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Podrán cortar todas las flores, pero no podrán detener la primavera. (Pablo Neruda)

Visita Creta si quieres conocer la auténtica Grecia

Samaria

¿Cansado de viajar a los mismos sitios a los que va todo el mundo para ver lo que todos ven y no llegar más lejos que la extensión de tu palo de selfie?

El turismo se ha convertido en algo global, masificado, predecible, caro, aburrido. A no ser que vayas de coolhunter (cazador de tendencias) y entonces puede ser aún peor. Las guías turísticas son cada vez peores (e inútiles ¿alguien entra en los restaurantes recomendados?), los blogs de viajes están trufados de intereses comerciales, los gustos de la mayoría suelen ser mayoritariamente horrorosos. Y a mí siempre me ha gustado ir por libre para sentirme libre.

Spinalonga

Este verano elegí Creta para pasar las vacaciones. ¿Por qué? No sólo por ser la cuna de nuestra civilización, de nuestros mitos y de nuestros miedos. No sólo por ser la patria de mi admirado Greco y de ese gigantesco escritor y filósofo de la vida que fue Nikos Kazantzakis. No sólo por lo brutal de su geografía, de sus montañas blancas paridoras de dioses y monstruos (Zeus, Minotauro), de sus bosques retorcidos, de sus mares color esmeralda trufados de historia y sangre; también de amores.

Fui ante todo en busca de una cultura que es la nuestra, la mediterránea, y en busca de un pueblo, el griego, a quien debemos todo lo que somos. También en busca de una verdad periodística: ¿Qué está pasando en Grecia?

Todas mis expectativas previas se han quedado cortas después de estar casi tres semanas en Creta. Porque allí es fácil dar el esquinazo a sus dos millones de turistas anuales, todos empeñados en ver los mismos sitios, especialmente las mismas playas, todos juntos y a la misma hora. Y descubrir la auténtica isla a nada que te lo curres un poco.

Con una extensión dos veces y media la de Mallorca, apenas una única carretera aceptable en el norte, cientos de pueblos por explorar, sencillas tabernas donde probar comida y vino casero a módicos precios, boureki, tzatziki, gemistá, spanakopita, todo de la zona, mucha verdura y siempre con aceite de oliva extra virgen, fruta fresca como mejor postre bajo emparrados de lujo como si estuviéramos en casa de la abuela,… ¿Cómo no vas a ser feliz en Creta?

Porque Creta tiene un decorado único, el de su naturaleza prodigiosa, y una banda sonora inolvidable. La de esa música exclusiva que escuchas a todas horas en la radio, cafés, fiestas de los pueblos, conciertos. Música auténtica, de raíz, pero de raíces tan profundas como las de sus cantantes, voces poderosas, monocordes, entre bizantinas y árabes, entre africanas y europeas pero diferentes a todo lo escuchado hasta ahora. Laikó, rebético, nisiótico.

Melodías que te llegan al corazón gracias a la lira cretense, una especie de violín de tres cuerdas tocado en vertical, el buzuki, el lauto, la tsabouna o gaita hecha con el pellejo de un cabrito, guitarra, baglama y el derbake por única percusión.

Pero sobre todo baile, mucho baile en verbenas inolvidables donde eres el único extranjero pero te sientes como un igual a su mesa, porque como antes en España, allí no se entiende fiesta sin una buena comida colectiva. Bailes de vértigo como el zeibekiko o pausados como el hasapiko, brazos entrelazados, círculos heterogéneos, familiares. Aunque los turistas nos debemos de conformar viendo extasiados su práctica a los locales, pues allí es algo muy serio, aprendido desde niños, no apto para hacer la típica parodia guiri tipo Zorba el Griego.

Esta vez he hecho trampas. Para conocer lo más desconocido y bello de tan singular isla he contado con la ayuda de Fotiní Velegraki y Beatriz Arbeola. En Creta promocionan la cultura española y en España la cretense. Tienen un blog, Descubre Creta, donde te dan muchas pistas para ser un viajero auténtico en esas tierras increíbles y hasta si quieres te ayudan a gestionar allí tus vacaciones. Muy, pero que muy recomendable.

Fue con ellas con las que hice una preciosa excursión a Palea Rumata, un pequeño pueblo escondido entre montañas. Pateo por umbroso barranco entre plátanos de sombra centenarios, contemplación de un olivo milenario orgullo del pueblo y visita a un apicultor local, donde entre brindis de rakí (aguardiente) y ensalada de pepino disfruté de ese privilegio que tanto anhela el buen viajero: parar el tiempo.

Y es que por algo el dios Cronos era medio cretense.

Os dejo aquí un vídeo que está siendo viral en Grecia, a menos de una semana de celebrar las quintas elecciones generales desde que empezó la crisis griega, en 2009.

Como dicen mis amigas Fotiní y Bea en su blog, el clima de decepción e incertidumbre nuevamente se ha apoderado de los griegos, si es que en algún momento llegó a desaparecer. Ellas os lo explican y traducen en este enlace. A mí me ha impresionado por lo que os decía. Creta representa a la auténtica Grecia, incluso en su reacción de hartazgo, dignidad y desprecio hacia una clase política vergonzosa y vergonzante. Y en Creta, la expresión más auténtica de sus sentimientos está en la música y el baile.

En este caso, el protagonista rechaza la mano que le tiende el político y le responde con un “pentozali”, baile guerrero cretense por excelencia.

Pisotea a los políticos y sus palabras hasta que tiemblan las paredes. Lo único que queda sobre la mesa, aunque tambaleante, es la Victoria de Samotracia.

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1 comentario

  1. Dice ser Unas cocreta

    – ¿Sabes que he estado de vacaciones?
    – ¿Y dónde has ido?
    – A Grecia.
    – ¿Y qué tal?
    – Pues Grecia me ha encantado pero Creta estaba hecho una ruina, todo destrozado… Vaya, hecho un asco.
    – ¿Un asco Creta?
    – No gracias, ya he comido.

    15 Septiembre 2015 | 09:49

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