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Puede que en el vino no esté la verdad, si es que sólo existe una,pero lo que es seguro es que está el placer y juntos vamos a encontrarlo

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Menos mal que nos queda Portugal: un Alvarinho y un Douro

Los vinos de esta semana nos llevan a la vecina, y demasiadas veces olvidada, Portugal.

El primer vino es un Vinho Verde, una denominación que acoge demasiados vinos diversos, lejanos en estilo y forma unos de los otros.

Se trata del Dorado Superior Alvarinho 2006. Un vino portugués de padres españoles. La familia Dorado compra la Quinta do Feital hace más de 20 años y la prepara con mimo para albergar nuevas viñas.

Marcial Dorado se encarga, con su pasión habitual, de dirigir todo el proceso. Desde el primer momento tiene claro que quiere hacer un alvarinho, en Portugal la Albariño se escribe así, diferente, con capacidad de envejecer y lo ha conseguido.

La bodega se construye entre los años 1995 y 1996 pero el primer vino que se comercializa es el de la añada 2000. Está situada en Paderne, en Melgaço en la subregión de Monçao.

Son 10 hectáreas de viñedo en un anfiteatro natural, presididos por una casa señorial del siglo XVIII. Los suelos son granítico arenosos.

Las uvas se vendimian en cajas de 20 kilos y tienen una crianza de 11 meses sobre lías.

Hace poco me bebí una botella de la añada 2000 y estaba impresionante, a la altura de los mejores alvarinhos o albariños que he bebido.

La cosecha 2006 se puede beber ahora sin problemas pero puede ofrecernos todavía mucho más si esperamos unos años.

Un vino concentrado, poderoso a la vez que fino, con potentes aromas a frutas blancas y un espectacular fondo mineral. Otro de esos vinos, y mira que hay pocos, que me reconcilian con esta variedad tantas veces maltratada. La mezcla de fruta carnosa, acidez y mineralidad es realmente atractiva.

Su precio supera por poco los 15 euros. Si tenéis la oportunidad de probar un vino más viejo no lo dudéis.

El segundo vino viene del Douro, la versión portuguesa del Duero. Es el Quinta do Vale de Dona Maria 2005, un grandioso vino de Cristiano van Zeller. La relación con el mundo del vino le llega a Cristiano por todas las ramas familiares. Entre sus predecesores están las familias fundadoras de Quinta do Noval, Quinta de Roriz y Kopke, la primera firma embotelladora de Oporto. El nombre de Cristiano van Zeller pasa de generación en generación hasta convertirse en uno de los mitos de Oporto.

La Quinta do Vale de Dona Maria está situada en el valle del río Torto. Su orientación es sobre todo sur, con algunas partes orientadas al sudoeste, el suelo es pizarroso y bastante pedregoso.

Cuenta con 19 hectáreas de viñedo, de las cuales 10 tienen más de 40 años. Las variedades con las que está plantada la finca son Tinta Amarela, Touriga Francesa, Touriga Nacional, Tinta Roriz, Rufete, Tinta Barroca, Tinta Francisca y Sousao.

No sabéis la envidia que me da Portugal cuando veo la cantidad de uvas, castas, que ellos tienen.

Este vino concentra todas las virtudes de los vinos del Douro. Potencia, fruta madura, elegancia a pesar de la poderosa estructura y capacidad de envejecimiento.

Su precio ronda los 34 euros en una tienda, pero es un dinero bien gastado.

El marqués de Pombal, figura clave en la historia del Oporto

El nombre de vinho do Porto surge en 1675, en el “Discurso sobre a Introduçao das Arte no Reino” de Duarte Ribeiro de Macedo.

En 1678 el gobierno inglés decreta el embargo del comercio con Francia. Esto supone que el vino francés no puede venderse en su mejor mercado, sobre todo para Burdeos. Los negociantes ingleses se ven obligados a buscar sustitutos y llegan por el mar hasta el puerto de Oporto.

Se dice que en esos años llegaron dos comerciantes ingleses al monasterio de Lamego y el abad les dio a probar un vino de Pinhao que les sorprendió por ser más suave de lo habitual. El abad había añadido aguardiente durante la fermentación para suavizarlo.

1703 es una fecha clave para Oporto. El tratado comercial de Methuen garantiza, a cambio de un trato similar para los productos textiles ingleses, a los vinos portugueses mejores condiciones arancelarias que a los elaborados en Francia. Los vinos portugueses pueden entrar en Inglaterra pagando apenas dos tercios de la tasa que paga un vino francés.

Las ventas están en auge. Pero en 1730 aparecen ya los primeros casos de fraude en el vino de Oporto. Estos fraudes fueron generalizándose, originando una serie de crisis en las ventas que culminan en 1754, cuando los comerciantes ingleses se niegan a comprar vino de Oporto acusando a los viticultores de falsificadores.

Surge entonces la figura de Sebastiao José de Carvalho e Melo, marqués de Pombal. Personaje controvertido y representante máximo del despotismo ilustrado en Portugal, fue Primer Ministro de José I desde 1750 hasta la muerte del rey en 1777.

Investido de plenos poderes tras el éxito obtenido en la reconstrucción de Lisboa después de un devastador terremoto de 1755, toma las riendas del mercado de Oporto, dispuesto a poner orden.

En 1756 crea la “Companhia Geral da Agricultura das Vinhas do Alto Douro“, con la que se pretendía asegurar la calidad del producto, equilibrar la producción y el comercio y fijar los precios. Ese mismo año, funcionarios de la “Companhia” empezaron a demarcar la zona del Douro, tarea que acabaron en 1761, clasificando los terrenos según un riguroso sistema de puntuación, único en el mundo.

Es la primera denominación de origen regulada, aunque toscanos y húngaros de Tokaji le discuten esa primacía, y se adelanta en 180 años a las A.O.C. francesas.

En 1757 se produjo un levantamiento popular en Oporto en protesta contra el precio que las tabernas ponían al vino. El levantamiento fue aplastado y sus cabecillas fueron ahorcados.

El fraude del vino con bayas de saúco se convirtió en algo común. Para evitarlo, la “Companhia” obligó a arrancar los saúcos de la región. Cuando vio que era insuficiente para acabar con el fraude, amplió la orden de tala a todo el norte de Portugal.

El rey José I muere en 1777 y el marqués de Pombal es desterrado, muriendo en 1782. María I, la nueva reina e hija de José, odiaba de tal manera al marqués que ordenó que estuviese como mínimo a 20 millas de ella.

A la muerte del marqués de Pombal, La “Companhia” pierde alguno de sus privilegios, como el monopolio de comercio con Brasil, adonde se exportaban los vinos de más baja calidad. Aunque consigue la exclusiva del control de la venta de “Vinho do Porto” embotellado, en 1807, acaba perdiendo todas sus atribuciones oficiales en 1852.

Controvertido y criticable en otros campos, para el Oporto el marqués de Pombal fue el hombre necesario para convertirlo en uno de los vinos míticos del mundo, al que, por cierto, tengo especial veneración.

De La Manchuela y el Douro: dos grandes vinos a pequeños precios

El primer vino que recomendamos esta semana procede de La Manchuela, una zona en la que parece que empiezan a hacerse cosas interesantes.

Se trata de Clos Lojen 2005, un vino de Bodegas y Viñedos Ponce.

La familia Ponce lleva varias generaciones trabajando el viñedo de la forma más tradicional.

Pero su salto de calidad se da cuando se incorpora el joven José Antonio, que añade su técnica enológica y su pasión biodinámica.

Tienen 22 hectáreas de viñedo, dominando claramente la Bobal, con edades que van de los 30 a los 70 años. Todos los viñedos se cultivan en vaso y se reparten en pequeñas parcelas en el pueblo de Iniesta, en Cuenca.

La vendimia se hace únicamente por la mañana, para evitar que el calor perjudique la entrada de las uvas. Cuando las uvas llegan a la bodega se introducen en una cámara frigorífica para bajar su temperatura hasta unos 10ºC.

Clos Lojen procede de 4 parcelas, de suelo arcillo calcáreo y con una edad media de 30 años. La única variedad es Bobal. El rendimiento es de unos 2.000 kilos por hectárea. Las fermentaciones, tanto alcohólica como maloláctica, se hacen en acero inoxidable.

Su producción es pequeña, sobre las 13.000 botellas y su precio más pequeño aún, pues ronda los 6 euros.

Un vino fresco, para la zona de la que proviene, con las notas de rusticidad típicas de la Bobal y una autenticidad difícil de encontrar y mucho menos a este precio.

Una bodega a la que habrá que seguir pues sus inicios son muy prometedores.

Hablábamos el otro día de Quinta do Crasto, una de las fincas más bonitas del Douro portugués. Hoy vamos a recomendar Crasto 2006, su vino más joven y asequible.

Crasto se elabora con cepas de 20 años, procedentes de viñas plantadas en patamares, de orientación sur y este y suelos de pizarra.

Las variedades son Tinta Roriz, el nombre con que se conoce en Portugal a nuestra Tempranillo, Tinta Barroca, Touriga Franca y Touriga Nacional.

Los patamares es una forma de plantación que respeta la histórica forma de los bancales, que parecen peldaños de una inmensa escalinata, pero dejando espacios más amplios que permiten cultivar varias filas de cepas, en lugar de una sola como en los viejos bancales. Los muros de piedra se sustituyen por terraplenes y las labores agrícolas se pueden hacer en pequeños tractores.

La primera vez que se utilizó está técnica de plantación fue en 1973 en la Quinta de Vargellas, del grupo Taylor’s.

Crasto 2006 es la demostración palpable de que en el Douro se pueden hacer grandes vinos a precios muy ajustados, pues se puede comprar a menos de 10 euros.

Un vino complejo en nariz, con los notas de frutos silvestres tan característicos de esta zona, sobre un fondo mineral que suele aportar la pizarra. En boca es profundo, con buena estructura, pero sin excesos. Sus taninos redondos y la persistencia de su fruta le hacen un vino fácil de beber, atractivo y buen acompañante de comidas sencillas.

Quinta do Crasto, la belleza del Douro

Cuando el Duero entra en Portugal cambian nombre y paisaje. El Duero se convierte en Douro y el paisaje cambia, aunque realmente el cambio se ha hecho ya en la parte española de Los Arribes del Duero.

Quinta do Crasto es una de las quintas, fincas, más bonitas del Douro. Las primeras referencias escritas nos llevan a 1615, aunque es probable que ya se elaborase vino antes. Castro puede venir de la degeneración del latín “castrum”. La especial situación estratégica de la quinta, los restos romanos y la cercana calzada romana parecen dar la razón a esta teoría.

En la parte más cercana al río está la ermita de Nossa Senhora das Necessidades, construida en 1811. La casa bodega fue construida en 1923. La quinta está dibujada en los famosos azulejos azules y blancos de la estación de tren de Pinhao.

Es digna de admirarse su piscina, situada en la parte más alta y con una vista espectacular, que hace que sus aguas parecen caer directamente en el río.

La bodega pertenece a Jorge Roquette. Sus hijos trabajan directamente con él, Tomás se encarga de la elaboración y Miguel de la parte comercial.

Está situada en la ribera derecha del Douro, entre Regua y Pinhao, en la región de Cima Corgo. El enorme desnivel hace que las viñas estén plantadas a una altitud que va desde los 75 a los 500 metros. La orientación es sur, sudeste.

La quinta tiene 130 hectáreas, de las que 48 son de viñedos. El 33% de las cepas de la quinta están plantadas en bancales protegidos por muros de piedra, el 57% en patamares y un 10% en vinha ao alto (viña en vertical).

Las cepas más viejas tienen unos 80 años. Las variedades plantadas son Tinta Amarella, Tinta Roriz, Touriga Nacional, Touriga Franca, Mourisco, Sousao, Tinta Barroca, Tinta Cão y así hasta 30 diferentes.

Su gama de vinos es amplia. Va desde su sencillo, pero magnífico, Crasto hasta los vinos de parcelas especiales como Vinha Maria Teresa y Vinha da Ponte, pasando por el Reserva y los vinos varietales, algo no muy tradicional en la zona, elaborados con Touriga Francesa, Tinta Roriz (Tempranillo) y Cao.

Los vinos están a la altura de un viñedo tan magnífico.

Tres libros para viajar desde el sillón

En estas fechas en las que parece que viajar es una obligación quiero recomendar un magnífico libro que ha llegado a mis manos.

Su título es The Wine and Food Lover’s Guide to Portugal, que podríamos traducir como La guía de los amantes del vino y la comida de Portugal, y sus autores son Charles Metcalfe y Kathryn McWhiter.

No son muy numerosos los libros sobre vinos de Portugal que estén actualizados, aunque hay algunos soberbios e incombustibles como Porto Vintage de Gaspar Martins y Joao Nicolau de Almeida, un libro de lectura obligatoria para los amantes del Oporto, aunque sea necesario leerlo en portugués.

Lo mismo sucede con esta guía. De momento sólo se encuentra en portugués o en inglés. Pero merece la pena comprarla pues es muy completa. Zonas vinícolas van pasando por sus páginas, con sus bodegas bien explicadas, con textos sencillos, sin pretensiones, pero muy correctos. Con los restaurantes donde se puede comer y las tiendas donde se puede comprar.

Hay un breve pero también interesante sección de quesos. Ahora es el momento para comprarse un Queijo da Serra da Estrela, una torta cremosa de sabor intenso.

Otro libro que acabo de leer es Vivir en Provenza de Peter Mayle. Es la segunda parte de Un año en Provenza. Es divertido, aunque no tanto como el primero, publicado en Inglaterra en 1989 y premio al Mejor libro de viajes del año de los British Book Awards.

Peter Mayle es un inglés que se traslada de Londres a Provenza y cuenta, de una forma encantadoramente divertida, sus experiencias en esta zona francesa.

Su sorpresa ante las suculentas comidas y bebidas locales, los esfuerzos que hace para reconstruir la casa que ha comprado y sus choques con los distintos oficios que va encontrando, desde los albañiles a los fontaneros.

Aprendimos que el tiempo en Provenza es una materia prima muy elástica, incluso cuando se la describe en términos absolutamente claros y específicos. Un petit quart d’heure significa “ en algún momento del día de hoy”. Demain quiere decir “algún día de la semana”. Y el segmento más elástico de todos es une quinzaine que puede significar “tres semanas”, “dos meses” o “el año que viene”, pero nunca jamás “dentro de quince días”.

Contado con ese supuesto, y cuando se tiene admirable, humor inglés te hace reír y te das cuenta de lo cercano que estamos en costumbres de nuestros vecinos.

La furgoneta se estremeció, y entonces, centímetro a centímetro, fue apareciendo el sucio perfil rosa de la cabeza de un cerdo. El viejo tiró de nuevo, más fuerte, y la monstruosa criatura descendió tambaleándose por la rampa, parpadeando y sacudiendo las orejas…

El año pasado- dijo Alain – este cerdo encontró casi trescientos kilos de trufas. Un bon paquet.

No podía creerlo. Estaba viendo un animal que el año pasado había ganado más dinero que la mayoría de esos ejecutivos de Londres, y sin la ayuda de un teléfono en el coche.