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Puede que en el vino no esté la verdad, si es que sólo existe una,pero lo que es seguro es que está el placer y juntos vamos a encontrarlo

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Château Villa Bel-Air 2004, un gran Burdeos a precio contenido

Hay amigos que me dicen que como me encantan los vinos de Borgoña me olvido de los de Burdeos. Y puede que tengan razón. Pero Burdeos fue mi primer amor vinícola. Todavía recuerdo cuando Maribé y yo hicimos nuestro primer viaje a la zona. La sensación de emoción que nos embriagaba al ver los míticos châteaux, con los que tantas veces habíamos soñado y que estaba ahora delante de nosotros.

En aquella época los españoles todavía viajábamos pocos a la zona y en algunos de nuestros restaurantes favoritos éramos conocidos como les amis espagnols.

Son muchos los vinos de Burdeos que me gustan. Todos los grandes nombres y algunos mucho menos conocidos. Hoy voy a recomendar uno de estos últimos.

Es el Château Villa Bel-Air Tinto 2004. Un tinto de Graves realmente atractivo. Graves debe su nombre al tipo de suelo, las míticas graves garonenses. Comienza en la parte norte en el arroyo de Blanquefort y termina poco después de Langon. Bordea el río Garona y al oeste tiene el bosque de pinos de Las Landas, que le sirve de frontera y protección. Es una banda de 50 km. de larga y entre 15 y 20 de ancha. Las gravas reposan sobre un subsuelo de arcilla, arena, capas ferruginosas, caliza y margas. Que yo recuerde ahora mismo es el único sitio que lleva el nombre de su suelo, aunque puede que haya más.

Château Villa Bel-Air está situado en Saint-Morillon, en el corazón del viñedo de Graves. Es una preciosa propiedad de unas 50 hectáreas juntas. En el siglo XVIII, un consejero del Parlamento de Burdeos, el Marqués de Lajarte, construyó una cartuja, hoy declarada Monumento Histórico. Los jardines, las fuentes y el viñedo le dan un toque de villa clásica romántica y acogedora.

Pero desde el punto de vista vinícola la propiedad estuvo durante años abandonada, hasta que, en 1988, la compra Jean-Michel Cazes, uno de los nombres de oro de Burdeos, propietario entre otras cosas del Château Lynch Bages en Pauillac y de los restaurantes Cordeillan Bages y Le Chapon Fin, posiblemente los dos mejores de toda la zona de Burdeos.

Jean-Michel Cazes renueva totalmente el viñedo y las instalaciones y partiendo de cero aprovecha el peculiar terroir para conseguir un gran vino.

La finca tiene un especial microclima al estar rodeada de un bonito bosque de pinos y al estar muy cerca del río Garona. Situada en una ligera colina, los suelos son de gravas y en el subsuelo hay arcilla calcárea y algo de hierro.

Las cepas tienen una edad de 20 años. Hay un 40% de Cabernet Sauvignon, plantado sobre las gravas más cálidas buscando una buena maduración, un 10% de Cabernet Franc y un 50% de Merlot, que está plantado en las laderas más frescas.

La maceración dura unos 20 días y la crianza en barricas de roble francés nuevo se prolonga durante 12 meses. Detrás del vino está Daniel Llose, asesor de todos los vinos de Jean-Michel Cazes y uno de los enólogos más interesantes de Burdeos. Un hombre siempre respetuoso con el terroir, que nunca ha buscado vinos poderosos y modernos sino que se ha mantenido fiel a un estilo clásico, a pesar de que en los años más duros, cuando la modernidad se imponía, recibiese por ello tantas críticas como elogios recibe ahora. Daniel es una persona sensata, amable y sencilla y sus vinos son como él.

Château Villa Bel-Air 2004 es un vino que refleja la idea que yo tengo de Graves, un vino sencillo a la vez que complejo, sin exceso de cuerpo o de madera, sin tonos tostados, auténtico, fino, largo, con buena acidez, con fruta no confitada sino fresca, con taninos integrados y nada agresivos. Un vino que podría beber a todas las horas.

Su precio en tienda está sobre los 17 euros. Una gran forma de acercarse a Burdeos. Está en un momento muy bueno para beberse, lo que no quiere decir que no mejore algunos años.

El granizo ataca los viñedos de Burdeos

Todo empezó el lunes día 12. Los fuertes vientos de hasta casi 150 kilómetros por hora se transformaron en granizo que destrozó el sur del Médoc y la parte norte de Graves.

Sólo en Margaux se vieron afectadas unas 1.500 hectáreas de viñedo.

En palabras de Gonzague Lurton, presidente de la AOC Margaux

Estamos en las primeras hojas. Las mannes (uvas antes del envero) ya han salido. Es una etapa particularmente sensible

En la parte norte del Médoc los daños han sido más aislados. Algunos viñedos se han visto afectados pero sus vecinos están intactos.

Pero lo peor aún estaba por llegar. Fue la noche del martes 12 al miércoles 13. La lluvia apareció de forma torrencial a eso de las 3 de la mañana, pero media hora más tarde se convirtió otra vez en granizo.

Hay partes de Graves que se vieron otra vez afectadas. Y el granizo se extendió primero a Entre-Deux-Mars, después a Côtes de Castillon, Côtes de Bordeaux y Saint-Emilion.

En Graves entre un día y otro se vieron afectadas unas 1.200 hectáreas. En Saint-Emilion de forma más o menos intensa se vieron afectadas hasta 5.500 hectáreas. En algunos casos las pérdidas fueron del 100%.

La zona de Entre-Deux-Mars fue de las más afectadas. Puede que desde el punto de vista vinícola no sea la de más calidad, pero para sus viticultores las pérdidas son enormes. Casi nadie tiene un seguro. Un viticultor lo explicaba en la televisión

Mi padre siempre lo tuvo pero ahora tal como andan los precios no es rentable asegurar la cosecha

Ahora toca evaluar los daños, trabajar mucho en el viñedo para disminuir los efectos y preparar las cepas para que si este año no dan nada cuando menos no se pierda también la cosecha 2010.

Los vinos de Saint-Emilion

El otro día hablábamos de la belleza de Saint-Emilion, hoy vamos a centrarnos más en sus vinos.

Decíamos que no participaron en la clasificación de 1855 y hay que esperar hasta 1958 para establecer una primera clasificación. Para hacerla se tiene en cuenta la opinión de una comisión de expertos independientes y esta clasificación se revisa cada 10 años.

Se dividen los vinos en las siguientes categorías empezando por la más sencilla.

Saint-Emilion

Saint-Emilion Grand Cru

Saint-Emilion Grand Cru Classé

Saint-Emilion Grand Cru Classé B

Saint-Emilion Grand Cru Classé A

La última clasificación es del año 2006 y, aunque inicialmente fue anulada por un juez, sigue vigente.

El porcentaje de producción de las diferentes A.O.C. es el siguiente:

A.O.C. Saint-Emilion: 52%

A.O.C. Saint-Emilion Grand Cru: 32,3%

A.O.C. Saint-Emilion Grand Cru Classé: 12,5%

A.O.C. Saint-Emilion Premier Grand Cru Classé: 3,2%

Utilizo como fuente un libro de Bernard Ginestet y Jacques Legrand titulado Saint-Emilion. Le Grand Bernard des Vins de France.

En total son 5.481 hectáreas de viñedo, de las que 3.630 son de Saint-Emilion Grand Cru. Los siguientes datos sobre el número de hectáreas que tiene cada propiedad nos muestra la enorme diversidad de propietarios del viñedo de Saint-Emilion.

Con entre 0 y 5 hectáreas hay 443 viticultores que representan el 52,80% del total

Con entre 5 y 10 hectáreas hay 225, un 26,82%.

Con entre 10 y 15 hectáreas hay 102 viticultores, el 12,16%.

Con entre 15 y 20 hectáreas hay 28 propietarios, un 3,33%.

Con entre 20 y 40 hectáreas hay 38 propietarios, el 4,32%.

Con entre 40 y 50 hectáreas sólo hay 2 propietarios, un 0,20%, y con más de 50 sólo hay 1 propietario, el 0,10%.

En total, según los datos de 1998, son 839 propietarios.

En Saint-Emilion podemos distinguir 5 tipos de suelos.

Suelos calizos en los que la profundidad de arraigo no sobrepasa algunas decenas de centímetros y las cantidades de elementos asimilables y de agua se encuentran a disposición de los racimos sin límite.

Es el caso, por ejemplo, de Château Ausone y Château Canon.

Suelos de cimas redondeadas formadas por los aluviones guijarro-arenosos cuaternarios, en los que la viña puede extender sus raíces más profundamente. Château Figeac y Château Cheval Blanc son los más representativos.

Suelos arenosos del mismo origen geológico, pero sin grava ni guijarros, en los que la extensión de las raíces está limitada por una capa bastante superficial.

Suelos arcillo-arenosos, algo menos calcáreos. En esta zona se encuentran una parte importante de los châteaux más significativos.

Suelos de textura arcillosa, con una importante proporción de partículas inferiores a 2 micrómetros.

La variedad mayoritaria es Merlot, con un 60% del total. Después viene Cabernet Franc, con un 30% y Cabernet Sauvignon, el 10%.

La lucha contra la filoxera en el Médoc (I)

La filoxera, causada por un insecto originario de Estados Unidos llega a Francia, en concreto a la zona de Languedoc, a través de unos viticultores que importaron cepas americanas entre 1832 y 1840. De forma paulatina comienza a arrasar las viñas, primero en Francia, después en toda Europa y finalmente se extiende por todo el mundo, salvo casos especiales como Chile.

La filoxera aparece en la Gironda por primera vez en 1869, en la orilla derecha del río Garonne. Al igual que sucede en otras zonas la polimorfosis del insecto condiciona su difusión, que es bastante desconcertante.

En 1870 las viñas de la orilla derecha, entre ellas las de Saint-Emilion, son atacadas. El año siguiente es la zona de Bourg donde se ven los efectos del insecto. En 1877 aparece en Blanquefort, un pueblo no demasiado importante desde el punto de vista vinícola pero que es la puerta de entrada al Médoc. En el verano de 1879 después de atacar los viñedos de Château Margaux y la zona de Margaux y Cantenac, llega al norte de Pauillac y a Saint-Estèphe. A principios de 1880 ya está en todos los viñedos de Burdeos.

Aunque se recurre también a las procesiones, sobre todo en Pauillac, las informaciones de la Comisión para la lucha contra la filoxera sirven de base para saber las medidas a tomar. Esta Comisión estuvo inicialmente presidida por el académico Dumas, pero en 1855, Louis Pasteur, miembro de la Comisión desde su fundación, pasó a presidirla.

La ventaja que tuvo Burdeos, sobre todo el Médoc, fue que la filoxera llegó tarde a la zona y ya se habían estudiado por parte de la Comisión algunos tratamientos a seguir. Desde 1879 varios châteaux, sobre todo Latour y Mouton, habían enviado representantes a las reuniones de la Comisión que se celebraban en Marsella y de esa forma recibían de primera mano toda la información sobre el insecto y la forma de combatirlo.

La Comisión aconseja dos sistemas de lucha, que habían sido probados con éxito en el Midi francés.

El primero de ellos consistía en injertar profundamente, en el pie mismo de la cepa, un insecticida poderoso, el sulfuro de carbono, diluido en agua. Para utilizar este sistema hace falta una mano de obra muy numerosa. Château Mouton empieza a utilizarlo a finales de 1879, Latour lo hace pocos meses más tarde.

Este tratamiento debía ser renovado cada año y se tenía que completar con un importante abonado si se quería salvar la viña. Esta técnica no llega satisfacer del todo a los propietarios de los grandes châteaux. El insecto no era destruido totalmente, la utilización del insecticida era peligrosa para la cepa y en los suelos empapados sus vapores podían ocasionar la muerte de la planta. Además, el fuerte abonado suponía un riesgo para viñedos que buscaban únicamente la calidad final del vino.

El fracaso del primer sistema no les deprimió y la lucha contra la filoxera continuó, pero eso lo contaré mañana.

Un blanco bordelés y un tinto de Garnacha de Cebreros: dos joyas capaces de envejecer

Graves es la zona donde se elaboran los vinos secos de más personalidad de Burdeos y dentro de Graves en Pessac-Léognan. La zona recibe el nombre por las numerosas piedras de gravas que recubren sus suelos. De aquí proviene el primer vino que esta semana recomendamos.

Clos Floridène 2006 es un vino del enólogo Denis Dubourdieu, conocido como el papa de los vinos blancos bordeleses. Cuenta con 17,5 hectáreas, de las que 13,60 son de variedades blancas.

Los suelos son similares a los de la cercana Barsac, con una fina capa de arena arcillosa, rica en óxido, que se conoce en la zona como las arenas rojas de Barsac. El clima sin embargo es más frío, debido a la llegada de aire frío de los bosques de Las Landas, lo que hace que el ciclo vegetativo sea más largo.

Clos Floridène 2006 tiene un 55% de Sémillon, 44% de Sauvignon y 1% de Muscadelle. La crianza ha durado 11 meses en barricas de roble, con un 30% nuevo.

Interesante nariz de frutas blancas sobre un fondo mineral, que la madera no tapa. Vigoroso en boca pero no cansino. Un vino que refleja muy bien el espíritu y la capacidad de guarda de los blancos bordeleses y a un precio no exagerado, sobre los 25 euros. Merece la pena abrirlo antes y decantarlo.

El otro vino recomendado es Pegaso Barrancos de Pizarra 2002, un tinto de Cebreros, en Ávila. Situado a la sombra de la sierra de La Paramera, Cebreros es un viñedo histórico, hoy ya prácticamente olvidado y abandonado, que, sin embargo, desde el punto de vista vitivinícola tiene un gran valor. Los vasos de Garnacha, podados como en el siglo XIX, abren sus brazos para apenas dejar paso a los caballos que labran con dificultad los increíbles barrancos de pura pizarra.

El viñedo de la ladera de Cebreros tiene un microclima, marcado por el peculiar viento, que suaviza el duro clima avileño, loo que favorece un retraso en la maduración.

La ladera de Arrebatacapas que representa el mejor enclave de este municipio, se caracteriza por la elevada altitud de sus viñedos, su perfil escarpado y la intensidad de su pizarra parda. Viejas cepas podadas en vaso de forma excepcional, demuestran que jamás este viñedo ha perdido el hilo de una viticultura ancestral que produce una Garnacha realmente única.

Pegaso Barrancos de Pizarra 2002, elaborado por Viñas Viejas de Cebreros, es un proyecto conjunto de Telmo Rodríguez y Carlos Saínz, el corredor de rallys. Se parte de 8 hectáreas de viñedo, con diferentes altitudes y orientaciones, todas ellas en profundas laderas. La viña más alta está a 1.010 metros.

Los rendimientos son bajos y no superan en ningún caso los 1.000 Kilos por hectárea. Ha tenido una crianza de 14 meses en barricas de roble francés de 500 litros.

Una Garnacha auténtica, mineral, profunda y con muy buena capacidad de envejecer. Aunque en la actualidad se comercializa la añada 2005 hemos escogido la 2002, de la que todavía se pueden encontrar botellas en tiendas especializadas, porque el vino está más abierto y expresivo.

Un lujo de vino que se pude encontrar a menos de 30 euros. Su precio y sus características hacen que no sea un vino para todos los días, pero merece la pena probarlo.

Manuel Quintano, un riojano que quiso adelantarse a su tiempo

Un personaje clave en la historia de nuestros vinos y bastante desconocido es Manuel Quintano y Quintano. Beneficiado de Labastida y Canónigo de la catedral de Burgos desde 1782. Nace en Labastida en 1756 y es el pionero en introducir en España las técnicas de elaboración bordelesa.

Por esos años la situación en La Rioja era confusa. Se elaboraban vinos de tipo clarete que se vendía bien en las tabernas del País Vasco y en Santander. Pero los años en que había una cosecha de gran cantidad, dado que los vinos no podían guardarse tiempo ni transportarse lejos, el vino se acumulaba y había que tirarlo o venderlo muy barato.

Manuel Quintano conocía el éxito de los vinos de Burdeos, que se vendían en Inglaterra a precios muy elevados. En 1787 viaja a Burdeos, visita los grandes châteaux como Lafite, Margaux, Haut Brion o Latour y aprende su sistema de elaboración. Se da cuenta de que los vinos de Burdeos se pueden conservar largo tiempo y no es sólo por razones climáticas o de suelo, sino por el sistema de elaboración. Uvas bien maduras, despalillado, tinas de fermentación limpias gracias al azufrado, barricas pequeñas, de 225 litros, numerosos trasiegos, clarificación con claras de huevo…

Técnicas que, por entonces, no se usaban en España y que él contó en su libro “El método de hacer vino en Burdeos”.

Al volver del viaje junto con sus hermanos decide aplicar esas técnicas. Los resultados son muy alentadores y consigue permiso para vender sus vinos en América.

Pero aunque el sistema se ve que funciona nadie les sigue pues aplicarlo requiere material costoso y mano de obra abundante. Sus vecinos prefieren ponerle trampas e impedirle seguir adelante antes que imitarle.

En 1801 presentan una ordenanza que tiene entre sus artículos uno que regula la venta del vino por sorteo.

Han de ser obligados los vecinos cosecheros de dicho vino a darlo y venderlo según les tocare el turno de su suerte.

El precio del vino se establece según el precio decidido en las villas de San Vicente y Briñas. El objetivo es obligar a vender pronto sin poder esperar la subida de los precios. Se igualan todos los vinos, sin tener en cuenta que los elaborados mediante el sistema bordelés son mucho más costosos.

Manuel Quintano protesta y dos años más tarde consiguen que le den la razón. Se exime de este sorteo a los vinos tipo Burdeos

Por deberse conceptuar de superior calidad mediante el mayor coste y el mayor valor

Pero sus vecinos siguen la guerra implacable contra los Quintano, hasta que el Consejo de Castilla en 1804 vuelve a darle la razón a la familia Quintano

Por más esfuerzos que ha hecho la villa y los vecinos de La Bastida, no ha podido justificar su pretensión ni debilitar la fuerza de las razones expuestas por D. Manuel Quintano… La oposición que hace la Villa es efecto más de las rivalidades que por desgracia son comunes en los pueblos y de aquel apego a seguir con indolencia los pasos de los antepasados

A pesar de la dureza de la resolución los vecinos no se detienen y en 1806 consiguen que se vuelvan a aplicar en su totalidad las ordenanzas de 1801.

Poco después empieza la guerra con de la independencia y en 1818 muere en Llodio Manuel Quintano sin tener tiempo para hacer otro viaje a Burdeos, tal como deseaba desde hace años.

Tras su muerte las técnicas bordelesas se olvidan y hay que esperar muchos años, en la segunda parte del siglo XIX, para que vuelvan a Rioja. El vino español acababa de perder medio siglo.

Los cocineros y el vino

En El País Semanal del pasado domingo día 27 hay un curioso reportaje sobre los grandes cocineros y su última cena. Escrito, muy bien como siempre, por Manuel Vicent, se pregunta a varios destacados cocineros qué les gustaría comer en su último día de vida, con quién y quién sería su cocinero.

El texto se puede leer íntegramente aquí, por lo que yo voy a centrarme en el tema del vino.

No a todos se les pregunta con qué vino disfrutarían esa última cena, pero las respuestas de los que reciben la pregunta son tan sorprendentes como decepcionantes.

Ferrán Adriá sale con una elección tan políticamente correcta como poco comprometida.

Cualquier espumoso, tanto cava como champán.

Al margen de la forma de escribirlo de El País, la respuesta no deja de sorprender. ¿Le parecen similares a Ferrán el cava y el champagne? Pienso que no, pero, a veces, defender los productos de la tierra obliga a alguna mentira.

Mario Batali se tomaría un Fiano di Avelino bien frío, un vino correcto pero no deslumbrante.

Lidia Bastianich elegiría los vinos que llevan su nombre, tomando con un jamón de San Daniele con higos negros un rosado. ¿No se le ocurre nada mejor para acompañar al jamón que un ligero rosado?

Daniel Boulud, del neoyorquino Daniel, es de los pocos que dedica tiempo a escoger vino y añada. Un Montrachet de Comtes de Lafon 1986, un La Tâche 1959 y un Château d’Yquem 1921. Tres grandes vinos de muy buenas añadas.

Suzanne Goin, de Los Ángeles, se queda con un Billecart Salmon Rose y después sigue con más rosado y acaba con un tinto de Cabernet. ¿No es demasiada afición a los rosados? ¿Le interesa más el color que el sabor?

Thomas Keller escoge un Champagne Salon 1983 y después apuesta por uno de los vinos más personales de su tierra, un Zinfandel Ridge Lytton Springs. Para acabar de sobremesa con un Macallan 25 años.

También al whisky le da el japonés, afincado en Nueva York, Masa Takayama, en este caso un Bowmore. El londinense Fergus Herdenson no se moja y se queda con un buen Burdeos.

Lydian Shire, del bostoniano Locke-Ober, escoge un Chambolle-Musigny de Comte Georges de Vogüé, que es buena elección, aunque yo para una última cena gastaría un poco más y me llevaría el Musigny Grand Cru. Y, para mi sorpresa, escoge también un Chambertin de esa misma bodega. Lo que no sería mala idea, si no fuese porque no existe.

Gordon Ramsay acompañaría un rosbif con salsa de vino tinto con un Bâtard-Montrachet, una idea que puede parecer arriesgada, pero, que sin haber probado su rosbif, me atrevo a decir que genial.

A los otros españoles Juan Mari y Elena Arzak no se les pregunta por el vino y nos quedamos con las ganas de saber su apuesta.

Como se ve la mayor parte de los cocineros no pone el más mínimo cuidado a la hora de eswcoger el vino, creo que ni les gusta ni les interesa.

Triunfa Borgoña en los pocos que saben escoger, está también Champagne y no hay nii un sólo vino de Jerez o de Oporto.

¿Este desienterés es la razón de que a la hora de cocinar jamás piensen si el vino va bien o mal con los platos que elaboran?

Algo se mueve en Burdeos

El otro día hablábamos de Jean-Claude Berrouet debido a la magnífica entrevista que le hacía Vinum.

Ahora se retira como director técnico de las bodegas de Jean-Pierre Moueix y abandona sus funciones en la dirección de Petrus. Esta vendimia 2008 ya se hará cargo de la elaboración Olivier Berrouet, que a sus 30 años lleva ya 3 como responsable de calidad de Château Cheval Blanc, Premier Grand Cru Classé A de Saint-Emilion. Olivier es hijo de Jean-Claude por lo que todo queda en familia.

Hablando de Petrus, Roland Guérin acaba de conseguir que su vino, un Bordeaux Supérieur, se llame Petrus Gaïa, después de una larga y dura batalla legal con la familia Moueix.

Nace La Passion Haut-Brion. La familia Alary acaba de recuperar 2 hectáreas de viñedo que tenía arrendadas a Château Haut-Brion desde hace más de 20 años. La primera añada será la de 2008 y la vinificará Stéphane Derenoncourt, asesor, entre otros, de Alonso del Yerro en la Ribera del Duero. Nadie sabe como saldrá pero la expectativa está muy alta.

Hubert de Boüard, copropietario de Château Angélus en Saint-Emilion y propietario de La Fleur de Boüard en Lalande de Pomerol acaba de comprar la mitad de Château Bellevue, Saint-Emilion Grand Cru de 6,2 hectáreas de viñedo. En la compra ha participado también su primo y socio en Angélus.

Por su parte, Clos Fourtet, durante muchos años propiedad de la familia Lurton y que en 2001 fue comprado por Philippe Cuvelier, acaba de adquirir Châteaux Poujeaux, cru de 57 hectáreas de viñedo en Moulis en Médoc.

El otro día leía en primera página de Mercados del Vino un titular de primera página que me dejó helado. La China Longhai compra Château Latour. Mon dieu¡ me dije asustado, pero cuando leía la noticia resultó no ser tan impactante. Compran Latour, pero el Château Latour-Laguens, una bodega de la AOC Bordeaux, con 30 hectáreas de viñedo. Situado en Entre-deux-Mers, a unos 50 kilómetros de Burdeos, se dice que el precio pagado es de 1,7 millones de euros, un precio en principio muy alto. El grupo comprador Longhai es importador de vinos en China y parece que va a abrir un complejo de 2.700 metros cuadrados dedicados al vino en Qingdao, su ciudad de origen.

Fraude en vinos de Burdeos

La justicia belga está recogiendo nuevos datos sobre el presunto fraude en la venta de vinos de Burdeos.

El escándalo empieza cuando un antiguo trabajador del grupo de empresas Geens Benelux denuncia que esta empresa comercializa como vinos de Burdeos algunos que no lo son.

Roger Geens, propietario del grupo, tiene en Burdeos cerca de 1.000 hectáreas de viñedo, situadas en diferentes AOC. Teóricamente los excedentes de producción y la cantidad legal obligatoria deberían ir a las destilerías para ser transformado en alcohol.

Pero en la realidad estos vinos se mandarían a Bélgica, donde serían preparados para ser vendidos como falsos châteaux en los supermercados y grandes superficies de Bélgica y Francia.

Como acusados en prisión preventiva están Willy Frederickx, director de Geens Benelux, su predecesor, un antiguo director y el responsable del laboratorio. Roger Geens, de 72 años y desde hace varios residente en Mónaco, sufrió un accidente cerebral en diciembre de 2006 lo que hace imposible su presencia en los juzgados.

La justicia belga ha puesto al grupo, fundado en 1937 y que cuenta con 500 trabajadores, bajo la administración judicial, nombrando dos administradores, uno de ellos el senador Freddy Van Gaever.

Este proceso se une a otro que se instruye en Burdeos desde el año 2004 y que parecía bastante más estancado. Los dos jueces van a trabajar conjuntamente.

Es curioso que el principal responsable, Roger Geens, nunca haya acudido a declarar. En el caso de Bélgica por enfermedad y ante el juez de Burdeos porque nunca se presentó cuando fue citado, ni tampoco se le obligó a ir.

La Fedération des syndicats des grands vins de Bordeaux se presentó como acusación particular en febrero de 2007 tras recibir numerosas acusaciones por no hacerlo. También se ha presentado UFC Que Choisir, la primera asociación de consumidores franceses.

El más que presunto fraude lleva en marcha más de 20 años y se calcula que ha movido varios millones de botellas. Afecta a vinos menores de Burdeos sin que ninguno de los grandes vinos tenga la más mínima implicación.

Otro intento de fraude ha sido abortado por la policía francesa. Un particular de Burdeos tendría en su cava unas 5.000 botellas de vinos de bajo precio con el fin de cambiarles las etiquetas y venderlos como vinos de châteaux prestigiosos, fuera de todo control a unos 8 ó 10 euros la botella.

No son los primeros casos que se producen en Burdeos y quizás lo único positivo es que todos ellos han acabado saliendo en la prensa.

Diferencias entre Francia y España: La viña

En varias discusiones surgen las diferencias entre los vinos españoles y los franceses. Son tantas que las tendré que explicar en varios días. Pero la gran diferencia, la que marca todo, es la viña. En Francia todo parte de la viña, en España no.

En todos los viñedos franceses, desde Borgoña hasta Champagne, lo que determina la calidad de un vino es el pago, el cru. La calificación de los vinos puede variar según las zonas. Un Premier Grand Cru es lo máximo en Burdeos, un Grand Cru lo es en Borgoña o en Champagne. Pero lo que se valora es la calidad de la viña, el terroir.

Viene siendo así desde hace muchos años. La clasificación de los vinos de Médoc en Burdeos data de 1855. Ese mismo año Jules Lavalle establece por primera vez una clasificación de los distintos pagos de Borgoña, que divide en cuatro categorías: Tête de Cuvée, Première Cuvée, Deuxième Cuvée y Troisième Cuvée. Cinco años más tarde el Comité de Agricultura de Beaune hace oficial una clasificación basada en la suya.

Estas clasificaciones siguen vigentes en la actualidad sin prácticamente ningún cambio. Y eso ha garantizado durante años que las uvas con las que se elabora un vino proceden de ese pago.

La tentación de crecer, de vender más vino, es algo inherente a la mentalidad empresarial. Pero las bodegas no podían hacerlo, pues perdían su calificación original y eso era empresarialmente malo. Han estado obligadas a seguir elaborando sólo esa finca y han pasado de generación en generación el conocimiento total de esas cepas. Saben como responden ante las lluvias, ante la sequía, ante el calor o ante el frío. Tienen una referencia histórica de añadas con características similares y saben los errores que han cometido en cada caso.

En España lo que se legisla, posiblemente por la influencia histórica del Jerez, es el tiempo de crianza. Por eso los vinos son Crianza, Reserva o Gran Reserva. Un sistema difícil de explicar y difícil de entender, sobre todo fuera de nuestras fronteras.

Viña Ardanza, Viña Albina y todos los vinos históricos, los que empezaron a finales del siglo XIX, recibían esos nombres porque las uvas procedían de los viñas así llamadas. Pero como no era obligatorio legalmente que así fuese, eso se olvidó y hoy siguen con el nombre pero no con la filosofía y las uvas proceden de cualquier parte de Rioja. Ya no existe el factor terroir, sino el factor elaboración. Se impone el papel del hombre sobre el terroir.

No tenemos esa memoria histórica de la que antes hablaba. Podemos saber si un pago es mejor que otro, pero los hemos elaborado juntos durante años. En las bodegas privadas y en las cooperativas. Un padre no puede explicar a su hijo el comportamiento específico de una viña, la forma como hay que elaborarla para que de su mejor resultado, porque no lo sabe, no lo ha hecho nunca.

Hay excepciones pero son tan pocas que casi se pueden nombrar sin ocupar mucho espacio.

Una es Vega Sicilia que, aunque durante años ha comprado uvas de fuera de la finca, ahora se nutre sólo de los históricos viñedos. Pero la gran suerte que tuvo Vega Sicilia es que durante años a los dueños de la bodega el vino no les importaba mucho, pues su negocio era otro, y eso le permitió salir de la época de absurdo desarrollo vinícola sin tocar su filosofía.

Otro caso es Viña Tondonia, donde el respeto a la tradición es un lema que la familia López de Heredia no ha dejado de cumplir jamás. Muchos años considerados como raros por sus vecinos hoy se reconoce su estilo.