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Los tintos también son para el verano

13 julio 2008

Los tintos, como las bicicletas, también son para el verano. Es indiscutible que con los calores apetece más beber bebidas frescas, más ligeras y ahí se imponen el Champagne, los grandes blancos de Borgoña, los Riesling de Alemania o la Grüner de Austria, los Xarel.lo del Penedès o los buenos blancos gallegos. Sin olvidarnos de las Manzanillas y los Finos de Jerez.

Pero eso no significa que tengamos que renunciar a los tintos. El ejemplo más claro puede ser el Morgon de Marcel Lapierre que recomendaba este viernes. Un vino perfecto para los días de calor.

Como lo son los Pinot Noir de Borgoña, tanto en su gama más ligera, con sus vinos llenos de fruta, como en su nivel más alto. La elegancia y la sutileza los convierten en compañía muy adecuada para estos días.

Otros tintos muy adecuados son los Cabernet Franc del Loira. Su compensada acidez les da un aporte suplementario para aguantar los calores.

Siguiendo con los tintos atlánticos, son muy válidos los gallegos y los bercianos. Ya hemos hablado de ellos en otra ocasión, pero no viene nada mal recordarlo.

Eso sí, yo prefiero tomarlos un poco más frescos de lo habitual. Frescos que no fríos.

Seguro que todos tenéis experiencia con tintos que os han sorprendido por lo bien que se beben en verano.

Espero vuestras experiencias y me despido hasta septiembre. Me tomo unas vacaciones, un poco más largas de lo habitual, pero a mis años hay que cuidarse. Nos vemos otra vez el 1 de septiembre.

Dos vinos originales, uno de Ribeiro y el otro de Rioja

06 junio 2008

El primer vino para esta semana es un Ribeiro de Emilio Rojo 2007.

Emilio Rojo es uno de los personajes más curiosos del vino español. Ingeniero de Comunicaciones y ejecutivo de una multinacional se transformó en viticultor radical y se instaló en Arnoia para plantar 1,5 hectáreas de viñedo y elaborar uno de los vinos más personales de Galicia.

Capaz de dar una conferencia en la Facultad de Económicas y Empresariales de Santiago bajo el título de “La geometría euclidiana del vino blanco verdadera” y de contar en televisión que le gustaría tener el instinto de su perro y beber en los charcos para conocer mejor la tierra.

Tiene 1 hectárea de viñas en ladera y 0,5 en llano, divididas en 4 parcelas. La edad media de las cepas es de 17 años. Los suelos son graníticos y los rendimientos bastante bajos.

La variedad mayoritaria, 50%, es Treixadura, acompañada de Lado, con un 20%, y de Loureiro, Albariño y Torrontés con un 10% cada una.

La producción es muy pequeña y su precio supera los 30 euros, pero merece la pena gastárselos. Es un vino de verdad, capaz de envejecer con dignidad, de expresar su origen.

La segunda opción es un tinto de Rioja, Sierra Cantabria Colección Privada 2005.

La familia Eguren, con Marcos a la cabeza, ha conseguido en los últimos años situar sus vinos entre los mejores en todas las guías, tanto nacionales como de fuera. Pero la familia lleva desde 1870 cultivando el viñedo y los vinos se embotellan como Sierra Cantabria desde 1957.

Tienen varias opciones para escoger desde su línea más sencilla hasta los vinos más especiales como Amancio, La Nieta o los de Toro. Pero nos hemos decidido por este Colección Privada porque ha sido siempre el que más me gusta.

Nace de cepas de Tempranillo de más de 50 años, procedentes de sus fincas de Los Terreros y Jararte en San Vicente de la Sonsierra.

Parte del vino se ha elaborado siguiendo el método tradicional y la otra parte con maceración carbónica, una forma de hacerlo muy habitual en la casa y que se utilizó en exclusiva para algunos de sus grandes reservas, como el mítico de 1973. Después el vino se cría durante 18 meses en barricas de roble.

Todavía marcado por la madera pero con mucha fruta para poder soportarla e integrarla. Goloso y largo, es buen acompañante de platos contundentes y el ligero punto de carbónico le va muy bien, por ejemplo, a unas patatas con chorizo a la riojana.

Su precio en tienda raramente llega a los 30 euros.

José Luis Cuerda: Cine, política y botellas de vino

31 marzo 2008

José Luis Cuerda es ampliamente conocido por sus películas e incluso por su participación en la plataforma de apoyo a Zapatero y sus controvertidas manifestaciones, pero su faceta de vinatero es mucho más desconocida.

La lengua de las mariposas, La educación de las hadas, La marrana, Tocando fondo, Amanece que no es poco o El bosque animado son alguna de sus películas.

Él siempre dice

debo la bodega a los éxitos de Amenabar

Aunque nacido en Albacete, Cuerda es un gran amante de Galicia. Fue rodando, en 1987, El bosque animado, cuando conoció la zona donde ahora tiene la bodega. Buscando localizaciones encontró un caserón construido en 1529 por el clérigo Rodrigo de Quinta, en la parroquia de Gomariz, junto al monasterio de San Clodio, que le deja prestado su nombre al vino.

José Luis Cuerda, a quien vemos en la foto sirviendo su vino en un acto de verema, consigue comprar la casa, empieza a rehabilitarla y compra los viñedos que la rodean. En la cosecha 2005 sale al mercado el primer Sanclodio.

La apuesta de Cuerda es coherente desde el principio. Sus vinos se elaboran únicamente con las uvas de las 6 hectáreas de viñedo de su propiedad y sobre todo del Cerrado da Porta, viñedo que rodea la casa y que fue plantado en el año 2003.

Las uvas son autóctonas, siendo la fundamental la Treixadura, con un 67%, seguidas de Godello y Torrontés, y, en menor medida Loureiro y Albariño, aunque en esta caso su presencia es mínima. Las viñas están plantadas en terrazas.

Buscamos hacer un vino personal, auténtico y, sobre todo, honrado. Limitamos mucho la producción y aunque hagamos menos botellas queremos hacerlas bien.

Las cepas todavía son muy jóvenes pero aún así se nota perfectamente la autenticidad de un vino que consigue, tal como pretende su elaborador, ser honrado.

Un Ribeiro de los de antes, sin maquillaje, ni efectos especiales. Su precio en tiendas está sobre los 10 euros.

El estilo de vinos que me gusta

13 marzo 2008

Tendría que haber sido el primer tema pero lo ha ido dejando por lo complejo de la explicación. Y es que definir que tipo de vino es el que más me gusta es complicado. Empezaré por definir lo que no me gusta y de la negación saldrá algo positivo.

No me gustan los vinos elaborado con uvas sobremaduradas, aquellos en los que la fruta se expresa confitada.

No me gustan los vinos con sobre extracción. No me gusta que la madera se note en el vino, ni aunque esté enmascarada por los toques de torrefacto que aporta un buen, y excesivo, tostado de las barricas.

No me gustan los taninos secos, ni que haya gente, incluida especialistas, que digan que con el paso del tiempo se van a limar: un tanino seco es seco hasta que el vino muere.

Resultado de todo esto no me gustan los vinos concentrados y pastosos, de entrada rotunda y que se mueren a mitad de la boca.

No me gusta que los vinos de una zona sean tan iguales a los de otra, que las técnicas de elaboración se impongan hasta el punto de que es imposible saber la procedencia de los vinos, el lugar donde han nacido las uvas.

Algunos amigos cuando les cuento esto me dicen que acabo de eliminar a la mayor parte de los vinos top que se elaboran en España y es posible que sea así, pero la moda de la concentración, la búsqueda del estilo que supuestamente gusta a Parker no me interesa. Este tipo de vino me aburre.

Me gustan los vinos en los que el hombre interviene poco en la elaboración, aunque haya trabajado a fondo el viñedo.

Mi trabajo acaba cuando la uva llega a la bodega

decía el gran Denis Mortet, del que otro día hablaré más.

Me gustan los vinos que expresan su terroir, que son diferentes, únicos, aunque tengan defectos. Me gustan los vinos frescos, con acidez y buena fruta.

Adoro Borgoña, me gustan los buenos mencías leoneses o gallegos, la expresión elegante del Duero, el equilibrio y la finura de los buenos riojas, la Cabernet Franc y la Chenin Blanc del Loira, el Riesling de Alemania, la Grüner Veltliner austriaca, los grandes y olvidados vinos de Jerez, la frescura del moscatel de la Axarquía de Málaga, la intensidad auténtica de los buenos douros, la cariñena del Priorat, el Champagne de los buenos viticultores, la sutileza de una bodega del Penedès como Can Ràfols, los viejos oportos, las garnachas llenas de sutileza procedentes de viejas cepas…

De esos vinos voy a ir hablando en este blog para que juntos podamos disfrutarlos.

Sketch: El albariño que se cría en el mar

07 marzo 2008

Raúl Pérez no podía ser otra cosa que viticultor y enólogo. Siete generaciones antes le habían marcado el camino.

En 1752 un antepasado suyo dejó escrito

que el día de su entierro se invitara a los vecinos de Valtuille de Abajo, en El Bierzo, a una jarra de vino procedente de las lomas más altas del pueblo y a una corteza de pan.

Quizás Raúl piense hacer lo mismo porque, desde que con apenas 18 años, se hizo cargo de la bodega familiar de Castro Ventosa su gran objetivo ha sido hacer grandes vinos con las viejas cepas de Valtuille.

Ahora ha emprendido el camino en solitario y está embarcado en un nuevo proyecto que ha llamado Ultreia, en homenaje al saludo que históricamente se hacían los peregrinos del Camino de Santiago cuando se encontraban.

Allí elabora, de momento, dos vinos: uno más sencillo, Ultreia Saint-Jacques y el otro, que rinde, como no, homenaje al nombre de su pueblo, Ultreia de Valtuille.

Pero, además, está metido en diversos proyectos. Tantos que merecen un post sólo para ellos.

Hoy, tal como me pedían en los comentarios, vamos a hablar del Sketch.

Todavía recuerdo cuando lo probé por primera vez. Estábamos en Atapuerca, al lado de las cuevas, Maribé, César Ruiz y yo. César traía la botella y yo que, por entonces, estaba bastante escéptico con los albariños no puse mucha pasión. Hasta que lo probé. Era el mejor albariño que había probado en muchos, pero muchos, años.

Las uvas proceden de cepas entre 60 y 80 años en la zona de Meaño, situadas al lado del mar, tal como se ve en la fotografía.

En la elaboración se siguió el sistema borgoñón, en barricas de 750 litros y con varios bazuqueos, buscando siempre que la madera no oculte el gran terroir de un gran viñedo.

Pero lo excepcional llega con su crianza en botella. Parte de las botellas se meten en jaulones metálicos y se sumergen a 19 metros de profundidad en una cueva en la ría de Arousa.

¿Por qué a 19 metros? Raúl hizo pruebas bajando las botellas y vio que a más profundidad o el corcho se salía o entraba agua a la botella debido a la presión.

El objetivo es que los vinos permanezcan durante al menos 3 meses en estas condiciones climáticas tan personales, sin cambios de temperatura, humedad o presión.

¿Una frivolidad? Pues visto el resultado parece que no.

Cuando saca las botellas están cubiertas de mejillones, lapas, berberechos, algas y demás fauna y flora marina. Prometo que cuando saque alguna botella pondré la foto, de momento nos tenemos que contentar con la de la etiqueta.

El nombre de Sketch es un homenaje a un local londinense, mitad restaurante, mitad bar de copas y la etiqueta del vino tiene los colores con los que se decora este establecimiento.

La producción es de unas 900 botellas y su precio ronda los 35 euros. El vino sale sin estar amparado por ninguna denominación de origen, como vino de mesa, demostrando que cuando hay calidad lo demás no importa.

Hay que hacer el esfuerzo de buscarlo y de pagarlo, pero el vino deja con la boca abierta y con ganas de correr a buscar la segunda botella, aunque haya que meterse en la ría y buzear hasta encontrar la cueva.

Dos nuevos 100 de Parker, sin Parker

05 marzo 2008

Dos nuevos vinos españoles alcanzan la puntuación de 100 en la revista de Robert Parker The Wine Advocate. Son el vino riojano Contador 2005 de Benjamín Romeo y el del Priorat Clos Erasmus 2005.

No es Parker mi pasión personal y normalmente su gusto y el mío no van parejos, pero no dejo de reconocer que cuando él da una alta puntuación a los vinos que más conoce, como es el caso de Burdeos, suele acertar. Puede que olvide otros estilos, que a mi me atraen más, pero un 100 suyo, la máxima nota que otorga, es sinónimo de calidad.

Los vinos españoles hace tiempo que dejó de catarlos personalmente y en su lugar lo hace su colaborador Jay Miller. Y, aunque a nuestro mercado exterior le venga bien, parece que el señor Miller ha decidido ser más generoso con las puntuaciones.

Ningún 100 de Parker en la historia y en la primera cata de Miller cinco vinos alcanzan esa puntuación: Clos Erasmus, Pingus, Termanthia, Contador y Viña El Pisón. Los cinco de la añada 2004. Y ahora nuevamente otros dos vinos alcanzan el 100. Llevamos siete 100 de Miller en dos años. Insisto comercialmente para España muy bien.

Estos son los 23 mejores vinos españoles para The Wine Advocate.

Con 100 puntos sólo dos vinos: Contador 2005 y Clos Erasmus 2005

Con 99 puntos aparecen 4 vinos: Pérez Barquero PX 1905, Pingus 2005, que en esta añada se queda a un punto de la gloria, Vega Sicilia Único Reserva Especial y Espectacle 2004, un vino del Monsant que elaboran juntos René Barbier, Fernando Zamora y el importador americano Christopher Cannan.

16 vinos son puntuados con 98. Vega Sicilia Único 1998, Raúl Pérez Ultreia de Valtuille 2005, Raúl Pérez El Pecado 2005, L’Ermita 2005, Aro de Muga 2004, El Nido 2005, Nit de Nin 2005, Mas Doix Costers de Vinyes Velles 2005, Malleolus de Sancho Martín 2005, Villacreces Nebro 2005, Aurus 2005, Emilio Hidalgo Pedro Ximénez Santa Ana, Pérez Barquero Amontillado, La Viña de Andrés Romeo 2005, Aalto PS 2005, Clos Mogador 2005, Mas d’en Compte Planots 2005

Los blancos obtienen peores notas, siendo el más puntuado con 96, Françesc Sánchez con su Bas Blanc de Monsalvat 2006, una mezcla de Macabeu y Trepat Blanc, para mi desconocida.

Le siguen con 95 el Clos d’Agon 2006 y con 93 hay seis vinos: dos Penedès, El Rocallís 2002 de Can Ràfols dels Caus y el Xarel.lo de Nun Vinyas dels Taus 2006, y cuatro albariños, el Pazo de Señorans Selección de Añada 2003 , Leirana Barrica 2006, A Trabe 2006 y Sketch 2006, estos tres últimos elaborados también por Raúl Pérez.

Las calificaciones de vinos a mi siempre me han parecido discutibles y no me gusta puntuar las emociones, pero es evidente su reflejo y su influencia en el mercado y por eso las pongo aquí.

Los tintos despiertan en Galicia

03 marzo 2008

Hace algún tiempo en una entrevista en la revista La Clave dije que la zona de más futuro para elaborar vinos tintos es Galicia. Hasta ahora sólo se valoraban sus vinos blancos, sobre todo sus albariños, pero el cambio climático les ha cogido en buen momento.

Vicente Sotés, presidente del Comité Científico del CONCLIVIT y del grupo de expertos Medio Ambiente y Cambio Climático de la Organización Internacional de la Viña y el Vino (OIV) lo tiene claro:

El ciclo se está adelantando. La vid brota antes en Galicia y la uva tiene más meses por delante para alcanzar un nivel óptimo de maduración.

El catedrático de edafología Francisco Díaz-Fierros asegura:

En algunos lugares la vendimia ha pasado de realizarse a mediados de octubre a primeros de septiembre. La temperatura media puede subir en torno a los 2,5 grados al norte de Galicia, y hasta 5 grados al sur, lo que haría posible incluso la introducción en algunos valles de las provincias de Lugo y Ourense de variedades de uva francesa como Cabernet Sauvignon o Chardonnay, o las utilizadas en las denominaciones de origen Rioja y Ribera del Duero, Garnacha y Tempranillo, entre otras.

Esta es la parte que más me preocupa, que en Galicia se repita el terrible mal de otras zonas en las que se ha abandonado lo propio para empezar a apostar por lo que viene de fuera, sin darse cuenta de que caemos otra vez en la internacionalización del gusto. Vinos iguales en todos los sitios.

Galicia tiene la suerte de contar con una buena cantidad de uvas autóctonas, cultivadas durante años y de marcada personalidad. Dejarlas de lado sería un crimen.

Bastardo, Caiño, Loureiro y Mencía son las cuatro patas sobre las que debe asentarse esta revolución que en pocos años situará los tintos gallegos entre los más prestigiosos de España. Olvídense del Cabernet, del Tempranillo o de la inefable Syrah.

Vinos atlánticos, finos y la vez intensos, capaces de expresar la mineralidad de sus suelos, a veces graníticos y a veces pizarrosos, provenientes de viejas cepas de poca producción. Vinos diferentes.

No hay que olvidar estos nombres:

Quinta Muradella y Gorvia de Monterrei, Goliardo de Rías Baixas, Algueira, La Cima y La Lama de Ribeira Sacra, Gaba do Xil de Valdeorras y A torna dos pasas de Ribeiro. Sus producciones son pequeñas y a veces son difíciles de encontrar pero hay que hacer el esfuerzo porque la recompensa merece la pena.