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Puede que en el vino no esté la verdad, si es que sólo existe una,pero lo que es seguro es que está el placer y juntos vamos a encontrarlo

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De La Manchuela y la Ribeira Sacra

Varias veces se me ha acusado de recomendar siempre un tipo determinado de vinos olvidándome de los vinos más potentes. Es una acusación cierta, pues responde a mis gustos. Pero reconozco que hay gente a la que le gustan los vinos más potentes y entre ellos hay cosas de muy buena calidad.

El primer vino que hoy recomiendo va en esa línea. Se trata de Salia 2006. Un vino elaborado por Víctor de la Serna. Personaje controvertido nadie puede negarle a Víctor de la Serna su pasión por la gastronomía y el vino, que le viene desde la cuna. Periodista de El Mundo y tertuliano de la Cope, crítico gastronómico, especialista en baloncesto, director de elmundovino.com, en 1988 decide pasar al otro lado y para hacerlo se centra en La Manchuela conquense.

Parte inicialmente de 10,5 hectáreas de Syrah, a una altitud de 770 metros. Para escoger las plantas se busca un vivero francés asociado al magnífico Château de Beaucastel, de donde proceden las plantas.

Pero elabora además varios majuelos de viejas cepas de la zona, en especial una viña de 2,4 hectáreas de Garnacha y Bobal de más de 60 años, plantada a 1.050 metros de altitud.

Elabora esencialmente dos vinos, Finca Sandoval y Salia. Las fermentaciones las hace en depósitos abiertos de 5.000 litros, realiza largas maceraciones en frío y la maloláctica en barrica.

Salia 2006 está elaborado con Syrah, Garnacha y Bobal. Es un vino poderoso, tánico, todavía muy joven, pero con marcada presencia de fruta roja madura. Le viene fenomenal jarrearlo antes de beberlo. Su precio en tienda está sobre los 14 euros.

El segundo vino viene, otra vez, de Galicia y es que la cabra siempre acaba tirando al monte. Es Lalama 2005 de Dominio do Bibei, un magnífico exponente del gran potencial de la Ribeira Sacra.

Javier Domínguez saca al mercado su primer vino en 2002 y con auténtica pasión ha conseguido situar sus marcas en los mejores restaurantes. Sus viñedos están entre los 300 y los 700 metros, en suelos ácidos y con poca materia orgánica, con un subsuelo de granito y pizarra.

Las cepas tienen entre 15 y 100 años y los rendimientos son muy bajos, entre 700 y 1.500 gramos por cepa.

Lalama 2005 está elaborado con Mecía, Brancellao y Garnacha Tintorera. Cada variedad y cada parcela se elaboran por separado. Las uvas se despalillan intentando no aplastarlas. Se hace una prefermentación en frío y la fermentación es en parte en barricas abiertas de 500 litros y el resto en fudres de 4.500 litros y depósitos de hormigón.

Todavía es un vino joven, con taninos marcados y presencia de la madera, pero tiene una fruta tan espectacular que puede con todo. Magnífica acidez que le aporta frescura. Gana mucho con un jarreado previo. Su precio en tienda está sobre los 16 euros.

Hace pocos días David Robledo, sumiller del restaurante Sant Celoni, me recomendó un Lalama 2002 que estaba soberbio y es que estos vinos necesitan tiempo y pocas veces se lo damos.

Gerry Dawes, un polemista genial

Don entrevistas a Gerry Dawes llegan a mis manos. Una reciente sobre Galicia la recomienda José Contreras en Verema. La otra es más antigua, de julio del 2007, y la publica Lo Mejor del Vino de Rioja.

Gerry Dawes es un personaje curioso y tremendamente atractivo. Irónico, sabio, buen polemista y conocedor profundo de los vinos españoles como demuestra habitualmente en su blog. Colaborador de numerosos medios, sus opiniones nunca te dejan indiferente.

Su valoración sobre la situación del vino español es rotunda

En mi humilde opinión, el vino español ha tenido una evolución (una revolución) enorme en cuanto a la técnica, pero lamento que a esta evolución/revolución le falte mucho en cuanto a sabores de buen vino. Se habla sobre todo de la técnica de las bodegas y poco de cómo sabe el vino y el gusto para beberlo en una mesa

Más rotunda y divertida es todavía su respuesta cuando le preguntan sobre la gente que ha llegado al vino buscando dinero o prestigio social

Bueno, prestigio social, sí, porque los clientes de su negocio verdadero pueden sentirse como reyes comiendo chuletillas al sarmiento sentados en una sala de mármol (subvencionado por la comunidad), con muchas hectáreas de viñedos jóvenes bien regados (de agua y ayudas oficiales) alrededor. Lo que me sorprende un montón es que no utilizan las nuevas barricas caras francesas para asar las chuletillas. Esto último, como bien saben vuestros lectores, es totalmente una broma, porque todos saben que con el roble nuevo joderían por completo el sabor de las chuletillas. Para asar las chuletillas es mejor utilizar los sarmientos de los viñedos autóctonos recién arrancados (para poder plantar mas tempranillo, cabernet, merlot… en zonas y tierras no aptas)

Rotunda, divertida y terriblemente certera es esta descripción. Como lo es su valoración sobre los gustos que triunfan.

No es sólo la globalización, es el mismo gusto que nos induce a valorar Paris Hilton, Britney Spears y los héroes de la prensa roja. Hay un gran mercado para vinos de mal gusto, que se venden mucho más que todos los de buen gusto. El Cordobés (padre) en su día fue mucho más popular y cotizado que Antonio Ordóñez

Cambia el color a la prensa rosa, pero con el gusto que este tipo de prensa tiene por hacer sangre del personaje de turno no me extraña el error.

Su definición un vino honesto tampoco tiene desperdicio.

El vino que no te harta de beber, que te invita a otro trago y que no te emborracha de una sola copa. De verdad, yo prefiero este tipo de vino, hecho con uvas autóctonas, que refleja la tierra, el clima, el sitio de donde viene y la gente honesta que lo hace. Y que no sea marcado con madera nueva de ningún tipo. Si quiero que mi vino sepa a madera chupo un palillo antes de cada trago

En la entrevista sobre los vinos de Galicia afirma

Galicia tiene potencial para elaborar algunos de los mejores vinos del mundo, el problema es que los gallegos no terminan de creérselo. Aquí está todo lo que distingue a las grandes regiones productoras mundiales, variedades propias aclimatadas a la zona, diferentes suelos y altitudes… Este es un país de vinos, pero aún hay mucha gente que no cree en su potencial… Hay que sacar partido de lo que se tiene, nunca buscar malas copias de lo que hacen otros. Galicia debe elaborar vinos expresivos de sus zonas de procedencia, de las condiciones naturales de sus terruños

Como ya he dicho en varias ocasiones comparto totalmente sus opiniones.

Un Mencía de Valdeorras y un Châteauneuf-du-Pape

El primer tinto de esta semana nos viene de Galicia, que, como ya he dicho muchas veces, es una de nuestras grandes esperanzas para elaborar tintos de altísimo nivel. Se trata de Gaba do Xil Mencía 2007.

De esta bodega ya hablé en su momento cuando salió la nueva añada del blanco y lo vuelvo a hacer ahora con la salida al mercado del tinto 2007.

Telmo Rodríguez, mi socio en Alma Vinos Únicos, ha conseguido dar un salto de calidad importante, muy importante, con la cosecha 2007 en sus vinos gallegos.

El propio Telmo explica en su página web su relación con la zona.

Este es nuestro proyecto mas reciente a pesar de que fuera la primera zona que visitamos a principio de los años 90 cuando todavía nuestro proyecto carecía de forma.

La visita de varios pueblos entre ellos las Ermitas nos causó una gran impresión, conocimos a un viticultor que seguía podando sus viñas con una herramienta del la edad media. No tenemos duda que todas estas impresiones nos empujaron hacia nuestro trabajo actual.

A penas a unos pocos kilómetros hoy se encuentra nuestro viñedo de la Falcoeira en el pueblo de Santa Cruz. Un viñedo ancestral, memoria de una Galicia rotunda

.

Un vino lleno de fruta, con taninos marcados pero muy bien fundidos, con una notable acidez, que le aporta frescura y futuro. Y encima a un precio muy competitivo, un poco más de 8 euros en una tienda.

Para el segundo vino nos vamos al Ródano sur y en concreto a su zona más representativa, a Châteauneuf-du-Pape. Es el Château Gigognan Clos du Roi 2005.

Una bodega histórica que durante muchos años estuvo prácticamente abandonada, hasta que, en 1996, la compra Jacques Callet y pone al frente a Jean Roure. La propiedad tiene 72 hectáreas de viñedo, 22 son de Côtes du Rhöne, 20 de Côtes du Rhône Villages y 32 son de Châteauneuf-du-Pape.

Su gran salto de calidad lo da a partir del 2003 cuando se hace cargo del viñedo y de la vinificación Eloi Dürrbach, propietario del Domaine de Trevallon, y amigo desde hace años de Jacques Callet y Jean Roure.

Eloi es uno de mis vignerons favoritos y de él hablaré más extensamente otro día cuando recomiende su vino.

Elaboran 3 vinos. El más sencillo es Le Vigne de Regent y algunos años excepcionales sacan Cuvée Cardinalice, elaborado sólo con las cepas más viejas de Garnacha. Clos du Roi es el vino prototipo de la casa.

Clos du Roi 2005 tiene un 71% de Grenache y un 29% de Syrah. Todas las variedades y todas las diferentes parcelas se vinifican por separado La Grenache envejeció en fudres y la Syrah lo hizo en barricas.

A pesar de elaborarlo Eloi Dürrbach no conocía el vino hasta que me lo recomendó Carlos Horta, propietario del restaurante Vila Mas en Sant Feliú de Guixols y una de las personas con más conocimientos sobre vinos que conozco. Gracias a él lo incluimos en nuestro catálogo y la verdad es que estoy encantado.

No es para nada un Châteauneuf moderno y concentrado, uno de esos vinos de altas puntuaciones que a mi no me apasionan. Es elegante, con mucha fruta, profundo, mineral y con larga vida por delante. En tienda su precio está sobre los 37 euros.

Un albariño gallego y un syrah del Ródano

Xoan Canas, sumiller y propietario con su hermano Xose, el cocinero, del restaurante Pepe Vieira me dio a probar el vino que ahora recomiendo. Se trata de Contraaparede 2004, un albariño elaborado por Adegas dos Eidos.

Como todas las recomendaciones de Xoan fue un acierto. Las uvas proceden de una parcela, llamada Vento, situada en la parroquia de Padriñán, en el municipio de Sanxenxo. Las emparradas cepas tienen 70 años y están situadas en laderas de granito orientadas al sur.

La producción es pequeña, unos 3.000 kilos por hectárea. Se vendimió el 29 de septiembre en cajas de 16 kilos. La maceración duró 48 horas, la crianza se hizo en depósitos de acero inoxidable y se prolongó durante 3 años y 8 meses, siendo embotellado el 30 de mayo de 2008.

Un albariño diferente, lleno de personalidad, con magníficas notas de evolución que se mezclan con una buena acidez. Es distinto a los demás albariños, con mucho carácter y una adecuada estructura. Su precio está sobre los 12 euros, pero es difícil de encontrar fuera de Galicia, pues únicamente se elaboraron 2.000 botellas.

El segundo vino nos viene de Saint-Joseph, en el valle del Ródano. Es el Coursodon Silice 2006.

La bodega de Pierre Coursodon es una de las que más cariño tengo, no sólo por ser su importador en España, sino porque tuve la suerte de que Noémie, una de las hijas de Pierre Coursodon estuvo de prácticas conmigo durante unos 4 meses y guardo de ella un gratísimo recuerdo.

Pierre y su hijo Jérôme son viticultores serios, que realizan un profundo trabajo en las viñas. No usan insecticidas, ni productos químicos. Todos los trabajos en el campo están destinados a reducir el fenómeno de la erosión y favorecer la implantación de las raíces. Vendimian en verde de forma rigurosa, con el fin de limitar las enfermedades, equilibrar la carga y reducir drásticamente los rendimientos. Durante esta época hay entre 15 y 18 personas trabajando en el campo.

Dada la pendiente de sus viñedos todos los trabajos hay que realizarlos a mano, con la única ayuda de animales.

En total tienen 15,5 hectáreas de viñedo, 13 de Syrah y 2,5 con las variedades blancas Marsanne y algo de Roussanne.

Este vino se elabora sólo con Syrah, procedentes de impresionantes laderas graníticas y esquistosas de exposición Sur y Sudeste en las que es totalmente imposible la mecanización. La edad media de las cepas es de 25 años. La densidad de plantación es de 6.500 cepas por hectárea y los rendimientos de 24 hectolitros por hectárea.

La crianza se hace en pièces, barricas de 228 litros, y demi-muid, fudres de 600 litros, y dura 12 meses.

Un syrah sin pretensiones, ni maquillajes, auténtico, el tipo de vino que a mi me gusta. Lleno de fruta, pero una fruta para nada empalagosa, con buena acidez, un vino que disfrutas bebiendo. Su precio en tienda está sobre los 25 euros.

Los vinos para despedir y recibir el año

Como a mi me gusta, empezamos por un Champagne y como siempre será un Champagne de viticultor, en este caso de viticultora.

Marie-Noëlle Ledru es una de las mejores vignerons de Champagne. Tiene 5 hectáreas de Pinot Noir y 1 de Chardonnay, situadas en Ambonnay y catalogadas como Grand Cru.

Para la ocasión escogemos Ledru Millésime 1999, elaborado con un 85% de Pinot Noir y un 15% de Chardonnay.

Su secreto está en el trabajo en las viñas y en su larga crianza con las lías. Es un Champagne sin ningún licor de expedición. Nacho JJ lo define perfectamente en su cata de Verema,

auténtico, alejado de modas y convencionalismos

Es muy joven todavía, y al igual que el de André Clouet de la semana pasada, tiene mucha vida por delante, pero se puede disfrutar muy bien de él. Cuesta en tienda unos 60 euros.

Seguimos con un blanco de Monterrei, elaborado por José Luis Mateo, de quien ya hablé hace algún tiempo. Para mi José Luis es uno de los mejores viticultores de España, de los que trabaja con más pasión su viñedo.

Especialista en vinos tintos, sin embargo, para esta ocasión he escogido su blanco Gorvia 2005. Elaborado sobre todo con Dona Blanca y algo de Treixadura.

Procede de un viñedo de 1,2 hectáreas, con cepas de unos 18 años plantadas en ligera pendiente y suelos de arcillas rojas y esquistos-pizarrosos.

Un blanco poderoso, de una añada cálida como fue el 2005. Empieza a integrar la madera que ya no es molesta y que deja su sitio a una buena presencia de fruta. Puede que le falta algo de frescor para rematar el conjunto, pero es una delicia de vino, como todos los que hace José Luis Mateo. Sale en tienda sobre los 20 euros.

Lo probé ayer con el pavo relleno que hace mi suegra y no puedo menos que recomendarlo. Se impuso a un Château Latour 1999, que tardó tiempo en expresarse agobiado por el poderío del vino anterior.

Para la carne recomiendo en esta ocasión un vino blanco y encima dulce, aunque si excesos. Es el Dr. Bürklin-Wolf Gerümpel “R” Riesling Auslese 1990.

De esta bodega ya he hablado en otra ocasión cuando recomendé su Riesling más básico. Es la bodega privada con mayor extensión de viñedo de Alemania, con 85,5 hectáreas. Pero en este caso cantidad y calidad van de la mano.

La historia de este vino es curiosa. Michael Wöhr, el gran importador de vinos alemanes, lo descubrió de forma casi casual en la bodega. Era una partida de vinos reservados para ellos, de ahí la “R”. Lo probó y le gustó tanto que no pudo evitar presionar a la bodega para que se lo vendiesen y cuando Michael presiona consigue lo que quiere.

Gracias a él podemos disfrutar ahora de un riesling de 18 años, lo que no es nada fácil. Un vino que mezcla un dulzor contenido y ya integrado, con una magnífica acidez, que le aporta frescura. Hay que dejarse de miedos y convencionalismos y probarlo con un buen guiso o asado de carne y ya veréis que bien mezcla. Su precio está en tienda sobre los 40 euros.

Un albariño y un Borgoña, cuando el trabajo en la viña se nota

Pronto nos van a llegar las épocas del marisco obligatorio y para acompañarlas hemos escogido un albariño de los de verdad, de los que no abusan de esas levaduras arrogantes y cansinas que personalmente me aburren hasta la extenuación.

Leirana 2007 está elaborado por Rodrigo Méndez. De él ya hemos hablado en otra ocasión, por su tinto Goliardo Caiño.

Estamos ante un auténtico viticultor, de los que trabaja a mano su viña y la conoce a la perfección. Intenta usar los mínimos tratamientos, algo que muy pocos intentan en una zona tan húmeda como la suya. Sus cepas emparradas pueden ver el mar en la cercana, poco más de 100 metros, ría de Arousa.

Leirana 2007 tiene sólo albariño de cepas de más de 40 años, plantadas en suelos de arena y granito. A diferencia de lo que se hace en otras bodegas, las uvas se recogen maduras, casi sobremaduras, buscando más concentración y personalidad. La mitad del vino ha hecho la fermentación maloláctica y el resto no. La producción de este 2007 estuvo sobre las 5.000 botellas.

Un vino cremoso en boca, intenso y untuoso, pero para nada cansino. Fresco, con acidez marcada pero integrada. Un vino que hace que te reencuentres con una zona llena de vinos artificiales y aburridos. Leirana 2007 es todo lo contrario. Un placer que se puede conseguir a un precio en tienda de unos 12 euros.

El segundo vino nos viene de Borgoña, que ya sabéis que es mi pasión. Hablábamos el otro día del Domaine Aubert et Paméle de Villaine, propiedad de Aubert de Villaine, copropietario y director de la Romanée-Conti, y de su mujer Paméla Fairbanks. De la dirección se encarga su sobrino Pierre de Benoist, auténtico alma de este domaine.

Hoy, para demostrar que en Borgoña se pueden encontrar buenos vinos a buenos precios, hemos elegido su Bourgogne-Côte Chalonnaise La Fortune 2007.

La Côte Chalonnaise es la parte sur de la Côte d’Or. Menos prestigiosa ofrece, sin embargo, la posibilidad de encontrar vinos a precios más moderados que sus famosos vecinos.

Desde el punto de vista geológico no es un borde de fractura como la Côte d’Or, por esa razón los viñedos no se extienden como una cinta continua, sino que se desarrollan más a lo ancho. Su altitud oscila entre los 300 y los 350 metros.

Los de Villaine tienen 6,1 hectáreas de Pinot Noir, en su mayor parte procedentes de una selección de cepas de Nuits-Saint-Georges. Desde 1986 utilizan la agricultura biológica.

La Fortune es un pago del pueblo de Bouzeron, de orientación sudeste. Sus cepas tienen 20 años. En el libro publicado en 1894 Les Vins du Beaujolais du Mâconnais et Chalonnais de Vermorel y Danguy ya se considera este pago como uno de los mejores de Bouzeron.

En la cosecha 2007 para garantizar su calidad se hizo una profunda selección de uva, que llevó a eliminar el 30% de la producción. Un esfuerzo que viendo el vino ha valido la pena.

Un vino seductor, lleno de fruta fresca, con buena acidez y taninos presentes pero para nada agresivos. Listo para beber ahora, pero que mejorará con unos 5 ó 6 años.

Su precio en tienda ronda los 18 euros y pocas veces merece tanto la pena pagarlos.

Un Chablis y un Mencía gallego: frescura y mineralidad

Para escoger el primer vino de esta semana nos vamos a la parte más norte de Borgoña, a Chablis. Hemos escogido Bessin 2006, del Domaine Jean-Claude Bessin.

Chablis es posiblemente la zona de blancos de más fama de Borgoña, pero también la más irregular. Es tan fácil encontrar buenos vinos como vinos de una mediocridad aplastante.

Su prestigio lo marca su historia. Cuando, en 1864, Napoleón III encarga a Jules Gullot un estudio sobre el presente y el futuro de la viticultura en Francia, escribe

Los Chablis tienen un bello color oro, con un reflejo verde, son espirituosos sin que el espíritu se deje notar, y su bouquet es encantador. Se distinguen por sus cualidades higiénicas y digestivas, pero sobre todo por la excitación

viva, benévola y llena de lucidez que aportan a la inteligencia

Pocos años después aparecen en Rioja vinos embotellados como Chablis, algunas botellas todavía se pueden ver en López Heredia.

Pero hoy las cosas son distintas.

Son más de 4.000 hectáreas de viñedo, plantadas en pequeños valles muy próximos los unos de los otros, pero con grandes diferencias de microclimas, orientaciones, suelos y subsuelos.

Arquitecto de profesión, Jean-Claude Bessin se hace cargo de los viñedos de la familia de su mujer, propietarios desde hace varias generaciones, en 1989 y comercializa su vino por primera vez en 1991. Su mujer, Evelyne Tramblay, estudió enología en Beaune y entre los dos se encargan de las elaboraciones.

Parten de 12 hectáreas de Chardonnay, de cepas de más de 50 años, que cultivan personalmente con todo el esmero. Juntos reestructuraron el viñedo familiar, protegiendo las viejas cepas.

Su mayor esfuerzo a la hora de elaborar es respetar las características de cada terroir, buscando la mayor delicadeza y complejidad.

Bessin 2006 es un Chablis de los de verdad, auténtico, sin todos los artificios habituales en esta zona.

Nariz sutil, fina, mineral. Esa misma mineralidad aparece en la boca, donde se mezcla con una agradable acidez cítrica, formando un magnífico equilibrio de elegancia y frescor, pureza y clase.

Su precio en tienda está sobre los 20 euros.

El segundo vino de esta semana nos viene de Galicia y de una de sus zonas menos conocidas, la Ribeira Sacra. Es el Alcouce 2005, un vino de las bodegas Chao do Couso, propiedad de Pío Domínguez.

Me recomendaron este vino César Ruiz, que acaba de abrir su blog, y Xoan Canas, copropietario y sumiller de Pepe Vieira, dos personas a las que respeto especialmente.

Cuando lo probé por primera vez me gustó pero no me entusiasmó, la madera estaba demasiado marcada, los taninos eran notorios y dejaban un poco atrás la fruta.

El otro día lo probé otra vez. Habían pasado unos 4 meses y el cambio me dejó impresionado. La fruta negra, los arándanos, la grosella brillaban por encima de una madera que el vino había conseguido integrar a la perfección.

Me pregunté cuantas veces juzgas mal a un vino simplemente por no dejarle el tiempo en botella suficiente.

El fondo mineral era notorio y la acidez le aportaba un toque de frescura que hacía al vino redondo. Un vino para disfrutar.

Las uvas de Mencía provienen del pueblo de Trives, en la subzona de Quiroga Bibei. Las cepas están a una altitud media de 1.000 metros y los suelos son de xisto y pizarra. La producción es muy pequeña y el vino es difícil de conseguir, pero una vez más se demuestra que en Galicia nacen tintos muy especiales.

Al igual que en el vino anterior su precio ronda los 20 euros.

Quinta da Muradella, el fruto de un viticultor de verdad

José Luis Mateo es uno de los pocos vignerons auténticos de España. Tímido, serio, callado y siempre centrado en su trabajo en el campo, ha conseguido colocar a Monterrei entre las zonas de grandes vinos.

Situado en la parte sur de Orense, Monterrei es un valle marcado por el río Tamega, que lo atraviesa de norte a sur.

Su especial situación hace que en sus suelos encontremos materiales de lo más diversos, desde pizarras a granitos, pasando por esquistos, hierro y cuarcitas.

El proyecto de José Luis Mateo nace en 1991 y se centra en Quinta da Muradella, una propiedad de 14 hectáreas, distribuidas en pequeñas parcelas.

La diversidad de variedades es uno de sus rasgos diferenciadores. En tintas están Bastardo, Mencía, Caíño Redondo, Caiño longo, Zamarrica, Brancellao, Sousón y Arauxa. También se están haciendo pruebas con Tinto Serodio, Verdello Tinto, Garnacha Tintorera, Touriga Nacional, Prieto Picudo, Syrah.

En blancas hay Dona Blanca, Treixadura, Verdello y Monstruosa de Monterrei, con pruebas de Bastardo Rubio, Torrontés, Albariño y Sauvignon Blanc.

Variedades que en muchos de los casos no había oído en mi vida. Algunas al borde de la desaparición como es el caso de Bastardo, Zamarrica o la Monstruosa, una uva de enorme tamaño al que posiblemente deba su nombre.

Todas las nuevas plantaciones de José Luis Mateo las ha hecho con material procedente de una selección masal de los viñedos más viejos. Todo el viñedo se cultiva siguiendo a rajatabla los principios de la agricultura ecológica y biodinámica.

En el año 2000 José Luis entra en contacto con Raúl Pérez y juntos empiezan a diseñar los diferentes vinos que ahora se comercializan.

Las distintas variedades y las distintas fincas se vendimian y se elaboran por separado. Para la fermentación se utiliza la madera o el acero inoxidable dependiendo de cada añada. No hay reglas fijas de tiempo de crianza, ni del tipo de crianza sino que se estudian las características de cada añada y se actúa siguiendo la intuición para conseguir reflejar las peculiares características de este singular terroir.

Todavía recuerdo la primera vez que probé sus vinos, sentí la sensación de estar ante un proyecto emocionante. Vinos auténticos, diferentes, atlánticos, frescos, geniales.

Un Godello y un Caiño: la Galicia más verdadera

Los vinos recomendados para esta semana nos vienen desde Galicia. El primero es Gaba do Xil Godello 2007, un vino elaborado por Telmo Rodríguez, que como ya dije es mi socio en Alma Vinos Únicos, en Valdeorras.

Esta zona fue uno de los primeros sitios que atrajeron la atención de Telmo pero su proyecto no empieza hasta el año 2003. La base de todo está en el término llamado “La Falcoeira”, en el municipio de Santa Cruz, considerado durante años uno de los mejores lugares para elaborar vino y ahora en plena decadencia. Allí se ha hecho un gran trabajo de recuperación de las antiguas terrazas y muros, respetando al máximo la antigua forma de trabajar.

De momento las uvas con las que se elabora el vino todavía no proceden de estos viñedos sino de viejas cepas del mismo pueblo.

Gaba do Xil 2007 explica de forma sencilla la complejidad de la Godello de Valdeorras, una uva de marcada personalidad. Aquí no vamos a encontrar aromas de levaduras, ni frutas exóticas, lo que destaca es la autenticidad, la nitidez de la uva. Su precio en tienda está sobre 8,30 euros.

El siguiente vino es un tinto, uno de esos tintos de Galicia que tanto me gustan. Goliardo Caiño 2006 está elaborado por la bodega Forja del Salnés, situada en el pueblo de Meaño.

Una bodega pequeña pero que cuenta con una preciosa colección de viñas viejas. Rodrigo Méndez es un apasionado de las viejas viñas a las que cuida y mima con cariño y pasión.

Su abuelo, Francisco Méndez, fue uno de los fundadores de la DO Rías Baixas. Enamorado de las uvas tintas plantó hace muchos años Loureiro Tinto, Caiño y Espadeiro en la fincas A Tellería y Ameiro, situadas en la ladera de la ría de Dena, con suelos arcillosos y presencia de cantos rodados y gran cantidad de cuarzo. Aunque en su momento le consideraron loco él siempre soñó con elaborar un gran vino tinto. Murió en 2001 sin poder hacerlo pero sus nietos lo han conseguido. De esta cosecha se han elaborado únicamente 1.200 botellas.

Voy a copiar la preciosa descripción del vino que hace Pitu Roca, el gran sumiller de El Celler de Can Roca, en su habitual columna en El Magazine.

Viñedos fríos, viñedos atlánticos. Como los de este vino, el Goliardo Caíño en el Salnés, que viste de color cereza brillante, aunque la percepción visual sea aguada. Se abre sin contundencia pero con limpidez: los aromas balsámicos de eucalipto enriquecen una secuencia de cítricos, frambuesas y grosellas. Tiene agilidad táctil, es vibrante, vertical, penetrante. El retronasal envuelve con compota de cítricos y florales, bergamota y fresitas de bosque, con vegetales sombríos de bosque de hayas. La sensación final es una caricia salina y sensual, de cristalina elegancia. Es un guiño desde el final del camino a los monjes de Cluny, allá en Borgoña, donde empieza el camino

Pinchad en el enlace porque merece la pena. Poco más puedo añadir. Su precio en tienda supera por poco los 26 euros, pero es un gasto muy justificado. Lástima que haya tan pocas botellas.

Viejas cepas en una finca de ensueño

He aprovechado estos días de vacaciones para visitar diversas zonas vinícolas, desde Borgoña hasta Alemania pasando por Galicia. Y en esta última he encontrado uno de los viñedos más fantásticos que sea capaz de recordar, un viñedo que produce emoción.

Está en la zona del Salnés. Es una finca pequeña, poco más de hectárea y media, pero encierran toda la historia de Rías Baixas.

Su propietaria, Lola, sobrepasa los 70 años, aunque parece que tiene muchos menos. En su familia el viñedo y el vino ha sido siempre cosa de mujeres. Su madre, Genoveva, es la gran creadora de la finca, la que la mejoró y la mantuvo, la que fue capaz de transmitir a su hija toda la pasión por el vino.

Lola, en la fotografía con Rodrigo Méndez, elaborador de Leirana, fue capaz de aguantar con esta finca, con sus viejas cepas y sus bajos rendimientos, con sus altos costes de mantenimiento, con la dificultad de encontrar mano de obra para trabajarla.

Antes teníamos una cuadrilla de gente de por aquí que trabajaba muy bien, eran mayores pero sabían muy bien lo que hacían. Pero ahora la mayoría se ha ido a descansar

Nos dice sonriendo mientras señala al cielo e intuimos que ese es el lugar de descanso de la mayor parte de la cuadrilla.

Los que vienen ahora le gustan menos

Es tan difícil encontrar gente que a veces tengo que mirar a otro lado para que parezca que no me entero de lo que hacen mal. Yo les digo que toda la uva que no esté perfecta que la tiren, que más vale poco bueno que mucho malo, pero no siempre me hacen caso. Tengo que ir hablando con unos y con otros para que hagan lo que les digo, pero sin enfadarme que se me marchan

Cepas que en algunos casos tienen casi 300 años, cepas que se retuercen en el tiempo, que se han quedado casi huecas, que se mantienen por ese halo invisible que notas nada más bajar del coche y pisar la tierra.

Cepas de Albariño y Caiño, casi a partes iguales, demostrando que esta uva forma tanta parte de la historia de la zona como la variedad blanca, que ahora casi monopoliza el cultivo.

Lola tiene tanta fe en sus uvas que durante años ha guardado botellas de los vinos que elaboraba en casa, tanto del Albariño como del Caiño.

Hemos probado estas dos variedades elaboradas de forma artesanal hace más de 30 años. Lola sabe la edad porque se elaboraron en la bodega vieja y la nueva tiene ya 30 años.

Puede que yo esté un poco loca pero siempre me ha gustado guardar botellas para ver como cambian con los años y me gusta tener botellas que hizo mi madre

Los vinos son sorprendentes. El Caiño de más de 30 años parece haber detenido el tiempo. Si me lo ponen a ciegas y me dan 100 oportunidades de decir su procedencia estoy seguro de que no hubiera acertado y, sin embargo, la marcada personalidad de la uva se nota perfectamente, pero yo nunca hubiese pensado que estos vinos fueran capaces de vivir tantos años.

El Albariño también de más de 30 años mantiene su acidez. Está todavía vivo y sorprende su complejidad tan diferente de esa linealidad que sigue la mayor parte de los nuevos albariños gallegos.

Gente como Lola te devuelve la ilusión y te hace ver que no todo está perdido en el mundo del vino español. Espero que pronto se puedan probar en el mercado los vinos de esta finca, mientras tanto hay que tener la suerte de que algún amigo los conozcA y te lleve hasta allí.