Hablando de lince ibérico, dos pasos para adelante y uno o dos para atrás. En una década el felino más amenazado del planeta ha logrado doblar su población mundial (prácticamente toda andaluza), pero con altibajos tan terribles como los registrados en Doñana, que sólo en este año ha perdido al 10% de todos sus ejemplares. Sigue así la especie en la Unidad de Cuidados Intensivos (UVI), lo que en Biodiversidad se considera en peligro crítico de extinción.
En 2002 tan sólo nos quedaban vivos y en libertad 102 ejemplares de lince. De acuerdo a los datos del último censo anual recientemente hecho público, en la actualidad hay 253 ejemplares, cifra que supone un incremento del 148% en nueve años. Si a esta cifra le añadimos los ejemplares de la pequeña población de Castilla-La Mancha y los 85 integrantes del proyecto de cría en cautividad, podríamos estar hablando de una población total cercana a los 350 linces.
Otra buena noticia. Siete años después de iniciado el programa de cría en cautividad del lince, dos cachorros (un macho y una hembra) nacidos en cautiverio serán liberados próximamente en la comarca cordobesa de Guadalmellato, una zona de recolonización. Son los primeros ejemplares nacidos en cautividad y liberados en la naturaleza.
Desgraciadamente, poco duran las alegrías en casa del pobre. Al día siguiente de hacerse públicas estas buenas noticias nos llegó otra terrible. El atropello mortal de una hembra en la carretera nacional 442 entre Huelva y Mazagón. Es el octavo lince fallecido este año en el entorno de Doñana, lo que supone un 10% de su población. Y algo aún peor. La mitad de ellos valiosas hembras.
No es el único problema. Un virus, la leucemia felina, probablemente contagiado por gatos asilvestrados, supone un serio riesgo añadido para la supervivencia de la especie. Seis de ellos murieron en unos pocos meses fulminados por la enfermedad, que sigue sin estar controlada.
Para colmo de males, el uso equivocado de un suplemento vitamínico aportado a los ejemplares cautivos les ha provocado una gravísima Enfermedad Renal Crónica (ERC) que afecta a una tercera parte de todos ellos, tres de los cuales ya han fallecido y otros diez se encuentran en estado terminal.
La recuperación del lince está resultando más complicada (y cara) de lo esperado. Y es que siempre es más fácil acabar con una especie que salvarla. Pero por lo menos el riesgo de una inminente extinción parece superado. Y eso sí es una buena noticia.
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En la imagen Drago, uno de los linces ibéricos nacidos en cautividad (www.lynxexsitu.es)
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Como ha denunciado la organización ecologista 



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