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El fantasma de Chillida vuelve a aparecerse en Fuerteventura

27 enero 2011

Era de prever. Como cada cuatro años desde hace 20, siempre unos meses antes de las elecciones, el fantasma de Chillida vuelve a aparecerse en Fuerteventura. Su alargada sombra se refleja sobre la montaña mágica de Tindaya, a la que el escultor soñó un día perforada a mayor gloria del arte.

Dicen los políticos canarios que esta vez va en serio, que el gran cenotafio subterráneo de 50 metros de altura y dos chimeneas saldrá adelante ajeno a los 30 millones de euros pagados por el Gobierno regional en comisiones antes de haberse movido una sola piedra. Las normas que velan por la conservación del espacio, el más protegido de España (tiene siete figuras de protección) permiten vaciarlo y urbanizarlo, pues todo es compatible en política. Y la familia del artista recuperará al fin la felicidad perdida tras el reciente cierre de su museo patrio porque nadie iba a verlo. La máquina de hacer dinero puede volver a funcionar a la grupa de esta crisis galopante donde sólo los más listos triunfan.

Como el catedrático de Ecología y presidente de WWF España, Francisco Díaz Pineda, quien firmó la declaración favorable de impacto ambiental pues en su opinión es posible agujerear Tindaya sin degradar la montaña. A cambio se le ha elegido a dedo para coordinador el estudio del futuro Parque Nacional de Fuerteventura que, curiosamente, no incluye entre sus límites a la Montaña Mágica. O el ex presidente de Adenex Santiago Hernández, también miembro del reducido equipo de sabios pro-Tindaya, buen ecologista arrepentido que además forma parte del comité técnico que asesorará al Gobierno sobre la ubicación del futuro almacén nuclear español.

Una escultura de Giacometti había sido hasta ahora la obra de arte subastada más cara de la historia, 74 millones de euros. La cantidad empalidece ante los 75 millones del presupuesto de salida de la escultura imposible de Tindaya, a sumar a los 100 millones reclamados en indemnizaciones.

Pero no se preocupen, esta vez nuestros representantes tienen una idea. La obra no nos va a costar ni un euro más (de los ya derrochados). La cándida empresa concesionaria supuestamente asumirá todos los costes a cambio de quedarse con el dinero de las entradas, calculando que la mitad de todos los turistas de Lanzarote y Fuerteventura pagarán por ver en manada tan peculiar homenaje al vacío. Eso se llama estudio serio de mercado. Y desarrollo sostenible. ¿Sostenible? El de la cuenta de resultados de algunos bolsillos.

Sobre estas líneas, recreación del disparatado proyecto escultórico de Chillida para Tindaya. La necesidad de rentabilizar la obra con la venta de entradas obligará a llenar el espacio con cientos de turistas gritones en lugar de con los apenas cinco que aparecen en la bucólica imagen. En el caso de que la obra se haga y no se hunda el techo.

Como siempre, la genialidad de El Roto dice mucho más que cualquier artículo.

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Viendo pájaros en la Luna

09 abril 2010

La semana pasada he participado en uno de los proyectos ornitológicos más curiosos de Europa. Se conoce por el nombre anglosajón de moonwatching y básicamente se trata de eso, de ver pájaros en la Luna.

Pero no, no me tachen de loco. Si nuestro inhóspito satélite blanco carece de vida de cualquier tipo, más difícil aún resulta que sobre su inexistente atmósfera vuelen las aves. Se trata de algo mucho más sencillo. Utilizamos a la Luna como si se tratara de una farola encendida en medio del firmamento. De esta forma, cuando algún pajarillo cruza delante de ella, podemos ver por unos instantes su silueta antes hacerse invisible de nuevo en la oscuridad de la noche.

Y algunos de ustedes se preguntarán ¿qué especies volatineras van a verse volando por la noche? ¿Apenas búhos y algún murciélago? Pues se equivocan. La Luna puede servirnos como gran chivato de la migración nocturna que todos los años, en primavera y en verano, realizan millones de aves entre África y Europa. Porque las dos terceras partes de todas las especies migradoras lo hacen por la noche.

Se calcula que en estos meses primaverales pasa por delante del disco lunar un ave cada uno o dos minutos, e incluso en días y lugares estratégicos un ave cada dos segundos. De acuerdo con la Fundación Migres, promotora de este singular experimento nunca antes realizado en España, los flujos medios indican una migración de 1.000 a 1.500 aves por kilómetro de cielo y hora.

Y ahí estaba yo en la azotea de mi casa en Fuerteventura, telescopio en ristre, esperando ansioso la salida de la Luna. Diez minutos de observación ininterrumpida y cinco minutos de descanso a lo largo de dos horas. Pero no pasaba nada. Yo, que me las prometía tan felices a la espera de descubrir un trasiego constante de aves hasta entonces invisibles a mis ojos, veía pasar el tiempo sin que nada rompiera esa monotonía de cráteres y mares celestes.

¿Estaría haciendo algo mal? ¿Tan difícil era ver ese tráfico aviar que mis colegas me relataban entusiasmados?

Finalmente, cuando ya había perdido toda esperanza, la silueta rápida de un pájaro mediano, seguramente un alcaudón, cruzó velocísima frente a la Luna antes de perderse de nuevo en la oscuridad rumbo decidido al norte. La emoción sentida por mí en esos momentos fue indescriptible.

Acababa de ver con mis propios ojos el comportamiento más celosamente guardado por las aves, las migraciones nocturnas para evitar el ataque de rapaces. Miles de kilómetros en la oscuridad orientándose por las estrellas, volando sin detenerse a beber, comer o descansar. Es verdad, sólo vi un pájaro esa noche, pero fue suficiente para aprender un montón de cosas. Entre otras, que Canarias está en medio del Atlántico, lejos de las rutas migratorias habituales. Y que la Luna de abril es mágica.

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Talan el árbol de Unamuno

27 diciembre 2009

Era el último testigo vivo del vergonzante exilio de Miguel Unamuno a la isla canaria de Fuerteventura en 1924. O al menos así lo pensaban muchos vecinos. Y lo acaban de talar.

De nada le ha valido el respeto y hasta la admiración que muchos sentíamos por este venerable superviviente, curtido en mil batallas urbanísticas. Cuando el bello especiero (Schinus molle) conoció al querido rector de Salamanca todo esto era campo abierto. Daba sombra a la última casa camino de la playa, en un destartalado caserío que por entonces se llamaba Puerto Cabras, rebautizado en 1956 como Puerto del Rosario por eso del marketing.

Por aquí bajaba todos los días Unamuno para bañarse desnudo en Playa Blanca (fue precursor del nudismo en España), o para sentarse en un peñasco frente al océano, donde pidió que le enterraran si moría en Fuerteventura. Ya no queda esa piedra, ni el árbol, como tampoco la gran finca agrícola de Diego Miller, el inglés, donde gustaba el escritor de detenerse para ver los camellos y charlar con sus cuidadores.

Pobre árbol, aromático, resistente, extranjero (es originario del Perú), viejo. No le dieron ni el privilegio de morir como mueren los árboles, abatidos por la afilada hoja del hacha. Murió vilmente, arrancado sin compasión por una excavadora, como quien arranca una mala hierba.

Ahora vendrá nuestro alcalde a decirnos que plantará otro o quizá un centenar. No es lo mismo señor político. Las vidas no se pueden intercambiar como mercancías. Ya se lo dijo el propio Unamuno: “Venceréis pero no convenceréis”. Pobres árboles singulares, nos quedamos sin ellos.

Las langostas llegan a Canarias

30 noviembre 2009

No es un plaga, todavía. Tan sólo se trata de una avanzadilla. Pero ya están aquí, en Fuerteventura, en la isla de Canarias más cercana al desierto. La primera langosta me la encontré hace unos días justo a la puerta de mi casa. Pero este fin de semana las he visto en numerosos lugares, tanto del interior como de la costa oriental. Incluso en un sitio tan agreste como los acantilados de La Entallada, un árido mundo de espectaculares risqueras elevadas casi 300 metros sobre el Atlántico.

Mientras media España se hiela por culpa de un frente frío de nieve, viento y lluvia, aquí en las Afortunadas estamos gozando de un tiempo veraniego, con un mar en calma que incita al baño. Tan sólo el suave viento del sureste, unido a la calima, ese polvo en suspensión llegado del Sahara, nos indica que estamos bajo la influencia del por nosotros conocido como “tiempo africano”.

Algunas veces, con este viento nos llegan accidentalmente aves extrañas provenientes del vecino continente. Pero en esta ocasión han llegado las temidas langostas (Schistocerca gregaria).

Todavía no son rojas, así que aún no están en su etapa reproductiva, la más voraz de su ciclo. Las que se ven ahora por Fuerteventura son adultos solitarios, escapados de las fumigaciones salvajes con las que están combatiendo a la plaga en la vecina Mauritania.

La última vez que llegaron a la isla fue hace 5 años, también por estas mismas fechas, sólo que entonces su aparición fue masiva. Y espectacular. Más de dos millones de cigarrones o langostas africanas lo cubrieron todo de un movedizo manto púrpura.

Estos bichos son increíbles. Una nube de tamaño medio agrupa a 50 millones de individuos que cada día pueden merendarse 100 toneladas de materia vegetal. Un desastre. Aunque como en Fuerteventura el único cultivo rentable actual es el turismo, su aparición no nos preocupa demasiado mientras no devoren los jardines de las urbanizaciones y los complejos hoteleros.

Las de ahora son de momento inofensivas. Un toque africano en estas tierras desérticas donde vivo. Y una fuente extra de alimentación para muchas especies de aves, como el cernícalo o la hubara, quienes celebran su llegada como un maná caído del cielo, quizá no muy agradable a la vista, pero nutritivo a fin de cuentas.

En la primera imagen podéis ver la foto que le hice ayer por la mañana a una langosta en los acantilados de La Entallada, a donde fui para hacer un estudio faunístico.

Sobre estas líneas los cantiles ocupados por los insectos, un farallón gigantesco que mira hacia el Sahara. Desde aquí a Tarfaya hay menos de 100 kilómetros en línea recta.

¿Te escandaliza el nudismo en las playas?

07 agosto 2009

La noticia la conocéis todos. El Ayuntamiento de Cádiz ha aprobado una ordenanza municipal que castiga con multas de entre 100 y 750 euros a las personas que practiquen el naturismo en las playas urbanas. Se supone que bañarse públicamente sin ropa es una inmoralidad, perseguible por la policía.

La normativa municipal no aclara si el topless queda igualmente prohibido, quizá porque a los políticos gaditanos eso de ver tetas les sigue alegrando los ojillos. Tampoco si un niño en porretas será igualmente sancionado “por escándalo público”.

¿Pero a estas alturas escandaliza a alguien el nudismo?

Recuerdo una aldea gallega donde, hace ya muchos años, el párroco y sus feligresas más incondicionales echaron de la playa, con horcas y guadañas, a las mujeres que tomaban el sol sin la parte de arriba al grito de “guarras”.

Por suerte hoy esté tabú está superado en España, aunque no en otros países como en China. Allí lo normal es ver a las féminas tomar el sol con bañador de una pieza sobre el que suelen ponerse además una camiseta. Y en Filipinas te quedas asombrado cuando ves a la gente bañarse vestida, y caminar luego chorreando hasta sus casas, donde pueden cambiarse de ropa con total intimidad.

Está claro que esto del nudismo es algo cultural, aunque no es nuevo. Cuando Miguel de Unamuno estuvo desterrado en Fuerteventura en 1924, fue amonestado por el dueño del hotel en el que se alojaba pues los vecinos le habían visto tomar el sol desnudo sobre la azotea, a lo que el buen profesor respondió:

“Pues que no miren”.

Hoy en esa misma isla canaria donde yo vivo el nudismo se ve con la más absoluta naturalidad. No hay playas exclusivas para bañarse desnudo, sino que cada uno va como quiere. Eso sí, el sentido común te hace evitar las zonas muy concurridas.

La práctica del nudismo es algo natural, agradable, lógico e imparable. Sin embargo, quizá no estamos del todo acostumbrados a practicarlo, y como me reconocía hoy una amiga, algunas veces nos da vergüenza si nos encontramos en la playa con el vecino, el alumno o el compañero de trabajo, y encima ellos van vestidos y nosotros no. ¿No os ocurre eso a vosotros?

La solución sería acotar zonas de la playa para la práctica del naturismo, donde todo el mundo vaya en pelota picada, aunque yo sigo prefiriendo el modelo majorero. Y como diría mi querido Unamuno, si a alguno no le gusta, pues que no mire.

Ya no nos gustan las gaviotas

22 mayo 2009

Antes las gaviotas eran sagradas, predecían las tragedias en el mar llorando por los marineros muertos, anunciaban la cercanía de la tierra salvadora, matarlas traía mala suerte. Pero ahora es diferente. Ahora nos molestan, las odiamos, las llamamos ratas con alas y decretamos su extinción.

Es verdad, hay muchas, cada vez más descaradas, más urbanas, más agresivas. Aunque la culpa no es de ellas, es nuestra.

La pasada semana estuve haciendo un estudio medioambiental en una colonia de gaviotas patiamarillas (Larus michahellis) en la zona más desolada de Fuerteventura, en Canarias. Hace 10 años había apenas cien parejas y ahora son más de 300. Al ir a anillar uno de los pollos, éste vomitó asustado lo último que había comido y ¿saben lo que escupió? Una loncha de jamón york. Me quedé asombrado, pues no hay ningún pueblo ni basurero cercano. ¿Se lo habrían quitado sus padres a algún turista en la playa? Seguramente.

Lo mismo, pero más preocupante, está ocurriendo en ciudades como Barcelona, donde los alumnos de un céntrico colegio deben ahora almorzar en clase antes de salir al recreo, para evitar que las aves les roben sus bocadillos. Una ciudad donde las denuncias por supuestos ataques de las gaviotas no paran de aumentar, como también pasa en Gijón, La Coruña, Vigo o Cádiz.

El remedio fácil es destruir sus nidos instalados en los tejados y hasta matarlas, pero no sirve de nada. Las patiamarillas hacen puestas de reposición, cambian de sitio e incluso, eliminando adultos, facilitamos la llegada de subadultos.

Sólo existe una solución, dejarlas sin comida. Y no sólo sin basura, reciclando y aprovechando al máximo las 1,3 millones de toneladas de residuos que Europa produce al año. Hace falta acabar con el derroche de los descartes pesqueros, 3.000 toneladas diarias tiradas al mar sólo en la Unión Europea. Con tanto despilfarro ¿cómo no va a haber gaviotas?

Bebamos toda el agua de mar que queramos

03 diciembre 2008

Vivo en un desierto rodeado de agua, en medio de una isla sedienta. Pero también es un oasis, pues tenemos el secreto tecnológico que nos permite seguir aprovechándonos del océano hasta sus últimas gotas.

El milagro, el sueño de beber agua del mar de forma fácil y sencilla, es posible. Tan sólo nos hace falta tener la energía eléctrica necesaria para potabilizarla. Lo acabo de comprobar ayer mismo aquí, en Fuerteventura.

Hace un mes llegaron en barco tres contenedores azules repletos de extraños artilugios con la última tecnología en desalación, la cada vez más modernizada ósmosis inversa. No venían de muy lejos. En realidad de la isla de enfrente, pues se trata de tecnología nacional, canaria para más señas. Conectados rápidamente los tres módulos entre sí, por un lado bombean agua marina y por el otro entregan agua dulce de gran calidad a la red general de abastecimiento, mientras un emisario submarino devuelve mar adentro toda la salmuera extraída. Las 24 horas del día, los 365 días del año.

Los tres contenedores azules producen por sí solos 2.500 metros cúbicos diarios, agua suficiente para abastecer a una población de 10.000 habitantes. Movibles, manejables, se pueden instalar en cualquier lugar cercano a la costa. Y lo que es mejor, son tremendamente eficientes. Gracias a ello se ha logrado aumentar la producción y reducir a la mitad el consumo eléctrico, pasándose de un gasto de 4,7 kilowatios por hora para cada 1.000 litros de agua a tan sólo 2,7 kilowatios por hora. Dicen los expertos que los 1,2 millones de euros invertidos en la nueva planta majorera es una cantidad muy barata comparando con lo que costaba antes lograr lo mismo.

Mar tenemos mucho. El problema es el enchufe. Como ya os he contado en otra ocasión, la práctica totalidad de la energía eléctrica consumida en Fuerteventura proviene de quemar petróleo en una gran central térmica terriblemente contaminante.

El día en que logremos unir estas nuevas plantas móviles de desalación con centrales de energía renovable como eólicas, solares o incluso abastecidas con el eterno movimiento de las olas, habremos acabado con la sed del planeta. Igual en Europa que en la más perdida aldea africana o asiática. Un día cada vez más cercano.

Sobre estas líneas podéis ver los tres contenedores de la desaladora móvil instalada en Puerto del Rosario, capaz de potabilizar agua para más de 10.000 personas en cualquier sitio costero donde se ubique. Todo un éxito tecnológico “Made in Spain”.

Fuerteventura: un desierto rodeado de agua

30 julio 2008

La paradójica frase no es mía. Es el lema del programa que presenta Fuerteventura en la Expo de Zaragoza.

Mi isla es el lugar más árido de toda España, un sediento trozo del Sáhara en medio del Atlántico, y por lo tanto rodeada de agua, pero de un agua salada, inconsumible.

La segunda isla de Canarias en extensión malvivió mirando a un cielo estéril hasta la llegada de la primera desaladora hacia 1971. Desde entonces, crecimiento económico y poblacional han estado directamente ligados a la producción de agua potable, y ésta a la producción de energía eléctrica en centrales alimentadas por gasoil.

No es el majorero un caso aislado. Canarias tiene actualmente unas 330 desaladoras en funcionamiento, que se concentran básicamente en Gran Canaria, Lanzarote, Tenerife y Fuerteventura. Con todas ellas se producen unos 214’6 Hm3 anuales de agua desalada, generándose unos 588.000 m3 diarios.

La evolución tecnológica, con el desarrollo del sistema de la ósmosis inversa, ha permitido reducir el consumo energético requerido para la desalación de agua hasta un 10% del que era necesario cuando a finales de los 60 del pasado siglo comenzaron a funcionar las primeras desaladoras en Canarias. A pesar de ello, todavía esta desalación representa un tercio de toda la energía eléctrica que se consume en Fuerteventura.

Somos el lugar con más sol de Europa y también el más ventoso, pero tan sólo tenemos un parque eólico y ningún huerto solar. La incapacidad de nuestros políticos nos ha hecho absolutamente dependientes del petrolero, en cuya carga periódica se basa peligrosamente toda nuestra economía y, con ello, nuestro futuro.

¿Les parezco exagerado?

Un único dato estadístico resulta esclarecedor. Nuestra única industria es la turística, y se calcula que por cada plaza alojativa se consumen 320 litros de agua al día. Hagan cuentas. En Fuerteventura recibimos casi un millón de turistas al año. Y eso significa mucha agua y mucho petróleo.

Los jóvenes no quieren ser ganaderos

17 mayo 2008

Hacen el mejor queso de Canarias, pero no tienen ningún secreto especial para justificar su éxito. Y aunque lo tuvieran, moriría con ellos, pues ninguno de los tres hijos de estos ganaderos de Fuerteventura quiere seguir la tradición quesera de sus padres, aprendida de sus abuelos y éstos, a su vez, de los suyos.

El queso semicurado elaborado con leche cruda de cabra de la quesería La Montañeta, de Casillas del Ángel, fue elegido recientemente como «Mejor Queso de Canarias 2008», al obtener la máxima puntuación en el VIII Concurso Nacional de quesos de leche de cabra Premios Tabefe Fuerteventura.

Desde la atalaya de su granja, un excepcional mirador sobre el histórico pueblo, Felipa Valdivia y su marido, Juan Manuel Rodríguez, contemplan el paso del tiempo aferrados a la tradición de sus mayores, a la ganadería.

Una actividad que, aunque les permite vivir sin estrecheces económicas, les obliga a estar esclavos de las cabras. Es por eso que ninguno de sus tres hijos, dos chicas y un chico, está dispuesto a seguir con la actividad familiar. A pesar de contar con las últimas técnicas de ordeño y fabricación de quesos, el trabajo es mucho.

«Ninguno quiere saber nada del ganado, la nieta de 9 años es la única que está siempre empeñada en venir a ver ordeñar, pero porque es chica todavía», se lamenta Felipa, aunque en el fondo les comprende. «Los jóvenes no quieren este trabajo porque es muy sacrificado, no tiene vacaciones ni fines de semana».

Trabajo y más trabajo. «Aquí no descansamos nunca. Por las mañanas con el queso y por las tardes en el hogar, por lo menos lo que es la ropa, la comida y limpiar la casa un poco», explica esta mujer, nacida en la Rosa de Tinojay hace 48 años.

¿No le ayuda el marido?

«Yo tengo otros quehaceres», justifica el aludido. «Ella se encarga del queso y de la casa. Yo de los animales y de la carne». Lo hacen así desde que se casaron hace 30 años, de manera que, al menos a ellos, el reparto de deberes les funciona.

Felipa acaba de ver recompensados todos sus esfuerzos con la entrega de tan importante distinción. Hace el mejor queso de Canarias. Pero el premio no se le ha subido a la cabeza. Sigue igual de humilde, sin arrogarse de secretos especiales para justificar la excepcional calidad de su producto:

«Aprendí de mi madre, de verlo hacer toda la vida. No es difícil, sólo trabajoso».

Juan Manuel Rodríguez observa parte del rebaño de más de 200 cabras que tiene en su granja majorera. En la imagen superior, su mujer Felipa Valdivia nos muestra uno de los quesos artesanales que hace diariamente en su casa y luego vende por la isla y en Gran Canaria.

Las golondrinas luchan por llegar a casa

28 abril 2008

Este fin de semana ha sido especialmente duro aquí en Fuerteventura (Islas Canarias). Hemos sufrido una terrible ola de calor sahariano, acompañada de fuertes vientos del Este y de polvo del desierto en suspensión (calima). Como único remedio nos fuimos a la playa.

Allí, con más de 40 grados en un terreno terríblemente árido, mis hijos me señalaron alegres la presencia de un grupo de golondrinas que sobrevolaban los abruptos acantilados de la costa oeste majorera. Para ellos era toda una novedad, pues estas bellas aves no crían en Canarias y sólo las vemos de paso, cuando suben o bajan en su incansable peregrinar migratorio. Pero yo sentí una pena terrible.

Por ellas, que volaban hacia atrás, empujadas sin piedad por el huracanado céfiro, en un intento imposible por mantener su obstinada dirección hacia el norte, pero también por todas esas otras miles de golondrinas, seguramente decenas de miles, que no tuvieron tanta suerte de encontrar una isla en medio del Atlántico donde poder descansar antes de seguir su camino hacia el continente vecino. Y murieron ahogadas en medio del mar.

Ya lo sé. Es ley de vida, la dura ley de la Naturaleza donde no sólo hace falta ser el más fuerte para sobrevivir, sino también el más afortunado. Así ha ocurrido siempre y así seguirá ocurriendo siempre.

Mañana aflojará el viento y las golondrinas supervivientes podrán seguir su periplo. En Andalucía algunas llegaron hace más de un mes y ya tienen incluso pollos, así que muy probablemente éstas pertenezcan a poblaciones instaladas muy al norte, quizá escandinavas o escocesas. Luchan por llegar a sus casas, algún establo o buhardilla en un perdido rincón al que acuden todos los años con tanta puntualidad como exactitud, sin necesidad de GPS ni de mapas. Les quedan por lo tanto más de 2.000 o 3.000 kilómetros de viaje, pero tras recalar aquí en Canarias y recuperar fuerzas llegarán puntuales a su destino.

¡Les deseo toda la suerte del mundo!