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Los plaguicidas nos arrastran hacia un mundo silencioso… y hambriento

01 julio 2014
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Imagen: © Colin Grey / Wikimedia Commons

En 1962 Rachel Carson horrorizó al mundo al explicar cómo el DDT, peligroso y cancerígeno insecticida, arrastraba al mundo hacia una Primavera Silenciosa. Un planeta sin aves canoras. Bosques y campos sin otros sonidos que el viento y nuestros coches. 10 años después se prohibía su producción y uso. Pero no hemos aprendido nada.

Una revisión de la literatura científica publicada en los últimos años sobre los plaguicidas sistémicos o neonicotinoides confirma que están causando daños significativos a un gran número de especies de invertebrados beneficiosos y son un factor clave en el declive de las abejas.

Según los autores del estudio, el uso generalizado de estos productos está teniendo un impacto similar al del DDT y su efecto va más allá de las tierras de cultivo.

Según explica SEO/BirdLife a través de un comunicado, lejos de asegurar la producción de alimentos, estos plaguicidas están amenazando la propia capacidad productiva a largo plazo, pues reducen o eliminan los polinizadores y los controladores naturales de las plagas, elementos clave del buen funcionamiento de los sistemas agrarios.

La preocupación sobre el impacto de los plaguicidas sistémicos o neonicotinoides en una amplia variedad de especies beneficiosas ha crecido en los últimos 20 años, pero hasta ahora las evidencias no habían sido consideradas concluyentes.

Para realizar un análisis completo de la situación, el Task Force on Systemic Pesticides, un grupo internacional de científicos independientes que asesora a la Unión Internacional para la Conservación de la Naturaleza (IUCN), ha revisado durante cuatro años toda la literatura científica disponible, más de 800 estudios publicados en revistas de alto impacto sometidas al sistema de revisión por pares.

Este meta-análisis, el Worldwide Integrated Assessment (WIA), será publicado próximamente en el Journal Environment Science and Pollution Research. Su conclusión es que hay claras evidencias de que los plaguicidas sistémicos causan un impacto tan grave que exigen una imperiosa regulación de su uso.

 

Las aves agrarias están en declive 

Para SEO/BirdLife, ésta es una prueba más de la degradación ambiental de los sistemas agrarios, detectada ya a través de sus programas de seguimiento de aves, que muestran un declive continuado de las especies comunes asociadas a los paisajes agrarios.

Por ejemplo, la golondrina, Ave del Año de 2014, muestra una reducción de su población de más del 30% en la última década. Y otras, como la codorniz, el sisón o la calandria están en una situación similar.

El uso de plaguicidas se une a otros factores que influyen en este escenario de pérdida de biodiversidad, como la reducción directa de hábitats favorables o enfermedades nuevas traídas con el comercio internacional de mercancías.

Aunque la UE ya ha prohibido temporalmente el uso de estos productos en algunos cultivos, el problema tiene una escala global. De acuerdo con SEO/Bird Life, sería necesario empezar a trabajar en un cambio profundo del modelo agrario, reconectando los sistemas productivos a los ciclos naturales.

Esto podría tener un impacto en los rendimientos por hectárea en ciertas zonas, pero igualmente acabaría reduciendo los costes crecientes en inputs y ofrecería más garantías de futuro sobre el suministro de alimentos. Cuestión que por otra parte requiere atajar también otros problemas como la distribución, el acceso y el desperdicio de comida, junto con los modelos de consumo y las dietas.

En todo caso, lo fundamental ante los neonicotinoides sería aplicar el principio de precaución, pero no se hace. El principio máximo de nuestra sociedad actual es el del negocio. Los que vengan detrás, ya sean abejas, pájaros o nuestros hijos, que arreen.

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¿Conoces el árbol más viejo y legendario de Madrid?

21 abril 2014

Ciprés calvo

Cuenta una vieja leyenda madrileña que este monumental árbol de extraño aspecto es hijo del situado en Popotia (México), bajo el cual Hernán Cortés lloró en la Noche Triste. Ese 30 de junio de 1520, los aztecas pasaron a cuchillo a la mitad del ejército español y les expulsaron de Tenochtitlán, la actual capital mexicana. Las lágrimas de amargura del conquistador habrían regado así el retoño antes de llegar a España.

Pero para algunos jardineros del Parque del Retiro (Madrid), donde se yergue majestuoso, su origen es más antiguo. Incluso los hay que piensan que lo trajo Colón después de uno de sus primeros viajes a América. “Así siempre se dijo”, ratifica una tradición oral sin duda equivocada.

En realidad no lo pudo traer ni Colón ni Cortés porque el Retiro es posterior. Más de un siglo. Aunque el misterio se mantiene, pues no se sabe con exactitud ni de dónde vino el árbol, ni quién lo trajo, ni cuándo se plantó.

Oficialmente se considera que fue de los primeros ejemplares plantados en 1633, cuando el conde duque de Olivares crea el parque madrileño como lugar de descanso y recreo para la corte de Felipe IV.

Especie originaria de México (Taxodium mucronatum), donde se conoce como ahuehuete, también recibe el nombre de ciprés calvo por ser una de las pocas coníferas de hoja caduca; pero las de este ejemplar, en lugar de caer, se mantienen secas en el árbol hasta la primavera.

Otra antigua leyenda madrileña señala la horcadura de este viejo árbol como el lugar sobre el que las tropas francesas instalaron un cañón durante la guerra de la Independencia, desde donde disparaban contra la ciudad. Esta historia podría ser cierta, pues se sabe que los soldados napoleónicos establecieron en esta zona del Parque del Retiro su cuartel general y convirtieron en leña la mayor parte de sus árboles, respetando el ciprés sólo por su utilidad artillera. Aunque los botánicos también la ponen en duda, pues su madera es muy blanda y un cañón puesto encima lo hubiese destrozado.

Pero poco importa si todas estas leyendas son verdaderas o falsas. El ciprés calvo del Retiro está considerado el árbol más viejo, monumental e histórico de la ciudad de Madrid, un símbolo viviente apreciado por todos. O por casi todos.

Desde hace varios años, una reja lo protege de los vándalos que en varias ocasiones han intentando acabar con él arrojando sal sobre sus raíces. Y hasta de los alucinados que lo eligieron como altar para supuestos ritos de magia negra.

También está protegido legalmente, pues es uno de los 255 ejemplares incluidos en el Catálogo de Especies Amenazadas de Fauna y Flora Silvestre de la Comunidad de Madrid.

Lo puedes ver (y disfrutar), estos días de maravillosa primavera, en el parterre francés del parque, cerca de la puerta de Felipe IV y la calle Alfonso XII.

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Los pájaros son pura música, incluso sin cantar

18 abril 2014

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Estoy aprovechando las vacaciones de Semana Santa para colaborar con SEO/BirdLife en el nuevo Atlas de las aves reproductoras en España, una ambiciosa revisión sobre el estado de nuestra avifauna nidificante que se prolongará hasta 2017. Escusa perfecta para disfrutar de la primavera y reencontrarme con la naturaleza en estado puro. Son jornadas de 6 horas de pateo, duras pero enriquecedoras a pesar de las quemaduras del sol y de las ampollas en los pies. Una gozada.

¿Has salido ahí fuera? El campo está reventón, maravilloso. Florecido y con todas las aves en su máximo esplendor de plumaje y canto.

Pero incluso sin cantar, esas aves son pura música. Así lo demostró hace unos años el artista brasileño Jarbas Agnelli.

Leyendo un periódico, vio la fotografía de unos pájaros posados en unos cables eléctricos. Le parecieron notas en un pentagrama y así lo hizo. Sin modificar su posición exacta ni utilizar Photoshop, recreó esa composición musical absolutamente casual. “Tenía curiosidad por escuchar la melodía que los pájaros estaban creando”, justificó. El sorprendente resultado le valió ganar en 2009 el premio YouTube Play de la Fundación Guggenheim.

Te dejo a continuación ese vídeo, Birds on the Wires. Si como dijo Bruce Lee, nosotros somos agua, está claro que los pájaros son música, my friend.

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Las dos últimas primaveras “locas” dejan el campo con menos pájaros

13 agosto 2013

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El tiempo está loco. Tanto como para acabar convenciendo a los más incrédulos de que eso del cambio climático al final va a ser cierto. Las dos últimas primaveras han sido un fiel reflejo de una inusual tendencia meteorológica que cada año parece más arbitraria.

Según AEMET, mayo, junio y julio de 2012 fueron meses más secos y cálidos de lo normal. Con temperaturas medias superiores en 2ºC con respecto a otros años y valores de precipitación media inferiores al 50%.  2013 ha sido justo al contrario, esos mismos meses resultaron mucho más fríos y húmedos de lo habitual, con la temperatura media en junio más baja desde 1997.

Sin embargo el verano, en contra de aquellos que pronosticaron que tal estación no existiría en 2013, y como acertadamente anunció mi compañero bloguero Emilio Rey, está siendo tan cálido y seco como siempre se le supuso al periodo estival.

Víctimas inocentes de las estaciones extremas, las aves también se comportan como excelentes bioindicadores de los altibajos climáticos. Para su desgracia, y según los resultados del programa Paser de seguimiento de aves de SEO/BirdLife, la productividad de aves comunes de 2012 y 2013 ha sido especialmente baja.

Entre las especies afectadas se encuentran nuestros pájaros más urbanos como el jilguero, el verdecillo, el verderón, el pinzón, el mirlo y el petirrojo. También las cigüeñas. En todos los casos han volado menos pollos por pareja de lo habitual.

Es la ley de naturaleza, es verdad, pero apena saber que los fríos y lluvias de la primavera han malogrado decenas de miles de puestas de esas avecillas que tanto nos gusta ver y escuchar cuando salimos al campo o paseamos por los parques y jardines. Y da todavía mucha más pena saber que la culpa en el fondo es de todos nosotros. Y de ese cambio climático provocado por la especie humana que amenaza con cambiarnos a todos, pero a peor.

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Atención a la lluvia primaveral de pollos y otros animales

18 abril 2013

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Me llama mi amiga Fernanda. Fue a visitar una fabulosa encina monumental de Toledo y al acercarse a su tronco se dio un buen susto. Bajo el árbol, dos grandes bolas de algodón se hinchaban y bufaban amenazantes. Entre el blanco inmaculado resaltaban dos pares de ojos amarillos que la miraban igualmente asustados. Eran dos pollos de búho real (Bubo bubo). Se habían caído del nido, precariamente instalado en una vieja plataforma de corneja, en lo más alto de la gigantesca y solitaria encina manchega.

¿Qué podía hacer? Desde luego no cogerlos, fue mi apresurado consejo telefónico. Tampoco llamar a Medio Ambiente, como hizo el año pasado cuando se encontró otro de estos pollos en situación parecida. Llevarlos a casa o a un centro de recuperación tiene poco futuro. Lo mejor es dejar que la naturaleza siga su curso. Muchas parejas de búho real crían en el suelo y su prole prospera sin problemas. Como las avutardas, las perdices o las ortegas y sisones.

Éstas y otras especies tienen pollos que casi podríamos llamar nidífugos; en cuanto son medianamente grandes saltan del nido y empiezan a moverse por la zona. No los vemos, pero los padres están siempre muy cerca. Les cuidan y alimentan sin problemas allá por donde éstos vayan.

Así que mi amiga hizo lo mejor. Agarró una escalera y dejó las dos bolas de plumón en la cruz de la gran encina, pollos que se mantenían engrifados como habitual método de defensa pues les hace parecer más grandes y peligrosos de lo que en realidad son. Y ahí siguen hoy, hermosos y seguros.

En estos días de espléndida primavera, en nuestras salidas al campo nos podremos encontrar crías de animales aparentemente desvalidas. Incluso corzos, como ya os he contado en otra ocasión. Cogiéndolas no les hacemos ningún favor. Todo lo contrario. Lo mejor es no tocarlas. La madre naturaleza es sabia y nosotros pelín torpes.

En la foto, los búhos una vez subidos de nuevo a la encina.  © Fernanda Serrano

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Por fin llegó el verano a la naturaleza

05 mayo 2011

Sí, ya lo sé. Astronómicamente el solsticio de verano es el 21 de junio (exactamente a las 17,16 horas) y para tan mágica fecha aún falta mes y medio. Pero para la naturaleza española el verano ha comenzado.

Personalmente defiendo la llegada de los ruidosos vencejos a las frías tierras mesetarias de Burgos como el inicio oficial de la nueva y esperada estación. Hace casi un mes se hicieron habituales en los cielos de Sevilla y Cáceres, pero para estas aves especializadas en alimentarse del plancton aéreo, de esos mínimos y abundantísimos insectos arrastrados por el aire cual maná, cruzar las montañas del Sistema Central y adentrarse en nuestra particular Siberia española no es tarea fácil. Sólo cuando la primavera está plenamente desarrollada se atreven a dar el salto. Y ahí están los primeros, persiguiéndose en sus kamikazes vuelos alrededor de los chapiteles de la catedral burgalesa. Dentro de poco se harán habituales, y en seguida sus gritos aéreos nos traerán el recuerdo de los pesados días de canícula estival.

No son los únicos heraldos veraniegos. En realidad ya han llegado de la lejana África todas las aves migrantes, cucos y ruiseñores, alimoches y aguiluchos, currucas y zarceros. Lo mismo ocurre con las flores, donde violetas y primaveras han dado paso a amapolas, margaritas y achicorias.

Aprovechando noches menos frías y la oscuridad de una luna todavía en incipiente cuarto creciente, es igualmente el momento de escuchar el misterioso canto de chotacabras y cárabos. También de mirar por encima de nuestras cabezas y descubrir que el paisaje celeste ha cambiado. Júpiter ha sido sustituido por un luminosísimo Saturno, y hoy mismo podremos gozar de la mejor lluvia de estrellas del trimestre, las originadas por el cometa más famoso de la historia, el Halley.

Con tantas novedades ¿te apuntas a disfrutar de este intenso verano biológico?

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Mete tu ordenador en la primavera

29 marzo 2011

Sí, es verdad, siento pasión por el campo pero paso demasiado tiempo pegado al ordenador, conectado a un mundo on line diametralmente opuesto al que en verdad me gusta, la vida al aire libre, las aves, las plantas, los insectos,…

Esta paradoja es especialmente insoportable ahora. La primavera está rompiendo ahora el silencio del bosque y yo, como tantos otros de nosotros, entusiastas de la naturaleza, debo conformarme con fugaces escapadas de fin de semana. Pero acabo de encontrar un truco que quisiera compartir con todos vosotros: poner un micrófono en el bosque.

Para celebrar la entrada de la primavera, la Red de Custodia Alzando el vuelo para la conservación del águila imperial ibérica de SEO/BirdLife ha puesto en marcha una webcam que permite observar todo el periodo de cría de una pareja reproductora localizada en el Parque Nacional de Cabañeros, uno de los más emblemáticos de España.

Resulta una maravilla espiar a tan fabulosa ave preparando con ternura el nido. Sin embargo, más fantástico que las imágenes es el sonido ambiente que llega en tiempo real al ordenador. Herrerillos, rabilargos, pinzones, carboneros, zorzales, mirlos, los primeros ruiseñores, el viento y hasta las moscas se oyen con una nitidez asombrosa. Como si nuestro despacho estuviera puerta con puerta con el nido de la imperial, como si trabajáramos en uno de los bosques más maravillosos del mundo. Incluso para dormir la siesta no hay nada parecido. Cierras los ojos y te parece estar en el corazón del bosque mediterráneo, sesteando bajo una vieja encina.

Queridos amigos, se acabó el jazz y el barroco como música ambiente. A partir de ahora cambio el Spotify por Cabañeros [Os repito aquí el enlace]. Probarlo también vosotros, merece la pena ;-)

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Llega la primavera más florida

19 marzo 2010

Toda la primavera dormía en nuestras manos este largo invierno de fríos, lluvias y nieves. Parecía imposible, pero al final ha despertado. Exactamente, astronómicamente, la nueva estación hará su entrada triunfal en nuestro hemisferio mañana sábado a las 18.32 horas (hora oficial peninsular).

Sin necesitar reloj, los primeros almendros y cerezos hace días que visten sus más floridas galas, anticipando la fecha junto a violetas, narcisos y orquídeas. También han hecho su aparición las primeras aves viajeras, aquellas cuyo prodigioso instinto no precisa calendarios. Golondrinas y aviones, recién llegados de África, empiezan a arreglar sus frágiles nidos de barro, ajenos a los gritos nerviosos de los siempre con prisa vencejos, al canto aflautado del zorzal. Milanos, alimoches, águilas culebreras ciclean sobre los cielos en un placentero baile nupcial, mientras se despiden las últimas grullas y los gansos más tardíos. Eslizones y lagartos salen de su letargo para saludar al sol, la boca abierta de asombro ante otro duro reto de la vida.

La nueva estación durará 92 días y 18 horas, y será mucho más luminosa a partir de que el próximo domingo 28 de marzo recuperemos el horario de verano. Cada día amanecerá dos minutos antes y atardecerá un minuto más tarde, haciéndonos así más felices a todos.

Es verdad que “una golondrina no hace verano”, que hasta el 40 de mayo no nos podremos quitar el sayo, pero el espectáculo está servido. Para todos, incluso para los alérgicos al polen, quienes por la misma razón se enfrentarán a una época complicada. Más luz, más calor, después de un invierno inusualmente lluvioso, nos augura una primavera florida como pocas.

Este fin de semana es un buen momento para descubrir los primeros indicios. Para pasear por parques y campos. Para sentir esa naturaleza sin la que, como decía Miguel Delibes, no somos nada.

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El cambio climático nos traerá la primavera silenciosa

24 abril 2009

Amenazadas por la pérdida de hábitat y el uso generalizado de herbicidas e insecticidas en el campo, las currucas, nuestras reinas canoras de los arbustos por excelencia, van a sufrir con dureza (lo están sufriendo ya) los efectos del cambio climático. Y con ellas la mayoría de las aves migratorias.

Inocentes víctimas del desastre ambiental provocado por nuestra especie, el actual desajuste del clima les obligará a alargar sus ya de por sí maratonianas migraciones transaharianas.

Un estudio de varios investigadores británicos publicado en la revista Journal of Biogeography así lo demuestra, tras calcular que esos viajes podrían aumentar hasta 400 kilómetros más. Y para un pajarito de poco más de 10 gramos que debe meterse todas las primaveras entre pecho y pluma hasta 6.000 kilómetros el cambio puede suponer, más que un problema, la muerte, y hasta su extinción en regiones enteras

En un resumen del trabajo difundido por las agencias de noticias Reuters y EFE, Stephen Willis, director del equipo científico, es tajante:

Desde 2071 a 2100 se espera que nueve de las diecisiete especies que hemos estudiado afronten migraciones más largas, particularmente los pájaros que cruzan el desierto del Sahara.

En su opinión, con el previsto aumento de las temperaturas y la modificación de los hábitats, “las aves se enfrentan a su mayor desafío desde la era del Pleistoceno“, hace 2,5 millones de años.

Para colmo de males, este mismo cambio climático está provocando un aumento de las sequías por todo el mundo, que serán cada vez más duras, especialmente en la ya castigadísima región africana del Sahel, donde estos pájaros tienen sus cuarteles de invierno. Un desastre humanitario, pero también ambiental, que estamos empezando a comprobar con el enmudecimiento de los campos.

Ya no canta la curruca en la zarza. Quizá murió de hambre al otro lado del Sáhara, incapaz de alegrar con sus melodías a tantísimos pueblos sedientos. Quizá feneció en un viaje cada vez más largo y duro hacia una Europa donde su silencio es la antesala del desastre, el de una triste primavera silenciosa.

Foto: Flickr

Llega el pájaro más cuco

04 abril 2008

¿Has escuchado ya el cuco? En Cáceres, en Castellón y en Almería están de enhorabuena. Porque allí ya se les oye. Y como Pilar Cano me contó una vez en Irus de Mena (Burgos), si el primer día en que canta el cuco llevas algunas monedas en el bolsillo no te faltará dinero en todo el año. Porque estamos en “abril, abriluco, el mes del cuco”, una de las pocas aves que prosperan en la Naturaleza sin tener que gastar energías en criar y proteger a su prole.

El proceso es bien conocido. Las hembras ponen siempre sus huevos en nidos de otras especies, tras imitar los del infortunado huésped. Cuando el joven cuco nace, ciego y prácticamente inválido, sus primeras fuerzas las dedica a tirar fuera al resto de huevos y pollos, gracias a una depresión en forma de cuchara de su espalda que le facilita el cruel lanzamiento. Huérfano por convicción, sus padres adoptivos a la fuerza no tienen más remedio que criarlo. Una tarea titánica, pues casi siempre el voraz pollo es mucho más grande que sus fatigados progenitores de alquiler.

Mientras tanto sus padres naturales, a los que nunca conoció, se vuelven a África en julio. Las crías no lo harán hasta agosto o septiembre, solas y por la noche. ¿Qué grandioso instinto les enseña el camino hacia esos remotos lugares al sur del Sáhara? Y otra duda ¿Cómo se reconocen al regresar como seres de la misma especie, cuando sus únicas referencias visuales desde el nacimiento fueron sus padres adoptivos? Misterios de la Naturaleza, siempre tan dura y siempre tan bella.

Así que ya lo saben. Cuando estos días salgan al campo lleven unas monedas en los bolsillos por si oyen al popular pájaro. Y si están en edad de merecer, pregúntenle enseguida:

“Cuco, cuclillo, rabo de escoba, ¿cuántos años faltan para mi boda?”

Tantas veces cante, tantos años quedarán. Dicen los abuelos que nunca falla.

Aunque otros se saben una variante mucho menos benéfica:

Cuco, cuclillo, rabo de perro, ¿cuántos años faltan para mi entierro?

Pero sinceramente, ésta segunda cancioncilla no se la recomiendo a nadie.