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Puede que en el vino no esté la verdad, si es que sólo existe una,pero lo que es seguro es que está el placer y juntos vamos a encontrarlo

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Los 25 más influyentes: Ramón Castaño

La Monastrell es una de nuestras uvas más significativas. Conocida en el mundo como Mourvèdre, casi todos piensan que es de origen francés. El nombre de Mourvèdre viene de Morvedre, antiguo nombre de Sagunto.

Durante años ha sido una variedad no muy valorada, elaborada a granel y destinada a la mezcla con otras para aportarle color y grado. Pero es la segunda variedad más plantada en España después de la Garnacha.

De España sale en los siglos XVI y XVII hasta la Provenza francesa, donde llega a ser la variedad mayoritaria, aunque hoy su cultivo se haya vista muy reducido, excepto en Bandol.

Es precisamente en Bandol donde adquiere fama y reconocimiento mundial. Pero es una fama reciente y se debe en gran parte al gran Lucien Peyraud que, tras casarse con Lucie Tempier, se hace cargo del Domaine Tempier y se enamora de esta variedad y empieza a criarla en roble.

También en el Ródano francés empezaba a utilizarse la Monastrell, a veces sola pero casi siempre mezclada con Garnacha. Mientras en España seguía siendo utilizada para los graneles.

Pero la familia Castaño, con Ramón Castaño Santa a la cabeza, construye su bodega en Yecla en 1985 y decide apostar fuerte por la Monastrell como eje de todos sus vinos.

Los inicios no fueron fáciles y sus vinos empezaron vendiéndose prácticamente sólo en el extranjero. Pero poco a poco, y gracias a sus grandes esfuerzos, el mercado nacional empezó a conocer sus vinos y empezó a disfrutarlos.

Hoy su labor la continúan sus hijos, Ramón, Juan Pedro y Daniel. Tienen unas 500 hectáreas de viñedo, de las que más de 300 son de Monastrell. Gracias a ellos Yecla está en el mapa vinícola mundial y gracias a ellos, y a otros que les siguieron, la Monastrell española también.

Alain Graillot y Domaine de Trevallon: dos joyas del Ródano y de la Provenza

Esta semana van como recomendados dos de los vinos que más me gustan y más quiero. El primero nos viene de la parte norte del Ródano francés. Es el Alain Graillot Corzes-Hermitage 2007.

Alain Graillot es uno de los viticultores más interesantes que me he encontrado en estos años. Habla perfectamente español pues vivió varios años en Costa Rica y Guatemala. Era por entonces un ejecutivo de una multinacional, pero a los 40 años lo dejó para dedicarse enteramente al vino.

Sus 21,10 hectáreas de viñedo están situadas en Pont de l’Isère, a pocos kilómetros al sur de Tain l’Hermitage. Hay 2,7 hectáreas de blanco con viñas de unos 20 años, y 17, 3 hectáreas de Syrah, con una edad que va desde los 10 a los 50 años. Sólo hay una hectárea que no está en el entorno de la bodega, sino en una ladera cerca de Tain. También tiene 1 hectárea en Saint-Joseph y 0,10 en Hermitage.

Los métodos de cultivo son tradicionales, orientados hacia pequeños rendimientos, poda corta y abonados muy ligeros. No se utilizan herbicidas y los suelos se trabajan únicamente con arado, para conseguir que las raíces de las cepas profundicen en la tierra y que el agua pueda entrar. Las vendimias son manuales y normalmente no se despalilla la uva.

Cuando acaba la fermentación maloláctica, el vino pasa a criarse en barricas de roble. Aunque hay un pequeño porcentaje de barricas nuevas, un 10% cada año, la mayoría son de 1 y 2 años compradas en Borgoña. También se usan fudres de 600 litros. Después de 12 meses de crianza los vinos de las diferentes parcelas se mezclan en proporciones que dependen de cada añada y continúa su envejecimiento en tinas de más volumen.

Alain Graillot 2007 es la fiel representación del Syrah más puro, más auténtico. Todavía es una criatura a la que le quedan unos años para dar lo mejor de si mismo, pero se puede beber ahora gracias a su excelente materia, con fruta madura pero para nada confitada a sobremadura. Su precio en tienda sobrepasa por poco los 18 euros.

El segundo vino nos viene de la parte más sur del Ródano, de los Alpilles, entre Avignon y Arles, cerca de Saint Remy de Provence. Es el Domaine de Trevallon 1999.

El otro día hablaba de Eloi Dürrbach, como asesor de Château Gigognan. Hoy voy a hablar de su casa. La finca fue comprada en 1955 por René Dürrbach, pintor y escultor, gran amigo y colaborador de Picasso, que buscaba un rincón tranquilo para poder trabajar sin el agobio de la Costa Azul. Él jamás pensó que en el monte bajo de los alrededores se pudiese hacer un gran vino.

En 1973 su hijo Eloi Dürrbach, que tenía entonces 23 años y estudiaba Arquitectura, crea el viñedo y para realizarlo construye diversas terrazas en parte de las colinas que rodean la casa. El viñedo tiene 20 hectáreas y está formado por un gran número de pequeñas parcelas, situadas en un radio de unos 2 kilómetros alrededor de la bodega. Hay 200 metros de desnivel entre las parcelas y los terrenos son arcillo pedregosos, con arenas y gravas, sobre un fondo calcáreo duro. Todo el terreno está lleno de impresionantes barrancos. El cultivo se realiza de forma natural y tradicional, sin insecticidas, abonos o herbicidas químicos.

Los vinos tintos tienen un 50% de Cabernet Sauvignon y un 50% de Syrah. Las dos variedades se vinifican separadamente. Los racimos no se despalillan. La fermentación se realiza en pequeñas tinas donde se practica el bazuqueo con los pies, sin control de temperatura y sin utilizar levaduras. Cada parcela se vinifica por separado. Después el vino envejece 2 años en pequeños fudres de roble.

Soy consciente de que Domaine de Trevallon no es el vino más fácil, hay que dedicarle tiempo y dejarlo que exprese lo mucho que lleva dentro. La mejor forma de hacerlo es decantarlo bastante antes de que vayamos a beberlo. Pero cuando se abre aparece como uno de los vinos más personales de cuantos yo he bebido.

Su precio en tienda está sobre los 44 euros. No es barato pero es realmente bueno.

Un buen año: cine y vino

He visto en Canal + la película de Ridley Scott Un buen año, basada en la novela de Peter Mayle, de la que ya hemos hablado. En realidad es una adaptación muy sui géneris, pues toda la historia no tiene nada que ver con la novela de Mayle.

En cualquier caso es una película sencilla, sin pretensiones, un divertimento sin más. Pero como son pocas las películas que, de una u otra forma, hablan de vino voy a comentar algo sobre ella.

No quiero desvelar mucho sobre ella para no estropeársela a quien quiera verla. El personaje protagonista es un broker agresivo y triunfador que no respeta ninguna norma y cuyo único amigo es un abogado de actitudes similares.

La película empieza con el protagonista de niño con su tío jugando al ajedrez, bebiendo una botella de Tempier 1969, un magnífico vino de Bandol, rebajado, en el caso del niño, con agua, y escuchando las reflexiones sobre la vida y el vino del tío.

El vino es incapaz de mentir

Varias vendimias más tarde al broker le llega la noticia de que su tío ha muerto y al no haber hecho testamento él como familiar más cercano ha heredado la casa y los viñedos. A partir de ese momento el contraste de su forma de vivir con la de Provenza es el eje sobre el que gira la película.

Este diálogo resume lo que sucede

– Este lugar no encaja con mi vida

– No, es tu vida la que no encaja con este lugar

Para mi no es un peliculón pero me ha parecido divertido verla. La figura del ejecutivo agresivo que vuelve al campo no es sólo un recurso de los guionistas, sino que se han dado varios casos. Hace poco hablábamos de Emilio Rojo y hay otros casos alguno tan llamativo como el de Nicolas Joly.

La podéis ver en Canal + 2 hoy domingo a las 20 horas o en Canal + el miércoles a las 12 de la noche.

Un Rufete de Salamanca y un original blanco de Provenza

El primer vino que recomendamos hoy nace en la Sierra de Francia, aunque por motivos comerciales se ha elegido el nombre de Sierra de Salamanca para denominar la zona. Está situada entre Béjar y Las Hurdes y hay unas 2.000 hectáreas de viñedo en 13 pueblos.

Alagón 2001 está elaborado con un 80% con Rufete, siendo el resto Tempranillo.

La Rufete es una uva autóctona de esta zona, aunque se cultiva también en el Douro portugués.

Bodegas Valdeáguila, nace en el año 2.000, cuentan con 60 hectáreas de viñedo, dividido en numerosas parcelas, en escarpadas laderas de pizarra en el pueblo de Garcibuey.

El vino, elaborado por el enólogo catalán Joan Milá, ha tenido una crianza en barrica de roble americano de 12 meses.

Es una de las pocas alternativas que hay para probar la Rufete. Un vino sencillo, con la madera ya integrada y con una correcta acidez. Es de cuerpo medio, fácil de beber, no excesivamente largo. Pero sobre todo es original. Su precio en tienda está sobre los 7 euros.

Con un precio más alto, pero muy ajustado a su calidad os propongo un nuevo vino

Se trata de Château Simone 2004, un espectacular blanco francés de la zona de Provenza, en concreto de Palette, pequeña AOC, como nuestras DO, de 35 hectáreas situada en las puertas de Aix-en-Provence.

Propiedad de la familia Rougier desde 1850, sus 17 hectáreas de viñedo, de las que 6 son de blanco, tienen una edad media de 60 años, con algunas cepas centenarias. La exposición es, en contra de lo habitual, norte y las cepas se distribuyen en pequeñas terrazas inclinadas.

La variedad claramente mayoritaria, 80%, es Clairette, acompañada por un 10% de Grenache Blanc (Garnacha Blanca), y pequeñas cantidades de Ugni Blanc, Muscat y Bourboulenc. La fermentación se hace en pequeños fudres de roble viejo y la crianza, en estos mismos fudres, se prolonga durante 8 meses.

Una de sus mejores características en su capacidad de envejecer. De joven destacan sus aromas a la vez florales, tilo, y frutales, con notas cítricas. Al envejecer se vuelve más complejo, más redondo y sabroso y doma su acidez.

La añada 2004 anda sobre los 34 euros y, aunque es difícil de encontrar, merece la pena probarlo. Si alguien tiene la oportunidad en un restaurante de cualquier lugar del mundo de beber una vieja añada que no lo dude.

Tres libros para viajar desde el sillón

En estas fechas en las que parece que viajar es una obligación quiero recomendar un magnífico libro que ha llegado a mis manos.

Su título es The Wine and Food Lover’s Guide to Portugal, que podríamos traducir como La guía de los amantes del vino y la comida de Portugal, y sus autores son Charles Metcalfe y Kathryn McWhiter.

No son muy numerosos los libros sobre vinos de Portugal que estén actualizados, aunque hay algunos soberbios e incombustibles como Porto Vintage de Gaspar Martins y Joao Nicolau de Almeida, un libro de lectura obligatoria para los amantes del Oporto, aunque sea necesario leerlo en portugués.

Lo mismo sucede con esta guía. De momento sólo se encuentra en portugués o en inglés. Pero merece la pena comprarla pues es muy completa. Zonas vinícolas van pasando por sus páginas, con sus bodegas bien explicadas, con textos sencillos, sin pretensiones, pero muy correctos. Con los restaurantes donde se puede comer y las tiendas donde se puede comprar.

Hay un breve pero también interesante sección de quesos. Ahora es el momento para comprarse un Queijo da Serra da Estrela, una torta cremosa de sabor intenso.

Otro libro que acabo de leer es Vivir en Provenza de Peter Mayle. Es la segunda parte de Un año en Provenza. Es divertido, aunque no tanto como el primero, publicado en Inglaterra en 1989 y premio al Mejor libro de viajes del año de los British Book Awards.

Peter Mayle es un inglés que se traslada de Londres a Provenza y cuenta, de una forma encantadoramente divertida, sus experiencias en esta zona francesa.

Su sorpresa ante las suculentas comidas y bebidas locales, los esfuerzos que hace para reconstruir la casa que ha comprado y sus choques con los distintos oficios que va encontrando, desde los albañiles a los fontaneros.

Aprendimos que el tiempo en Provenza es una materia prima muy elástica, incluso cuando se la describe en términos absolutamente claros y específicos. Un petit quart d’heure significa “ en algún momento del día de hoy”. Demain quiere decir “algún día de la semana”. Y el segmento más elástico de todos es une quinzaine que puede significar “tres semanas”, “dos meses” o “el año que viene”, pero nunca jamás “dentro de quince días”.

Contado con ese supuesto, y cuando se tiene admirable, humor inglés te hace reír y te das cuenta de lo cercano que estamos en costumbres de nuestros vecinos.

La furgoneta se estremeció, y entonces, centímetro a centímetro, fue apareciendo el sucio perfil rosa de la cabeza de un cerdo. El viejo tiró de nuevo, más fuerte, y la monstruosa criatura descendió tambaleándose por la rampa, parpadeando y sacudiendo las orejas…

El año pasado- dijo Alain – este cerdo encontró casi trescientos kilos de trufas. Un bon paquet.

No podía creerlo. Estaba viendo un animal que el año pasado había ganado más dinero que la mayoría de esos ejecutivos de Londres, y sin la ayuda de un teléfono en el coche.