Entradas etiquetadas como ‘alimentacion’

Desde enero, se acabó vivir (y sufrir) como un cerdo

28 febrero 2013

Matanza del cerdo

Comer como un cerdo. Vestir, oler, sudar, gritar, comportarse como un cerdo, marrano, guarro, puerco, gocho, cochino. No salen bien parados estos pobres animales a pesar de su importancia para nuestra alimentación desde su temprana domesticación en tiempos neolíticos. Y eso que de ellos “nos gustan hasta los andares”. Pero no vivir como ellos. Mucho menos como los teníamos hasta ahora en las grandes fábricas de carne que algunos llaman granjas de producción industrial, de donde procede la mayor parte de los 42 millones de cerdos que cada año se sacrifican en España.

Las veces que entré en alguna de ellas quedé sobrecogido. Nada que ver con ese animal casi familiar cuidado con mimo en el pueblo, gigantesco y atemorizador desde una mirada infantil, pero siempre inmejorablemente alimentado. Cuando le llegaba su San Martín, la matanza, aunque salvaje a mis ojos, era toda una fiesta popular. Comida abundante, canciones, mil anécdotas, enseñanzas y trabajo para todos; pura universidad de la supervivencia.

Por suerte, desde enero pasado esa tortura injustificada de cerdos, al igual que se ha hecho con el resto de los animales de granja, se ha terminado gracias a la aplicación de las nuevas exigencias europeas sobre bienestar animal. Obligación, por ejemplo, a que los suelos no sean resbaladizos, a disponer de al menos 8 horas diarias de luz, poder salir al aire libre en espacios con cobertizos protectores de las inclemencias del tiempo y, lo más importante, tener espacio suficiente para moverse y tumbarse sin agobios, algo hasta ahora imposible.

¿Bienestar animal? Ya lo dijo Mahatma Gandhi:

“La grandeza de una nación y su progreso moral pueden ser juzgados por el modo en que se trata a sus animales”.

Y durante más de medio siglo, aquí en Europa les hemos tratado a los cerdos con sadismo, haciendo buenas las palabras del gran Leonardo Da Vinci, quien aseguraba:

“Verdaderamente el hombre es el rey de las bestias, pues su brutalidad sobrepasa la de aquellas”.

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Cada vez comemos más hamburguesas de caballo, queramos o no

24 enero 2013

Caballos

Toda la vida he escuchado en casa una divertida anécdota familiar. Un día vino a comer el jefe de mi padre, que se las daba de gourmet (además de chulo insufrible) y mi madre, como gran venganza, le preparó un guiso de caballo asegurándole que se trataba de novillo. El hombre salió encantado y mi madre aún se ríe de él, pues ofrecerle ese plato secreto le resultó mucho más repelente, y más vengativo, que darle gato por liebre.

Tradicionalmente, comer carne de caballo en España estaba relacionado con la pobreza y la necesidad. Por eso me ha sorprendido la noticia de que cada vez se consume más equino en nuestro país. Casi 15.000 toneladas el año pasado. Y no lo elegimos por ser más saludable y tener menos grasa, sino básicamente por ser más barato.

Su asequible precio está relacionado con algo aún más terrible. Ante la crisis económica y el aumento del precio de los piensos, la falta de mercado de venta, alquiler o doma de los animales vivos ha provocado el repunte de su producción cárnica. En lugar de disfrutar con montar tan maravillosos seres los estamos enviando masivamente al matadero; los estamos convirtiendo en comida para perros o albóndigas de bajo coste.

Tristemente relacionado con ello es el reciente escándalo de las hamburguesas británicas e irlandesas, supuestamente de ternera, pero que en un alto porcentaje están hechas con caballo, casi seguro español. Aunque si allí ha llegado esa carne que nunca han comido, imagínense lo que puede haber en las nuestras. Prefiero no saberlo.

Se trata de una estafa al consumidor sin repercusión para la salud, pero para un inglés el engaño es mucho peor que el perpetrado por mi madre. En ese país perros, gatos y caballos son considerados queridas mascotas. Y nadie es tan salvaje como para comérselas.

Yo en el fondo tampoco. Veo en el supermercado carne de potro y se me saltan las lágrimas. ¿Comida de crisis? Por eso me estoy haciendo vegetariano.

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La fiebre del Omega 3 amenaza a los tiburones

19 octubre 2012

El animal más peligroso de los océanos no es el tiburón, es el hombre. De hecho, la mayoría de las especies de escualos están en las últimas por culpa de dos curiosas modas nuestras. La primera es la supuesta sofisticación culinaria de comer sus aletas en sopa, arrojando el resto del animal moribundo al mar. La creciente demanda de este producto en Asia conduce muchas veces al aleteo (shark finning), una práctica derrochadora y cruel que  apenas aprovecha entre el 2% y el 5% del cuerpo del tiburón, despreciando el resto. Según datos de Oceana, sólo Hong Kong importa al año más 10.000 toneladas de estos pobres animales, en su mayoría aportadas por pesqueros españoles.

La segunda moda consiste en aprovechar el aceite de sus hígados, ricos en Omega 3. Esto último está dando la puntilla a tiburones de profundidad de aguas frías, los más desconocidos y, ahora, más amenazados que nunca por barcos piratas que sólo aprecian sus entrañas.

Resulta paradójico que este comercio ilegal esté sustentado por sociedades como la nuestra, aparentemente concienciadas con la protección del medio ambiente pero extremadamente propensas a consumir productos milagro sin cuestionarse su origen o efectividad. Porque tampoco está muy claro que el aceite de hígado de tiburón sea bueno para la salud. Algunos estudios científicos advierten de su posible toxicidad, alergias y aumento de los niveles de colesterol en quienes lo consumen.

Sabemos que los ácidos grasos Omega 3, abundantes en el aceite de pescado, son inmensamente populares porque la investigación los ha relacionado con una reducción de las enfermedades cardiovasculares. Sin embargo, un reciente estudio no detectó tales beneficios entre personas con diabetes tipo 2. Así que, al menos para algunos, tampoco es tan milagroso.

Hay una solución más sencilla que matar tiburones para rellenar cápsulas de caros complementos alimenticios: comer sano. Incorporando a nuestra vida una dieta variada que incluya pescado azul y frutos secos como las nueces es más que suficiente para cubrir nuestras necesidades de ácidos grasos. Nos lo agradecerá nuestra salud y millones de tiburones.

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¿Son realmente más saludables los alimentos ecológicos?

14 septiembre 2012

¿Son los alimentos ecológicos más saludables que los convencionales? La pregunta nos la hacemos cada día más gente. Y la respuesta nos ha llegado de la mano de una profunda revisión científica dirigida por investigadores de la Universidad de Stanford (USA). Por desgracia, su difusión en la prensa se tergiversó, concluyendo que

“tanto gastar un poco más en alimentación, tanto esmerarse en acudir a tiendas con conciencia, en buscar productos “más naturales”, y resulta que los alimentos orgánicos apenas son un poco más sanos”.

Extrañado, he acudido a la fuente original, el artículo publicado en Annals of Internal Medicine. Y lo que allí se dice es muy diferente.

Los científicos han analizado 17 estudios en humanos y 223 estudios en alimentos. Es cierto que no se han encontrando relaciones significativas entre alergias y tipo de comida. Que se han detectado niveles de pesticidas más bajos en la orina de los niños que consumen dietas orgánicas frente a las convencionales, pero no en los adultos. Se demuestra, sin embargo, que comer frutas y vegetales ecológicos reduce hasta un 30% la exposición a los plaguicidas. Respecto a las carnes, la contaminación bacteriana de pollo y cerdo es baja en ambos. Pero en la carne industrial la resistencia a los antibióticos es un peligroso 33% superior.

Concluye el estudio que los alimentos convencionales son tan nutritivos como los ecológicos aunque reconociendo que, sin sobrepasar los límites legales, nos aportan muchos más plaguicidas y bacterias resistentes. No estoy de acuerdo. En los orgánicos se aprovecha hasta la piel y se disfruta de unos sabores inigualables, por no hablar de su beneficio medioambiental en el agua, la fauna y la flora, además del apoyo a la producción local. ¿Son más saludables los alimentos ecológicos? Este estudio lo confirma ¿no te parece?

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Denuncian el inmenso sufrimiento animal que hay detrás de un plato de foie gras

31 julio 2012

Hay días en que preferirías no haber encendido el ordenador. No haber recibido un correo y pinchado el enlace del vídeo. Hay días en que no puedes seguir mirando la pantalla y la apagas, pero otros te quedas paralizado y sigues atónito hasta el final.

Ese día ha sido hoy. Una investigación de Igualdad Animal sobre la producción de foie gras en Francia y España me ha dejado sobrecogido. No descubren nada aparentemente ilegal. Tan sólo muestran la realidad de estas granjas de engorde forzado de ocas y patos para lograr hígados inmensos que luego consideramos delicias de la alta gastronomía. Una realidad terriblemente cruel:

  • Animales encerrados en diminutas jaulas individuales, sacando el cuello por las rejas, sin apenas espacio para moverse.
  • La alimentación forzada provoca algunas veces graves heridas en el esófago de los pobres bichos.
  • En algunas granjas, tras su alimentación forzada con embudo se les coloca una goma elástica en el cuello que impide el vómito.
  • Un porcentaje de aves llegan conscientes al degüello, aleteando y pataleando mientras se desangran.
  • Hay animales con claros indicios de estrés y problemas respiratorios.
  • Algunos patos debilitados acaban muriendo dentro de sus jaulas.
  • Uso indiscriminado de antibióticos para facilitar el engorde y reducir el número de bajas durante el cebado.

En Europa sólo se produce foie gras en cinco países: Francia, Bulgaria, España, Hungría y Bélgica. En España hay 34 granjas dedicadas a alguna de las fases de producción de patos para foie, la mayoría en Navarra.

Frente a ello, la producción de foie gras ha sido prohibida en Alemania, Argentina, Austria, estado de California (EEUU), Dinamarca, Finlandia, Holanda, Inglaterra, Irlanda, Israel, Italia, Luxemburgo, Noruega, Polonia, República Checa, Suecia, Suiza, Turquía.

En este enlace tienes el informe completo. También en esta web de Igualdad Animal, donde puedes firmar pidiendo a políticos y supermercados que pongan fin a esta tortura injustificada.

Porque si después de ver este vídeo sigues comiendo foi gras… es que no tienes corazón.

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La OMS advierte del peligro de los antibióticos en la alimentación animal

26 julio 2012

Científicos de la Organización Mundial de la Salud, a través de un informe sobre resistencias antimicrobianas, insisten en la necesidad de disminuir el uso de antibióticos en la ganadería, pero nadie parece hacerles caso.

Algunos medicamentos usados para tratar enfermedades en los humanos son ampliamente utilizados en animales sanos como mera prevención. En la actualidad se emplean más antibióticos en veterinaria que en medicina. Como media, para producir un kilogramo de carne se utilizan en Europa 100 miligramos de antimicrobianos.

Este abusivo gasto de medicamentos se realiza sin necesidad y sin tener una constatación probada de su efectividad. Lo único demostrado es que debido a tal abuso se ha disparado la resistencia inmunológica de los animales a enfermedades que también sufrimos los humanos. Según los expertos de la OMS, es posible que cepas de bacterias con genes de resistencia puedan transferirse de animales a personas por medio de los alimentos. El riesgo es evidente. Si enfermamos con esas cepas resistentes, los antibióticos tradicionales no nos servirán para nada.

Como explica el Dr. Klaus Stöhr, científico de la OMS,

el generalizado uso de los antimicrobianos en la agricultura y la ganadería plantea graves preocupaciones, pues algunas de las bacterias resistentes de reciente emergencia en los animales se transmiten a las personas, principalmente por los alimentos de origen animal o por el contacto directo con animales de granja. Tratar las enfermedades provocadas por esas bacterias resistentes en las personas resulta más difícil y costoso y, en algunos casos, los antimicrobianos disponibles no son ya eficaces.

Reforzando esta preocupación, The Washington Post informaba hace unas semanas de la larga batalla legal emprendida por grupos de salud y de defensa del consumidor que demandaron al gobierno norteamericano por permitir el uso de grandes cantidades de antibióticos y otras medicinas en la producción ganadera. Allí un tribunal federal ha ordenado revisar la decisión de autorizar el uso de ciertos antibióticos en la alimentación animal. En el fallo el juez reconoce que a pesar de que desde hace más de tres décadas se sabe que su empleo plantea riesgos para la salud de los seres humanos, se ha hecho “asombrosamente poco” para evitarlo.

Frente al medicamentazo español, empeñado en reducir el gasto farmacéutico, en la ganadería se mantiene un abusivo gasto de medicamentos sin necesidad y sin tener una constatación médica probada de su efectividad e inocuidad. Un problema que pagamos todos en cada filete consumido. Y sufrimos todos.

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Mari Pili sigue teniendo miedo al hipermercado (y yo)

23 febrero 2012

En 1980 Alaska y los Pegamoides se lanzaron al estrellato musical gracias a una pegadiza canción titulada “Horror en el hipermercado”. Ya saben, aquella que cuenta la terrible aventura de la pobre Mari Pili, quien a pesar de ir “muy mona con su faldita de goma” acabó despiezada en la sección de ultramarinos.

Pocos se acordarán de que por aquellos años de oro de la movida el carrito de la compra prácticamente acababa de llegar a nuestro país. Que hasta entonces nuestras únicas grandes superficies comerciales eran los mercados de abastos. Y que a pesar de Mari Pili, de papeles de estraza y de huevos en cestas de mimbre, comprar no nos daba más miedo que pagar, al contrario que ahora.

Pero ahora, además de ese miedo inevitable a pagar más de lo debido que nos obliga a recordar mil y un precios para evitar falsas ofertas, vamos con miedo por las estanterías sorteando grasas saturadas, hidrogenadas, de palma y de coco, evitando colorantes azoicos, descartando potenciadores del sabor, emulgentes, espesantes y gelificantes, optando por pescado procedente de pesca sostenible, eligiendo fruta y verdura local y de temporada, tratando de recordar qué era eso de la dieta mediterránea. Al final leemos más etiquetas en busca del ingrediente maldito que entradas tiene la Espasa. Nos llaman “consumidores concienciados” pero en realidad somos “consumidores asustados”.

Nunca antes en la historia de la Humanidad había existido un sistema de control sanitario y de calidad más estricto. Nunca antes se tenía la seguridad de su trazabilidad, su viaje comercial desde el lugar de producción al de consumo. Nunca antes todos estos certificados, normas, leyes y análisis se habían universalizado, globalizado. Y nunca antes habíamos tenido tanto miedo con lo que comemos. Más miedo que la pobre Mari Pili.

A continuación os dejo el videoclip de la famosa canción de Alaska y los Pegamoides. ¿A que ahora tiene una nueva lectura?

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Cada vez tiramos más comida a la basura

16 febrero 2012

En tiempos de crisis nos hacemos más ahorradores, pero en lo fundamental, en la alimentación, seguimos apostando por el derroche. La culpa la tiene esa confusión entre límite de venta y límite de consumo.

Según estadísticas oficiales de la Unión Europea, el 18% de los europeos no conoce la diferencia entre “consúmase preferentementey “caduca, cuando la primera sólo hace referencia a la calidad, mientras que la segunda se refiere a seguridad alimentaria. Y así nos va.

Cada europeo tira anualmente a la basura una media de 179 kilos de alimentos en perfecto estado, medio kilo al día. O lo que es lo mismo, cerca del 50% de productos comestibles se pierde en el intrincado camino que une a productor con consumidor, la mitad desechados directamente por nosotros mismos desde casa.

Esto no hay quien lo entienda. 79 millones de personas viven en Europa en la pobreza, mientras casi 90 millones de toneladas de alimentos en perfecto estado terminan todos los años en los contenedores. Y como nos creemos más ricos que nadie, en las tiendas, cuando el producto fresco ya no está en óptimas condiciones o está próximo a caducar, en lugar de venderlo más barato como se hace en muchos países, aquí directamente lo tiramos.

Frente a este despropósito se nos olvida lo auténticamente importante, la calidad de lo que comemos. Adoramos las marcas de todo lo superfluo y regateamos dos céntimos en la leche sin valorar su origen incierto. Obviamos así la presencia en los alimentos de conservantes, colorantes y otros componentes poco saludables como grasas hidrogenadas. Y apostamos con alegría por la insostenibilidad de comprar productos de orígenes transcontinentales despreciando los producidos en nuestro entorno más inmediato.

Ya lo dice El Roto: Cada vez hay más comida en la basura y más basura en la comida.

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Aumenta la producción de alimentos ecológicos a pesar de la crisis

01 marzo 2011

Muchos pensaban que con la crisis económica los primeros en caer iban a ser los productores de alimentos ecológicos. Que puestos a apretarnos el cinturón, a muchos se nos iban a bajar los humos del ecologismo e íbamos a acabar comprando la comida más barata, ajenos a químicas y transgénicos. Pero se han equivocado.

La producción de alimentos ecológicos ha experimentado durante el pasado año un importante crecimiento, tanto en superficie como en número de operadores. A falta de datos nacionales más recientes, la superficie dedicada en España a la agricultura ecológica registró en 2009 un incremento de 21,64% hasta superar las 1,6 millones de hectáreas. Y en ganadería ecológica ya hay más de 5.000 explotaciones ganaderas registradas.

El año pasado ha sido todavía mejor, especialmente en Andalucía, la comunidad que más está apostando en nuestro país por los productos agroganaderos exentos de fertilizantes artificiales y pesticidas. Allí, y según datos del Servicio de Certificación CAAE, en 2010 se han alcanzado las 829.840 hectáreas de producción ecológica, un 4,91% más que el año anterior.

Y es que en esto de comer son pocos los que ponen en juego su salud. Consumidores responsables y sensibilizados, cada vez somos más lo que preferimos ahorrar en ropa o en los últimos gadgets tecnológicos antes que hacerlo con la comida. Ecológica, de cercanía, respetuosa, solidaria y sana, muy sana. Que por suerte ya no es tan cara como antes, teniendo en cuenta su calidad y sabor ¿no te parece?

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El sucio negocio de las carnes baratas, peligroso para la salud y el medio ambiente

24 enero 2011

Crisis económica y aumento en el consumo de alimentos baratos ha sido todo uno. Huevos, carne de cerdo y pollo se han convertido en el recurso fácil de la cesta de la compra. ¿Pero sabemos a qué precio?

En Alemania lo saben bien. La alerta decretada en ese país por la contaminación por dioxinas en los piensos de animales de granja es un ejemplo claro: 4.700 granjas cerradas por el uso de piensos tóxicos en explotaciones avícolas y porcinas. Quizá en España lo tengamos más controlado, pero cuando vamos al supermercado, pocos, muy pocos, se fijan en el lugar de procedencia de esas carnes.

No sólo estas explotaciones industriales pueden ser un peligro para la salud humana, sino también para la salud ambiental. Os recomiendo un documental esclarecedor: Pig Business. Es la historia rodada por Tracy Worcester, ecoactivista británica que nos descubre quién paga el precio real de la carne de cerdo importada a bajo precio. Lo habéis acertado, siempre pagan los mismos, los pobres, los hábitats contaminados, los animales obligados a vivir en unas condiciones dantescas. Y siempre ganan los mismos, los grandes capitales, capaces de hacer pingües negocios con tan sucios productos.

Como Smithfield Foods, el productor de carne de cerdo más grande del mundo, 52.000 empleados procesando 27 millones de cerdos al año en 15 países y acumulando ventas anuales de alrededor de 11.000 millones de dólares en 2010. Lo de menos para estas grandes empresas es que su lucrativo negocio dañe la salud humana, contamine el medio ambiente, acelere el calentamiento global, destruya las comunidades rurales y cause un sufrimiento inaceptable a los animales. Lo único importante para ellos son los dividendos.

Al final, si echamos cuentas, esas carnes baratas importadas de vaya usted a saber dónde y en qué condiciones nos salen caras, muy caras. ¿No os parece?

Os dejo el documental completo para que saquéis vuestras propias conclusiones.

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