Entradas etiquetadas como ‘desierto’

Las cabras se comen los últimos bosques relictos de Fuerteventura

17 mayo 2013

Cabras Jandia.jpg

Las cabras son seres extraordinarios. Capaces de sobrevivir en el desierto sin apenas agua ni alimento. Pero también capaces de comerse hasta el último matojo que allí pueda crecer. Es lo que ocurre en Fuerteventura, la isla donde vivo. Los herbívoros llegaron aquí hace unos 2.000 años. Por entonces las montañas estaban cubiertas de un bosque de acebuches, los olivos silvestres (Olea europaea ssp. guanchica), que en las zonas más altas eran sustituidos por laurisilva, la selva canaria de niebla. Dos milenios de hacha, fuego, diente y cambio climático han convertido el antiguo vergel en un reseco pedregal.

En un estudio que acabo de publicar en la revista Quercus junto a mi amigo Stephan Scholz, director del Jardín Botánico de Fuerteventura Oasis Park de La Lajita, advertimos de la actual tragedia ambiental que se cierne sobre este territorio. 10 especies endémicas de Fuerteventura, otras 13 exclusivas de las islas orientales y 4 más de distribución canaria están gravemente afectadas por el ramoneo y el pisoteo del ganado. La presión, cada vez mayor, sobre unas poblaciones, cada vez menores, las está llevando a extinciones masivas. Un ejemplo es el peralillo de las Canarias orientales (Gymnosporia cryptopetala), del que sólo sobreviven 13 ejemplares en el mundo. Todos refugiados en riscos a donde no llegan las cabras, pero incapaces de reproducirse. Como el palo blanco (Picconia excelsa). El “último mohicano“. Último ejemplar superviviente de los bosques húmedos majoreros. Cuando muera, la especie habrá desaparecido de la isla y con ella una riqueza genética irrecuperable, quizá remedio de alguna enfermedad.

No pedimos acabar con las cabras, postura indefendible en un lugar donde estos animales forman parte consustancial de la economía y la cultura isleña. Pero sí debería evitarse que vaguen sin control por las montañas, en estado de semilibertad, como ocurre ahora. Y consideramos fundamental la declaración urgente de una extensa red de microrreservas botánicas. Porque el pastoreo intensivo y la superpoblación caprina en un territorio con escasas precipitaciones supone una estrategia ambientalmente destructiva, responsable del avance del desierto, la erosión y la pérdida de biodiversidad.

Foto: Stephan Scholz. Dos cabras enriscadas en las montañas de Jandía (sur de Fuerteventura), uno de los lugares con más biodiversidad endémica del mundo por metro cuadrado.

En este vídeo podéis ver cómo es el manejo tradicional que se aún hace del ganado semisalvaje en Fuerteventura. Las apañadas, una técnica aborigen de gran interés etnográfico, pero que sin control es un desastre ambiental.

Otras entradas relacionadas:

Puedes seguirme (si quieres) en Twitter (@lacronicaverde) y en Facebook (www.facebook.com/lacronicaverde)

Los viejos bosques nos ayudan a luchar contra la crisis

21 marzo 2013

Roble centenario

Los bosques nos ayudan a salir de la crisis. Que se lo digan si no a los miles de españoles que este invierno se han pasado a la estufa de madera o de pellets. Con el gasoil, el gas y la electricidad por las nubes, la leña vuelve a estar de moda. La de esos árboles que durante décadas mirábamos con el desdén de quien no los necesitaría nunca. Hoy es diferente. Ahora los vemos como una fuente de ahorro. De riqueza. Los pueblos deforestados los empiezan a echar de menos.

Pero los bosques nos ayudan mucho más. A comer gracias a la fertilización y mantenimiento de los suelos. A protegernos de los desastres naturales, del avance del desierto. A reducir el efecto de nuestro propio gran desastre no natural, el efecto invernadero. A respirar gracias a su oxígeno. A sentir que respiramos cuando caminamos por ellos, notamos el palpitar la vida en cada pisada, en cada hoja, mariposa o rayo de luz, en cada gorjeo.

Aunque no todos los bosques son iguales. Muchos son meras plantaciones de árboles, monocultivos dedicados a producir pasta de papel o serrín para aglomerados. En ellos falta lo más importante: la biodiversidad. La variedad. Ese “desordenado orden” del que nos hablaba Félix Rodríguez de la Fuente.

Ayer, inicio de la primavera, celebramos el Día Internacional de los Bosques. Una iniciativa de las Naciones Unidas muy matizable, pues a muchos los árboles no les dejan ver el bosque. Los míos son de viejos hayedos, encinares, robledales, tejeras, pinares maduros repletos de vida, casa común de una flora y fauna única. También los bosques de un único árbol, esos asombrosos árboles singulares tan viejos como una catedral y tan delicados como una flor, auténticos ecosistemas en miniatura.

¿Y el tuyo cómo es? Búscalo. Acércate a él y díselo: ¡Feliz día del Bosque!

IDFBANNER_ES


Puedes seguirme (si quieres) en Twitter (@lacronicaverde) y en Facebook (www.facebook.com/lacronicaverde)

El árbol de la vida se está muriendo de éxito

15 mayo 2012

Hace un par de años os hablé del árbol más solitario y gafe del planeta. La única acacia en 400 kilómetros a la redonda del más terrible de los desiertos, el Teneré. Contra la que chocó un camionero borracho en 1973 poniendo violentamente fin a la leyenda.

Y hoy descubro con horror cómo el heredero de tan discutible honor tiene todas las papeletas para acabar igual, en símbolo de la estupidez humana. Se conoce con el pomposo nombre de “El árbol de la vida” y no, no tiene nada que ver con la famosa película de Brad Pitt. Es una acacia de Bahréin, el país más pequeño del golfo Pérsico, a la que se ha dado el título de “el árbol más solitario y aislado del planeta“. Y aunque no os lo vayáis a creer, se está muriendo por culpa del turismo.

Milagro de la vida, pues parece mentira que un árbol pueda encontrar agua en ese secarral, se le calculan 400 años de edad. Y por ello son cientos, miles de personas las que acuden a verlo, tocarlo, treparlo, pintarlo e incluso escribirlo a cuchillo en su dolorida corteza. Le han puesto una mínima valla alrededor, pero da lo mismo. También le podrían poner una papelera para recoger tantas inmundicias como arrojan los turistas a su lado.

Ya os he contado en otras ocasiones cómo los viejos árboles monumentales pueden morir de éxito. Le pasa a la famosa sabina milenaria de El Hierro y le ocurre a esta fabulosa acacia arábiga. Demasiada gente, demasiada curiosidad, demasiada poca educación.

¿Cuándo entenderemos que los árboles centenarios son monumentos vivos tan antiguos como una catedral, tan bellos como un paisaje, pero tan frágiles como una flor? Que su contemplación es un regalo hecho por nuestros abuelos a nuestros hijos. Que los árboles se ven de lejos, no desde abajo pisándoles las raíces. Que no se abrazan sino que se respetan. Que hay cariños (y curiosidades) que matan.

En este vídeo podeís ver el famoso árbol y su triste conversión en objeto turístico.

Un árbol al que incluso una entidad financiera local le ha dedicado un anuncio.

También puedes encontrarme en Twitter (@lacronicaverde) y en Facebook (www.facebook.com/cronicaverde)

**Comparte con tus amigos este post:

Bookmark and Share

El desierto avanza imparable por España

17 junio 2011

Hoy celebramos el Día Mundial de Lucha contra la Desertificación y la Sequía. Suena algo lejano, abstracto y burocrático, pero nos afecta mucho más de lo que pensamos. Con estos calores, anticipo de un duro verano, no está de más pensar en los peligros del avance imparable de un desierto, el Sáhara, que empujado por el cambio climático, los incendios forestales y la sustitución del paisaje agrario por especulativas macrourbanizaciones ha saltado el Mediterráneo.

El mayor desierto cálido del mundo hace 5.000 años no existía en la extensión que ahora lo conocemos. Muchos de los lugares hoy resecos eran espacios verdes y agradables donde abundaba el agua. Desde su formación hace 2,5 millones de años no ha hecho más que crecer, cada vez más rápido y más voraz. En los últimos 50 años ha consumido una superficie equivalente a dos veces la de España, un país que sufre como pocos los efectos devastadores de su llegada. Tan sólo debido a la erosión, el 42% del territorio español pierde más de 12 toneladas de suelo fértil por hectárea y año, y otro 12% más hasta 50 toneladas. Para el conjunto del Estado se calcula una pérdida total anual de suelo de 1.156 millones de toneladas, 60 millones de camiones bien cargados cada año.

La diferencia entre desertización y desertificación somos nosotros. La primera se debe a causas naturales imposibles de evitar, pero la segunda es toda culpa nuestra. Sin árboles, sin cultivos, sin pastos, sin agua, millones de personas de todo el planeta han pasado a convertirse en sedientos y hambrientos refugiados climáticos. Huyen del desierto como antes huían de las guerras. Y una vez asentado tiene mal arreglo lograr su retirada.

Hace unos días tuve la suerte de tener en mis manos el retoño de uno de los últimos 231 cipreses del desierto que sobreviven en el Sáhara. Al tocarlo me temblaron las manos. ¿Pasará algo parecido con nuestros bosques ibéricos?

**Comparte con tus amigos este post:

Bookmark and Share

Llega a Madrid uno de los árboles más raros del mundo

09 junio 2011

Acabo de regresar a casa tras un emocionante viaje a Madrid, donde he tenido el privilegio de asistir a la plantación de uno de los árboles más raros del planeta. Se trata del ciprés del Sáhara (Cupressus dupreziana), uno de los escasos descendientes de los 231 ejemplares que aún quedan vivos en el mundo, la mayoría de ellos con más de 2.000 años de edad.

Se trata de una especie en grave peligro de extinción, originaria del altiplano del Tassili n’Ajjer, en Argelia, cuya edad milenaria se relaciona con los míticos bosques anteriores a la llegada del desierto y con una extraordinaria cultura neolítica desarrollada a su sombra hace 8.000 años. En la actualidad constituye una población arbórea única y aislada, alejada cientos de kilómetros de los árboles más cercanos, localizada en un entorno único declarado Parque Natural y Cultural, Patrimonio de la Humanidad y Reserva de la Biosfera.

El espécimen es una donación del Instituto para la Protección de las Plantas (IPP) de Florencia, gracias al proyecto europeo del ciprés “CypFire” del programa MED que desarrolla el Departamento de Árboles Monumentales de la Diputación de Valencia, y la colaboración del Observatorio de Árboles Singulares de la Fundación Félix Rodríguez de la Fuente.

¿Dónde pensáis que hemos plantado esta joya? No hay duda, en el Real Jardín Botánico de Madrid, uno de los más importantes del mundo y que gracias a esta primavera lluviosa luce ahora más bello que nunca. Lo podéis ver cuando queráis por debajo de la Terraza de los Laureles, donde están los famosos bonsáis de Felipe González, y junto a la colección de agaves americanos.

Como madrina para tan singular acto tuvimos la suerte de contar con la siempre entusiasta y querida amiga Odile Rodríguez de la Fuente, hija del admirado naturalista, quien recibió el retoño con la misma emoción que sentimos nosotros al entregárselo. No lo veremos, pero ojalá aguante vivo varios miles de años como sus primos del desierto.

En la imagen superior, Odile Rodríguez de la Fuente planta el retoño de ciprés siguiendo las indicaciones de Mariano Sánchez, vicedirector del Real Jardín Botánico de Madrid, y del jardinero Eustaquio Bote (Foto: Jose Moya). Sobre estas líneas, uno de los viejísimos ejemplares que aún subsisten en el desierto argelino del Sáhara.

**Comparte con tus amigos este post:

Bookmark and Share

Nos hacemos africanos

15 julio 2010

¿Es este calor normal? ¿Lo fueron un invierno y primavera tan lluviosos? Dice el refranero que “frío en invierno y calor en verano, eso es lo sano”. Añade nuestra propia experiencia que julio es siempre el mes más caluroso del año. Pero si preguntamos a nuestros mayores nos asegurarán que “esto no es normal”, que “antes no era así”. Lo corroboran nuestros científicos tras confirmar la exactitud de sus modelos de predicción del cambio climático. El planeta se está recalentando.

En nuestro país la evidencia tiene un efecto terrible: el desierto del Sáhara ha cruzado el Estrecho de Gibraltar extendiéndose poco a poco por toda la vieja piel de toro, haciéndola cada vez más africana.

No llega solo. Le acompañan un buen número de especies del vecino continente, especialmente aves, al tiempo que las más norteñas como los urogallos desaparecen. La lista de pájaros que nunca antes habían criado en Europa empieza a ser preocupantemente extensa, desde el buitre moteado propio de las sabanas africanas o el corredor sahariano, hasta el busardo moro, los vencejos cafre y moro, y los ya comunes elanios azules.

Sales al campo y los pájaros te demuestran lo inevitable, nos estamos haciendo africanos. Como el camachuelo trompetero (Bucanetes githagineus), una especie de gorrión desertícola de color rosado y pico de coral de reclamo estridente. En 1972 se documentó por primera vez su reproducción en España, concretamente en Almería. Hoy hay más de 800 parejas en Andalucía, Murcia o Alicante, y la especie sigue en imparable expansión. El último lugar en colonizar ha sido el desierto de Los Monegros, donde esta misma semana se acaba de hacer público el nacimiento de los primeros pollos aragoneses. En el más puro estilo bíblico las trompetas de su canto, cada vez más cotidianas, nos anuncian lo inevitable. El fin del mundo climatológicamente estable ha llegado; el desierto ya está aquí.

**Comparte con tus amigos este post:

Bookmark and Share


El árbol más solitario y gafe del planeta

04 junio 2010


Esta es una historia curiosa si no fuera por la profunda tristeza que provoca. Tampoco es reciente. Trata de un árbol, un único árbol, el más solitario y aislado del planeta. También el más gafe. No había otro en 400 kilómetros a la redonda. Sobrevivía en el desierto del Teneré, en Níger, y era una acacia.
Teneré significa en el idioma tuareg “el desolado, y es el desierto del desierto del Sahara, su área central y más árida. Allí donde la vida es prácticamente imposible subsistía el desamparado árbol, el último superviviente de los viejos bosques que durante milenios poblaron las ataño fértiles llanuras del Sahara, expulsados por la sequía de un desierto en implacable avance.

Era faro natural en medio de un mar de arena, punto de referencia obligada para las caravanas de camelleros, emblema de vida en mitad de un paisaje de muerte. Su secreto estaba en la potencia de las raíces, capaces de llegar hasta un pequeño acuífero fósil localizado a 35 metros de profundidad. Incluso florecía todos los años, en un intento desesperado por perpetuarse tan inútil como maravilloso.
Pero llegamos nosotros y nuestros locos cacharros. 25 años después de descubrirlo para el mundo occidental, el explorador y etnólogo francés Henry Lhote se encontró en una segunda visita con que un camión le había desgajado uno de sus dos troncos. Y no se lo podía creer:

“El tabú, el árbol sagrado, el único a quien ningún nómada osó haber herido con sus propias manos… este árbol ha sido víctima de un golpe mecánico”.

Parece imposible chocar contra el único obstáculo en cientos de kilómetros, con todo el espacio del mundo para esquivarlo, pero ocurrió. Y no una vez, sino dos. La segunda fue la definitiva. En 1973 un camionero libio, presuntamente borracho, embistió accidentalmente la acacia acabando con el símbolo de los tuaregs. Sus restos pueden verse ahora en la capital de Níger, a modo de triste monumento. Mientras, en su lugar original se levanta un árbol metálico apoyado en bidones de combustible, triste caricatura artística del avance avasallador de nuestra civilización.

En la primera imagen, fotografía del solitario árbol realizada hacia 1970 (Peter Krohn)
Sobre estas líneas, la acacia en 1971.

Finalmente, fotografía del triste árbol metálico erigido en 2003 como recuerdo a la acacia original derribada por un camión (Foto Meridianos).

Podéis encontrar más información sobre este árbol en la Wikipedia,  Fronteras, Aquí estuve ayer, Meridianos y Maikelnai’s.

**Comparte con tus amigos este post:

Bookmark and Share

El gigante del desierto está a punto de caerse

30 abril 2010

Castildetierra

Amo los desiertos, quizá porque es en ellos donde valoras como en ningún otro lugar del mundo la importancia de la vida, de una flor, del canto de un pájaro. Por eso vivo en un desierto, Fuerteventura, y admiro nuestros otros desiertos españoles, Tabernas, Monegros, Bardenas Reales.

A este último voy todos los veranos, aunque no suelo pararme delante de su emblema más universal, el cabezo de Castildetierra, siempre atiborrado de turistas. La bella “chimenea de hadas” es el último vestigio de un cerro desmantelado por la erosión, convertido en delicada pirámide imposible gracias a un remate de arenisca que, a modo de paraguas, protege de la lluvia las livianas arcillas inferiores.

Nada es eterno, y menos tan frágil equilibrio condenado a desaparecer más pronto que tarde. Pero nuestra sociedad, tan necesitada de símbolos, se niega a aceptar la evidencia: Castildetierra está a punto de desmoronarse.

Hay que hacer algo, claman los más sensibles. Todo se puede estudiar, responden los responsables. Reforzar la piedra superior, apuntalarla e incluso barnizar las laderas del cerro para retrasar lo inevitable. Finalmente venció la cordura. Se dejará a la naturaleza seguir su inexorable curso, pero con limitaciones. Está prevista la realización de un escáner tridimensional de toda la montaña para, en un futuro, poder reconstruirlo, si así se decide, con total exactitud.

Y ahí están los políticos, preocupados por la anécdota, empeñados en mantener a toda costa la gran torre de barro en lugar de luchar contra el avance de la erosión, el despoblamiento y la crisis del mundo rural. O de cerrar ese polígono de tiro del Ejército instalado en el corazón de la Reserva de la Biosfera cuyos aviones y maniobras, sin duda, están acabando con otros “castildetierras” mucho menos conocidos.

**Comparte con tus amigos este post:

Bookmark and Share

Fuerteventura: un desierto rodeado de agua

30 julio 2008

La paradójica frase no es mía. Es el lema del programa que presenta Fuerteventura en la Expo de Zaragoza.

Mi isla es el lugar más árido de toda España, un sediento trozo del Sáhara en medio del Atlántico, y por lo tanto rodeada de agua, pero de un agua salada, inconsumible.

La segunda isla de Canarias en extensión malvivió mirando a un cielo estéril hasta la llegada de la primera desaladora hacia 1971. Desde entonces, crecimiento económico y poblacional han estado directamente ligados a la producción de agua potable, y ésta a la producción de energía eléctrica en centrales alimentadas por gasoil.

No es el majorero un caso aislado. Canarias tiene actualmente unas 330 desaladoras en funcionamiento, que se concentran básicamente en Gran Canaria, Lanzarote, Tenerife y Fuerteventura. Con todas ellas se producen unos 214’6 Hm3 anuales de agua desalada, generándose unos 588.000 m3 diarios.

La evolución tecnológica, con el desarrollo del sistema de la ósmosis inversa, ha permitido reducir el consumo energético requerido para la desalación de agua hasta un 10% del que era necesario cuando a finales de los 60 del pasado siglo comenzaron a funcionar las primeras desaladoras en Canarias. A pesar de ello, todavía esta desalación representa un tercio de toda la energía eléctrica que se consume en Fuerteventura.

Somos el lugar con más sol de Europa y también el más ventoso, pero tan sólo tenemos un parque eólico y ningún huerto solar. La incapacidad de nuestros políticos nos ha hecho absolutamente dependientes del petrolero, en cuya carga periódica se basa peligrosamente toda nuestra economía y, con ello, nuestro futuro.

¿Les parezco exagerado?

Un único dato estadístico resulta esclarecedor. Nuestra única industria es la turística, y se calcula que por cada plaza alojativa se consumen 320 litros de agua al día. Hagan cuentas. En Fuerteventura recibimos casi un millón de turistas al año. Y eso significa mucha agua y mucho petróleo.

Un príncipe saudí aniquila a las hubaras

20 diciembre 2007

Me lo advirtió mi amigo Joachim Hellmich antes de viajar al Sáhara. “En Tarfaya están las mejores poblaciones de hubara de África, así que abre bien los ojos. Y ten cuidado, no te vayas a encontrar con los halconeros del príncipe Bin Abdulaziz, que suelen ir a cazar allí a finales de diciembre”.

Hellmich es probablemente el mayor experto del mundo en hubaras, una pequeña avutarda del desierto seriamente amenazada de extinción. Le conocí en Fuerteventura, donde ha dedicado muchos años de su vida al estudio de esta esquiva ave, prácticamente invisible a pesar de su gran tamaño. Luego se fue unos años a Errachidia, en el sur de Marruecos, para trabajar con las poblaciones saharauis. Le contrató Su Alteza Real el Príncipe Sultán Bin Abdulaziz Al Saoud, príncipe heredero y ministro de Defensa y Aviación Civil del Reino de Arabia Saudita.

El sultán es un cetrero compulsivo, amante de la caza de la hubara con halcón peregrino, y está preocupado pues cada vez le resulta más difícil capturar a estas extrañas avutardas. De hecho, en su país ya están extinguidas. Como dinero no le falta, ha montado en Agadir la Fundación Internacional para la Protección y el Desarrollo de la vida silvestre, un centro de estudio y cría en cautividad de hubaras. Para Hellmich fue una decepción. Pasaba meses siguiendo hubaras marcadas que luego le traían muertas los cazadores. Así que se fue.

Aunque de refilón, la semana pasada me encontré con el campamento base del sultán cerca de Akfnir, no muy lejos de Tan Tan. Parecía un campo de refugiados, con cientos de tiendas de campaña blancas, el mismo color de los modernos todoterrenos aparcados junto a ellas. Pero los vehículos no eran los de la MINURSO para el Sáhara. Eran los de los cetreros. La expedición de caza del príncipe saudí estaba integrada por más de 500 personas, un centenar de halcones, un número indeterminado de caballos y varios helicópteros. En sus expediciones cinegéticas han llegado a capturar hasta 121 hubaras, además de infinidad de liebres del desierto, perdices y prácticamente todo bicho viviente que se les ponga por delante. Se consideran respetuosos con el medio ambiente, amantes de la naturaleza, depositarios de las antiguas tradiciones de la altanería, pero son como el caballo de Atila. Por muchos proyectos de cría en cautividad que desarrollen, a ese ritmo acabarán con las hubaras. Y nadie les dirá nunca nada porque ¿quién se atreve a denunciar a tan egregio personaje? El desierto es suyo y los petrodólares también.

Vista parcial del campamento de caza con halcones de hubara en Akfnir (sur de Marruecos), montado la semana pasada en medio del desierto para disfrute del príncipe Bin Abdulaziz.

Retrato oficial del príncipe saudí.