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Puede que en el vino no esté la verdad, si es que sólo existe una,pero lo que es seguro es que está el placer y juntos vamos a encontrarlo

Archivo de Noviembre, 2010

Pascal Delbeck: Ya no somos campesinos, nos hemos convertido en industriales

Tras la guerra que me han declarado algunos ahorradores vuelve la calma y vuelvo al vino. Agradezco el gran número de comentarios, aunque, lógicamente, muchos no los comparta, pero únicamente he borrado los que contenían insultos con palabras mayores o los que me amenazaban de muerte, que también los ha habido, porque de todo debe haber en esta revuelta viña que es la vida.

Volvamos al vino. Interesante entrevista a Pascal Delbeck en La Revue du Vin de France de septiembre de 2010. Ya se que es un poco tardía pero merece la pena.

Pascal Delbeck es un hombre curioso y apasionante. Nace en 1954 en Libourne y a los 22 años se convierte en el director más joven de un Cru Classé al hacerse cargo de Château Ausone y Château Belair. Helyett Dubois-Challon, propietaria de Belair, que heredó de su marido, y propietaria también de una parte de Ausone, se pone en sus manos y durante años tuvieron una magnífica relación, hasta tal punto que cuando muere en 2003 deja como único heredero a Pascal.

Pero la cantidad que tiene que pagar para hacerse cargo de la herencia es muy elevada, la finca necesita importantes mejoras y Pascal Delbeck no tiene dinero suficiente por lo que al final, y me imagino que con gran dolor, debe vender a Jean Pierre Moueix. En la actualidad es propietario de Château Tour du Pas Saint-Georges, en Saint-Georges Saint-Emilion. Asesora también desde sus orígenes a Abadía de Retuerta.

Yo conocí a Pascal Delbeck hace muchos años y tuve la suerte de cenar en su casa la última noche en que él dirigía Château Ausone, pues se había consumado la venta a  Alain Vauthier. Fue una noche triste para él pero demostró ser un magnífico anfitrión y probamos numerosos vinos incluido un celestial Château Ausone 1939. 

 

 

Le pregunta Sylvie Augereau: La crítica, a menudo ha puntuado mal su Chateau Belair, juzgado de demasiado delgado  y muy tradicional al lado de sus vecinos Ausone y sobre todo Pavie. ¿Qué opina usted?

 No hay que confundir delgado y elegante, con clase. Cuando los periodistas no juzguen los vinos catando 100 o 200 muestras por día, los vignerons dejarán de formatear sus vinos para que sobresalgan rápidamente del lote. En este tipo de catas, siempre sobresalen los grandes forzudos. El ideal femenino es rubio y anoréxico. El ideal del vino, es hoy en día un gran  montón negro. Yo comparo esto con una entrevista de trabajo. Si usted busca un guardaespaldas, sabrá rápidamente si el candidato le conviene fiándose de su masa muscular. Pero si busca una mano derecha, deberá pasar horas con cada candidato para estar seguro de que podrá depositar toda su confianza en él. El gran vino sería esa mano derecha, hay que pasar tiempo con él.

 La periodista le pregunta cuál es su definición de un gran vino y Pascal Delbeck lo tiene claro

 Discúlpeme, yo utilizo un vocabulario que ha desaparecido. La profundidad en boca. No se habla de ello en las catas. La complejidad. Lo hemos remplazado por el adjetivo concentrado. Pero no es en absoluto lo mismo. Podemos concentrar todo, incluso la mierda. La complejidad reside en los matices. Un gran vino es un vino que tiene la capacidad de madurar, de cambiar, de evolucionar con el tiempo. No es un bloque potente  e inmutable. Todo lo contrario un gran vino rima con equilibrio. Se es equilibrado cuando se tiene cuerpo y espíritu. Cuando el cuerpo comienza a estar usado, el espíritu subsiste. El gran vino es lo mismo. La fórmula de los corredores de maratón es apropiada en este caso: “los primeros kilómetros se corren con las piernas, los últimos con la cabeza”.

 Su opinión sobre la evolución de los vinos de Burdeos es también crítica, pero, en mi opinión, terriblemente acertada

 Hoy, Burdeos se fundamenta en un molde. No hay que olvidar que la enología moderna nació en Burdeos. Desde entonces, hemos creído que llegaríamos a resolver todos los problemas gracias a la tecnología. Hemos sido empujados por personas que sólo creen en ella, que no creen en el terroir. Con la ósmosis se puede hacer todo, incluso restaurar un vino picado. Con las resinas intercambiadoras de cation podemos controlar la acidez. Poseemos todas las técnicas para hacer lo que queramos. Concentramos, desconcentramos. Pero cuando se interviene demasiado se termina por alejarse del espíritu de las cosas. En estas condiciones, ¿para qué poner la añada en las etiquetas o la denominación de origen? Ya no sabemos realmente de dónde vienen los vinos. Ya no producimos vino, ni amor. Ya no somos campesinos, nos hemos convertido en industriales, fríos y calculadores. Y los industriales no hacen soñar a nadie.  El peligro es conseguir un producto tan reproducible que los empresarios puedan también fabricarlo.

 A la pregunta de qué es un gran Burdeos responde

No son los que nos ponen de ejemplo. Algunos nacen en los grandes terroirs, pero ya no se les parecen. El lazo ha sido cortado por la tecnología.  Se parecen a todos esos que quieren gustar a “Bobby” (Robert Parker). Solo algunos resistentes han sabido preservar sus valores, adaptarse sin traicionarlos, quedarse en la línea de la digestibilidad y de la raza. Sobre todo en el Médoc donde había personas de peso con sentido que han sabido guardar su personalidad.

Es su primer esbozo crítico a Robert Parker, “Bobby” como le llama Pascal. La periodista le pregunta si Parker crea la lluvia y el buen tiempo en Burdeos y Pascal Delbeck no se corta

Sí, sobre todo en Saint-Émilion. Es allí donde su opinión ha contaminado más. No lo conozco, probablemente sea un tipo simpático. Pero sobre todo es un tipo que tiene un gusto simple, muy simple. Todos los enólogos que tienen un poco de sentido y un poco de dinero han sabido explotar este gusto. Cuando “Bobby” le encuentra dice que es bueno. Y los vinos se venden. Coja los 2008, les costaba despegar. “Bobby” llegó, cató y dio su aprobación. ¡Se vendieron como panes!

Lástima que no encuentre el enlace para que podáis leer toda la entrevista. Gracias a Noelia Galán por traducir y copiar los textos. La foto en la que Pascal está con su hija Amandine y su sobrino es de su página web.

Yo no soy ahorrador

El otro día estaba comiendo con un buen amigo desde hace años. A la hora de pedir el vino me pasó la carta y me dijo

No te pases con el precio que yo soy ahorrador

No era la primera vez que me decía que no escogiese un vino de precio elevado pero jamás se había atrevido a calificarse nada al hacerlo, más bien me lo decía con cierta timidez pensando que yo le iba a llamar tacaño.

Pero ahora estamos en crisis y el ser ahorrador parece un motivo de orgullo para muchos, con ese lema se hacen anuncios y anuncios y parece que quien tiene esa característica tiene una cierta superioridad sobre los demás.

Para situar las cosas en contexto, quiero explicar que mi amigo y yo tenemos unos ingresos similares. No somos de los que más cobran pero tampoco somos para nada mileuristas. Es decir, que nos podemos dar un lujo más de una vez sin que por ellos se rompa nuestra economía.

Pero mi amigo es ahorrador y el vino debe ser barato. El vino y la comida, otras cosas no. Ese día llevaba yo unos vaqueros de Armani y no me reprochó ese gasto, ni le pareció superfluo. Claro que él llevaba marcas similares.

Hace poco leía en un blog críticas, algunas bastante furibundas, a Cándido Méndez porque parece que le gustaba comer y beber bien y se gastaba su dinero en hacerlo. Hay muchos motivos para criticarle, pero ¿qué tiene de malo que si le gusta un buen vino gaste su dinero en beberlo? No tengo ni idea de su sueldo pero supongo que se alejará también del mileurismo.

Si cada mes mi amigo, Cándido Méndez y yo cobramos una nómina determinada ¿por qué está tan mal visto que nos gastemos parte de ese dinero en algo que nos gusta como comer o beber? ¿Por qué esto es un derroche criticable y no lo es tener una supercasa, un supercoche o llevar ropa de marca?

En un restaurante de Logroño me decía su propietario

Antes de la crisis la gente quería que los demás viesen que se bebía un buen vino dejando la etiqueta a la vista. Ahora los que siguen bebiendo bien me piden que les decante la botella en la cocina para que las otras mesas no vean que se han pedido una botella de vino cara y les critiquen.

Pero todos en el restaurante seguían vistiendo ropa elegante, de marcas conocidas, con sus buenos zapatos y seguro que habían llegado en su buen coche. Pero eso no estaba mal visto en estos tiempos de crisis. Pedir un buen vino si.

Pues yo no soy ahorrador, yo con mi dinero, que me gano trabajando, me seguiré comprando buenos vinos, aunque me gaste menos en ropa y no tenga casa en propiedad, ni chalet en ningún pueblo cerca de la costa.