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Matan cientos de miles de halcones para comérselos como tapa

06 noviembre 2012

“Siempre se hizo así” no es una razón. Las peleas de perros, la caza del zorro o el lanzar la cabra por el campanario son ya por suerte escenas de un pasado en blanco y negro. Los toros lo serán en pocos años. La caza de pajaritos para acabar como raquítica tapa de incultura es igualmente atávica costumbre culinaria del pasado español. Pero en muchos países se mantiene con alegría el triste dicho de “ave que vuela, a la cazuela“.

Como en el noreste de India, en el estado de Nagaland, donde decenas de miles de bellísimos cernícalos del Amur (Falco amurensis) son capturados y sacrificados cada día durante su migración desde Siberia hasta África para acabar como tapas. Un terrible peaje en el lugar donde se concentran en mayor número durante fabulosas migraciones que les llevan a recorrer más de 22.000 kilómetros al año.

Entre 120.000 y 140.000 de estos pequeños halcones insectívoros acaban cada otoño ensartados en espeluznantes pinchos ahumados de comida tradicional india.

En octubre de este año, voluntarios de Conservation India documentaron la masacre y han puesto en marcha una ciberacción para intentar parar tan injustificable matanza.

Sí, ya sé que muchos diréis que es comida. Que las gentes de ese remoto lugar son pobres. Que primero son las personas y después los animales. Pero mirad un momento este vídeo y decidme si no se os ponen los pelos de punta. Porque matar a estas aves no soluciona el hambre de la zona. La caza apenas dura 10 días al año, así que nadie depende de tan escaso recurso. Tan sólo es incultura. Como lo fueron nuestros pajaritos fritos.

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Navidad sin langostinos

17 diciembre 2009

Una Navidad ecológica es aquella donde en la mesa no hay langostinos. Por si no lo sabías, el impacto medioambiental y social de criar estos mariscos es terrible. La mayoría de los que compramos proviene de grandes granjas acuícolas instaladas en países pobres. En ellos esta industria está dejando una profunda huella de destrucción y violencia, provocando el desplazamiento de miles de pescadores artesanales y la extinción de numerosas especies en países como Ecuador, Honduras, Colombia, India, Tailandia o Brasil. España es el país europeo que más langostinos importa y el tercero en el mundo. Nuestros langostinos baratos son por ello responsables directos de la destrucción de miles de hectáreas de manglares tropicales, esos bosques flotantes rebosantes de biodiversidad, más productivos y valiosos que los arrecifes de coral.

Además resultan una inmejorable barrera natural contra huracanes, tsunamis y otros desastres naturales; o lo que es lo mismo, su desaparición deja sin protección a los pueblos costeros de medio mundo.

Talados masivamente, esos encharcados ecosistemas son convertidos en grandes piscinas de cría de camarones a mayor gloria de nuestras fiestas gastronómicas, de nuestros lujos. Donde se arrojan toneladas de antibióticos, fertilizantes, fungicidas y pesticidas culpables de la aparición de numerosas enfermedades.

Un consumidor responsable rechaza los langostinos de cultivo por ser ecológicamente insostenibles. Piénsalo bien antes de incorporarlos a tu menú navideño. Y ya de paso, estas fechas rehuye las compras compulsivas, usa bolsas de tela, elige regalos producidos en tu entorno más cercano o provenientes de Comercio Justo, rechaza las comidas preparadas, compra juguetes sin pilas. Tus pequeños gestos pueden cambiar el mundo, también en Navidad.

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Os dejo un vídeo donde una canción resume la importancia de la lucha de las comunidades ancestrales del manglar ecuatoriano en defensa de su bosque y su cultura.

Y termino con la imagen del manglar más hermoso del mundo, el Corazón de Voh, en Nueva Caledonia.

Foto: Yann Arthus-Bertrand/Impact

Apaga la luz… y el coche

27 marzo 2009

Mañana por la noche, durante una hora, medio mundo quedará sumido en tinieblas. Será nuestro eclipse global, el gran apagón mundial con el que, todos juntos, tratamos de lanzar un grito desesperado pidiéndonos a nosotros mismos un cambio real en nuestro sistema de vida que haga retroceder el ya inevitable cambio climático.

Reconozcámoslo, tenemos miedo. El futuro es cada vez más negro y la culpa es nuestra, exclusivamente nuestra. Pero no queremos cambiar.

Una hora sin luces, iluminados por velas, suena hasta divertido. Otra cosa es modificar los hábitos; eso es mucho más difícil.

Por ejemplo el coche, el principal responsable de la mala calidad de aire que respiramos, que nos mata, y una de las principales fuentes de emisión de CO2. Tres de cada cuatro de los desplazamientos en España se hacen en coche y con un solo ocupante. Somos los más comodones y contaminadores de Europa. Este vicio nos roba la mitad del espacio de las ciudades, invadido por vehículos privados en forma de carreteras y aparcamientos.

Pero lo malo se pega, y en países emergentes y superpoblados como India o China el automóvil está arrollando a la bicicleta, ahora con baratos modelos de gasolina por menos de 1.700 euros. Frente a una reducción en el uso del transporte público, los 700 millones de coches que circulan en el mundo se duplicarán en 2025 si no cambian los comportamientos, que no parece que vayan a cambiar.

Los gestos, las actitudes, son muy importantes. Por eso yo les propongo para mañana ser aún más ambiciosos y no quedarse tan sólo en apagar una hora las luces. Hagamos algo más. Aprovechemos la primavera y apaguemos el coche. Salgamos a pasear, movámonos en bici, conozcamos nuestros parques, descubramos que las golondrinas y los vencejos ya han llegado.

Vayamos por delante. Es “La hora del planeta“.

“Los transgénicos son una nueva forma de fascismo”

25 febrero 2009

No lo digo yo, aunque lo piense. Lo dice Vandana Shiva, Premio Nobel Alternativo de la Paz, la gran valedora mundial del ecofeminismo además de doctora en Física, directora de la Fundación para la Investigación Científica, Tecnológica y Ecológica y miembro de Consejo Ambiental Nacional de la India.

Hizo estas declaraciones el otro día en la sede de Greenpeace España y las recoge esta asociación en su blog.

Muy crítica con estos cultivos, Vandana Shiva sitúa a sus defensores en el grupo de los “monocultivos de la mente”, personas que no entienden la importancia de la biodiversidad ni lamentan su destrucción. Porque en su opinión, los transgénicos son peligrosos asesinos de la biodiversidad.

Los cultivos genéticamente modificados llegaron a la India como la panacea de la lucha contra el hambre, pero además de fracasar en tan loable intento han traído grandes desgracias a las personas y al medio ambiente. Se está plantando masivamente algodón transgénico, que no se puede comer, pero ello ha provocado un grave endeudamiento de muchos agricultores, que llegan incluso a quitarse la vida.

200.000 suicidios en los 10 años de producción de este cultivo, según esta reputada científica. Las víctimas inocentes de los transgénicos.

Y mientras esto curre en India, España sigue liderando en Europa el cultivo a gran escala de maíz transgénico, más de 80.000 hectáreas de no sabemos muy bien qué ni a qué precio. ¿Es fascismo o es estupidez?