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Podrán cortar todas las flores, pero no podrán detener la primavera. (Pablo Neruda)

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La resurrección de Tindaya convierte a Chillida en Walking Dead

Visto así la historia tiene algo de espectacular perfomance de la donostiarra Esther Ferrer, sólo que su promotor, el artista también donostiarra Eduardo Chillida, lleva 15 años muerto. Su proyecto de Tindaya daría para llenar de locuras uno de los pabellones de la feria ARCO con la intervención artística post morten más cara de la Historia del Arte. Entre 18 y 26 millones de euros gastados en aire, pues en dos décadas de despilfarro no se ha movido ni una sola piedra.

Todo este dineral se lo ha gastado el Gobierno de Canarias en lo que nos han vendido a los contribuyentes como una inversión necesaria para relanzar la economía de Fuerteventura, una isla con 100.000 habitantes que recibe al año más de tres millones de turistas. Según la diputada regional Águeda Montelongo, perforar esta montaña abriendo en sus entrañas un gigantesco cubo de 50 metros de altura “nos va a dar realce mundial”.

Personalmente me quedo con el realce de contar con las mejores playas de Canarias y unas riquezas naturales que le han hecho merecedora a la isla de ser declarada Reserva de la Biosfera. Y con una montaña que no es una montaña cualquiera. Es uno de los espacios más protegidos de Europa. Lee el resto de la entrada »

El fantasma de Chillida vuelve a aparecerse en Fuerteventura

Era de prever. Como cada cuatro años desde hace 20, siempre unos meses antes de las elecciones, el fantasma de Chillida vuelve a aparecerse en Fuerteventura. Su alargada sombra se refleja sobre la montaña mágica de Tindaya, a la que el escultor soñó un día perforada a mayor gloria del arte.

Dicen los políticos canarios que esta vez va en serio, que el gran cenotafio subterráneo de 50 metros de altura y dos chimeneas saldrá adelante ajeno a los 30 millones de euros pagados por el Gobierno regional en comisiones antes de haberse movido una sola piedra. Las normas que velan por la conservación del espacio, el más protegido de España (tiene siete figuras de protección) permiten vaciarlo y urbanizarlo, pues todo es compatible en política. Y la familia del artista recuperará al fin la felicidad perdida tras el reciente cierre de su museo patrio porque nadie iba a verlo. La máquina de hacer dinero puede volver a funcionar a la grupa de esta crisis galopante donde sólo los más listos triunfan.

Como el catedrático de Ecología y presidente de WWF España, Francisco Díaz Pineda, quien firmó la declaración favorable de impacto ambiental pues en su opinión es posible agujerear Tindaya sin degradar la montaña. A cambio se le ha elegido a dedo para coordinador el estudio del futuro Parque Nacional de Fuerteventura que, curiosamente, no incluye entre sus límites a la Montaña Mágica. O el ex presidente de Adenex Santiago Hernández, también miembro del reducido equipo de sabios pro-Tindaya, buen ecologista arrepentido que además forma parte del comité técnico que asesorará al Gobierno sobre la ubicación del futuro almacén nuclear español.

Una escultura de Giacometti había sido hasta ahora la obra de arte subastada más cara de la historia, 74 millones de euros. La cantidad empalidece ante los 75 millones del presupuesto de salida de la escultura imposible de Tindaya, a sumar a los 100 millones reclamados en indemnizaciones.

Pero no se preocupen, esta vez nuestros representantes tienen una idea. La obra no nos va a costar ni un euro más (de los ya derrochados). La cándida empresa concesionaria supuestamente asumirá todos los costes a cambio de quedarse con el dinero de las entradas, calculando que la mitad de todos los turistas de Lanzarote y Fuerteventura pagarán por ver en manada tan peculiar homenaje al vacío. Eso se llama estudio serio de mercado. Y desarrollo sostenible. ¿Sostenible? El de la cuenta de resultados de algunos bolsillos.

Sobre estas líneas, recreación del disparatado proyecto escultórico de Chillida para Tindaya. La necesidad de rentabilizar la obra con la venta de entradas obligará a llenar el espacio con cientos de turistas gritones en lugar de con los apenas cinco que aparecen en la bucólica imagen. En el caso de que la obra se haga y no se hunda el techo.

Como siempre, la genialidad de El Roto dice mucho más que cualquier artículo.

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Quieren matar el alma de los monumentos

Protegemos monumentos, espacios naturales, centros históricos, pero ¿es posible proteger su alma?

En Francia se ha desatado una dura polémica ante el proyecto de Renzo Piano de añadir un monasterio y un centro de visitantes a la capilla de Ronchamp, obra maestra de Le Corbusier. Icono artístico del siglo XX, Ronchamp nació como respuesta del genial arquitecto a las sugerencias del paisaje. Y es precisamente ese paisaje el que ahora se quiere modificar añadiéndole elementos, quizá igualmente magníficos, pero sin duda perturbadores.

Lo confieso. Cada vez estoy más harto de esta estrecha visión de nuestra sociedad, donde en lugar de meditar si algo es bueno o malo, nos limitamos a analizar si es legal o ilegal. Trazamos ridículas fronteras en el mapa, y a partir de las líneas inventadas podemos hacer lo que queramos. La idea del conjunto, del entorno, del alma de un espacio ha muerto. Y por si fuera poco, nuestra creciente mitomanía está dando carta blanca a los grandes creadores para que hagan lo que quieran. Admiro tanto a Piano como a Chillida, pero destrozar el entorno de Ronchamp es tan ilógico como querer agujerear la montaña de Tindaya, por muy fabulosos que puedan ser ambos proyectos.

¿Y el alma de los espacios? ¿Alguien ha pensado en ella?

Pero no. Nos empeñamos siempre en querer mejorar lo inmejorable, acometer ampliaciones, desarrollar parques temáticos para tratar de rentabilizar económicamente nuestras emociones y hasta el aire que respiramos.

No sé ustedes, pero para mi los entornos son tan importantes como las propias obras de arte. Sólo en ambientes puros soy capaz de entrar en comunión con el artista, tratar de pensar en lo mismo que él pensó, sentir como él sentía, admirar la solución dada. ¿Qué sentido tiene el Museo de los Claustros de Nueva York? Ninguno. El románico está allí, perfectamente conservado, pero no me dice nada. Está muerto. Ha perdido el alma del espacio para el que fue creado.