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Icíar Bollaín: “Con el arranque de olivos monumentales perdemos un patrimonio único”

Icíar_Bollaín

Este viernes 6 de mayo se estrena El olivo, de Icíar Bollaín, una bellísima película que denuncia el expolio patrimonial que supone el arranque de olivos milenarios para abastecer un mercado especulativo de rotondas, campos de golf y chalés de millonarios.

Rodada en tierras castellonenses de El Maestrazgo, cuenta la historia de Alma (Anna del Castillo) empeñada en que su abuelo (Manuel Cucala, vecino de la zona que nunca antes había actuado) sólo podrá curarse si logra recuperar el olivo milenario vendido contra su voluntad por la familia. Para lograrlo se embarcará en un quijotesco viaje a Alemania junto a su tío (Javier Gutiérrez) y su compañero de trabajo (Pep Ambrós).Cartel

La historia tiene su parte real. Surge de una noticia que Paul Laverty, guionista habitual de Ken Loach, leyó en un periódico español. Recogía la polémica de un pueblo enfrentado ante la posibilidad de vender sus últimos olivos centenarios. Los jóvenes y los ancianos se negaban, defendiendo la importancia de proteger a sus patriarcas más valiosos. La gente de mediana edad tan sólo veía en el dinero fácil.

Desde La Crónica Verde, con la colaboración de la Fundación Félix Rodríguez de la Fuente y el periódico 20 Minutos, hemos iniciado una campaña en Change.org para exigir al Parlamento Europeo que ponga fin a este expolio intolerable de nuestro patrimonio más querido. Gracias a todos vosotros, en poco tiempo hemos logrado el apoyo de más de 150.000 firmas.

Icíar Bollaín y el plantel de actores de El olivo también nos han dado todo su apoyo. Implicación que se confirma en la entrevista que la directora de cine nos ha concedido en exclusiva. Donde la cineasta se reconoce defensora decidida de unos árboles fabulosos que, como se dice en la película, no son nuestros pues “son de la historia, de la vida y de la tierra”.

¿Por qué te parecen tan importantes los olivos monumentales?

Después de rodar una película con un olivo milenario como eje central he descubierto una problemática que desconocía por completo. En cuanto los ves y ves dónde están y sabes todo lo que ha ocurrido con ellos se hace evidente que es un patrimonio maravilloso.

Un patrimonio que hemos perdido en su mayor parte.

Exactamente. Pero hay que entender también a esos agricultores que tienen unos olivos que dan tan poca oliva, que quitan sitio a otros olivos más jóvenes y productivos. El expolio empezó hace mucho porque era unos olivos que no se valoraban, y luego se valoraron pero sólo para jardinería y se acabó por generalizar su arranque. Pero cuando los ves de cerca te das cuenta de que son una maravilla.

Resulta increíble que árboles cuidados durante miles de años no interesen ya en el siglo XXI. 

Es verdad. Con el arranque de los olivos monumentales se va una forma de vida y perdemos un patrimonio único. Pero a mí no me gusta culpar a nadie y menos a los que están allí viviendo de ello, porque es muy duro vivir del campo. Cuando hemos estado rodando en San Mateo te cuentan la dureza de ese trabajo y lo poco que da. Ves que es una lucha titánica. Por eso no pueden ser sólo ellos los que estén en esa pelea, sino que es necesario que la Administración les apoye para que una riqueza como ésta no se pierda ni se abandone. Porque también hemos visto muchos olivares abandonados.

¿Valoramos de verdad este patrimonio?

Es sin duda algo que nos falta: cultura de nuestro propio paisaje. Viajas a otros países donde el paisaje se considera patrimonio. Y nosotros lo hemos malvendido y destrozado. La costa española está machacada, ha sido una explotación a corto plazo. En otros lugares se ha apostado por que esos sitios sean visitables durante mucho tiempo y por mucha gente y es otra cosa. La culpa es nuestra. No cuidamos nuestro paisaje.

En películas como Katmandú te centras en la importancia de la educación. Quizá nos hace falta pero no sólo como receptores de información, sino como consumidores responsables que apoyen estos paisajes, lo que también sería otra forma de educarnos.

Eso es. De ver quién vive dónde y cómo viven. De apostar por ello.

¿Esperas que tu película ayude a descubrir y proteger a los olivos monumentales?

Ojalá. A la primera que han ayudado a entenderlo a sido a mí. Esta percepción de lo que son estos árboles, lo que suponen, de su belleza, de su individualidad, es increíble. Son como mapas vivos. Los que los conocen te señalan sus heridas, la helada del 52, aquí una tormenta. Todo eso me lo han enseñado mientras hacía la película y ojalá esto se transmita en la película. Es una belleza. No es sólo patrimonio paisajístico, también cultural. Es muy profundo. Yo ahora vivo fuera y tengo la suerte de viajar, pero me doy cuenta de que en España tenemos un patrimonio impresionante tanto cultural, como paisajístico o humano, y creo que no lo valoramos mucho, no nos damos cuenta de su importancia.

Hay amores que matan y quizá por ello algunos que aman a estos olivos milenarios deciden arrancarlos y llevárselos a su jardín.

Pero muchos de estos olivos han salido fuera de España. Gente que debe pensar: estos todavía no se han dado cuenta de lo que tienen, pues nos lo llevamos.

Recuerda un poco lo que pasaba con esas ermitas románicas llevadas piedra a piedra a América pues aquí las teníamos abandonadas.

Exactamente. Es una falta de reconocimiento de lo propio. Porque si lo conoces y lo valoras lo defiendes. Por eso estoy muy agradecida con vuestra campaña de recogida de firmas para pedir la protección de este patrimonio. Porque ahora mismo se siguen vendiendo olivos milenarios en España. Yo espero que esta película sirva para ponerlos en valor, una belleza y una riqueza inmensa que hemos tenido y de la que todavía nos queda un poco.

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