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Puede que en el vino no esté la verdad, si es que sólo existe una,pero lo que es seguro es que está el placer y juntos vamos a encontrarlo

Archivo de la categoría ‘Castilla La Mancha’

Dos vinos auténticos a precios comedidos

El primero de nuestros vinos de este fin de mes nos viene de un enólogo del que ya hemos hablado varias veces, Marcos Eguren.

Se trata de Protocolo 2007, un Vino de la Tierra de Castilla elaborado sólo con Tempranillo.

Se han buscado viñedos de rendimientos no muy altos, nunca más de 35 hectolitros por hectárea. Se ha realizado una maceración en frío antes de la fermentación durante 24 horas. Durante la fermentación, y buscando una buena extracción, se han hecho 2 remontados diarios.

La cosecha 2007 es una cosecha especialmente fresca en la zona y se nota en el vino. Tras un noviembre muy lluvioso llegó una época sin lluvias que se prolongó hasta primeros de marzo. Después durante el mes de abril las lluvias fueron copiosas. El verano fue uno de los más frescos y suaves de los últimos años, con un importante contraste noche día. La vendimia se realizó en la última semana de septiembre.

El resultado es un vino fresco, sin excesivo cuerpo, con una relación taninos acidez adecuada y con la fruta roja como gran protagonista. Es un vino de trago fácil, sencillo pero agradable. Un vino para beber ahora. Uno de sus puntos fuertes es su relación calidad precio, pues en una tienda cuesta menos de 3 euros.

El segundo vino nos viene otra vez del sur del Ródano, uno de los lugares del mundo donde se puede encontrar mejor calidad a muy buenos precios. Es el Sélection Laurence Féraud 2005.

Es un Côtes du Rhône Villages Séguret. Las 268 hectáreas de viñedo se extiende por el pueblo de Séguret, situado a los pies de los Dentelles de Montmirail.

El primer aval de este vino viene de mano de su elaboradora, Laurence Féraud, propietaria del Domaine de Pégau en Châteauneuf-du-Pape, uno de las mejores bodegas de la zona.

Este vino tiene un 90% de Garnacha y un 10% de Syrah. Las uvas se han despalillado totalmente y la vinificación se ha hecho en cubas de cemento.

Es uno de esos vinos que a mi me gustan, elegante, auténtico, con un buen equilibrio. No tiene un cuerpo excesivo, es fresco, con buena acidez, sin nada que oculte la buena expresión de la Garnacha. Su precio en una tienda no llega a los 10 euros.

De La Manchuela y la Ribeira Sacra

Varias veces se me ha acusado de recomendar siempre un tipo determinado de vinos olvidándome de los vinos más potentes. Es una acusación cierta, pues responde a mis gustos. Pero reconozco que hay gente a la que le gustan los vinos más potentes y entre ellos hay cosas de muy buena calidad.

El primer vino que hoy recomiendo va en esa línea. Se trata de Salia 2006. Un vino elaborado por Víctor de la Serna. Personaje controvertido nadie puede negarle a Víctor de la Serna su pasión por la gastronomía y el vino, que le viene desde la cuna. Periodista de El Mundo y tertuliano de la Cope, crítico gastronómico, especialista en baloncesto, director de elmundovino.com, en 1988 decide pasar al otro lado y para hacerlo se centra en La Manchuela conquense.

Parte inicialmente de 10,5 hectáreas de Syrah, a una altitud de 770 metros. Para escoger las plantas se busca un vivero francés asociado al magnífico Château de Beaucastel, de donde proceden las plantas.

Pero elabora además varios majuelos de viejas cepas de la zona, en especial una viña de 2,4 hectáreas de Garnacha y Bobal de más de 60 años, plantada a 1.050 metros de altitud.

Elabora esencialmente dos vinos, Finca Sandoval y Salia. Las fermentaciones las hace en depósitos abiertos de 5.000 litros, realiza largas maceraciones en frío y la maloláctica en barrica.

Salia 2006 está elaborado con Syrah, Garnacha y Bobal. Es un vino poderoso, tánico, todavía muy joven, pero con marcada presencia de fruta roja madura. Le viene fenomenal jarrearlo antes de beberlo. Su precio en tienda está sobre los 14 euros.

El segundo vino viene, otra vez, de Galicia y es que la cabra siempre acaba tirando al monte. Es Lalama 2005 de Dominio do Bibei, un magnífico exponente del gran potencial de la Ribeira Sacra.

Javier Domínguez saca al mercado su primer vino en 2002 y con auténtica pasión ha conseguido situar sus marcas en los mejores restaurantes. Sus viñedos están entre los 300 y los 700 metros, en suelos ácidos y con poca materia orgánica, con un subsuelo de granito y pizarra.

Las cepas tienen entre 15 y 100 años y los rendimientos son muy bajos, entre 700 y 1.500 gramos por cepa.

Lalama 2005 está elaborado con Mecía, Brancellao y Garnacha Tintorera. Cada variedad y cada parcela se elaboran por separado. Las uvas se despalillan intentando no aplastarlas. Se hace una prefermentación en frío y la fermentación es en parte en barricas abiertas de 500 litros y el resto en fudres de 4.500 litros y depósitos de hormigón.

Todavía es un vino joven, con taninos marcados y presencia de la madera, pero tiene una fruta tan espectacular que puede con todo. Magnífica acidez que le aporta frescura. Gana mucho con un jarreado previo. Su precio en tienda está sobre los 16 euros.

Hace pocos días David Robledo, sumiller del restaurante Sant Celoni, me recomendó un Lalama 2002 que estaba soberbio y es que estos vinos necesitan tiempo y pocas veces se lo damos.

De Méntrida: un syrah y una garnacha

Normalmente no suelo recomendar dos vinos de la misma bodega, aunque ya lo hice una vez con Viña Tondonia.

Pues hoy otra vez los vinos recomendados son de la misma bodega, de Jiménez Landi, de la que ya hablé este lunes. Vinos todavía no muy conocidos pero de profundo interés.

El primero de los vinos es Jiménez Landi Sotorrondero 2007. Es el único vino de la bodega que tiene una variedad foránea, en este caso Syrah, de cepas de 10 años, que con un 90% es el eje del vino. El resto es Garnacha, de cepas de entre 40 y 70 años.

Las uvas proceden de cepas de unos 9 años, situadas a una altitud de 600 metros. Tras una maceración prefermentativa en frío, la maceración duró 15 días, la maloláctica se hizo en barricas y la crianza que se hace en barricas de 300 y 500 litros, duró 8 meses.

Un vino goloso, concentrado pero para nada cansino, fácil de beber pero no aburrido, neto en boca, con mucha fruta y sin que la madera aburra. Su precio en tienda está sobre los 12 euros.

El segundo vino es Jiménez Landi Cantos del Diablo 2007. Elaborado sólo con Garnacha, procedente de una parcela de El Real de San Vicente, de suelo arenoso de origen granítico, situada a 710 metros de altitud y con cepas de 60 años.

Maceración prefermentativa en frío durante 7 días. Las uvas entran enteras, con el raspón, sin despalillar, la maceración duró 10 días, la maloláctica se hace también en barricas y la crianza, que duró 14 meses, se hizo en una barrica de roble francés.

La producción se limita a 200 botellas y su precio en tienda ronda los 44 euros. Con una producción tan pequeña no hay que insistir en lo difícil que es encontrarlo, pero el esfuerzo se verá recompensado con una de las mejores garnachas de nuestro país.

Elegante, fino, muy mineral, es una perfecta expresión de un terroir especial y una demostración de por donde deben ir los vinos de la zona si quieren como este aspirar a la grandeza.

Jiménez Landi, la esperanza de Méntrida

Ya hablé hace tiempo de Daniel Gómez Jiménez Landi a raíz de una magnífica conferencia que dio en Vejer de la Frontera. Hoy voy a hablar de su bodega.

Jiménez Landi es una pequeña bodega de corta vida, arranca en el 2004, situada en el pueblo de Méntrida, zona de gran historia pero poco presente.

Méntrida está en la provincia de Toledo, en el límite con las provincias de Madrid y Ávila, en un interesante triángulo vitícola. El clima viene marcado por inviernos largos y fríos, veranos calurosos y poca lluvia, en torno a los 350 mm/año.

La gran apuesta de la zona optó por renunciar a las variedades y estilo propio para apostar por uvas foráneas y estilo más internacional. Jiménez Landi no. Aunque sus primeros vinos iban en la línea más internacional en estos últimos años, sobre todo en la añada 2007, la apuesta está clara en favor de la Garnacha.

Tienen 27 hectáreas de viñedo, en numerosas parcelas, en propiedad, cultivadas de forma ecológica y están empezando a usar las prácticas biodinámicas. En la sierra de San Vicente, a una altitud que oscila entre los 750 y los 800 metros, tienen 7 pequeñas parcelas que suman un total de 8 hectáreas. Los suelos son silíceos de origen granítico y fueron plantadas en 1960 con Garnacha. Los grandes saltos térmicos entre el día y la noche permiten conseguir uvas que conservan el frescor y la elegancia.

El resto de viñedos están en el pueblo de Méntrida. La finca Pedromoro, de 9 hectáreas, se plantó en 1999 y La Dehesa es de reciente plantación.

La pasión de Daniel, que junto con su primo José Benavides, dirige la bodega, su profundo trabajo en el campo, su respeto a su terroir y su búsqueda de vinos auténticos, sin maquillajes convierten a Jiménez Landi en la auténtica esperanza para el resurgir de esta zona tan dormida pero de gran futuro.

De sus vinos hablaré otro día, merece la pena.

Un Verdejo de Segovia y un Garnacha de Toledo, cuando los Vinos de la Tierra se vuelven ganadores

Nuestro primer vino recomendado del año 2009 es un blanco de la zona de Rueda, aunque sale como Vino de la Tierra de Castilla y León, por razones que desconozco. Se trata de Ossian 2007, la apuesta personal de Javier Zaccagnini.

Zaccagnini fue director de la denominación de origen Ribera del Duero y fue, junto con Mariano García, el creador de Aalto, donde todavía tiene una participación destacada.

Cuando se encontró con Ismael Gonzalo y vio su viñedos prefiloxéricos de Nieva, situados a 900 metros de altitud y con algunas cepas de Verdejo de 150 años, decidió involucrarse a fondo en ese proyecto decido a hacer un vino de gran calidad y con capacidad de envejecimiento.

Como asesor técnico se buscó a Pierre Millemann, que asesora varias bodegas de Francia, sobre todo Borgoña, y Alemania. Dice Javier Zaccagnini que cuando Pierre vio las cepas se enamoró de ellas.

El trabajo en el campo es ecológico, la vendimia es tardía, en el caso del 2007 favorecida por los 16 días continuados de sol que se dieron en octubre. La elaboración es al estilo borgoñón, utilizando sólo levaduras autóctonas, haciendo la maloláctica y con fermentaciones en barricas muy lentas.

Un vino que busca perdurar en el tiempo, al que la falta todavía integrar la madera pero que puede hacerlo sin problemas. Hay que olvidarse de las frutas exóticas tan habituales en muchos vinos de Rueda, aquí hay estructura, seriedad y buena fruta. Su precio en tienda está sobre los 21 euros.

El segundo vino es de mi amigo y colaborador Flequi Berruti. Es el Ziries 2007, un Vino de la Tierra de Castilla.

Flequi, a quien nadie conoce por su nombre real, es una de las personas con más pasión por el vino que conozco. Si a esa pasión le sumas sus conocimientos y su innata generosidad pues sale una persona como él, con quien tengo el lujo de trabajar.

Flequi se junta con otros dos apasionados como son Sonia López y Javier Castro, y alguno más que ha ido dejando el proyecto harto de perder los pocos días de fiesta, y crean Bodegas Lobecasope.

Encuentran viñas al pie de los Montes de Toledo, en Cuerva, donde está la bodega, y en San Pablo de los Montes, con una altitud de 845 y 885 metros y suelos franco arenosos. Las cepas de más edad tienen 52 años y las más jóvenes 20. Tienen ahora 3,5 hectáreas de viñedo, pero están a apunto de comprar 2 hectáreas más. La agricultura es biodinámica

Ziries 2007 tiene como base la Garnacha, con un 90%, siendo el resto Tempranillo y Cariñena. Tras estar 6 meses en depósitos de acero inoxidable ha tenido una crianza de otros 6 meses en barricas de 300 litros de roble francés.

Los Ziríes fueron una dinastía bereber, originaria de Argelia. Una rama se trasladó a Al-Andalus y en el año 1013 fundaron la taifa de Granada. Amantes del arte, la arquitectura y el buen vivir consiguieron identificar su nombre con el arte y las construcciones civiles de su época. En palabras de Flequi

El nombre del vino quiere rendir homenaje a las grandes aportaciones que el pueblo musulmán hizo a la agricultura de de la península

Como es difícil que no me influya la amistad a la hora de describir el vino voy a dejar que sea Manuel Camblor el que lo haga. Él lo probó en una cata en Estados Unidos y describe así su experiencia

El vino era el Ziries, Vino de la Tierra de Toledo 2007 y automáticamente vulneraba mi regla de los alcoholes, pues cargaba 14.8%. Pero la cosa es que la carga, a decir verdad, ni se le notaba. Nariz bastante reductiva, como es de esperarse de un vino muy recientemente embotellado. Pero detrás de esa reducción aparecen notas de violetas y tomillo sobre cereza y frambuesa negra. Suculento en boca, limpio, con excelente enfoque. Obviamente, está un tanto achocado por el embotellado y el cruce del charco, pero promete. Quisiera reencontrármelo en seis meses. Lo más curioso es que, a pesar de la alta graduación, no se siente calor ni excesiva untuosidad. Por el contrario, hay frescura. Me deja rascándome la cabeza

Más tarde en un comentario vuelve a hablar del vino

En cuanto al vino de Fleki, la verdad es que no se le notaba la cantidad de alcohol que llevaba. Había buena estructura y fruta muy expresiva. Fue una excepción a mi propia regla, que debe haberlas de vez en cuando. Es un vino al que daré más oportunidades si se me pone delante

Su precio en tienda está sobre los 11 euros.

Vinos de Pago: ¿realidad o sueño?

Una de las novedades de la nueva Ley de la Viña y el Vino es la creación de una categoría superior, la máxima que puede alcanzar el vino, los Vinos de Pago.

La ley define el pago como

el paraje o sitio rural con características edáficas y de microclima propias que lo diferencian y distinguen de otros de su entorno, conocido con un nombre vinculado de forma tradicional y notoria al cultivo de los viñedos de los que se obtienen vinos con rasgos y cualidades singulares… Se entiende que existe vinculación notoria con el cultivo de los viñedos, cuando el nombre del pago venga siendo utilizada de forma habitual en el mercado para identificar los vinos obtenidos en aquél durante un período mínimo de cinco años

Tras esta farragosa, aburrida y poco concreta prosa se esconde una buena idea. El que las mejores fincas de España puedan tener una categoría especial, propia y única. En la línea que llevada al extremo nos acerca a Borgoña.

Pero la realidad es bastante diferente.

Sólo hay que mirar el último vino, cuando menos que yo sepa, que se ha podido acoger a esta categoría de vinos de Pago. Se trata de Señorío de Arínzano.

Con todos mis respetos al trabajo de la familia Chivite me parece totalmente increíble que se considere Vino de Pago a un vino que todavía no ha salido al mercado. Una finca, preciosa por cierto, comprado por los Chivite hace 20 años, que se replantó totalmente con Tempranillo, Cabernet Sauvignon, Merlot y Chardonnay. Nada de Garnacha la cepa histórica en Navarra.

No discuto la calidad del vino, que está en la línea de los Chivite Colección 125, vinos bien hechos pero en los que se destaca mucho más el trabajo de elaboración que el lugar de donde proceden las uvas. Y se supone que ese debe ser el concepto de Vino de Pago, el terroir por encima de todo lo demás.

No es Señorío de Arínzano el único caso, más bien todo lo contrario. ¿Cuáles son los rasgos y cualidades singulares que diferencian a Finca Elez, Pago del Guijoso o Dehesa del Carrizal de cualquier otro vino manchego?.

Desde luego no es mi idea de un vino de pago.

Las fotos están sacadas de las páginas web de Señorío de Arínzano, la de arriba, y del Pago del Guijoso.

Un blanco criado de Rueda y un goloso vino de La Mancha

Nuestro primer vino de hoy es un blanco de Rueda, Belondrade y Lurton 2006.

Didier Belondrade se enamoró de España hace muchos años y su sueño fue tener un motivo para quedarse a vivir aquí. Lo encontró en Rueda. Era el año 1994 cuando apareció en el mercado por primera vez Belondrade y Lurton.

Un vino por entonces novedoso, que se alejaba del perfil clásico de los vinos de Rueda. No buscaba la fruta inmediata y fácil, sino que utilizó las viejas técnicas de Burdeos para conseguir un vino con capacidad de envejecer durante bastantes años. Empezó con 10.000 botellas y ahora está sobre las 95.000.

De la mano del arquitecto francés Vicent Dufos construyó una bodega también atípica en la zona, pues no buscaba llamar la atención sino pasar desapercibida e integrarse en el paisaje.

Tiene 25 hectáreas de viñedo propias y controla otro tanto de viticultores de la zona. Belondrade y Lurton 2006 fermenta y envejece en barricas de roble, con clara mayoría de roble francés, durante 10 meses.

Que nadie espere encontrar un verdejo de los de libro, todo lo contrario, encontrará un vino más complejo, todavía marcado por la madera, pero con gran futuro por delante. Sirve para acompañar pescados con salsas, carnes blancas y caza de pluma.

Su precio en tienda está sobre los 21 euros.

El segundo vino es de Alejandro Fernández y no es, como parecería seguro, de la Ribera del Duero sino de La Mancha.

Cuenta Alejandro que en todos sus viajes cada vez que pasaba por los viñedos de La Manca sentía sana envidia de las uvas manchegas, que siempre crecían ajenas a las lluvias y a las heladas de su Ribera del Duero.

Hasta que un día decidió invertir allí. Se instaló en Campo de Criptana, entre molinos de viento y muy cerca de la estación montó su bodega. Así nació El Vínculo, cuyo nombre es un homenaje a la bodeguita que tenía su padre en Pesquera de Duero. Una unión entre dos zonas, a través de un hombre que ha hecho del Tempranillo su pasión.

Paraje La Golosa Gran Reserva 2002 nace de un viñedo de más de 60 años, situado en el pago del mismo nombre. Ha tenido una crianza en roble francés de 24 meses. Pocos nombres encajan tan bien en un vino como este. Goloso a más no poder, incita a seguir bebiendo.

Su precio ronda los 27 euros.

De La Manchuela y el Douro: dos grandes vinos a pequeños precios

El primer vino que recomendamos esta semana procede de La Manchuela, una zona en la que parece que empiezan a hacerse cosas interesantes.

Se trata de Clos Lojen 2005, un vino de Bodegas y Viñedos Ponce.

La familia Ponce lleva varias generaciones trabajando el viñedo de la forma más tradicional.

Pero su salto de calidad se da cuando se incorpora el joven José Antonio, que añade su técnica enológica y su pasión biodinámica.

Tienen 22 hectáreas de viñedo, dominando claramente la Bobal, con edades que van de los 30 a los 70 años. Todos los viñedos se cultivan en vaso y se reparten en pequeñas parcelas en el pueblo de Iniesta, en Cuenca.

La vendimia se hace únicamente por la mañana, para evitar que el calor perjudique la entrada de las uvas. Cuando las uvas llegan a la bodega se introducen en una cámara frigorífica para bajar su temperatura hasta unos 10ºC.

Clos Lojen procede de 4 parcelas, de suelo arcillo calcáreo y con una edad media de 30 años. La única variedad es Bobal. El rendimiento es de unos 2.000 kilos por hectárea. Las fermentaciones, tanto alcohólica como maloláctica, se hacen en acero inoxidable.

Su producción es pequeña, sobre las 13.000 botellas y su precio más pequeño aún, pues ronda los 6 euros.

Un vino fresco, para la zona de la que proviene, con las notas de rusticidad típicas de la Bobal y una autenticidad difícil de encontrar y mucho menos a este precio.

Una bodega a la que habrá que seguir pues sus inicios son muy prometedores.

Hablábamos el otro día de Quinta do Crasto, una de las fincas más bonitas del Douro portugués. Hoy vamos a recomendar Crasto 2006, su vino más joven y asequible.

Crasto se elabora con cepas de 20 años, procedentes de viñas plantadas en patamares, de orientación sur y este y suelos de pizarra.

Las variedades son Tinta Roriz, el nombre con que se conoce en Portugal a nuestra Tempranillo, Tinta Barroca, Touriga Franca y Touriga Nacional.

Los patamares es una forma de plantación que respeta la histórica forma de los bancales, que parecen peldaños de una inmensa escalinata, pero dejando espacios más amplios que permiten cultivar varias filas de cepas, en lugar de una sola como en los viejos bancales. Los muros de piedra se sustituyen por terraplenes y las labores agrícolas se pueden hacer en pequeños tractores.

La primera vez que se utilizó está técnica de plantación fue en 1973 en la Quinta de Vargellas, del grupo Taylor’s.

Crasto 2006 es la demostración palpable de que en el Douro se pueden hacer grandes vinos a precios muy ajustados, pues se puede comprar a menos de 10 euros.

Un vino complejo en nariz, con los notas de frutos silvestres tan característicos de esta zona, sobre un fondo mineral que suele aportar la pizarra. En boca es profundo, con buena estructura, pero sin excesos. Sus taninos redondos y la persistencia de su fruta le hacen un vino fácil de beber, atractivo y buen acompañante de comidas sencillas.