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Ni vegetariano ni carnívoro ¿Sabes lo que significa ser locávoro?

19 abril 2012

Me confieso. Soy locávoro. Ni vegetariano ni carnívoro: omnívoro concienciado, consumidor de productos locales. No en su totalidad, pues vivo en una isla, pero sí al menos en lo que está a mi alcance en el pequeño pueblo de Fuerteventura donde habito.

La señora Isabel me trae todos los días leche recién ordeñada de sus dos vacas, unos animales formidables a los que trata y cuida como a queridas mascotas. Cuando la recojo está aún tibia. Y después de hervirla queda flotando una nata maravillosa, fantástica para hacer postres. Los huevos son de gallinas felices, esas que aún corretean por la calle y escarban en las cunetas. Y el pescado lo compro en la cofradía, recién capturado con viejas técnicas artesanales. Por no hablar del queso de cabra que hace Felipa, uno de los mejores del mundo.

Alarmados por nuestro desmedido impacto ambiental, cada vez somos más los que nos preocupamos por elegir productos de cercanía y de temporada, a ser posible ecológicos y mejor aún de razas y variedades autóctonas, las nuestras. Menos transporte significa menos consumo de combustibles fósiles, menos contaminación, pero también menos intermediarios. Un comercio más justo donde el productor recibe el dinero que vale lo que nos vende, con el reconocimiento del consumidor a su trabajo como inmejorable pago añadido.

Desgraciadamente, lo normal es lo contrario. En el mercado los productos vienen del otro extremo del planeta. Según un estudio de Amigos de la Tierra, los alimentos importados por España recorren más de 5.000 kilómetros hasta llegar a nuestra mesa. Ello supone la emisión anual de 4,7 millones de toneladas de CO2, un 67 % más que en 1995. Los productos más viajeros son cereales y piensos, pescados y mariscos, café, cacao y especias, frutas y legumbres. Vamos, casi todos.

Muy viajados, es verdad, pero yo prefiero la comida sin marear.

Foto: Efeagro

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Navidad sin langostinos

17 diciembre 2009

Una Navidad ecológica es aquella donde en la mesa no hay langostinos. Por si no lo sabías, el impacto medioambiental y social de criar estos mariscos es terrible. La mayoría de los que compramos proviene de grandes granjas acuícolas instaladas en países pobres. En ellos esta industria está dejando una profunda huella de destrucción y violencia, provocando el desplazamiento de miles de pescadores artesanales y la extinción de numerosas especies en países como Ecuador, Honduras, Colombia, India, Tailandia o Brasil. España es el país europeo que más langostinos importa y el tercero en el mundo. Nuestros langostinos baratos son por ello responsables directos de la destrucción de miles de hectáreas de manglares tropicales, esos bosques flotantes rebosantes de biodiversidad, más productivos y valiosos que los arrecifes de coral.

Además resultan una inmejorable barrera natural contra huracanes, tsunamis y otros desastres naturales; o lo que es lo mismo, su desaparición deja sin protección a los pueblos costeros de medio mundo.

Talados masivamente, esos encharcados ecosistemas son convertidos en grandes piscinas de cría de camarones a mayor gloria de nuestras fiestas gastronómicas, de nuestros lujos. Donde se arrojan toneladas de antibióticos, fertilizantes, fungicidas y pesticidas culpables de la aparición de numerosas enfermedades.

Un consumidor responsable rechaza los langostinos de cultivo por ser ecológicamente insostenibles. Piénsalo bien antes de incorporarlos a tu menú navideño. Y ya de paso, estas fechas rehuye las compras compulsivas, usa bolsas de tela, elige regalos producidos en tu entorno más cercano o provenientes de Comercio Justo, rechaza las comidas preparadas, compra juguetes sin pilas. Tus pequeños gestos pueden cambiar el mundo, también en Navidad.

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Os dejo un vídeo donde una canción resume la importancia de la lucha de las comunidades ancestrales del manglar ecuatoriano en defensa de su bosque y su cultura.

Y termino con la imagen del manglar más hermoso del mundo, el Corazón de Voh, en Nueva Caledonia.

Foto: Yann Arthus-Bertrand/Impact

La crisis amenaza al comercio justo

08 abril 2009

Era previsible. Puestos a ahorrar en tiempos de escasez, lo primero de lo que prescindimos es de los lujos y de los extras. Desgraciadamente, injustamente, en este amplio sector de lo prescindible hemos incluido también la solidaridad. La primera víctima puede ser el Comercio Justo. Esos productos naturales como el café, el azúcar, el cacao y el té, pero también artesanía y ropa, de cuya altísima calidad nos beneficiamos como consumidores, al tiempo que ayudamos a mejorar la vida y el medio ambiente de un millón de productores pertenecientes a 548 organizaciones de 50 países menos desarrollados que el nuestro.

De acuerdo con un amplio informe publicado por Consumer Eroski, las ventas de Comercio Justo han pisado el freno en España. En el año 2000 supusieron unos ingresos de siete millones de euros, 17 millones en 2007, principalmente gracias a la entrada de estos productos en las grandes superficies. Pero aunque no hay datos para el año pasado, todo apunta hacia una desaceleración profunda que puede ser aún mayor en 2009.

Hace unos días hablaba con un amigo saharaui que vive en los territorios ocupados sobre la crisis y de qué manera les podía afectar a ellos. No le dio ninguna importancia:

“Peor que estamos no vamos a estar ya, a los pobres las crisis no nos afectan, eso es cosa de los ricos”.

Está equivocado. Con la crisis se reducirán las magras ayudas oficiales al desarrollo, pero también nuestras colaboraciones voluntarias con las ONG que trabajan en esos países.

El problema del Comercio Justo no es exclusivo. Antes de pensar en los demás pensamos en nosotros mismos, eso parece inevitable. Después en los pobres que tenemos más cerca. Y al final, sólo al final, nos acordaremos de los desheredados más lejanos.

Esa falta de recursos externos tendrá repercusiones humanitarias, pero también sociales y por supuesto medioambientales.

El panorama se perfila sombrío. Pero nosotros, y nuestro consumo responsable, puede ayudar a mejorarlo. Piénsalo cuando salgas de compras.