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Podrán cortar todas las flores, pero no podrán detener la primavera. (Pablo Neruda)

Date un paseo por el Lejano Oeste sin salir de Madrid

La otra semana apenas estuve un día de visita en Madrid, pero fue suficiente para poder disfrutar como un niño con una visita al Lejano Oeste americano. Y sin salir del Museo Thyssen-Bornemisza. Allí puede verse hasta principios de febrero una curiosísima exposición, comisariada por el artista plástico Miguel Ángel Blanco, dedicada a ese mítico mundo de aventuras, exploraciones y violencias que, sobre todo por culpa del cine, todos tenemos integrado en nuestro subconsciente colectivo.

¿Una de indios y vaqueros en el Thyssen? Exactamente. Incluso hay montada una tienda tipi en el jardín del museo, justo a la entrada, por si tenías alguna duda.

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Danzante veloz, 1844

En principio la muestra trata de seguir los pasos de los artistas que en el siglo XIX se adentraron en los territorios del Oeste norteamericano. Iban con la intención de mostrar sus exóticos y desconocidos paisajes, pero también las formas de vida de esos indios que desaparecían ante sus ojos por efecto de un terrible programa ideológico, político, militar, colonizador y, por supuesto, genocida.

Fueron estos auténticos aventureros gráficos los primeros en hacer real el mito de un territorio salvaje, paradisíaco y peligroso, donde el paisaje se manifestaba con una grandiosidad natural tan asombrosa que a la larga justificará su pronta protección. Pero también estos trabajos fueron los primeros intentos por acercarse a los indígenas con el máximo respeto, por documentar el final de una cultura tradicional incompatible con el colono europeo y por ello en extinción, absolutamente alejada del cliché del salvaje sanguinario que luego algunos promovieron por intereses espúreos.

Es posible así admirar las aventuras artísticas de Karl Bodmer, George Catlin y Edward Curtis, quienes documentaron con precisión etnográfica las costumbres, rituales y fisionomías de las diferentes tribus contactadas. También el trabajo grandilocuente de paisajistas como Albert Bierstadt o Thomas Hill, empeñados en descubrir al mundo los extraordinarios decorados de esa tierra tan indómita como atrayente.

La cabeza disecada de un gran bisonte. El Misisipi, un río mestizo entre lo español y lo francés que acabará convirtiéndose en larguísima frontera de colonización. La vida de las tribus indias en las Grandes Llanuras. Tramperos, cowboys y el Séptimo de Caballería. Primeras grabaciones en cine de la Danza del Búfalo, donde en 1894 pobres indios se mueven sin ganas ni ilusión para entretener a cientos de turistas europeos en esas tierras que acababan de dejar de ser las suyas. Zapatillas anónimas. Una pipa de la paz sin uso (seguramente por eso). Carteles de películas eternas, cómics, spaghetti western, actores y actrices en blanco y negro, algunos en Tecnicolor. Juegos y juguetes. Ángeles y demonios. Magia.

Y para terminar, los increíbles libros-caja de la Biblioteca del Bosque de Miguel Ángel Blanco realizados con materiales procedentes de los territorios del Oeste americano.

Cuando hace unos meses Miguel Ángel me habló de esta muestra en la que estaba trabajando me sonó extraño, imposible. Máxime cuando me la defendía como un trabajo donde aunar naturaleza, cultura y mundo imaginario. Ahora que la he visto todo cuadra. Yo que tú no dejaría de ir a verla, forastero.

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1 comentario

  1. Dice ser AreaEstudiantis

    Tiene muy buena pinta, estoy deseando verla!!

    http://areaestudiantis.com

    24 Noviembre 2015 | 08:48

Los comentarios están cerrados.