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Podrán cortar todas las flores, pero no podrán detener la primavera. (Pablo Neruda)

Entradas etiquetadas como ‘poesia’

La poesía también sueña con golondrinas heroicas

La reciente visita a Fuerteventura del escritor Óscar Esquivias tuvo premio doble. Disfrutar en casa de tan maravillosa persona y hacernos intercambio de libros. Uno es una joyita, el regalo perfecto para un enamorado de la poesía y la ornitología como yo. Balada de las golondrinas, de Eduardo Fraile (Editorial Pre-Textos, 2009). Qué gozada. Mínimo, casi artesano. Un libro dedicado en su integridad a las golondrinas.

Son versos tan sonoros como ellas, brindado a ellas, a sus vuelos pero especialmente a sus cantos, esa algarabía atropellada, charlatana, que tanto me ha maravillado siempre y veo con placer que igualmente enamora a Eduardo Fraile. “Lenguaje indescifrable, prodigioso y meridional”, lo define el poeta. Sus golondrinas son muy especiales, las de Castrodeza, el pueblecito vallisoletano (160 habitantes) de sus abuelos maternos donde ha pasado veranos infantiles e imagino que algún que otro retiro adulto. Lee el resto de la entrada »

También hay poesía de la naturaleza que sabe a hierba

Hoy me salgo de lo habitual en el blog para entrevistar a un admirado amigo y paisano que acaba de publicar un maravilloso libro de poesía de la naturaleza.

Hierba (Ediciones Mad is Mad, 2016) está pensado “para cuando nos vemos capaces de volar, pero también para cuando el proyecto de caminar juntos no salió bien”.

La cuidadísima edición de Diego Lara (diseño, dibujos y fotografía) es un regalo para los sentidos, para los cinco sentidos. Coherente con su tiempo, el libro está editado en papel certificado FSC, el papel que cuida y conserva los bosques del planeta.

Rafa Ruíz se autodefine como “periodista convencido de que las luces al final del túnel sólo se ven desde una perspectiva progresista de la realidad, con un compromiso sólido con la cultura, el arte y el medio ambiente”. A ello dedicó 10 años en ‘El País‘ y 15 años más en ‘El País Semanal‘, donde le cayó el marrón de coordinar la sección que durante dos años escribí en esa revista dedicada a los árboles singulares. Ahora es por fin un hombre libre de ataduras editoriales gracias a sus dos admirables proyectos profesionales, la revista cultural El Asombrario y la galería madrileña de arte emergente Mad is Mad. Pero hablemos de Hierba.

¿Por qué llamarlo Hierba?

Es un triple homenaje: a mi pueblo, en el norte de Burgos, porque es todo hierba, praderas y heno; a Walt Whitman, por sus Hojas de hierba, uno de los autores que cuando yo era un adolescente más me influyó y animó a escribir; y a la isla de Yerba, en Túnez, donde empecé este poemario.

¿Cómo lo definirías?

Es un libro de encuentros y desencuentros, de piel y paisaje. Porque proyecta los sentimientos personales hacia la naturaleza. Y también la naturaleza los proyecta hacia uno mismo. El amor es como la marea, que va y viene, y la hierba unas veces mira al Norte, pero cambia el viento y mira al Sur, y así son un poco nuestros encuentros y desencuentros con la gente y nuestras parejas. Lee el resto de la entrada »

Nunca la sombra de los volcanes fue tan bella

Biodiversidad canaria

Todos los que me seguís desde hace años en La Crónica Verde sabéis de mi admiración/devoción por las Islas Canarias. Uno de los puntos calientes de la biodiversidad mundial, laboratorio natural de la evolución que desde la época de Humboldt y Darwin han admirado por igual a científicos y turistas. Pero ante todo un lugar bellísimo.

Así nos lo descubre mi amigo y excelente realizador tinerfeño Pedro Felipe Acosta en su próximo proyecto cinematográfico “Canarias, a la sombra de los volcanes”.

Ante tales imágenes sobran las palabras y las patrias, como glosó el poeta Nicolás Estévanez:

Mi patria es una isla,
mi patria es una roca,
mi espíritu es isleño
como los riscos donde vi la aurora.

No dejéis de ver el avance de este trabajo. Sencillamente increíble.

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Resucita un simbólico olivo medio siglo después de morir helado

Nos lo pidió Miguel Hernández: “Sonreír con la alegre tristeza del olivo”. Para el poeta de Orihuela, este árbol recio y agradecido era símbolo indiscutible del pueblo español, combativo, optimista ante las adversidades, sabedor de que al final es capaz de regalarnos ese maravilloso oro verde obtenido de estériles tierras tan duras como su madera. Y seguía su verso alejandrino proponiéndonos que, por mal que nos vayan las cosas, “sonriamos, doremos la luz de cada día, en esta alegre y triste vanidad de estar vivo”.

Miguel murió en 1942 en la cárcel, triste como un olivo. 14 años después, pero ni tan triste ni tan olvidado, murió en Culla (Castellón) un olivo silvestre (Olea europaea var. sylvestris) multicentenario tiernamente admirado por sus dueños. Una fuerte helada lo mató como a tantos otros. Pero éste era diferente. Ser querido, nadie osó tocar el cadáver de ese formidable ser capaz de morir de pie, mirando de tú a tú al viento. Otros lo habrían reducido a astillas, pero no la familia Celades, decidida a preservar el cadáver en el pedregoso piedemonte de la sierra Esparraguera donde había nacido hace quizá un milenio. Así pasó medio siglo. ¿Muerto? ¿Dormido?

No os lo vais a creer, pero el árbol ha resucitado. Arturo Esteve, un excepcional fotógrafo especializado en inmortalizar olivos monumentales, lo ha confirmado. Milagrosamente, el reseco pie del acebuche ha rebrotado 50 años después de morir. Vuelve a la vida cual ave Fénix. Son apenas unas ramitas, es verdad, pero sus raíces profundas le garantizan un futuro prometedor lleno de frutos.

Y volviendo al poeta alicantino, y a esta crisis que nos mata en vida, bien está recordar de nuevo sus palabras dedicadas a esa Jaén de aceituneros que es España. Levantémonos y cambiemos la realidad asfixiadora, no vayamos a ser esclavos con todos nuestros olivares.

El milagro ha obtenido recompensa. La Asociación Española de Municipios del Olivo ha concedido a este ullastre catellonense del Alto Maestrazgo de Santa María de Montesa el Primer Premio AEMO al Mejor Olivo Monumental de España 2012. El jurado ha premiado con ello la extrema sensibilidad y perseverancia de los propietarios del árbol, la familia Celades, al conservar un olivo helado y aparentemente muerto durante más de 50 años al cabo de los cuales rebrotó, permitiendo así expresar la capacidad de supervivencia única en esta especie. De este modo se proyectan sobre el olivo valores emocionales más allá de criterios de utilidad.

Muchas gracias a Arturo Esteve por pasarme toda la información y las fotografías que ilustran esta entrada.

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Ya puedes regalar orquídeas… a tus ojos

Mi flor favorita es la orquídea. Pero no esas de floristería. Yo amo a las silvestres, aquellas diminutas que crecen estos días en las praderas de media España desplegando una extraordinaria hermosura sólo apta para amantes de la naturaleza, para amigos de lo pequeño y maravilloso.

Este confesable vicio tiene una peculiaridad: nunca te las llevas. Las admiras, las dibujas, las fotografías, las recuerdas… y las dejas allí, en su praderita, atrayendo abejas y otros insectos en ese complejo mundo suyo tan galante de la polinización.

Las orquídeas no son tan raras como algunos creen. Se conocen unas 25.000 especies silvestres distribuidas por todo el planeta, considerándose por ello una de las familias botánicas más extensas del reino vegetal. En España existen cerca de 80 especies diferentes, algunas muy abundantes pero otras terriblemente amenazadas. Y ya que lo preguntáis, su nombre procede del griego “orchis”, que significa testículo, debido a la forma de la raíz que tienen los dobles tubérculos de algunas especies. A saber en qué estaría pensando el sabio Teofrasto, discípulo de Aristóteles, cuando la bautizó con tal nombrecito que ahora, cosas de la vida, nos suena tremendamente sofisticado.

Tampoco yo soy el raro amante de estas flores. Mucha gente, más de la que os pensáis, sale estos días de primavera al campo a ver orquídeas como quien sale a buscar setas, pero con sensibilidad. Auténticos cazadores de bellezas, los puedes ver tirados en la hierba, haciendo fotos o, sencillamente, contemplando de cerca la perfección de unas formas y colores diseñados para garantizar el futuro de la especie.

¡Cuánto sabe la flor!, decía asombrado el poeta Pedro Salinas ante el complejo atractivo del mundo vegetal. Y añadía, tan emocionado como cuando yo me encuentro una rara orquídea:

“Sabe entregarse, dar, dar todo lo suyo al que la quiere, sin pedir más que eso: que la quiera”.

En Extremadura Adenex organiza mañana sábado el Día de la Orquídea, que en esta ocasión se celebra en Hoyos (Cáceres), en la comarca de Sierra de Gata. Si te pilla cerca no te lo pierdas. Descubrirás que la pasión por las orquídeas silvestres es contagiosa.

Y si te gusta este fantástico mundo vegetal, no dejes de visitar la espectacular página de Orquídeas ibéricas. Además de incluir una descripción pormenorizada de todos los géneros presentes en la Península Ibérica, te ofrece prácticas aplicaciones para iPhone y Android.

Pero aún hay más. En este enlace de la Junta de Extremadura te puedes descargar gratis una preciosa guía de las orquídeas de esa región. Así que ya no tienes excusa.

La flor de la foto es el zapatito de dama (Cypripedium calceolus). Una de las pocas orquídeas “casi carnívoras” del mundo, capaz de capturar insectos para garantizarse la polinización. En España sólo se la puede ver en unos pocos sitios del Pirineo.

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Desidia y destrozos en la higuera mítica del poeta Miguel Hernández

No podía pasar cerca sin visitarla, precisamente en el centenario del nacimiento de su amigo más querido. En Orihuela, “su pueblo y el mío”, me esperaba la nostalgia de aquel a quien nunca conocí pero siempre amé en secreto, Miguel Hernández. El poeta de las tres heridas, cantor de la naturaleza como sólo un pastor sabe hacerlo.

“Volverás a mi huerto y a mi higuera”, nos prometió. Y allí estaba yo reviviendo su poesía en respetuosa peregrinación al árbol mágico de su casa natal, último testigo vivo de las ensoñaciones y desesperaciones del hijo de la luz y de la sombra. Hojas coloreadas pegadas sobre el pavimento me señalaron el camino inequívoco hacia el que ­–estaba seguro­– iba a ser el ejemplar vegetal mejor cuidado de España, pero no. Nuestro país no preserva árboles, los utiliza.

Pobre higuera. Es preciosa, robusta, pero la tienen machacada. A ella, centenaria, pues cuando los padres del poeta compraron la casa ya existía, y a la otra plantada al poco de llegar la familia, cuando Miguel tenía cuatro años. Mutilada más que podada. Y a la que un jardinero ignorante ha rellenado los huecos de su vejez con injustificables pegotes de cemento. Abandonada a su suerte, nada ni nadie impide a los turistas hacer lo que quieran con ella, y por eso todo el suelo aparece compactado por el pisoteo de las visitas que, sin saberlo, ahogan sus raíces.

Algo más han hecho por ella. Este año, con motivo del centenario, un periódico de Murcia ha regalado a todos sus lectores en Orihuela “un trocito” de la higuera hernandiana junto a su certificado municipal de origen. Como si fueran trozos del muro de Berlín, vulgares piedras o huesos de santo.

¿Y el árbol original? ¿Alguien se ha preocupado por él? De las podas salvajes realizadas se han extraído 200 esquejes que, también con certificado oficial, se han repartido por toda España, palacios de La Moncloa y La Zarzuela incluidos. Qué alivio. Cuando matemos entre todos al original nos quedarán las copias.


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Hasta el gorrión se extingue

Sí amigos. El gorrión se extingue. El pájaro más abundante de pueblos y ciudades, el único que nos ha acompañado fiel desde el Neolítico, se bate en retirada. No hoy ni mañana, es verdad, pero sus tendencias mundiales a la baja son cada día más preocupantes.

Nuestras ciudades irrespirables, ajetreadas, apretadas, resultan ya demasiado para él y se va. Lo echaremos de menos, pues a pesar de no ser bello, de no ser un gran cantor, sus piares nos alegran tanto como un beso, nos recuerdan nuestro pasado rural, nuestra condición natural.

Prácticamente se ha extinguido ya de grandes ciudades europeas como Londres, Dublín, Edimburgo, Praga o Berlín. En Gran Bretaña han desaparecido 5 millones de parejas en los últimos 30 años. La situación no es aún tan alarmante en España, donde con una población de 10 millones de parejas se considera la especie más abundante y más ampliamente distribuida. Pero se comienza a ver una preocupante tendencia negativa. En los naranjales de Valencia, por ejemplo, los descensos son superiores al 90%. Y en el centro de Madrid cada vez hay menos.

Decía el poeta Miguel Hernández que “los gorriones son los niños del aire”, empeñados en una lucha alegre “por existir en la luz, por llenar de píos y revuelos el silencio torvo del mundo”. Quizá estos niños se han hecho mayores y se han cansado de nuestros malos modos.

>¿Por qué se extinguen?

En las áreas urbanas la culpa la tiene nuestra excesiva limpieza de calles y jardines, lo que les escamotea alimento. También la competencia feroz de las palomas por esas migajas de nuestros desperdicios.

En las zonas rurales la razón es el despoblamiento de los pueblos, el abandono de las tierras de cultivo, unido a un excesivo uso de productos químicos.

Si hasta los gorriones nos abandonan ¿no será una señal?

Terminemos, sin embargo, con un sabor dulce. Con la poesía del genial Claudio Rodríguez dedicada al humilde gorrión. Ojalá esta simpática ave siga enredada entre nuestros zapatos mucho tiempo.

GORRIÓN

No olvida. No se aleja

este granuja astuto

de nuestra vida. Siempre

de prestado, sin rumbo,

como cualquiera, aquí anda,

se lava aquí, tozudo,

entre nuestros zapatos.

¿Qué busca en nuestro oscuro

vivir? ¿Qué amor encuentra

en nuestro pan tan duro?

Ya dio al aire a los muertos

este gorrión, que pudo

volar, pero aquí sigue,

aquí abajo, seguro,

metiendo en su pechuga

todo el polvo del mundo.

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