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El fuego achicharra los pollos de buitre negro de Las Hurdes

24 julio 2012

La comarca cacereña de Las Hurdes es una región maldita. Las Jurdes, como la conocen sus naturales en ese peculiar dialecto altoextremeño procedente del leonés, ha sido durante siglos símbolo del atraso del medio rural español; especialmente a raíz de la película Las Hurdes, tierra sin pan, que Luis Buñuel realizó en 1932.

Para luchar contra esa pobreza, a Franco se le ocurrió promover un gran plan de desarrollo basado en la repoblación forestal de grandes masas de pinares. Hoy esos pinos, inútiles para aportar riqueza, han ardido en un nuevo incendio. Intencionado, por supuesto.

Por suerte no hay que lamentar víctimas personales, pero los daños ambientales son cuantiosos. Especialmente para una especie emblemática y amenazada: el buitre negro. Según han informado técnicos de la Dirección General de Medio Ambiente de la Junta de Extremadura, el fuego ha carbonizado en sus nidos a cuatro pollos de esta bella necrófaga.  Al menos once plataformas vacías de la misma colonia de cría han quedado igualmente destruidas. Debe ser terrible para una poderosa ave ver impotente desde el aire cómo su cría se quema. Perfectamente emplumada, pero aún incapaz de volar, aletear inútil, aterrada ante el avance de las llamas.

El incendio supone el fin del hábitat para los buitres negros de una zona muy amplia. Y lo que es aún peor. Quema lo poco que se había salvado del último incendio registrado en la zona hace tres años.

La zona quemada había sido propuesta para incorporarse a la Red Natura 2000 como ampliación de la Zona de Especial Protección para las Aves (ZEPA) de Las Hurdes. Algo que no parece casual.

SEO/BirdLife ha solicitado iniciar un plan de recuperación ambiental y socioeconómico de Las Hurdes que permita la recuperación de los valores ambientales, turísticos y sociales de la comarca, tan dañados por los incendios de los últimos años. Desgraciadamente, para estos pobres pollos de buitre negro las medidas llegarán tarde.

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Se muere el símbolo vegetal de Extremadura

16 agosto 2010

La Marquesa se muere. Sin remedio. Es ley de vida, pero cuando se trata del símbolo vegetal de Extremadura, de una maravillosa encina tenida como la más bonita y grandiosa del mundo, da mucha pena.

“No se va a morir mañana, porque son árboles que aguantan muchísimo, pero está en las últimas”,

me explicaba hace 10 años Chema Masón, profesor del Centro de Formación Agraria de Navalmoral de la Mata (Cáceres), en cuya dehesa se encuentra tan monumental árbol. Su compañero Ángel Hemández resumía entonces en tres las razones de esta muerte anunciada:

“Por un lado sufre un ataque de oruga muy grande, la sequía de estos últimos años la ha debilitado y, por si fuera poco, hace tres años le cayó un rayo”.

Durante siglos, su belleza le había indultado del hacha en todos los sentidos, pues ni siquiera fue podada por expreso deseo de la marquesa de Comillas, señora de toda la finca hasta la llegada de la República. Y de este viejo capricho nobiliario adquirió el rimbombante título: Encina de la Marquesa.

Cada vez peor. Más vieja, con menos hojas. Las ramas partidas, secas. Atrás quedan los buenos tiempos de la encina, cuando a su sombra podían sestear casi un millar de ovejas con sus pastores. Hoy el terrible sol de agosto pasa libre por sus ramas desnudas, incapaces de ofrecer descanso. La “encina gorda”, como también se le conoce, da sus últimas bocanadas de clorofila. Pero muere como lo hacen los árboles, de pie, orgullosa como lo que es, una gran señora, una marquesa.

Os dejo este precioso vídeo de Talayuela TV donde se homenajea a la moribunda encina.

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El niño torero se hace mayor pero sigue matando

07 febrero 2010

Jairo Miguel Sánchez, el niño torero más precoz de toda la historia de la tauromaquia, quien a los ocho años ya se enfrentó a una becerra y a los once mató su primer novillo, se ha hecho mayor pero sigue acuchillando toros.

Los mató por cientos en México, pues la ley española le exige los dieciséis años para poder torear. [¿Pueden los niños ser toreros?] Pero recién cumplida esa edad se acaba de estrenar matándolos de seis en seis en España.

Apoyado (o empujado) por sus padres, cuando el resto de los niños estudiaba en el colegio él arrastraba por América su espadita y su capote de niño. Si en lugar de toros cortara cuellos de ternera en un matadero no le habrían dejado, pero dicen que lo suyo es arte, y además da mucho dinero. A todos.

La vida y la profesión le han dado muchas cornadas. Estuvo a punto de morir varias veces, pero no se rinde ante la evidencia. Temerario como sólo la juventud lo puede ser, su manera de hacerse un hueco en el sangriento espectáculo es poniendo una vez más en peligro su vida. Por ello el pasado sábado protagonizó “la gesta” de estoquear seis toros en solitario en Cáceres, su tierra natal. Nadie lo había hecho nunca tan joven.

De pequeños nos llevaban a ver al bombero torero y ahora nos traen al niño torero. Por los dos siempre he sentido una pena infinita.

Jairo Miguel, te doy un consejo. Cuelga el estoque y coge los los libros. El verdadero arte de la vida no es torturar toros, es ser persona. Y todavía estás a tiempo de lograrlo.

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¡Salvemos Extremadura!

15 abril 2009

Extremadura, la reserva natural de Occidente, el último territorio del sur de Europa donde Naturaleza y tradición siguen aún de la mano, está en peligro.

No lo digo yo, enamorado como pocos de esa tierra mágica. Lo dicen y ratifican asustados los principales grupos conservacionistas de España (ADENEX, SEO/BirdLife, Ecologistas en Acción y WWF España), quienes han puesto en marcha una ciberacción para tratar de evitar una destrucción que se presenta imparable. ¿Son unos exagerados? Me temo que no.

Los proyectos de construcción de una refinería en Tierra de Barros, varias centrales de ciclo combinado, parques eólicos aprobados por doquier en zonas de alto riesgo para aves protegidas, o incluso en lugares de recuperación del lince ibérico, amenazan la biodiversidad de una de las regiones europeas mejor conservadas. Otros peligros que afectan a la región son las centrales termosolares autorizadas en Casas de Hitos, el corazón de la principal zona de invernada de grullas y aves acuáticas de Extremadura. También autovías de alto coste ambiental y económico como la innecesaria Cáceres-Badajoz, atravesando algunos de los últimos territorios europeos de especies protegidas como el águila imperial o el buitre negro. O el creciente e impune urbanismo ilegal en espacios naturales protegidos que ha permitido la construcción reciente de más de un millar de viviendas ilegales en estos Santa Santorum ecológicos.

Justifican los políticos extremeños que esta tierra no puede quedar marginada del desarrollo económico. Tienen razón pero ¿qué modelo eligen para progresar? Sin duda el más destructor, el más irresponsable, del que al final nuestros hijos se avergonzarán cuando de tantas riquezas sólo queden unos pocos retazos inconexos, demasiado tarde para pensar en sostenibilidad, en calidad de vida, en futuro.

Por todo eso, si amas la Naturaleza y a Extremadura, ciberactúa. Une tu firma a las cartas de protesta que se enviarán muy pronto al presidente regional y a su consejero de Industria y Medio Ambiente. Tu apoyo es importante. Súmate a la recogida de firmas clikeando en este enlace de SEO/BirdLife. ¡Salvemos Extremadura, ya!

Muletas para una encina milenaria

25 diciembre 2008

La encina más grande del mundo, la más vieja y venerable de todas ellas, probablemente la más querida, sin duda la más hermosa e impresionante que conozco, ha salido con éxito de una delicadísima intervención quirúrgica, la primera de estas características realizada hasta la fecha en España a un árbol multicentenario.

Maltrecha pero feliz, la encina Terrona, el símbolo vivo de Extremadura, orgullo de Zarza de Montánchez (Cáceres), se apoya ahora en 15 gigantescas muletas de acero, garantía de su eterna fortaleza. Si se fijan bien en la fotografía realizada una vez concluida la operación, pueden apreciar claramente el esbozo de una sonrisa clarividente de agradecimiento entre sus ramas. Ella está feliz y nosotros más.

Esta monumental encina acaba de ser intervenida “a vida o muerte” por uno de los equipos de médicos geriátricos de árboles más afamados de Europa, el dirigido por el botánico valenciano Bernabé Moya y los técnicos José Moya y José Plumed. Desde que en 1998 una de las tres grandes ramas de este excepcional ejemplar casi milenario se partiera por la mitad, Moya ha visitado a la venerable enferma decenas de veces, hasta convertirse en su particular médico de cabecera. Sólo así ha logrado tener un conocimiento excepcional del ejemplar rama a rama, arruga a arruga, primavera tras primavera, que diez años después le llevó a emitir un terrible diagnóstico. El árbol se iba a partir, se venía abajo. Cuando hablé con él, preocupado como estaba por el estado de mi venerada encina cacereña, este defensor apasionado de los viejos árboles me lo explicó gráficamente:

“Es como si tuviera osteoporosis, su frágil estructura no puede sostener ya tanto peso”.

Árbol de dehesa, sombra de una increíble piara de cochinos ibéricos, su forma actual es producto artificial de innumerables podas. ¿Pero quién se atreve ahora a podar un árbol simbólico y a podarlo bien?

Finalmente, tras valorar varias opciones, Moya optó por apear la encina como el mejor método posible. Por sostener las ramas más grandes y frágiles con grandes muletas rematadas en horcones, al estilo de como se hace con los grandes manzanos o nogales cuando se cargan de fruta, sólo que metálicas y de proporciones colosales.

La Junta de Extremadura, tutora del ejemplar desde que en 2001 iniciara con él la protección de los árboles más emblemáticos de la región, estaba de acuerdo en la necesidad de intervenir cuanto antes, pero faltaba el placet del propietario, Alonso Mateos.

Panadero de profesión, muchos señalaban la paradoja de que alguien así no hubiera convertido hace ya mucho tiempo en leña de horno a la Terrona. Esa sólo idea lo enfurecía, pues para Alonso el árbol es su más querida herencia y lo venera como si fuera una risueña bisabuela. Hombre de campo, apenas necesitó de cinco minutos de explicaciones de los especialistas para dar su consentimiento.

“Bernabé es un cirujano fuera de serie, con sólo verla ya sabía por dónde se iba a partir; sé que la Terrona está en las mejores manos”.

Concluidos los trabajos, cuando le pregunté a Alonso si estaba satisfecho con el resultado obtenido, éste no lo dudó un segundo:

“Cómo no lo voy a estar, ha quedado estupendamente. Morirán mis nietos y sé que seguirá en pie, no hay más que verla”.

Su clarividente visión me dejó impresionado, máxime por venir de un sencillo hombre del campo. El sabio Alonso, las buenas gentes de Zarza de Montánchez, son todo un ejemplo para nosotros, tan urbanitas y tan alejados de la realidad natural ¿no os parece?

Como podéis ver en estas fotografías de José Plumed y los hermanos Moya, el resultado logrado tras la intervención hecha al árbol es espectacular. Además de útil, vital para la encina, a mí me parece una auténtica obra de arte de vanguardia, una delicada pieza de land art o arte terrestre. ¿No pensáis vosotros lo mismo?