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El blindaje de semillas envenena a la fauna salvaje

26 enero 2012

Las semillas de cereal están blindadas cual coche de ministro. Desde hace décadas, las simientes se tratan con diferentes plaguicidas previamente a su siembra en el campo para evitar infecciones por hongos, parásitos y el ataque de insectos. En la actualidad se utilizan 19 compuestos químicos de los cuales 16 son fungicidas y los tres restantes insecticidas.

Como cualquiera puede imaginarse, una vez sembradas esas semillas constituyen un porcentaje muy elevado en la dieta otoñal e invernal de la fauna salvaje. Se las comen confiadas sin sospechar que las estamos envenenando.

Un estudio promovido por la Fundación para el Estudio y la Defensa de la Naturaleza de la Caza (FEDENCA) y desarrollado por el grupo de Toxicología de Fauna Silvestre del IREC, bajo la dirección de Rafael Mateo, así lo demuestra. Según este importante trabajo, plaguicidas como el imidacloprid podría constituir un “riesgo serio” para la supervivencia de las perdices. Y si afecta a las perdices, imaginaros cómo dejarán a las alondras, terreras, sisones, avutardas, grullas, gansos; a toda la fauna volatinera más querida de nuestros campos.

Las semillas blindadas incorporan unos repelentes que tratan de evitar su consumo por aves y mamíferos, pero resultan poco efectivos. En el caso de las perdices, el estudio concluye que el resto de fitosanitarios analizados “no parecen suponer un riesgo demasiado elevado”, debido el rechazo que muestran las aves en cautividad a consumir semillas tratadas. Sin embargo, no ocurre lo mismo con el imidacloprid.

La investigación subraya que la supervivencia de las perdices está “seriamente comprometida” por esta sustancia, ya que todos los individuos expuestos a la dosis habitual en semillas blindadas murieron en un periodo máximo de 21 días.  Consumiendo menos cantidad no mueren, pero sufren problemas de peso y se reduce su éxito reproductor.

Ante unos resultados tan preocupantes, los cazadores han solicitado que se mantengan y amplíen estos estudios incluyendo experimentos con animales salvajes. Pero eso se llama apoyar la investigación, algo que esta crisis está poniendo en nuestro país en serio peligro de extinción. Como esas aves a las que seguimos envenenando alegremente, y quizás también a nosotros mismos.

Puedes acceder al estudio completo en este enlace.

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¿Comeremos carne de pollo desinfectada con lejía?

08 abril 2008

La importación de pollos norteamericanos está prohibida en la Unión Europea desde 1997 porque allí son desinfectados con lejía. Sin embargo, una próxima cumbre en junio UE-EE.UU. puede abrir de nuevo las fronteras a estos higienizados animales, poniendo fin a la vieja Guerra del pollo. España, junto con otros países como Alemania y Dinamarca, está en principio de acuerdo con la reapertura del mercado.

Bruselas había pedido a la Autoridad Europea de Seguridad Alimenticia (EFSA) un dictamen para tomar una decisión sobre aprobar o no la importación de carne de pollo estadounidense. Finalmente, los expertos han respondido que no existe ninguna prueba de que la lejía y otras tres sustancias desinfectantes utilizadas en la carne de las aves representen un riesgo para la salud o para la seguridad alimentaria, dejando toda la libertad de decisión al debate de junio.

Por el contrario, los productores de aves de corral y sus cooperativas del COPA-COGECA han puesto el grito en el cielo. Y esto es así porque ellos cumplen costosas y estrictas normas para controlar la salmonela en sus explotaciones avícolas que hacen innecesario tratamientos desinfectantes posteriores de la carne, mientras que en Estados Unidos hacen lo contrario, suplen con baratos tratamientos químicos las deficiencias sanitarias de la cría de estos animales.

Para más inri, el comisario alemán de Empresa e Industria, Günter Verheugen, propone confiar en los americanos, aunque paradójicamente, se opone a que los productores europeos de pollos utilicen la lejía. Dicho de otra manera, no se fía mucho de las normas higiénicas norteamericanas y tan sólo las acepta por necesidades comerciales.

Pero si al final prevalecerán los intereses económicos sobre los sanitarios ¿qué nos encontraremos los consumidores europeos en las pollerías? Pollos sanos mezclados con pollos insanos, pues digan lo que digan, el cloro de la lejía es un potente veneno.

Ponen así en nuestro estómago una nueva ruleta rusa alimenticia. Colza, vacas locas, transgénicos,… ¿Cuántas balas llevan ya disparadas?