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El fútbol contamina, y mucho

15 junio 2010

Hoy estamos todos con La Roja. Un entusiasmo que no debe impedirnos el meditar unos segundos a propósito del impacto medioambiental de algo aparentemente tan benigno como dar patadas a un balón.
Partiendo de la base de que en la actualidad toda nuestra actividad vital supone una fuerte huella ecológica en el planeta, es lógico que la organización de un evento a escala planetaria suponga un asombroso consumo energético. Nada menos que 2.700.000 toneladas extras de dióxido de carbono se emitirán a la atmósfera durante el mes de celebración del Mundial de Sudáfrica. La cifra es la conclusión final de un estudio presentado en febrero del año pasado, a fin de buscar la manera más eficiente de contrarrestar estas emisiones, según informó la BBC.

Esta cantidad estimada de CO2 -el gas con efecto invernadero que más contribuye al calentamiento global- es ocho veces superior al emitido en el mundial de Alemania en 2006.

¿Por qué contaminaremos más en Sudáfrica que en Alemania? Pues porque el país africano es mucho más extenso y lejano, sin trenes de alta velocidad y con nueve ciudades como sedes de los 64 partidos previstos.  En consecuencia, tanto el público como toda la maquinaria deportivo-mediática que se mueve alrededor de los equipos elegirá el avión en sus desplazamientos.

El transporte internacional representa cerca del 70% de las emisiones previstas en este Mundial, alrededor del 18% surge del traslado entre las distintas ciudades donde tienen lugar los partidos y el resto puede atribuirse a la energía utilizada en los hoteles donde se hospedan las delegaciones y el público.

Y todo ello sin tener en cuenta el consumo de los 450.000 visitantes que recibirá el país para contemplar el evento, junto con los millones de balones, camisetas y otros cientos de productos fabricados para la ocasión. La huella ambiental va a ser profunda.

Pero no sólo hay que irse a Sudáfrica para notar la influencia del fútbol en el medio ambiente. Por poner un ejemplo cercano, un reciente estudio realizado en Madrid ha comprobado cómo la contaminación se dispara en la ciudad cuando hay partidos de fútbol en el estadio Santiago Bernabeu. Y es que ya no nos apeamos del coche o del avión ni para consumir deporte.

Foto: Efe/Juanjo Martín

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Así calentamos el planeta

06 marzo 2008

“Bufa a bufa, aumenta o efeito de estufa”, aseguran en un divertido vídeo los ecologistas portugueses de Quercus. Que traducido a román paladino se traduciría por algo así como “Pedo a pedo aumenta el efecto invernadero”.

Este otoño fue tan seco que parecía verano. El invierno se presentó vestido de primavera y ahora que está a punto de concluir nos llegan los fríos y las nieves, insuficientes para remediar la dura sequía que se avecina. Ya no sabemos qué es lo normal, si lo de antes, lo de ahora, todo o nada.

Una vez le preguntaron a un antiguo miembro de la División Azul por su experiencia en el sitio de Leningrado, en concreto por las terribles temperaturas polares que debieron soportar los voluntarios españoles mientras los ejércitos alemán y ruso se masacraban sin piedad. Con una sonrisa, el militar respondió: “No miren, para frío Burgos”.

Eso sería antes, cuando yo era pequeño y la nieve era tan cotidiana en esa ciudad como las cuestas heladas donde nos partíamos la crisma emulando a los patinadores. Porque este año sólo ha nevado una vez, el lunes, y apenas llegó a cuajar.

Pero algunos aseguran que el cambio climático es un camelo, todo mentira y manipulación. Todavía hay por ahí escépticos, incluidos Rajoy y su primo, que piensan que nuestro sistema económico de contaminación sin límite no tendrá efectos colaterales en el clima, en la calidad del aire que respiramos, en nuestra salud. Yo no estoy tan seguro.

La tierra es una madre solícita que nos da todo lo que necesitamos, caprichos infantiles incluidos. Niños malcriados, a sus caricias respondemos con golpes, arañazos, amputaciones y grandes, grandísimos pedos. ¿Cómo no va a ser entonces irrespirable nuestro aire? ¿Cómo no va a afectar tanta barbaridad a nuestro clima?