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La crónica verde La crónica verde

Podrán cortar todas las flores, pero no podrán detener la primavera. (Pablo Neruda)

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El fantasma de Chillida vuelve a aparecerse en Fuerteventura

Era de prever. Como cada cuatro años desde hace 20, siempre unos meses antes de las elecciones, el fantasma de Chillida vuelve a aparecerse en Fuerteventura. Su alargada sombra se refleja sobre la montaña mágica de Tindaya, a la que el escultor soñó un día perforada a mayor gloria del arte.

Dicen los políticos canarios que esta vez va en serio, que el gran cenotafio subterráneo de 50 metros de altura y dos chimeneas saldrá adelante ajeno a los 30 millones de euros pagados por el Gobierno regional en comisiones antes de haberse movido una sola piedra. Las normas que velan por la conservación del espacio, el más protegido de España (tiene siete figuras de protección) permiten vaciarlo y urbanizarlo, pues todo es compatible en política. Y la familia del artista recuperará al fin la felicidad perdida tras el reciente cierre de su museo patrio porque nadie iba a verlo. La máquina de hacer dinero puede volver a funcionar a la grupa de esta crisis galopante donde sólo los más listos triunfan.

Como el catedrático de Ecología y presidente de WWF España, Francisco Díaz Pineda, quien firmó la declaración favorable de impacto ambiental pues en su opinión es posible agujerear Tindaya sin degradar la montaña. A cambio se le ha elegido a dedo para coordinador el estudio del futuro Parque Nacional de Fuerteventura que, curiosamente, no incluye entre sus límites a la Montaña Mágica. O el ex presidente de Adenex Santiago Hernández, también miembro del reducido equipo de sabios pro-Tindaya, buen ecologista arrepentido que además forma parte del comité técnico que asesorará al Gobierno sobre la ubicación del futuro almacén nuclear español.

Una escultura de Giacometti había sido hasta ahora la obra de arte subastada más cara de la historia, 74 millones de euros. La cantidad empalidece ante los 75 millones del presupuesto de salida de la escultura imposible de Tindaya, a sumar a los 100 millones reclamados en indemnizaciones.

Pero no se preocupen, esta vez nuestros representantes tienen una idea. La obra no nos va a costar ni un euro más (de los ya derrochados). La cándida empresa concesionaria supuestamente asumirá todos los costes a cambio de quedarse con el dinero de las entradas, calculando que la mitad de todos los turistas de Lanzarote y Fuerteventura pagarán por ver en manada tan peculiar homenaje al vacío. Eso se llama estudio serio de mercado. Y desarrollo sostenible. ¿Sostenible? El de la cuenta de resultados de algunos bolsillos.

Sobre estas líneas, recreación del disparatado proyecto escultórico de Chillida para Tindaya. La necesidad de rentabilizar la obra con la venta de entradas obligará a llenar el espacio con cientos de turistas gritones en lugar de con los apenas cinco que aparecen en la bucólica imagen. En el caso de que la obra se haga y no se hunda el techo.

Como siempre, la genialidad de El Roto dice mucho más que cualquier artículo.

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Un pequeño escarabajo frena el macropuerto industrial en Tenerife

Qué mala suerte tienen los especuladores canarios. Deciden hacer un segundo puerto en Tenerife, en las desiertas costas de Granadilla, bañado por millones de euros de ganancias, pero les surge un problema inesperado. Allí está la mejor pradera submarina de seba (Cymodocea nodosa) de toda Canarias, una especie protegida. ¿Imposible seguir? Tranquilos, ningún problema, para eso están los amigos. Y es así como el Gobierno de Canarias se saca de la manga un nuevo catálogo regional de especies protegidas que, entre otras barbaridades y sin necesidad de consultarlo con especialista alguno, desprotege a la molesta hierba marina por el puro interés público de unos pocos. Vía libre a la destrucción-especulación de la costa.

Sin embargo, un nuevo obstáculo ha vuelto a cruzarse en el camino del macropuerto tinerfeño. Se trata de un pequeño escarabajo endémico de tan sólo dos centímetros, la Pimelia canariensis. Por un error imperdonable de los políticos no se había desprotegido con el nuevo decreto, dejándolo en la categoría de “en peligro de extinción”, tras perecer bajo las urbanizaciones de Los Cristianos y el polígono industrial de Güímar. Y han aparecido tres ejemplares justo donde trabajan ahora las máquinas.

¿Pararán la obra estos bichos? Lo intentan pero, sinceramente, lo tienen difícil. Los promotores ya han pedido su descatalogación urgente, faltaría más. Y mientras tanto, se comprometen a dedicar un día a la captura de estos incómodos bichitos, que serán liberados en algún espacio protegido donde no den tanta guerra, dejando así vía libre a la labor urbanizadora de las excavadoras. “No más de 40 ejemplares”, advierten.

Dicen que esto es gestión ejemplar de los recursos naturales en uno de los reductos de la biodiversidad más importantes del planeta. Que la producción de plátanos en la isla nada tiene que ver con los tradiciones métodos de gobierno de otras repúblicas bananeras. Que a los políticos lo que de verdad les gusta son los escarabajos peloteros, aficionados a hacer bolas de mierda, y no estos de seis patas que sólo tienen por amigos a ecologistas y otras gentes de mal vivir.


En la imagen superior, fotografía de Pimelia canariensis, pequeño escarabajo que de todo el mundo sólo vive en el sur de Tenerife, y cuyas poblaciones cada vez son menores y están más fragmentadas.

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Los especuladores sitian Numancia

A los romanos les costó un triunfo dominar la ciudad celtíbera de Numancia. Hizo falta enviar a Escipión el joven, el vencedor de Cartago, quien tras más de un año de cerco infernal sólo logró entrar en una ciudad devastada después de que sus habitantes la prendieran fuego y se inmolasen en ella. Prefirieron morir libres antes que vivir como esclavos.

Hoy Numancia es un apacible cerro elevado sobre el río Duero, sin más vida en ella que algún alcaraván despistado correteando por entre sus piedras milenarias. Sin embargo, la vieja ciudad vuelve a estar sitiada, esta vez por los especuladores sin escrúpulos y, lo que es peor, por la especulación institucional, la peor de todas. Son ellos los que pretenden robarnos su riqueza más sagrada, su paisaje histórico, en aras de algo tan poco original como el pelotazo urbanístico. Para nuestra desgracia, son precisamente las administraciones que deberían proteger este inmenso legado quienes lo promueven, vayan ustedes a saber por qué espurios intereses.

La situación es tan grave que el yacimiento ha sido incluido en la Lista roja de patrimonio en peligro elaborado por la asociación Hispania Nostra.

La relación completa de amenazas causa escalofríos:

Un complejo residencial de 288 viviendas junto al campamentos romano de Alto Real, a pesar de estar protegido como bien arqueológico e histórico.

800 viviendas en un nuevo pueblo de colonización VIP al que irónicamente han dado en llamar Ciudad del Medio Ambiente, y que incluye hasta un hipódromo y varios hoteles. Ya han talado 3.000 pinos y amenazan a la segunda mayor colonia de cigüeñas de la provincia de Soria, a pesar de ser un espacio de alto valor ecológico y ambiental protegido por la Directiva Hábitats.

Un polígono industrial, Soria II, de 150 nuevas hectáreas, cuando tienen 300 sin usar en Valcorba y la ciudad tan sólo necesita 1,5 hectáreas al año.

Hasta con los espíritus románticos arremeten, pues han autorizado la construcción de un tanatorio en el famoso Monte de las Ánimas que cantara Bécquer.

No se dan cuenta de que el gran valor de Numancia no son sus piedras, es su paisaje. Sólo en este cerro podemos dar un salto en el tiempo para, 2.150 años después, reconstruir en nuestra imaginación la mirada desafiante de los resistentes numantinos a sus sitiadores romanos, con la misma intensidad y emoción de entonces. Porque allí la historia está viva gracias a su entorno.

Para protegerla definitivamente sólo hay una solución: declarar a Numancia Patrimonio de la Humanidad, poner su preservación en manos de la Unesco, ya que nuestros representantes son incapaces de hacerlo.

Esta vez los sorianos no van a prender fuego a la ciudad como pretenden sus políticos irresponsables. Esta vez pondrán todo su esfuerzo y valentía en defenderla; con uñas y dientes si hace falta.

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En el mapa inferior podéis ver cómo los proyectos urbanísticos están estrechando el cerco histórico romano a la ciudad celtíbera.

Quieren cargarse nuestros parques

No tengo dudas. Los especuladores, de la mano de nuestros políticos (o los políticos de la mano de nuestros especuladores) quieren robarnos el corazón de las ciudades, los parques urbanos. Hambrientos de suelo, tras urbanizar hasta la última parcela de sus municipios están ahora devorando nuestros más queridos oasis de calma y verde. No se dan cuenta de la importancia de estos remansos de serenidad, sólo ven árboles y césped donde en realidad palpita el espíritu de nuestras ciudades, lugares de juegos infantiles, de amores adolescentes, de calma en medio de la marabunta urbana, de ensoñación y también de nostalgia.

Van a por ellos. Un ejemplo es el Parque de Arriaga en Vitoria-Gasteiz. La instalación bajo sus parterres de una estación intermodal (tren y autobús) acabará con 548 árboles y arbustos. Aunque sea subterránea, las plantas tienen raíces y necesitan de suelos profundos. Pero es que además está previsto levantar a su lado un gran edificio de oficinas de 15 plantas, un hotel y un centro comercial.

Otro polémico proyecto es el que se comerá un tercio del Parque de los Castillos en San José de Valderas (Madrid), donde se construye el Centro de Creación de las Artes de Alcorcón.

Dos buenas ideas en lugares equivocados, aunque hay muchos más parque amenazados como en Sevilla (Prado de San Sebastián), Madrid (La Cornisa-Vistillas), Ordizia (Oihangu). ¿Sabes tú otros?

Por suerte, en todos los casos la movilización vecinal está poniendo muy difícil que ambos planes salgan adelante. Parece mentira que tengamos que ser nosotros, la gente de la calle, quienes expliquemos a los técnicos que los árboles no son farolas de quita y pon, que son seres vivos a los que amamos, que queremos nuestros parques como están ahora, o mejorados, pero nunca reducidos, inutilizados, muertos.

Aparcamientos, edificios públicos y privados, hormigón. Cuando las excavadoras entran en estos refugios de la ciudad les parten el alma, ya nunca volverán a ser iguales. Por eso la gente se rebela, se asocia, lucha, defiende, se planta. ¡Salvemos nuestros parques!

Foto: Una de las muchas manifestaciones organizadas en Vitoria a favor del Parque de Arriaga.

La especulación nos deja sin pan ni cebolla

“Yo contigo pan y cebolla”, le dijo muy seria Juliana a Maximiliano, allá en Hontoria de la Cantera (Burgos) hace 84 años. Eran mis abuelos y sabían lo que se prometían. Su boda fue por amor y a pesar de las amenazas familiares. Por eso se lo dijeron en el vacío salón de la casa, mirándose con determinación a los ojos, buscando en ellos el brillo de la ilusión a la luz de esa vela apoyada en la caja de frutas que fue su primer mueble. Era su noche de bodas, y esa frugal cena, a la que siguieron otras muchas, estuvo marcada por la sencillez de nuestro producto agrícola más humilde, la cebolla.

Mi abuela Juliana ya no vive. Se evita así el sobresalto de ver hasta qué punto han cambiado las cosas. Porque esas cebollas con las que ella hacía las mejores morcillas del mundo tienen ahora un precio disparatado. Y no sólo por lo mucho que pagamos por ellas, sino sobre todo por lo poquísimo que recibe por ellas el agricultor.

Según el Índice de Precios en Origen y Destino (IPOD) del pasado mes de febrero, la persona que tiene una tierra, la prepara, abona, siembra, trabaja, riega, cosecha y lleva a vender al almacén recibió 0,1 euros por kilo, mientras que nosotros pagamos en la tienda por esas mismas cebollas 1,10 euros, un 1.100% más. Mi abuela, que era agricultora y también tenía una pequeña tienda de alimentación, se habría escandalizado ante tan injusta diferencia de precio, y yo también. Por no hablar del pan. Para este producto fundamental en nuestra alimentación su precio se incrementa un 1.400% por encima del pagado al agricultor, ya considerada la equivalencia de su transformación. Y es que los especuladores del ladrillo parecen haberse refugiado en nuestros alimentos, para desesperación de productores y consumidores.

Así las cosas, ya contigo ni pan ni cebolla, que está la vida muy cara.

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Foto: Ojodigital.

Apartamentos camuflados en una Reserva de la Biosfera

Pocos lugares hay en España más mágicos y maravillosos que el Parque Natural Sierra de Grazalema, entre Cádiz y Málaga. Andaluz y sureño por los cuatro costados, es el lugar donde más llueve de España, superior incluso a Santiago de Compostela. También el refugio de uno de los bosques más amenazados del mundo, el pinsapar (Abies pinsapo). Por éstas y otras características únicas la Sierra de Grazalema fue declarada en 1977 Reserva de la Biosfera por la UNESCO, el primer espacio en España en lograr este preciado galardón y el primer parque natural de Andalucía.

Os imaginaréis que un sitio así estará cuidado como oro en paño, a salvo de amenazas y agresiones, pero desgraciadamente estáis equivocados. No se hace tan a las claras como en otros sitios, pero como ha denunciado la semana pasada Ecologistas en Acción, la pasividad de las administraciones competentes –Ayuntamientos y Junta de Andalucía- para con las ilegalidades urbanísticas en el Parque Natural Sierra de Grazalema está permitiendo toda clase de subterfugios. Algunos tan increíbles como reconvertir naves ganaderas en apartamentos turísticos, como ha sucedido en la población de El Bosque.

Allí se han construido hace un año unas naves ganaderas con autorización de la Consejería de Medio Ambiente, que posteriormente se reconvirtieron en apartamentos turísticos de forma ilegal, sin que nadie haga nada para ordenar su derribo. Naves ganaderas con sus dormitorios, cuartos de baño, cocinas y televisión, que para colmo se publicitan con todo el descaro pues saben que nadie les hará nada.

Desgraciadamente no es un problema andaluz. En Canarias se han autorizado (y se siguen autorizando) miles de “cuartos de aperos” que incluyen entre su dotación piscina y sauna, segundas y terceras residencias en el campo luego rentabilizadas como ilegales casas rurales promocionadas por toda Europa a través de Internet.

Con la escusa de ayudar al ganadero y al agricultor, de defender el sector primario, se está permitiendo una destrucción salvaje del paisaje.

Agresión urbanística “sin ánimo de lucro” cerca de Monfragüe

Sigo siendo un ciudadano en permanente estado de asombro y perplejidad. Por poca sensibilidad ambiental que uno tenga, es imposible no sobresaltarse ante anuncios como el último que acabo de ver en la prensa.

La localidad cacereña de Aldeacentenera, situada a las puertas del Parque Nacional de Monfragüe, ha presentado estos días el proyecto de una macrourbanización residencial que integrará un complejo turístico con un centro de vuelo ultraligero, un campo de golf y un centro de hípica. Pomposamente denominado ‘Air Park Golf’ (en inglés, off course), supone el primer proyecto europeo que integra estas tres posibilidades deportivas aparentemente incompatibles.

La información no señala cuántos cientos de viviendas se levantarán en las 160 hectáreas de terrenos seleccionados por los promotores, hasta ahora rústicos y de gran valor natural. Tan sólo que, como ha indicado el alcalde, Francisco Monterroso, el acceso a las instalaciones no tendrá “ánimo de lucro”, pues las cuotas de acceso a las instalaciones “amortizarán los costes de producción y el mantenimiento de las instalaciones, aunque no pretenden obtener beneficios”.

El autor del proyecto, Jorge Gosalves, ha señalado que los vehículos aéreos podrán aterrizar en las viviendas del complejo y es una “apuesta ambiciosa” para atraer los amantes de este deporte, ya que estos vehículos alcanzan una velocidad de unos 200 nudos y permiten a los usuarios arribar a Madrid o Málaga en tan sólo una hora.

Por otro lado, el alcalde ha explicado que el proyecto está englobado dentro de un proyecto más amplio de recuperación, que incluye la rehabilitación de un castro descubierto en el municipio que data de la época celta y pretende atraer al turismo.

En estos momentos, ha señalado, el Consistorio Municipal está a la espera de pasar “lo antes posible” todos los trámites administrativos para que, una vez superados, su construcción tenga un tiempo de ejecución de tres años.

Si me pinchan no sangro. ¿Nos hemos vuelto locos? ¿O quizá tenga razón Ionesco y nos estaremos convirtiendo todos en estúpidos rinocerontes?

El deporte de los pelotazos

El Ayuntamiento de Villalbilla (Madrid) pretende legalizar en un próximo pleno las obras de ampliación del campo de golf Valdeláguila, a pesar de que las actuaciones están siendo objeto de un procedimiento penal. Según ha denunciado Ecologistas en Acción, la promotora HERCESA ha ofrecido adelantar dinero de convenios urbanísticos si se produce tal legalización.

Para los ecologistas, dicha ampliación es el proyecto que mejor refleja el desmadre urbanístico del pequeño municipio de Villalbilla. Y señalan como prueba que las obras han sido realizadas sin someterse al preceptivo trámite de evaluación de impacto ambiental a pesar de afectar a zonas arboladas protegidas.

El golf se juega con pelotas pequeñas, pero sus promotores dan con ellas los grandes pelotazos. En Madrid, Andalucía, Canarias e incluso en el desierto de Los Monegros. En este último lugar se proyecta ahora una gran ciudad de lujo y diversión, ajena a las gigantescas necesidades de agua y energía que harán falta para ponerla en marcha. Un vídeo, realizado por Pau Lamuà, ironiza sobre el proyecto Gran Scala-Las Vegas que se quiere realizar en el corazón de este importante espacio natural con una inversión de 17.000 millones de euros. Quítese Aragón y póngase cualquier otro lugar. Digan lo que digan, tras este deporte minoritario sólo hay especulación.

La especulación española llega al Sáhara

Desde hace una semana Canarias está conectada al Sáhara por barco. Han hecho falta 32 años desde nuestra vergonzosa descolonización de esos territorios para que vuelvan a recuperarse las comunicaciones perdidas, pero no la libertad de un país que de la bota militar española ha pasado a la todavía más férrea bota militar marroquí.

El Assalama es un viejo paquebote de la Naviera Armas, de capital canario pero bandera de conveniencia panameña. Une Puerto del Rosario, en Fuerteventura, con Tarfaya, la antigua capital de Cabo Juby, la olvidada Villa Bens, entregada a Marruecos en 1958 tras la Guerra de Ifni. Cuatro horas de travesía para salvar los 100 kilómetros de distancia, mil veces surcados por las pateras, cientos de veces salpicados con la sangre de tantos náufragos inocentes.

En la polvorienta ciudad de 4.000 habitantes, semienterrada en las arenas del desierto y la incuria marroquí, la llegada del barco se celebró como en Bienvenido Mister Marshall. Nosotros éramos aquí los americanos “guapos y sanos” y el wali hacía de Pepe Isbert “como alcalde vuestro que soy…” Se plantó una jaima de recepción, ondearon banderas multicolores y las mujeres nos regalaron rosas. Siguiendo el guión de Berlanga, muchos nos trajeron sus listas de deseos de prosperidad a la sombra de esos euros que se supone nos salen por las orejas y regalamos a manos llenas.

Como soñar es gratis, todos sueñan. Los saharahuis y marroquíes con salir de la pobreza. Los españoles con dar el pelotazo y forrarnos.

La naviera tiene la concesión en exclusiva del puerto durante 25 años. La empresa está participada por canarios y marroquíes, quienes con ayudas de la Unión Europea han ampliado el puerto y ahora preparan un polígono industrial de 80.000 metros cuadrados. También han aterrizado las constructoras, de la mano de un polo turístico que pretende levantar junto a sus inmensas playas 10.000 camas en los próximos cinco años, hacer un puerto deportivo para 360 atraques e incluso un lago artificial. Paralelamente, los listillos han comenzado a comprar casas, disparando los precios en este villorrio sin alcantarillado, ni aceras ni hospital, con las ruinas del antiguo cine español y un pequeño museo dedicado a Saint-Exupéry (el de El Principito) como única oferta cultural. Las viviendas han pasado así en un año de valer 10.000 euros a costar 50.000. Es nuestra desinteresada aportación al desarrollo en el Tercer Mundo. Y como en la película les enseñaremos a cantar:

“Los españoles han venido,

olé salero, con mil regalos,

y a las niñas bonitas

van a obsequiarlas con aeroplanos,

con aeroplanos de chorro libre

que corta el aire,

y también rascacielos, bien conservaos

en frigidaire .”

El buque Assalama, fondeado en el puerto de Tarfaya junto a los barcos sardineros.

Autoridades marroquíes esperan impacientes el atraque del barco, la primera conexión marítima de viajeros del Sáhara con Europa.

Muchos españoles se han lanzado ya a comprar casas en Tarfaya, prometiéndose un buen negocio especulador gracias a los futuros proyectos de desarrollo turístico de la localidad. Calles y viviendas muestran mientras tanto el aspecto desolador de décadas de abandono e incuria.

Las playas en Tarfaya son gigantescas, salvajes, surferas y peligrosísimas.





Saramago pide que Lanzarote no sea una nueva Marbella

¡Qué suerte tiene la isla de Lanzarote! Primero César Manrique, el padre del paisajismo, de la arquitectura sostenible y respetuosa con el medio ambiente. Y ahora José Saramago, Premio Nobel de Literatura pero, ante todo, una de las cabezas pensantes más realistas y mejor amuebladas de nuestra vieja Europa. Aún mejor filósofo que maravilloso escritor, desde su llegada a Canarias en 1993 se ha convertido en un abanderado de la lucha de los canarios contra la especulación urbanística. Porque por mucho Parque Nacional y Reserva de la Biosfera que tengan, Lanzarote está sufriendo de una manera terrible la devastación de sus más virginales espacios. Y donde antes gritaba César Manrique grita ahora con la misma o mayor energía Saramago.

En silla de ruedas, con voz firme a pesar de una neumonía, lo volvió a dejar bien claro el pasado sábado:

“Invito a los conejeros a que luchen para que Lanzarote no se convierta en una nueva Marbella. Espero que refuercen su conciencia para que no dejen de prestar la atención que merece el privilegio que significa vivir en una isla como ésta”.

No lo dijo con la boca pequeña. Aprovechó la inauguración en Arrecife de una sala de exposiciones de la Fundación César Manrique, que con toda justicia lleva su nombre, para proclamarlo frente a los políticos lanzaroteños responsables, en mayor o menor medida, de la imparable destrucción del bellísimo territorio. Seguramente por eso, en el acto no estuvo presente ningún representante del Gobierno regional (Coalición Canaria y Partido Popular). Nadie los echó de menos.

Hace un par de años tuvimos la inmensa suerte de lograr el apoyo de Saramago en Fuerteventura para impedir la construcción de hoteles y campos del golf en El Cotillo, en el noroeste isleño. Lo hizo como mejor sabe hacer, regalándonos un manifiesto soberbio. Su prosa contundente supuso un revulsivo en las conciencias de todos nosotros y al final el proyecto fue anulado. Pero el mensaje sigue actual. Nos da ánimos para seguir luchando contra el avance avasallador de ese monstruo especulativo con corazón de hormigón en cualquier lugar del mundo. Por eso lo reproduzco a continuación. Para que la mente lúcida de Saramago nos permita seguir ganando batallas contra el irracional saqueo del patrimonio de todos.

SOBRE EL COTILLO
Al principio, todos los hombres eran dueños de la tierra. Luego llegó el día en que una persona puso cerco a una parcela y dijo, “Esto es mío y lo voy a trabajar para mí y mis descendientes”. Qué lejos estaba ese hombre de suponer que aquel acto más o menos egoísta, más o menos ingenuo, quizá necesario, iba a acabar en esta sinrazón precavernícola y disparatada, irracional y por tanto inhumana, en que algunos propietarios de la tierra se han instalado, creyendo, sin ninguna razón moral que lo justifique, que son algo más que simples usuarios de la tierra, porque la verdad incuestionable es que la tierra es de todos y todos tenemos sobre ella derechos y obligaciones.

Quizá alguien puede venir diciendo “Esto es mío y voy a hacer aquí un imperio de hormigón que me va a rendir muchos millones que luego me llevaré a la tumba para alimentar a mis gusanos”. Hay quien piensa así, desgraciadamente, pero la sociedad entera tiene la obligación de hacerle entender que carece de derecho, porque la tierra y el bien común esta por encima de la desmedida ambición y del crimen. Y crimen es herir una tierra que no es infinita, un paisaje que no tiene la culpa de ser hermoso, unas personas que no pueden ser atropelladas por lo peor de esta civilización, por el dinero rápido, la soez grosería, el encanallamiento de quien nada respeta porque nada entiende.

Hay hombres así, constructores que no saben qué significa el concepto respeto, políticos sin escrúpulos y sin imaginación que promueven y fomentan la destrucción inmediata porque carecen de ideas alternativas para facilitar la vida a sus paisanos, propietarios que venden como si detrás de ellos nada existiera y que luego encabezarán manifestaciones racistas y xenófobas argumentando que lo malo que les ocurre a ellos y a sus hijos llega de fuera, sin darse cuenta de que ellos abrieron la caja de los truenos al permitir que se instalara en su sociedad el desarrollo explotador e incontrolado, que es todo lo contrario al deseable progreso humano.

Pero no nos equivoquemos: el mal avanza. Estos propietarios que no respetan las tierras que recibieron de sus antepasados o que compraron especulativamente, estos políticos de piedra y ambición que se mantienen con la coartada de los votos, tantas veces manipulados, estos constructores que edificarán mal y rápido, utilizando esclavos, sin consideración por nada y por nadie, ese grupo conseguirá sus objetivos si los ciudadanos no logramos frenarlos.

Ese es el gran reto que tenemos: utilizar, frente a la ambición inmoral, la inteligencia; frente a las artimañas legales, el peso del Derecho; frente a la rapiña la honestidad; frente a la corrupción, la fuerza de la razón moral y creadora. Los ciudadanos de buena voluntad no pueden ceder, no podemos cansarnos. El Cotillo no puede ser destruido, Fuerteventura tiene que ser preservada, las Islas Canarias no se pueden permitir otra agresión.

Hoy en El Cotillo, ayer en El Berrugo, mañana otra vez en el Berrugo y en El Cotillo y en todos los lugares donde pretendan instalar la destrucción y la muerte nos iremos encontrando, porque es nuestra responsabilidad, porque no podemos permitir que acaben con Canarias.