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Codornices y tórtolas están amenazadas por la media veda que comienza esta semana

14 agosto 2012

Entre mañana miércoles y el sábado comienza la caza de la media veda en la mayor parte de España. Miles de cazadores afilan nerviosos sus escopetas, aún a sabiendas de que las perchas serán raquíticas. Como el año pasado y los anteriores, las previsiones son pesimistas. La sequía y los incendios complican todavía más la temporada.

Cada vez hay menos codornices y tórtolas comunes en el campo. Una escasez que, sin embargo, no impedirá masacrar a sus reducidas poblaciones ibéricas. La Sociedad Española de Ornitología (SEO/BirdLife) ha advertido sobre el “alarmante declive” de la tórtola europea y la codorniz debido a la excesiva presión cinegética durante la media veda y la intensificación y abandono de los medios agrícolas. Nadie parece hacerles caso, a pesar de que sus afirmaciones se basan en un detallado trabajo de campo realizado por miles de ornitólogos.

Entre 1998-2010 la tórtola común o europea (Streptopelia turtur, no confundir con la abundante y urbana tórtola turca) ha sufrido un declive en la zona centro (Castilla-La Mancha, Extremadura, Madrid y Castilla y León) de un 39% y de un 29% a escala nacional.

En el caso de la codorniz (Coturnix coturnix), durante el mismo periodo experimentó un marcado declive en la zona centro (Castilla-La Mancha, Extremadura, Madrid y Castilla y León) de un 53% y de un 38% a escala nacional.

Este año en Santibáñez-Zarzaguda (Burgos) donde suelo escuchar 4 y hasta 6 machos de codorniz, tan sólo he oído uno. Y el pasado fin de semana, tres tórtolas comunes que observé en Monte Louro (Muros, A Coruña) fueron la gran sorpresa ornitológica del día.

Es cierto. En las dos últimas décadas la superficie dedicada a los cereales de secano es cada vez más escasa. Los regadíos se han generalizado, transformando los habitats agrarios de los que dependen estas especies. Pero la mayor amenaza es la caza. Una caza que coincide con el final de su época reproductora y en la que se abaten cada temporada más individuos que los que las poblaciones naturales son capaces de producir en sus nidadas, sobre todo en el caso de la tórtola europea.

Lo van a conseguir. Los cazadores van a acabar extinguiendo dos especies que siempre fueron muy comunes en los campos españoles, tan sólo por el gusto de apretar el gatillo. Los políticos lo saben pero les dejan hacer. Dicen que la caza da dinero. Disfrutar con el monótono arrullo de las tórtolas en el campo les parece tan sólo una debilidad de enamorados.

¿Y tú qué opinas? ¿Habría que suspender al menos este año la media veda? ¿Has visto u oído alguna codorniz o tórtola en el campo?

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El gato que extinguió al chochín

25 marzo 2010

El hombre es el depredador que mayor número de especies vertebradas ha extinguido de la faz de la tierra. El segundo es el gato, nuestro fiel compañero doméstico desde hace 9.000 años.

Sólo en Gran Bretaña, los 8 millones de gatos caseros censados cazan al año no menos de 75 millones de aves silvestres como gorriones, petirrojos o mirlos. Con esa misma proporción, los 50 millones de gatos europeos consumen anualmente más de 400 millones de pajaritos, una tercera parte de los calculados para Estados Unidos.

Amo los gatos, pero reconozco mi pena cada vez que uno de ellos te deja triunfal a los pies el cadáver de una de estas pobres aves, justo antes de ponerse a comer en su siempre bien surtido comedero. Nunca pierden su instinto cazador.

La extinción más rápida de una especie la provocó un gato. Se llamaba Tibbles y era la mascota de David Lyall, el ayudante del farero de la isla Stephens, un pequeño saliente rocoso entre las dos islas principales de Nueva Zelanda. Allí vivía un extraño pájaro nocturno no volador, algo parecido a un chochín, en cuya caza se especializó el eficaz felino doméstico. Los 16 ejemplares llevados como trofeo a su amo son los únicos de un ave que nadie vio nunca viva, bautizada para la ciencia Xenicus lyalli. En un solo invierno, el de 1895, acabó con la totalidad de la población mundial, sin duda muy pequeña. Él los descubrió y él solito los exterminó.

Sin irnos tan lejos tenemos el caso de Canarias. La llegada del gato al archipiélago hace 2.000 años se considera una de las causas de la desaparición de algunas aves poco voladoras como la codorniz gomera (Coturnix gomerae) o el escribano patilargo (Emberiza alcoveri), además de dos múridos gigantes de Tenerife y Gran Canaria (Canariomys bravoi y Canariomys tamarani) y del lagarto gigante de La Palma (Gallotia auaritae).

Una vez más la culpa no es de ellos, es nuestra por llevarlos y soltarlos. Nuestra también es la responsabilidad medioambiental de tenerlos controlados. Poniéndoles cascabeles que les dificulten la caza y recriminándoles siempre sus capturas. Porque las mascotas, donde mejor están es en casa.

En la imagen superior, dos de los 15 únicos especímenes disecados que existen del raro chochín de Stephens.

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Descubren viva y a la venta en un mercado una codorniz extinguida

25 febrero 2009

Es sin duda el descubrimiento natural más sorprendente de los últimos años. Ornitólogos filipinos han encontrado viva una rarísima codorniz, el Torillo de Worcester (Turnix worcesteri), puesta a la venta en un mercado de aves de corral en la sierra de Caraballo, en la isla principal de Luzón. Como explica gráficamente el diario británico Daily Telegraph, cuando los miembros del Wild Bird Club de Filipinas descubrieron al pájaro éste iba “camino de la cazuela”, pues estaba a la venta como una gallina más.

Hasta el momento, esta especie de torillo tan sólo era conocido anteriormente a través de dibujos hechos sobre la base de especímenes muertos conservados en museos, pues nadie en el último siglo la había logrado ver viva. De hecho, tras su localización, se sigue sin saber nada de ella, ni dónde, ni cómo, ni cuántas viven.

No sé de qué guindo se cayó el presidente del club Michael Lu, quien a preguntas del periodista dijo sentirse triste por que los vecinos “no valoran la diversidad biológica a su alrededor”. En una sierra perdida le van a decir a un indígena que tenga cuidado con las especies en peligro de extinción, de las que los expertos ni siquiera saben si siguen vivas o no. Lo que hace falta es más investigación y más esfuerzos de educación.

Mientras tanto, y aunque nos pese, los filipinos más humildes seguirán haciendo caso a ese refrán tan castellano que seguramente forma parte allí de nuestra herencia hispana: “Ave que vuela, a la cazuela”. Y es que el hambre no entiende de biodiversidad.

Menos codornices para los cazadores

18 agosto 2008

Cumpliendo la vieja tradición cinegética, más de un millón de cazadores han salido este largo fin de semana con sus perros a matar codornices. Una vez más la Virgen de Agosto marcó el comienzo de la media veda en una gran parte de España, pistoletazo de salida de una nueva temporada en la que se matarán unos 30 millones de animales.

Para alegría de las codornices y desesperación de los cazadores, las primeras jornadas se han presentado muy desiguales, aunque con el denominador común de haberse abatido muchos menos pájaros que en años pasados. Salvo excepciones, las perchas no han pasado de 3-4 codornices por escopeta.

A los que nos gusta el campo ya lo sabíamos. Quizá por el frío y exceso de lluvia, quizá por el cambio climático, quizá por la cada vez mayor presión cinegética, este año las africanas han criado poco y mal.

Me lo reconocía el día antes de comenzar la media veda el catedrático de Prehistoria Germán Delibes, hijo del famoso escritor vallisoletano y, como toda la familia, entusiasta cazador:

Apenas hay codornices en el campo. Cerca de nuestra casa en Sedano siempre se oían tres o cuatro machos cantando y este año no escuchamos ninguno. Yo no saldré a cazar, me recuerda demasiado a esos días calurosos de verano acompañando a mi padre por las rastrojeras en busca de unos pájaros de los que cada vez quedan menos.

Miguel Delibes se confesaba siempre “un cazador que escribe antes que un escritor que caza”, afición que contagió a todos sus hijos. Muy mayor para salir al campo (88 años), sin perros adiestrados y cada vez más preocupado por el medio ambiente, las escopetas poco a poco han ido arrinconándose en la casa familiar que los Delibes tienen en la localidad burgalesa de Sedano.

¿Cundirá el ejemplo? El empobrecimiento del campo, la confirmación de que hay demasiados cazadores y pocas piezas, de que es más el daño que hacen a la Naturaleza que el beneficio obtenido, ¿les hará colgar las escopetas y cambiarlas por unos prismáticos o un cámara de fotos? Mucho me temo que no.