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El arte reivindica un mar sin plásticos… ni chancletas perdidas

01 marzo 2013

FlipFlop_fish_1000

El plástico nos ahoga. Un material que usamos como desechable cuando en realidad puede tardar décadas, y hasta siglos, en degradarse. Ya os he hablado varias veces en La Crónica Verde de los terribles efectos de tanto plástico arrojado al mar: islas de plástico, albatros ahogados en plástico. Pero hasta ahora no os había contado que también se puede hacer arte con estos deshechos. Es el proyecto Skeleton Sea, que precisamente la gente de Madrid puede conocer de primera mano este fin de semana si se acerca al congreso temático “Por un mar sin plásticos”, programado en la quinta entrega de la mayor feria de submarinismo de España, la Dive Travel Show 2013.

Allí se podrán ver algunas increíbles esculturas hechas con la basura que el mar devuelve a las playas. Entre ellas Free FlipFlop, el increíble pez multicolor de dos metros realizado con chancletas abandonadas en la costa. La idea fue de mis colegas Xandi Kreuzeder y Kuki de Dios. Un loco proyecto realizado en apenas un día y en el que tuve el placer de participar como recolector de cholas, como llamamos en Canarias a las que los anglosajones denominan flip-flop por el peculiar sonido que emiten al caminar. Y digo loco proyecto porque la playa elegida fue una de las más salvajes y bellas de Fuerteventura, Esquinzo, cerca de El Cotillo, donde presuponía que no habría apenas basura. Pero la había. Y mucha. Gracias a la colaboración de los surferos aparecieron zapatillas y aletas por cientos. Más de 250 en apenas 24 horas.

Os dejo a continuación el vídeo que resume el increíble trabajo de estos dos artistas. Pero no me busquéis haciendo piruetas sobre una de esas tablas, lo mío no es el equilibrio.


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Esas sucias ciudades flotantes que llamamos cruceros de lujo

21 agosto 2012

En la lista de las diez cosas que debemos hacer antes de morir ocupa los primeros puestos el disfrutar de un crucero de lujo. El turismo de cruceros crece imparable en España a pesar de la crisis. O quizá por ello, pues muchos lo ven como la última oportunidad de sus vidas para poder regalarse unas vacaciones así. Aunque el efecto es global, pues 19 millones de pasajeros eligen cada año este medio para viajar por los mares de todo el mundo. Cada vez más baratos. Cada vez más accesibles. Cada vez más glamurosos.

Son gigantescas ciudades flotantes, pero ciudades sucias. Bajo esos oropeles del todo incluido se esconden toneladas de basura arrojadas impunemente al mar todos los días. Hay piscinas, saunas, campos de golf, centros comerciales, teatros, cines,… pero ¿ha visto alguien las depuradoras?

Según datos de Oceana, organización internacional dedicada a la conservación del medio marino, un crucero de gran tamaño (2.000-3.000 pasajeros) puede llegar a generar unas 1.000 toneladas diarias de residuos, que incluyen de 500.000 a 800.000 litros de aguas grises, unos 100.000 litros de aguas negras, de 13.000 a 26.000 litros de aguas oleosas procedentes de las sentinas, entre 7.000 y 10.500 kilos de basura y residuos sólidos, y de 60 a 130 kilos de sustancias tóxicas (restos de pinturas, pilas, material médico o agentes de limpieza en seco usados en tintorería). Es decir, cada pasajero genera al día más de 350 litros de desechos, de basura.

Añádase a este impacto el gigantesco consumo de combustible de un crucero, que puede llegar a ser equivalente al de unos 12.000 vehículos. Y que para colmo de males no es gasoil, pues el tipo de combustible utilizado resulta 50 veces más tóxico que el habitual. A los humos de los motores debe sumarse el procedente de la incineración de las basuras (plásticos y papeles), práctica bastante común en este tipo de barcos según Oceana.

Y llévense estos barcos a lugares tan frágiles como los mares de coral o el Ártico, donde hasta el hecho de soltar el ancla en los fondos marinos altera gravemente los ecosistemas.

Queda clara la suciedad de estas ciudades flotantes donde la basura se oculta debajo de la alfombra. Sin embargo, la culpa no la tienen las navieras. La culpa es de una legislación que permite la impunidad en aguas internacionales. Mientras que cualquier municipio costero está sometido a numerosas normas que tratan de evitar la contaminación del litoral, los cruceros pueden verter todo tipo de restos orgánicos y aguas sin tratar cuando se encuentran a más de cuatro millas de la costa.

Tan terrible impacto se podría arreglar muy fácilmente. En el momento en que los consumidores exijamos un riguroso compromiso medioambiental a estos buques, en el momento en que elijamos a los más respetuosos con el medio y rechacemos de plano a los contaminadores, los cruceros serán ejemplo de sostenibilidad ecológica. Pero mientras prefiramos el daiquiri a la depuradora nuestras vacaciones seguirán envenenando los océanos.

Actualización 21 de agosto 2012: Estoy contento de la gran repercusión que ha tenido este artículo. Son muchas, muchísimas las personas que a partir de ahora se preguntarán por el impacto ambiental de los cruceros, exigirán medidas correctoras y elegirán los menos contaminantes, los más respetuosos con los mares y la atmósfera.

Muchas han sido las críticas que he recibido, a favor y en contra, y las agradezco todas. Las más duras hacen referencia a que el estudio de Oceana es de hace 4 años y que en este tiempo las cosas han mejorado. He contactado con Xavier Pastor, director ejecutivo de Oceana Europa, quien sin embargo me ha desmentido que tales mejoras sean apreciables y generalizables. En su opinión, el estudio de entonces sigue siendo válido hoy en día.

Es verdad que no todas las compañías navieras son iguales. Una de ellas, que se ha puesto en contacto conmigo, me ha explicado su proyecto Life+ Cruceros Sostenibles, desarrollado junto con el Centro de Investigación Académica para el Desarrollo Sostenible de Producto (Ce.Si.S.P), varias empresas italianas, el Registro Marítimo Italiano (RINA) y la Asociación de Puertos de Cruceros del Mediterráneo. El objetivo es proporcionar un estímulo para la aplicación de una directriz de la Unión Europea sobre los residuos a bordo de buques y para crear incentivos para la reducción, recogida, reciclaje y reutilización de residuos. Es un primer paso importante para lograr que, cuando los cruceros atraquen en los puertos, puedan trasvasar todos sus residuos líquidos a las depuradoras urbanas, algo que aún no se hace pues las leyes internacionales de MARPOL no obligan a ello. Y para llevar a las plantas de tratamiento el resto de la basura en lugar de incinerarlo.

Como siempre, la solución a éste y otros problemas ambientales la tenemos nosotros, los consumidores. Elige bien y corre la voz.

Pinchando en este enlace puedes leer el informe completo de Oceana.

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Un vídeo sobre la contaminación marina y los albatros incendia Internet

06 junio 2012

Pocas veces el enlace de un vídeo me ha llegado desde tantos sitios diferentes, desde tantas personas sensibles, desde tantos comentarios escandalizados. Se trata del trailer del documental Midway, empírica constatación de los terribles efectos en la fauna de esas islas de basura plástica que flotan en unos mares cada vez más contaminados.

Ya os he hablado en otra ocasión de cómo los albatros mueren a cientos asfixiados por unos plásticos que confunden con comida. Algunos lectores aseguraban entonces en sus comentarios que todo era un montaje fotográfico. Desgraciadamente es verdad.

En el atolón de Midway, pequeños islotes coralinos localizados en medio del Océano Pacífico, en mitad de la nada, a 5.000 kilómetros al oeste de San Francisco y a 4.000 al este de Tokio, las costas están rodeadas de basura viajera. La arribada desde esa ‘isla’ de 4 millones de toneladas de desechos y una superficie de 1,5 millones de kilómetros cuadrados que flota inerte en el mar. Por su culpa, un tercio de los pollos del medio millón de parejas de la colonia albatros de Laysan (Diomedea immutabilis) muere al año en el atolón por la ingestión de objetos o fragmentos de plástico.

Me escribe Montse para preguntarme si no se puede hacer algo. Si no se puede mandar a la Marina a limpiar toda esa basura. Y no se puede. Esa sopa plástica es imposible de retirar del mar. Son en su mayoría micropartículas, apenas anodino plancton artificial. La única solución es ser más eficientes en el reciclaje. Apostar por usar productos biodegradables y tirar menos plástico a la basura. Evitar que toda nuestra mierda acabe con la vida de los siete mares. Con nuestra despensa y nuestra farmacia. Especialmente ahora que celebramos el Día Mundial de los Océanos.

Pero no terminemos con tan mal sabor de boca. Os recomiendo que os paséis por el Midway Project blog y que sonriáis de ternura ante la historia vital de Miguel. Un pollito de albatros nacido justo en el jardín de Jan Vozenilek en esa isla y que, por suerte, ha crecido sin problemas.A lo largo de tres vídeos puedes ir viendo su crecimiento. Te dejo aquí el primero y más entrañable.


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La crisis dispara el consumo de pescado basura

17 mayo 2012

Una niña escocesa ha convulsionado Internet mostrando fotos del menú de su colegio: pizzas, macarrones, croquetas, hamburguesas, magdalenas, helados,… ¿Comida basura? Aquí lo llamamos menú infantil.

Dirá alguno que no es cierto. Que en nuestros comedores escolares y hospitales se ofrece a diario carne y pescado. Es verdad pero ¿qué carne y qué pescado? Porque con esto de la crisis la calidad de los alimentos es cada vez más baja. Ello explica que la merluza haya desaparecido de los platos. O no, pues en realidad nos la siguen dando, pero con queso, al ponernos panga por merluza. Muchos ya la conocen como “la merluza de la crisis“. Sin embargo, esta especie [Pangasius hypophthalmus] venida de Vietnam y China no es una alternativa, es pescado basura. Un engaño asociado al desastre ambiental, social y sobre todo nutritivo de su presencia cada vez más frecuente en nuestras cocinas.

Hagan cuentas. Se trata de una especie de pez gato propia de los ríos asiáticos, especialmente del Mekong, cuyas aguas sufren elevados niveles de contaminación industrial. Piscicultura masiva, las pangas viven hacinadas en mínimas jaulas donde se amontonan por miles. Sus escasas propiedades nutricionales, su dudoso control sanitario y mala calidad no lo hacen apetecible, pero sí su bajo precio, inferior al del pollo. Sólo por ser barato nos hemos lanzado a consumirlo, más de 50.000 toneladas al año.

Hay también otra razón que da vergüenza. Lo compramos porque viene limpio y en filetes, como si fuera carne. Nos hemos hecho tan vagos que somos incapaces de comer unas anchoas o un jurel por no quitarle las espinas.

Los pescadores españoles están que trinan con esta competencia desleal. ¿Estaremos diciendo adiós al besugo, al abadejo, a la merluza, al lenguado, la sardina o a la pescadilla? No caigamos en la trampa. Ahorremos en móvil o en ropa, pero no en la calidad de la comida, base de nuestra salud.

Otro pescado de la crisis es la perca del Nilo, que muchas veces nos venden como mero. Una estafa y un desastre ambiental al que dediqué en este blog la entrada La pesadilla de Darwin.

Respecto al panga y la perca, os recuerdo que la Organización de Consumidores y Usuarios (OCU) ha recomendado reducir su consumo después de que unos análisis detectaran la presencia de sustancias nocivas para la salud. Tienes la noticia completa en 20 Minutos.

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Cada vez tiramos más comida a la basura

16 febrero 2012

En tiempos de crisis nos hacemos más ahorradores, pero en lo fundamental, en la alimentación, seguimos apostando por el derroche. La culpa la tiene esa confusión entre límite de venta y límite de consumo.

Según estadísticas oficiales de la Unión Europea, el 18% de los europeos no conoce la diferencia entre “consúmase preferentementey “caduca, cuando la primera sólo hace referencia a la calidad, mientras que la segunda se refiere a seguridad alimentaria. Y así nos va.

Cada europeo tira anualmente a la basura una media de 179 kilos de alimentos en perfecto estado, medio kilo al día. O lo que es lo mismo, cerca del 50% de productos comestibles se pierde en el intrincado camino que une a productor con consumidor, la mitad desechados directamente por nosotros mismos desde casa.

Esto no hay quien lo entienda. 79 millones de personas viven en Europa en la pobreza, mientras casi 90 millones de toneladas de alimentos en perfecto estado terminan todos los años en los contenedores. Y como nos creemos más ricos que nadie, en las tiendas, cuando el producto fresco ya no está en óptimas condiciones o está próximo a caducar, en lugar de venderlo más barato como se hace en muchos países, aquí directamente lo tiramos.

Frente a este despropósito se nos olvida lo auténticamente importante, la calidad de lo que comemos. Adoramos las marcas de todo lo superfluo y regateamos dos céntimos en la leche sin valorar su origen incierto. Obviamos así la presencia en los alimentos de conservantes, colorantes y otros componentes poco saludables como grasas hidrogenadas. Y apostamos con alegría por la insostenibilidad de comprar productos de orígenes transcontinentales despreciando los producidos en nuestro entorno más inmediato.

Ya lo dice El Roto: Cada vez hay más comida en la basura y más basura en la comida.

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Acabemos con las papeleras, llévate la basura a casa

22 julio 2011

Odio las papeleras. Me parecen la peor solución para lograr ciudades limpias y la peor herramienta educativa para conseguir una sociedad más cuidadosa con el entorno.

Ya pasó la época del “niño, no tires el papel al suelo, llévalo a una papelera”. En pleno siglo XXI, en un país desarrollado y con graves problemas ambientales relacionados con la gestión de los residuos, lo lógico es decir al niño (y al adulto): “Lleva el papel al contenedor azul, el envoltorio al contenedor amarillo y los restos del bocata al de los orgánicos”.

Pero no. Lo que funciona para casa no sirve en la calle. Y en lugar de educar al personal para que recicle la basura hemos llenado ciudades y pueblos de papeleras, incluso en lugares tan frágiles como nuestra red de espacios naturales protegidos, el colmo del absurdo.

¿Os habéis parado a pensar en el desmedido sobrecoste de salarios y combustible que supone el mantenimiento de esos receptáculos de basura no clasificada? Que muchas veces no se gestionan bien, acaban desparramando su contenido y favoreciendo la proliferación de ratas y otras plagas.

Hace muchos años, en una reserva natural en Inglaterra, me sorprendió la total ausencia de papeleras incluso en el área de pic-nic. Todos guardaban los restos del almuerzo en sus mochilas. A fin de cuentas, de ellas habían salido y el residuo siempre pesa menos. Por el contrario, en el Parque Nacional de Garajonay (La Gomera) los caminos que atraviesan la mágica laurisilva están sembrados de clínex usados como papel higiénico alternativo, además de colillas y alguna que otra lata de refresco. En otros espacios hay papeleras a lo largo de senderos de varios kilómetros de longitud. Y en mi ciudad, el alcalde ha puesto una cada 10 metros en las calles principales y ninguna en el resto, por eso de dar imagen de capital limpia.

Pero así no se educa. Así se maleduca. Para que sigamos tirando basura al suelo “porque no hay cerca una papelera”.

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Tiramos a la basura hasta los desvanes

09 junio 2011

Siempre me fascinó la buhardilla de mi bisabuelo. Era de película, polvorienta, misteriosa, repleta de trastos inútiles, de sillas rotas y espejos ennegrecidos. Hoy ya no existe ni ese rincón mágico, ni prácticamente ninguno de esos lugares donde guardar lo viejo. En nuestra sociedad urbana de usar y tirar, con ridículas “unidades habitacionales” de 40 metros cuadrados, el espacio libre es oro y el cubo de la basura el mejor armario posible.

Tengo un lector que trabaja en la recogida de residuos urbanos de Madrid y que periódicamente me envía fotos de las barbaridades que encuentra en los contenedores de basura. Trajes, ordenadores, muebles, libros y sobre todo comida, toneladas de comida. Otro me asegura que en un gran almacén donde curra las devoluciones de aparatos defectuosos no se miran. Directamente se cambian por otro nuevo y el devuelto se tira a la basura. Muchas veces las averías son tan tontas como poner bien las pilas o retirar el precinto.

Por no hablar de las bolsas de un único uso. Estudios recientes confirman la existencia de 250.000 millones de partículas de plástico con un peso total de 500 toneladas flotando en un cada vez más contaminado mar Mediterráneo.

Estamos sumidos en una crisis económica brutal, frente a un futuro incierto donde los combustibles fósiles serán cada vez más caros y escasos, pero nos da lo mismo, lo nuestro es el derroche. Ahí están las cifras: cada español genera al año 547 kilos de basura y sólo recicla 82 kilos.

Para los economistas son buenos datos. A más despilfarro, más consumo y más negocio. Pensar en el ahorro, en el reciclaje, se considera un insulto a la inteligencia. Tener desván es una inutilidad, incluso para aquellos niños que descubrimos en ellas un mundo fascinante donde todo tenía un uso, hasta los trastos viejos.

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La Ley Antitabaco mata árboles

08 abril 2011

Obviamente una ley no mata. Pero sí lo pueden hacer los cambios de hábitos en nuestras costumbres por ella provocada. Como la Ley Antitabaco. Desde su aprobación a comienzos de año, los fumadores se han lanzado a las calles a fumar esos cigarrillos que no les dejan encender en espacios cerrados públicos. En una sociedad culta y educada esta decisión no habría supuesto problema alguno. En la nuestra, básicamente maleducada, el resultado es el de cientos de miles de colillas arrojadas diariamente al suelo en todas las ciudades.

Cada año los españoles se fuman 23.000 millones de cigarrillos que en un porcentaje altísimo acaban en la calle. Los filtros están hechos de acetato de celulosa, un plástico que tarda entre uno y diez años en descomponerse. Pero además acumulan peligrosos productos tóxicos capaces de infiltrarse en el suelo y contaminar la tierra y el agua.

Les cuento mi reciente experiencia en un hospital. Aprovechando el sol primaveral, el personal clínico y público en general fuman sus cigarrillos junto a la verja de entrada al recinto. Uno tras otro, pausadamente, apuran las colillas antes de tirarlas con indolencia al alcorque más cercano, donde crecen sufridos árboles urbanos. Ese reducido espacio de tierra es el único suelo que tienen sin asfaltar las plantas, convertido en vergonzoso vertedero donde se concentran cantidades letales de nicotina y alquitrán. Acabarán matándolos, pero les da igual. “Si se mueren ya plantarán otros”, me responde indolente un fumador. “Habernos puesto ceniceros”, le apoya otro. Inútil hablarles de reciclaje o de multas por ensuciar la vía pública.

¿Qué abulta más, un cigarrillo entero o una colilla? El primero se guarda y la segunda termina en el suelo, matando árboles, envenenando ríos, sonrojando a las personas educadas.

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Bill Clinton se hace vegano

16 noviembre 2010

El ex presidente de los Estados Unidos Bill Clinton, famoso por su afición a la comida basura (especialmente hamburguesas) en cantidades ingentes y frecuentes, se ha hecho vegano. ¿No sabes lo que significa ser vegano? Consiste en ser aún más estricto que un vegetariano. Te obliga a renunciar a comer cualquier proteína no vegetal, incluidos los productos lácteos, los huevos y todo tipo de carne o pescado.

Muchos lo hacen porque no quieren ser culpables del sufrimiento animal, pero en el caso de Clinton las razones han sido médicas y estéticas. Llevaba un  bypass cuádruple desde 2004 y su corazón le suele dar sustos periódicamente. Aunque el cambio de dieta lo hizo sobre todo con el fin de perder peso para estar presentable en la boda de su hija Chelsea. Desde entonces ha perdido 24 kilos y dice sentirse muy bien.

“Estoy intentando mantenerme lo suficientemente sano para poder ver a mis nietos”, afirmó Clinton con una sonrisa al ser preguntado por la posibilidad de que su hija pueda hacerlo abuelo en un futuro próximo.

Algunos aseguran que esto del veganismo es una moda de la gente snob. Porque además de Clinton ya han abrazado la dieta herbívora el cofundador de Twitter, el presidente de Ford, el multimillonario propietario del diario Daily News e incluso la popular Madonna o la sirena Daryl Hannah.

Pero quienes lo defienden recuerdan el impacto ambiental de la producción ganadera en el planeta y sus terribles efectos tanto para el medio ambiente como para nuestra salud, cada día más habituados a una dieta cárnica donde las verduras son poco más que adornos en el plato.

Otros, sin embargo, acusan a los veganos de ser una secta que antepone el bienestar de los animales al de las personas.

¿Y tú que opinas? ¿Es el veganismo una moda o la necesidad de una sociedad más sensible y comprometida con el futuro? Yo todavía no lo soy y quizá vuestras respuestas me ayuden a decidirme.

Foto: Getty Images.

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30 años reciclando basuras

24 octubre 2010

Somos la sociedad de la basura, del derroche, del usar y tirar. A pesar de ello reciclamos una parte de nuestros desechos, cada vez más y mejor, pues no nos queda más remedio, conscientes del daño que nos hacemos a todos al cubrir de mierda nuestro viejo y único planeta.

Para los más jóvenes, el reciclaje es algo tan familiar como los ordenadores e Internet, pero esos contenedores de colores son tan recientes como las nuevas tecnologías. De hecho, los primeros destinados exclusivamente a recoger el vidrio llegaron a España en 1982, hace ahora 28 años. Los de papel y plásticos llegaron más tarde.

El famoso símbolo del reciclaje también es joven. Tiene 40 años, y su historia no puede ser más curiosa, como explica alpoma en el blog Tecnología obsoleta. Ganó el concurso de una empresa de Chicago, la Container Corporation of America, para contribuir a la celebración del primer Día de la Tierra en 1970. El triunfador fue un joven estudiante de 23 años llamado Gary Anderson, a quien se fotografió entonces explicando su logo.

Y, ¿cómo llegó a concebir el célebre símbolo? Inspirándose en un dibujo del artista holandés M.C. Escher, explica alpoma.

La obra Banda de Möbius II, en la que unas abnegadas hormigas recorren el infinito trazado de la cinta de una sola cara y un solo borde descrita por los matemáticos August Ferdinand Möbius y Johann Benedict Listing a mediados del siglo XIX, fue lo que le sirvió a Gary Anderson para diseñar su logo. Unió las ideas de infinito y reciclaje, tras contemplar el cuadro de Escher y, ¡ya está! Toda una genialidad.

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