El Ministerio de Medio Ambiente ha anunciado su decisión de iniciar, con carácter inmediato, nuevas batidas de lobos en el Parque Nacional de Picos de Europa para controlar el número de este fabuloso cánido salvaje.
Los ganaderos, algunos ganaderos, protestan por lo que consideran demasiados daños de esta especie a sus rebaños, y los políticos han optado por lo más fácil y barato. En lugar de desarrollar una política de conservación basada en un control científico riguroso e independiente de las manadas, apuestan por el viejo sistema de disparar a matar. Barato y relajante, pues nada tranquiliza más a algunas personas que la exhibición del cadáver de su enemigo, pero totalmente ineficaz.
Picos de Europa es el único Parque Nacional español con lobo. Sin embargo, en vez de gestionarse su presencia de una manera ejemplar, que pasaría por su protección estricta, se opta por las batidas. El sistema menos efectivo de todos los posibles. En su lugar, y como ha propuesto WWF, debería crearse “con urgencia” un grupo de trabajo con representantes de administraciones, ONG, sindicatos agrarios y expertos para unificar y mejorar los sistemas de compensaciones, desarrollar nuevos mecanismos de prevención para minimizar daños a la ganadería y tratar los problemas de la ganadería extensiva. ¿Por qué no se hace?
Un espacio natural como Picos de Europa necesita a la ganadería de montaña para sostener su rica biodiversidad, su paisaje y su paisanaje. Pero también es necesario tener en cuenta el valor que genera la presencia del lobo en el parque nacional en términos de calidad ambiental y atractivo turístico.
Otro paso fundamental es mejorar el conocimiento que se tiene sobre el estado actual de conservación de la especie. Es una vergüenza que el último censo nacional del lobo ibérico se hiciera hace veinticuatro años, en 1988. Que cada comunidad autónoma trabaje de forma descoordinada y con datos igualmente parciales. Y que para apaciguar las protestas de los ganaderos, en lugar de buscar la coexistencia pacífica, pagando bien y rápido las indemnizaciones, se opte por la misma drástica solución: matar lobos.
Algunos pastores asturianos visten estos días camisetas con el lema: “Con lobos no hay paraíso”. Están equivocados. La realidad es justo lo contrario: “Sin lobos no hay paraíso“.
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Más de 26.000 personas han firmado ya una petición en Change.org pidiendo a la consejera de Medio Ambiente del Principado de Asturias, Belén González, la paralización de las batidas de lobos en el Parque Nacional de los Picos de Europa. Puedes unir tu firma pinchando en este enlace.
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