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Puede que en el vino no esté la verdad, si es que sólo existe una,pero lo que es seguro es que está el placer y juntos vamos a encontrarlo

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El marqués de Pombal, figura clave en la historia del Oporto

El nombre de vinho do Porto surge en 1675, en el “Discurso sobre a Introduçao das Arte no Reino” de Duarte Ribeiro de Macedo.

En 1678 el gobierno inglés decreta el embargo del comercio con Francia. Esto supone que el vino francés no puede venderse en su mejor mercado, sobre todo para Burdeos. Los negociantes ingleses se ven obligados a buscar sustitutos y llegan por el mar hasta el puerto de Oporto.

Se dice que en esos años llegaron dos comerciantes ingleses al monasterio de Lamego y el abad les dio a probar un vino de Pinhao que les sorprendió por ser más suave de lo habitual. El abad había añadido aguardiente durante la fermentación para suavizarlo.

1703 es una fecha clave para Oporto. El tratado comercial de Methuen garantiza, a cambio de un trato similar para los productos textiles ingleses, a los vinos portugueses mejores condiciones arancelarias que a los elaborados en Francia. Los vinos portugueses pueden entrar en Inglaterra pagando apenas dos tercios de la tasa que paga un vino francés.

Las ventas están en auge. Pero en 1730 aparecen ya los primeros casos de fraude en el vino de Oporto. Estos fraudes fueron generalizándose, originando una serie de crisis en las ventas que culminan en 1754, cuando los comerciantes ingleses se niegan a comprar vino de Oporto acusando a los viticultores de falsificadores.

Surge entonces la figura de Sebastiao José de Carvalho e Melo, marqués de Pombal. Personaje controvertido y representante máximo del despotismo ilustrado en Portugal, fue Primer Ministro de José I desde 1750 hasta la muerte del rey en 1777.

Investido de plenos poderes tras el éxito obtenido en la reconstrucción de Lisboa después de un devastador terremoto de 1755, toma las riendas del mercado de Oporto, dispuesto a poner orden.

En 1756 crea la “Companhia Geral da Agricultura das Vinhas do Alto Douro“, con la que se pretendía asegurar la calidad del producto, equilibrar la producción y el comercio y fijar los precios. Ese mismo año, funcionarios de la “Companhia” empezaron a demarcar la zona del Douro, tarea que acabaron en 1761, clasificando los terrenos según un riguroso sistema de puntuación, único en el mundo.

Es la primera denominación de origen regulada, aunque toscanos y húngaros de Tokaji le discuten esa primacía, y se adelanta en 180 años a las A.O.C. francesas.

En 1757 se produjo un levantamiento popular en Oporto en protesta contra el precio que las tabernas ponían al vino. El levantamiento fue aplastado y sus cabecillas fueron ahorcados.

El fraude del vino con bayas de saúco se convirtió en algo común. Para evitarlo, la “Companhia” obligó a arrancar los saúcos de la región. Cuando vio que era insuficiente para acabar con el fraude, amplió la orden de tala a todo el norte de Portugal.

El rey José I muere en 1777 y el marqués de Pombal es desterrado, muriendo en 1782. María I, la nueva reina e hija de José, odiaba de tal manera al marqués que ordenó que estuviese como mínimo a 20 millas de ella.

A la muerte del marqués de Pombal, La “Companhia” pierde alguno de sus privilegios, como el monopolio de comercio con Brasil, adonde se exportaban los vinos de más baja calidad. Aunque consigue la exclusiva del control de la venta de “Vinho do Porto” embotellado, en 1807, acaba perdiendo todas sus atribuciones oficiales en 1852.

Controvertido y criticable en otros campos, para el Oporto el marqués de Pombal fue el hombre necesario para convertirlo en uno de los vinos míticos del mundo, al que, por cierto, tengo especial veneración.

Quinta do Crasto, la belleza del Douro

Cuando el Duero entra en Portugal cambian nombre y paisaje. El Duero se convierte en Douro y el paisaje cambia, aunque realmente el cambio se ha hecho ya en la parte española de Los Arribes del Duero.

Quinta do Crasto es una de las quintas, fincas, más bonitas del Douro. Las primeras referencias escritas nos llevan a 1615, aunque es probable que ya se elaborase vino antes. Castro puede venir de la degeneración del latín “castrum”. La especial situación estratégica de la quinta, los restos romanos y la cercana calzada romana parecen dar la razón a esta teoría.

En la parte más cercana al río está la ermita de Nossa Senhora das Necessidades, construida en 1811. La casa bodega fue construida en 1923. La quinta está dibujada en los famosos azulejos azules y blancos de la estación de tren de Pinhao.

Es digna de admirarse su piscina, situada en la parte más alta y con una vista espectacular, que hace que sus aguas parecen caer directamente en el río.

La bodega pertenece a Jorge Roquette. Sus hijos trabajan directamente con él, Tomás se encarga de la elaboración y Miguel de la parte comercial.

Está situada en la ribera derecha del Douro, entre Regua y Pinhao, en la región de Cima Corgo. El enorme desnivel hace que las viñas estén plantadas a una altitud que va desde los 75 a los 500 metros. La orientación es sur, sudeste.

La quinta tiene 130 hectáreas, de las que 48 son de viñedos. El 33% de las cepas de la quinta están plantadas en bancales protegidos por muros de piedra, el 57% en patamares y un 10% en vinha ao alto (viña en vertical).

Las cepas más viejas tienen unos 80 años. Las variedades plantadas son Tinta Amarella, Tinta Roriz, Touriga Nacional, Touriga Franca, Mourisco, Sousao, Tinta Barroca, Tinta Cão y así hasta 30 diferentes.

Su gama de vinos es amplia. Va desde su sencillo, pero magnífico, Crasto hasta los vinos de parcelas especiales como Vinha Maria Teresa y Vinha da Ponte, pasando por el Reserva y los vinos varietales, algo no muy tradicional en la zona, elaborados con Touriga Francesa, Tinta Roriz (Tempranillo) y Cao.

Los vinos están a la altura de un viñedo tan magnífico.

Tres libros para viajar desde el sillón

En estas fechas en las que parece que viajar es una obligación quiero recomendar un magnífico libro que ha llegado a mis manos.

Su título es The Wine and Food Lover’s Guide to Portugal, que podríamos traducir como La guía de los amantes del vino y la comida de Portugal, y sus autores son Charles Metcalfe y Kathryn McWhiter.

No son muy numerosos los libros sobre vinos de Portugal que estén actualizados, aunque hay algunos soberbios e incombustibles como Porto Vintage de Gaspar Martins y Joao Nicolau de Almeida, un libro de lectura obligatoria para los amantes del Oporto, aunque sea necesario leerlo en portugués.

Lo mismo sucede con esta guía. De momento sólo se encuentra en portugués o en inglés. Pero merece la pena comprarla pues es muy completa. Zonas vinícolas van pasando por sus páginas, con sus bodegas bien explicadas, con textos sencillos, sin pretensiones, pero muy correctos. Con los restaurantes donde se puede comer y las tiendas donde se puede comprar.

Hay un breve pero también interesante sección de quesos. Ahora es el momento para comprarse un Queijo da Serra da Estrela, una torta cremosa de sabor intenso.

Otro libro que acabo de leer es Vivir en Provenza de Peter Mayle. Es la segunda parte de Un año en Provenza. Es divertido, aunque no tanto como el primero, publicado en Inglaterra en 1989 y premio al Mejor libro de viajes del año de los British Book Awards.

Peter Mayle es un inglés que se traslada de Londres a Provenza y cuenta, de una forma encantadoramente divertida, sus experiencias en esta zona francesa.

Su sorpresa ante las suculentas comidas y bebidas locales, los esfuerzos que hace para reconstruir la casa que ha comprado y sus choques con los distintos oficios que va encontrando, desde los albañiles a los fontaneros.

Aprendimos que el tiempo en Provenza es una materia prima muy elástica, incluso cuando se la describe en términos absolutamente claros y específicos. Un petit quart d’heure significa “ en algún momento del día de hoy”. Demain quiere decir “algún día de la semana”. Y el segmento más elástico de todos es une quinzaine que puede significar “tres semanas”, “dos meses” o “el año que viene”, pero nunca jamás “dentro de quince días”.

Contado con ese supuesto, y cuando se tiene admirable, humor inglés te hace reír y te das cuenta de lo cercano que estamos en costumbres de nuestros vecinos.

La furgoneta se estremeció, y entonces, centímetro a centímetro, fue apareciendo el sucio perfil rosa de la cabeza de un cerdo. El viejo tiró de nuevo, más fuerte, y la monstruosa criatura descendió tambaleándose por la rampa, parpadeando y sacudiendo las orejas…

El año pasado- dijo Alain – este cerdo encontró casi trescientos kilos de trufas. Un bon paquet.

No podía creerlo. Estaba viendo un animal que el año pasado había ganado más dinero que la mayoría de esos ejecutivos de Londres, y sin la ayuda de un teléfono en el coche.