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Podrán cortar todas las flores, pero no podrán detener la primavera. (Pablo Neruda)

Archivo de la categoría ‘Patrimonio y urbanismo’

César Manrique nos enseñó a emocionarnos con el paisaje

Francisco Galante, catedrático de Historia del Arte, durante la entrevista.

Francisco Galante es de esas pocas personas en el mundo que no tienen teléfono móvil. Ni lo quiere ni lo necesita. Catedrático de Historia del Arte en las universidades de La Laguna y Lovaina, vive a caballo entre ambas ciudades tan radicalmente diferentes sin necesidad de estar hiperconectado. Miembro del consejo asesor de la Fundación César Manrique, artista al que conoció, frecuentó, admiró y estudia, ha heredado del creador lanzaroteño su fascinación por el paisaje.

César Manrique habría cumplido el pasado 24 de abril 98 años. Quiso la fatalidad que muriera en un accidente de tráfico en 1992, en la rotonda de entrada a la sede de la fundación que lleva su nombre, inaugurada apenas seis meses antes. Fue el gran valedor del paisaje de Lanzarote, al que encumbró en su sencillez volcánica a la categoría de obra de arte. Gracias a una sensibilidad militante logró preservar un territorio único, que a su muerte ha empezado a deteriorarse a una velocidad de vértigo, la impuesta por los especuladores a los que la personalidad arrolladora de Manrique había logrado frenar durante décadas. Lee el resto de la entrada »

Estamos hormigonando las tierras fértiles de Europa

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© Wikimedia Commons

Imagina una nación continental de tamaño mediano, como Hungría, Portugal o la República Checa. Ahora imagina toda la superficie de esa nación cubierta de hormigón y asfalto. Esa misma superficie es la cantidad de tierra agrícola ocupada por asentamientos humanos e infraestructuras en los últimos cincuenta años, en los 28 países de la Unión Europea (UE), según afirma en nota de prensa la iniciativa ciudadana europea (ICE) ‘People4soil‘, que agrupa a 430 organizaciones ambientales y científicas europeas.

Pero hay algo todavía peor. Este suelo fértil que nos ha dado de comer a los europeos durante miles de años se está consumiendo a un ritmo alarmante a pesar de la crisis que afecta al sector de la construcción en muchos países. Cada año, 1.000 km2 de áreas anteriormente cultivadas se sellan con nuevas construcciones. Lee el resto de la entrada »

Adiós a los que se quedan y hola a Labordeta

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Mi querido amigo Paco Berciano tiene un blog en 20 Minutos que muchos leen pero él ya no escribe y una columna de opinión en el Diario de Burgos que él escribe y muy pocos podemos leer. Me siento, nos sentimos, huérfanos de esa clarividencia suya que sólo los muy inteligentes son capaces de sintetizar en una literatura de calidad.

Paco es uno de los máximos expertos en vinos y viñedos de Europa. Comparte con los grandes bodegueros un amor intenso por el paisaje agroforestal, por el terruño. También comparte con ellos una sentida preocupación por el derrumbamiento del mundo rural, por la pérdida de reconocimiento de los urbanitas a nuestros últimos guardianes del territorio.

Su columna de esta semana me llegó a lo más profundo del corazón. Está dedicada a José Antonio Labordeta y a esas personas que luchan contra el abandono de pueblos y aldeas, contra la incomprensión de quienes hace ya demasiado que no sentimos la fuerza y la dureza de abrir la tierra con un arado. Somos, como diría el llorado bardo aragonés, “como esos viejos árboles batidos por el viento que azota desde el mar”. Es verdad, “hemos perdido compañeros, paisajes y esperanzas en nuestro caminar”. Pero aún queda esperanza. La que te insuflan los viejos amigos en esas impagables conversaciones, pocas pero siempre cercanas, íntimas, auténticas. La próxima muy pronto, “que tenemos que hablar de muchas cosas, compañero del alma, compañero“.

Hace años, décadas ya, Paco y yo gustábamos de escribir artículos conjuntos en el Diario 16 de Burgos. “A pachas” lo llamábamos, una expresión cheli que evidencia el paso inexorable del tiempo. Lo recuperaremos pronto, seguro. Pero mientras tanto, os dejo íntegro el artículo publicado la pasada semana por Paco Berciano en el Diario de Burgos. Espero que lo disfrutéis tanto como yo.

Esta semana ha abierto sus puertas la Fundación José Antonio Labordeta, un homenaje que su mujer, sus tres hijas y un buen grupo de amigos ha querido rendirle. Labordeta fue maestro, escribió alguna de las canciones más bonitas de amor y de lucha que nunca se han escrito en castellano, recorrió los pueblos de Aragón y cantó su muerte diaria. Después hizo un programa diferente de televisión, de los que ahora no se llevan porque no había gritos sino gente hablando, contando paisajes e historias. Fue político de los que honró esa palabra.

Cuando leía la noticia, además de enormes ganas de visitarla, sentía una gran nostalgia. Nostalgia por el hombre que nos falta, por sus versos, por su voz profunda, por su honradez enorme.

Pero también nostalgia como castellano porque nosotros nunca hemos tenido la suerte de tener un hombre tan grande como él para cantar y contar y, sobre todo, para defender nuestros pueblos, nuestra vida rural.

Burgos es la provincia con más pueblos de España y una gran mayoría de ellos están muertos o a punto de morir entre el silencio y la indiferencia de todos. Cada año desaparece alguno, cada año se quedan más piedras vacías, sin nadie que las mire.

Cuando recorro Francia siento envidia por cómo ellos han sabido defender e integrar la vida en el campo. Sus pueblos son bonitos, tienen vida. En las calles hay flores y en las casas hay internet a toda velocidad. Trabajar y vivir en el campo en Francia es motivo de orgullo. En nuestra Castilla perdida es motivo casi de vergüenza, como si no se supiera hacer otra cosa.

Nos une con Aragón muchas cosas, desde el Camino del Cid hasta los pueblos despoblados y muertos que llenan su paisaje y el nuestro. Nos une la enorme historia que han tenido nuestros pueblos y la indiferencia de los que pueden actuar para evitar que esa historia se pierda para siempre. Muchos pueblos, llenos de pequeñas joyas que conservar, demasiado dinero que gastar para poder hacerlo en una época en la que el dinero no sobra. Y pocos votos que ganar haciéndolo.

No hemos tenido un Labordeta, aunque hemos tenido gente como Enrique del Rivero, César-Javier Palacios o Elías Rubio. La lástima es que su voz se ha oído menos y que nunca han tenido una plataforma importante para hacerse escuchar.

Pueblos muertos, formas de vivir acabadas, productos agrícolas que nunca volverán a ser iguales, panes cocidos al horno de leña en peligro de convertirse sólo en un recuerdo. ¿Quién te cerrará los ojos tierra cuando estés callada?

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Nos quedamos sin túneles de bosque

Olmeda del Maripinar

Olmeda de Maripinar. Cieza (Murcia)

Cuando era niño y salía de viaje con mis padres, las carreteras se me antojaban extraordinarios túneles de bosque. En esos tórridos caminos castellanos hacia la playa, apretujados los cinco en el Seiscientos, larguísimas alineaciones de árboles en las cunetas nos daban protección solar; también entretenimiento.

Recuerdo perfectamente esa gruesa línea blanca pintada en los troncos. En mi imaginación infantil pensaba cómo lo harían los pintores del arbolado. Seguramente, montados en un camión, sacando la mano por la ventana y sosteniendo en ella una gigantesca brocha que chocaría contra los troncos. Plaf, plaf, plaf. Kilómetros y kilómetros de chopos, castaños de Indias y acacias rayados en blanco. Kilómetros de verde frescor para nuestro recalentado automóvil.

¿Lo recuerdas? Quedamos pocos con ese recuerdo. Porque en los últimos 30 años nuestro país se ha empeñado en talar la mayor parte de los árboles de carretera. Dicen que es por seguridad vial. Los sustituyen por quitamiedos, jalones reflectantes, canales y puentes, vallas, gigantescas señales electrónicas, radares, postes SOS, carteles,… Según parece, acero y plástico son menos peligrosos que esos árboles viarios plantados desde el siglo XVI o, muy probablemente, desde la época de las calzadas romanas.

A pesar de su importancia natural, paisajística y cultural, las líneas de árboles en las cunetas de las carreteras están desapareciendo de forma masiva en España por ampliación de las calzadas o justificando razones de seguridad vial.

Pero lo normal no es cortarlos. De hecho, lo normal es protegerlos, como me han explicado en una reciente reunión para expertos en arbolado singular en la que he participado en la ciudad polaca de Breslavia.

Esas avenidas arboladas son estrechos bosques que actúan como excelentes corredores ecológicos entre zonas de gran importancia natural, pero al mismo tiempo forman parte de un paisaje tradicional que nos une con la naturaleza y nos hace mucho más agradable los viajes.

Incluso más. En países como Polonia, Alemania o Chequia se están haciendo nuevas plantaciones de este tipo entre sus fronteras para que las avenidas vegetales unan ecosistemas y personas en lugar de separar pueblos. ¿No te parece una maravilla?

Seguridad vial y naturaleza son compatibles. El manejo cuidadoso de esos árboles, recuperando la señalización de sus troncos con pinturas reflectantes, así como extremando los controles de velocidad, permitirían a los conductores poder seguir disfrutando del placer de circular bajo un dosel arbolado. Especialmente ahora en otoño.

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Un toro la lía parda en el Museo del Prado

Prado Sólo hay algo más imposible que meter un elefante en una cacharrería sin romper una taza. Meter un toro bravo en el Museo del Prado y ponerlo a dialogar con Rubens y su rapto de Europa. Posar un gorrión albino junto a las Meninas de Velázquez, enfrentar un águila real a la escultura broncínea del emperador Carlos V, colar una serpiente entre el Adán y Eva de Durero, plantar dos sapos bajo el aquelarre de Goya, sobrevolar el esqueleto de un delfín entre marmóreas divinidades griegas.

El artista Miguel Ángel Blanco ha sido capaz de eso y de mucho más con sus increíbles Historias Naturales, que hasta el 27 de abril pueden disfrutarse en nuestra más importante pinacoteca nacional.

He tenido la oportunidad de visitar la muestra de la mano de su autor, un “hombre-bosque” con quien me une una estrecha amistad. A su lado, lo que para mi formación como historiador del Arte se me presentaba una herejía, como naturalista he quedado fascinado pues la naturaleza salta de los lienzos y grita.

Sus 22 intervenciones junto algunas de las pinturas señeras de la Humanidad no sólo no las distorsionan, sino que funcionan como excepcionales herramientas educativas. Por ejemplo, ¿qué pinta ese gorrión blanco junto a la obra cumbre de la pintura? Blanco lo justifica así:

“Una rara avis, el pájaro, dialoga con otra rara avis, Velázquez, y ambas sacan pecho ante la atenta mirada de los galgos del cercano cuadro del Príncipe Baltasar”.

Y vaya si se miran. Ambos espíritus se han cruzado.

La exposición recuerda que el primer destino del hoy Museo del Prado fue Real Gabinete de Historia Natural, algo que nunca llegó a ser. Y recupera el espíritu de los antiguos Gabinetes de Maravillas. Pero sobre todo nos enseña a descubrir la naturaleza en el arte y el arte en la naturaleza.

No se la pierdan. Incluso podrán escuchar los cantos de las aves escapadas de las pinturas.

En la foto superior, el artista Miguel Ángel Blanco (MAB) contempla el toro disecado de Veragua, una de las cinco únicas castas fundacionales de la ganadería de lidia, y al que ha puesto en brutal diálogo con El rapto de Europa, obra maestra de Rubens. El animal es también una obra maestra de la taxidermia (dermoplastia) y procede del Museo Nacional de Ciencias Naturales.

En este enlace del Museo del Prado puedes ver todas las piezas de MAB perfectamente contextualizadas y explicadas. También existe un precioso material didáctico editado para los niños que visiten la exposición.

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Un pueblo burgalés compite con el MoMA de Nueva York

MuMo

Dicen que una mirada al pasado es un paso hacia el futuro. Tengo mis dudas después de haber visitado estas Navidades el MuMO (Museo de Modúbar de la Emparedada), que no el MoMA (Museum of Modern Art de Nueva York), con quien tan sólo compite en similitud nominal.

Modúbar de la Emparedada es un pequeño pueblo de 600 habitantes cercano a Burgos con un museo etnográfico recientemente inaugurado. Allí se exponen perfectamente restauradas más de 300 piezas con las que recorrer la extraordinaria historia de la agricultura desde sus orígenes hasta la radical modernización del campo emprendida hace apenas medio siglo. Emulando con gracia a su casi homónimo museo neoyorkino, la colección de artefactos agrícolas se llama pomposamente “La Recolección”.

Para más lustre, es el propio alcalde de la localidad quien hace de cicerone, pues todo aquí se cubre con voluntariosos voluntarios.

Trillos, guadañas, hoces, carros y bieldas nos recuerdan el gran salto hacia el olvido dado por nuestra sociedad, cada vez más mecanizada y urbanizada, cada vez más eficiente pero también más dependiente y global.

Sus promotores son ambiciosos. Aspiran a inaugurar otros museos etnográficos en otras poblaciones cercanas dedicadas, por ejemplo, al mundo de la lana o al del vino. Atractivos ejes culturales empeñados en mantener viva la llama de la nostalgia bajo el agrupador nombre de “El hombre y los ingenios”.

Sebastián el alcalde y Carlos el coleccionista están convencidos del éxito de tal propuesta, pero se enfrentan a una dura certeza. No hay voluntad política y la voluntad ciudadana también es escasa. La cultura ya no vende. El recuerdo de los tiempos de la escasez y la penuria aún menos.

Son pueblos que lo intentan todo por seguir viviendo/sobreviviendo. Sin embargo, la realidad es tozuda y los jóvenes no encuentran la oportunidad para quedarse en las tierras de sus mayores. O quizá sí y éste sea el principio de un gran cambio. La tan ansiada vuelta al campo.

Carro

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Un David de Jumilla vence al Goliat de las urbanizaciones

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Pascual Carrión es David, un pastor y agricultor de Jumilla (Murcia). Goliat tiene muchas cabezas, políticas y económicas, con la fuerza descomunal que hasta hace poco exhibían las grandes constructoras españolas.

El gigante eligió las tierras de Pascual y las de otros como él para promover la macrourbanización Santa Ana del Monte Jumilla-Golf. Campos deportivos y piscinas aparte, suponía levantar 20.000 chalés, casi tantos como habitantes tiene el pueblo. Suelo suficiente había. El dinero se suponía que llegaría solo. ¿Y el agua? Como el dinero, también se suponía.

Un estupendo reportaje de Vidal Coy en El Confidencial explica los detalles de la titánica lucha de este hombre contra la burbuja inmobiliaria que amenazaba las tierras de su familia, sus cabras, sus ovejas y sus olivos. Le llegaron a ofrecer 2,6 millones de euros y los rechazó. En su lugar se ha gastado un dineral en juicios. Pero al final el bueno de David derrotó de una pedrada en la frente al fanfarrón de Goliat. El Tribunal Superior de Justicia de Murcia ha anulado tan demencial proyecto. ¿La razón? No hay agua para tanta gente. Y la que hay es de mala calidad.

Nos quedan pocos como Pascual. Luchadores contracorriente. Desconfiados. Valientes. Cuánto mejor nos habría ido si hace unos años les hubiéramos hecho caso. Urbanizaciones, hipotecas, desahucios, crisis. Pero no escarmentamos y seguimos igual.

Ahora ponemos a la venta espacios únicos de propiedad pública como un 10% del parque natural de Los Alcornocales (Cádiz). Una de las joyas forestales de Europa donde se quiere levantar un hotel de cinco estrellas, dos campos de golf y un aeródromo privado.

El mismo humo, la misma irresponsabilidad de liquidar nuestro futuro. Luego vendrá un David, o un niño, y nos lo dirá a la cara: ¡Pero si estáis desnudos!

Puedes firmar en Change.org una petición colectiva para que el Gobierno de España paralice la venta de parte de este tesoro que es el Parque Natural de los Alcornocales. Yo ya lo he hecho.

Imagen: David con la cabeza de Goliat. Caravaggio, 1607. Museo de Historia del Arte de Viena, Austria.

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Ponen puertas (y alambradas) a los pueblos abandonados

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Muchos “pueblos del silencio”, abandonados durante décadas, vuelven a tener vecinos. ¿Regreso al campo? Pues sí y no. El retorno no es el de la vida rural, comunal, participativa. La mayoría de ellos se han transformado en fincas ganaderas y cinegéticas. Modernas explotaciones gestionadas desde la distancia por empresarios que contratan al personal como harían en una fábrica, sólo que añadiendo al salario la obligación de vivir junto a los animales.

Un único detalle los distingue de otras granjas. Ocupan como suyas casas, plazas, iglesias, ermitas, fuentes, huertas, dehesas. Ya sea en propiedad, alquiler o usurpación directa, lo que durante siglos fue de todos los vecinos lo es ahora de una Sociedad Limitada, de una empresa. Hasta los caminos públicos, cerrados con altas vallas alambradas o protegidos por violentos perros guardianes, han pasado a integrarse en el latifundio.

Las Merindades, en el norte de Burgos, es un terrible ejemplo de esta tendencia al acaparamiento de lo público. En Huidobro, el pueblo de mi suegra, la bella iglesia románica se ha convertido en garaje. Y para visitar la arruinada casa familiar es necesario esquivar perros, toros y miradas de desconfianza.

Fuente Humorera, que en la Edad Media fuera “coto cerrado” del ahora arruinado monasterio de Rioseco, ha pasado a ser finca cerrada de un emprendedor madrileño que aúna la producción de queso ecológico de cabra con la explotación de la caza mayor. Propiedad privada. Prohibido el paso.

Dice mi amigo Elías que mejor esto que las ruinas. Que algunos como en San Quirce o Bujedo de Juarros han convertido las iglesias en salones de bodas familiares, pero al menos las han restaurado. Quizá tenga razón, aunque no me gusta. Poner puertas a los pueblos no es recuperarlos. Es matarlos y enterrarlos.

Foto: Candado que impide el paso por el antiguo camino público entre San Martín del Rojo y Fuente Humorera (del blog Fuente Humorera)

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Nuevos descubrimientos en Atapuerca no evitan la amenaza de los recortes

Atapuerca sigue dando sorpresas y las seguirá dando durante muchas décadas. Por algo es el yacimiento prehistórico más importante del mundo. Hoy he acudido a esa sierra mágica de Burgos, donde los codirectores de la excavación han resumido ante los medios de comunicación los resultados obtenidos este verano. Un excelente trabajo conseguido gracias al entusiasmo y el sacrificio de un nutrido equipo de 140 mujeres y hombres enamorados de la Ciencia.

En la rueda de prensa todo era alegría. Hasta que la consejera de Cultura y Turismo de la Junta de Castilla y León, Alicia García, leyó un discurso donde, en la letra pequeña de los habituales parabienes y automedallas, provocó el miedo y la indignación de muchos de los miembros del equipo. Habló de adaptar las futuras inversiones económicas en Atapuerca “a un escenario económico actual y realista“. También dijo que era necesario “rentabilizar aún mejor los recursos disponibles“. Pero lo que peor sentó fue cuando pidió a todos los investigadores “optimizar gastos“.

¿Piensa la consejera que en las excavaciones de Atapuerca se malgasta el dinero?

¿Sabe ella que esas 140 personas implicadas en los trabajos son en su mayoría voluntarios? ¿Que ni directores ni ayudantes ni estudiantes cobran un duro por el durísimo trabajo de excavar en la sierra durante un largo mes, así desde hace 30 años?

¿Sabe la consejera que en lugar de pagarles un hotel como los que ella usa en sus salidas protocolarias, todos duermen en una residencia de estudiantes?

¿Los recortes obligarán a cambiar el jamón del bocadillo por mortadela mientras los políticos acuden a restaurantes de lujo, dietas aparte?

Indignados y dolidos se quedaron muchos. Y asustados, pues tal como están las cosas en España, el fantasma de los recortes también apunta a la joya de la corona de la Ciencia española.

¿Piensas que exagero la importancia de Atapuerca? Te voy a dar sólo unos datos de lo descubierto este verano:

Ha aparecido la tercera falange del dedo meñique del pie de un niño de Homo heidelbergensis que vivió en la sierra de Atapuerca hace entre 300.000 y 500.000 años. Un minúsculo hueso de la Sima de los Huesos que, según  Juan Luis Arsuaga, confirma este lugar como “el primer santuario de la humanidad“. La prueba más antigua de un comportamiento humano simbólico de tipo funerario. Ello explicaría que los 28 individuos localizados allí fueron depositados por el resto de sus congéneres, y no por animales o un accidente. La acumulación de huesos de homínidos en la Sima de los Huesos era hasta este momento, según Arsuaga, “el mayor misterio actual de la Arqueología“. Y ese huesecito ayudará a resolverlo.

En esta misma Sima se han localizado también restos de un cráneo, parte de una mandíbula y un húmero de Homo heidelbergensis que, en un alarde de efectismo, se presentaron en el interior de un maletín metálico a modo de preciadas reliquias.

Otro sorprendente hallazgo ha sido el cráneo de un oso de una especie única de Atapuerca, un Ursus dolinensis. Y nuevos bifaces (hachas de piedra) achelenses tallados por el Homo heidelbergensis hace 250.000 años.

Por otra parte, Eudald Carbonell ha destacado la importancia de un enterramiento localizado en la Cueva del Mirador, donde este año se han encontrado restos de ocho individuos de hace 4.000-4.400 años. Los huesos serán objeto de un estudio de ADN para intentar saber si eran originarios de la zona o procedían de fuera de la península Ibérica. Porque fueron ellos quienes trajeron la agricultura y la fundición del bronce a estas tierras.

Por si fuera poco, los yacimientos de Atapuerca, Parque Arqueológico y Museo de la Evolución Humana han generado una riqueza a Burgos en tan sólo año y medio que la propia Junta de Castilla y León evalúa en 53 millones de euros.

Ante todas estas evidencias, científicas y económicas, ¿piensa aún la consejera que Atapuerca no es rentable y que es necesario recortar el presupuesto a los investigadores?

En la imagen, Eudald Carbonel, codirector de la excavaciones de Atapuerca, muestra uno de los bifaces aparecidos este verano en el yacimiento burgalés (Foto: © César-Javier Palacios).

Impresionante mandíbula de Ursus doliensis, antepasado del oso de las cavernas de hace un millón de años, localizado este año en las excavaciones de Atapuerca (Foto: © César-Javier Palacios).

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La muerte destruye nuestras últimas bibliotecas vivas del saber

Hoy enterramos en Casillas del Ángel a Catalinita. Catalina Méndez tenía 81 años. Era mi vecina y una experta artesana del telar y la palma, pero era mucho más. Era la memoria viva de Fuerteventura, ese en palabras de Unamuno “esqueleto de isla” donde la supervivencia de su población fue siempre una lucha titánica contra el desierto. El año pasado enterrábamos a su inseparable marido, Ezequiel Morales. El horno de pan, el telar de la casa terrera con techo de torta, el corralito de las cabras y los secos pajeros lloran inútiles una soledad que ya barruntan será definitiva. Los viejos sonidos se extinguen con ellos y con esos pueblos del silencio.

Aseguraba el etnólogo maliense Amadou Hampaté Ba que cuando un anciano muere en África es como si una biblioteca ardiera, pues con su desaparición se extingue la infinita sabiduría transmitida oralmente por sus antepasados. En España la tragedia es aún mayor. Nuestra cultura más íntima, nuestra tradición oral, está en trance de extinguirse. Después de transmitirse y enriquecerse a lo largo de milenios de padres a hijos y de abuelos a nietos, la cadena se ha roto. Ya no escuchamos a los mayores, a los sabios de la Tierra. Sus enseñanzas, enraizadas en el experto manejo del territorio, se consideran inútiles en estos tiempo de alta tecnología global. Craso error.

Siento como propia la muerte de Ezequiel y Catalinita. La entrañable pareja se va sin dejarnos herederos de su sabiduría. Pasé muchas horas hablando con ellos, recopilando historias, leyendas, técnicas, costumbres. Hoy siento no haber invertido más tiempo, pero ya es tarde. Como lo he sentido aún más profundamente con la reciente muerte de Emilia, esa querida abuela a la que tanto quise y que tanto me enseñó.

Nos quedamos sin bibliotecas. Ojalá no nos veamos en la obligación dentro de unos años de volver al mundo rural, a la supervivencia, al autarquismo más descarnado. Porque cómo eso ocurra ¿a quién vamos a preguntar dónde están las fuentes, cómo se maneja el ganado y los cultivos, qué plantas son medicinales, cómo se hace el pan o se levanta una casa con piedras y barro?

Como homenaje a Ezequiel y Catalinita os dejo a continuación un documental donde la inseparable pareja nos explica paso a paso cómo se hacía el pan en Fuerteventura. Una tierra tan pobre que, como ellos me señalaban, las familias sólo cocían pan una vez al año, el día de la fiesta del pueblo. El resto del tiempo gofio amasado.

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