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Puede que en el vino no esté la verdad, si es que sólo existe una,pero lo que es seguro es que está el placer y juntos vamos a encontrarlo

Archivo de Enero, 2010

Lecheneaut Clos de la Roche 2003, un vino que emociona

Casi todos los días bebo vinos que me gustan, algunos días bebo vinos que me encantan, pero los vinos que producen emoción, esos que hace que el cuerpo se estremezca y te duele que la botella se acabe, se beben en muy contadas ocasiones.

La última vez que me pasó fue el 31 de diciembre. Aprovechamos las fiestas en las que estamos con nuestra familia para disfrutar de buenos vinos y la verdad es que de los que nos llevamos ninguno nos decepcionó. Pero el que alcanzó el límite de lo sublime fue un Lecheneaut Clos de la Roche Grand Cru 2003.

Clos de la Roche es un Grand Cru del pueblo de Morey-Saint-Denis, situado en el límite con Gevrey-Chambertin. Morey es un pueblo a veces olvidado, aplastado por la elegante intensidad de los Gevrey y por la seducción sensual de los Chambolle. Lo mismo sucede con algunos de sus Grand Cru.

Clos de la Roche tiene 16,9 hectáreas de viñedo. La exposición es este y la altitud oscila entre 270 y 300 metros. Los suelos son pardo calcáreos, ricos en elementos asimilables por la viña y aunque en la superficie no parece muy pedregoso a poco que se profundice aparecen bloques rocosos de grandes proporciones. Por otro lado, la tierra vegetal no tiene más de 30 centímetros de espesor.

Su nombre viene de la topografía del clos, que está sobre la roca. Aunque otra hipótesis dice que existía una roca, druida o celta, posiblemente un monumento megalítico de la época gala, entre Latricières-Chambertin y Clos Saint Denis, en el lugar donde está ahora este clos.

Cuando elegimos el vino tuvimos en cuanta la añada, 2003, una de las más cálidas de Borgoña, con un ciclo vegetativo de casi 100 días. Una añada que al principio no me entusiasmó nada, pero que voy reivindicando últimamente.

Desde que en 1985, a la muerte de su padre, los hermanos Vincent y Philippe Lecheneaut se hacen cargo del domaine familiar, su prestigio ha ido aumentando de forma continua hasta estar entre los mejores de la zona. Ellos representan la tercera generación de una familia de viticultores cuyos orígenes se remontan a 1928.

Tienen 11 hectáreas de viñedo, 10 de Pinot Noir y 1 de Chardonnay, repartidas en 65 parcelas, y trabajan en 19 AOC diferentes.

Ellos mismos reconocen que al principio sus vinos eran muy concentrados, pero faltos de finura. Para resolverlo deciden intervenir menos en la bodega y trabajar más el viñedo. Desde el año 2000 sus tierras se cultivan de forma biológica, sin abonos, ni tratamientos, arándolas y recortando de forma drástica su producción.

La parcela de la que proviene este emocionante vino es minúscula, 0,09 hectáreas y no hay error, ni he puesto un cero de más, son eso 0,09 hectáreas. La parcela la compra en 1957 su padre y la planta él.

Esta botella parecía recoger el poder de sus vecinos del norte y la seducción de los del sur. Complejo, con cereza y violetas. Mineral, profundo, un espectáculo.

Nosotros nos bebimos nuestra última botella del 2003, por eso está vacía en la foto, y creo que será difícil de encontrar otra, a España llegan 6 botellas, pero si tenéis la posibilidad de beberla, o de beber otra añada, no lo dudéis. No es barato, sobrepasa los 200 euros, pero pocas veces se puede gastar tan bien ese dinero. Como dice un anuncio la emoción no tiene precio.