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Puede que en el vino no esté la verdad, si es que sólo existe una,pero lo que es seguro es que está el placer y juntos vamos a encontrarlo

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Dominio de Atauta 2005, la Ribera del Duero soriana

El vino recomendado de esta semana es Dominio de Atauta 2005. Una bodega que está de total actualidad pues la acaba de comprar Manuel Jove, fundador de Fadesa y lo suficientemente listo para vender su empresa a Fernando Martín, que fue presidente del Real Madrid, cuando estaba en la cima por unos 2.800 millones de euros y ver con su dinero a cubierto el desplome posterior. Parte de ese dinero lo ha invertido en bodegas, siendo esta la última hasta ahora. Los rumores dicen que por Atauta ha pagado 7 millones de euros.

Dominio de Atauta nace en 1999 de la mano del distribuidor de vinos en Madrid Miguel Sánchez y sus hijos Emma y Miguel Ángel.

La bodega está situada en Atauta, en la provincia de Soria. En la actualidad tiene 15 hectáreas de viñedo y controla otras 45, repartidas todas en más de 600 pequeñas y muy pequeñas parcelas. El 80% del viñedo es prefiloxérico con cepas que van de los 60 a los 160 años.

Ese es el primer gran valor de la bodega, esas viejas viñas de una zona casi abandonada, donde no era rentable arrancar las cepas y plantar nuevas. Su propia pobreza se convirtió en su mayor suerte.

El segundo valor de la bodega es Bertrand Sourdais, un enólogo francés que llegó desde su Loira natal para instalarse en Soria y demostrar que es uno de los mejores enólogos del país.

Lo primero que hizo al llegar fue un profundo estudio de los suelos y orientaciones de las diferentes parcelas, encontrando 35 tipos diferentes. Todos tienen en común la arena y el fondo rocoso.

Un viñedo excepcional y la sensibilidad de Bertrand dieron lugar a un vino como Dominio de Atauta.

El 2005 es todavía muy joven, con la madera presente, pero encierra un enorme potencial que se irá desarrollando con el paso de los años. Magnífica fruta, buen trabajo con la madera, siempre de roble francés, con buena acidez que le aporta frescura. Si queréis beberlo ahora es mejor abrirlo y decantarlo con tiempo, pero guardad alguna botella para beberla más adelante. Merecerá la pena.

Su precio en tienda está sobre los 27 euros.

Homenaje a los padres de la Ribera del Duero

Tuve la suerte este viernes pasado de estar en un emotivo homenaje a 7 bodegueros de lujo de la Ribera del Duero. Los protagonistas fueron, Alejandro Fernández, los hermanos Pérez Pascuas, Benjamín, Adolfo y Manolo, Ismael Arroyo, Pablo Peñalba, fallecido hace 15 meses, y Anastasio García.

Ellos fueron los pioneros de la Ribera del Duero, las bodegas familiares que estuvieron en el origen del nacimiento de la Denominación de Origen Ribera del Duero.

El homenaje estaba organizado por sus hijos y contó con la aportación entusiasta de Javier Pérez Andrés, de la revista Argi. Todo surgió en Madrid Fusión, cuando Lucía Fernández, una de las hijas de Alejandro, se puso en contacto primero con Javier y después con José Manuel Pérez Ovejas y Juan Pablo Peñalba.

Los homenajeados no sabían a lo que venían a Burgos. Algunos, como Alejandro, pensaban que venían al cumpleaños de una amiga, otros al cumpleaños de un hijo. Por eso su sorpresa fue grande cuando al entrar en el Palacio de la Merced vieron a todos sus hijos, sus nietos, sus amigos, en algunos casos venidos de muy lejos. Sorpresa que pronto dio paso a la emoción.

Un homenaje merecido. Sin ellos la Ribera del Duero no sería en absoluto lo que es hoy. Ellos salieron de la nada, prácticamente sin ayuda de nadie, sólo de los suyos, en una época mucho más difícil, cuando el mundo del vino tinto se resumía en Rioja y nada más. Ellos supieron apostar por la viña, por los vinos de calidad, por salir a la calle, con las botellas debajo del brazo, a vender puerta a puerta unos vinos que, por entonces, no conocía nadie.

Que el homenaje se lo hayan tenido que hacer sus hijos, sin ayuda de la administración dice mucho. Juan Vicente Herrera, presidente de la Junta de Castilla y León, presente en el acto lo mencionó, con cierta vergüenza, en su discurso. Era un homenaje que tendría que haberles hecho las instituciones, pero que les llegó de los más queridos, de sus familias, de sus sucesores.

A destacar que todos ellos siguen viviendo en sus pueblos, junto con sus hijos que continúan la labor que empezaron sus padres.

El mundo del vino español no sería igual sin ellos. Pesquera, Viña Pedrosa, Torremilanos, Valsoltillo y, en menor medida, Señorío de los Baldíos están aquí para acreditarlo.

Los 25 más influyentes: Mariano García

Mariano García nació en una bodega, Vega Sicilia, en la que después trabajó muchos años.

Jesús Anadón, el gran hombre de Vega Sicilia y para muchos el gran desconocido, le convenció de que tenía que estudiar enología y se marchó a la Escuela de la Vid de Madrid. En 1968, con apenas 24 años, hizo su primer vino en Vega Sicilia, siempre apoyado por Jesús Anadón. Así continuó, vendimia tras vendimia, hasta 30 después en que se produjo un triste desencuentro y salió de la bodega.

Para entonces ya tenía en marcha su proyecto personal. Juan Manuel Ibáñez, un buen amigo de Mariano, le había ofrecido unas viñas en Tudela de Duero. En 1978 Mariano elaboró con ellas su primer Mauro, 2.000 botellas que pronto se acabaron. Para comercializar el vino escogió el nombre de su padre.

Mariano García es hoy uno de los enólogos más respetados de España. Su nombre asociado a un vino es sinónimo de éxito comercial y es uno de los pocos casos en España en el que pasa eso.

A veces solo y otras veces con sus hijos, Alberto y Eduardo, con los que aparece en las fotos sacadas de una cata en Vila Viniteca, ha ido creando su propio imperio. Mauro, San Román, Aalto, Leda, Astrales, Paixar, son nombres ligados a la familia García.

Viajero impenitente, conductor apasionado que ama la velocidad, aficionado a la gastronomía al que es fácil encontrarse en los mejores restaurantes, capaz de disfrutar con un plato refinado pero enamorado de una buena tortilla de patatas, bebedor, además de catador, de buenos vinos, gran conversador, Mariano es querido por casi todos.

Conocedor a fondo de la viña de su Ribera del Duero, gran criador de vinos a los que aporta un estilo muy propio e identificable.

Tras muchos años de trabajo y en el momento de disfrutar de lo logrado su filosofía es fácil

Con los años lo que aprendes es que tienes que volver a los orígenes, hay que hacer vinos con menos técnica. A mi los vinos perfectos no me gustan por lo que la perfección técnica supone de pérdida de personalidad, prefiero que el vino sea más auténtico, que tenga ciertas imperfecciones

Alejandro Fernández, un pionero

En la gran evolución del vino español de los últimos 30 años Alejandro Fernández ha sido un personaje fundamental. Sin él ese cambio se hubiese dado también, pero, posiblemente, más tarde o de forma más lenta.

Pesquera de Duero era, en 1932 cuando nació Alejandro Fernández, un pueblo como casi todos los de Castilla. La agricultura era su base y entre ella destacaba con brillo propio el vino.

Alejandro Fernández nació en una familia sencilla y nunca desperdició la oportunidad de demostrar su enorme creatividad. Fue carpintero, herrero y creador de máquinas para el campo. Todavía hoy tiene dos patentes de máquinas para recoger la remolacha. Él las hacía en su taller de Pesquera y él se encargaba de venderlas y cobrarlas.

Incluso en los momentos más difíciles siempre tuvo el vino como objetivo. Cuando la situación económica se lo permitió, Alejandro decidió hacer su sueño realidad. Se pone a plantar viñedos en un momento en que todos los arrancaban para poner en su lugar remolacha, menos trabajosa y más rentable.

Es así como nace Tinto Pesquera. Enamorado de su pueblo, cuando en 1975 comercializó su primer vino escoge para presidir sus botellas el arco y la torre de Pesquera.

No es posible hablar del actual vino español sin reflejar el papel determinante que ha jugado Alejandro Fernández en su configuración. Cuando aparece Tinto Pesquera los vinos que se bebían en España no se parecían nada a los que ahora bebemos. Estaban en la línea de los riojas clásicos, poco color, escaso cuerpo y marcada presencia de la madera.

El vino que crea Alejandro es de un estilo diferente. Color más intenso, en la línea de los granates y no de los tejas. Un vino concentrado, con predominio de la fruta sobre la madera, tánico y concebido para vivir muchos años en botella. Embotellado sin filtrar, siempre tuvo posos, que en esa época muchos no entendieron.

Las causas que llevan a Alejandro Fernández a sacar un vino tan diferente las explica de forma sencilla

En Pesquera desde siempre se hacían los vinos así, con más color y más cuerpo, y yo quise seguir con ese estilo, pero haciendo las cosas mejor. Vendimiando a tiempo, seleccionando la uva, elaborando bien y cuidando que la madera no mate a la fruta

En una época en la que las grandes bodegas españolas, con alguna escueta y honrosa excepción, despreciaban la viña por la facilidad de encontrar a buen precio uvas de buena calidad, Alejandro siempre apostó por el viñedo propio.

También abrió muchas puertas en el exterior y mientras la legislación aérea se lo permitió siempre viajó junto a sus botellas que daba de probar, ante el asombro de todos, en el avión a compañeros de viaje.

Recuerdo cuando presentó sus vinos a un grupo de bodegueros de Burdeos, entre los que se encontraban los propietarios de Angélus, L’Eglise Clinet o Valandraut. Fue hace casi 20 años. Hoy sus vinos se encuentra en las mejores cartas de vino de todo el mundo.

Ante una añada difícil, ¿lo mejor es no mirar el grado?

Me lo comentan asombrados varios bodegueros de Ribera del Duero. El Consejo Regulador no está controlando de forma habitual y sistemática el grado de las uvas que entran en las bodegas.

Ya pasó en la vendimia 2007, pero ese año se hizo de forma oficial. En una sorprendente decisión el Consejo Regulador decidió que permitiría que las bodegas pudiesen elaborar con uvas que no llegasen al grado potencial de alcohol mínimo, que es de 11 grados.

Se razonó por las especiales dificultades de la añada. Este año en el boletín de normas de vendimia 2008 se dice que se va a controlar y que

El grado de madurez adecuado, que expresado en grados Beaumè, deberá ser como mínimo de 11

También se dice

Como norma general, la toma de grado se realizará antes de descargar la uva en la tolva

Pero la realidad va en otra línea. Los veedores no están tomando el grado, cuando menos en varias bodegas no lo están haciendo.

Me imagino que pasará lo mismo del año pasado, pero que en lugar de hacerlo de forma oficial han preferido hacerlo de hecho, sin necesidad de decretos o normas.

Pero es una medida que perjudica claramente a aquellos viticultores responsables que han trabajado bien, a los que han reducido la producción de sus cepas aún sabiendo que al hacerlo perdían dinero.

Estamos ante otra cosecha difícil y en lugar de intensificar los controles para que la calidad no disminuya lo que hace el Consejo Regulador es mirar para otro lado.

No creo que el de Ribera del Duero sea el único caso, pero con certeza no conozco ningún otro. Si vosotros sabéis más casos espero que me lo digáis.

Un barrica de la Ribera del Duero y un Cabernet Franc del Loira

El primer vino que recomendamos hoy viene de la Ribera del Duero y es el Marqués de Velilla Barrica 2004.

Nunca he ocultado mi personal debilidad por Gabriel Rivero, para mi uno de los mejores enólogos que actualmente trabajan en España.

Conocí a Gabi hace ya muchos años cuando dirigía Château Sociando Mallet, vino que con su trabajo contribuyó a situar entre los más grandes de Burdeos. Después se marchó al Líbano a Château Kefraya y hace poco más de 3 años se volvió a España, donde nunca había trabajado, para dirigir Marqués de Velilla.

Se encontró con una bodega bastante abandonada en su día a día. Vinos normales, sin demasiadas pretensiones y en muchas ocasiones con marcados defectos. La labor de levantar la bodega era dura pero Gabi se puso a ella con la fe que le caracteriza.

Su primera tarea consistió en hacer un estudio de suelo de las 183 hectáreas de viñedo, situadas en el entorno de La Horra, que tiene la bodega. Encontró 18 tipos de suelo, desde arcillosos que proporcionan a los vinos potencia, hasta gravas y arenas que aportan más delicadeza.

Su pasión por el viñedo hace que no sea extraño verle paseando a primeras horas de la mañana, cuando el sol todavía se niega a salir del todo.

Marqués de Velilla Barrica 2004 es el primer vino que elabora Gabriel Rivero en la bodega. Una añada marcada por el granizo que destruyó la mitad de la cosecha.

Tiene un 95% de Tempranillo y 5% de Cabernet Sauvignon, procedentes de las parcelas Curillas, La Vega del Conde, La Encina y El Membrillo. Ha tenido una crianza de 12 meses en barricas de roble, sobre todo francés.

Cuando salió al mercado algunos se quejaban de que era un vino duro y difícil. Han pasado algunos meses y el vino está en un momento impecable, con los taninos finos y redondos, para nada agresivos y con una frescura de fruta muy destacable.

Su precio en tienda está sobre los 7 euros y es muy difícil encontrar un vino de la Ribera del Duero mejor por este precio.

Una demostración más del buen hacer de Gabriel Rivero y de que los grandes vinos de esta bodega están por llegar.

El segundo vino es del Loira francés. Ya hablamos el otro día de los hermanos Foucault, viticultores a los que tengo especial respeto. Su feudo está en Saumur-Champigny, en el Loira.

El nombre de Champigny viene del latín campus ignis, que significa campo de fuego y posiblemente sea porque tienen la temperatura media más alta de la región.

Clos Rougeard siempre está elaborado únicamente con Cabernet Franc, conocido en la zona como breton, debido a que en el siglo XVII Richelieu encarga al abad Breton que replante los viñedos y utiliza para hacerlo plantas de Cabernet Franc compradas en Burdeos.

Cuando las uvas llegan a la bodega, que está entre 10 y 12ºC, permanecen entre 4 y 5 días a esta temperatura, haciendo una maceración prefermentativa en pequeñas cubas de cemento. El encubado se hace en cubas de cemento abiertas y dura de 3 a 4 semanas y a diario se hacen bazuqueos con los pies y remontados. No se incorporan los vinos de prensa. La maloláctica se hace en barricas de roble. Se hacen 3 ó 4 trasiegos por año.

Clos Rougeard 2003 proviene de 4,5 hectáreas de viñedo, situadas en diferentes parcelas. Las cepas oscilan entre los 15 y los 70 años. El rendimiento medio es de 40 hectolitros por hectárea. Ha tenido una crianza en barrica de 18 meses, parte importante de las cuales son barricas usadas procedentes de Château Margaux y Château Haut-Brion.

La añada 2003 en el Loira, como en el resto de Francia y también de España, fue especialmente calurosa, por eso el vino tiene un poco más de color y algo menos de acidez de lo que es habitual, aunque, debido a su buen trabajo en el campo, tiene una acidez realmente sorprendente para las características de la añada.

La frescura, la profundidad y la mineralidad son rasgos siempre característicos de este vino.

Es un vino destinado a vivir muchos años pero que empieza a estar en buen momento. Yo aconsejo abrirlo cuando menos 1 hora antes de beberlo.

Con su prestigio y su baja producción es un vino difícil de conseguir pero se puede encontrar a unos 29 euros en las tiendas.

La mineralidad del Loira y la fuerza de la Ribera del Duero

Llorábamos el otro día la muerte de Didier Gagueneau, uno de los vignerons con más personalidad del mundo. Hoy como homenaje vamos a recomendar uno de sus vinos Silex 2005.

Con una curiosa etiqueta en la que la piedra es protagonista Silex procede de una parcela de 2,2 hectáreas de Sauvignon Blanc con cepas de más de 50 años y rendimientos muy bajos. Los suelos tienen base arcillosa y fuerte presencia de la piedra que le da el nombre.

Es uno de los grandes blancos del mundo, puro, mineral, con el recuerdo claro del silex, poderoso pero lleno de elegancia, lleno de armonía. Se puede beber ahora y se puede guardar muchos años.

No voy a decir que es barato, su precio se acerca a los 90 euros, pero beberlo no es sólo hacerle un homenaje a Didier Dagueneau, es, sobre todo, hacérnoslo a nosotros.

El segundo vino de esta semana es Astrales 2006, uno de los nuevos Ribera del Duero.

Es el resultado de la unión entre la familia Romera de la Cruz y Eduardo García. Los primeros viticultores en su tercera generación con viñas en Anguix y Eduardo es el hijo de Mariano García y tras formarse en Burdeos colabora con su padre y desarrolla proyectos propios como este.

La familia Romera de la Cruz tiene 29 hectáreas de viñedo en Anguix, pero el vino procede sólo de 10 hectáreas con cepas de entre 20 y 70 años, resultado de una selección masal de sus mejores clones. No se utilizan herbicidas.

Cada parcela se vinifica por separado, las maceraciones no son demasiado largas y la crianza está entre los 14 y los 20 meses. La idea es intervenir lo menos posible en la elaboración para que se exprese el viñedo.

El Astrales 2006 acaba de salir al mercado y todavía está un poco duro, cerrado y con la madera marcando el paso, pero tiene buena presencia de fruta que se irá imponiendo poco a poco. La etiqueta es nueva y más clásica que la anterior.

Su precio está sobre los 24 euros.

Viñedos más jóvenes, rendimientos más altos

Otra vez de vuelta después de unas largas vacaciones en las que no he escrito ni una línea. Me propuse tener para septiembre varios post pero la realidad es que no he sido capaz de escribir ninguno.

A partir de ahora cambiaré los textos con menor frecuencia, tres veces a la semana en lugar de las 5 de antes. Las razones son diversas y la falta de tiempo es una de las primordiales. Prometo, eso sí, seguir contestando a todo el mundo con la mayor rapidez posible. Ya sabéis que me interesan mucho vuestras opiniones y que de ellas aprendemos todos.

Para retomar la línea quiero empezar con unas reflexiones y unos datos para la reflexión.

Es evidente que el panorama del vino y del viñedo español está cambiando de forma radical. Aparecen nuevas zonas, algunas de gran interés, nuevos bodegueros, en demasiados casos con viejas ideas pero también gente joven con ganas de hacerlo realmente bien y creyendo que la clave está en el viñedo.

Pero este cambio no es siempre positivo. Estamos generando eso que llamamos uniformidad del gusto, la globalización del estilo de los vinos y contra eso tenemos que luchar todos los días. Cada uno con nuestras armas. El consumidor exigiendo y los profesionales siendo eso, profesionales.

Hemos hablado ya de numerosas causas para esa uniformidad. Voy a dar ahora una serie de datos que nos pueden ayudar a entender todavía más los problemas que generan estos cambios.

En Rioja en 1983 las hectáreas inscritas eran 38.349. En 1990 había 43.074 hectáreas con una producción ese año de 161 millones de litros, lo que daba un rendimiento medio de 3.743 litros por hectárea. En el año 2006 las hectáreas ya eran 60.390, es decir, 17.316 más. La producción fue de 276 millones de litros lo que supone un rendimiento de 4.573 litros por hectárea.

En Ribera del Duero en 1989 había 9.146 hectáreas, de las que el 57% tenía más de 40 años. Hoy hay 20.711 hectáreas de las que el 46,41% se plantaron después del año 1996 y más del 16% son viñas plantadas en el siglo XXI.

En Navarra en 1984 la Garnacha representaba el 84,45% del total del viñedo. En 2005 representa sólo el 25,72%. En 1984 el Merlot era inexistente hoy representa el 12,45%. En el año 1990 la producción fue de poco más de 66 millones de kilos de uva en el año 2005 superó los 145 millones.

Más hectáreas, viñedos más jóvenes, cambios en las prácticas culturales de cultivo, rendimientos más altos, más presencia de la madera, en 1990 en Rioja había 547.000 barricas, en 2006 la cifra era de 1.197.000, más modernidad, menos particularidad. Vinos más iguales.

Los extraños métodos para vender Ribera del Duero en Burgos

Leo en la prensa que el Consejo Regulador de la Ribera del Duero está muy preocupado por sus bajas ventas en Burgos. Eduardo Cano, responsable de comunicación lo explica

En Madrid, el 15% del vino consumido procede de la Ribera y a nivel nacional somos la segunda D.O. con el 8% del mercado. Es una pena que en una plaza tan importante e implicada como Burgos no se haga patria en este sentido

Lo contaba hace ya varios días, en Diario16 Burgos, hicimos un reportaje sobre la introducción y el conocimiento que existía en Burgos sobre la Ribera del Duero. La zona ribereña suspendía claramente.

Hoy las cosas han mejorado pero se pasa por poco del aprobado.

El Consejo quiere llegar a notas más altas y ha diseñado una campaña para conseguirlo que parece sacada del manual de cualquier casa de refrescos. Publicidad en la una televisión local, patrocinio de las fiestas y algo más sorprendente.

El Consejo crea la figura del cliente misterioso, un hombre de aspecto normal que entrará en los bares asociados al programa pidiendo un vino. Si el camarero sirve un Ribera, el bar ganará de forma automática un premio

Lo leo dos veces para evitar equivocarme. El “hombre de aspecto normal” pide un vino y si el camarero le da un Ribera premio para el local. ¿No sería más normal que si el hombre pide un vino el camarero le preguntase sus preferencias, si prefiere Rioja, Ribera o de otras zonas, si el bar las tiene?

Hay otra medida también llamativa.

Hemos creado un corchómetro en el que cada bar guardará los corchos de la promoción. Al reunir veinte, deberá enviarlo a un apartado y a cambio recibirá un cheque que premiará cada corcho con 0,25 euros.

No es una idea nueva durante muchos años la han estado haciendo muchos distribuidores como forma de favorecer que los camareros vendan sus vinos en lugar de los de la competencia.

Está bien intentar vender más, pero hacerlo a base de imponerle el vino al cliente desorientado es lastimoso. Pretender comprar a los camareros para que impongan el vino de la Ribera es tan viejo como falso. Habrá que ganar al cliente final, hacer que sea él quien pida el vino porque lo gusta y no que se lo beba, en muchos casos sin saber que bebe, porque se lo mete el camarero de turno. Apelar al casi engaño o al patriotismo para vender es casi patético.

¿Alguna vez se han preguntado los cerebros del Consejo Regulador de la Ribera del Duero las razones por las que venden poco en Burgos? ¿Tendrá algo que ver la política de precios y de calidades de sus bodegas?

Causas de la uniformidad del sabor: Viñedos mal plantados

Hablábamos el otro día de los efectos de la uniformidad del sabor, quiero centrarme hoy en las causas. El tema es largo y le dedicaré varios días, aunque no necesariamente seguidos para no aburrir.

Una gran parte del viñedo español es de reciente plantación y en prácticamente todas las nuevas plantaciones se han olvidado las viejas cepas. Los clones se compran en viveros impersonales, sin seleccionar las mejores cepas que cada uno tenía en sus viñas o pidiéndoselas al vecino.

Casi todo se ha plantado en espaldera, con marcos de plantación más ajustados a las necesidades del tractor que a las necesidades de las cepas.

Históricamente se plantaba de forma diferente en cada sitio, teniendo en cuenta sus características. En las zonas húmedas del atlántico se utilizaba el emparrado alto, para aprovechar hasta el último rayo de sol, mientras que en Cebreros se hacía en un vaso que pretendía ocultar las uvas de sol.

Hoy podemos ver plantaciones prácticamente iguales en La Mancha que en Galicia.

Una viña en espaldera y otra en vaso no tienen nada que ver, aunque están pegadas. Es diferente su exposición al sol, su relación con el agua y el modo en que le afectan los vientos. Se ha plantado sin pensar, sin ningún tipo de reflexión.

Muchas de las nuevas bodegas han cuidado mucho más el aspecto arquitectónico que las viñas. Edificios con pretensiones y conocidos arquitectos para la bodega, ningún interés para el viñedo.

Antes de la filoxera los viñedos estaban plantados en los terrenos más pobres, en laderas en las que sólo podían vivir las cepas. La filoxera hizo que algunos de esos viñedos excepcionales ya no volviesen a replantarse por las enormes dificultades de trabajarlos y sus bajos rendimientos.

Pero ahora los nuevos viñedos se han plantado en todos los sitios, en laderas y en vegas, en tierras pobres y en suelos muy productivos. Casi la mitad de cepas de Rioja están plantadas en suelos aluviales, que se encuentran en valles fluviales o muy cerca de ellos.

Los rendimientos son cada día más altos. Los datos oficiales de Rioja de la cosecha 2005 hablan de 7.517 kilos de uva por hectárea. Una cifra impensable en viñedos viejos.

¿Cuántas bodegas han hecho un buen estudio de suelos para ver si eran los más idóneos, para ver que variedades, o que clones, se adaptaban mejor a esos suelos?

Se ha comprado desde el punto de vista inmobiliario (muchos de esos nuevos bodegueros entiende mucho de este tema) y no pensando en el viñedo.

Hubo una época en España en que las viñas no se trataban nada, no había dinero para ello. Pero el valor del kilo de uva empezó a subir y se vio que era un negocio y había que asegurarse cada año esos ingresos, cada vez más importantes. Ante el peligro se empezó a tratar por sistema y empezó el problema. Pero eso lo dejo para otro día.

Por cierto, las fotos son de viñedos de Rioja, Ribera del Duero, La Mancha, y Costers del Segre . ¿Alguien podría acertarlas?