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Puede que en el vino no esté la verdad, si es que sólo existe una,pero lo que es seguro es que está el placer y juntos vamos a encontrarlo

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Marcel Lapierre ha muerto

Es la peor forma de volver a escribir en el blog, algo que llevo algunos días intentando hacer pero que no acabo de concretar. Pero hoy no puedo dejarlo ni un minuto más. Me acaba de llamar César Ruiz para decirme que Marcel Lapierre ha muerto. La noticia me deja totalmente impactado. Los vinos de Marcel se encuentran entre mis preferidos y suelen ser compañeros de mesa en muchas ocasiones. Me apasionan por su frescura, su fruta limpia, su personalidad y por lo mucho que me cuentan y me aportan. Los he recomendado en varias ocasiones y pensaba volver a hacerlo con su gran 2009.

La noticia me pilla fuera de la oficina y por eso las fotos están sacadas de varias páginas web.

Marcel Lapierre era la tercera generación de vignerons. Su abuelo, Michel, se instala en Villié-Morgon a primero del siglo XX y se convierte en bodeguero del Domaines des Chenes. Después de la Segunda Guerra Mundial le sucede su hijo Camille, que empieza a vender su propio vino en fudres a los bistrot de Lyon y Macon. A finales de los años 50 empieza a vender su vino en botellas y compra nuevas parcelas de viñedo.

Marcel Lapierre nace en 1950 y estudia enología en el Instituto Agrícola. Los profesores nos enseñaron a hacer vinos modernos, comenzaron explicándonos que no hacían falta vendimias maduras para estar seguros de tener suficiente acidez en la uva. Cuando alguien les planteaba como resolver la falta de azúcar su respuesta siempre era: si os falta azúcar ya la añadiréis. También nos aconsejaban añadir ácido tartárico y calentar el mosto para que arrancase la fermentación. Todo lo contrario de la vinificación tradicional del Beaujolais.

Estas enseñanzas las aplica, como el resto de bodegueros, desde 1973, en que la muerte de su padre le obliga a vendimiar por primera vez, hasta 1980. Ese año se encuentra con Jules Chauvet, autor de numerosos libros en los que reivindicaba la elaboración natural de los vinos, y tras hablar con él decide que debe cambiar su forma de hacer las cosas.

En 1981 decide empezar a trabajar sus viñas de forma biológica y desde hace unos años aplica también la biodinámica. Nada de tratamientos químicos, ni herbicidas. Para la protección del viñedo se usan tratamientos biológicos.

Por otro lado, reivindica la forma tradicional de elaborar, sin intervencionismo y olvidando todo lo aprendido en sus estudios de enología. Las vendimias son manuales, se busca la maduración ideal. Se hace una selección rigurosa en cada cepa y después se eliminan todas las uvas que no estén en estado perfecto. Esta selección es imprescindible pues después no se usan encimas o levaduras exógenas, tampoco SO2 y no se chaptaliza nunca.

Los racimos enteros se encuban entre 10 y 15ºC, los del fondo se rompen y el jugo se libera naturalmente. Poco a poco la cuba se llena de gas carbónico. Una parte fermenta con el gas carbónico y otra de forma tradicional, es lo que se conoce en la zona como fermentación semicarbónica. El encubado dura de 10 a 20 días, según las características de cada cuba, con el fin de extraer el máximo de materia y fijar los aromas más finos.

Después los vinos pasan a fudres o pièces de 228 litros, con edades entre los 3 y los 13 años, donde permanecen durante 9 meses.

Tiene 11 hectáreas de viñedo, de las que 1 está en la Côte du Py, con una edad media de 45 años y localizadas todas en el pueblo de Villié-Morgon. Con la hectárea situada en la Côte de Py, tan especial que durante años no fue clasificada como Morgon sino que el vino salía como Vin de Table, elabora su Cuvée ML. Era también copropietario, junto con su amigo Jean-Claude Chanudet, de Château Cambon, que dirigía Marie, su mujer.

Es muy interesante entrar y disfrutar de su página web.

Junto a Marcel llevaba ya años trabajando su hijo Mathieu, que será quien continúe con los ideales de su padre. Desde aquí le mando un gran abrazo.

Al igual que él consideraba a su maestro Jules Chauvet, Marcel Lapierre puede ser considerado como la tradición razonada, el gran maestro de todos los vignerons del Beaujolais que han apostado por la calidad.

En el buen sentido de la palabra, bueno

Ha muerto Serapio, el padre de Maribé. Era, como tan perfectamente definió Antonio Machado,

en el buen sentido de la palabra, bueno

Serapio iba a cumplir los 80 años. Había nacido en un pueblo del norte de Palencia de evocador nombre de raíces árabes, Cenera de Zalima.

La mayor riqueza de su pueblo fue al final su ruina: el agua. Las aguas taparon su pueblo para convertirlo en un pantano y arrancaron también las raíces de Serapio. Y el hombre sin raíces emprende el viaje. Serapio y Bene, embarazada, con la ingenuidad que da el desconocimiento emprendieron un viaje que incluso hoy parece difícil y de aquella tuvo que ser heroico. Llegaron a Guatemala y allí nacieron sus tres primeros hijos.

Mario Benedetti, que también acaba de morir, lo explicaba muy bien

Al principio hubo que trabajar

y trabajamos muchos años

al principio éramos jóvenes pero no lo sabíamos

cuando nos dimos cuenta ya no éramos jóvenes

Volvieron a Burgos y aquí se instalaron para quedarse. Serapio nunca olvidó Cenera de Zalima. Hablaba orgulloso de su pueblo cuando veía en el parador de Monzón la magnífica portada románica de la iglesia de Santa Eugenia, que se trasladó allí cuando se construyó el pantano.

Recuerdo el día que, aprovechando que la sequía había bajado mucho las aguas del pantano, fuimos a visitar Cenera de Zalima. La emoción con la que veías la torre de la iglesia, el puente medieval de Villanueva, la casa donde habías nacido…

Recuerdo también tu enorme felicidad el día de vuestras bodas de oro, cuando nos escuchabas a tu nieto Alejandro y a mi leer algo en vuestro honor.

Serapio es parte fundamental para explicar la breve historia de El Lagar. Cuando empezamos guardábamos los vinos en la bodega subterránea de su casa, que él había construido a mano, y en los demás sitios disponibles. Serapio era, de forma desinteresada, nuestro almacenero y nuestro repartidor. Lo siguió siendo durante años y ahora cuando necesitábamos algo sólo había que decírselo y al momento estaba dispuesto. Siempre con una apacible sonrisa en la cara.

Cuando empezamos nos preguntó un día

¿vosotros pensáis que se pueden vender vinos de 150 pesetas, que alguien los va a comprar?

Años más tarde sabía perfectamente diferenciar entre un Burdeos y un Borgoña y le encantaban los vinos elegantes. El médico le había prohibido beber y se conformaba con dos copitas de vino al mediodía. Pero cuando un vino le gustaba siempre se tomaba una tercera copa.

Algo tan bueno no puede sentar mal a nadie

Nos ayudó a nosotros y ayudó también a sus otros hijos. Recorrió con Jorge los caminos de España, siempre entusiasta. Ganó con cada uno de sus hijos las batallas que ellos ganaron y sufrió las que perdieron.

Generoso hasta el extremo, entusiasta, soñador, creía que todos los sueños se podían cumplir si luchabas por ellos. De hablar pausado, de mirada limpia y sonrisa que relajaba cuando la mirabas.

Una hemorragia cerebral le pilló haciendo lo que más le gustaba, trabajando la huerta y el jardín, plantando cosas.

Dejas detrás Serapio lo que sembraste, una familia que se quiere, que siempre ha estado unida, que en tu recuerdo siempre permanecerá unida, donde cada uno es parte del todo. Dejas también un hueco en la mesa y en la vida muy difícil de cubrir.

Con todo el cariño que sabes que te tengo me despido con unos versos del poeta burgalés Tino Barriuso

En la doliente ausencia de tu huella

adiós. Gracias por ti. Gracias por ella

.

La trufa y el moho

Escuchaba hace unos días, mientras iba en el coche, El Larguero en la Cadena Ser. Un periodista comentaba unas declaraciones del jefe de Fernando Alonso, Flavio Briatore en las que afirmaba

Los pilotos de nuestros equipos son campeones del mundo y, de los que están en el otro, uno se iba a jubilar y Button es un buen tipo, pero estaba más parado que otra cosa. Son los que se juegan el título mundial y no veo dónde está la credibilidad

El periodista dijo más o menos, pues no lo recuerdo de forma literal

Con su habitual socarronería Flavio Briatore califica a Barrichello de jubilado y a Button de parado

Mientras lo escuchaba pensaba que si el padre de Hamilton hubiese dicho algo parecido al periodista no le hubiera parecido tan socarrón.

Me acordaba de algo que me dijo Pascal Delbec hace muchos años cuando visitábamos Château Belair.

Hay aromas que en un vino de prestigio son de trufa, pero en uno desconocido son de moho

Y pensar que en ese momento no me pareció socarrón.

Juancho Asenjo, mejor periodista internacional joven en Italia

Juancho Asenjo, cuyo elección entre mis 25 más influyentes produjo algunas críticas, acaba de recibir en Italia uno de los premios Grandi Cru de Italia 2009, que reconocen a los mejores periodistas y publicaciones del vino.

En el patio del Mercado Viejo de Verona, Juancho Asenjo recibió el premio al Mejor Periodista Internacional Joven 2009, ex aequo con Jo Cooke, de la conocida revista americana ‘The Wine Spectator.

Un premio mucho más importante de lo que nos pensamos aquí, que ratifica su prestigio en Italia y demuestra sus conocimientos.

Enhorabuena Juancho por ser como eres.

¿Está mal visto comer con vino?

Soy lector habitual de prensa y leo habitualmente varios periódicos. Uno de los que siempre me acompaña es El País y tengo la costumbre de empezar a leer por la última página.

Cada día hay una entrevista a un personaje destacado cualquier campo. Les llevan a desayunar o a comer en un restaurante y hablan de sus cosas. Todos los días busco lo que beben en esa comida y sólo una vez uno de los entrevistados pidió un buen vino. Era, un francés, cuyo nombre y actividad ahora no recuerdo, y se pidió un Nuits-Saint-Georges.

Los demás beben agua, cerveza, refrescos o beben una copa o botella de vino anónimo. El periodista cuenta la reacción del entrevistado ante los distintos platos y siempre se olvida del vino.

La pregunta que me hago, que os hago, es si está mal visto beber vino en España. No es un problema de dinero, algunos de los entrevistados se marcan unas buenas comidas, pero parece que todos tienen miedo a quedar mal si piden un buen vino.

La entrevista de hoy es con John Mendelsohn, presidente de un gran hospital americano especializado en la lucha contra el cáncer. En un momento de la entrevista dice

Mis pequeños placeres son el buen vino y el chocolate, pero todo con moderación

Pero durante la comida bebe agua. A la periodista Cristina Castro no se le ocurre en ningún momento preguntarle ni qué vinos le gustan, ni si conoce algún vino español o por qué no pide vino en esa comida.

Debe dar por hecho que un destacado médico, aunque le guste el vino, come con agua.

Los 25 más influyentes: Ramón Castaño

La Monastrell es una de nuestras uvas más significativas. Conocida en el mundo como Mourvèdre, casi todos piensan que es de origen francés. El nombre de Mourvèdre viene de Morvedre, antiguo nombre de Sagunto.

Durante años ha sido una variedad no muy valorada, elaborada a granel y destinada a la mezcla con otras para aportarle color y grado. Pero es la segunda variedad más plantada en España después de la Garnacha.

De España sale en los siglos XVI y XVII hasta la Provenza francesa, donde llega a ser la variedad mayoritaria, aunque hoy su cultivo se haya vista muy reducido, excepto en Bandol.

Es precisamente en Bandol donde adquiere fama y reconocimiento mundial. Pero es una fama reciente y se debe en gran parte al gran Lucien Peyraud que, tras casarse con Lucie Tempier, se hace cargo del Domaine Tempier y se enamora de esta variedad y empieza a criarla en roble.

También en el Ródano francés empezaba a utilizarse la Monastrell, a veces sola pero casi siempre mezclada con Garnacha. Mientras en España seguía siendo utilizada para los graneles.

Pero la familia Castaño, con Ramón Castaño Santa a la cabeza, construye su bodega en Yecla en 1985 y decide apostar fuerte por la Monastrell como eje de todos sus vinos.

Los inicios no fueron fáciles y sus vinos empezaron vendiéndose prácticamente sólo en el extranjero. Pero poco a poco, y gracias a sus grandes esfuerzos, el mercado nacional empezó a conocer sus vinos y empezó a disfrutarlos.

Hoy su labor la continúan sus hijos, Ramón, Juan Pedro y Daniel. Tienen unas 500 hectáreas de viñedo, de las que más de 300 son de Monastrell. Gracias a ellos Yecla está en el mapa vinícola mundial y gracias a ellos, y a otros que les siguieron, la Monastrell española también.

Gerry Dawes, un polemista genial

Don entrevistas a Gerry Dawes llegan a mis manos. Una reciente sobre Galicia la recomienda José Contreras en Verema. La otra es más antigua, de julio del 2007, y la publica Lo Mejor del Vino de Rioja.

Gerry Dawes es un personaje curioso y tremendamente atractivo. Irónico, sabio, buen polemista y conocedor profundo de los vinos españoles como demuestra habitualmente en su blog. Colaborador de numerosos medios, sus opiniones nunca te dejan indiferente.

Su valoración sobre la situación del vino español es rotunda

En mi humilde opinión, el vino español ha tenido una evolución (una revolución) enorme en cuanto a la técnica, pero lamento que a esta evolución/revolución le falte mucho en cuanto a sabores de buen vino. Se habla sobre todo de la técnica de las bodegas y poco de cómo sabe el vino y el gusto para beberlo en una mesa

Más rotunda y divertida es todavía su respuesta cuando le preguntan sobre la gente que ha llegado al vino buscando dinero o prestigio social

Bueno, prestigio social, sí, porque los clientes de su negocio verdadero pueden sentirse como reyes comiendo chuletillas al sarmiento sentados en una sala de mármol (subvencionado por la comunidad), con muchas hectáreas de viñedos jóvenes bien regados (de agua y ayudas oficiales) alrededor. Lo que me sorprende un montón es que no utilizan las nuevas barricas caras francesas para asar las chuletillas. Esto último, como bien saben vuestros lectores, es totalmente una broma, porque todos saben que con el roble nuevo joderían por completo el sabor de las chuletillas. Para asar las chuletillas es mejor utilizar los sarmientos de los viñedos autóctonos recién arrancados (para poder plantar mas tempranillo, cabernet, merlot… en zonas y tierras no aptas)

Rotunda, divertida y terriblemente certera es esta descripción. Como lo es su valoración sobre los gustos que triunfan.

No es sólo la globalización, es el mismo gusto que nos induce a valorar Paris Hilton, Britney Spears y los héroes de la prensa roja. Hay un gran mercado para vinos de mal gusto, que se venden mucho más que todos los de buen gusto. El Cordobés (padre) en su día fue mucho más popular y cotizado que Antonio Ordóñez

Cambia el color a la prensa rosa, pero con el gusto que este tipo de prensa tiene por hacer sangre del personaje de turno no me extraña el error.

Su definición un vino honesto tampoco tiene desperdicio.

El vino que no te harta de beber, que te invita a otro trago y que no te emborracha de una sola copa. De verdad, yo prefiero este tipo de vino, hecho con uvas autóctonas, que refleja la tierra, el clima, el sitio de donde viene y la gente honesta que lo hace. Y que no sea marcado con madera nueva de ningún tipo. Si quiero que mi vino sepa a madera chupo un palillo antes de cada trago

En la entrevista sobre los vinos de Galicia afirma

Galicia tiene potencial para elaborar algunos de los mejores vinos del mundo, el problema es que los gallegos no terminan de creérselo. Aquí está todo lo que distingue a las grandes regiones productoras mundiales, variedades propias aclimatadas a la zona, diferentes suelos y altitudes… Este es un país de vinos, pero aún hay mucha gente que no cree en su potencial… Hay que sacar partido de lo que se tiene, nunca buscar malas copias de lo que hacen otros. Galicia debe elaborar vinos expresivos de sus zonas de procedencia, de las condiciones naturales de sus terruños

Como ya he dicho en varias ocasiones comparto totalmente sus opiniones.

Los 25 más influyentes: Custodio Zamarra, el gran sumiller

La figura del sumiller es hoy ya habitual en nuestros restaurantes, pero no deja de ser un recién llegado, una de las últimas incorporaciones en el mundo del vino. Dos décadas antes se podían contar con los dedos de una mano los restaurantes que tenían sumiller.

Custodio Zamarra es un pionero y sólo por eso ya merecía estar entre los 25 más influyentes. Sin él es difícil imaginarse en mundo de la sumillería, ha sido maestro de casi todos y es todavía hoy un espejo en el que hay que mirarse.

Custodio nace en 1949 en Villatobas, un pueblo de Toledo.

Tenían mis abuelos una taberna, Casa Zamarra, de pellejos quijotescos y chatos de vino: sólo entraban hombres y alguna que otra mujer los domingos después de misa. Allí me críe oliendo a mosto

Su vida siempre estuvo ligada a la hostelería.

A los 14 años me fui a Aranjuez a trabajar en el bar de un tío mío, el bar Regio

En enero de 1973 se produce el gran acontecimiento de su vida. Custodio Zamarra se incorpora al equipo de Zalacaín, que estaba montando Jesús Oyarbide, dispuesto a convertirlo en el mejor restaurante de Madrid.

No sabía lo que iba a ser Zalacaín. Tuve la primera entrevista con el señor Oyarbide en Príncipe de Viana y me dijo: “Eres muy joven para ser jefe de rango”. Le contesté: “Usted póngame a trabajar y juzgue”. El 11 de enero se dio una comida para 12 persona y yo serví los vinos. Poco después el día 16 de enero, llegó el momento de repartir los cargos: “Fulanito de tal rango 1” y a mi me iba dejando para el final hasta que concluyó: “Usted Custodio va a hacer los vinos

La visión de Jesús Oyarbide se demostró otra vez un acierto. Custodio lleva desde entonces encargándose de los vinos en Zalacaín.

Ha sido maestro de sumilleres y cuando se le pregunta que cualidades tiene que tener un sumiller siempre responde lo mismo

Discreción, humildad, amabilidad y psicología

Él las tiene todas y tiene una más que a mi me parece fundamental en un sumiller, la elegancia. Custodio Zamarra es un hombre naturalmente elegante. Se mueve por al sala siempre sin hacer ruido, sin molestar, casi levitando. Me recuerda la mítica figura del mayordomo inglés, ese que siempre te gustaría tener en tu equipo.

Su consejo a los sumilleres también es claro

Que no den clases a los clientes, que sean sensatos y humildes

Hay otros grandes sumilleres, posiblemente con mejor preparación que Custodio Zamarra, que han tenido la oportunidad de viajar más, de conocer otras cosas, pero todavía hoy ver servir un vino a Custodio es un espectáculo que no puede dejar indiferente a ningún aficionado al vino.

Hay un libro de Lorenzo Díaz titulado Custodio L. Zamarra. Memoria de un sumiller que es muy aconsejable leer. Las citas están fundamentalmente sacadas de este libro. En él Custodio cuenta todo tipo de anécdotas y escoge algunos de los vinos que más le han marcado.

Homenaje a los padres de la Ribera del Duero

Tuve la suerte este viernes pasado de estar en un emotivo homenaje a 7 bodegueros de lujo de la Ribera del Duero. Los protagonistas fueron, Alejandro Fernández, los hermanos Pérez Pascuas, Benjamín, Adolfo y Manolo, Ismael Arroyo, Pablo Peñalba, fallecido hace 15 meses, y Anastasio García.

Ellos fueron los pioneros de la Ribera del Duero, las bodegas familiares que estuvieron en el origen del nacimiento de la Denominación de Origen Ribera del Duero.

El homenaje estaba organizado por sus hijos y contó con la aportación entusiasta de Javier Pérez Andrés, de la revista Argi. Todo surgió en Madrid Fusión, cuando Lucía Fernández, una de las hijas de Alejandro, se puso en contacto primero con Javier y después con José Manuel Pérez Ovejas y Juan Pablo Peñalba.

Los homenajeados no sabían a lo que venían a Burgos. Algunos, como Alejandro, pensaban que venían al cumpleaños de una amiga, otros al cumpleaños de un hijo. Por eso su sorpresa fue grande cuando al entrar en el Palacio de la Merced vieron a todos sus hijos, sus nietos, sus amigos, en algunos casos venidos de muy lejos. Sorpresa que pronto dio paso a la emoción.

Un homenaje merecido. Sin ellos la Ribera del Duero no sería en absoluto lo que es hoy. Ellos salieron de la nada, prácticamente sin ayuda de nadie, sólo de los suyos, en una época mucho más difícil, cuando el mundo del vino tinto se resumía en Rioja y nada más. Ellos supieron apostar por la viña, por los vinos de calidad, por salir a la calle, con las botellas debajo del brazo, a vender puerta a puerta unos vinos que, por entonces, no conocía nadie.

Que el homenaje se lo hayan tenido que hacer sus hijos, sin ayuda de la administración dice mucho. Juan Vicente Herrera, presidente de la Junta de Castilla y León, presente en el acto lo mencionó, con cierta vergüenza, en su discurso. Era un homenaje que tendría que haberles hecho las instituciones, pero que les llegó de los más queridos, de sus familias, de sus sucesores.

A destacar que todos ellos siguen viviendo en sus pueblos, junto con sus hijos que continúan la labor que empezaron sus padres.

El mundo del vino español no sería igual sin ellos. Pesquera, Viña Pedrosa, Torremilanos, Valsoltillo y, en menor medida, Señorío de los Baldíos están aquí para acreditarlo.

“¿Terruño en Jerez?”: Gran artículo de Álvaro Girón

Hoy debería hacer el post más corto desde que escribo el blog. En realidad lo único que debería hacer es poner este enlace a un genial artículo de Álvaro Girón Sierra en elmundovino.com y aconsejar que se lea el artículo con atención.

Pero como no se si mi capacidad de convencer es tan alta voy a explicar un poco lo que os vais a encontrar en el artículo.

Álvaro Girón Sierra es historiador y científico titular del Departamento de Historia de la Ciencia de la Institución Milá y Fontanals-CSIC de Barcelona y, en la parte que más nos afecta a nosotros, colaborador del elmundovino, especialmente activo en temas que afecten al Jerez.

Su artículo analiza la importancia del terruño, del terroir aunque él no use esa palabra, en el resultado del vino de Jerez. La teoría dominante es que la parte importante en la calidad del vino de Jerez es la crianza en la bodega, mientras que el viñedo pasa a un claro segundo lugar.

Álvaro Girón explica las razones que le llevan a cuestionar esta afirmación

He de confesar que mi cuestionamiento de la ortodoxia establecida parte de la experiencia vivida. Una de las ocupaciones de mi padre, aparte del Derecho Mercantil, era sacar adelante una modesta bodega y tres viñas que constituían a la vez un orgullo y una pesada losa para nuestra familia extensa.

Una de las cosas que tengo claras de esa colección dispersa de recuerdos, es de que existía una conciencia de que no todas nuestras viñas –situadas en los pagos sanluqueños de San Borondón, La Punta del Águila y Carrascal- producían un fruto de igual calidad. Y eso era una fuente de preocupación a añadir a la tensión en los días previos a la vendimia, la fenomenal conflictividad laboral de mediados de los años 70 y los bajos precios tanto de mostos como de uva que difícilmente hacían sostenible la actividad de pequeños viñistas y bodegueros. Es más, todo me induce a pensar que aquellos que compraban nuestros mostos y sobretablas –algunos de ellos, reputados exportadores- sabían que teníamos de bueno y de no tan bueno. Para eso enviaban a sus expertos catadores.

A sabiendas de que uno tiende a idealizar el pasado, he hecho lo posible por contrastar esos recuerdos con las opiniones y experiencias de otros, ya sea orales o escritos. Y el resultado es, cuando menos, revelador

Analiza detalladamente, con esmerado cuidado, la evolución a lo largo de los años y concluye

Y es que, en realidad, lo que ha sucedido no es que el viñedo sea inherentemente irrelevante en el resultado final de los jereces, sino que se ha vuelto irrelevante en las últimas décadas, cosa francamente distinta

Su razonada conclusión es clara

Volver a la viña no sería una vuelta al pasado basada en la simple veneración de una tradición en parte abandonada, sino que sería congruente con la propia naturaleza de los mejores y más característicos vinos jerezanos (finos y manzanillas, amontillados, olorosos, palos cortados), aquellos a los que en el XIX muy significativamente se les llamaba ‘natural sherries’ para distinguirlos de los cabeceos para la exportación de menor calidad. Tampoco supone una suerte de manifiesto ludita. No implica en absoluto renegar de la moderna viticultura, ni de los tanques de inox. Supone ponerlos al servicio de una vitivinicultura respetuosa y de calidad, que se aleje de una orientación productivista que hoy más que nunca carece de sentido.

Es tan bueno el artículo que casi me dan ganas de copiarlo entero, pero os aconsejo que os lo leáis con mucha atención, seguro que os encanta como me encantó a mi. No dejéis de entrar en La Sobremesa y leer los comentarios que ha originado el artículo.