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Podrán cortar todas las flores, pero no podrán detener la primavera. (Pablo Neruda)

Descubrimos los secretos de Rajoy en Doñana

Viendo aves

Continuamos la crónica de la ruta de las aves Bird Flyway. 1.700 kilómetros de norte a sur siguiendo a los ánsares escandinavos en su viaje invernal hacia el sur de España. La primera estación fue en la laguna de La Nava (Palencia), la segunda en el Urdaibai Bird Center (UBC), la tercera recorrió la Reserva Ornitológica de la Laguna de El Oso (Ávila) y llegamos por fin a la ansiada meta justo para celebrar hoy con todos vosotros el Día Mundial de los Humedales (2 de febrero) en el paraíso de las aves acuáticas.

Última estación: el Parque Nacional de Doñana (Huelva, Sevilla y Cádiz), el humedal más importante de todo el continente europeo, pero también un mosaico de diferentes ecosistemas absolutamente asombroso y repleto de vida salvaje.

Hay una sorpresa. Los periodistas de este singular press trip no sólo tendremos el privilegio de recorrer frágiles zonas del parque nacional en donde están prohibidas las visitas turísticas sino que lo haremos en compañía del, sin duda, mejor guía de la reserva, José Manuel Galán; el encargado de guiar por el espacio a los más ilustres visitantes, incluidos todos los presidentes de Gobierno español desde Felipe González a Mariano Rajoy. De este último descubriremos algunos de sus gustos más privados, como pasear solo por las inmensas playas de Doñana o admirar los martinetes, una singular garza nocturna.

Iberian lynx (Lynx pardinus) in ex situ breeding program in the National Park of Doñana, Spain

Espiando al lince

La mañana no puede empezar mejor. Amanece en el Centro de Visitantes El Acebuche. Despejado, sin viento, los últimos jirones de niebla se van disipando de forma fantasmagórica entre pinos, alcornoques y jaguarzos. Dentro, en uno de los paneles interpretativos, un televisor conectado a una cámara oculta nos ofrece el mejor plano de uno de los linces ibéricos del centro de cría en cautividad. Está todavía encamado en el escondite de hierbas donde ha pasado la noche.

¿Tendremos la suerte de ver hoy algún lince en libertad? Difícil. En Doñana sobrevive una pequeña población completamente aislada. Apenas 80 ejemplares y en descenso, pues este año hay un 15 % menos que en la temporada pasada.

Nos recibe José Juan Chans, con quien tuve la ocasión de coincidir hace años cuando él era vicedirector de la Estación Biológica de Doñana (CSIC) y yo humilde becario postdoctoral de esa institución, y que ahora es gerente del Espacio Natural de Doñana.

Chans es un convencido de la importancia del ecoturismo para lograr la conservación efectiva de todas estas maravillas naturales sin ponerlas en peligro, la única herramienta capaz de lograr un beneficio económico sostenible para los habitantes de la comarca. Y a juzgar por lo que nos cuenta, el sueño se está convirtiendo en realidad. Ahora mismo hay 32 empresas ofreciendo visitas autorizadas por Doñana que mueven al año entre 100.000 y 300.00 personas. 52 si contamos a otras relacionadas con el ecoturismo. Muchos de estos ecoturistas, la mayoría, vienen atraídos por las aves. Como nosotros.

Sopa de ganso

“El turismo ornitológico cada vez tiene más importancia en Doñana”, asegura Chans, quien no oculta que en la marisma también se sigue cazando, especialmente ciervos y gansos.

¿Pero se puede cazar en Doñana? “En las 55.000 hectáreas del Parque Nacional está prohibido, pero hay otras tantas hectáreas que pertenecen al Parque Natural donde está autorizada la caza con cupos. Siete gansos por cazador y día, en sábados, domingos y días festivos, desde finales de noviembre hasta el fin de enero”.

Y añade: “Puede sorprender, pero la sopa de ganso siempre ha sido un plato típico marismeño”.

Automáticamente pienso en la famosa película de los Hermanos Marx y me remuevo incómodo. En argot inglés, sopa de ganso significa ‘algo fácil de hacer’, y a mí no se me ocurre nada más difícil que convertir a una de estas bellas aves en triste potaje.

Entre 50.000 y 60.000 ánsares pasan el invierno en Doñana. Proceden de principalmente de Noruega y los países bálticos, los mismos que estamos siguiendo por toda España con Bird Flyway.

“El ganso es uno de los elementos fundamentales de Doñana, uno de sus mayores espectáculos”, ratifica Chans.

Sin embargo, este año no es bueno para ellos. Como explica el gerente de las más de 100.000 hectáreas protegidas del Espacio Natural de Doñana, “este año la marisma va fatal de agua“. Ahora debería de estar toda inundada, pero apenas ha empezado a llenarse en unos pocos lucios”. Aunque matiza. “Será mal año para nosotros, pero las aves tienen recursos para superarlo”.

En el sitio de Rajoy

Un Land Rover Defender blanco nos está esperando. Es el mejor del Parque Nacional, el del gerente. El que se cede para las visitas importantes. ¿Somos nosotros una visita importante? Seguro que no, pero por si acaso lo aceptamos gustosos.Entre dunas

Mis compañeros, amables, me ceden el privilegiado puesto de copiloto. “Vaya, el mismo sitio donde llevé a Rajoy hace poco”, me espeta socarrón José María Galán. No es broma. ¿Recuerdas el famoso debate “a cuatro” de la Sexta? La vicepresidenta Soraya Sáenz de Santamaría tuvo que cubrir la ausencia del presidente, quien sorpresivamente siguió el rifirrafe desde el Palacio de las Marismillas, en Doñana. Y quien aprovechó esos días para descansar y pasear por la playa en compañía de Galán, nuestro excelente cicerón.

Galán, además de guía es uno de los mejores rastreadores de Europa. Experto en huellas y señales, es una especie de Sherlock Holmes campero, capaz de adivinar lo que ha ocurrido junto a un charco o un camino de arena sólo con analizar sus señales. Caminar a su lado es sinónimo de aprender sin parar. “Cada sitio tiene su marca sonora especial”, explica mientras muestra un bando de bullangueros rabilargos (Cyanopica cookii) comiendo escarabajos bajo los pinos. “Si hay un lince cerca, los rabilargos nos lo dirán”, explica con seguridad. Pero no. Dicen los rabilargos que, de momento, en la zona no hay linces.

El proyectil viviente

Salimos hacia la playa. Más de 30 kilómetros de arenas vírgenes hasta llegar a la desembocadura del río Guadalquivir y 22 kilómetros más hacia Mazagón. Hace un frío intenso por culpa del viento húmedo que entra del Atlántico, pero cual Lawrence de Arabia con prismáticos nos encaramamos a las dunas para observar desde la distancia al ‘proyectil viviente‘, que diría nuestro querido Félix Rodríguez de la Fuente para referirse al halcón peregrino (Falco peregrinus). Y allí está. Una bella hembra posada altiva en los restos del viejo cuartel de carabineros de Matalascañas, acechando.

En el mar vemos charranes, gaviotas patiamarillas y también las antaño raras de Audouin (Larus audouinii). No lejos, en el mar, observamos un bando de patos negrones (Melanitta nigra) y varios alcatraces. También, y para nuestra sorpresa, descubrimos los restos de un tiburón peregrino (Cetorhinus maximus) varado junto al agua.

Paseos de presidente del Gobierno

Mires para donde mires, en esa costa salvaje sólo hay finas arenas adormecidas por las olas de un mar que huele a historia y exploraciones. Dan ganas de bajarse del todo terreno y empezar a caminar sin rumbo. “Eso es exactamente lo que hacen los presidentes del Gobierno”, me confiesa Galán. “Aquí en Doñana se sienten personas normales, sin teléfonos, ni reuniones, ni periodistas. Vienen a ver la puesta de sol, a pasear solos, a desconectar”.

¿Alguna preferencia?, le pregunto por sonsacarle información privilegiada. “La mayoría prefiere pasear junto a la playa, salvo Felipe González, que era más de campo, más de meterse hacia la marisma, te preguntaba por las especies que veía y también le gustaba mucho pescar”.

Con Galán

Foto para el recuerdo con el sabio Galán.

Al final todos acaban eligiendo algún animal favorito de Doñana, el que más les impresiona o les gusta, el que más personifica para ellos este territorio maravilloso.

¿Tiene Rajoy algún animal favorito?, pregunto a Galán. “El martinete”, me asegura confidente. “Le encanta el martinete”. Pero no te confundas. Su martinete de admiración no tiene nada que ver con el gran martillo de forja ni con el triste palo de cante flamenco ni, por supuesto, con esa llave salvaje de lucha mejicana. Hay una cuarta acepción para martinete. La que designa al Nycticorax nycticorax, una pequeña garza nocturna de increíbles ojos de intenso color rojo, patas amarillas y largo penacho blanco en la cabeza. Un ave a la que he dedicado muchos años de estudio ayudando a mi hermano biólogo con la tesis doctoral que le dedicó. “También es mi pájaro favorito”, le confieso a Galán, quien sonríe socarrón: “Te sientas en el sitio de Rajoy, te gusta pasear por la playa y los martinetes como a él, y prefieres tomar orujo seco después de una comida, como él”. Todos estallamos en risas con su ocurrencia. Bueno, todos menos yo.

En el cerro del veneno

Hoy por fin voy a conocer uno de esos lugares míticos de mi imaginario particular. Visitamos el Cerro de los Ánsares, esa gran duna junto a la marisma de 34 metros de altura que tanta admiración me causó cuando supe de su existencia gracias a los documentales de Félix Rodríguez de la Fuente. Es el punto más alto de Doñana, el lugar favorito de sus cerca de 50.000 ánsares invernantes para desayunar arena. Sí, como lo oyes. Durante el inverno los gansos se alimentan  preferiblemente de la dura raíz redonda y oscura de un junco llamado por ello castañuela (Bolboschoenus maritimus), y para ayudar a su digestión acuden cada mañana masivamente a estas dunas pues las pequeñas piedrecillas y conchas de la arena en sus mollejas les ayudan a molturar mejor esa especie de castañas acuáticas.

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Los venenosos perdigones de plomo.

Hoy nos acercamos al cerro para admirar las aves, pero durante siglos fue el mejor cazadero marismeño. Hasta el año 1981 estaba permitida la caza en el Parque Nacional y éste era el mejor lugar para esperarlos al amanecer y abatirlos por cientos.

Todos esos disparos al aire sembraron el cerro de perdigones de plomo, venenosas bolitas que los ánsares ingieren confundiéndolos con las piedras que comen para ayudarse en la digestión. Se estima que puede haber aquí entre dos y seis toneladas de perdigones mezclados con la arena.

¿Te parece una exageración? En absoluto. En cuanto te fijas un poco los ves por cientos en la superficie de la arena. Son como pequeñas piedrecillas oscuras que cuando las tratas de coger se te escurren entre los dedos.

Recolectarlas es un trabajo difícil y monótono, casi imposible, pero necesario. Apenas se logran retirar 50-100 kilos al año, gracias al trabajo desinteresado que todos los veranos acometen decenas de voluntarios empeñados en eliminar todo este veneno.

Gracias a su tenacidad algún día lo lograrán, evitando así los efectos letales de un plomo que intoxica las carnes de las aves, les provoca serias enfermedades como el plumbismo y reduce su fertilidad. Además, el veneno pasa a la cadena trófica, de tal manera que puede llegar a afectar gravemente a otras especies que se alimentan de los gansos como las águilas imperiales.

Afanados en recoger perdigones.

Afanados en recoger perdigones.

José María Aznar fue el primer presidente del Gobierno que entendió la importancia de eliminar todo este plomo del cerro y aprobó un presupuesto para que se empezaran a retirar los perdigones de forma profesional. Como agradecimiento, con los primeros balines recogidos se fundió y regaló una pequeña escultura de un ganso.

“Lo hicimos para demostrarle que el dinero que nos había dado se había usado bien”, explica Galán. “Años después vi en una foto que seguía teniendo el ganso de plomo en la mesa de su desacho, lo que demuestra que el regalo le hizo mucha ilusión”.

Lorca y los gansos

Pocos saben que Ian Gibson, el famoso hispanista lorquiano, además de historiador y escritor es un apasionado de las aves. Y que su fascinanción por España nació precisamente gracias a los ánsares de Doñana. Como reconoció hace unos años en la revista Aves y naturaleza de SEO/BirdLife, su primera visita a España, en los años 50, siendo todavía un adolescente, se debió a su interés por conocer dónde invernaban los ánsares que él veía en su Irlanda natal. Y esa visita al Cerro de los Ánsares de Doñana, espacio que acababa de ser protegido gracias a la presión internacional, marcó su vida para siempre:

“Cuando vi esas bandadas, primero volando y luego en las dunas  comiendo arena, fue un momento único. Algo fantástico, increíble. Nunca había visto un espectáculo parecido. ¡Eran los mismos ánsares que yo veía de niño en  Dublín! Desde luego si no existiera Doñana y  sus  ánsares quizás yo ahora estaría en París hablando de Flaubert en vez de aquí en esta  entrevista o pensando en García Lorca”.

La existencia del propio Parque Nacional se lo debemos a los gansos. Y también el WWF (World Wildlife Fund; el Fondo Mundial para la Naturaleza), la mayor organización conservacionista independiente en el mundo y que nació, en parte, para proteger Doñana mediante colectas realizadas en países nórdicos con el lema “una corona, un ánsar”.

Con el dinero aportado por miles de niños y sus padres para proteger el lugar donde sus ánsares pasaban las vacaciones de invierno bajo el sol andaluz se pudo comprar la primera finca, hoy corazón de la Reserva Biológica de Doñana.

Entre melones y elanios

La exclusiva excursión por Doñana sigue dándonos sorpresa, bellas sorpresas. Recorremos La Vera y Agua Rubia, donde vemos por fin cientos de gansos trasegando castañuelas en la inmensa y de momento muy seca marisma. A su lado, en extraña vecindad, pastan yeguas marismeñas, vacas mostrencas y cientos de ciervos; también corretean muchos jabalíes.

Desde una veta, una especie de islote levemente elevado, contemplamos el Lucio del Membrillo, donde descansan no menos de 200 tarros blancos (Tadorna tadorna). Y corriendo por entre el matorral descubrimos un inquieto meloncillo (Herpestes ichneumon), nuestra mangosta europea, inconfundible con su larga cola rematada en mechón negro y que llevaba levantada cual singular estandarte. Cada vez más abundante en el sur de España, en la jerga de los naturalistas los llamamos melones, por eso de ahorrar palabras.

Aún faltaba lo mejor. Desde el coche, a menos de 10 metros de distancia, descubrimos un espectacular elanio azul (Elanus caeruleus) posado en una higuera. Podemos ver perfectamente sus ojos de rojo coral y esa cara extraña que, como su vuelo, recuerda más a una lechuza. También comprobamos que acaba de capturar un ratón. ¡Qué maravilla!

En la Laguna del Sopetón hacemos de auténticos voyeurs con prismáticos al espiar a una hembra de aguilucho pálido bañándose pudorosa entre sus aguas. No se lo digo a mis compañeros para que no se rían, pero esa intromisión en la intimidad del ave me hace sentirnos algo así como los viejos mirones de la casta Susana. Aunque en nuestro caso cambiamos la lujuria por la pura curiosidad.

Carambola con los carambolos

La tarde se va consumiendo poco a poco sin que, a pesar de los extraordinarios esfuerzos de José María Galán, logremos ver un lince. No importa. Doñana nos tiene reservada otras sorpresas.

A las 17:30 horas, junto a la Puerta de la Escupidera, descubrimos nada menos que un grupo de 10 chorlitos carambolos (Charadrius morinellus).  Vaya carambola. Se trata de una pequeña ave limícola propia de las zonas Ciervosubárticas y de tundra que con mucha suerte puede verse en migración camino de África. Y bien que los vemos, en un paisaje inusitado: la seca marisma, inmensa, preñada con más de 500 ciervos enamoriscados, algunos embroncados ya con la berrea y con esas ansias suyas de copular a toda hembra que les ponga sus grupas a tiro.

Y seguimos sin ver el linces, pero casi. Porque finalmente Galán da con un rastro reciente. Huellas en la arena de un ejemplar joven que, asegura el experto, “nos estará mirando cerca de aquí, pues hace poco que pasó”. Inútil buscarlo en la espesura. Es invisible y lo sabe.

El atardecer más bello

“Todo pasa, todo queda”, que diría don Antonio Machado. También este maravilloso viaje Bird Flyway de norte a sur de España. Aunque nos queda el broche de oro. Visitar el centro de visitantes José Antonio Valverde, donde se tiene una vista privilegiada de la marisma.

La oportunidad es doble. Por un lado, quiero rendir personal homenaje a Tono Valverde (1926-2003), salvador de Doñana, a quien tanto admiré y cuyas conversaciones y paseos son de esos privilegios que nunca olvidaré. Pero por otro lado, no podíamos irnos sin deleitarnos con la llegada a sus dormideros de miles de gansos y grullas, algunos recién arribados del norte de Europa después de un larguísimo y peligroso viaje.pajarera al atardecer

El espectáculo, adornando una puesta de sol hermosísima, resulta inenarrable. Los flamencos en la laguna, recortados en un cielo incendiado por el atardecer “resonante y muriendo”, que diría Neruda, mientras cruzan sin parar bandos inmensos de nuestras amigas viajeras en ordenada formación.

Ésa es la auténtica marisma: una algarabía inmensa de bandadas de aves oscureciendo el cielo, atronando los aires, gritando, trompeteando, salpicando, haciéndonos a todos más felices y, seguramente, más libres.

Puesta de sol

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7 comentarios

  1. Dice ser Cirujano

    En mi última visita a este parque natural quedé totalmente decepcionado….el único espacio húmedo que encontré (y fui en los todoterrenos turísticos por el interior del parque) fué la lagunita que existe artificialmente junto a la ermita, hacía una semana del “fiestón del Rocío” y en nuestro recorrido por la zona “protegida” había innumerables restos de bolsas de plástico con botellas etc.
    Los arroceros le dejan secos los acuíferos, los peregrinos lo llenan de basura y aquello se parece más a un desierto que lo que nos pintan en los medios como “un paraíso”.

    02 Febrero 2016 | 09:29

  2. Dice ser Carlos M

    Interesante crónica. Siempre es un placer andar por Doñana, y si es con Galán mucho mejor. Lo único que ha faltado matizar es que son, sobre todo y desde hace muchos años, los voluntarios de SEO/BirdLife quienes lideran la labor de la retirada de perdigones del Cerro de los Ánsares.
    A “Dice ser cirujano” me gustaría aclararle un par de conceptos. Lo primero es que la “lagunita” a la que él se refiere junto a la ermita, no es ni tan lagunita y ni mucho menos es artificial. Doñana tiene un ciclo de inundación y sequía, por tanto si viene a Doñana en verano, lo normal es que esté todo seco. En cuanto al tema basuras, le doy toda la razón, aunque también es algo que va mejorando levemente con el paso de los años. Y el problema del acuífero en doñana no es culpa precisamente de los arroceros, que cogen fundamentalmente el agua del Guadalquivir, pero eso ya es otro tema que dejamos para otra ocasión.

    02 Febrero 2016 | 09:48

  3. Dice ser Ecologismo de pandereta

    Menudo “ecologista” viajando con combustibles fósiles y dañando el planeta todos los días.Me río de ecologistas como tu jaja

    02 Febrero 2016 | 10:03

  4. Tienes toda la razón Carlos M. Acabo de enlazar el programa de voluntariado de SEO/BirdLife en Doñana al texto.

    02 Febrero 2016 | 11:26

  5. Dice ser jose

    Soy votante de siempre del pp, nunca me cayó bien rajoy, digo que se quede ahí y no vuelva, que pongan a otro que tanga algo más de resolución que a este paso entre podemos y los catalinos nos van a dar por culo bien.

    02 Febrero 2016 | 12:29

  6. Ojalá perdure muchos años…

    03 Febrero 2016 | 18:30

Los comentarios están cerrados.