot, al que ya definí como uno de los bodegueros más interesantes que me he encontrado en estos años.

Alain va a asesor a una bodega en el Priorato y habla de los vinos de la zona, de lo que le gusta y de lo que no. Lo hace con rotundidad, sin miedo

Los vinos del Priorato se introdujeron en una posición como vinos potentes y a un nivel de precios bastante alto. Se trata de grandes vinos aunque el estilo general de los vinos del Priorato no coincide con el mío.

Pero también con la humildad que le caracteriza

Después de 25 cosechas sigo interesado en seguir aprendiendo y aquí lo puedo hacer. La reacción de la uva en su medio es distinta aquí de la que tenemos en Crozes-Hermitage, hay muchas diferencias.

Habla de la uva que el más domina, la Syrah y los vinos que de ella salen

Tienen el típico amargor lo que para mi es una cosa con la cual debemos que aprender a convivir. No es necesariamente lo mejor de la uva pero es parte de la syrah, y entonces creo que es más preferible aprender a soportar un poquito de amargor. Obviamente es importante cosechar con uva madura para evitar que haya demasiado amargor y es imprescindible que la duración del paso por la tina sea lo suficientemente larga para que ese mismo amargor vaya desapareciendo gradualmente. De todos modos creo que tratar de borrar totalmente el amargor no sería conveniente cuando uno hace vinos demasiado potentes, demasiado ricos, con mucho azúcar y por lo tanto con mucho alcohol.

Reflexiona sobre lo que puede aportar la Syrah a los vinos del Priorato

En este syrah tenemos mucha finura, para mí la finura es una cosa sumamente importante y a un ensamblaje con garnacha le va a traer un poco más de estructura o de forma redonda, yo veo una armonía que funciona muy bien, lo que me gusta mucho de esta syrah es que tiene un buen frescor, taninos presentes pero no demasiado fuertes, pero más bien destaca la finura. A mi no me gustan los vinos con demasiado cuerpo y este me esta gustando mucho. Sin duda la syrah es una variedad mejorante que aporta ese toque de frescor y mucha elegancia.

También habla de la Garnacha

La garnacha que me gusta en mi mente es la garnacha que tiene mucha fruta durante su periodo de juventud y que luego puede envejecer perdiendo poco a poco su fruta y llegar a algo un poco más complejo, pero para mí debe tener ese aspecto de mucha fruta al inicio y por eso no hay que ir a la sobremaduración que quema un poco estos aromas.

Cuando Jordi Melendo le pregunta cómo ve el futuro del Priorato vitivinícola, la contestación de Alain es para enmarcar

Este es otro tema. Yo sé hacer vino pero no soy un especialista en el mercado del vino. Sin embargo opino que los próximos cuatro o cinco años serán bastante cruciales para el Priorato que ha basado su éxito inicial en un tipo de vino y deberá ajustar un poco el estilo general. Es una opinión totalmente personal, estoy un poco cansado de estos vinos súper estructurados, súper potentes y aunque hay un mercado para estos vinos, se trata de un mercado que no es muy grande. Yo espero que nosotros seamos capaces de echar un pequeño desvío hacia vinos más accesibles, creo que eso sería magnífico.

P . ¿Accesibles?

R . Sí, accesibles en el sentido de ‘bebibles’. Yo no digo que sean unos vinos imbebibles pero son vinos con mucho cuerpo y estoy definitivamente convencido que el consumidor busca vinos más frescos, más ligeros… Este no era el caso hace diez años pero pienso que ahora es así. Hablo con mucha gente que me confirma que vinos como los modernos de Burdeos cansan demasiado y no son fáciles de beber. Creo que debemos apostar por esos vinos más accesibles a los que me refería.

Divertido e irónico se muestra cuando explica que se ha jubilado y quien se ocupa de su bodega en Crozes-Hermitage

Se ocupa mi hijo Maxime, nos llevamos muy bien, me pide consejos y seguramente cuando estoy fuera el está más tranquilo.

Enhorabuena a Jordi Melendo por la entrevista y a elmundovino por publicarla.

Un Prieto Picudo leonés

Algunos leoneses amigos míos me llaman renegado pues casi siempre digo que soy burgalés. Yo les respondo que la vaca no es de donde nace sino de donde pace. Pero hoy voy a dejar salir mi toque leonés y voy a recomendar un vino de mi tierra y de una variedad como la Prieto Picudo, en la que tengo gran fe, aunque todavía no ha dado sus mejores frutos. Es el Pricum Prieto Picudo 2007, elaborado por Bodegas Margón.

La razón del nombre es vidente si tenemos en cuenta que la bodega surge de la unión entre Alfredo Martínez y Eugenio González. No es lo más original desde luego.

Parten de 25 hectáreas de viñedo propias, de las que 24 son de viejas cepas de Prieto Picudo y 1 de la variedad blanca Albarín.

Esas 25 hectáreas están distribuidas en unas 100 parcelas a lo largo de unos 10 kilómetros, desde Pajares de los Oteros hasta San Pedro, pasando por Pobladura, Velilla o Valdesaz. Sus viñas son las más viejas de la zona y algunas sobrepasan los 100 años.

El sistema de conducción es el típico de la zona, con las uvas tocando el suelo. Todos los trabajos del campo se hacen a mano, con azadón.

La bodega está en Pajares de los Oteros. Dispone de mesas de selección y de cabina de refrigeración en la zona de recepción de la uva situada en un plano superior a la nave central para facilitar la caída de la uva por gravedad. Los depósitos de fermentación son tinas troncocónicas de madera de roble y de cava de barricas subterránea y climatizada.

Pricum 2007 está elaborado únicamente con Prieto Picudo. Las uvas, después de pasar por la mesa de selección, han tenido una maceración en frío y después una larga maceración de 60 días. La fermentación se ha hecho en madera. La crianza, en barricas de roble francés nuevo, ha durado 13 meses.

De la elaboración y dirección de viñedo se encarga Raúl Pérez y su forma de concebir el vino se nota.

Un vino intenso, sin demasiada estructura. En nariz al lado de frutas rojas maduras aparecen las notas especiadas de la madera, presente pero que no molesta y que el vino tiene potencia y fruta para integrar. En boca es intenso, de cuerpo medio, con buena acidez que le aporta frescura.

Su precio en tieda está sobre los 22 euros y es una demostración de que, aunque aún queda mucho camino por recorrer, en la zona se pueden hacer grandes vinos con Prieto Picudo.

Juancho Asenjo y la histórica cata de Marqués de Riscal

Tuve la suerte de estar hace ya varios años en la primera cata vertical que organizó Marqués de Riscal. Probamos desde su primer vino en 1862 hasta la que iba a ser la primera cosecha de Barón de Chirel.

Fue algo magnífico. La demostración de la enorme calidad de los grandes vinos de Rioja. Todavía recuerdo con emoción el Marqués de Riscal 1945, uno de los mejores vinos que yo he bebido en mi vida.

Guy Guimberteau, profesor de la Universidad de Burdeos, dirigió la cata. Junto a él Paco Hurtado de Amézaga y Manolo Ruiz Hernández.

Un magnífico artículo de Juancho Asenjo en el mundovino me lo ha recordado.

Podéis leerlo aquí y os lo recomiendo pues merece la pena. Es de lo mejor que he leído en bastante tiempo.

Nuevamente los tres han dirigido la cata y a Juancho le maravilló el mismo vino que años antes nos había deslumbrado a Maribé y a mi.

Es uno de esos vinos que uno sueña probar alguna vez en su vida. No sé con exactitud que es la perfección pero este 45 se acerca a mi modelo

Juancho describe los vinos de forma amena y muy culta

Las dos botellas que probé estaban espléndidas y me recordaron al gran Cicerón en su ‘De Senectute’ cuando por boca de Catón decía: “Las armas más valiosas de la vejez son el arte y el ejercicio de las virtudes”. Todas las claves del futuro y del presente están en el pasado al que, en tantas ocasiones, hay que venerar como demuestra este colosal ejemplar de 1870

Sobre el Marqués de Riscal 1945 también comenta

Es juntar en la misma terna el poderío y el dominio de Joselito El Gallo, el arte y la quietud de Juan Belmonte y el equilibrio de Rafael Ortega. Cosecha con heladas importantes que no fue considerada en su época como excepcional. Un homenaje al vino: lo tiene todo. Un monumento por el que el tiempo no ha pasado. Se muestra joven, imberbe, barbilampiño

Pero descripciones de vinos al margen hay que destacar la introducción que hace Juancho, un tratado histórico sobre la evolución del vino condensado en unas pocas líneas.

Valgan estas frases como resumen de un artículo que, de verdad, no os podéis perder

Que los vinos nunca volverán a ser como los de antes es un hecho por las diferentes técnicas de cultivo. Los años 50 del siglo XX supusieron un punto de inflexión en el cambio de concepto integral de agricultura donde se ha pasado a los cultivos intensivos con clones mucho más productivos que llevaban a producir vinos de color más abierto ahondado en su mezcla con la blanca viura y en la forma de concebir el negocio del vino con la llegada de los poderosos grupos vinícolas jerezanos a La Rioja con un sentido mucho más comercial.

También sucedió en el concepto enológico porque hasta entonces en bastantes añadas las variedades de origen francés contaron con un protagonismo que fueron perdiendo a partir de esta fecha. Los antiguos RM (Reserva Médoc como homenaje a las castas de origen galo) había un ensamblaje de diversas variedades foráneas (cabernet sauvignon, pinot noir…) y autóctonas (tempranillo, graciano, mazuelo, viura y malvasía). Éstos dieron paso al Rioja Clásico donde la tempranillo adquiriría su propio protagonismo con la compañía de otras cepas locales. Las variedades francesas tenían un ciclo vegetativo más largo con una floración temprana y una maduración tardía con unas vendimias más precoces y verdes. No había aclareos como los de hoy ni se buscaba ni, afortunadamente, se sabía que era eso de la madurez fenólica. Los clones eran mucho más productivos…

Terrazgo 2005: el potencial de Los Arribes

Acabo de probar un nuevo vino que me ha parecido realmente interesante. Se trata de Terrazgo 2005, un vino de Los Arribes del Duero.

Está elaborado con las uvas autóctonas Juan García, Rufete y, en menor medida, Bruñal. Proceden de cepas de más de 90 años, plantadas en terrazas de pizarra.

El nombre de terrazgo se utiliza en Los Arribes para definir un terreno de labranza en terrazas o bancales. Son terrazas hechas hace muchos años cuando la mano de obra era más numerosa y más barata.

La idea del proyecto del que surge este vino nace en el 2003 y esta es la segunda añada que la bodega comercializa. Tres jóvenes amigos, José Carlos, Juan Carlos y Víctor, deciden una noche entre risas y vino elaborar su propio vino. Víctor Siesto es el enólogo.

Parten de pequeños viñedos situados en diversos pueblos. El viñedo no es de su propiedad, aunque 1 hectárea la tienen controlada, pero en las uvas que compran a diversos propietarios, en total unas 2 hectáreas, intervienen de forma fundamental, tanto en la poda como en la vendimia o cualquier tratamiento.

Su viticultura es respetuosa, siguen los ciclos lunares para todas las acciones incluida la vendimia. Cada parcela se vinifica por separado, la maloláctica se ha hecho en barrica y la crianza se ha prolongado durante 12 meses en barrica de roble francés, americano y húngaro.

En nariz destacan sus tonos especiados, la mineralidad se marca en la boca, donde aparece presente la madera. Puede que la madera se marque todavía un poco más de lo que a mi me gusta pero tiene fruta para imponerse. Es mejor decantarlo, o mejor dicho jarrearlo, para que se exprese mejor.

Se han embotellado 2.480 botellas y su precio en tienda está sobre los 18 euros.

Les Sorcières 2007, la esencia del Roussillon

Languedoc- Roussillon es La Mancha francesa, la zona donde se concentra la mayor parte del viñedo. Y al igual que en la zona española en los últimos años algo está cambiando.

La crisis de la filoxera genera un cambio en el cultivo y se empezaron a plantar variedades mucho más productivas y en las tierras más ricas. A esto se añade, en 1962, la pérdida de Argelia, que hace que desaparezca el mayor proveedor de vino a granel y barato y que Languedoc-Roussillon esté dispuesto a ocupar su papel.

Tras años de vinos baratos donde la calidad no era lo importante aparecen numerosas bodegas dispuestas a disputar la batalla de la calidad.

Una de ellas es el Domaine Clos des Fées. Y de allí nos viene el vino de esta semana. Es Les Sorcières 2007.

Hervé Bizeaul su propietario fue sommelier, ganador del concurso al mejor sommelier de Francia, restaurador, periodista vinícola y gastronómico. Sus primeros vinos nacen en 1998.

Perdidas en un desierto de monte bajo y carrascal, rodeadas de muros de piedra sabiamente apilados por viticultores hace muchos años, las viñas están plantadas a azada. Imponentes robles en medio de las viñas.

Los diferentes terroirs están muy separados unos de otros y esa es para Hervé Bizeaul y su mujer, Claudine, una de las cualidades del domaine. La altitud varía entre los 350 y los 650 metros.

Les Sorcières tiene un 40% Carignan, 45% Grenache, 10% Syrah y 5% Mourvèdre. Es una selección de viejas viñas de Carignan y Grenache de 40 a 80 años plantadas en laderas arcillo calcáreas, junto con viñas jóvenes de Syrah y Mourvèdre. Se realiza una maceración prefermentativa a bajas temperaturas. La maceración dura entre 15 y 21 días, con bazuqueos suaves diarios. Una parte del vino, 15%, se cría en barricas de roble nuevas durante 6 meses, el resto del vino tiene una crianza de 8 meses en depósitos de cemento.

Intenso en el color, frutas rojas y negras muy maduras en nariz, sedoso en boca, nuevamente intenso, con taninos presentes pero bien domados. Fácil de beber y para disfrutar cómodamente ahora.

En tienda su precio ronda los 13 euros.

Le Cadet de Montirius 2005: biodinámico y asequible

El vino de esta semana nos lleva otra vez al Ródano francés, uno de los lugares donde se encuentran en mayor cantidad vinos con buena relación calidad/precio/personalidad.

Es Le Cadet de Montirius 2005, un Vin de Pays de Vaucluse elaborado por el Domaine Montirius.

Una bodega que lleva cinco generaciones en manos de la misma familia y en la actualidad está dirigida por Eric Saurel, acompañado por su mujer Christine, en la foto de abajo los dos en su bodega. El nombre de la bodega viene de la unión de los nombres de sus hijos, Monon, Justine y Marius.

Tanto el viñedo como la elaboración de los vinos siguen a rajatable los sistemas de la Biodinámica. Ya en 1980 Max Saurel, el padre de Etic, deja de utilizar algunos abonos químicos, por los efectos negativos que producen en sus suelos. Al año de incorporarse su hijo abandonan de forma definitiva todo herbicida químico y en 1990 eliminan totalmente los pesticidas químicos. En 1996 convierten todo su viñedo en biodinámico. El domaine tiene 54 hectáreas de viñedo, con 7 de las cuales se elabora este vino. Pocas bodegas, y menos con esta extensión, trabajan con tanta profundidad y convencimiento la biodinámica como ellos. Merece la pena entrar en su página y pulsar sobre la byo-dynamie.

La nueva bodega se construye en el año 2002. Para no romper el paisaje se excavó un gran hueco de unos 10 metros. La llegada de los racimos se hace en la parte alta de la bodega y después por gravedad va bajando a los depósitos de fermentación y crianza.

El cemento se impone, tanto en la construcción de la bodega como en los depósitos. Pero es un cemento que se ha fabricado con agua mezclada con fragmentos de piedra del subsuelo, para que no rompa la armonía del lugar donde está.

Mientras dura la fermentación alcohólica cuando se realizan los remontados se inyecta aire, pues Eric Saurel piensa que de esta forma los gustos de reducción desaparecen y los antocianos y los taninos se estabilizan con el aporte del oxígeno. La cantidad de aire que se inyecta depende de las características de cada depósito.

La crianza de todos los vinos se realiza en depósitos de cemento de diferentes tamaños, 50, 100 y 150 hectolitros. Los vinos pasan allí dos inviernos, de esta forma se obtiene una estabilización natural del vino y se embotella sin clarificar ni filtrar.

Las viñas con las que se ha elaborado Le Cadet de Montirius 2005 están situadas en la ribera del Ouvèze, un pequeño río que en verano se seca. Los suelos son de aluviones antiguos, situados sobre un depósito de gravas del cercano río. Hay un 50% de Grenache (Garnacha), 30% de Syrah y 20% de Cinsault.

Un vino lleno de personalidad, distinto a otros, con buena fruta y nobles notas de reducción. Está en un momento perfecto para ser bebido y su precio en tienda ronda los 9 euros.