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La crónica verde La crónica verde

Podrán cortar todas las flores, pero no podrán detener la primavera. (Pablo Neruda)

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Los viejos castaños de El Tiemblo, amenazados de éxito

Son unos árboles bellísimos en un bosque de ensueño. Pero pueden morir de éxito. Durante más de 500 años los castaños centenarios de El Tiemblo (Ávila) alimentaron a los vecinos con buenas castañas. El más viejo y grande todos ellos, El Abuelo, podía dar refugio entre su tronco ahuecado a un pastor con todo su rebaño de cabras. Pero eso era antes. Ahora acoge a tantos turistas día sí y día también que su salud se está deteriorando. Porque con los árboles centenarios hay amores que matan. Lee el resto de la entrada »

Un lugar que no puedes dejar de visitar

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No hay nada más fantástico que parecerse a los amigos. O al revés, que los amigos se parezcan a nosotros, tanto da. No por la proximidad del roce, cada día más complicada, sino por la afinidad de gustos y pasiones.

Es lo que me pasa con Elías Rubio. Sus ilusiones son las mías. Y viceversa. Así que a nadie puede extrañarle que este verano haya inaugurado en el pueblecito serrano de Jaramillo de la Fuente una exposición fotográfica dedicada a los árboles singulares de la provincia de Burgos. Yo habría hecho lo mismo. De hecho, tengo publicado un libro sobre este tema prologado precisamente por Elías, con dibujos del que fuera otro gran amigo, el siempre recordado José Luis Larrosa.IMG_20140802_114842

La visita era obligada. Y mereció la pena. Vaya si mereció. A la sombra de la impresionante iglesia románica, muy cerca de donde se levantara una centenaria olma “de concejo” bajo la que se reunía el pueblo desde tiempo inmemorial para discutir de los problemas del común, hoy tristemente desaparecida, allí estaban, en apretada formación gráfica, esos seres formidables supervivientes del pasado: el roble de los borrachos, el de la verruga, los morales de Santa Lucía y de Villoviado, castaños centenarios del Valle de Sotoscueva, la encina de Tordueles,… Árboles con tantas historias como hojas, que por sí mismos darían para pasar horas recordando su larga vida y hasta milagros, que alguno también hubo.

En realidad no. Decía que Elías y yo nos parecemos, pero qué va. Él me gana por goleada de entusiasmo. La prueba la tienes ahí mismo, en esas antiguas escuelas de Jaramillo de la Fuente donde se expone su obra más imposible: el mapa de las tierras de Burgos.

Ya os hablé hace tiempo de ello. Con la ayuda de cientos de voluntarios, un buen día Elías decidió recoger muestras de tierra de cada uno de los 1.233 pueblos de esa extensa provincia que él conoce tan bien como la palma de su mano. Introducidas en reducidos tubos de ensayo, las fue colocando en un mapa gigante. Y no paró hasta tenerlas todas. El primero fue Viérgol (Valle de Mena) el 22 de mayo de 2008 y el último Perros (Valle de Valdevezana) el 6 de marzo de 2009.

Pero el proyecto, producido por Espacio Tangente, tenía una segunda parte. Alimentar con todas esas tierras multicoloristas y multiculturales un árbol muy especial: el árbol de la provincia.

La idea entusiasmó a todos menos a los políticos burgaleses, lo que seguramente fue una buena señal. Tan sólo el alcalde de Jaramillo de la Fuente, Simón Bernabé, se interesó por el proyecto, y con la ayuda de un puñado de vecinos como Domingo, Servillano, Mateo y Julián, el 14 de marzo de 2009 plantaron una encina que ahora crece vigorosa alimentada con el suelo fértil de 1.233 pueblos. La encina de la provincia.

Árboles singulares, arte, historia, geografía, sensaciones, simbolismo. Jaramillo de la Fuente te lo ofrece todo, y gratis, a un tiro de piedra de la capital burgalesa, en medio de un paisaje único.

Es verano, tiempo de excursiones, de turismo. ¿Te vas a perder tanta maravilla?

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Resucita el árbol más triste de la Tierra

El árbol de Ana Frank ha rebrotado desde las raíces. © Foundation Support Anne Frank Tree

El árbol más triste del mundo ya no existe. Se partió por la mitad en 2010, al no servir para nada la chapuza de armazón que a modo de muletas le habían instalado. Era un castaño de Indias y tenía 170 años. Su fama le llegó no por la edad, sino por su simbólica pena. Fue el árbol de Ana Frank. La niña del famoso diario.

En los dos años largos en que Ana estuvo escondida en Ámsterdam, su único contacto con la naturaleza y la libertad fue la pequeña ventana del desván. Desde allí, asomada a hurtadillas a un patio interior, Ana podía ver el cielo, los pájaros y ese castaño cuajado de flores en primavera.

Quería ser escritora. Pero acabó muriendo a los 15 años en un campo de concentración, enferma, con la cabeza rapada, semidesnuda, sola y asustada, quizá acordándose de ese árbol florido, de esa vida que el destino terrible le negó.

Tenía que ir a verlo. Y ha sido una de las experiencias más sobrecogedoras de mi vida. Hacer la larga cola para entrar en la casa-museo. Llegar frente a la estantería giratoria. Atravesar la puerta secreta. Ver su habitación vacía, adornada en las paredes con fotos de estrellas de Hollywood. Subir por esa misma escalera donde esperó muerta de miedo la entrada de los nazis que pusieron fin a su escondite y su vida. Alcanzar el segundo piso pero no poder subir al ático, cerrado a las visitas. Tan sólo un espejo te permite vislumbrar, muy de lejos, esa ventana de esperanza con vistas al castaño desaparecido. Aunque algo vi. Tras el cristal asoman unas hojas. Parecen de un olmo. Y sí. Al verlas lloré.

Entonces las víctimas fueron los judíos. Hoy son los palestinos. Muchos morirán recordando un árbol, una flor, un beso. Pero hay esperanza. Contra todo pronóstico, el castaño de Ana Frank ha rebrotado. Inicia una segunda vida. En unos años volverá a poder verse desde el desván. Una segunda oportunidad. ¿Nos la damos todos?

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La tragedia del castaño acaba en fiesta

Miles de fuegos purificadores han iluminado esta noche, la más corta del año, toda España. Es la fiesta de san Juan, homenaje ancestral al sol, al verano, a la vida. Alegría, música, magia, amor. Pero también muerte. En la comarca de El Bierzo (León), las hogueras de San Juan se alimentan de la tragedia. Están mayoritariamente hechas con los cadáveres de decenas de viejos castaños, muertos por miles debido a dos enfermedades incurables, el chancro y la tinta.

Estos hongos terriblemente virulentos están diezmando la inmensa riqueza forestal berciana ante la ya tradicional impasibilidad de la Administración regional, que tan sólo recomienda el arranque de los ejemplares afectados.

De esta forma, como quien se deshace de una inmundicia, los grandes castañares de los sotos de El Bierzo, punto caliente de biodiversidad, acaban en el fuego.

Un ejemplo lo hemos tenido ayer en San Juan de la Mata, en el municipio de Arganza, donde no están seguros de entrar en el Guinnes de los Récords con la hoguera más grande del mundo, aunque quizá lo logren, pero sí que su resplandor se habrá visto en media comarca. Una pira nocturna donde se han consumido más de cien toneladas de troncos, algunos de hasta tres mil kilos.

Al igual que la grafiosis acabó con los olmos españoles, el chancro y la tinta está diezmando a los castaños. En El Bierzo, donde se localiza el mayor castañar de Europa, pueden estar afectados ya el 80 por ciento de todos los ejemplares. También y especialmente sus cientos de ejemplares centenarios, una riqueza natural única.

En realidad, como me explican desde la asociación A Morteira, sólo los castaños que se encuentran por encima de los 800 metros de altitud están de momento a salvo. Pero por culpa del cambio climático, este refugio cada día es más inseguro frente a esas dos virulentas enfermedades que nadie parece dispuesto a parar.

Las buenas prácticas forestales de nuestros sabios abuelos evitaban la llegada de este tipo de plagas, pero ahora, con las prisas y la mecanización, le estamos dando alas a la proliferación de todo tipo de enfermedades. Y en vez de luchar para salvarlos, en vez de llorar su pérdida, preferimos competir con el vecino a ver quién la tiene más grande, la hoguera. Y les prendemos fuego. ¡Qué viva la fiesta!

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Foto: Ayuntamiento de Arganza.